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miércoles, 30 de abril de 2014

“Custer”, de Jordi Benet y Carlos Trillo.



A raíz de la entrada que dediqué a “Light & Bold” quedó pendiente dedicar una entrada a la otra gran obra que nos dejó el equipo creativo formado por el dibujante catalán Jordi Bernet y el guionista argentino Carlos Trillo, “Custer”, publicada inicialmente serializada en la revista “Zona 84 y posteriormente publicada en álbum por Toutáin y Glénat.

Custer es una sensual mujer protagonista de la serie televisiva del momento a la que las 24 horas del día persigue una cámara que graba toda vida para transmitirla semanalmente en horario de máxima audiencia a un público ávido de emociones. En una sociedad nihilista y deshumanizada en la que las autopistas se convierten en un medio de suicidio, los grupos punkis mutilan a sus musas en conciertos en directo y la policía busca publicitarse en los medios, la triste Custer deambula de un lado a otro presa de los caprichos a los que la somete  la cadena de televisión para mejorar la audiencia aferrada a una grabadora en la que escucha una y otra vez la voz de su antiguo amante.

Parece que fue ayer por su actualidad pero Carlos Trillo en apenas 72 páginas nos ofrece una historia amarga y ácida, no exenta de erotismo y humor, en la que denuncia los peligros de los reality extremos y las sociedades deshumanizadas. Trillo construye una trama magistral en su crudeza sobre la alienación humana en la que reinterpretando elementos de Ciencia Ficción propios de Balard y Orwell se adelantó en varias décadas a obras tan celebradas como ”Transmetropolitan” o “La vida de Truman” y demás invenciones anglosajonas que con menos gracia y crudeza retomaron tramas parecidas con máyor eco mediático. Trillo es mucho más autocontenido en sus notas irónicas y sarcásticas que en obras posteriores para incorporar en un inteligente ejercicio metalingüístico su propia voz de narrador a la historia en cartelas que imitan los apuntes cinematográficos del montaje de la  historia de Custer con lo que convierte a los lectores en espectadores cómplices del drama descrito y denuncia la manipulación de los medios mediante eficaces trucos de censura.

En el aspecto gráfico, Bernet realiza un trabajo estupendo para sacar todo el partido a su conocimiento de los clásicos del cómic negro norteamericano clásico para dar a la historia una ambientación  impresionista que se adapta magistralmente a las limitaciones del mundo gris y oscuro en el que transcurre la historia al tiempo que adapta su narración para adecuarla a los ritmos del lenguaje cinematográfico y visual adaptando las composiciones de las viñetas y los encuadres a las exigencias del guión establecido por Trillo.

"Custer" es un clásico moderno que le da sopa con ondas a muchas de las distopías que posteriormente han intentado con desigual fortuna indagar en su temática. Es una lástima que un cómic que encierra tanto talento no cuente con el reconocimiento que debería. Sirva esta entrada para su reivindicación.

jueves, 27 de marzo de 2014

“Light & Bold”, de Jordi Bernet y Carlos Trillo.



El otro día volví a releer “Light&Bold” una de esas joyitas ochentenas que nos proporcionó el dúo formado por el guionista Carlos Trillo y el dibujante Jordi Bernet que no solo ha resistido a la perfección el paso del tiempo, a pesar de ser una obra eminentemente enraizada en el contexto de su período de publicación pero que curiosamente gana enjundia y niveles con cada lectura escondiendo bajo el entretenimiento gamberro un sustrato más complejo y sutil.

Light es una despampanante hembra incapaz de sentir nada salvo cuando Bold un grotesco y enorme asesino a sueldo de buen corazón la toma. Light & Bold son dos agentes de una siniestra organización criminal que busca desbaratar una conferencia de paz en plena Guerra Fría para propiciar sus propios y oscuros intereses. Light & Bold son dos peones obedientes y sumisos pero cuando Bold descubre que en el plan los mandamases sacrificarán a su amor se enfrentará a sus amos con tal de salvar a su único amor.

Carlos Trillo y Jordi Bernet tras las buenas migas que hicieron tras “Custer” concibieron a mediados de los ochenta esta historia imposible que escapa a cualquier clasificación de género ya que tras la aparente ligereza de su desarrollo se esconde una obra rica en significados. Y es que más allá de partir de una trama clásica de género negro y espionaje, que Trillo reconoce en el prólogo que recicló de una novela que había escrito bajo seudónimo, o de entenderse como una posmoderna puesta al día del mito de  La Bella y la Bestia en el fondo Trillo está construyendo una trágica historia de amor protagonizada por dos inadaptados, antagónicos pero complementarios, prisioneros de las circunstancias frente a los oscuros intereses del resto de elenco de personajes secundarios que les rodean. Trillo aminora ese trasfondo dramático de la historia bajo la retranca y la amargura del narrador interpuesto que comenta los diversos sucesos e introduce los diversos actos del drama (no hay que olvidar que la historia se ideó para su publicación seriada en la revista “Zona 84”, aunque luego fuese reeditada en álbum por Toutain y Glénat.

En el aspecto grafico, Jordi Bernet realiza un trabajo primoroso a la altura que acostumbra mostrando su versatilidad para adaptar su trazo a la ligereza de sus voluptuosas y deseables hembras y la rotundidad de un personaje tan original como Bold, al que caracteriza magistralmente para bajo su fealdad y brutal aspecto dotarle de una gran expresividad, que luego sería tomado como modelo para personajes tan alejados como el Mr Fixit marvelita, el Marv de "Sin City" milleriano o el Lono de Risso en "100 Balas". Asimismo, Bernet le da a la historia ese aire noir tan característico de los clásicos norteamericanos  como Crane, Caniff o Eisner demostrando su completo dominio del claroscuro y la mancha y respondiendo a la perfección a las vueltas y revueltas del tragicómico guión ideado por un inspiradísimo Trillo.

Para mí, “Light & Bold” es la mejor obra que dio la corta pero intensa colaboración entre Trillo y Bernet y creo que el guionista, más allá del aparente maltrato al que somete a los personajes con sus sardónicos comentarios, les guardaba especial cariño dado su final.  Un brillante tebeo que, como los buenos vinos, mejora con el tiempo.

viernes, 21 de diciembre de 2012

“Basura” de Juan Giménez y Carlos Trillo.



En estos días en que medio mundo se ha distraido elucubrando sobre pueriles fantasías en torno al fin del mundo mientras el otro medio se preocupa únicamente de cómo cuadrar sus cuentas para poder sobrevivir al fin de año, no resulta de más volver la vista a los clásicos y releer cómics de enjundia como “Basura” de los  argentinos Carlos Trillo (guión) y Juan Giménez (dibujo), en el que serializado desde las páginas de la revista “Zona 84”, primero, y recopilado en álbum por Toutain después mostraron con cruda eficacia bajo la forma de distopía futurista las muchas miserias de la naturaleza humana.
 
En un futuro lejano –no sabemos cuanto- la mayor parte del mundo se ha convertido en un enorme vertedero en el que intentan sobrevivir los escasos supervivientes siendo su atmósfera casi irrespirable. Algunos grupos han caído en el supersticioso primitivismo animista sobreviviendo de la búsqueda diaria entre los restos que paulatinamente se vierten mientras otros algo más afortunados se hacinan en una fortaleza a la espera que se cumpla una antigua profecía mesiánica sobre la que han fundado sus esperanzas. Ignorados por ambas sociedades existe una oligarquía civilizada y tecnológica que vive aislada manteniendo el statu quo sobre las ruinas de la Tierra y generando nuevas cantidades de basura. Cuando uno de esos privilegiados es expulsado del paraíso se encadenan una serie de casualidades y mezquindades que llevarán a los desfavorecidos del mundo a intentar asaltar las puertas del cielo.

“Basura” es una obra maestra de la Ciencia Ficción en cómic que, si no ha obtenido mayor reconocimiento, ha sido consecuencia directa de su falta de reediciones desde su última publicación a finales de los noventa. En esta obra ese guionista todoterreno, efectivo y humanista, como fue el añorado Carlos Trillo firmó uno de sus más redondos y certeros guiones con una historia que, a diferencia de otras más libres y personales aportaciones al género como es el caso de “El Peregrino de lasEstrellas”,  se ciñe perfectamente a las convenciones de la Ciencia Ficción distópica y catastrofista inspirada libremente en obras maestras del género como “¡Hagan sitio! ¡Hagan sitio!”, “Blade Runner” o “Mad Max” y coqueteando con la, por aquella época, ya boyante corriente Cyberpunk.

En apenas cincuenta memorables páginas, Trillo construye una exquisita fabulación en que refleja con precisión las miserias de la naturaleza humana fácilmente manipulable a los mesianismos y las crisis totalitarias bajo la siempre efectiva envoltura de género. Trillo describe con precisión las peculiaridades y complejidades de los distintos grupos que malviven en el vertedero en el que el planeta se ha convertido estableciendo minuciosamente todos los elementos para que la historia alcance su clímax final y que la revolución de los desfavorecidos finalmente acabe triunfando y mostrando la sutileza de su denuncia en un final abierto tan efectivo como canto al sol a la esperanza o como descarnada sentencia fatalista en clave spengleriana.

Si el guión de por sí es redondo se retroalimenta y refuerza magníficamente por el espectacular trabajo que un motivado Juan Giménez realizó reflejando primorosamente la decadencia del mundo moribundo en el que se desarrolla la historia. Giménez es un especialista en el género de la Ciencia Ficción y en esta obra demostró su madurez asumiendo y cumpliendo con el reto planteado por Trillo para insuflar credibilidad a la historia, ciñéndose en las pocas páginas de las que dispone para recrear con originalidad, precisión y detalle toda la aplastante riqueza de las sociedades descritas (inspirado en parte en los trabajos de los grandes de "Metal Hurlant" - los Moebius, Caza, Bilal, Druillet...- y, por extensión, la imaginería de las peículas de CFde Ridley Scott, todo hay que decirlo) y de la ambientación del mundo apocalíptico planteado –del que los creativos de “Wall-E” sin duda tomaron buena nota-  sentando unas bases para dejar luego a la imaginación de cada lector la continuación de las muchas historias que su rica visión sugiere. “Basura” es el germen de buena parte de su reconocida obra posterior incluida la tan aclamada “La Casta de los Metabarones” y es una pena que no sea más (re)conocida.

Precisamente,  se ha achacado como defecto a “Basura” que su inicial serialización y reducida extensión conlleva la deficiente caracterización de los personajes protagonistas y el escaso desarrollo de los variados y ricos elementos presentados por Trillo. No estoy para nada de acuerdo. Seguro que los elementos planteados habrían dado para una serie de álbumes pero el equipo formado por Trillo y Giménez  saca todo el partido de los medios que disponen para construir una historia ambiciosa y completa que invita a la reflexión del lector explotando el carácter arquetípico de sus protagonistas y su naturaleza de obra de género para enriquecer sus interpretaciones probablemente mucho más allá incluso que la propia intención de sus autores y que, con una mayor extensión, se desvirtuaría.

Si el mundo no se ha acabado mañana y estáis leyendo esto, buscad este tebeo y dadle una oportunidad a una obra que mereciendo una exquisita adaptación cinematográfica no dispone ni siquiera de una reedición digna a estas alturas de la fiesta. Y es que quizás sí que el mundo debería acabarse si seguimos dejando que obras como esta acaben en el olvido de la basura.  

jueves, 19 de abril de 2012

“Fulú”, de Carlos Trillo y Eduardo Risso.

Lo cierto es que hay cosas inexplicables en esto del mundo del cómic patrio. Una de ellas, por ejemplo, es que siendo el guionista Carlos Trillo y el dibujante Eduardo Risso autores tan afamados en nuestro país, la única edición que conozcamos de una de sus obras más reconocidas y prestigiosas tanto en Argentina como en Francia, “Fulú”, nos haya llegado a partir de la limitada distribución de la edición que la argentina Doedytores realizara hace ya unos cuantos años de los cinco álbumes que componen la serie.

Ambientada en el siglo XVII, “Fulú” es la historia de la joven y hermosa africana que da título a la serie  vendida en Brasil. La joven Fulú en su nuevo país vivirá todo tipo de penalidades y privaciones con distintos amos hasta que logra fugarse y volver a su África natal.
Salpicada de realismo mágico y aventura, Trillo construye un cómic hermoso mostrando un nuevo aspecto de la historia sudamericana, la esclavitud, a través de las desventuras de la hermosa protagonista enfrentada en un mundo que le es ajeno a todo tipo de desalmados y poderosos. Uno de los mayores alicientes de la serie es disfrutar del magnífico trabajo de un Eduardo Risso que da lo mejor de sí y demuestra su virtuosismo gráfico tanto en el tratamiento de la mancha y el claroscuro en la edición en blanco y negro de Doedytores como en la posterior edición coloreada francesa.
En definitiva, “Fulú” es un tebeo que debería haber corrido mejor suerte en su aventura española. Ojalá alguna editorial patria se atreva a reeditarlo en condiciones.

viernes, 14 de octubre de 2011

“La Leyenda de las Cuatro Sombras”, de Fernando Fernández y Carlos Trillo.

Imposible no leer de nuevo con un punto melancólico el álbum en que Glénat recuperaba con acierto y esmero hace pocos años esta obra aparecida seriada en los primeros números de “Zona 84”. Y es que todavía está reciente el recuerdo de la desaparición de sus autores –primero, Fernández, y poco después, Trillo- con lo que comprobando de nuevo su enorme talento a través de este trabajo la ausencia se hace más patente.

La Leyenda de las Cuatro Sombras” cuenta la búsqueda de El que Corroe, un embozado ángel caído que ha de hacerse con distintos objetos para recuperar su antiguo poder. Interrumpiendo el aquelarre de unas siniestras brujas para hallar a los que han de acompañarle en su búsqueda: un rey que perdió su reino, un poeta que perdió la inspiración y un sacerdote que perdió la fe en su Dios. Tras reunir a las sombras de los que fueron, El que Corroe y sus compañeros se embarcarán en una búsqueda no exenta de peligros para volver a ser los que una vez fueron.

Más allá de la simpleza del argumento del que parte, la búsqueda por una compañía de distintos objetos, recurrente ad infinitum dentro del género fantástico, “La Leyenda de las Cuatro Sombras” se lee hoy en día con interés gracias al talento de Trillo para construir personajes familiares al lector y al mismo tiempo únicos, fácilmente asociables a las características propias del folklore popular que derivó en los cuentos infantiles pero atractivos para el lector “adulto” al que estaba destinada una publicación como “Zona 84” que recogía historias de Cienia Ficción, Terror o Fantasía, y en las que cada episodio de corta extensión tenía un sentido propio y se aglutinaba en el marco de la narración general. Trillo, como buen profesional que fue, demuestra oficio incluso para concluir la obra, dotándola de un final abrupto y sencillo y, a pesar de ello, con sentido aunque sea fácil suponer que hubiera sido bastanted diferente si hubiera contado con espacio y tiempo para desarrollar más los personajes –y acabar la historia de otro modo.
El gran mérito de Trillo, como en tantas otras ocasiones a lo largo de su trayectoría, se encuentra en asociarse con un enorme dibujante que en esta obra en concreto realizó quizás su mejor trabajo antes de abandonar el cómic para desarrollar su carrera como pintor. Y es que, a diferencia de sus otras obras de larga extensión, “Zora y los Hibernautas” y “Drácula”, al contar con un guionista de la talla de Trillo a su lado, el dibujo preciosista y pictórico de Fernando Fernández se pone al servicio de la historia como nunca logrando en esta obra su trabajo narrativamente más logrado.

Fernando Fernández desarrolla toda la imaginería ideada por Trillo y la convierte en un auténtico espectáculo visual en el que demorarse, potenciada por una composición de página elegante y narrativamente eficaz, especialmente en la primera parte de la obra. Sus doncellas son preciosas y mezclan inocencia con picardía evitando que sus excesos eróticos resulten zafios, sus feas brujas macbethianas pero con un punto ternurista bajo su fealdad emparentan a personajes como el tío Creepy o la vieja bruja de “La Guarida del Miedo” de E.C. (aunque estas tengan un papel mayor que el de ser meras prologuistas de la historia) mientras que los personajes principales están soberbiamente caracterizados para resultar creíbles en el marco de la historia. Fernández compone en esta obra unas páginas excelentes en las que la narrativa está especialmente cuidada para mantener la atención del espectador al tiempo que hace más atractiva una historia que en manos de un dibujante menos dotado quedaría reducida a una mera anécdota.

Quizás la nostalgia que me ha producido leer esta obra no sea tanto por el fallecimiento de sus autores –que también- sino por la sensación de oportunidad perdida que la impregna. Se nota que es un trabajo iniciado con muchas motivación por sus autores que, poco a poco, va perdiéndose conforme –imagino- las ventas no acompañaban. La pena se acreciente porque poco después de la cancelación de la serie, Fernández, que seguramente se encontraba en su mejor momento, dejó de dibujar cómics para dedicarse a otros menesteres debido a la crisis del cómic español en los ochenta dejando en el tintero las que quizás habrían sido sus mejores trabajos. Y es que, parafraseando a Serrat, no hay peor nostalgía que añorar lo que nunca fue y pudo haber sido.

miércoles, 27 de julio de 2011

“El Peregrino de las Estrellas”, de Enrique Breccia y Carlos Trillo.


Hay ocasiones que la genialidad de una obra y un equipo creativo eclipsa el resto de su producción que queda relegada a la espera que en algún momento sea reivindicada por generaciones posteriores. Eso es lo que le ha ocurrido a este “El Peregrino de las Estrellas”, de Enrique Breccia y Carlos Trillo publicada serializada a finales de los setenta en la mítica revista argentina "Skorpio" que vio como quedaba olvidado ante la otra gran obra fruto de la colaboración de Breccia hijo y Trillo, la recomendabilísima “Alvar Mayor”. Nada tiene que envidiar una a la otra e incluso las tramas de una y otra podrían ser intercambiables, sin embargo, mientras “Alvar Mayor” es un título de referencia del cómic argentino El Peregrino de las Estrellas” pasó a dormir el sueño de los justos hasta que la editorial argentina Doedytores lo recuperara hace algunos años en una mejorable edición de la que por fortuna se distribuyeron algunos ejemplares de la obra en España (y aun así pasó bastante desapercibida).
En pleno siglo XVIII, el capitán Conrad y su levantisca tripulación transportan en su navío, El Peregrino, un cargamento de oro cuando se ven irremediablemente atraídos hacia un extraño agujero que ha aparecido en medio del océano. La tripulación escapa con el oro abandonando al capitán junto a un viejo marinero y un joven grumete a una muerte segura que, sin embargo, no se produce ya que el agujero era un portal dimensional que envía barco y marinos al espacio desconocido por el que navegarán viviendo diversas aventuras para intentar volver al tiempo y lugar del que fueron arrancados.
Bajo esta premisa inicial que pronto quedará en segundo plano, Enrique Breccia y Carlos Trillo desarrollan una obra que escapa a toda clasificación de género más allá de acabar convertida en un alegato apologético de la aventura por la aventura encontrando en “La Odisea” de Homero y “Los Viajes de Gulliver”, de Swift, sus principales referentes, aun cuando quizás Trillo no pudo dejar de realizar continuos guiños a clásicos de las aventuras marítimas como Conrad, Stevenson o Melvillle transponiendo el mar que en otros tiempos era la frontera de lo desconocido a un espacio de fantasía en el que sin más límites que la imaginación de sus autores todo es posible.
Un inspirado Carlos Trillo escribe ingeniosos guiones totales en los que no solo hay hueco para la aventura sino también para el humor, la poesía y la magia, mientras que Enrique Breccia es capaz de hacer creíble lo que en buena lógica resultaría hasta absurdo para el lector merced gracias a su maestría en el dibujo que logra con naturalidad en las mismas viñetas convivan los personajes más salvajemente caricaturizados con otros de corte más realista.
El Peregrino de las Estrellas” es un tebeo excesivo que requiere de la complicidad de un lector entregado que asuma su ausencia de lógica más allá sustentado exclusivamente en el inmenso talento de sus creadores quienes se pasaron las mediocres reglas y convenciones de género por donde se imagináis, en un constante salto mortal sin red que acabó siendo probablemente el motivo de la cancelación de la serie, prefiriendo los lectores de la época las más asumibles y cercanas aventuras de “Alvar Mayor”, no antes, sin embargo, que Trillo y Enrique Breccia nos dejasen un puñado de hermosas historias que hoy me apetecía recordar mientras la tripulación de El Peregrino sigue su viaje sin fin por las estrellas.

viernes, 10 de junio de 2011

Carlos Trillo en “El Grafonauta”.

Trasteando he descubierto esta graciosa entrevista al recientemente desaparecido Carlos Trillo para el programa argentino “El Grafonauta” realizada hace unos años.

La verdad es que se hace muy raro verle tan vital…

In memoriam…

lunes, 9 de mayo de 2011

Carlos Trillo (1943-2011)

Inesperada noticia la del fallecimiento de Carlos Trillo, uno de los mejores guionistas del cómic en castellano a este y aquél lado del Atlántico. Todo un clásico vivo que en la década de los ochenta concentró lo mejor de su obra, con maravillas como “Alvar Mayor” –uno de mis tebeos preferidos- junto a Enrique Breccia, sus imprescindibles obras con Horacio Altuna (¿qué ha pasado con la colección de Planeta que recuperaba estas obras?) como “El loco Chavez”,o Jordi Bérnet con “Clara de Noche”, ya en la década de los noventa.

Trillo tocó prácticamente todos los géneros y recibió los más prestigiosos premios del mundo del Cómic a nivel nacional e internacional.

Si por algo destacaba era por su prolijidad que le llevó a reunir una extensa obra, con fructíferas y largas colaboraciones con estupendos dibujantes (aparte de los ya mencionados, no hay que olvidar sus trabajos con Madrafina, Risso, Alberto Breccia, Carlos Meglia o Lucas Varela).

D.E.P.

viernes, 8 de enero de 2010

“Charlie Moon”, de Horacio Altuna y Carlos Trillo.

En la nueva colección en la que Planeta está recuperando la obra del autor hispanoargentino Horacio Altuna toca el turno a “Charlie Moon”, una de mis obras preferidas de este autor de las que realizara junto al todoterreno Carlos Trillo y en las que deja patente su enorme talento para la narración gráfica.

A lo largo de las cinco historias recogidas en el álbum y publicadas originalmente seriadas en 1979, Altuna y Trillo retratan con exquisita sensibilidad la realidad norteamericana posterior al crack del 29 en la dura década de los treinta, a través de los ojos del protagonista, Charlie Moon, un niño de pasado y futuro indeterminado que se gana la vida dónde y cómo puede, al tiempo que va perdiendo la inocencia infantil y se incorpora al mundo adulto.

Charlie Moon” es un buen ejemplo de cómo el cómic puede ser un perfecto medio de expresión para transmitir sentimientos y emociones reveladores en la línea del haiku japonés entroncado en un discurso narrativo tradicional que permite a los autores establecer un estupendo retrato de época. De este modo, en todas las historias se logra un perfecto equilibrio en el que se contrapone la inocencia infantil del protagonista frente a la sordidez de la sociedad que le rodea en una estudiada dosificación de la historia que huye de los cuadros de texto y minimiza los bocadillo de diálogo dejando que el peso de la historia recaiga en el elaborado dibujo de un Altuna inspirado en los grandes fotógrafos norteamericanos en una búsqueda obsesiva de realismo quien aprovecha la profundidad que el dibujante logra proyectar en las miradas y el peso dramático de los silencios de los personajes que pueblan las páginas. Más allá de la presencia omnipresente de Altuna en esta obra no se puede desligar de la más sutil labor del guionista, un Carlos Trillo, que es uno de los mejores guionistas de cómics que ha dado Argentina, quien ayuda a dar el tono adecuado a unas historias de descubrimiento adolescente en la mejor tradición de la literatura norteamericana desde Twain hasta Faulkner, a pesar que la idea de los autores en un principio fuera que el cómic estuviera ambientado en Argentina y el protagonista se llamara Carlos Luna.

En cuanto a la edición de Planeta, a mí me ha parecido más que correcta con un excelente papel y una introducción y una entrevista en las que Altuna explica distintas claves de la obra, siendo quizás el único pero los giros argentinos que pueblan la obra y chocan un poco aunque resulten respetuosos con la edición original. En definitiva, “Charlie Moon” es un clásico atemporal, un cómic que a pesar de sus más de treinta años, ha envejecido estupendamente y admite más de una relectura. Yo no lo dejaría pasar.

martes, 25 de septiembre de 2007

“Alvar Mayor” de Enrique Breccia y Carlos Trillo.




Hoy toca hablar de uno de las grandes obras maestras del cómic de aventuras dentro de la prolífica y excelente escuela argentina y una debilidad personal del que suscribe, un cómic que debido a la dispersa distribución que ha tenido en España y las lamentables ediciones a que ha sido sometido quizás no ha tenido el reconocimiento que merece. Se trata de “Alvar Mayor”, de Carlos Trillo (“El loco Chavez”) y Enrique Breccia (“Lovecraft”), una serie en la que se nos narran las aventuras de Alvar, uno de los primeros blancos nacidos en la América de los conquistadores que como caballero errante vagabundea entre la ficción y la realidad. A través de historias serializadas de unas díez páginas pensadas para su edición en revistas, Trillo y Breccia nos dejaron una visión de la América conquistada en la que convivían la ambición y crueldad de los conquistadores frente a la existencia entre la leyenda y la magia de las poblaciones indígenas. Alvar Mayor se erige en una especie de Ulises suramericano en la que como en La Odisea asiste a las locuras de los hombres entre el escepticismo y el asco en una búsqueda personal sin un objetivo concreto más allá que la huida de sus propios fantasmas interiores. En este recorrido aventurero, Alvar contará con diversos compañeros de correrías desde el noble indio Tihzio de sus primeras aventuras hasta el Cuervo y el vengativo Niño, compañeros que aparecen y desaparecen junto a bellas mujeres como Lucia o su amor de juventud, Juana. Alvar como buen caballero andante siempre se pondrá del lado del débil frente al poderoso en aventuras que le llevarán a descubrir antiguas ciudadelas de oro y fuentes de la eterna juventud, bienes materiales que el lacónico y duro Alvar desprecia frente al amor, los recuerdos y la amistad.
En “Alvar Mayor” Carlos Trillo escribió algunas de las mejores historias que han surgido de su portentosa pluma dando una visión de la América de los conquistadores entre la leyenda y la realidad en un tiempo en que el mito muchas veces tenía mayor verosimilitud que los hechos ciertos. Lejos de dejarse influenciar por la leyenda negra tan en boga en los años setenta en los que nació la serie, Trillo hace hincapié en los vicios de los hombres como fuente de sus males, sobre todo la ambición ciega y la envidia, utilizando al protagonista Alvar Mayor, inspirado en la figura del explorador y conquistador Alvar Núñez Cabeza de Vaca, en muchas ocasiones, como mero testigo de sus desatinos. Bebiendo asimismo de la literatura indigenista y del realismo mágico, Trillo da una visión onírica de las selvas vírgenes en las que la naturaleza se convierte en un elemento más de la narración. Gracias a esta edición antológica podemos apreciar la enorme coherencia de las historias ideadas por Trillo que, pensadas en un primer momento, para su publicación en revistas cuentan con la suficiente coherencia para hacer de las peripecias de Alvar un relato único sin contradicciones. Por otro lado, la excelencia de la obra no sería tal sin la contribución espectacular de un Enrique Breccia que haciendo gala de una maestría que muy pocos poseen supo transmitirle a las historias de Alvar ese componente onírico y misterioso que Trillo buscaba, consiguiendo con unos pocos trazos y manchas de tinta caracterizar y dotar de una expresividad sin parangón a sus personajes.
Respecto a la edición unos apuntes, por un lado felicitar a Norma Editorial por decidirse a recuperar esta joya del cómic argentino, que no europeo como señala en la colección en la que aparece englobada, en una cuidada antología que, esperemos, nos permita disfrutar del conjunto de la obra; pero, por otro, no puedo dejar de denunciar lo poco afortunado del formato elegido, un formato reducido en el que no se puede apreciar con todo detalle los magníficos dibujos de Breccia hijo con lo que se pierde parte de la esencia de la obra y una excelente oportunidad por parte de Norma de haber realizado una edición definitiva en condiciones. Tampoco parece de recibo la diferenta de páginas y de precio (el primer tomo tiene 222 páginas, el segundo 158 y la diferencia de precio es sólo de un euro entre uno y otro) entre los dos tomos editados hasta el momento.
Esperemos que para próximas ediciones se subsanen todos estos problemas (estoy pensando sobre todo en la de “El Eternauta” que han anunciado para este mes). De todos modos, y a pesar de los pesares, no dejen de disfrutar de uno de los tebeos del año.