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viernes, 24 de diciembre de 2010

Impacientes Fiestas.

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Pues sí, al final me he animado y he hecho mi propia postal. Bueno, básicamente, la ha hecho el maestro Taniguchi y servidor ha añadido el mensajito.
No me voy a enrollar como otros años asumiendo una distante pose desde la que divagar sobre los orígenes de estas fiestas, creencias comparadas o el solsticio de invierno …Y es que tras pasar la Nochebuena y la Navidad 2009 con la pequeñaja ingresada en el hospital con una puñetera bronquiolitis uno agradece el pasar estos días en familia y en casita.
Cada uno sabrá exactamente qué es lo que está celebrando. Yo, entre otras cosas, este año quiero solidarizarme con los papis con nenes hospitalizados y todos aquellos que lo estén pasando mal en estas fechas que se supone es uno de los principales motivos para lo que organizamos las comilonas (sí, ya sé, que te den regalitos es el principal motivo de mucha gente...).
Lo dejo ya que me está quedando más largo que el discurso del Rey. A propósito, creo que no he mencionado que la peque se ha pasado la noche moqueando y ya anda acatarrada…Ups, qué miedito.

lunes, 29 de noviembre de 2010

“Sky Hawk”, de Jiro Taniguchi.

Curiosa la nueva obra que recientemente ha publicado Ponent Mon del maestro Taniguchi ya que aparentemente se aleja de su introspección habitual para sumergirse en un género tan ajeno a la temática manga habitual como el Western. Claro, que “Sky Hawk” es un western atípico que bajo la visión de Taniguchi se enriquece en significados.

A través de las vivencias de dos antiguos samuráis derrotados en el período de guerras civiles de la Revolución Meiji que encuentran refugio en las Rocosas norteamericanas, Taniguchi relata los últimos años de gloría de los indios nativos norteamericanos antes de ser definitivamente diezmados por los hombres blancos. Cuando, tras una serie de circunstancias, Hikozaburo y Manzo son admitidos en la tribu de los sioux oglala del legendario Caballo Loco bajo los nombres de Halcón del Cielo y Lobo del Viento encontrarán una nueva causa por la que luchar que dé sentido a su vida.

Original acercamiento de Taniguchi a los últimos días de esplendor de los indios americanos en un manga en el que, como ya hiciera en “La época de Botcham” incorpora personajes inventados en un contexto histórico real en el que interactúan con personajes históricos, construyendo la trama a partir de una exhaustiva documentación. Y, si en aquella obra contaba con la ventaja frente al lector occidental del desconocimiento de los acontecimientos descritos en “Sky Hawk da una vuelta de tuerca al concepto abordando unos hechos bien conocidos por cualquiera gracias al cine y la literatura. En ese sentido, Taniguchi lo borda y la presencia de dos personajes tan desubicados en el Western como dos samuráis exiliados es asumida con naturalidad a las pocas páginas gracias a la habilidad del japonés. Y, sin embargo, superado quizás el obstáculo más insalvable, Taniguchi pasa de puntillas frente a las más ambiciosas posibilidades que ofrecería la historia enfocada en el desarrollo de los personajes y los contrastes y similitudes entre indios y samuráis para optar por la crónica, correcta pero previsible, de los hechos que desencadenaron en Little Big Horn, renunciando al principal atractivo de su enfoque narrar un western crepuscular de denuncia realizado por un japonés y protagonizado por japoneses lo que le aportaría una visión novedosa Sin embargo, Taniguchi deja simplemente esbozada esa posibilidad que le hubiera dado una mayor profundidad a la historia para limitarse a la crónica –más o menos histórica- de los últimos días de gloría y ocaso de los indios convirtiendo a sus protagonistas en testigos y héroes de sus escaramuzas y batallas contra los soldados encabezados por el general Custer y su Séptimo de Caballería, con lo que la trama se vuelve una sucesión inteligente de batallas victoriosas hasta la derrota final.

Más allá de lo trillado de los hechos Taniguchi no niega en el epílogo haberse inspirado abiertamente en películas ya clásicas sobre la forma de vida de los indios para construir las tramas sobre las que se sustentan los distintos capítulos. Así la influencia de películas como “Bailando con lobos”, “Un hombre llamado Caballo” , "El último mohicano" o “La leyenda de Jeremiah Johnson" o cómics europeos como Blueberry” o Comanche es más que palpable aunque quizás el germen oculto de la idea de Taniguchi sea, en mi opinión, la serie “Kung Fu”.

A pesar de lo manido de la historia y las situaciones que describe la obra, esta no deja de resultar entretenida gracias a la claridad expositiva de Taniguchi que en “Sky Hawk” vuelve a mostrar algunas de las constantes de su obra como el amor por la naturaleza, la vida al aire libre o el espiritualismo oriental a través de situaciones y escenas de gran belleza ampliando su registro al desarrollo de secuencias de acción perfectamente desarrolladas.

En definitiva, “Sky Hawk” es un manga entretenido y lleno de posibilidades que podría haberse convertido en un punto de inflexión en la obra de Taniguchi si el autor hubiera reforzado su característico tono introspectivo quedando reducido finalmente a una hermosa y correcta incursión en un género solo aparentemente alejado de su tradición.

Otras obras de Jiro Taniguchi en El lector impaciente:

-"El almanaque de mi padre"
-"Un zoo en invierno"
-"El gourmet solitario"

viernes, 24 de septiembre de 2010

“El gourmet solitario”, de Jiro Taniguchi y Masayuki Kusumi.

Escribir una opinión sobre “El gourmet solitario”, la última obra de Jiro Taniguchi junto a Masayuki Kusumi aparecida en España de mano de Astiberri, es complicado sin caer en la repetición de opiniones que acaban convirtiéndose en tópicos dado el nivel de coherencia de este autor maduro que no se preocupa demasiado por la innovación. Casi resulta más sencillo decir que si habéis leído previamente alguna de las obras del japonés y os ha gustado “El gourmet solitario” no decepcionará porque hasta cierto punto es “más de lo mismo” y por ese mismo motivo si no os ha gustado es poco probable que encontréis razones que os atraiga aunque quizás en esta obra sí se puedan encontrar algunos alicientes para darle una nueva oportunidad. Os cuento.

A lo largo de diecinueve capítulos, Taniguchi y Kusumi nos acercan a las andanzas cotidianas de un anodino comerciante japonés cuya actividad profesional le lleva a visitar distintas zonas de Tokyo y alrededores. Nuestro protagonista encuentra en los momentos de esparcimiento de la comida uno de los escasos momentos de tranquilidad de su estresante jornada convirtiendo cada comida y sus prolegómenos –elegir y combinar los platos, los restaurantes, el ambiente y la clientela…- en un placer cotidiano

Utilizando como hilo central de la historia la comida –que al parecer en el Japón da para todo un género dentro del manga-, Taniguchi va esbozando con minuciosidad exquisita el retrato de su solitario protagonista del que capítulo a capítulo irá proporcionando detalles de su vida y personalidad para acabar conformando un retrato con el que probablemente se identifican muchos japoneses medios contemporáneos. Frente a la alienante realidad presente de trabajo autónomo, Taniguchi propone como vías de escape la evocación nostálgica del pasado –una constante en toda su obra- y el gusto por la observación de las pequeñas anécdotas cotidianas a las que añade, en el caso de esta obra, el momento de la comida como un instrumento reafirmante de la identidad y que resume en una de las frases finales de la obra, “Comemos luego Existimos”.

Sin llegar al nivel evocativo de “El Caminante” con la que Taniguchi trasladaba a sus lectores toda la carga interpretativa de la obra, “El gourmet solitario” tiene otras cualidades más allá de los temas habituales en su obra que pueden atraer a un lector cansado de aquellas propuestas como una fuerte carga de costumbrismo en la descripción que realiza a partir de la riqueza gastronómica de Japón (existe una pormenorizada descripción de cada plato y su precio) del mosaico de ambientes y clases, localizando cada una de las obras en un barrio o localidad de Japón donde el protagonista vive una anécdota relacionada con la comida más o menos agradable con lo que la obra se convierte en una ventana abierta a la observación de la diversidad y contrastes del Japón contemporáneo de la que se sirven Taniguchi y Kusumi para enriquecer la obra más allá de su carácter introspectivo.

Por otro lado, quizás el gran defecto que se le pueda encontrar a “El gourmet solitario” es la repetición constante de una misma fórmula en la presentación y desarrollo de cada uno de los capítulos propia de su originaria publicación seriada en Japón y que hacen que la obra leída de corrido pueda resultarle plana y repetitiva a algunos. Sin embargo, a pesar de su sencillez formal, Taniguchi logra una vez más atraparnos en las vicisitudes de su protagonista descritas con su minucioso y pulcro estilo puesto al servicio de su agudo sentido de la observación convirtiendo “El gourmet solitario” en una lectura hipnótica y a su protagonista en un amigo en cuya compañía vamos de comida.

En definitiva, “El gourmet solitario” es una joyita más en la trayectoria de un autor consolidado que ha hecho de la crónica de lo ordinario y cotidiano el motor sobre el que construir su obra.

Otras obras de Jiro Taniguchi en El lector impaciente:

- "El almanaque de mi padre”.

- “Un zoo en invierno”.

miércoles, 27 de enero de 2010

“Un zoo en invierno” de Jiro Taniguchi.


Pocos autores hay en estos momentos en el cómic internacional que estén desarrollando una obra tan personal, coherente e interesante como la del japonés Jiro Taniguchi, quién, se ha convertido en una referencia ineludible para todos aquellos que les interese el manga más reflexivo e introspectivo. En su última obra, “Un zoo en invierno” recientemente publicado por Ponent Mon en una correcta edición, nos vuelve a embelesar con la aparente simplicidad formal con la que expresa y comunica el complejo mundo de los sentimientos y emociones. Les cuento.

En 1966, un frustrado Hamaguchi trabaja en una fábrica de textiles en Kyoto donde no le dejan dar rienda suelta a su pasión por el dibujo. A raíz de su complicidad involuntaria en la fuga del dueño de la fábrica, Hamaguchi abandona su trabajo y se traslada a Tokio donde de manera casi involuntaria entra a trabajar como aprendiz en el taller del maestro mangaka, Shiro Kondo. Ante Hamaguchi se abre una nueva vida completamente diferente a la que estaba acostumbrado en el ambiente bohemio y cosmopolita de un Tokio lleno de oportunidades en el que el joven Hamaguchi sueña en publicar algún día su primera obra. Para saber si lo consigue, tendrán que leerse el tebeo.

En un “Zoo en invierno”, Taniguchi, al hilo del relato autobiográfico de las anécdotas que le llevaron a convertirse en un autor de manga, desarrolla un elaborado estudio del paso de la adolescencia a la madurez y de cómo las decisiones que se toman van conformando nuestro destino en el que el descubrimiento se convierte en el motor central de la obra. Hamaguchi describe episodios y experiencias vitales ante los que es difícil no verse de un modo u otro reflejados (la asunción de las consecuencias de nuestras decisiones, el primer amor, el conflicto familiar...) que a través de la sabia narración de Taniguchi adquieren el carácter de confidencia intima en el marco de un diálogo fluido entre autor y lector. Taniguchi muestra el progresivo cambio de su “alter ego” Hamaguchi sin prisa dejando que poco a poco el trasfondo velado de la historia vaya calando en el lector a mediante la concatenación de los rutinarios episodios banales ordenados aparentemente cronológicamente, prescindiendo de diálogos y cuadros de textos superfluos hasta llegar el episodio final –el reencuentro entre Taniguchi y la hija del dueño de la fábrica de tejidos- que marca el punto de inflexión de los cambios que han ido conformando el carácter del protagonista y demuestra la sabiduría de un autor inteligente y sensible que no precisa apabullar al lector con su talento sino que se limita a sugerir lecciones de vida para aquellos que quieran pararse a meditar sobre ellas. Todo ello, además, estos hechos tienen lugar con el trasfondo de la floreciente industria del manga en el bullicioso Tokyo de finales de los sesenta y el barrio de Shinjuku que también aparece en las novelas de Murakami, autor coetáneo con el que Taniguchi me parece comparte una especial sensibilidad. Pero, sin embargo, a diferencia del pesimismo existencial que impregna la obra de Murakami, Taniguchi muestra un moderado optimismo y fe en la naturaleza humana que se refleja en el tratamiento bondadoso que da a sus personajes, evitando cualquier tipo de doblez.

En definitiva, “Un Zoo en invierno” es una magnífica lectura para comenzar el año y deja, como suele ser habitual, con ganas de más Taniguchi. Esperemos que Ponent Mon no nos haga esperar demasiado.

Otras obras de Jiro Taniguchi en El lector impaciente:

El almanaque de mi padre”.

Obras de Haruki Murakami en El lector impaciente:

Tokyo Blues”.

sábado, 15 de noviembre de 2008

“El almanaque de mi padre” de Jiro Taniguchi



Dentro del manga, y del cómic en general, hay multitud de corrientes y modas, autores clónicos de otros que practican un dibujo despersonalizado que ni cuenta ni transmite. Sin embargo, también hay autores que escapan de cualquier tipo de etiqueta para seguir su propio camino y demostrar las posibilidades –infinitas- del medio que han elegido para expresarse. Entre estos últimos, uno de los más interesantes es Jiro Taniguchi, un autor personal e inclasificable dispuesto a ofrecernos desde su particular mirada historias costumbristas, cercanas y cotidianas cargadas de sensibilidad y que se comunican con lo más hondo de cualquier lector más allá de su cultura y formación, con más grandeza quizás que aquellas que explotan una épica hueca. Todos esos elementos se unen en "El almanaque de mi padre".

En esta obra, Taniguchi nos cuenta la historia de cómo Youichi, un joven fotógrafo japonés debe trasladarse desde Tokyo a su pueblo natal para el entierro de su padre. En el tradicional velatorio japonés en el que los familiares y amigos del difunto celebran un banquete en su honor. Youichi irá descubriendo a través de los testimonios de los asistentes cómo su padre fue una persona muy diferente a la que él recordaba y, como su visión infantil, deformó la figura paterna achacándole la responsabilidad del divorcio de sus padres y el abandono del hogar de esta.

Taniguchi muestra una capacidad innata para mantener el ritmo y la atención del lector mediante una meticulosa planificación de la historia, dividiéndola en capítulos a través de los que describe de manera gradual el cambio de actitud del protagonista respecto a su padre difunto, alternando la narración entre el pasado y el presente con cuidados y largos flashbacks y fluidas transiciones. El estilo de Taniguchi resulta evocador y poético –proustiano, por momentos, sobre todo en la imagen del primer capítulo del niño rememorando su primer recuerdo junto a su padre- utilizando el cuadro de texto para acentuar la evocación introspectiva en primera persona del protagonista y complementar la narración gráfica sin solaparla. A nivel gráfico, Taniguchi se muestra como un dibujante realista de trazo fino y claro, con un excelente dominio de la figura humana sin descuidar ningún detalle en ningún momento logrando un cómic sobresaliente.

El almanaque de mi padre” es la obra más conocida y premiada de Jiro Taniguchi. En España ha contado con dos ediciones por parte de Planeta ninguna de las cuales se encuentra a la altura de las excelencias que esta obra merece. La primera de hace unos años fue en tres volúmenes de tapa blanda dentro de la Biblioteca Pachinco. La segunda, y más actual, a través de un tomo recopilatorio integral que reúne la obra completa en un formato de tapa dura tipo libro en el que sólo mejora la calidad del papel pero no así de la edición, apareciendo recargadas y emborronadas las primeras páginas con lo que se pierde parte del trazo del autor y prescindiendo de fotografías y un epílogo escrito por el propio Taniguchi que aparecían en la anterior edición y persistiendo en errores como la incorrecta traducción del título de la obra. Sin embargo, el fallo más grave es la duplicación de una de las páginas lo que ha motivado la retirada de la edición por parte de la editorial aunque quizás todavía puedan encontrarse ejemplares en venta. Esperemos que esta decisión motive a Planeta el replantearse el tratamiento que ha dado a esta obra y aproveche la retirada como una nueva oportunidad para ofrecer una edición digna de unos de los mejores cómics publicados en los últimos años.