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viernes, 19 de julio de 2013

“Antes de Watchmen: Espectro de Seda”, de Darwyn Cooke y Amanda Conner.



Siguiendo con el análisis de las distintas obras que ha dejado la línea “Antes de Watchmen”, editada en España por ECC, le toca el turno a la miniserie de cuatro números protagonizada por Espectro de Seda, guionizada por el canadiense Darwyn Cooke y dibujada por Amanda Conner quienes logran la obra más fresca y original de toda la línea sin necesidad de subvertir las premisas ni las ideas sobre el personaje ideadas por Moore y Gibbons en la obra original.

Estamos en la década de los sesenta y la joven Laurie Júpiter vive aislada bajo la férrea vigilancia de su madre, la Espectro de Seda original que la prepara para tomar su relevo superheroico. Cuando la ingenua conoce al joven Greg surge el amor y juntos escaparán a la efervescente San Francisco que el movimiento Hippy ha convertido en su capital.  En Frisco, Sally conocerá el amor libre, la psicodelia y las drogas al tiempo que madurará como persona e iniciará su carrera como superheroina enfrentada con los poderes fácticos que pretenden subvertir y aprovecharse de la Revolución Contracultural.

Muchas veces se ha puesto en duda la habilidad como guionista de Cooke destacando su brillantez gráfica de su obra y lmitándolo como escritor a considerarlo un excelente revisionista aunque escaso de originalidad. Sin embargo, en esta miniserie Cooke opta por el riesgo de alejarse del guión prestablecido y los canones fijados por Moore  para rellenar al origen de Espectro de Seda y construir una historia muy diferente en tono y estilo a "Watchmen" centrada en los inicios de la carrera superheroica de la protagonista que acaba convirtiéndose en un homenaje a la revolucionaria década de los sesenta.

 Alejándose del tono sombrío, pesimista  y crepuscular de “Watchmen”, Cooke ofrece una obra optimista en la que el power pop, la luz y el optimismo se muestran usando como vehículo a una Espectro de Seda encantadoramente joven y  rebelde alejada del personaje secundario, amargado y marginal expuesto por Moore y Gibbons. 

A pesar de ello, Cooke se cuida muy mucho de contradecir en su descripción de los personajes a las ideas plasmadas en “Watchmen” al tiempo que construye una entretenida y delirante trama pop plagada de homenajes y referencias a la década que van desde los Beatles, Sinatra o Jim Morrison a la generación Beat.

Si la trama ideada por Cooke resulta fresca e inteligente, su efectividad se multiplica gracias al magnífico trabajo gráfico realizado por una Amanda Conner con la que logra una magnífica compenetración. Conner, con un estilo gráfico alegre, colorido y ecléctico  que se referencia en autores tan variados que van de Bob Montana hasta Joe Kubert, ha consolidado un estilo propio al que además incorpora en esta obra detalles de otros dibujantes que han tratado el tema de psicodelia y la cultura pop en su obra como Michael Allred en su rompedor “Red Rocket 7” o el mismo Kevin O’Neill quién ya se acercó a este período en “La Liga de los Caballeros Extraordinarios 1969” (con lo que la referencia a la obra de Moore sería por partida doble).
 Conner incorpora con bastante arte toda esta imaginería a la exigente composición de nueve viñetas de páginas que es uno de los santos y seña de la serie original al tiempo que da una vuelta de tuerca a la obra plagándola de referencias culturales – de la Furgoneta Misteriosa de Scooby Doo al "Grito" de Munch- más o menos evidentes y usando de la versatilidad y plasticidad de su estilo y la variedad de sus recursos gráficos para reflejar con habilidad los cambios de ánimo y sentimientos de su protagonista localizada en una alocada e ingenua pero fascinante interpretación de la efervescencia cultural de la San Francisco de los sesenta junto a  las pelís clásicas de 007, la Blaxploitation y la serie telefvisiva de Batman de Adam West .
En fin, “Antes de Watchmen: Espectro de Seda” seguramente ha sido la gran tapada de la línea. La obra qué mejor ha sabido interpretar la originalidad y el riesgo intrínseco a  “Watchmen”en los ochenta  para a partir de su materia prima ofrecer una obra ambiciosa, inteligente y deliciosamente entretenida gracias a una sencilla pero eficaz trama ideada por Cooke y el desparpajo y virtuosismo gráfico demostrado por Conner. Si tuviese que destacar una obra sobre el resto de todas las que conforman la línea elegiría esta.

viernes, 12 de julio de 2013

“Antes de Watchmen: Minutemen”, de Darwyn Cooke.




Una de las miniseries que más curiosidad me generaba de las anunciadas en la línea “Antes de Watchmen” publicada en España por ECC Ediciones era esta “Minutemen” en la que el estupendo artista canadiense Darwyn Cooke  se iba a encargar en solitario de mostrar los orígenes de los “Minutemen”, el grupo de superhéroes de la “Golden Age” de la obra ideada por Moore y Gibbons, a lo largo de seis números.

Hollis Mason, el Búho Nocturno original, prepara tras abandonar su carrera superheroica la publicación de “Bajo la Máscara”, el libro en el que va a desvelar ante la opinión pública los oscuros secretos de los Minutemen originales, lo que provocará diversas reacciones entre el resto de los miembros  supervivientes al tiempo que será el punto de arranque para que el propio Hollis rememore desde la perspectiva del tiempo la azarosa historia del grupo desde su creación hasta su desaparición.
A partir del material ideado por Moore y Gibbons en “Watchmen”, Cooke construye un cómic ágil y solvente en el que no se corta en interpretar algunos de  los puntos oscuros de la historia de los Minutemen a partir de las referencias veladas de Moore. Cooke mediante una impostada trama en la que usa a Buho Nocturno como narrador interpuesto profundiza en  personajes marginales como Silueta o Mothman y resuelve la misteriosa desaparición de Justicia Encapuchada al tiempo que referencia con precisión algunos de los momentos más brillantes ideados por Moore en la obra original desarrollando una trama efectiva y entretenida sin contradecir la obra en la que se inspira aun cuando sí dé pie al debate.
No deja de ser meritorio en un autor que es más dibujante que guionista haya sido capaz de desarrollar un guión que supone una obra de ingeniería para que encaje en los intersticios y ambigüedades planteados por Moore en torno a estos personajes secundarios en una necesaria reinterpretación tan valida como polémica. Cooke no se limita a seguir exclusivamente la guía dejada por Moore e introduce en la trama elementos propios que la vuelven menos previsible para el conocedor de la obra original y dan como resultado una trama algo artificiosa aunque esté resuelta con brillantez al tiempo que añade aun más madera a la polémica para los detractores, con la introducción, por ejemplo,  de  personajes propios como Oficial y Explorador para incorporar un curioso juego metaliterario tan fascinante como a mí juicio innecesario. Y es que Cooke no se ha limitado en hacer un tebeo en el que los recursos gráficos estén al servicio de la historia sino que  más bien ha antepuesto la brillantez de estos a la misma historia para dejar claras, si era necesario, sus capacidades.

Lo que no admite discusión y salva lo artificioso de la trama en ocasiones es la deslumbrante labor gráfica de Cooke en la que plasma su extraordinario talento para desarrollar un cómic visual y narrativamente brillante en la que no solo evoca los recursos gráficos ideados por Moore y Gibbons desdel el preciosismo de su estilo cartoon sino que los potencia con sorprendentes soluciones gráficas con las que salva una historia que en manos de cualquier otro menos dotado seguramente naufragaría.

En fin, “Minutemen” es una dignísima miniserie en la que Cooke ha asumido el reto de no limitarse a seguir los patrones trazados para una obra menor y realiza un dignísimo trabajo con la suficiente entidad propia para que a la larga sirva aun más para ensalzar el “Watchmen” original, interpretado y estudiado por un autor poseedor de talento, personalidad y estilo, en una historia que más allá de su carácter tributario cuenta con la suficiente enjundia como para brillar por derecho propio.

lunes, 3 de diciembre de 2012

“Parker 3: El Golpe”, de Darwyn Cooke.




Astiberri publica “El Golpe”, la tercera entrega de las adaptaciones al cómic -de las anteriores ya os comenté aquí y aquí-  que el canadiense Darwin Cooke viene realizando de las novelas del prolífico Donald Westlake (Richard Stark, para los amigos) protagonizadas por Parker, su personaje más emblemático.
En esta nueva entrega, a Parker le proponen abandonar su retiro dorado en Miami para dar un arriesgado golpe a toda una ciudad minera a instancias de un aficionado. Parker, que no se fía del soplón, ve el atraco múltiple como un auténtico desafío profesional a la altura de su legendaria reputación en el mundo del crimen y, a pesar de no tenerlas todas consigo, acepta organizar toda la operación, perfilando la huida y reclutando a los delincuentes profesionales que harán falta para llevar a cabo el atraco. Sin embargo, cuando tras la minuciosa preparación todo parecía ir bien las cosas acaban por torcerse de la manera más inesperada.

Alain Cavalier en 1967, al adaptar al cine la novela de Westlake bajo el título “Saqueo en la Ciudad”, realizó un primoroso ejercicio de estilo incorporando a los ritmos pausados del polar francés la intensidad cruda de la novela de Westlake que Cooke ha intentando imitar, desde su propia identidad autoral y aprovechando los hallazgos de las dos primeras adaptaciones, en su adaptación al cómic de  “El golpe”.Sin embargo, los ritmos del género negro en lo literario y cinematográfico son distintos que los del cómic y la historia de Cooke impecable en lo formal – partiendo de la base de un evocador bitono que en cada entrega modifica, combinando el negro con otro color, en este caso el amarillo, que le otorga a cada una de las entregas su propia identidad gráfica-,  en lo narrativo va perdiendo fuelle conforme avanza para desembocar en un desenlace soso y anticlimático en parte debido a la propia frialdad intrínseca al estilo minimalista, preciosista y retro de Cooke y en parte a su decisión autoral de regodearse la descripción de los elementos psicológicos y organizativos de la trama, sintetizando en demasía el meollo oscuro y sucio de la obra de Westlake.

De este modo, “El Golpe” de Cooke va de más a menos, con un impresionante capítulo inicial en el que el autor logra transmitir la fuerza del relato y de su carismático protagonista con una narración gráfica carente de texto en la que la escenificación impresionista y las elegantes soluciones gráficas se combinan con acierto para reflejar la crudeza del protagonista y el ambiente furtivo en el que se mueve. 

El magnífico arranque eisneriano se va difuminando conforme la obra avanza organizada en cuatro libros o capítulos. Así,  tras el alistamiento de Parker y la organización del golpe – muy divertida la broma-homenaje para entendidos de Cooke al usar las facciones de algunos de sus amigos y colegas (Steranko, Cho, Noto, etc.…) para caracterizar a algunos de los compinches de Parker-  se pasa a la ejecución y la huida usando la secuencia temporal para remarcar el paso del tiempo. Sin embargo, la obra de un planteamiento en los capítulos iniciales con un protagonista definido (Parker) pasa a una coralidad de voces conforme Cooke incorpora más personajes a la historia que la torna más confusa,  llegando a la ruptura definitiva con la anticlimatica plasmación de las ensoñaciones introspectivas de Grofield, uno de los cómplices de Parker, que acaba por poner en peligro todo el plan y precipita y desvirtua la descripción del fiasco final.
 A pesar que el resultado está lejos de resultar redondo sobre todo porque en mi opinión hubiera requerido de una mayor extensión, “El Golpe” se lee con agrado y se disfruta gracias a la excelente labor gráfica de Cooke, un magnífico dibujante, aunque a mí entender una vez más fracasa a la hora de adaptar la esencia dura y descarnada de la obra original, resultado su traslación un ejercicio de estilo más efectista que efectivo que da como resultado un estupendo cómic pero una mediocre adaptación. Veremos si a la cuarta va la vencida.

jueves, 13 de octubre de 2011

“Parker: La Compañía”, de Darwyn Cooke.

Tenía curiosidad por leerme “La Compañía”, la segunda entrega de las adaptaciones que el canadiense Darwyn Cooke está realizando de las novelas protagonizadas por Parker, el truculento criminal creado por Donald Westlake bajo el seudónimo de Richard Stark. Y tenía cierta curiosidad porque frente al aplauso generalizado que suscitó su adaptación de “El Cazador” a mí, como ya conté por aquí, me dejó algo frío.


Sin embargo, en esta nueva entrega me ha dado la sensación que Cooke ha pulido buena parte de los defectos que le encontré a la primera entrega y, quizás más asentado y sin necesidad de demostrar nada, brilla mucho más. Os cuento.

En esta segunda entrega, la acción transcurre poco después de los sucesos acaecidos en “El Cazador”. Parker se esconde en Miami y ha cambiado su rostro para intentar pasar desapercibido, sin embargo, tras sobrevivir por los pelos al intento de ejecución de un sicario de La Compañía., la poderosa organización criminal con la que se las tuvo tiesas en “El Cazador”, por los pelos decide tomar la iniciativa y acabar con su líder. Para ello, Parker primero tendrá que acabar con un antiguo compinche que le ha traicionado y poner en macha un complejo plan para dañar los negocios de la Compañía antes de dar el tiro de gracia a su líder.

Ando bastante obsesionado estos días con el tema de la concisión en la narrativa gráfica. Cada vez me resulta más evidente que las soluciones simples y más sencillas suelen ser las más eficaces. Multitud de autores lo han demostrado desde Schultz a Eisner hasta autores sobre los que he escrito recientemente como Craig Thompson o Moebius. Sin embargo, me ha sorprendido descubrir en esta segunda entrega de las novelas de Parker a un Cooke que también parece apostar por esa búsqueda de la sencillez y la concreción en esta nueva entrega con excelentes resultados que en un género como es el negro ,al que la desnudez expositiva y el lenguaje directo le sientan tan bien, se agradecen mucho más.


Y es que si en “El Cazador” el despliegue de recursos que realizaba Cooke me daba la sensación que estaban más dirigidos a demostrar –sin necesidad- sus capacidades en “La Compañía” con cierto resabio efectista en "La Compañía" pone esos mismos recursos al servicio de la historia para adaptar no una sino dos de las novelas de Westlake, “El hombre que cambió de cara” y “La Compañía”, con astucia para que aquellos que no hayan leído las obras originales noten que estamos ante dos obras separadas. De este modo, los hechos de “El hombre que cambió de cara” se incorporan mediante una elipsis a la narración de “La Compañía” dotando de uniformidad al conjunto rompiendo con la secuenciación lineal de los hechos pero enriqueciendo el conjunto.

Manteniendo la estructura en cuatro partes, Cooke sigue manteniendo el bicolor y un dibujo ágil y nervioso para caracterizar el siniestro universo criminal de sombras por el que transitan Parker y sus allegados haciendo un sabio uso de la composición de página para centrarse en los detalles concretos de la historia e incorporar amplios textos que tomados de Westlake que complementan la narración gráfica sobre la que se sustenta en muchas ocasiones exclusivamente el cómic y jugando con la elaboración y realismo para condensar o expandir la información a voluntad. Especialmente brillantes son las dos últimas partes de la obra en las que Cooke hace una verdadera demostración de recursos gráficos para incorporar mediante variaciones de estilo –desde el reportaje ilustrado periodístico hasta prácticamente el esquematismo de un storyboard - los diferentes golpes que los compinches de Parker dan en los negocios de La Compañía insertándolos en el hilo de la trama principal magistralmente y la primorosa demostración que realiza del dominio del tempo para narrar los mismos hechos desde el punto de vista de dos personajes diferentes.

En definitiva, me rindo ante la madurez que Darwyn Cooke demuestra en esta obra que con merecimiento ha otorgado un nuevo Eisner a su autor y me quedo con ganas de más. Cooke ha puesto todo su refinamiento estilístico y narrativo al servicio de la esencia pulp de la matería prima de Westlake logrando un relato hipnótico, elegante y sordido con el que creo el autor de las novelas estaría muy contento. La edición de Astiberri es bastante buena y sinceramente creo que estamos ante uno de los grandes tebeos del año. Imprescindible.

miércoles, 6 de octubre de 2010

“Parker 1: El Cazador”, de Darwyn Cooke.


Astiberri empezó hace unos meses la publicación de las adaptaciones que Darwyn Cooke está realizando de la genial serie de novelas que Donald E. Westlake (alías Richard Stark) dedicara a su personaje más emblemático, Parker, novelas que suponen un hito dentro del género negro por ser de las primeras protagonizadas por un delincuente profesional (aunque yo prefiero las de Edward Bunker). Y, como al muchacho le han dado un premio Harvey por la adaptación de “El Cazador”, creo que es un buen momento para comentaros mis impresiones contradictorias respecto a “El Cazador” y Cooke.



Ante todo, creo que “El Cazador” es un cómic superior a la media aun cuando vaya perdiendo fuelle conforme Cooke va desarrollando la trama. Cooke se muestra muy inspirado enganchando al lector desde las primeras páginas con una narración muda visualmente impactante en la que condensa buena parte de la información sobre el protagonista magistralmente para ir posteriormente desgranando la trama de esta historia de venganza en la que Parker no deja títere con cabeza en su afán por acabar con todos aquellos compinches que le traicionaron -mujer incluida- de un golpe perfecto que acabó con el protagonista en la cárcel y, posteriormente, recuperar el botín.


Cooke maneja magistralmente todos los recursos del lenguaje secuencial –elipsis, flashbacks, perspectivas y escorzos- mediante un dibujo vistoso y estiloso en el que el blanco y negro aparece remarcado por tonos de sepia y azul predominantes que el autor canadiense dosifica magistralmente para acentuar la tensión y jugar con las sombras para crear efectivos efectos visuales. Cooke logra una magnífica labor de síntesis del trabajo de autores clásicos como Eisner y sus novelas gráficas con los hallazgos de autores modernos tan novedosos como Matt Kindt y su “Superspy” o su introspectivo compatriota Seth, para intentar trasladar al lector toda la carga interpretativa de la crudeza del universo criminal de Parker en un sofisticado ejercicio de fluidez narrativa que contrasta quizás con el laconismo crudo y preciso que Westlake mostró en la obra original y que Cooke reduce a los diálogos entre personajes que debe reforzar con abundante texto explicativo para desarrollar los pormenores de la trama en los capítulos intermedios de la historia.


Y es en este punto donde pueden surgir las dudas sobre el éxito de Cooke a la hora de transponer la novela de Westlake al lenguaje visual del cómic para todos aquellos que conozcan la obra original y no se dejen deslumbrar por las virguerías gráficas de un autor tan dotado. Y es que el universo violento, sórdido y denso en que Westlake ambienta sus historias de criminales se convierte en un elemento imprescindible sobre el que asienta y amalgama la trama no acaba de casar con la elegante pero ambigua ambientación de Cooke, tan alejada del tenebrismo habitual de los autores que han cimentado con éxito el género negro en los cómics y la hondura psicológica con que describen a los personajes, y que Cooke en su “El Cazador” se conforma con rayar su superficie tras esas brillantes páginas iniciales con lo que existe un raro efecto disonante que los lectores que conozcan la obra original apreciarán teniendo la sensación el lector de estar leyendo una novela de Parker con una ambientación equivocada más propia de las novelas de espías sofisticados de Ian Fleming y no de la bajeza fatalista y amoral de Parker y sus compinches, alejándose así de los cánones de lo que ha de ser un hard boiled puro y de otras adaptaciones en otros medios que sin ser tan fieles quizás al fondo de la historia son capaces de aprehender mejor la forma y esencia de la novela y el género en que se engloba (me refiero, claro, a la magnífica “A Quemarropa” de John Boorman y la soberbia interpretación de Lee Marvin de Parker/Walter).


Con todo, creo que “El Cazador” de Cooke es un cómic que entusiasmará a aquellos que no conozcan la obra original de Westlake por el efectista despliegue de recursos que realiza el autor canadiense aunque creo que hay que prevenirles que antes que ante una adaptación canónica de la obra de Westlake estamos ante la reinterpretación light que de la misma realiza Darwyn Cooke con sus aciertos –que los tiene- y unos defectos que espero vayan desapareciendo en próximas adaptaciones de las novelas de Westlake/Stark.


Otras obras de Darwyn Cooke en El lector impaciente:


“Batman: Ego”.


“The Spirit”


“Batman/The Spirit”

miércoles, 8 de abril de 2009

“Batman: Ego” de Darwyn Cooke.

He estado leyendo estos días de asueto para muchos que no para mí, un agradable tomito que bajo el título de “Batman: Ego” recoge una recopilación no exhaustiva de las distintas visiones que el talentoso Darwyn Cooke ha dado a lo largo de su carrera del Hombre Murciélago.

En "Ego", el canadiense Cooke profundiza en clave psicoanalítica, acerca de la duplicidad de identidad entre Bruce Wayne y su alter ego, Batman. A causa de la debilidad causada por las heridas recibidas tras un enfrentamiento con el Joker y el trauma provocado por el suicidio de uno de los compinches de este que previamente había acabado con su familia, se desencadena en Batman un proceso neurótico –otro más- que le lleva a enfrentar la personalidad de Wayne con la de Batman. Un diálogo entre las dos mitades del héroe del que puede salir un Bruce Wayne más reforzado en sus principios e ideales de justicia o un Batman más sanguinario y vengativo con sus enemigos. ¿Quieren saber más? Tendrán que leerse el tebeo.

Tanto el punto de partida como el desarrollo de la historia no son nuevos ni originales, pero permiten a Cooke lucirse gráficamente dado el entorno onírico –el inconsciente de Batman- en el que se desarrolla la historia donde no existe más limitación que la imaginación del propio autor, en esta historia que fue su primer proyecto para DC, y donde ya da muestras de ser un autor completo y maduro con soluciones gráficas interesantes y “modernas” muy impactantes, pero que realmente beben de autores clásicos –pero al mismo tiempo tan modernos y atemporales- como Will Eisner o Alex Toth, que hacen de su lectura una tarea muy agradable. El universo onírico en el que se mueve la historia me ha recordado la visión del inconsciente que intentaron reflejar pintores surrealistas como Dalí y que, ya en cómics, trasladó con éxito Steve Ditko y sus continuadores en series como “Doctor Extraño”.

Comentada la historia principal, he de decir que no entiendo el criterio de la recopilación puesto que si se trata de un recopilatorio de las historias realizadas por Cooke protagonizadas por el Hombre Murciélago no tienen sentido la inclusión de “El gran golpe de Selina”, una historia negra sobre como Selina Kyle prepara un robo, por otro lado, bastante entretenida, publicada en su momento por Norma y protagonizada por Catwoman, en la que la presencia de Batman brilla por su ausencia. Junto a esta historia larga, el resto del volumen lo componen distintas historias cortas realizadas por Cooke para obras colectivas como “Batman Black and White” y números monográficos de “Solo”, en las que el artista colabora con gente tan interesante como Bill Wray, Paul Grist o Bruce Timm, el autor que sin duda ha marcado la trayectoria profesinal de Cooke, junto la historia larga ya comentada que da título al volumen, “Ego”. Completa el volumen un prólogo bastante interesante y autocrítico del propio autor en el que presenta las historias que componen el libro y un epílogo de David Fernández en el que repasa la trayectoria profesional del autor de series tan notables como “Catwoman” o la última versión de “The Spirit”.

No quiero terminar la entrada, sin indicar que ego precisamente es lo que le ha sobrado a la editorial Planeta con la publicación de este tomo ya que en ningún momento ha avisado que la mayor parte de las historias recogidas en el mismo han sido publicadas recientemente en España, con lo que los aficionados a la obra de Cooke o los completistas de Batman habrán pagado dos veces por el mismo material. Un detalle feo por parte de la editorial que empaña la excelente edición del volumen y que debería evitar en el futuro aunque sea, por desgracia, una práctica extendida entre la mayor parte de las editoriales que publican este tipo de recopilatorios sin indicar previamente su contenido.

Otras obras de Darwyn Cooke en El lector impaciente:

viernes, 18 de abril de 2008

“The Spirit 1” de Darwyn Cooke


Después de leer el primer número de la nueva colección de “The Spirit”, con el “crossover” entre este y el Hombre Murciélago me quedé con una acusada sensación de tiempo perdido pero la curiosidad me pudo y piqué con el primer número de la etapa de Darwyn Cooke, que engloba los dos primeros números de la nueva colección yanqui, que ha empezado a publicar Norma Editorial.

Vaya por delante, que no tengo nada contra las revisiones y versiones de obras importantes por otros autores. Superen o no a los originales, y más allá del trasfondo económico que exista de fondo (el vil metal, siempre lo ensucia todo), creo que todo autor que se sienta capacitado tiene derecho a dar su versión de cualquier personaje, ya que una obra una vez publicada deja de pertenecer sólo al ámbito particular del autor que la creó para pasar a ser patrimonio universal y, por tanto, el público es quién decidirá si merecerá la pena o no que se la recuerde. Mi admiración por el “The Spirit” de Eisner es infinita e independientemente del orden para mí siempre se encontrará entre las cinco o seis verdaderas obras maestras que ha dado el Cómic, y por ese motivo no entiendo la cerrazón hacia las revisiones que se están haciendo del personaje por otros autores como Miller en el cine (¡ ojo, que esta muchos ya han decidido que no les gusta por cuatro fotos!) o el propio Cooke con estos cómics, como poco me parecen apresuradas.

Dicho esto, tengo que decir que el cómic de Cooke me ha dejado bastante frío y no pasa de correcto. A lo largo de estos dos números, Cooke realiza un trabajo profesional con una historia autoconclusiva en cada episodio. En la primera, Spirit interviene para salvar a una periodista secuestrada y en la segunda se cruza con una vieja conocida, P’Gell, y una vieja venganza. Inteligentemente, Cooke, sitúa al personaje en un momento histórico moderno donde los personajes consultan Internet y los medios de comunicación invaden cualquier aspecto de la intimidad, alejándose de las características gráficas que Eisner imprimió a su colección con las historias cortas de ocho páginas de acción trepidante y concentrada, con la splash page inicial que sintetizaba y prologaba la historia, la diferente presentación de títulos incorporados como un elemento narrativo más, o la caracterización de Spirit como personaje subversivo y contestatario frente a la autoridad por uno mucho más formal y políticamente correcto. Todo eso lo deja de lado Cooke en busca de dotar a la obra un sello propio pero me temo que si esa era su intención el resultado es demasiado insustancial.

“The Spirit” de Cooke es demasiado rígido, parece que el autor está demasiado preocupado por no meter la pata como para arriesgar con propuestas realmente originales. Los argumentos de las historias de Cooke los conocemos y los hemos leído protagonizados por otros personajes cientos de veces con más éxito. Lo que debe marcar la diferencia de una historia de Spirit es la sorpresa que se espera en cada página y el ritmo trepidante que mantiene al lector pendiente de principio a fin, sorpresa que en el cómic de Cooke no llega nunca y ritmo del que carece, con lo que al terminar la lectura uno se queda con la ceja levantada como Dolan pensando “¿esto es todo?”.

El dibujo de Cooke es excelente pero no sólo se trata de dibujar bien sino también de interesar al lector con lo que se cuenta, dosificando la tensión y en ese sentido Cooke se muestra como un guionista discreto y sus diálogos resultan artificiosos y vacíos, ausente el característico humor del personaje. Probablemente, aquellos que no hayan leído la obra de Eisner puedan sentirse más interesados por esta obra y sea realmente hacia quien va dirigida ya que para aquellos que lo han leído les parecerá insustancial en la comparación, injusta por muchos motivos, ya lo sé, pero inevitable.

Más sobre las versiones de Spirit en El lector impaciente aquí y aquí.

jueves, 27 de marzo de 2008

“Batman / The Spirit” de Jeph Loeb y Darwyn Cooke


Norma Editorial nos ofrece a modo de aperitivo de la nueva serie regular de “The Spirit” de Darwin Cooke que empezará a publicar este mes de Abril, el crossover que, junto al guionista Jeph Loeb, aquel realizara como primer acercamiento al personaje y que obtuvo el Premio Eisner a la Mejor Historia Corta del año 2007.

Leída la historia lo cierto es que resulta más que correcta en su planteamiento pero realmente sabe a poco después de haber leído las historias de Eisner (para que se hagan una idea es como si a un cafeinómano le dan un descafeinado) y a uno le hace preguntarse si este año el premio a Mejor Historia Corta estaba muy barato.

Dolan y Gordon rememoran un caso en el que Spirit y Batman unieron sus fuerzas para desbaratar los planes de una alianza de algunos de sus más conocidos villanos para acabar con los dos policías cuando acudían a una Convención en Hawai. Los policías están engatusados por dos de las más atractivas y ambiguas villanas de los dos personajes, P’Gell y Hiedra, y serán los héroes quienes unidos deberán detener a los criminales y rescatar a los policías.

La historia a pesar de resultar tópica y contar con una estructura manida hasta la saciedad en este tipo de cruces entre personajes resulta entretenida en su falta de pretensiones aunque al repartir escrupulosamente el protagonismo entre ambos personajes hace que quede un poco sosa y plana al tiempo que el desenlace resulta apresurado y predecible. Jeph Loeb ( “Batman: Dark Victory”, “Daredevil: Yellow”) demuestra que es un guionista con mucho oficio y su conocimiento de los personajes le permite salir del entuerto airoso aunque de un autor de su calidad siempre deba esperarse algo más.

Más interesante resulta analizar el trabajo de Darwyn Cooke (“Catwoman”, “The New Frontier”) quién se va a encargar de la responsabilidad de realizar la nueva serie regular en solitario (al menos hasta su número doce). Cooke es un dibujante forjado a la sobra de Bruce Timm y las exitosas series de animación sobre distintos personajes de DC que este realizara la pasada década. Esta influencia es bastante palpable en su estilo, aunque no su única influencia, ya que la de Eisner también resulta palpable. Cooke es un buen narrador gráfico y en esta obra emula al maestro Eisner en algunos de sus recursos más característicos, como la incorporación de las letras del título a la narración o el uso de distintas perspectivas para dosificar la tensión y el ritmo. Sin embargo, en otros extremos Cooke es un autor si cabe más clásico que Eisner a la hora de plantear la narración ya que en ningún momento se atreve a romper con la organización clásica de página en viñetas y así, lo que el Maestro de Brooklyn era capaz de sintetizar en ocho páginas trepidantes el de Toronto necesita cuarenta y ocho bastante más anodinas.

No me entiendan mal, Cooke no es mal dibujante, lo que ocurre es que la comparación que se ha buscado es odiosa y sonrojante a todas luces. Habrá que ver como evoluciona a lo largo de la serie regular y si el resultado merece la pena aunque, en mi opinión y ahora que no nos lee nadie, si quieren leer las mejores historias sobre “The Spirit” háganse con alguno de los últimos tomos de “Los Archivos de The Spirit” de Will Eisner también publicados por Norma Editorial y descubrirán – quién todavía no lo haya hecho, claro- porque este cómic es una obra maestra del noveno arte. Háganme caso.