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martes, 10 de julio de 2012

“Vengadores Secretos”, de Warren Ellis, Jamie McKelvie, Kev Walker, David Aja, Michael Lark, Alev Maleev y Stuart Inmonen.

Concluida la publicación en España de la etapa de Warren Ellis en “Los Vengadores Secretos” toca repasito tal y como hiciera con la de Ed Brubaker en su momento. El desembarco de Ellis en la serie vino motivaado por la necesidad de finiquitar definitivamente el contrato que le ligaba a Marvel y poder continuar con  otros proyectos en los que dispone de mayor control sobre su trabajo pero en lugar de limitarse a resolver el asunto de cualquier manera ha demostrado en estos números y ser el guionista que mejor ha entendido el concepto de la serie hasta el momento, incluido su propio creador Ed Brubaker,  dejándonos unos números para el recuerdo no solo por la calidad de sus historias autoconclusivas sino por el nivel gráfico de los dibujantes con los que ha contado.
Ellis ha enfocado la serie como si de una “Global Frequency” vengadora se tratase, que en el fondo es la única manera lógica de entender este concepto de grupo si se obvían los criterios meramente comerciales y, dado que su colaboración en la serie iba a ser puntual, no se ha preocupado por intentar profundizar en los personajes y las relaciones entre ellos para ceñirse a pulir el concepto desarrollando excelentes tramas autoconclusivas llenas de la imaginación e ingenio que se le presupone al creado de “Planetary” y en las que ha aprovechado  las posiblidades del género superheroicos con elementos de ciencia ficción, terror, misterio y espionaje. De este modo, hemos visto como estableciendo roles bastante definidos a los personajes – La Bestia una especie de coordinador y asesor científico de las misiones y el resto de comandos de campo dirigidos por el Capi- y como única concesión al plan editorial de la serie otorgando empaque al desdibujado Consejo de las Sombras, la organización secreta ideada por Bru para que actuase de némesis de  este grupo, haciéndolos responsables últimos de las amenazas que los superhéroes van desarticulando  antes de convertirse en un auténtico peligro.
Ellis en cada número ha planteado tramas en cada uno de los seis números de la serie que en la cicatera Marvel actual  amante del descompressive storytelling habrían dado para seis años de serie en manos de otro autor menos generoso y, en cierto modo, ha conectado en la época dorada de la Editorial en la que cualquier cuaderno despertaba expectación. De este modo, hemos visto a los héroes explorar ciudadelas secretas abandonadas y vivir extrañas paradojas temporales, desenmascarar saboteadores secretos del Consejo de la Sombra; acabar con extrañas amenazas mutantes que viajaban en camiones demoníacos en una deliciosamente loca vuelta de tuerca al “Demonio de la Carretera” y desactivar el enésimo proyecto supervillano de crear supersoldados.

Y todo ello, lo ha hecho con originalidad, gracia e ironía y con una calidad incuestionable en la que ha dado libertad a los estupendos dibujantes con los que ha contado algunos nombres completamente consolidados y sinónimo de calidad como Lark (espectacular ambientación invernal), Maleev (brillante el recurso de homenajear a la clásica  “Modesty Blaise” de Jim Holdaway en los flashback de la historia de los saltos temporales y en la que su heredera marvelita la Viuda Negra lleva el peso de la historia) o Inmonen (qué diferencia de este Inmonen con una historia que contar frente al del bodrio perpetrado por Fraction en “Miedo Encarnado”) al de otros que están a punto de serlos si no lo son ya como un genial David Aja camino de convertirse en el nuevo Steranko o un Jamie McKelvie que en su versión de la ciudadela abandonada ha sabido crear una atmósfera poética de tensión y misterio que me ha recordado al gran Moebius. Todos los dibujantes han dado lo mejor de sí y han dado un mayor empaque a las correctas y entretenidas tramas ideadas por Ellis.



En fin, tras el adiós de  Ellis (algo está fallando en Marvel dejando escapar talentos como este y encomendándose a los Fraction y Bendis) viene Rick Remender del que no tengo referencias más allá de lo leído en el número 21.1 pero que  tiene pinta de ser un esforzado de la ruta. Va a costar acostumbrarse a la mortadela tras el caviar británico.

Respecto a la edición de los cinco números de Ellis (16 a 21 numeración yanqui) por parte de Panini en grapas (15 a 18 edición española), no puedo dejar de comentar que me ha dejado totalmente descolocado y no acabo de pillar el criterio de publicación con un número suelto, dos números dobles a distinto precio por tener distinto número de páginas y un último número doble con el último número de Ellis y el primero de Remender en una maniobra para intentar enganchar al personal a la nueva etapa. Todo un descontrol cuando lo más lógico quizás hubiese sido publicar las grapas individualmente o agrupadas en dos números (2-3 respectivamente). En fin, el que lo quiera tener todo ordenadito tendrá que esperar al TPB, me temo.

martes, 11 de enero de 2011

“Wolfskin”, de Warren Ellis, Juan José Ryp y otros.

Buscando su hueco en el mercado tebeil la joven editorial Avatar ha probado fortuna con los géneros más populares en el mundo del cómic, habitualmente perpetrados por un desatado Warren Ellis que se ha convertido casi en el “chico para todo” de la nueva editorial y publicados a buen ritmo en España por Glénat. La última propuesta que nos ha llegado hace poco meses sin demasiado eco ha sido “Wolfksin”, tebeo de fantasía heroica en la que Ellis, junto al español Juan José Ryp a los lápices, dio en 2006 su particular versión de un género que hasta ese momento le era ajeno.

Con poco más atavío que una piel de lobo, un fornido norteño perteneciente a los Wolfskin, tribu de celebres guerreros reconocidos por su habilidad para el combate, vagabundea por los bosques sureños hasta que en su camino se cruzan dos viajeros de las tierras del Este que se apoderaron de una perdida aldea y andan enfrentados entre sí para dirimir su control. Cada uno de los dos jefecillos intentará por todos los medios que el Wolfskin le apoye para poder decantar el inestable equilibrio de fuerzas a su favor pero este no sigue más criterio que su particular código del honor y los caprichos de su huidizo dios tuerto.

Wolfskin” es un tebeo con algunas buenas ideas pésimamente resueltas por un Ellis que no domina las claves de un género que le es extraño. Con una introducción muy howardiana aderezada con referencias a mitos vikingos como la figura de los berserkers y una trama que bebe sin rubor del “Yojimbo” de Kurosawa, Ellis construye una historia tan plana como insustancal a la que solo añade de su propia cosecha unos diálogos supuestamente molones que no pegan para nada a una historia ambientada en una época antigua y opta siempre por el camino más fácil para evitar cualquier complicación que pudiera haber hecho de “Wolfskin” un tebeo mínimamente interesante, llegando incluso a la mera concatenación de páginas y páginas en los que lo único que se desarrolla son escenas mudas de lucha. Más le hubiera valido a Ellis en su búsqueda de referencias en su primera aproximación a la fantasía heroica fijarse en referentes como Roy Thomas o Kurt Busiek y aprender los rudimentos básicos del género para hacer una historia mínimamente interesante en lugar de optar por el abuso de la casquería como única vía para hacer avanzar y concluir la historia demostrando una escasez de recursos alarmante que contradice su buen hacer de obras anteriores.

En su segunda colaboración con Ellis para Avatar, Ryp tampoco se puede decir que realice su mejor trabajo, lastrada su narración por lo absurdo del guión y sorprendiendo para mal en algunos momentos con perspectivas y figuras de proporciones un tanto descuidadas. Sin embargo, por otro lado, hay momentos muy conseguidos y en los que se nota que el dibujante se ha esmerado especialmente, como el encuentro onírico entre el Wolfskin y su deidad tuerta (no, no es Odín) o algunas de las secuencias de esgrima descritas. Aun así, su labor no es suficiente como para hacer recomendable esta lectura a nadie, salvo a furibundos wolfskins de la fantasía heroica.

Completa el tomo de Glénat un Anual de 2008 escrito por Mark Wolfer a partir de una idea de Ellis y dibujado por Gianluca Pagliariani, en una historia de violencia menos explícita pero de desarrollo tan confuso como la principal. El insulso dibujo de Pagliarini no logra hacer olvidar la labor de Ryp en una historia perfectamente olvidable.

Hay una nueva miniserie publicada este año en Estados Unidos pero estos precedentes no animan a darle una nueva oportunidad al personaje. Ya veremos.

viernes, 23 de julio de 2010

Segundo trailer de “Red” de Robert Schwenke

No tiene mala pinta esta película basada en un cómic de Warren Ellis, publicado por Wildstorm y en España por Planeta imagino que pronto reeditado con película por medio) en el que un agente de la CIA retirado (Bruce Willis) debe reunir a sus antiguos equipo de operaciones (Morgan Freeman, John Malkovich y Helen Mirren) cuando es perseguido por unos asesinos.

La verdad es que el trailer promete entretenimiento con buenas dosis de acción y humor y el reparto tiene nombres de altura. Espero que la película no decepcione aunque el director, Robert Schwenke, no me diga nada.

jueves, 1 de julio de 2010

“No Hero”, de Warren Ellis y Juan José Ryp.

Nueva obra de la editorial Avatar que nos llega de la mano de Glénat y en la que destaca sobre el correcto guión del disperso Warren Ellis– alma mater de la cia. y mente pensante prácticamente de todos sus proyectos- el buen hacer del talentoso Juan José Ryp, que confirma en esta historia de superhéroes oscuros en la línea “adulta” que pretende promover la nueva editorial que su talento tiene hueco en el complicado y competitivo mercado estadounidense.

No Hero” es una miniserie de ocho episodios recopilados en un único TPB en la que asistimos al reclutamiento del joven justiciero Johs Carver, por El Frente, el supergrupo conocido en sus inicios en los años sesenta como Los Niveladores y que desde hace más de cincuenta años se encarga de mantener el orden y la paz en el mundo. Carver llega al grupo en su momento más crítico, cuando sus miembros están siendo eliminados uno a uno por una misteriosa conspiración y su líder, aparentemente inmortal e inventor de una misteriosa droga con la que dota de poderes a los candidatos adecuados, acelera el proceso de captación de miembros para hacer frente a la amenaza desconocida. Mientras El Frente intenta salvar su imagen frente a la opinión pública e iniciar al nuevo recluta en sus secretos ninguno de sus miembros puede imaginarse quién va acabar con ellos.

Warren Ellis ofrece una historia entretenida en la que en supuesta clave superheroicabasa el armazón de la historia en los revolucionarios grupos musciales aparecidos en los sesenta que pretendían cambiar el mundo y acabaron convirtiéndose en meros productos industriales cuyo único fin era la obtención de dinero. Ellis utilizando ese original punto de partida plantea una historia que va diluyéndose conforme avanza sobre un grupo de “superhéroes” fascistoide, cool y ambiguo. Ellis, desarrollada la historia a un ritmo acelerado cuando la historia hubiera requerido una mayor extensión y un mejor desarrollo para acabar de perfilar unos personajes que resultan demasiado planos y las situaciones planteadas se quedan en la mera superficialidad, para acabar cayendo en estereotipos reconocibles de anteriores obras del inglés (“Authority”, “Transmetropolitan” o incluso “Black Summer”) o de sus autores de referencia ( Moore y “Watchmen”), limitándose la historia a ofrecer algunos puntos originales en el argumento que el guionista acaba por limitarse a esbozar r para optar por la solución fácil, que no adulta, de caer en el abuso del “gore” ultraviolento. Los superhéroes “adultos” propuestos no son tales sino que son seres ambiguos e hipócritas movidos por sus propios intereses prosaicos con los que la interesante pregunta sobre la que se sustenta toda la historia – “¿Hasta donde estarías dispuesto a llegar para ser un superhéroe?”- acaba quedando sin respuesta más allá de su evidente gancho comercial.

En el aspecto gráfico, Juan José Ryp deja constancia de su buen hacer y lo adecuado de su espectacular estilo para el cómics de superhéroes en una historia llena de referencias a clásicos del género en la que el dibujante se muestra mucho más atrevido y depurado que en anteriores trabajos haciendo gala de un detallismo poco habitual en los dibujantes del género quizás por su propensión al característico “horror vacui” que le lleva a rellenar cada rincón de la página y que si no fuese por su buen hacer acabaría saturando al lector con tantos detalles. A nivel narrativo, Ryp mejora sustancialmente llevando el peso de la historia y complementando los acertados diálogos de Ellis con quién ha logrado un gran entendimiento permitiendo el lucimiento del dibujante en una serie de espectaculares splash page que a más de uno llevarán a preguntarse sobre su necesidad. Podría exigírsele quizás algo más a Ryp a la hora de caracterizar a los personajes –parece que todos tienen las mismas caras- o la narración de alguna secuencia de lucha que queda "rara" pero son defectos que no empañan la progresión de un artista en continua evolución y que por derecho propio se ha convertido en el dibujante estrella de Avatar.

En definitiva, “No Hero” es un tebeo que cuenta con algunas ideas atractivas que hubieran resultado más interesantes si Ellis se hubiera preocupado en desarrollarlas enmascarando bajo la etiqueta de cómic de “superhéroes adulto” propuestas que hubieran merecido una mayor reflexión pero que quedan diluidas en el acelerado desarrollo de la historia y la espectacular imaginería de Ryp. Otra vez será.

jueves, 21 de enero de 2010

“Black Gas”, de Warren Ellis, Max Fiumara y Ryan Waterhouse.

Tenía en la montaña de pendientes este “Black Gas”, miniserie de seis números reunida en un único tomo con la que Glénat inició hace unos meses la publicación de los cómics de la Editorial Avatar en España. No esperase gran cosa pero si al menos un cómic entretenido en la línea de los otros títulos que Ellis ha publicado en Avatar, sin embargo, me he llevado un buen chasco porque "Black Gas" es el peor tebeo que he leído del inglés en años. Les cuento.

Una parejita de novios universitarios llegan a Smoky Island, la isla donde él se crió para conocer a los padres del chico. No es cosa que el plan les llame mucho porque realmente lo que quieren es meterse mano así que se marchan a una cabañita donde piensan montar su nidito de amor y por el camino él le presenta un curioso personaje que investiga un antiguo misterio acaecido en Smoky Island. Mientras la parejita está dale que te pego en la cabaña, hay un terremoto y del volcán inactivo de la isla surge un ominoso gas negro que avanza en dirección al pueblo. Cuando la parejita regresa, descubren horrorizados que los habitantes del pacífico pueblo se encuentran infectados de una extraña sustancia que ha despertado su lado más oscuro y salvaje, convirtiéndolos en zombis dispuestos a devorar a quien se ponga al alcance de sus colmillos. A partir de este momento, los universitarios guays tendrán que luchar por sus vidas al tiempo que buscan un medio de escape de la isla. Y lo peor es que la brisa ha ido trasladando el gas hacia el continente…

De Ellis, un autor excesivo y con fama de provocador, siempre se pueden esperar obras al menos entretenidas pero en esta ocasión debía estar en horas bajas porque “Black Gas” no es más que una sucesión de topicazos entresacados del subgénero zombi. Ellis se suma al rebufo del “revival” que está teniendo lo zombi en el cómic se marca un tebeo flojucho, una adaptación gore del “The Crazies” de Romero. Además Ellis no se esfuerza en sacar partido de los tópicos que maneja, plagando el tebeo de diálogos huecos y personajes apenas esbozados, notándose que no disfruta del encargo y supliendo su falta de ideas con enormes dosis de casquería.

En el aspecto gráfico, la labor de Max Fiumara que se encarga de los primeros cinco números no pasará a la historia del tebeo, mostrando un dibujo poco fluido con un tratamiento de la figura y expresión humanas que dejan mucho que desear. No sé si por estos motivos no terminó la miniserie haciéndose cargo del último Ryan Waterhouse, un dibujante bastante parecido en cuanto estilo, que no logra que la cosa mejore.

En definitiva, “Black Gas” no es un tebeo que pasará a la historia y supone un borrón en la producción de Warren Ellis, un autor que por su trayectoria hay que exigirle siempre el máximo. Una lástima que el tebeo sea tan malo porque la edición de Glénat es bastante buena. Yo ya les he avisado.

Otras obras de Warren Ellis en El lector impaciente:

Planetary
Planetary: Mundos Cruzados
Hellblazer
Global Frequency
Black Summer
Doktor Sleepless 1

lunes, 26 de octubre de 2009

“Doktor Sleepless: Máquinas de Deseo” de Warren Ellis e Iván Rodríguez.


Nueva entrega de nuestro bastardo escocés favorito en el sello Avatar que aquí anda publicando con bastante decoro Glénat. Me estoy refiriendo, por supuesto, al señor Warren Ellis y su creación más ambiciosa de los últimos año,s a la espera de la finalización de esa maravilla que es “Planetary” (al parecer ya ha acabado. Aleluya), en colaboración con un prometedor dibujante español, Iván Rodríguez, “Doctor Sleepless”.

Este primer recopilatorio reúne los primeros ocho números de la serie regular bajo el subtítulo de “Máquinas de Deseo” y en él se sientan las bases de lo que ha asegurado Ellis en alguna entrevista es un proyecto abierto llamado a convertirse en la nueva “Transmetropolitan”. Aunque eso está por ver, de momento, "Doktor Sleepless" es una lectura entretenida en la que Ellis une con sorprendente naturalidad –morro, dirían algunos- multitud de referencias para reverdecer su mensaje anarquista y pseudotransgresor (estoy seguro que si hubiera nacido a principios del siglo pasado el amigo Ellis hubiera sido de los que le hubiera encantado ir poniendo bombas a los nobles en pos de las enseñanzas de Bakunin y Malatesta).

En la tranquila ciudad de Heavenside, vuelve a reaparecer su hijo pródigo menos querido, el llamado Doktor Sleepless, alías John Reinhardt, quién dotado de una portentosa inteligencia rayana en la locura y acompañado por una turbadora Enfermera que hace las veces de guardaespaldas, dirige todos sus esfuerzos a adoctrinar a los jóvenes y desencantados grinder (humanos con algún tipo de modificación extrema en su cuerpo) con sus enseñanzas antisistema aunque su verdadero objetivo no sea otro que destruir el mundo. ¿Cómo es posible que Sleepless haya reaparecido si la policía tiene detenido desde hace años a John Reinhardt en prisión?¿Quién es el verdadero y quién es el falso?¿Cómo reaccionará la antigua novia de Reinhardt tras su reaparición provocando el caos en la ciudad y más loco que nunca? ¿Quién está acabando con los antiguos colaboradores de Reinhardt en el blog inminent.sea y cuáles son sus intenciones? ¿Y por qué hay gente enfermando que ve ángeles? Tendrán que leerse el tebeo si quieren encontrar respuesta a alguna de estas preguntas.

Delirante propuesta la que realiza el amigo Ellis en este entretenido tebeo en el que superando las nociones clásicas del género superheroico de héroe y villano da una vuelta de tuerca al concepto de científico loco en una trama frenética llena de referencias y autoreferencias que, en algún momento pueden sacar al lector no avisado de la historia por lo que aconsejo la lectura previa de la Fintroducción escrita por el propio Ellis y las fichas de términos precedentes. Ellis juega a presagiar en una moderna ciudad americana habitada por personajes propios de William Gibson un futuro en el que se hacen realidad todos los miedos antisistema contemporáneos –y alguno más- y ofrece su particular respuesta en forma de nuevo mesias tecnológico impregnado de misticismo tibetano y locura lovecraftiana, manteniendo al lector en la duda constante sobre su cordura y moralidad, propuestas que no son del todo originales en la obra de Ellis pero que están planteadas con la suficiente habilidad como para resultar una trama de intriga entretenida. Nada es lo que parece en esta nueva serie y espero que en las próximas entregas se vayan aclarando –o liando, dependiendo del éxito y continuidad de la serie- todas las preguntas y misterios que este gran titiritero cyberpunk y chamanista que es el escocés nos plantea. De la ambición y las ganas con las que Ellis afronta esta serie, queda constancia con la creación por el autor de una página web (doktorsleepless.com) en la que a modo de wikipedia de la serie se aclaran dudas y claves de la serie y se plantean pistas sobre los futuros derroteros de la serie.

En cuanto al dibujo, Iván Rodríguez, se muestra como un valor a seguir, manteniendo el tipo frente al tour de force propuesto por Ellis, con claras referencias a autores actuales como Bryan Hitch, curiosamente un autor con el que ya colaboró Ellis en “The Auhority”. Rodríguez, se muestra como un buen narrador y domina el dibujo de la figura humana aunque quizás se le pudiera pedir una mayor expresividad a los rostros de sus personajes. Con todo, se trata de un autor joven que tiene mucho que aportar todavía y que se ve bien secundado por la acertada labor de Mark Sweeney, un colorista que deja su buen hacer allá por donde pasa.

En definitiva, “Doktor Sleeper” agradará a los fieles seguidores del Ellis más desquiciado pero probablemente no sea recomendable para aquellos que no haya disfrutado de sus trabajos anteriores, y promete a los primeros vivir momentos interesantes.

La edición de Glénat, es bastante correcta incorporando aparte de las fichas y la fintroducción comentadas más arriba, las portadas originales y un sketchbook con unas espectaculares portadas alternativas realizadas por Raulo Cáceres.

Otras obras de Warren Ellis en El lector impaciente.

Planetary”.
Planetary: Mundos cruzados”.
Hellblazer”.
Global Frequency
Black Summer

Una entrevista en inglés a Ellis sobre la serie, aquí.

viernes, 2 de octubre de 2009

“Black Summer” de Warren Ellis y Juan José Ryp

¿Qué pasaría si en un mundo hipotético en el que los superhéroes existen uno de ellos, el más poderoso, decide erigirse en juez y parte y asesina al presidente de Estados Unidos por considerarle culpable de la guerra ilegal en Iraq y haber abandonado los ideales que hicieron a EEUU una gran nación? Esa es la premisa que exploran el británico Warren Ellis y el español Juan José Ryp en esta entretenida miniserie de ocho números que acaba de publicar Glénat.

Warren Ellis hace tebeos como churros lo que no está nada mal porque por lo general los resultados suelen ser como mínimo entretenidos. En esta ocasión, plantea una historia tributaria en exceso del “Watchmen” de Moore y Gibbons. Superhéroes atractivos pasados de rosca al estilo ideado por el mismo Ellis en “Authority” que se ven obligados a luchar por sus vidas en medio de teorías conspiranoicas y delirios de unos y otros. En medio del todo el lío, Ellis plantea cuestiones interesantes aunque no profundiza demasiado en sus reflexiones y se limita a desarrollar un cómic de acción que entretiene pero que resuelve de cualquier manera y del que no hay que esperar algo más que un rato de diversión. Ellis parece perder interés por la historia a mitad de la serie y la resuelve a base de tiros y mamporros por doquier.

El gaditano Juan José Ryp realiza un buen trabajo con un dibujo espectacular, barroco y detallista, muy a la moda impuesta en los últimos tiempos en el género superheroico. El guión de Ellis le permite lucirse mediante espectaculares splash pages que suele alternar con páginas con una distribución en viñetas más clásica. Ryp está en la línea de dibujantes como Geoff Darrow o Moebius y me gusta especialmente el peso que da a las figuras, muy afín al Corben de sus últimos trabajos más comerciales, pero, en ocasiones, pierde el hilo narrativo entre tanta trama y línea por todos lados. Con todo, un dibujante al que habrá que seguir de cerca y que parece haber dado definitivamente el salto a las Américas tras haberse buscado durante años las habichuelas en España con trabajos de todo tipo. Ryp forma un gran tandem con el colorista Mark Sweeney quien potencia su ya espectacular estilo con buenos resultados, incorporando el color como un elemento diferenciador a la hora de introducir flashbacks y diferenciando el recargado estilo de Ryp.

La edición de Glénat cuenta con una buena reproducción, e incluye las espectaculares portadas dobles (aunque podrían haberlas publicado de forma que se disfrutara el efecto conjunto y no en cada cara de misma hoja), y material complementario como un portafolio muy chulo y un sketchbook de Ryp que muestran la evolución de su trabajo sin colorear. Sin embargo, la traducción necesita mejorar plagada de giros rarísimos y patadas al diccionario de todo tipo que parecen más propias del español de Suramérica que del de España.

Aquí pueden ver las primeras diez páginas de la obra.

Blog de Juan José Ryp, aquí.

Otras obras de Warren Ellis en El lector impaciente.

Planetary”.
Planetary: Mundos cruzados”.
Hellblazer”.
Global Frequency

jueves, 3 de septiembre de 2009

Risto Mejide, el nuevo…

... Spider Jerusalem. No pude evitarlo. Ayer, gracias a que la guardería parece que le dio sueño a la peque, vimos con tranquilidad en la televisión la puesta de largo del inefable Risto en su televisión amiga, “G20”, se llama la cosa. Que conste que no quiero hacer juicios moralizantes sobre la televisión más allá que creo que tenemos la mierda de tele que nos merecemos, pero no puedo dejar de comentar un par de detalles aquí en este nuestro blog sobre el programa y su protagonista.

El programa me pareció malo de solemnidad. Más allá que pueda estar de acuerdo con algunos comentarios del agudo Mejide –sus críticas a la clase política o a los friquis de la jungla televisiva me parecieron acertada ya que tantos unos como otros precisamente para eso, ser objeto de critica y escarnio. Me parecieron más lógicas si cabe que su anterior trabajo criticando a unos pobres chavales sacados de la calle y manipulados para creerse cantantes-. Otras críticas me parecieron más sesgadas, demagógicas y populistas (“dime de que presumes y te diré de lo que careces”, dice la sabiduría popular), como la que realizó a Fernando Alonso quien, dicho sea de paso, tampoco es santo de mi devoción. A Mejide, como conductor y comentarista solitario, se le hacen muy largos los treinta minutos de programa. Soso, monocorde y con un público que pasaba por allí y al que tenía que animar a aplaudir quedo en evidencia a pesar que durante muchos minutos se vio arropado por grabaciones preparadas. Si aparte de crítica hiciera autocrítica dimitiría antes que retiren el programa de la parrilla porque frente a la competencia de Wyoming y Pablo Motos no tiene ninguna oportunidad.

Tras el desahogo, a lo que iba y a lo que vagamente me sirve de excusa para soltarles esta filipica por aquí. Viendo entre bostezos como se las manejaba Mejide y su nuevo look no pude dejar de pensar en que el tipo pretende emular al bueno –es un decir- de Spider Jerusalem, el protagonista del“Transmetropolitam”, la estupenda serie de Warren Ellis y Darick Robertson. ¿Ven ustedes el parecido o son delirios míos ocasionados por la cutrez del programa? Opinen, opinen sin miedo.

jueves, 13 de agosto de 2009

“Global Frequency” de Warren Ellis y varios.

De vez en cuando a los autores de cómics les dan crisis de creatividad y se quedan sin ideas. Hurgan que te hurgan en sus enfermizas mentes intentando encontrar algo original que contar con que entretenernos pero sin dar con la clave que les permitirá ganarse el pan y lograr el aplauso de sus fans. A falta de originalidad bueno resulta remozar algunas ideas básicas y ofrecerlas bajo una forma novedosa formulas que han demostrado funcionar anteriormente. Buen ejemplo de ello, es “Global Frequency” una maxiserie de doce episodios que Warren Ellis escribió a principios de milenio para Wildstorm y en la que mezcla como un buen cocinero distintos ingredientes para lograr una serie desigual pero entretenida.

La Frecuencia Global es una organización mundial independiente formada por 1001 agentes cuyo objetivo no es otro que realizar misiones de rescate y solucionar a aquellas amenazas globales a las que los gobiernos no pueden hacer frente debido a que en muchas ocasiones son los propios responsables. Los miembros de la organización no se conocen entre sí y son ciudadanos anónimos con habilidades especiales que pueden ser movilizados en cualquier momento por la jefa de la organización, la atractiva fémme fatale Miranda Zero, y son coordinados a través de unos curiosos teléfonos por una hacker superdotada que responde al nombre código de Aleph, personajes estos que son las dos constantes que sirven de hilazón a todas las tramas.

Más allá de la referencia borgiana, “Global Frequency” es una maxiserie entretenida y desigual que bebe directamente de series de televisión. Con un mucho de “Misión Imposible”, algo de la visión conspiranoica de “Expediente X”y unas pizcas de ciencia ficción y terror, Ellis construyó unas tramas que funcionaban de manera independiente en cada episodio en los que la misteriosa y carismática Miranda Zero, una especie de Modesty Blaise posmoderna, reclutaba a sus agentes y Aleph los coordinaba en misiones imposibles en las que el irónico Ellis reflejaba en las amenazas algunas de las preocupaciones del momento. Sin las trabas que conlleva la continuidad, Ellis exprimió las posibilidades del formato de 24 páginas en cada número posicionándose en contra del descompressive storytelling bendisiano dominante en la época de publicación de la serie y se ciñe en el desarrollo de las distintas misiones en una estructura que se repite episodio a episodio cargando irónicamente contra los miedos del nuevo milenio sin necesidad de profundizar demasiado en los personajes y sus motivaciones. Ellis tiene la habilidad de parar en el momento justo para no agotar al lector repitiendo la misma formula hasta el infinito aunque se trata de una serie que a pesar de ser recopilada en un coqueto tomo por Norma Editorial se disfruta más leyéndola serializada que de corrido.

En el aspecto gráfico, Ellis contó para cada uno de los episodios con la colaboración de un artista diferente con lo que se pueden hacer a la idea de lo diverso del resultado aunque la mayoría optaron por dar a la serie un tono oscuro que va muy bien con la atmósfera de las historias ideadas por el inglés. De entre todos ellos, yo destacaría la labor de Chris Sprouse, Tomm Cooker, Lee Bermejo y el portadista Brian Wood.

En definitiva, “Global Frequency” es una obra con la que Ellis se gana el pan y entretiene al personal pero que se encuentra alejada en cuanto a originalidad e interés de proyectos más atractivos como “Planetary” o “Transmepolitan”. Con todo, viendo lo que se publica por ahí, yo no me la perdería.

Otras obras de Warren Ellis en El lector impaciente:

Planetary”.
Planetary: Mundos Cruzados”.
Hellblazer
”.

jueves, 6 de agosto de 2009

Ellis, el bastardo

La novela gráfica o álbum (u otra nomenclatura más adecuada aun por inventar) es la forma óptima para los “cómics”. La forma intermedia es la serialización a través de una colección, lo que solía llamarse “miniserie”. DC Cómics no se convirtió en la editorial Nº 1 en términos de ventas gracias a sus títulos regulares. Se convirtió en la editorial Nº 1 gracias a los masivos y crecientes ingresos generados por sus novelas gráficas y álbumes. Los cómics no son “entretenimiento habitual” que necesita permanecer estático y requiere ser difundido regularmente hasta que la muerte nos separe. Esas son las tiras de prensa e incluso las tiras, a veces, les permiten finales dignos. A los cómics como a sus medios relacionados, las novelas y el cine, se les debe permitir contar historias completas. Si no puedes manejar esto entonces realmente necesitas estar en otro negocio Aquellos que nos apoyen serán recompensados con un incremento en las ventas y les será entregado el regalo del Futuro. Las personas que intenten detenernos serán pisoteadas.

(El guionista británico, con un divertido estilo apocalíptico, escribió esto como el punto tercero de su “Manifiesto del Viejo Bastardo” allá por el año 2000 en la página web, Comic Book Resources. Aparte de lo chulesco de las formas, Ellis dice esta y alguna verdad más respecto al mundo de los cómics que todavía son compartibles en 2009. Si quieren saber cuáles son, pueden leer el Manifiesto completo en inglés aquí , o en español, en el tomo en el que Norma Editorial ha recopilado hace poco la serie “Global Frequency” (del tebeo ya les contaré uno de estos días). Para los que no dominen el inglés ni quieran hacerse con el tebeo pero sí enterarse de las verdades de Ellis iré incluyendo en esta sección las más jugosas a mi juicio.

martes, 14 de abril de 2009

“Hellblazer” de Warren Ellis y otros.

Planeta me parece que con buen criterio acaba de recopilar en un único tomo la etapa de Warren Ellis en “Hellblazer”, la colección más longeva del sello Vertigo, en la que se narran las peripecias de John Constantine, el personaje creado por Alan Moore como secundario para La Cosa del Pantano y que gracias a su buena acogida entre el público pronto alcanzó serie propia. Constantine, por si alguien todavía no lo conoce, es una especie de buscavidas de lo esotérico, un tipo que enganchado a una raída gabardina, a un cigarro y a un carácter voluble en función del guionista de turno que va del cinismo y la ironía a la chabacanería más barriobajera - trasiega por los arrabales de la magia en un Londres bastante cercano al nuestro.

En este tomo que reúne los números 134 al 143 de la edición original norteamericana se recogen la etapa de Warren Ellis al frente de la colección, una etapa breve en comparación a la de otros autores que cubrieron etapas más largas de la colección como Jamie Delano, Brian Azzarello, Garth Ennis o Mike Carey, y que dejó abiertos todos los interrogantes del mundo sobre lo que podría haber dado de sí Ellis en la colección si no hubiera salido de la misma precipitadamente.

La participación de Ellis en “Hellblazer” se inicia con un un arco argumental de seis número que fue su toma de contacto con el personaje, titulado "Haunted", -“Atormentado” lo han traducido en el tomo aunque a Constantine es cualquier cosa menos un personaje atormentado-. En esta historia, Constantine pretende vengarse de otro nigromante que como consecuencia de un ritual mágico asesinó y torturó a una antigua novia (las aparición y desaparición de las ex de Constantine son una constante en la colección). Para dar con el asesino, el protagonista inicia una investigación por el Londres ocultista hasta dar con el personaje y acabar a las bravas con él tras una serie de peripecias. “Haunted” es un arco argumental en el que se nota a un Ellis titubeante que explora los límites del personaje con una versión a medio camino de las ofrecidas por sus predecesores Jamie Delano y Garth Ennis, sin decidirse claramente por ninguna de ellas. La historia entretiene pero se resuelve sin demasiados alardes y no hay nada en ella especialmente destacable ya que el estilo de John Higgins que es más colorista que dibujante no me parece adecuado a un personaje de estas características, aparte que se nota su falta de dominio de la narración en demasiadas ocasiones, haciendo incluso en ocasiones incomodo seguir la historia debido a la confusión entre personajes (Constantine y su enemigo parecen hermanos gemelos salvo porque el color del pelo).

Cuando Ellis tenía ya escrita la historia para el número 141, que se iba a titular “Shoot” que se centraba en los crímenes cometidos en un instituto por un loco, DC consideró poco acertado publicarla preocupada por la cercanía en el tiempo de la masacre de Columbine por lo que “invito” al autor a cambiar su historia, cosa que no sentó demasiado bien a un autor como Ellis, que se ha distinguido siempre por no admitir injerencias en su trabajo, lo que motivó su abandono de la serie a los pocos números. Estos números que pueden considerarse “de relleno” son quizás los más interesantes del tomo al estar dibujadas cada una de las historias por un dibujante distinto con lo que resulta curioso compara las distintas visiones que tienen del mismo personaje. De entre ellas, destacaría tres historias y tres visiones: “The Crib” (La Cuna), “Locked” (Encerrado) y “Telling Tales” (Cuentacuentos) en la que Tim Bradstreet, Frank Teran y Marcelo Frusin saben crear la atmósfera siniestra y opresiva que el personaje precisa (no en vano Bradstreet se había convertido desde el inicio de la etapa Ellis en el portadista oficial de la serie y Frusin se hizo con los lápices durante una larga etapa a partir del número 151). En las dos primeras historias, Ellis cuenta un par de historias de terror contemporáneo bastante bien llevadas y la última es una gamberrada que hace gracia. El resto de las historias me parecen encargos de mero relleno y las versiones del español Javier Pulido (con lo que me gustó en “Blanco Humano”, esta historia ha sido decepcionante) y de James Rosemberg que me han dejado completamente heladito.

En definitiva, sin ser lo mejor de “Hellblazer”, este tomo es una buena oportunidad para aquellos que no conocen la serie para hacerse una idea de los contenidos de la misma y decidir si les merece la pena seguirla o no. El tomo está bastante bien editado y aparte de incluir las portadas originales de los distintos números incorpora una interesante introducción a la etapa de Ellis en la serie firmada por José Torralba y unos apuntes biográficos de los autores.

En el futuro, conforme vaya rescatando de distintas cajas etapas de la serie, ya les iré contando más cosillas sobre la evolución del personaje y los autores que han pasado por la misma, que “Hellblazer” es una serie que da para mucho, aunque, para mí, esté sobrevalorada.

Otras obras de Warren Ellis en El lector impaciente:

-“Planetary”.
-"Planetary: Mundos Cruzados".

lunes, 17 de marzo de 2008

“Planetary: Mundos Cruzados” o cómo hacer crossovers a estas alturas de la fiesta.


Hoy, aparte de hablarles sobre el cómic de ahí arriba, voy a divagar un poco sobre los crossover superheroicos. Si les aburre el tema, sáltense directamente la primera parte de la entrada y pasen directamente al segundo.

El “crossover” surgió y se popularizó dentro del cómic “mainstream” a finales de los sesenta como una técnica editorial para popularizar nuevas series y personajes y una solución de emergencia a la hora de levantar las ventas de alguna colección atrayendo nuevos lectores a través de cruces –crosovers- con los personajes que más tirón tienen en la editorial.

El crossover clásico, que se desarrollaba habitualmente entre dos colecciones, generalmente era muy del agrado del “fandom” que los esperaba con expectación dentro de la rutina estanca en la que se solían desarrollarse las historias de superhéroes por aquel entonces, al tiempo que servían a las editoriales como un medio para dotar de coherencia y coordinar su universo superheroico. Incluso se llegaron a realizar crossover fuera de colección entre los personajes señeros de distintas editoriales propiciando encuentros soñados por los aficionados (¿Quién no recuerda esos míticos “Superman/Spiderman” o “Hulk/Batman"?) y , que todavía hoy, rememoran los más veteranos con un punto de nostalgia. Sin embargo, a mediados de los ochenta, con la irrupción del concepto de macrosaga, el crossover se refinó y alcanzó una nueva dimensión nunca imaginada anteriormente. Historias que se desarrollaban en múltiples colecciones al tiempo y que exigían con demasiada frecuencia que el aficionado se hiciera con un montón de colecciones que no seguía ni le interesaban realmente si quería hacerse una idea aproximada de la historia que le estaban contando (el ejemplo más evidente de este abuso fueron las “Secret Wars 2” de Marvel) pero que dejaron – y siguen dejando- pingües beneficios a las editoriales desvirtuando, además, la concepción “clásica” sobre lo que era un crossover y provocando en demasiadas ocasiones al realizarse fuera de la continuidad de la colección y por equipos artísticos ajenos a la misma incoherencias tanto en el tratamiento de los personajes como de las tramas comprometiendo la en otros tiempos tan cuidada continuidad.

Precisamente, en ese sentido, el hecho que Warren Ellis, el creador y guionista de la colección irregular de “Planetary”, sea quién firme los tres crossovers que ahora Norma Editorial presenta en un único tomo unitario es una garantía.
A lo largo de estas historias en la que Ellis cruza sus personajes con los Authority, el otro gran supergrupo del sello Wildstorm también creado por él, Batman y los principales personajes de la Liga de la Justicia (Superman, Batman y Wonder Woman), el autor juega con la esencia de los arqueólogos de lo Desconocido sin por ello alejarse en demasía del espíritu de la serie principal con lo que el resultado resulta original y, sobre todo, coherente a la hora de explicar los encuentros entre personajes (lo que normalmente suele ser bastante complicado si además, como sucede en dos de los casos, estos pertenecen a universos distintos). Sin desmerecer el primer crossover, “Gobernar el Mundo” en el que los Arqueólogos de lo Desconocido comparten protagonismo con Authority que no va más allá del típico cruce entre personajes en los que un grupo y otro combaten contra la misma amenaza con la gracia añadida que los Authority no lleguen a enterase de la existencia de Planetary ni ambos grupos interactúen en ningún momento, más interesantes resultan “Terra Oculta”, en el que Ellis da una nueva vuelta de tuerca a la explicación de la manida realidad paralela, y una versión malvada de Planetary se enfrentan Superman, WW y Batman ; o “Noche en la Tierra”, en los que los Planetary persiguen por distintas Gothams a un enloquecido asesino incapaz de dominar su capacidad para saltar entre realidades hasta que se dan de bruces con el Hombre Murciélago en sus distintas versiones y la temible respuesta de Ellis a la pregunta de quén mató realmente a los padres de Bruce Wayne.
Ellis a lo largo de estas historias hace gala de su ácido sentido del humor y entiende el crossover como lo que es, un divertimento fuera de la continuidad de la colección original pero que no por ello debe servir de cajón desastre para un “vale todo”.
En el aspecto gráfico, Phil Jimenez ("Crisis Infinita") y Jerry Ordway ("Las Aventuras de Superman"), sin ser ninguno de ellos santo de mi devoción, cumplen sobradamente siguiendo el ritmo que la fecunda y vitriólica imaginación de Ellis les dicta aunque no alcancen el nivel del dibujante titular de la colección que firma el cruce con Batman, John Cassaday, a la hora de recrear la atmósfera oscura que este sabe imprimir a los personajes.

En definitiva, historias entretenidas que están un punto por encima de lo que habitualmente ofrece el cómic mainstream aunque no lleguen al grado de calidad de la colección principal de “Planetary” pero que sirven para sobrellevar la espera hasta que Ellis y Cassaday decidan terminar por fin una de las mejores series de superhéroes de la presente década y Norma publique los últimos números.


Más sobre “Planetary” en El lector impaciente aquí.

jueves, 23 de agosto de 2007

“Planetary” de Warren Ellis y John Cassaday



Acabo de terminar el primer recopilatorio de Norma Editorial sobre “Planetary”, la obra de Warren Ellis y John Cassaday que engloba los doce primeros números de la colección y, a falta de la publicación del resto de la serie, me parece que estamos ante uno de los mejores cómics “mainstream” de lo que llevamos de milenio y sin duda el mejor de Warren Ellis (“Transmetropolitan” “The Authority”), un guionista de gran talento pero que, en ocasiones, sus historias resultan confusas y deshilvanadas.
“Planetary”, es el nombre de una misteriosa organización autodefinida como los "arqueólogos de lo imposible" dedicada a desentrañar todos los misterios, las relaciones ocultas, las organizaciones y conspiraciones secretas que han conformado el mundo tal y como es. La organización liderada por un misterioso Cuarto Hombre cuenta con recursos ilimitados para su labor y está encabezada por un grupo de campo compuestos por tres metahumanos: Jakita Wagner, dotada de fuerza y agilidad extraordinarias y virtualmente invulnerable, “The Drummer”, que puede comunicarse con cualquier tipo de máquina y aparato electrónico, y Elijah Snow, un tipo nacido el uno de Enero de 1900 capaz de congelar todo aquello que le rodea. De la mano de Snow, recién incorporado al grupo, a lo largo de los doce episodios, nos hacemos una idea de las misiones a las que se enfrenta Planetary, misiones que les llevan desde una isla en Japón habitada por monstruos radioactivos hasta China para enfrentarse al fantasma de un policía pasando por una cueva refugio de los héroes más pulp o las ruinas de una ciudad que no figura en los mapas donde se realizaron terribles experimentos genéticos A través de su deambular por el mundo, Snow descubrirá la existencia de los Cuatro, una organización incluso más misteriosa que Planetary encargada de hacer del mundo un lugar mediocre y, para su sorpresa, comprenderá que nada es lo que parece, ni siquiera él mismo.
“Planetary” es una colección en la que se ofrece un recorrido por la mitología de lo que venimos a llamar friquismo realizando al mismo tiempo homenaje y apología del mismo en una historia trepidante, que mantiene enganchado al lector desde la primera a la última página. Sin hacer mención directa a los personajes que homenajea, pero apareciendo perfectamente caracterizados, para el disfrute del lector avezado, por sus páginas desfilan desde la Sombra o Doc Savage hasta James Bond, sin olvidarnos de superhéroes como Superman, Wonder Woman, Linterna Verde ó los 4 Fantásticos, ni de mitos del cine como las películas chinas de fantasmas, las japonesas de monstruos radioactivos o las de serie B norteamericanas. Todos estos elementos Ellis los dosifica como un buen alquimista para crear una mixtura original sobre guerras secretas y misterios ocultos, física cuántica y guerra fría, en una historia original que hundiendo sus raíces en los orígenes en la cultura de masas o popular moderniza el cómic superheroico y demuestra que todo está por hacer si se le dan oportunidades a gente con ganas de contar cosas y talento suficiente para hacerlo bien.
Precisamente, el hecho de ir dirigida quizás a un público “entendido” sea el único pero – por poner alguno – que se pueda poner a la serie.
John Cassaday (“The astonishing X-Men”) un dibujante hiperrealista en la línea de Bryan Hitch (“The Authority” “The Ultimates”), realiza un trabajo soberbio con una narración fluida y detallada caracterizando perfectamente las múltiples referencias que Ellis utiliza y haciéndola perfectamente reconocibles para el lector sin que ello afecte a la narración complementándose perfectamente con la labor del guionista.
Esperemos que Norma Editorial se dé prisa en publicar el resto de la colección inédita en castellano ya que en Estados Unidos ha salido este mismo año el último número, el 27 y que podamos disfrutar en una edición digna de este gran cómic (Planeta al perder los derechos interrumpió la publicación en grapa en el número ocho del segundo volumen correspondiente al 20 USA).