lunes, 9 de diciembre de 2013
“Los surcos del azar”, de Paco Roca.
jueves, 20 de junio de 2013
“Panorama: La novela gráfica hoy”, de VVAA.
viernes, 13 de enero de 2012
El cartel de la 30 edición del Salón del Cómic de Barcelona de Paco Roca.
A través de La Canción de Tristán descubro el cartel para la edición del Salón de Barcelona de 2012, firmado por el omnipresente Paco Roca.El cartel me parece muy bonito y acertado, ya que rompe un poco con la rutina de lo que suelen ser los carteles de los salones de cómic que por lo general muestran personajes icónicos del noveno arte y algún monumento representativo de la ciudad de turno, para dar primacía a lo que debe ser lo más importante en todo buen Salón, en mi opinión (otros pensarán que ha de ser un sitio para hacer negocios, cerrar contratos y demás), un punto de encuentro y convivencia entre los autores y los lectores con el nexo común de las obras compartidas.
Un detalle que el observador Roca haya reivindicado precisamente los que son los dos elementos imprescindibles para que esta historia de los cómics funcione y muchas ocasiones parece olvidarse: autores para crearlos y lectores para disfrutarlos. Hay radica la magia y el resto debería de ser secundario (aunque no lo sea).
viernes, 6 de enero de 2012
Trailer de “Arrugas”.
Los Reyes Magos nos han traído el trailer de la adaptación animada de “Arrugas”, el excelente cómic de Paco Roca:
lunes, 7 de noviembre de 2011
“Memorias de un hombre en pijama”, de Paco Roca.

He disfrutado a lo largo del fin de semana vestido para la ocasión de la recopilación remontada –aunque no perjudique en nada la narración o la experiencia lectora dada la clásica composición de página- que Astiberri ha realizado de la serie del mismo título que, a lo largo de algo más de un año, el cada vez más prolífico Paco Roca ha venido publicando en el diario local valenciano “Las Provincias” y que, por estar fuera de mi ámbito geográfico habitual, desconocía. Un tebeo amable, sencillo y sabio que, por su falta de pretensiones, consigue sobradamente su objetivo de hacer pasar un ratillo agradable al lector antes de encaminarse a acometer tareas más ingratas.

Al menos, yo he disfrutado de las anécdotas generacionales y las situaciones comunes que el autor de “Arrugas” y “El invierno del dibujante” expone y, en más de una ocasión, ha logrado hacerme esbozar una sonrisa cómplice ante un episodio común protagonizado por otros nombres o alguna curiosidad que Roca sabe exponer con gracejo blanco no exento de ironía, pero carente de acidez y maldad, conformando episodio a episodio una serie de la que Roca es autor al tiempo que absoluto protagonista, juez y parte, director y actor que acaba construyendo desde la perspectiva que le ofrece su trabajo casero y su querencia por el pijama, que ya es por sí misma toda una declaración de principios, junto al cotilleo de las experiencias propias y las de sus amigos ocultos bajo los signos del zodiaco, un amable y acertado retrato generacional con el que a los que, año arriba año abajo compartimos su edad nos gana, atisbando en el indolente y complaciente retrato caricaturesco que hace de sí mismo un poco el reflejo del nuestro.

Y así, a la chita callando, tirando de oficio y una envidiable madurez narrativa y personal propia del que desempeña su trabajo honradamente y se conoce a sí mismo hasta el punto de ser humilde como para saber cuando retirarse a tiempo al creer que no tiene nada más que decir, Roca construye una obra a la estela de las francesas “Señor Jean” o “Mis Circunstancias” con una voz propia más humilde, amistosa y nuestra que las de Dupuy, Barberian o Trondheim, una obra con la que nos gana al no sermonearnos y con la que nos engatusa –casi- como para querer regalarle otro pijama o, mejor, invitarle a cañas y seguir compartiendo anécdotas, las suyas y las nuestras.
Así que, como a partir de ahora pijamas no te van a faltar, cuando quieras, Paco, quedamos y nos tomamos unas cañas para que nos sigas contando que es de tu vida. Aquí, Paco Roca, aquí unos amigos.miércoles, 27 de abril de 2011
Cartel y Programa de La Massana 2011.
Paco Roca está que se sale...Otro espectacular cartel, esta vez autoreferenciado a su “El invierno del dibujante”, para La Massana 2011.
lunes, 7 de marzo de 2011
Trailer de “Arrugas”, de Paco Roca.
Arrugas, la adaptación del cómic de Paco Roca
El primer trailer de la versión animada del multipremiado cómic del valenciano Paco Roca.
Tengo dudas sobre como soportará el cambio de medio a pesar de la supervisión del autor pero, a pesar de ello, no dejéis de leer un tebeo mayúsculo.
jueves, 3 de marzo de 2011
El Cartel de la Mostra Comic 2011 de Valencia.
Vía La Cárcel de Papel me hago con el Cartel de la Mostra Comic 2011 de Valencia, obra de un inspirado Paco Roca, que está que se sale. El motivo se inspira en el perturbador “La isla de los muertos” de Böcklin pero no ha sido la primera vez ni el primer autor que ha rendido homenaje en sus cómics a los cuadros del suizo, como se puede comprobar aquí.
lunes, 7 de febrero de 2011
“Los viajes de Alexandre Icarus: Hijos de la Alhambra”, de Paco Roca.


En el siglo XIX, Alexandre Icarus es un inquieto pintor de decorados parisino que sueña con viajar a la Alhambra para ilustrar los cuentos de Washington Irving y hallar el tesoro que según la leyenda se oculta bajo el palacio nazarí. Cuando un accidente le obliga a alejarse de París, Icarus decide llevar a cabo su sueño y viaja hasta Granada para verse envuelto en una trama de sangrientos asesinatos que están teniendo lugar en el habitado palacio y traen en jaque al capitán Iñigo Badía (¡El hijo de Alí Bey!). La resolución de los asesinatos y el misterio del tesoro parecen entroncar directamente con el destino de los últimos nazaríes expulsados de España en una espiral de venganza, terror y magia que amenaza a todos los actuales habitantes del palacio si Icarus y Badía no son capaces de pararla a tiempo.

“Hijos de la Alhambra” es una entretenida propuesta de género en la que Paco Roca construye la trama sobre un cuidadoso trabajo de documentación y con el que homenajea a los viajeros y artistas románticos que como Gustave Doré o Washington Irving dieron a conocer la Alhambra a la noble y acomodada Vieja Europa. Inspirándose libremente en una leyenda popular –la de los “Plomos del Sacromonte”- Roca demuestra conocer los resortes del género y el exigente formato de 56 páginas en una historia que no obstante peca acaso de ser excesivamente previsible en su sencillo desarrollo.

En el aspecto gráfico, estamos ya ante un autor maduro que maneja perfectamente los recursos narrativos del cómic a la hora de plantear elipsis y flashbacks usando recursos que se han alabado en obras posteriores más personales. Aunque el álbum presenta a un Roca capacitado para acometer obras más ambiciosas –de hecho “El Faro” es solo de un año después- todavía su estilo adolece de ciertos cliclés propios del mundo de la animación que se perciben sobre todo en el tratamiento que el autor da a los rasgos faciales de los personajes.

En definitiva, “Los viajes de Alexandre Icarus: Los hijos de la Alhambra” es un álbum correcto que no desmerece propuestas similares que han cuajado con éxito en el país vecino que puede interesar a aquellos que quieran seguir la evolución del artista valenciano situándose en la antesala de lo que ha sido su alabada producción posterior.
viernes, 3 de diciembre de 2010
“El invierno del dibujante”, de Paco Roca.


Localizada en Barcelona entre el invierno de 1957 y el verano de 1959, Roca vertebra toda una radiografía histórica y sentimental de la Historieta española de finales de los cincuenta alrededor del intento frustrado de cinco de sus más reputados dibujantes (Giner, Escobar, Peñarroya, Conti y Ciffré) de independizarse de la todopoderosa y leonina Bruguera montando su propia editorial DER (Dibujantes y Editores Reunidos) que les permitiera controlar su trabajo y poseer los originales de su obra cristalizado enla revista “Tío Vivo”. Un recorrido de la esperanza a la desilusión que Roca muestra con mano maestra.
No es de extrañar todo el revuelo blogósferico alrededor de esta obra ya que los cómics sobre la historia del cómic y sus autores no son habituales y, generalmente, cuentan con un atractivo especial tanto para los aficionados como para el resto de los profesionales que ven de un modo u otro reflejada la propia tradición histórica con la que se sienten identificados. Raros pero generalmente excelentes como “Malas Ventas” de Alex Robinson o “Hicksville” de Dylan Horrows en el extranjero y la fantástica serie “Los Profesionales” del gran Carlos Giménez en España, con la que inevitablemente guarda más puntos de conexión. Obras meritorias entre las que “El invierno del dibujante” está llamado a ocupar un lugar de honor por la sensibilidad y sabiduría con la que Paco Roca ha sabido no solo mostrar un momento clave en la historia del cómic en España a partir del cuál describir lo que era la vida del dibujante de la época a través del microverso que era la editorial de referencia, Bruguera, con un acercamiento detallado a la mayoría de las principales figuras de la época desde Vázquez o Ibáñez a Victor Mora mostrando sus pequeñas intrahistorias cotidianas con lo que la obra adquiere una riqueza inusual y la hace accesible a partir de esa nota costumbrista al lector que no esté especialmente interesado (¿habrá alguno?) en la historia del medio.
Pero es que, además el autor se muestra como un observador minucioso capaz de reflejar y captar el contexto de una España que intentaba levantar la cabeza tras la dura posguerra a. partir de unas viñetas que llena de pequeñas historias cotidianas que sirven de acompañamiento al pequeño gran drama objeto principal de la obra y crónica costumbrista de un estilo de vida que por suerte, o por desgracia, se ha perdido. Roca muestra la vida cotidiana en la urbana Barcelona popular de las Ramblas a los barrios adinerados en los que viven los Bruguera donde transcurre un fantástico episodio tragicomico a medio camino entre el cine de Coppola o las mejores películas de Berlanga, Fernando Palacios o José Maria Forqué, y guía la mirada del lector con un punto de nostalgia en la línea de autores como Seth y Chris Ware de cuyas obras Roca ha sabido adaptar y potenciar recursos formales.
Roca describe con mimo a sus personajes caracterizándolos psicológicamente para huir del maniqueísmo que pudiera acabar identifcandoles como buenos y malos para acabar mostrando con sensibilidad su perfil más humanos para reforzar una historia que por injusta que pueda parecernos a nuestros ojos actuales era solo una más de las injustas historias que conformaron un tiempo y lugar del que todos somos de un modo herederos.
“El invierno del dibujante” es la obra más compleja de Paco Roca y la que marca verdaderamente su madurez como autor desplegando una gran variedad de recursos estilísticos y narrativos soberbiamente manejados que hacen su lectura un verdadero libro de cabecera para cualquiera que quiera dedicarse a hacer cómics. Más allá de las elegantes elipsis y transiciones quizás los más destacables, aparte de los ya mencionados, sean el distinto color de las páginas entre los hechos que transcurren en verano o invierno para reforzar la metáfora inicial que ya desde el mismo título se intuye al tiempo que, de ese modo, establece una diferenciación formal entre los distintos lapsos temporales en que se desarrolla la historia o, por otro lado, la composición de página dividiendo en diferentes viñetas una misma acción como ya hiciera Pellejero en "En Carne Viva" con lo que refuerza los distintos detalles que el autor quiere resaltar (en este caso las correcciones que el editor de Bruguera realizaba sobre las páginas entregadas por los dibujantes).
En definitiva, “El invierno del dibujante” está llamado a ser aparte de uno de los tebeos del año una obra clave en la carrera de Paco Roca que tras el merecido e inesperado quizás éxito de “Arrugas” se confirma como un autor a tener muy en cuenta. La excelente edición de Astiberri se completa con un emotivo epílogo de Antoni Guiral, toda una autoridad en la materia y un glosario de los principales actores de la historia que ayudarán a situarse a los lectores menos familiarizados con ella. Un tebeo indispensable.
jueves, 14 de octubre de 2010
“El Ángel de la Retirada”, de Paco Roca y Serguei Dounovetz.


A través del personaje de Victoria una joven francesa hija de emigrantes españoles conocemos el día a día actual de la colonia, sus celebraciones y problemáticas en los tiempos actuales a la hora de intentar mantener viva la identidad propia de emigrados que no pertenecen exactamente ni al país que dejaron ni al que los acogió. Victoria vive el día a día con la necesidad de descubrir horizontes nuevos más allá de la colonia que considera su hogar y los sueños irreales en los que se la aparece Ángel un misterioso hombre ideal por el que se siente irremediablemente atraída- en los que se traslada a distintos momentos históricos que conforman la historia de Beziers: las vendimias realizadas por españoles emigrados de principios de siglo o la retirada de los republicanos españoles a Francia en 1939 y las duras experiencias iniciales que allí vivieron. Entre la realidad y la fantasía, Victoria busca su propia identidad.

Sin ser estrictamente una segunda parte, por el tratamiento de la historia y su temática podemos encontrar grandes semejanzas en esta nueva obra con “El Faro”, pero si en aquella publicada hace años estábamos ante una promesa talentosa que apuntaba alto en “El Ángel de la Retirada” nos reencontramos con un autor contrastado que domina perfectamente el medio que ha elegido para expresarse y es capaz de plasmar historias complejas y evocativas con profunda sensibilidad. No tengo claro donde empieza ni donde termina la labor de Sergei Dounovetz pero estamos ante una obra en la que la sabiduría de Roca la impregna y traspasa de principio a fin desde el tratamiento de los sencillos y creíbles personajes hasta las elegantes transiciones a través de las cuáles la historia avanza.

En ese juego entre vigilia y sueño en que se mueve el cómic y que Roca transmite a través de un bitono suave y evocativo y su elegante y preciso trazo de formas casi infantiles hubiera sido fácil que la historia se dispersara en los sutiles elementos fantásticos que impregnan la obra (como hasta cierto punto pasa en la mentada “El Faro” o la más reciente “Las Calles de Arena”) pero en esta ocasión nos encontramos ante una obra más lograda en la que el equilibrio entre irrealidad y fantasía están consigue que la historia de la protagonista y la de Beziers el pueblo del que forma parte confluyan a un mismo ritmo y la obra adquiera todo su sentido y riqueza interpretativa.

“El ángel de la retirada” es una obra aparentemente sencilla pero cuya estructura compleja exige de Roca lo mejor de sí mismo para lograr a través que elegantes elipsis y flashbacks que los distintos planos de vigilia y sueño, pasado y presente, encajen a la perfección y la historia de resistencia, de amor y búsqueda de la identidad cale en el lector.
En definitiva, estamos ante otro pequeño gran tebeo de Paco Roca en el que se reivindica de manera precisa y carente de maniqueísmos la realidad cotidiana de unos personajes que antes que españoles o franceses, exiliados o acogidos, son presentados como personas que sienten y padecen como cualquiera de los potenciales lectores y con los que es fácil sentirse identificado. Y ese, creo, es el mayor mérito sin duda de este cómic que no puedo dejar de recomendaros. No os lo perdáis.
lunes, 4 de mayo de 2009
“Las Calles de Arena” de Paco Roca.
Con muchas ganas y curiosidad esperaba yo la nueva obra de Paco Roca tras el impacto que supuso “Arrugas”, la multipremiada obra con la que alcanzó los parabienes de público y crítica. Ganas por volver a recuperar en una nueva obra su narrativa sencilla, elegante y sutil, y curiosidad, por ver si Roca era capaz de rizar el rizo y ofrecernos una obra de tanta calidad como su predecesora.Bien, ya les adelanto a los que lo esperan, que no estamos ante un “Arrugas 2”, pero sí ante una obra bastante honrada y digna en su coherencia con la trayectoria del autor, con la que Roca salva el accidente que supuso para su carrera el realizar una obra tan redonda como fue “Arrugas” y da quizás la dimensión real del autor y de sus preocupaciones

Un tipo anónimo llega tarde a una cita con su novia para firmar la hipoteca de su casa porque se ha dejado los cuartos en una figura a tamaño natural de Corto Maltes. Para atajar, el despistado aferrado a su tótem se adentra en el Barrio Viejo donde siempre se pierde, sin embargo, en esta ocasión, su despiste y las revueltas del barrio le lleva a un barrio completamente inesperado del que no puede salir, habitado por una pléyade de curiosos personajes. ¿Podrá escapar de las calles de arena o será uno más de sus asombrosos habitantes? Tendrán que leer el cómic para enterarse.

“Las calles de Arena” es un cómic referencial lleno de prestamos de grandes literatos que supieron en sus obras entremezclar con acierto realidad y fantasía, que muy bien desgrana Juan Manuel Díaz de Guereñu en el prólogo de la obra. Autores que van desde Borges o Cortazar a Garcia Márquez, pasando por Kafka, Poe o Melville, y que Roca repasa a través de la galería de personajes que habitan las calles de arena – un reconocido homenaje al maravilloso cuento de Borges- en el que se desarrolla la historia.

En esta obra, nos encontramos a un Roca más cercano, aparentemente, en temática a “El faro” que a “Arrugas”, un autor, sin embargo, mucho más maduro que en aquella obra que encuentra soluciones muy sencillas para narrar una historia con un mensaje mucho más sutil y personal que el universal miedo al envejecimiento de la segunda.

La historia de “Las calles de arena” resulta agradable y se lee con interés, disfrutando de las múltiples referencias de Roca, mientras el protagonista sin nombre, deambula por el barrio de Arena y la torre en la que habita, conociendo a sus habitantes y los miedos que les impiden escapar de la prisión que ellos mismos se han forjado en la mejor tradición de Kafka, personajes con los que el autor va dando a conocer cuan si de una nueva “Alicia en el país de las maravillas" se tratara en una obra sin grandes pretensiones formales, que encuentra en la evocación simbólica su máximo atractivo.

El Paco Roca de “Las calles de arena” se muestra mucho más sólido y hábil a la hora de resolver la historia que el Paco Roca de “El Faro”, obra mucho más endeble pero de similar temática, prescindiendo por momentos del diálogo y dejando que todo el peso de la narración recaiga en el dibujo mediante un juego de secuencias mudas bello y evocador que encuentra su colofón en la viñeta final que sella el destino del hombre sin nombre, en un hábil requiebro con el que rompe la coherencia de la conducta del protagonista hasta ese momento, pero que refuerza la idea que sobrevuela todo el tebeo, la retirada a los mundos propios frente a las crudas exigencias de la realidad. Un mensaje evasivo que no comparto pero que impregna toda la obra de Roca, incluida “Arrugas”.
En definitiva, una obra con la que Roca continua mostrando su evolución como narrador y cimenta su personalísimo y evocador universo personal pero que no puede ni debe compararse con “Arrugas”. En cuanto a la edición, resulta sorprendente y alarmante la pésima elección del papel por parte de Astiberri, similar al de “RG”, que estropea la cuidada ambientación con la que el autor pretendía caracterizar a los distintos personajes, comiéndose los colores y llegando por momentos a dificultar la lectura. Un gran fallo por parte de una editorial que suele ofrecer ediciones muy cuidadas, y que se ve agravado por su reiteración.
Otras obras de Paco Roca comentadas en El lector impaciente:
-“El faro”.
-“Arrugas”.
lunes, 21 de enero de 2008
“Arrugas” de Paco Roca

A través de la historia de Emilio, un director de banca jubilado, Roca nos sumerge en la perplejidad del que ve cómo el tiempo va dictando inexorablemente sentencia, primero con el ingreso en una residencia y la traición de los hijos; más tarde, con la conmoción de entender que la conciencia, la identidad que nos define, desaparecen poco a poco víctimas de una batalla perdida de antemano frente a una enfermedad tan cruel como el Alzheimer. El autor construye una historia cercana, en el que todos reconoceremos en las anécdotas de Antonia, Anselmo, Ernesto, Miguel o el resto de los compañeros de residencia de Emilio las de un padre o un abuelo, provocando al tiempo la amargura y la sonrisa de lo cercano y cotidiano en un álbum cuyo contenido llega a lo más hondo y no puede dejar a nadie indiferente.
Tras el trasfondo de la aventura, vivencias y amistad de los protagonistas hay una realidad que nos afecta a todos, aunque la sociedad y algunos crédulos pretendan negar la evidencia: el tiempo pasa para todos y los achaques, la decrepitud y, en definitiva, la temida vejez está a la vuelta de la esquina y nada podemos hacer para evitarlo. Pero, aunque este mensaje subyace a lo largo de toda la historia, Roca prefiere centrarse en el día a día de los ancianos de la residencia, sus alegrías y sus penas, miedos y heroicidades diarias dosificando las dosis de sentimentalismo para no caer en lo melodramático y restar credibilidad a la historia que nos cuenta, ni opinar sobre los hechos que narra, dejando que la historia hable por sí misma y cada lector saque sus propias conclusiones. Si en “El Faro”, los personajes resultaban demasiado rígidos en el marco de una historia excesivamente previsible, en “Arrugas” no repite errores y sabe insuflar a todos los personajes que pueblan sus páginas de una reconocible humanidad que es muy infrecuente encontrar hoy en día en un cómic y debe servir para confirmar al autor en un puesto muy alto dentro de los historietistas nacionales. Dotado de un gran talento narrativo, Roca expone una amplitud de recursos sorprendente y lleva al máximo las posibilidades del medio para acercarnos a la realidad de una enfermedad, el Alzheimer, que, como bien describe, va minando las capacidades de los enfermos hasta convertirles en meras carcasas de las personas que las ocuparon. Con habilidad Roca incorpora a la narración pequeños retazos de la juventud y la niñez de los ancianos para mostrarnos quizás el cómo fueron o cómo se imaginan que fueron una vez. El dibujo es fluido y detallista, los diálogos medidos y creíbles, y se percibe mucho del cariño y cuidado que el artista ha debido poner en la obra. Todo confluye en el resultado final: un cómic redondo y conmovedor, que no deben dejar de leer ni recomendar a todos aquellos que conozcan. Si en mi mano estuviese sería lectura obligatoria en todos los colegios. Porque insisto, no lo olvidemos, dentro de más o menos años, nosotros podemos ser cualquiera de los personajes de Roca.
Si quieren visitar la página del artista y ver algo de su próxima obra pinchen aquí.
martes, 18 de diciembre de 2007
“El faro” de Paco Roca

Paco Roca, en “El Faro”, nos traslada a la costa mediterránea en la que Francisco, un joven carabinero republicano huyendo hacia Francia de las tropas nacionales encuentra refugio en un viejo faro fuera de uso en el que Telmo, el viejo farero, sobrevive de los restos de naufragios que las tempestades arrojan a sus costas mientras espera la llegada de una lámpara de recambio para su faro. Junto a Telmo, Francisco construirá una barca con la que escapar a Laputa al tiempo que las heridas psicológicas que la guerra le ha dejado van cicatrizando. Sin embargo, cuando la expedición está a punto de partir el descubrimiento de la verdad sobre Telmo y Laputa y la llegada de los fascistas al Faro precipitarán los acontecimientos.
Paco Roca (“Hijos de la alambra”), en este pequeño álbum de cuarenta y ocho páginas editado por Astiberri, nos ofrece un bello cuento en el que defiende los valores curativos de la fantasía, la aventura y la amistad frente a la sinrazón, la crueldad y la desesperación del mundo real como bien resume el propio Telmo en una estupenda frase “Viajar es el sucedáneo de la pistola y la bala”. En esta historia, cargada de simbolismos, Roca desarrolla un esquematismo narrativo eficaz para construir la historia que quería contar pero que, por momentos, queda sin rumbo a la espera que el lector la rescate, como el farero, de las olas y rellene los huecos dejados por el autor en una historia que se antoja excesivamente fría y predecible. La relación tópica de maestro y aprendiz y el consiguiente enfrentamiento entre ambos que es la base sobre la que descansa el armazón de la historia es algo que hemos leído en muchas ocasiones y que suele funcionar siempre que el autor sea capaz de elevar el listón dramático para involucrar al lector en la historia. En este caso, Roca no lo consigue al construir una historia en exceso canónica y predecible que resulta más que correcta en su desarrollo y evolución y gustará a todos aquellos que vemos en la literatura una puerta por la que escapar a la cotidianidad diaria pero que anda escasa de originalidad para conmover. El bitono que aplica Roca a su dibujo es excelente para acentuar el carácter de santuario imaginario entre lo real y lo fantástico que se esfuerza en conseguir pero, como digo, resulta en exceso frío para involucrar al lector en lo que está leyendo.
Nos encontramos, pues, ante una obra con mejores intenciones que resultados aunque fuese ka ganadora del Premio al mejor Guión de Historieta Realista de El Diario de Avisos de Tenerife 2004, buenas intenciones que mantienen mi curiosidad hacia el autor y su nueva obra, “Arrugas” de reciente publicación por Astiberri. Cuando la lea, les cuento algo.















