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viernes, 28 de junio de 2013

“Flinch 3: Observándote”, de VVAA.




ECC Ediciones ha finalizado con este tercer volumen que incorpora los números 12 a 16  la reedición de “Flinch”, intento de DC de resucitar a inicios del siglo XXI dentro del Sello Vertigo la fórmula que triunfara cincuenta años antes en series de culto como “The vault of horror” o “Tales from the Crypt” de la Editorial EC con nuevas historias de terror contemporáneo realizadas por guionistas y dibujantes de la talla de Brian Azzarello, Bruce Jones, Joe R. Lansdale, John Arcudi, Mat Johnson, Mike Carey, Paul Jenkins, .Berni Wrightson, Craig Hamilton, David Lapham, Esad Ribic, Frank Quitely, Javier Pulido y Tim Truman.

Transmitir miedo es probablemente uno de los mayores desafíos que puede tener cualquier autor, especialmente en el ámbito de los cómics y la sociedad contemporánea donde el que más y el que menos ya está curado de espantos y al paso de unas pocas páginas uno puede asistir al desenlace de la historia ahorrándose el susto o la sorpresa. Quizás por esa dificultad añadida la fórmula que triunfó en los años cincuenta en los noventa a lo largo de este volumen va desinflándose hasta que, en las historias finales de este volumen, toca fondo con un conjunto de historias irregulares e insatisfactorias a pesar del talento contrastado de sus autores. A pesar de la sensación agridulce que deja ese desenlace final (básicamente con las historias de la secuela "The Unexpected", también incluida en este volumen) no por ello hay que dejar de destacar la primera mitad del TPB con historias bastante conseguidas.

En ese sentido, creo que las mejores historias de terror son aquellas guionizadas por todo un maestro del género como Bruce Jones quién no solo da con un acertado tratamiento en las dos historias incluidas en este tomo sino que aprovecha de las calidades dispares de los dos estupendos dibujantes con los que colabora – Bernie Wrightson y Frank Quitely- para adaptarse a las características de los dibujantes y potenciar sus cualidades gráficas. También es de destacar por su atrevimiento el “terrorífico” funny animals con el que se atreve Tim Truman (dibujo) y Joe Landsdale (guión)  dando su animalesca versión de la ya famosa leyenda del cantante de blues que ofreció su arma al diablo a cambio de talento. Es precisamente hasta la historia de Wrightson y Jones que el tomo se lee con agrado e interés antes de caer en picado con historias poco logradas merced a equipos poco compenetrados, confusos desarrollos o pobres planteamientos que llegan a tocar fondo en el caso de la sencilla historia de terror gótico ideada por  Mike Carey y Craig Hamilton como consecuencia de la pobre reproducción de esa historia.

En resumen, “Flinch” fue una serie con más luces que sombras que quedan perfectamente reflejadas en esta última entrega, una serie que probablemente  chocó con la incomprensión de unos lectores potenciales demasiado resabiados a estas alturas de la fiesta como para dejarse asustar fácilmente.  Y es que eso de dar miedo cada vez está más complicado.

viernes, 21 de junio de 2013

“¡ Batman y Robin deben morir!”, de Grant Morrison y otros.



Hoy que está todo el mundillo empeñado en escribir sobre “Superman”, yo he cruzado la calle para recuperar la lectura de “¡Batman y Robin deben morir!”, el tercer tomo de la recopilación que ECC Ediciones está realizando de la etapa de Grant Morrison al frente de “Batman and Robin” –cuyas anteriores entregas ya analicé aquí y aquí- que abarca los números 13 a 16 de la serie original con lo que finalizaría la etapa de Morrison  al frente de los guiones de la serie y enlazaría con Batman Inc.” . Además, el tomo incluye  el “Batman” 700 también guionizado por Morrison pero sin relación con la historia que construyó en las diversas cabeceras del murciélago.

En este tomo, tras descubrirse quién se escondía en realidad tras la identidad de Oberon Sexton, los nuevos Batman y Robin  han de parar los pies del pérfido Simon Hurt y el Profesor Pyg antes que desencadenen la locura y el caos en Gotham City.

Apabullante fin de fiesta el que montó el escocés en los cuatro números que cierran su etapa al frente de la serie con una exigente narración que obliga al lector a estar al tanto transversalmente de lo que andaba cociendo en las otras colecciones de “Batman” antes del inminente regreso de Bruce Wayne de su supuesta muerte e iniciar un nuevo ciclo con “Batman Inc.. Morrison hace un exigente ejercicio de estilo reinterpretando a su manera muchas de las constantes argumentales tópicas en los cómics de “Batman” pasadas por su tamiz proponiendo un tour de force (auto)referencial en el que es bastante complicado seguirle y del que resulta más sencillo caerse y salirse de la historia. Eso sí, si el lector implicado consigue mantenerse a lomos del caballo desbocado la cabalgada merecerá la pena.
 En el aspecto gráfico, el personalísimo estilo de Frazer Irving, frío y distante aunque a su manera espectacular, ayuda a mantener el desconcierto del lector apostando por fórmulas arriesgadas que incorporen un punto del pandemonium que es la historia a la narración que me temo no habrá sido entendido por muchos. En las portadas, Quitely sigue luciéndose con motivos referenciados a la larga historia de “Batman”, aunque en este tomo Irving le gane la partida en más de una ocasión en las portadas alternativas.

El “Batman 700” es una entretenida historia prototípica desarrollada en diversos lapsos temporales, en la que Morrison presenta a distintas encarnaciones de Batman unidas para resolver un caso a lo largo del tiempo. Es una historia efectiva y entretenida que permite disfrutar además de las aportaciones de los Tony Daniel, Andy Kubert, Frank Quitely, David Finch o Scott Kolins.

En resumen, Morrison pone el colofón en este volumen a una manera de afrontar el universo del Hombre Murciélago, innovando desde el profundo conocimiento del personaje y su universo para ofrecer soluciones tan impactantes como renovadoras en una etapa que será recordada como una de las más ambiciosas y revolucionarias a lo largo de los más de setenta años de historia del personaje.

lunes, 6 de mayo de 2013

“Batman contra Robin”, de Grant Morrison, Andy Clarke y Cameron Stewart.




ECC Ediciones sigue recuperando sin prisa pero sin pausa en cuidadas ediciones la reciente etapa de Grant Morrison en la serie “Batman y Robin”, que Planeta ya publicase en grapa hace un par de años, de cuyo primer tomo ya escribí algo por aquí. He de decir que he disfrutado como un enano este puente con la relectura de esta segunda entrega, titulada “Batman contra Robín” que recoge los números 6 a 12 de la serie norteamericana, en el que queda patente cómo  progresivamente el genial guionista escocés va perfilando su plan para el regreso de un Bruce Wayne presuntamente fallecido, al tiempo que consolida la extraña pareja de Batman y Robin que le sustituye formada por Dick Grayson y Damian Wayne, sacando provecho incluso de las imposiciones editoriales como el correspondiente cruce con el megaevento que absorbió la mayor parte de las series del universo DC hace un par de años (parece que fue hace una década…), “La noche más oscura”.

En el primer arco, “El Caballero Más Oscuro”, Dick Grayson viajará a Inglaterra para, ayudado por Catwoman, Caballero y Escudero, intentar resucitar  a Bruce Wayne en una olvidada fosa de Lázaro por la que disputan los señores del crimen londinense, mientras en “Batman contra Robin”, el recuperado Damian volverá a asumir sus funciones como Robín aun cuando se encuentre dividido entre su lealtad por su madre, Talia al Ghul, y su creciente afinidad con el nuevo Batman y se pongan al descubierto los planes de control de aquella. Batman y Robin junto al misterioso Oberon Sexton asumen la investigación de las pistas que un Bruce Wayne desde el pasado parece haber sembrado por toda la Mansión Wayne mientras esta es asediada por un misterioso culto al demonio murciélago Barbatos.

Dudo mucho que cualquier otro guionista en el género superheroico fuese capaz de sacar adelante, ni mucho menos le dejarán intentarlo, una trama tan embrollada como la que ideó Morrison en su etapa en “Batman y Robin” pero que, al mismo tiempo, fuese tan coherente en esencia con las características del personaje. Morrison es capaz de colar con toda naturalidad en la continuidad personajes de nuevo cuño ideados por él para una imaginada serie sobre Caballero y Escudera (¿?) para sin solución de continuidad embarcarse una entretenida trama detectivesca a partir del árbol genealógico de los Wayne tomando como referentes personajes presentados y  olvidados por diversos autores a lo largo de los años. Y aunque en ocasiones sospechemos que estamos ante la obra de un avispado que nos está tomando el pelo o de uno de esos autistas geniales poco a poco vamos comprobando conforme avanza la lectura de la serie que el astuto Morrison tiene un plan dentro del caos que ha montado y va situando las diversas piezas en su lugar para componer poco a poco un fresco multireferencial y poliédrico en el que presentar todas las encarnaciones y versiones del Hombre Murciélago a lo largo de todas estas décadas.

En el aspecto gráfico, en este tomo Frank Quitely se limita a dibujar las portadas para dejar los interiores a cargo de Cameron Stewart y Andy Clarke, dos dibujantes más que correctos pero que en estos números se limitan a cumplir con las directrices de Morrison sin destacar demasiado. Especialmente irritante me ha parecido la versión que ambos autores ofrecen de Talia al Ghul uno de los más atractivos personajes femeninos que pueblan el panteón batmaniaco desde los tiempos de Neal Adams al que no son capaces de retratar adecuadamente, en mi opinión.

A pesar de ello, “Batman contra Robín” es una lectura clave para disfrutar y entender la controvertida labor de Morrison al frente de las colecciones de “Batman” previa al NUDC dotando al personaje y su mundo de un riesgo autoral, dinamismo y frescura que llevábamos tiempo echando de menos. Solo por ello merece la pena echarle un ojo.

martes, 5 de febrero de 2013

“Flinch: El Terrror se Renueva” de VVAA.





El género del Terror siempre ha encontrado un terreno abonado en los cómics, en general, y en los cómics DC, en particular, por lo que no era de extrañar que a finales de los noventa los editores del flamante sello Vertigo se plantearan sacar adelante una nueva serie en la que dar salida a historias de terror contemporáneo escritas y dibujadas por las principales estrellas de la Casa del momento aprovechando la tradicional estructura de historias cortas, de seis a diez páginas aproximadamente, mayoritaria en el género desde los tiempos de EC y que se había consolidado en los magazines Warren y las cabeceras clásicas de DC como "House of Mystery" o “House of Secrets”. El resultado fue “Flinch” una serie que se extendió a lo largo de 16 números y que ECC ha empezado  a reeditar con “El Terror se Renueva”, un primer recopilatorio en el que recogen los seis primeros números.

Se trata en general de historias de terror contemporáneo de esas que tan de moda se pusieron en aquella época de la mano de autores como Clive Barker o Stephen King, contando en estos primeros números con autores de la talla de Richard Corben, Paul Gulacy, Bill Sienkewicz, Bruce Jones, Brian Azzarello, Frank Quitely, Garth Ennis, Duncan Fegredo, William Mesner-Loebs o Jim Lee.

Como suele ser habitual en este tipo de recopilaciones, el resultado es desigual, alternándose historias interesantes y realmente destacables como las estupendas “Comidas de la Chica Lobo”, “Maggie y el Microscopio”, "El don de la amistad", "Dead Woman Walking"  o “Cadena Alimenticia” con otras de calidad más discutible. Con todo, el conjunto de  historias recogidas en este volumen deja patente la originalidad y libertad creativa que en aquella época primaba en Vertigo lo que dio lugar a un amplio y variopinto abanico de tratamientos con lo que es difícil no encontrar alguna historia que no guste y considerar que la obra no cumple sobradamente sus objetivos.

Asumiendo  por tanto que “Flinch” tiene su vocación de irregularidad sus páginas continen alguna que otra delicatessen que los más completistas y los amantes del terror no deberían dejar de echarle un ojo.

viernes, 22 de junio de 2012

“Universo DC: Legados 2”, de Len Wein, Scott Kolins y otros.



Segunda entrega de los dos prestigios en los que ECC Ediciones ha publicados la maxiserie “Legados” con la que DC quiso conmemorar el 75 aniversario de su universo superheroico antes de ponerlo todo patas arriba. Lo cierto es que cuando acometí esta segunda entrega no esperaba grandes sorpresas respecto a lo ya referido ya respecto a la primera, sin embargo Wein ha mostrado una vez más que el que tuvo retuvo y no se iba a limitar a imitar a Busiek.

En esta segunda entrega, volvemos a asistir a las experiencias del policía Paul Lincoln, un policía que desde su infancia ha sentido fascinación por los superhéroes. En esta segunda entrega, Lincoln ve como van desapareciendo sus seres queridos mientras los superhéroes que ha conocido y admirado van volviéndose más oscuros y siniestros.

Len Wein en estos números repasa la historia de la Editorial destacando algunos de sus más importantes megaeventos y sagas desde el punto de inflexión que supuso “Crisis en Tierras Infinitas”. De este modo, Lincoln se convierte en testigo de excepción de eventos y sagas como “Legends”, “KnightFall”, “La Muerte de Superman” o “Crisis de Identidad”. Lo cierto es que lo más divertido del tebeo es leer entre líneas a través de los comentarios del personaje y ver lo poco entusiasmado que se muestra Wein ante los derroteros de la Compañía y el propio concepto de superhéroes en las últimas décadas en las que se derivó hacia héroes más justicieros y ambiguos. Tampoco está nada mal la forma en que Wein concluye la historia poniendo en tela de juicio la lucidez del personaje narrador y la verosimilitud de lo relatado en un inteligente final.

En el aspecto gráfico, respecto a la historia principal los Kubert, Garcia López, y Perez  son sustituidos por autores ya clásicos tan correctos como Jerry Ordway, Dan Jurgens o Jesus Saiz que mantienen el nivel con competencia pero sin la elegancia de los anteriores. Mucho más interesante en ese sentido me han parecido los autores de las historias cortas, y he disfrutado de la originalidad de  historias firmadas por Bill Sienkiewicz, Frank Quitely o Brian Bolland.

En fin, “Legados” es un acertado y entretenido repaso no exento de crítica a buena parte de la historia del género superheroico que quizás hubiera resultado más atractivo en una edición unitaria. En ECC sabrán las causas por las que lo han presentado dividido en dos TPBs.

martes, 19 de junio de 2012

“Flex Mentallo: El justiciero musculoso”, de Frank Quitely y Grant Morrison.



Aprovechando la reciente reedición de esta obra por parte de DC, ECC Ediciones ha estado ágil y no ha tardado demasiado en ofrecérsela a los lectores españoles que, por desgracia, no habíamos podido disfrutarla en castellano antes debido a ciertos problemas de derechos con los herederos del popular –en su momento- Charles Atlas  en el que se inspiró Morrison para su Flex Mentallo que impidieron nuevas ediciones. Solucionado el conflicto, estamos de enhorabuena porque esta miniserie de cuatro números es uno de los trabajos más ambiciosos de ese genial guionista que es Grant Morrison en su primera colaboración norteamericana con su dibujante favorito, el elegante Frank Quitely, a pesar que, por el camino se haya quedado el color original de la obra, sustituido por el degradadado frío, uniforme y tenebroso que, sin embargo, tanto parece gustar a Quitely para la reedición de sus obras, ya que en “We3” usó un tratamiento del color bastante parecido. ¿Teniendo en cuenta este detalle importante merece aún así la pena hacerse con esta obra? A mi juicio sí, porque “Flex Mentallo” es al género de los superhéroes lo que el “Ulises” de Joyce es a la Literatura. Una obra única, ambiciosa e insustituible tanto por su complejidad narrativa como por su repaso de los distintos períodos o edades del género que encandilará a los especialistas y aficionados más sesudos aunque también es cierto que probablemente provoque el rechazo del lector que solo busque un rato de evasión con una lectura intrascendente, porque precisamente la principal aspiración de Morrison en “Flex Mentallo” es trascender, explorar los distintos planos que se pueden llegar a superponer en los cómics redefiniendo la realidad como solo la ficción permite.

A grades rasgos, Flex Mentallo es simplemente un superhéroe culturista capaz de alterar la realidad con sus músculos que investiga la irrupción en su realidad de un antiguo colega de aventuras autodenominado El Hecho, mientras intenta parar los atentados de un misterioso grupo conocido como Facultad X que se dedica a explotar bombas en los lugares concurridos. Mientras tanto, en otro plano de existencia, el creador tanto de Flex como de El Hecho, un músico atormentado Wallace Wibe está a punto de suicidarse mientras habla por teléfono con un misterioso interlocutor sobre los cómics de superhéroes.

Creo que no me equivoco mucho si afirmo que “Flex Mentallo” es uno de los cómics que más ideas fascinantes esboza en  menor número de páginas, lo que no deja de tener su atractivo, aunque acabe acusando tal dispersión que impida que la simple base sobre la que sustenta el denso artificio metaficcional ideado por Morrison funcione adecuadamente. Y es que la búsqueda de Flex Mentallo de su amigo perdido el Hecho, personaje/metáfora evasiva que se escapa constantemente, no deja de ser la excusa del guionista para ofrecer a lo largo de los cuatro números que conforman la miniserie un recorrido por las distintas épocas que ha vivido el género usando como cicerone al musculoso protagonista desde la ingenuidad de la Golden Age a la ciencia ficción de los cómics E.C. la Edad de Plata y el  modelo de superhéroe oscuro establecido por Miller en “The Dark Knight” a partir de los ochenta y del que Morrison intenta distanciarse. Sin embargo, Morrison no otea el horizonte y no plantea ninguna alternativa valida (hay que recordar que el cómic es de mediados de los noventa uno de los peores momentos que han vivido creativamente los superhéroes) para el género aunque deje en el final abierto de la miniserie abierta la puerta a la esperanza en torno a un hipotético regreso a la Edad de Oro en la viñeta final.

 Por otro lado, resulta fascinante la forma en que Morrison estructura la serie en abandonando el desarrollo lineal habitual por una estructura casi espiralen la que se van encadenado la presentación de los distintos planos en que transcurren las tramas protagonizadas por los principales personajes de la serie estableciendo curiosos elementos de conexión entre ellos como las bombas o el teléfono zumbador para  involucrar al lector en torno a otro de las interesantes cuestiones que plantea, la exploración de los límites entre la realidad y la ficción obligando al lector  mediante constantes incitaciones a participar en la historia activamente  buscando el sentido a lo que se está leyendo de una manera que pocos cómics han logrado con tanto éxito.

Por otro lado, “Flex Mentallo” no deja de ser una obra polisémica y contradictoria ya que si bien puede ser interpretada como una declaración de amor de Morrison hacia el género y una apología acerca de su potencial a través de la subversión de sus convenciones y elementos típicos que presenta de una manera novedosa, al mismo tiempo lleva implícita una fuerte carga crítica al mismo desde la sátira misma de la concepción del personaje principal de “Flex Mentallo”, un culturista fortachón que se pasea con toda naturalidad en calzoncillos por la ciudad,  que recuerda a lo que ya hiciera Charles Burns en su revisión de las clásicas tramas de género negro subvirtiendo sus elementos en “El Borbah” desde los ochenta (obra que creo ha sido una de las principales inspiraciones de Morrison), como en la despiadada representación de la mente pensante de todo ese artificio de fantasía y  alter ego del propio Morrison, un Wallace Sage incapaz de enfrentarse con éxito a los problemas de la vida “real” y que busca en la ilusión del suicidio y en los cómics de superhéroes atajos para evadir su precaria "existencia".

En el aspecto gráfico, y a pesar de no contar con el colorido original característico de los cómics de la Golden Age  del que Morrison se serviría como contraposición a los elementos más oscuros de la historia, Quitely ya demuestra su capacidad para adaptarse a las exigentes demandas del guionista escocés y ajustar su estilo a los distintos planos en que se desarrolla la historia sin perder elegancia ni claridad expositiva al tiempo que encuentra inteligentes soluciones para muchas de las transiciones que se plantea en el puzzle de vasos comunicantes que es "Flex Mentallo".

En fin, aunque se  escribiera un ensayo sobre “Flex Mentallo: el justiciero musculoso” este seguiría siendo un misterio dentro de un laberinto que encierra tantas interpretaciones y claves como lectores haya siendo quizás precisamente ese potencial para hacer pensar a sus lectores en torno a los cómics, su lenguaje y su historia la mayor cualidad de este tebeo único.

sábado, 7 de abril de 2012

Recoloreando Flex Mentallo.


Por una conocida red social me pasan el soplo, pincho el enlace y viendo las comparativas se me vuelve a poner cuerpo de nazareno.
Resulta que la esperada nueva edición del “Flex Mentallo”, joyita tempranera del dúo Morrison/Quitely que permanece inédita en nuestras tierras desde tiempos inmemoriales, viene recoloreada de origen para hacerla más molona y moderna, más ajustada al estilo actual de Quitely, sin tener en cuenta que los brillantes colores y el aire pop del original eran los requeridos precisamente para respetar la esencia de la obra.
Un atentado más a la integridad de la obra original al no respetar los colores que no es el primero ni será el último y viene a sumarse a los recoloreados de “The Sandman”, “El Incal” o “Los Relatos de Asgard”, por comentar solo algunos de los casos más notorios y conocidos que se han dado en España.
Es casi seguro que “Flex Mentallo” se va a publicar en España y que ECC seguirá esta nueva edición, y también lo es que los aficionados pasaremos por caja por disponer en nuestra tebeoteca de esta joyita, más que nada porque será la única edición disponible al menos, hasta que a los esforzados aficionados, les ofrezcan dentro de unos años una nueva edición que respete los colores (eso sí, habrá que ver si a su tamaño o a otro…). Y es que en el fondo el juego de las ediciones y los coloreados es solo una práctica deningrante, pero aceptada por todos, de un negocio en el que al final siempre acabarán pasando por caja los mismos.

martes, 13 de marzo de 2012

“Batman y Robin”, de Grant Morrison y Frank Quitely.

Cumpliendo con lo prometido cuando se hizo con los derechos de DC, ECC Ediciones está manteniendo cierta continuidad con la política de publicación de Planeta. De este modo, y centrándonos ya en la etapa de Grant Morrison en “Batman”, si Planeta venía publicando los episodios en grapa para más tarde recopilarlos en tomo, ECC siguiendo esa política recopila en este tomo los seis números que Morrison realizara con Quitely para lanzar la nueva serie estadounidense de “Batman y Robin” que en su momento ya publicó Planeta en grapa. Vamos, un pequeño gran lío si no se está encima de la serie y puede llevar a más de uno a provocarle dolores de cabeza o de bolsillo cuando compruebe que se ha hecho con material que pensaba inédito. Una vez hecha la aclaración, he de decir que estos números no están nada mal, ofreciendo una agradable revisión y puesta al día de los tópicos de Batman.

Poniéndonos en antecedentes brevemente, los aliados y enemigos de Batman piensan que este ha muerto cuando realmente se encuentra desaparecido en la corriente temporal. Como Gotham no puede quedarse sin su justiciero favorito para que los criminales no campen por sus respetos, Dick Grayson renuncia a continuar siendo Nightwing para ponerse la capa y hacer de Batman tomando como nuevo Robin al díscolo y rebelde Damien, el hijo que Bruce Wayne tuvo con Talia al que Morrison nos presentó en los inicios de su etapa en la serie del Murciélago. El nuevo Dúo Dinámico deberá hacer frente en sus primeras misiones al pirado Profesor Pyg y sus estrafalarios aliados, y una nueva encarnación de Capucha Roja que pistola en mano pretende tomar el relevo al Hombre Murciélago.

Si Morrison y Quitely sorprendieron a propios y extraños con la excelente revisión que realizaron en “ASS” de la mitología que rodeaba al Hombre de Acero aprovechando además el carácter cerrado de esa maxiserie, en “Batman” está saliendo airoso con un encargo más complicado al insertarse los números guionizados por Morrison dentro de la serie (o series) regular del personaje y además tener que asumir las diversas versiones y transformaciones –bastantes más que Superman, por cierto- que ha ido sufriendo a lo largo de las décadas. Y lo cierto, es que Morrison está saliendo airoso de la tarea dando una nueva patina a tramas y situaciones evocadoras de otros años y otros autores, tomando de la rica tradición del personaje aquello que le sirve para su historia y soltando el lastre de lo superfluo para lograr un conjunto de cómics de ritmo ágil, entretenidos y divertidos en los que sabe sacar provecho de los excelentes dibujantes con los que ha colaborado en su realización, aunque realmente no sean tan rompedores como la fama de Morrison podría presuponer.

De este modo, todo lo dicho es aplicable a estos tebeos que firma con Quitely, probablemente el dibujante con quién mejor migas ha hecho Morrison y el que mejor ha sabido plasmar su habitual torrente de ideas. En estos primeros episodios de“Batman y Robin”, Morrison sigue aplicando lo de cambiar todo para que todo siga igual. Nuevos y molones villanos que rememoran a los viejos, una tensa relación entre los nuevos Batman y Robin que recuerdan a la tensa relación de los antiguos Batman y Robin, y un Alfred tan mediador y conciliador como siempre. En definitiva, más de lo mismo para el aficionado antiguo con la salvedad que el dibujante es un brillante Frank Quitely que le da un aire novedoso y original que no ahorra esfuerzos para sorprender en cada encuadre y en seguir aplicando y depurando los recursos narrativos adquiridos del manga que ya mostrara en algunos de sus anteriores trabajos con Morrison.

En definitiva, “Batman y Robin” no es un tebeo tan innovador como podría esperarse ni será la piedra rosetta sobre la que desentrañar las décadas de historia previa como si es “ASS”, pero es una serie de superhéroes superior a la media y contribuirá a que dentro de unos años las aportaciones de Morrison a la rica historia del Hombre Murciélago sigan siendo recordadas.

lunes, 6 de febrero de 2012

“We3”, de Grant Morrison y Frank Quitely.


ECC Ediciones reedita, en una nueva edición con diez páginas extra y abundante material complementario comentado por los autores, esta curiosa miniserie de tres números publicada en el sello Vertigo en 2004 y editada ya por Planeta hace unos cuantos años.

En unos laboratorios ultrasecretos, se dedican a desarrollar a los soldados perfectos a partir de animales parlantes con sus habilidades físicas potenciadas y embutidos en aparatosas armaduras de combate tan capaces de realizar misiones de infiltración como de enfrentarse a un batallón con éxito. Cuando los mandamases militares que lo financian deciden que hay sacrificar a los prototipos del proyecto We3 – un perro, un gato y un conejo- estos escaparán dispuestos a luchar por su supervivencia a toda costa.

Morrison con facilidad construye un pequeño gran tebeo a medio camino entre “Robocop” o “Soldado Universal” y “La Colina de Watership” en el que prima la acción frente a la reflexión aunque esta subyazca bajo la magnífica caracterización y tratamiento de los tres protagonistas. A diferencia de las personificaciones de animales habituales, en las que los animales tienen atributos humanos plenamente desarrollados, en esta ocasión Morrison acierta al describir sus personajes con una inteligencia y capacidad de hablar limitadas que permiten hacer todavía más conmovedoras y entendibles sus reacciones. Y es que los bichillos actúan en todo momento movidos por sus instintos incapaces de enjuiciar moralmente sus acciones, recayendo toda la responsabilidad de sus acciones, cómo no, en los malvados militares de turno y sus pragmáticos colaboradores científicos.

Tras la sencillez de la premisa argumental planteada por Morrison, el tebeo resulta realmente interesante gracias a la magnífica labor de un Frank Quitely que lejos de acomodarse en un desarrollo más convencional de la narración se dedicó a trasladar con éxito las maneras narrativas del manga a la historia, especialmente en lo relativo a las secuencias de batalla. De este modo, el tebeo resulta rico en influencias que van desde la obra de Otomo o Shirow a la de clásicos como Miller, Steranko o Corben. A pesar de esa voluntad de innovar que marca buena parte del desarrollo del tebeo, Quitely se muestra además como un dibujante minucioso y detallista en la precisión con que describe a las localizaciones y los animales sobre todo en los que recae el protagonismo, cuyos movimientos sin duda estudió con minuciosidad para poder trasladarlos al papel con un mínimo de credibilidad a pesar de vestir extrañas armaduras de combate.

We3” es un gran trabajo menor en la obra de sus autores que sorprende por la ambición que muestran para construir la historia de una manera novedosa y original al tiempo que plenamente satisfactoria para el lector que agradecerá el empeño puesto en su desarrollo. Un tebeo muy interesante.

jueves, 18 de febrero de 2010

“All Star Superman”, de Grant Morrison y Frank Quitely.


A estas alturas se ha escrito ya tanto y tan bueno de “All Star Superman”, la maxiserie de 12 números en que Morrison y Quitely redefinen al Hombre de Acero, que uno no sabe muy bien que añadir, salvo rendirse a la genialidad de Morrison cuando decide ser genial y al innegable talento de un Frank Quitely que probablemente haya realizado en esta serie el mejor trabajo de su carrera. Pero, como imagino, que eso de por sí no es mucho, les contaré algo más aun a fuerza de ser repetitivo.

En “All Star Superman”, ante todo, Morrison destaca a mi modo de ver por dos cualidades principales que no han sido siempre frecuentes en su carrera: astucia y comedimiento. La astucia, que no está reñida con la genialidad mal encauzada de muchas de sus creaciones sino que en este caso la complementa, al ser capaz de obviar las convenciones asentadas sobre Superman desde los tiempos de Moore o Byrne y definir un icono ingenuo e inocente y su rico universo partiendo de los cómics de la “golden age” sabiendo actualizarlos lo suficiente como para no insultar por ello la inteligencia de los lectores contemporáneos y aprovechando al máximo el talento de un Quitely inspirado para dar con el acabado gráfico idóneo de los personajes que canalizara adecuadamente su mensaje. Por otro lado, comedimiento al no dispersar su aluvión de ideas en su caótico planteamiento habitual ofreciendo un desarrollo medido, más pausado y lógico que, sin regalar nada al lector, es disfrutable tanto por aquellos capaces de desentrañar las múltiples referencias manejadas por el escocés como por los que tan sólo quieren disfrutar de una historia de superhéroes entretenida que se disfruta tanto en su lectura número a número como de corrido.

Morrison sitúa a su Superman como un eslabón más en la necesidad humana de crear iconos en los que proyectar sus ideales en una tradición que probablemente se remonte a las cavernas y cuyas nuevas encarnaciones están aun por llegar. Y, aunque el escocés no deja palo por tocar en la profundidad de su ecléctico estudio –desde la mitología a las grandes religiones pasando por la filosofía o incluso la ópera y las nuevas tecnologías- de la figura del superhéroe es capaz de reducir toda su proposición al armazón fundamental de una buena historia de superhéroes, sus maniqueísmos y sus convenciones, su optimismo y su humor primario, pero dignificando sin complejos un género y un medio todavía ninguneado en pos de su infantilización mercantilista mostrando su viabilidad siempre y cuando se disponga del talento necesario.

En el aspecto gráfico, Quitely da la medida e incluso supera cualquier expectativa, logrando una espectacularidad cercana con un dibujo lleno de matices que no se constriñe a supeditarse a la partitura ideada por Morrison sino que la exalta logrando trasladar a las viñetas la esencia de Superman sin recurrir a una impostada épica hueca como probablemente ningún dibujante anterior haya logrado. Morrison y Quitely colaboran de antiguo con excelentes resultados pero es en este “All Star Superman” en el que su simbiosis alcanza una perfección pocas veces vista, dejando al icono remozado y brillante para afrontar el cambio de década imperturbable a la espera de una nueva revisión.

All Star Superman” es uno de los tebeos que no hay que perderse de los que se publicaron el año pasado y resultaría encomiable el esfuerzo realizado por Planeta en su edición sino fuera por el consabido y garrafal error con el asunto de la repetición de portadas. Una auténtica lástima que hubiera precisado un esfuerzo por parte de la editorial en su corrección que a mí no me consta que se haya producido.