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jueves, 24 de abril de 2014

“Crisis Final”, de Grant Morrison, J. G. Jones, Carlos Pacheco, Doug Mahnke.



ECC Ediciones ha reeditado en un cuidado tomo el grueso de "Crisis Final", el ambicioso megaevento anual del 2008 de DC, encargado al guionista Grant Morrison y a dibujantes de primera talla dentro del mainstream como  J. G. Jones, Carlos Pacheco, Doug Mahnke. En concreto, este tomo recopila los siete números de la serie limitada principal y las miniseries complementarias  "Final Crisis: Requiem", "Final Crisis Submit" y "Superman Beyond núms. 1 y 2".

Los Dioses Oscuros de Darkseis han llegado a la Tierra con ánimo de convertirla a su imagen en semejanza para lo que han abierto diversos frentes con los que ponen en jaque a los superhéroes en una ofensiva de dimensiones cósmicas. Mientras el misterioso villano Libra convence a los miembros de la Sociedad Secreta de Supervillanos de su poder acabando con el Detective Marciano, los Guardianes de la Galaxia han de juzgar a Hal Jordan como el presunto asesino del Nuevo Dios Orión mientras Clark Kent cuida de una agonizante Lois Lane mientras en el tiempo de uno de sus latidos Superman ha de librar una batalla de la que depende el destino de la Humanidad en un Limbo perdido. Y es que la Crisis Final requerirá de todo el esfuerzo de los superhéroes para superarla.

Desde la monumental y emblemática “Crisis en Tierras Infinitas”, DC ha ido repitiendo la fórmula intentando dar con un evento épico  capaz de lograr el impacto que aquel tuvo en su momento, sin querer percibir lo excepcional y extraordinario que supuso esa historia,  cayendo con tanta insistencia en la mediocridad de una fórmula comercial que asegura cierta viabilidad económica a corto plazo aunque cada vez resulte  más difícil de mantener. Para intentar cambiar la tendencia y aumentar la calidad de este tipo de eventos, en 2008 se recurrió  al talentoso Grant Morrison quién realizó esta “Crisis Final” una historia  bigger than life, épica cataclísima e irregular.

La inspiración desbocada de Morrison para concebir este tipo de historias  es indiscutible, pero sin el adecuado freno de una estructura organizada que permita poner en orden las entrecruzadas y múltiples referencias de su mente acelerada una historia como la planteada en “Crisis Final” al común de los mortales le resultará difícil de seguir sin perderse irremisiblemente. Morrison no es capaz de desarrollar de forma coherente el maremagnum de ideas y tramas interrelacionas en las que se vertebra “Crisis Final” quedando ese desarrollo para los crossovers y series regulares, con lo que la serie limitada principal resulta muy confusa y finalmente la consecuencias de los hechos narrados acaba careciendo de la trascendencia que debería, como muy bien sabe el aficionado acostumbrado a moverse en las arenas movedizas de la dichosa fórmula de los megaeventos.

Quizás lo más interesante de “Crisis Final” más que el fallidoguión del escocés sea el buen hacer de dibujantes como .J. G. Jones o Carlos Pacheco con viñetas realmente espectaculares, aunque resulten islotes aislados en medio del caótico planteamiento de Morrison. Mahnke, que a mí no es un dibujante que me guste especialmente,  creo que también se encuentra bastante por encima de lo que es una historia que permite el lucimiento de los dibujantes aunque ello sacrifique la claridad de una historia tan errática y confusa.

"Crisis Final" fue la constantación del agotamiento de una fórmula que ni siquiera un talento como Morrison fue capaz de rescatar. Sin duda, por ello en los siguientes años, DC sin renunciar a los megaeventos buscaría  otro tipo de historia más sencillas, accesibles e inteligibles como "La noche más oscura" de  Geoff Johns. No me extraña visto lo visto.

martes, 3 de septiembre de 2013

“Antes de Watchmen: El Comediante”, de Brian Azzarello y J.G. Jones.


Toca concluir el conjunto de entradas que he venido publicando para analizar la línea de miniseries “Antes de Watchmen”, que en España ha venido publicado ECC Ediciones, con la dedicada a El Comediante, uno de los personajes claves creados por Moore y Gibbons y cuya muerte supone el punto de partida de “Watchmen”, siendo los encargados de construir esta precuela el dúo formado por Brian Azzarello y  J.G. Jones.

A lo largo de los seis números que conforman la obra, Azzarello profundiza en algunos de los elementos de la biografía de El Comediante que Moore ya insinuase en “Watchmen”, situándolo de una manera u otro en los puntos calientes de la historia norteamericana durante la década de los sesenta y los setenta. De este modo, presenta a un Eddy Blake que mantiene una especial afinidad con el clan Kennedy al tiempo que actúa como agente encubierto en Vietnam y desactivando los diversos disturbios sociales y raciales que surgieronn en Estados Unidos a lo largo de estos años que acabarían por forjar su personalidad.
“Antes de Watchmen: El Comediante” es una historia que va de menos a más, ganando en interés conforme Azzarello va desarrollando la historia y el lector puede comprobar que más allá de quedarse en la superficie y limitarse a situar al personaje en diversos escenarios para dar rienda suelta a su sociopatia y los rasgos más acentuados de su personalidad en un espectáculo de violencia gratuita, Azzarello va construyendo con mimo un sutil y contenido estudio del personaje, humanizándolo en parte a los ojos del lector más allá de los datos aportados por Moore sin caer en contradicción y  enfrentando al personaje  a situaciones y conflictos límites que van forjando su carácte. Y es que si uno de los múltiples aciertos de Moore en “Watchmen” era la inteligencia con la que presentaba al personaje para sugerir al lector avezado más allá de sus horrorosos actos la existencia de una motivación, Azzarello en esta miniserie ha sabido reproducirlo para que cada lector sea el que desgrane más allá  de los hechos narrados el posible sentido trágico oculto tras su histrionismo.

Por otro lado, Azzarello demuestra su brío en el desarrollo de la intriga política que artícula parte de la historia y en reconstruir el contexto histórico sobre el que se mueve el personaje como una sombra omnipresente, manteniendo la ilusión de realismo sin traicionar la coherencia del universo paralelo en el que se desarrolla “Watchmen”. Azzarello como suele ser habitual busca referentes cinematográfcos diversos desde “Forrest Gump”, en el cada vez más socorrido recurso de introducir personajes reales junto a otros de ficción,  a otros como “Apocalypse Now” o “JFK” a los que  hace constantes guiños.

En el aspecto gráfico, J.G. Jones realiza un trabajo más que correcto, desarrollando una historia en la que ha de esforzarse por retratar a bien conocidos personajes históricos del no tan lejano siglo XX logrando un buen acercamiento de los mismos al tiempo que mantiene el pulso de la narración sin demasiadas dificultades. Jones, como ya demostrara en “Wanted”, no es un dibujante excesivamente espectacular pero desde su sobriedad y su especial atención por la composición y los detalles va progresivamente imponiendo su estilo convenciendo finalmente con el tratamiento que propone, a pesar del hieratismo de sus figuras, un mal común a casi todos los dibujantes hiperrealistas.

En fin, “Antes de Watchmen: El Comediante” es una miniserie interesante en la que un buen Azzarello aprueba con nota en su interpretación de uno de los personajes más equívocos, ambiguos y geniales creados por Moore en “Watchmen”. A mí me ha gustado.

miércoles, 11 de junio de 2008

“Wanted” de Mark Millar y JG Jones


A finales de mes, el 27 de junio concretamente, va a llegar a nuestras pantallas la adaptación al cine de “Wanted”, el cómic del mismo nombre ideado en por Mark Millar y J.G. Jones y que acaba de ser reeditado por Norma Editorial en una cuidada edición. Aprovechando la ocasión, vamos a ir calentando la cosa hablando sobre este cómic lleno de acción, supervillanos y muchísimo humor en todas sus formas.

Wesley Gibson es un tipo apocado y anodino al que nada le sale bien. El típico desgraciado al que las cosas le van de mal en peor con negrísimas perspectivas en un trabajo que no le gusta junto a una jefa que le maltrata a diario, una novia que le engaña una noche sí y otra también y una propensión patológica a la hipocondría. Sin embargo, su vida da un giro de 360º cuando descubre que su padre era un antiguo supervillano, The Killer, del que ha heredado aparte de sus superpoderes, una inmensa fortuna y una novia tan atractiva como mortífera dispuesta a ser su maestra en su conversión en despiadado supervillano. Al aceptar su herencia, Wesley pasa a formar parte de la Sociedad de Supervillanos en un mundo en el que estos han acabado con todos los superhéroes y actúan en secreto con total impunidad, organizados en cinco familias que se han repartido los cinco continentes. Wesley, convertido en el nuevo The Killer disfrutará de las ventajas de su nueva condición, al mismo tiempo que intenta descubrir quién asesinó a su padre y se enfrenta a una conspiración que puede poner en peligro el precario equilibrio y unión entre los supervillanos.

He de reconocer que Millar no es de mis guionistas favoritos pero en esta serie limitada de seis números realiza para mí su mejor trabajo hasta el momento, desarrollando una historia llena de humor y provocación al tiempo que profundiza, desde la libertad creativa que le da un universo ajeno a las anquilosadas restricciones de las grandes editoriales, ideas interesantes, que resuelve con sencillez e inteligencia, apoyándose en su gran conocimiento del género superheroico y sus mecanismos. Subvirtiendo el clásico cuento de La Cenicienta y el clásico origen del superhéroe que Ditko y Lee impusiesen en Spiderman con Peter Parker para ser explotado hasta la saciedad, Wesley personifica el ideal oculto de muchos adolescentes, el tipo que trasciende de su mediocre vida llena de compromisos y por casualidad tiene la posibilidad de vivir y hacer lo que le dé la real gana sin restricciones. A partir de esta premisa, Millar rodea a su protagonista de un buen surtido de villanos que bajo la patina de los espectaculares diseños de Jones, enmascaran los roles más reconocibles de los villanos tradicionales y los desarrolla hasta el extremo dentro de una estructura conspirativa bastante tópica y trillada en el género policiaco pero que remoza para adecuarla al género superheroico en lo que es un estupendo mestizaje de géneros a la manera que hiciera Brubaker en “Sleeper”, una obra con la que “Wanted” guarda más de un punto en común y con la que coincide en fechas de publicación (2003-2004).

“Wanted” se desarrolla a un ritmo trepidante gracias a los fluidos y frescos diálogos cargados de mala baba y gamberrismo, de clara influencia tarantiniana, ideados por Millar y se lee de un tirón aunque, en mi opinión, algunos aspectos de la historia hubieran necesitado un mayor desarrollo (quizás el formato maxiserie hubiera sido más adecuado), resolviéndose con un punto de precipitación las transiciones sin que ello afecte demasiado al resultado final.

En el aspecto gráfico, Jones realiza un estupendo trabajo haciendo gala de un estilo de dibujo detallado y cuidado pero mucho más ágil a nivel narrativo que otros dibujantes de similares características, como Brian Hitch o Tony Harris, por ejemplo, cuidando con mimo tanto la composición de página como cada viñeta para que la historia fluya al trepidante ritmo impuesto por el guión de Millar aun cuando tenga una tendencia al abuso de encuadres cinematográfico, algo por otro lado muy común.

Mi conclusión final es que “Wanted” es un cómic plagado de buenas ideas que aportan un poco de aire fresco al anquilosado género superheroico y ayuda a pasar un buen rato disfrutando de las macarradas y pullas de Millar. Una excelente materia prima para una buena película que, esperemos, no estropeen demasiado.

La edición de Norma es excelente, aunque a nivel de traducción yo hubiera optado por traducir los nombres de los personajes, y cuenta con un cuidado dossier de ilustraciones y portadas alternativas y versiones de los principales personajes realizadas por distintos dibujantes (mi preferido el Shit-Head de Sienkiewicz) pero si no se quieren gastar los 15 euritos que cuesta, probablemente pueda encontarse todavía la edición que unos años atrás publicase Planeta.

Más obras de Millar en El lector impaciente aquí y aquí.

“Sleeper” en El lector impaciente aquí y aquí.

viernes, 30 de mayo de 2008

“52” de Varios Autores: Conclusiones Finales.


Hace más o menos un año, escribí ya sobre lo “novedoso” del formato elegido por DC para desarrollar su nueva macrosaga tras “Crisis Infinita”, “52”. Dejaba pendiente el análisis de la historia más allá de la enorme operación de marketing desarrollada en torno a este cómic. Bien, ese momento ha llegado.

“52” más allá de su periodicidad semanal y su distribución, que al parecer quitaba el sueño a muchos y se ha resuelto bastante bien por Planeta, ha sido una serie enormemente irregular en cuanto a sus contenidos debido fundamentalmente a dos cuestiones: primera, se trata de una historia estirada para ceñirse a la duración limitada de la colección a un año con unas historias que no daban para tanto; segunda, el carácter colectivo de la obra obligó a un extraño método de trabajo individual y colectivo que hacia que cada guionista desarrollase arcos argumentales separados, desarrollando cada uno su propia historia con sus personajes manteniendo continua comunicación con el resto, y teniendo cada autor un número menor de páginas a lo al que están acostumbrados en lo que sería un cómic-book normal, con lo que los efectos y “cliffhangers” quedan raros y se convierten en un enorme prólogo para la historia que realmente se quería contar –la reconversión del universo DC en un multiverso de 52 Tierras Paralelas sorprendiendo que necesiten un último número de mayor extensión para contarla-dependiendo cada arco del interés proporcional al interés (y talento) puesto por el autor encargado.

La parte más divertida ha sido la desarrollada por Morrison con la Isla de los Genios Locos, y las más intensa las llevadas por Mark Waid con toda la historia de Black Adam y la trama de los superhumanos de Luthor como puntos fuertes, mientras que Geoff Johns hace un trabajo aseado pero insulso en la trama espaciotemporal relativa a Booster Gold y la espacial con Adam Strange, Starfire y Lobo, Greg Rucka firma el peor arco argumental de la serie –insufrible- dedicado a la nueva Question. En el aspecto gráfico, no me ha parecido especialmente reseñable a pesar de los bocetos de Keith Giffen y lo único que merece la pena son las excelentes portadas de J.G. Jones y Alex Sinclair que en ocasiones se convertían en la única razón para continuar con la colección

El resultado final y la mejor imagen que define a “52” es la de una botella de gaseosa abierta: conforme más tiempo se mantiene sin tapón, más gas pierde y peor sabe, convirtiéndose finalmente su compra en una rutina semanal más (mensual en mi caso) que no ha sabido mantener las expectativas número a número. Su trascendencia en el Universo DC estará limitada hasta que el editor de turno decida volver a recrear un único Universo en unos añitos en un ciclo que dejará poco margen a la creatividad pero asegurará unos beneficios económicos suculentos a la empresa.

(Parece que a DC le ha convencido el sistema “52” y han repetido la fórmula en la nueva serie “Cuenta Atrás”, que servirá de prólogo al gran evento 2009 “Crisis Final”. Yo desde ya les digo que he entrado en mi propia crisis y me bajo del carro. Ustedes verán).