Jason Aaron es un narrador mayúsculo. Un tipo que demuestra un insultante talento a la hora de construir historias con habilidad y sabiduría a pesar de su juventud sabiendo qué tecla tocar en cada momento para mantener el interés desde la primera a la última del tebeo siendo –en mi opinión- junto a Brubaker el guionista que mejor escribe y maneja los cuadros de texto en el cómic norteamericano contemporáneo. En esta miniserie de cinco números que le dio a conocer, realiza uno de los mejores trabajos de su todavía corta carrera en un proyecto personal en el que se nota pone toda la carne en el asador. No en vano, Aaron es primo de Gus Hastfod, veterano de Vietnam y escritor de la novela –y parte del guión- en que se basó Stanley Kubrick para la magnífica “La chaqueta metálica”. El guionista toma muchos de los episodios de la película y de la novela, con el riesgo que ello acarrea y los hace propios con la pasmosa naturalidad del que los conoce de primera mano, para construir la historia de los dos protagonistas de la historia. Dos reclutas soberbiamente contrapuestos en sus motivaciones y personalidades que permiten atisbar las causas que llevaron a unos y a otros a ganar y perder la guerra pero que comparten un mismo trasfondo humano que los acerca al lector. Aaron cuida especialmente el elemento introspectivo y psicológico de la historia para enriquecer la personalidad de los protagonistas siguiendo una constante de la buena literatura bélica norteamericana desde “La roja insignia del valor”, pasando por “Los desnudos y los muertos” o la obra de James Jones (“De aquí a la eternidad”, “La delgada línea roja”), género del que se nota está bien empapado pero, además, sabe incorporar ese elemento psicológico a los elementos reales que ambientan y dan credibilidad a la obra. De este modo, la historia ideada por Aaron va creciendo página a página al tiempo que los protagonistas viven su particular descenso a los infiernos, en un viaje en el que Aaron no desdeña la referencia dantesca vía Coppola (“Appocalypse Now”) hasta alcanzar el clímax final en el magnífico último número. A pesar de ser una obra tan rica en referencias (les invito a buscar más de las comentadas que les aseguro encontrarán), “El otro bando” es una obra original y fresca valida por sí misma en la que el autor deja constancia del horror de la guerra y las terribles consecuencias para los contendientes, independientemente del bando en que hayan luchado.
Si destacable es la labor del guionista no menos remarcable es el aspecto gráfico, desarrollado por Cameron Stewart, un dibujante que bucea en los cómics de guerra de E.C. o el de “The Nam” de Michael Golden para construir su personal revisión de la guerra de Vietnam. Stewart realiza probablemente el mejor trabajo de su carrera a la hora de cargar con el peso del desarrollo de una historia compleja y difícil, en la que las historias paralelas de los personajes se yuxtaponen de manera fluida en un único hilo narrativo. El dibujante capta perfectamente la atmósfera opresiva y fantasmal en la que viven los personajes, comunicando sus miedos al lector y utilizando su versátil estilo para dar un tono más realista u onírico en función de las necesidades de la historia.
La edición de Planeta bastante correcta, con amplios artículos de los autores y veteranos del conflicto, reproduce las portadas y está bastante ajustada en cuanto al precio.
En mi opinión, “El otro bando” es uno de los mejores tebeos de lo que llevamos de año y no debería dejarlo pasar ningún aficionado al buen cómic. Un cómic que debería ser de lectura obligatoria en todos los colegios y que muestra las enormes potencialidades del medio. No exagero.
(Pueden descansar).
Otras obras de Jason Aaron en El lector impaciente:
“Scalped: Nación India”.
“Scalped: Casino Boggie”
“Scalped: Madres Muertas”
ACTUALIZACIÓN: Reproduzco a continuación una serie de fotos que he encontrado por los Internetes de Gus Hastfod durante su estancia en Vietnam y el estudio realizado por Cameron Stewart del protagonista de "El otro bando", el soldado Everette. Quizás sea cosa mía pero creo que hay un gran parecido.