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martes, 26 de noviembre de 2013

“Blacksad 5: Amarillo”, de Juan Díaz Canales y Juanjo Guarnido.

No hay quinto malo se suele decir y “Amarillo”, la quinta entrega de “Blacksad”, el multipremiado noir del guionista Juan Díaz Canales y el dibujante Juanjo Guarnido publicado por Norma Editorial, no iba a ser la excepción, ofreciéndonos una nueva aventura en la que el protagonista, el detective gatuno John Blacksad, abandona las localizaciones urbanas habituales en las que han transitado sus aventuras hasta ahora para lanzarse a las míticas carreteras de los Estados Unidos de los Años Cincuenta.


Tras su último caso en Nueva Orleáns, hastiado de la violencia que lo rodea John Blacksad decide tomarse su tiempo en volver a casa aceptando un curioso trabajo: conducir un flamante Cadillac El Dorado costa a costa de EEUU por la legendaria Ruta 66. Sin embargo, nada es fácil en la vida del detective gatuno pero pronto las cosas se tuercen y se verá inmerso en un asesinato.
Si por algo destaca este álbum de “Blacksad” es el especial cuidado que ha puesto el guionista Díaz Canales en la ambientación de la historia, dejando que el protagonista ocupe un segundo plano y adopte un rol secundario dentro del estupendo reparto de personajes que presenta en este álbum. Además, el guionista madrileño incorpora para contextualizar la trama múltiples elementos y referencias comunes pero sumamente atractivos y que ya forman del imaginario norteamericano, como la celebre Ruta 66, las bandas de motoristas que la transitaban, los Circos ambulantes y los beatniks errantes y desorientados.
  Desarrollando todos esos elementos a través de una soberbia caracterización de los personajes para adaptar perfectamente su personalidad a las características presupuestas a los animales que los representan, Díaz Canales hilvana una lineal y fatalista trama de enredo, permitiéndose incluso introducir nuevos personajes en la serie procedentes del pasado del protagonista que a buen seguro reaparecerán en futuras entregas y homenajear el malditismo atormentado de la Generación Beat a través de los enfrentamientos entre sus Ginsberg y Kerouac particulares.

En el aspecto gráfico, Juanjo Guarnido vuelve a dejar constancia de su maestría y el mimo con que compone cada una de las viñetas del álbum incorporando multitud de detalles que enriquecen notablemente la lectura sin que por ello se resienta el ritmo de la historia. Como ya es habitual en la serie, desde el doble sentido del  título ya se nos da la pista del color predomiante sobre el resto jugando magistralmente el dibujante granadino esta vez con las tonalidades de amarillo para que se imponga sobre el resto y dote de su propia identidad estética al allbum sin que  esa licencia resulte forzada al lector y entorpezca la lectura. Al contrario, la historia se lee con rapidez gracias, en parte, a lo entretenido y lo sencillo de la trama, pero también a los conocimientos de animación del dibujante que permiten que los personajes fluyan e incluso en parte logre enmascarar lo contradictorio y cogido por los pelos de alguna de sus decisiones en el desenlace de la historia.

 Como siempre, dado el grado de compenetración logrado entre los autores a lo largo de esta década de colaboración, Díaz Canales ofrece a Guarnido múltiples ocasiones para su lucimiento destacando especialmente en este álbum la maravillosa ambientación circense en la que se desarrolla buena parte de la aventura.

En definitiva, “Amarillo” no decepcionará a los seguidores fieles de “Blacksad”, inisistiendo en el éxito de una fórmula que auna calidad y entrentenimiento accesible a un amplio abánico de potenciales lectores, es una estupenda historia de transición en la que el protagonista se toma un merecido respiro antes de emprender empresas mayores que ya estoy deseando leer.

jueves, 4 de noviembre de 2010

“Blacksad: El infierno, el silencio”, de Juanjo Guarnido y Juan Díaz Canales.

Cinco años son muchos años…Un lustro, exactamente. Y un lustro es lo que llevaban Juanjo Guarnido y Juan Díaz Canales sin ofrecer una nueva entrega de su exitosa y multipremiada serie “Blacksad”. Tantos años que más de uno creíamos que ya la cosa iba a quedar aparcada definitivamente embarcados los autores en distintos proyectos por separado. Y, sin embargo, como no hay quinto malo Guarnido y Díaz Canales acaban de publicar la cuarta entrega de la serie del gato detective, “El infierno, el silencio”, con el que quizás sea el álbum más ambicioso de toda la serie.

En “El infierno, el silencio”, Blacksad y su amigo Weekly se trasladan al bullicioso Nueva Orleáns, la cuna del Carnaval, el vudú y el Jazz para investigar a instancias, Faustus LaChapelle, un moribundo representante musical, la desaparición de “Little Hand” Fletcherd, el músico estrella de su compañía adicto a la heroína. En el transcurso de su investigación, Blacksad irá descubriendo los oscuros y turbios vínculos que unen los destinos de Fletcherd y sus viejos colegas con la familia LaChapelle al tiempo que su búsqueda del músico se convierte en una carrera contrarreloj para salvarle la vida. ¿Lo conseguirá? Tendréis que leer el tebeo para saberlo.

Sin abandonar las entretenidas y clásicas claves de género negro que son características de la serie, existe una voluntad por parte del equipo creativo para afrontar nuevos retos en esta entrega a través de un guión más complejo que el de entregas precedentes en el que la trama se muestra desordenada para que sólo al final el lector encaje todas las piezas. Para ello, Díaz Canales y Guarnido abundan en las elipsis temporales y las sutiles referencias que orientan al lector en una lectura en la que al principio por fuerza se ha de sentir un tanto perdido hasta que aprende las reglas del juego propuesto por los autores bajo la solo aparente, en esta ocasión, evolución lineal de la historia a la que nos tenían acostumbrados. Cuando el final el lector organiza en su cabeza la trama esta se muestra bastante sencilla aunque magistralmente resuelta a través de un inteligente recurso que permite al mismo tiempo restar peso en la acción al en otras entregas omnipresente Blacksad mostrando un elenco de secundarios mayor que en anteriores entregas–soberbiamente caracterizados cada uno de ellos, como es habitual- con lo que estamos ante un álbum igual de entretenido que los anteriores pero mucho más complejo y ambicioso.

En el aspecto gráfico, Guarnido vuelve a dejar buena muestra de su sorprendente habilidad para la personificación de animales atreviéndose con nuevas especies a las que no había recurrido hasta ahora – hipopótamos, monos, camellos…- haciendo gala de su dominio de los recursos exclusivos del cómic para caracterizar y transmitir información al lector (no es casualidad que los traficantes de heroína sean un camello y un caballo o los encantamientos vudus los realice una mona). Guarnido desarrolla la mayor parte de la narración a través de un ritmo pausado con una composición de página muy clásica que se rompe sólo para introducir elegantes transiciones a través de los viajes alucinados de Little Hand y se acelera en las viñetas de acción gracias a su insultante dominio de la figura humana para reproducir las más complejas figuras y posiciones y otorgarles la ilusión de movimiento merced a sus conocimientos de animación. Además, si al tebeo le añadimos la habitual carga de detalle con la que Guarnido trata cada viñeta y las novedosas localizaciones, la historia se convierte en una delicia que invita a varias relecturas pausadas para demorarse y no perderse detalle. Por otro lado, Guarnido juega además con el color de un modo mucho más atrevido que en anteriores entregas no sólo para recrear atmósferas sino también para establecer separaciones narrativas entre distintos lapsos temporales de la historia entre el pasado y el presente ofreciendo mayores registros en su tratamiento que en anteriores entregas. No hay duda que Juanjo Guarnido es uno de los mejores dibujantes patrios que realizan cómics en la actualidad.

En definitiva, los cinco años –el lustro- de espera han merecido la pena y creo que estamos ante uno de los mejores tebeos del año y la mejor entrega de lo publicado hasta ahora dentro de una serie que a pesar del tiempo transcurrido mantiene sino supera su altísimo nivel. Quedo a la espera del quinto álbum para cuando los autores quieran (que ya se sabe que no hay quinto malo…).

Más “Blacksad” en El lector impaciente:

- “Un lugar entre las sombras”.
- “Artic Nation”.
- “Alma Roja”.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

“Blacksad: Alma Roja”, de Díaz Canales y Guarnido.


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Llegamos de momento –el cuarto álbum está a punto de aparecer en algún momento del último trimestre del 2010- al fin del repaso de la que es una de las series realizadas por autores nacionales que mayor éxito ha tenido en los últimos tiempos allende nuestras fronteras con “Alma Roja”, el tercer álbum de la serie “Blacksad", una historia que funciona perfectamente en base a una fórmula que los autores han ido perfeccionando en los álbumes precedentes pero que, aun así, tiene algunos elementos interesantes que la hacen destacar de otras obras similares.
“Alma Roja” retoma la continuidad de la anterior entrega “Artic Nation” para presentarnos a nuestro protagonista, el detective John Blacksad, intentando ganarse la vida como guardaespaldas en Las Vegas donde le habíamos dejado al fin del anterior álbum. De vuelta a Nueva York, Blacksad se reencontrará con Otto Liebber, un viejo amigo de su pasado que se ha convertido en una eminencia defensora de la energía atómica integrante de un grupo de intelectuales de izquierdas conocido como Los Apóstoles. Cuando otro de los apóstoles es tomado por Liebber y es asesinado, Blacksad iniciara una investigación para descubrir al asesino e intentar proteger amigo al tiempo que inicia una tortuosa relación sentimental con otra de los apóstoles, Alma Meyer. Conforme avanza en sus pesquisas, Blacksad irá descubriendo el oscuro pasado de su amigo al tiempo que se sumergirá en una telaraña de intereses que acabarán poniéndole en el punto de mira del senador Gallo cabeza de una cruzada anticomunista.
“Alma Roja” es un álbum destacable tanto por su estupendo dibujo que deja de ser novedad en un autor de la talla de Juanjo Guarnido como por un guión de Díaz Canales que da un paso al frente no sólo para sorprender al lector con una trama muy entretenida en la que la amistad, el amor, la venganza y el espionaje son los motores fundamentales de la obra, sino además para permitir el lucimiento de su compañero Juanjo Guarnido.

A pesar de lo inevitablemente forzado de la construcción de algunos personajes como el profesor Liebber y lo tópico de la fórmula negra de la que parte Díaz Canales influida directamente del cine clásico norteamericano de los años cincuenta, el guionista desarrolla un guión complejo y bien estructurado, localizando la historia en el asfixiante panorama de la sociedad norteamericana de la caza de brujas utilizando para ello una historia en la que curiosamente daría la razón al senador McCarthy y sus sectarios postulados anticomunistas. Diaz Canales cuenta con la limitación autoimpuesta de utilizar las primeras páginas del álbum para narrar someramente las andanzas de Blacksad desde la finalización de “Artic Nation” hasta la aparición del nuevo misterio que supone el tema central de la obra enriqueciéndolo con notas sobre el pasado del protagonista y la reaparición de algunos secundarios que hemos ido conociendo a lo largo de las anteriores entregas dando así mayor cohesión al universo de Blacksad. Diaz Canales se las apaña bastante bien para insertar todos esos elementos en el curso de la historia al tiempo que introduce una subtrama paralela a la investigación de Blacksad para ofrecer el idilio entre Blacksad y Alma Meyer. Con todo, y debido a las limitaciones del formato álbum de cincuenta y séis páginas la historia se resiente únicamente en lo abrupto en que Díaz Canales da la resolución de la trama que aunque deja atados todos los cabos de un modo inteligente y sólido obvia parte de la tensión dramática esperada por el lector merced a unos cuadros de textos que explican la resolución en tiempo pasado mientras Guarnido ofrece sus consecuencias en el presente.
Como decía, el apartado gráfico es la más evidente cualidad de esta serie. No voy a descubrir a Juanjo Guarnido a estas alturas que vuelve a ofrecernos toda su amplia gama de registros a la hora de describir personajes y situaciones asociando a los numerosos secundarios que aparecen en el álbum con las características que convencionalmente se asocian con el animal que les caracteriza. Resulta muy meritoria en ese sentido la labor de Diaz Canales que generalmente no se le suele reconocer para hacer brillar a Guarnido. Así, las pícaras historias iniciales que muestran la labor como guardaespaldas de Blacksad en Las Vegas sirven para ofrecer la vis cómica del dibujante antes de introducirse en el meollo de la trama que sirve de motor al álbum. Destacar si acaso en el desarrollo descriptivo de los personajes de Guarnido que da una vuelta de tuerca a sus capacidades para ir un paso más allá y atreverse a ofrecer retratos animales de algunos personajes famosos fácilmente reconocibles por el lector como el poeta beat Allen Ginsberg o el mismísimo Adolf Hitler sin que en ningún caso desentone su caracterización.
En definitiva, “Alma Roja” es una entretenida y excelente lectura de género muy superior tanto por guión como por dibujo a la media del género negro en que se inserta y un tebeo en que se muestran con habilidad los recursos propios del cómic, siendo de agradecer el interés de los autores por no decepcionar y enfrentar nuevos desafíos que mejoran cada nueva entrega de la serie. Esperemos que la cuarta no decepcione.

Más “Blacksad” en El lector impaciente:

martes, 20 de julio de 2010

“Blacksad: Artic-Nation”, de Guarnido y Díaz Canales.




Siguiendo con la relectura de la serie “Blacksad”, la ópera prima de Juanjo Guarnido y Juan Díaz Canales, llego a la segunda entrega, “Artic-Nation”, publicada por Norma Editorial en 2003, y que en mi opinión es la mejor de las aventuras publicadas hasta el momento de nuestro detective gatuno favorito.

En este segundo álbum, la acción se traslada del bullicioso Nueva York de la primera entrega a un deprimido barrio de los suburbios, en el que, como consecuencia de la crisis económica han arraigado los odios raciales entre los animales de piel blanca y los de piel negra. En un ambiente enrarecido a punto de estallar, Blacksad intenta aclarar la desaparición de una niña por la que, aparentemente, ni su madre parece interesarse. El detective, contratado por la profesora de la pequeña, iniciará una investigación que le llevará a sumergirse en el turbio mundo de The Line, enfrentándose a los poderes fácticos del barrio, liderados por el jefe Karup quién a parecer tiene un especial interés en evitar que se conozca el paradero de la pequeña.

“Artic-Nation” supone un golpe sobre la mesa de Díaz Canales. Si en “Un lugar entre las sombras” el único defecto que se le podía poner quizás al álbum era la falta de atrevimiento de una historia que se limitaba a revisitar con oficio lugares comunes y fórmulas arquetípicas del género negro, en esta ocasión sin ser “Artic-Nation” tampoco una historia excesivamente original y bastante deudora de películas como “En el calor de la noche” –aun cuando en este caso la ambientación varíe completamente y se traslade del tórrido sur norteamericano al frío e invernal Nueva York-suburbial- o las clásicas referencias a Spillane, Hammett y Chandler a las que añadiría en esta ocasión la de otro grande del género como Ellroy en el eficaz modo en que desarrolla el hilo de la trama camuflándola en el contexto social de los Estados Unidos de finales de los Cincuenta en la que los conflictos raciales empiezan a surgir (aunque en ningún caso se puede considerar que “Blacksad” llegue a la categoría de hard-boiled del que Ellroy es amo y señor). Díaz Canales desarrolla una trama mucho más compleja que en el anterior álbum y lo realiza con auténtica maestría para ir siempre un paso por delante del lector para que hasta el final no aparezcan claras todas las conductas de unos personajes soberbiamente desarrollados y en la que destacan más allá del protagonista que ya conocíamos del primer álbum un soberbio elenco de secundarios que son los que dotan, como no podía ser de otro modo, de riqueza y variedad a la historia encabezados por Weekly, el ayudante con el que el equipo creativo dota a Blacksad y que está llamado a dar el contrapunto cómico al protagonista, hasta el último de los personajes que aparecen en el álbum, aun cuando de todos ellos yo destacaría el de la vieja urraca que encarna al eterno perdedor, rol tan querido del clásico cine negro norteamericano que son la principal influencia del cómic.

A Díaz Canales la trama le sale redonda y no sólo describe con pericia los conflictos raciales, contextualizando su origen no sólo en el color de la piel sino en circunstancias económicas, sino que enriquece la retorcida trama de venganza presentando perfectamente la motivación de los distintos personajes dotados de complejas y ricas personalidades y potenciándolos a través de cuidados y creíbles diálogos para dotarlos de esa necesaria patina gris que necesita toda historia negra para que realmente funcione.

Si a la mejora de la historia de Díaz Canales le añadimos la pericia ya demostrada por Guarnido en el anterior álbum hace que estemos ante un tebeo redondo. Guarnido hace que la compleja historia ideada por Díaz Canales se desarrolle con pasmosa fluidez a ante el lector, complementando la labor del guionista y llegando allí donde este no llega con soluciones elegantes y poderosas, destacando si cabe el dominio que demuestra para potenciar la ambientación del álbum alejado del entorno urbano del anterior y haciendo que las circunstancias climáticas –el frío y nevado invierno- sirvan como un elemento característico que dé un tono unitario a la historia no sólo estéticamente sino también a la hora de caracterizar a los personajes (un poco y salvando las distancias como los Coen en “Fargo”).

Hay que reconocerle un enorme mérito a Guarnido porque su estilo no es especialmente adecuado para el género negro (o más bien no es lo que habitualmente se entiende por un dibujante de género negro) ya que su dibujo es limpio y preciosista a lo que se le añade además la dificultad añadida de trabajar con animales personificados, pero el dibujante convierte estas desventajas en virtudes y logra magníficos resultados, aprovechando, por ejemplo, las características convencionalmente asociadas a los animales para potenciar los distintos rasgos de personalidad de los personajes en la historia. Guarnido es un maestro a la hora de cargar de significado cada uno de las viñetas y no deja nada al azar dando un por qué hasta el más mínimo detalle, dominando no sólo la narración lineal sino también los simbolismos y metáforas que incorpora (magníficos el detalle del columpio vacío, la muerte en la cabina del avión o los niños jugando al final de la historia, etc) para lograr que la historia mejore página a página y, sin renunciar por otro lado, a homenajes más o menos encubiertos autores tan aparentemente alejados como Frank Miller, Mazzuchelli o John Romita Jr.

En definitiva, “Artic-Nation” es un álbum fantástico y una auténtica lección de cómo contar una historia mediante viñetas que ningún aficionado debería perderse de unos autores que antes de dormirse en los laureles se enfrentan a nuevos desafíos de los que, en esta ocasión, salen plenamente airosos. Uno de los mejores álbumes europeos de la pasada década.


Más Blacksad en El lector impaciente:

martes, 29 de junio de 2010

“BlackSad: Un lugar entre las sombras”, de Guarnido y Díaz Canales.

Aprovechando que ya se anuncia por ahí el cuarto álbum de la serie, he empezado a releer despacito los tres publicados hasta el momento de esta serie de animales antropomorfos que empezara a publicarse hace ya casi diez años por Norma Editorial y que descubrió a los autores españoles que podía haber vida más allá de los Pirineos (y más allá de los Pirineos que en España precisamente lo que no faltaba eran autores con talento).

En “Un lugar entre las sombras”, asistimos a la primera aventura de John Blacsksad, un detective privado a la antigua usanza que se ve inmerso en la investigación del asesinato de una actriz de éxito que ha aparecido muerta en su domicilio y con la que en otros tiempos mantuvo una tempestuosa relación. Cuando la investigación policial se ve frenada por un misterioso e influyente personaje oculto en las sombras, Blacksad se convertirá en el único capaz de aclarar la muerte de su vieja amiga y hacerle justicia.

He disfrutado enormemente de la relectura de este cómic más si cabe que en el momento en que lo leí por primera vez y he vuelto a deleitarme con la habilidad de un equipo artístico que sabía muy bien lo que se hacía.

Si Díaz Canales firma una correcta historia de detectives que sirve de presentación de personajes y situaciones que se ciñen a una clásica estructura de género negro que no se aparta en exceso de los modelos clásicos y en la que su detective Blacksad más que a los más reconocibles Sam Spade o Phiillip Marlowe recuerda a otros posteriores, sobre todo el Lew Archer de Ross MacDonald (interpretado magistralmente por Newman en la genial “Harper, investigador privado”) con ligeros apuntes justicieros a lo Mike Hammer de Gillespie, el álbum adquiere una nueva dimensión gracias al trabajo sobresaliente de un Guarnido espectacular en el apartado gráfico que confirió al tebeo un interés singular.

Juanjo Guarnido se muestra incomensurable en el desarrollo descriptivo de cada uno de los personajes que van apareciendo a lo largo del álbum, apoyándose en las características asociadas a los distintos animales para reforzar la caracterización de cada uno de ellos de modo que los gorilas son brutos, vulgares y fieros, las ratas desagradables y traicioneras, las serpientes frías y escurridizas, los perros honorables y fieles o el mismo protagonista representado como un Gato directamente impredecible en su búsqueda de justicia, capaz de asumir un enorme registro de expresiones que reflejan su compleja personalidad y estado de ánimo. Pero, si en la presentación y desarrollo de los personajes Guarnido demuestra su nivel excepcional en el dominio del dibujo de los animales o la anatomía, no se queda atrás en la cuidada caracterización realista de cada uno de los fondos en los que se va desarrollando la historia, reflejando con gran verosimilitud los ambientes y atmosfera de un Nueva York de los años cincuenta, desde los antros de los bajos fondos a los glamourosos despachos de los potentados por no hablar de los cementerios o las casas y exteriores cuya representación está cuidada hasta límites obsesivos para convertir a la urbe en un personaje más en la que incorpora pequeñas intrahistorias en la principal que cohesionan la representación.

De todos modos, todo este trabajo no destacaría tanto si además el dibujante no contase con un extraordinario sentido del ritmo narrativo, que permite que la historia fluya a través de sus viñetas midiendo los concisos diálogos e insertando ligeras cartelas de apoyo que elegantemente quedan disimuladas en las viñetas adquiriendo los mismos colores de los fondos y que Díaz Canales redacta con el acertado tono seco y conciso de un narrador alejado de la acción evocador de los grandes del género (y volvemos al recuerdo de Mike Hammer, esta vez en la clásica serie protagonizada por Stacy Keach).

Guarnido hace olvidar la sencillez de la trama o su previsible y un tanto brusco desenlace merced a su habilidad narrativa llena de eficientes e inteligentes recursos que le permiten solucionar la presentación del protagonista y el caso para pasar con una elegante transición a conocer su particular motivación en su resolución entroncada en su pasado a través de un elegante flashback y el desarrollo de la historia concatenando las distintas situaciones y ambientaciones con mucho mimo para tomar siempre la mejor -y más elegante- decisión en la elección del plano o la perspectiva.

En definitiva, el multipremiado “Un lugar entre las sombras” no sólo resiste perfectamente la relectura pasado diez años de su primera edición sino que además mantiene intacta su vigencia con el poderío que sólo guardan los clásicos en una historia que ya anunciaba la labor de un dibujante que por méritos propios ocupa un puesto muy alto dentro del panorama tebeístico europeo y un guionista que en todo momento sabe que terreno pisa para ofrecer una magnífica obra de género en la que la comercialidad y la calidad demuestran que no están necesariamente reñidas. Altamente recomendable.