Habrá que ver la película. Se me hace raro ver a Tintin tan movido…No sé, no sé.
De momento, me quedo con la adaptación animada.
Habrá que ver la película. Se me hace raro ver a Tintin tan movido…No sé, no sé.
De momento, me quedo con la adaptación animada.
Si ya cuando se publicó la primera parte de “Mattéo” me gustó especialmente no solo por la calidad gráfica de su autor, Jean-Pierre Gibrat, sino sobre todo por su voluntad de evolucionar –entendiendo como tal el ahondamiento en su oficio en la doble faceta de guionista y dibujante, sin necesidad de perder por ello su personalidad en pos a tratamientos más comerciales- respecto a anteriores obras, esa sensación ha aumentado con esta segunda entrega que recientemente ha publicado Norma Editorial en la que se percibe a un autor más entregado y ambicioso si cabe.





“Y tampoco creo que se necesiten bocadillos de pensamiento. Siendo franco, como escritor, creo que la era de los bocadillos de pensamiento se ha acabado. No hay bocadillos de pensamiento en la vida real, contándote que alguien va a robarte la cartera o a invitarte a cenar a su casa. Lo que haces para formarte una opinión de alguien es observar su forma de hablar y las cosas que hace, y después es cuando piensas, “bien, es un buen tipo” o “lo odio”.





The Byrds, grupo histórico que nació para ser la respuesta yanqui al fenómeno The Beatles, dejó unas cuantas canciones para el recuerdo como –con el permiso de Dylan- su primer éxito una versión de “Mr Tambourine” que reproduzco más abajo.
Anda, leo donde Álvaro un breve avisando del regreso a la primera línea de una de las mejores editoriales independientes del panorama mainstream de los ochenta que nos proporcionara series tan atractivas como “American Flagg”, “Nexus” o “Dreadstar”. Nada menos que First Comics.
Tras la felicitación el otro día al gran John Byrne, me apetecía releer alguna de sus obras, así que ni corto ni perezoso recuperé esta miniserie de cuatro números que hace unos añitos publicara Norma Editorial y que hasta hace poco tiempo se podía encontrar en las pilas de saldos a un precio muy apañado. Unos tebeos de finales de los ochenta que Byrne realizara junto a un prometedor chaval que apuntaba muy buenas maneras llamado Mike Mignola al que terminaba los bocetos y entintaba el correcto Rick Bryant.


Nueva entrega publicada por Planeta, que recoge los números 29 a 36 de la serie regular norteamericana, de la personal visión que del siempre agradecido y atractivo mundo vikingo nos viene ofreciendo Brian Wood en esta serie.Wood, propone en este tomo tres aventuras sin relación entre sí en las que se ponen de manifiesto las virtudes y defectos de este interesante guionista que suele ofrecer resoluciones que no suelen estar a la altura de sus a priori atractivos y originales planteamientos. mostrando en su conjunto distintos aspectos -desde una perspectiva parcial y moderna- de la cultura de los Hombres del Norte.





JB: Un buen comic-book ha de tener un planteamiento, nudo y desenlace. Eso no significa que la historia pueda continuar de un episodio a otro, pero la historia ha de estructurarse así. Los personajes han de ser realistas, han de poder creerse. Han de pensar, madurar las cosas y no pontificar como si fueran oráculos. La historia ha de ser distraida, no necesariamente divertida. Los mejores cómics son los que consiguen un impacto emocional.
Me acuerdo de algunos que me hicieron llorar. Por ejemplo, Puño de Hierro nº. 8. Es un buen ejemplo de Chis Claremont, de sus mejores trabajos. Consiguió arrancarme alguna lágrima, aunque ya lo habíamos discutido y tenía que dibujarla. Las historias de El Hombre Cosa, donde aparecía Darrel El Payaso, escritas por Steve Gerber y dibujadas por Mike Ploog me emocionaron. Len Wein escribió muy buenas historias de La Masa.hace algunos años. Cuando La Masa se hace amiga de una niña ciega. “El niño que coleccionaba Spiderman” me impactó. Un buen comic-book también puede hacer reír pero es más difícil encontrar ejemplos de esa clase.
Naoki Urasawa, autor japonés que recibe alabanzas generalizadas por sus historias de intriga y misterio de largo recorrido –las de continuará de toda la vida, vamos…-, sorprende en la cuidada y nueva antología que ha publicado Planeta hace pocos meses mostrando su valía en historias de corta extensión publicadas entre 1983 a 1986, anteriores a su primera serie larga “Pineapple Army”, interesantes porque, más allá de su carácter juvenil y estar sometidas a los vaivenes de los impacientes editores japoneses, ya recogían algunas constantes que aparecerían en su obra posterior y apuntaban sus buenas maneras.

Astiberri publica el esperado nuevo trabajo de David Rubín, uno de los autores jóvenes que más interés y esperanzas ha despertado –al menos para un servidor- en los últimos años. Rubín, desde sus prometedoras primeras obras “La Tetería del Oso Malayo” y “El Circo del Desaliento” que le dieron a conocer, llevaba años instalado en un discurso menor y a mi entender un tanto autocomplaciente -“Cuaderno de Tormentas”, “El Monte de las Ánimas”- sin llegar a explotar todas las cualidades que insinuaba y que hacia desconfiar acerca de sus ambiciones.



Es lo único que se me ocurre tras ver la polémica que se ha generado en torno a este desafortunado post, en el que el Tío Bernie traduce un texto del blog de Eddie Campbell dedicado a la novela gráfica en España en el que opina, bastante alegremente, sobre las calidades de Manuel Barrero como crítico y experto.
Los de KISS no fueron los únicos cómics en que se cruzaron los caminos de Marvel con lo más granado de la música popular de los setenta estadounidense. Tras el éxito obtenido con los comics de los carismáticos KISS, a alguien en la Casa de las Ideas se le debió ocurrir que era una buena idea intentar repetir la formula tomando como referencia en esta ocasión al cantante y la banda que en su momento sirvió de inspiración al grupo neoyorkino en su particular manera de entender el espectáculo musical como un show escénico. Me estoy refiriendo, claro, al amigo de las serpientes, el señor Alice Cooper.



En los tiempos que corren no es moco de pavo que una serie regular (y más del sello Vertigo cuyos últimos proyectos no han respondido como se esperaba) llegue a los 100 números. “Fábulas”, de Willingham y Buckingham, lo ha logrado precisamente en el último TPB que publica Planeta y que reúne los números 94 a 100 de la serie regular.




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