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martes, 15 de abril de 2014

“Batman, El Caballero Oscuro / Lobo: Mortalmente Serio”, de Sam Kieth.




Se podría decir que esto de los team ups crea extraños compañeros de cama y los más raros que se han parido en DC son sin duda aquellos que han unido el destino de Lobo, el asesino definitivo - creado por Giffen y que hicieran grande en los noventa autores como Grant o Bisley en historias salvajes, cómicas y brutales-  con cualquiera de las más ortódoxas y conservadoras figuras del panteón DC. La penúltima de estas historias nos la presenta ECC Ediciones bajo el título de “Batman, El Caballero Oscuro / Lobo: Mortalmente Serio” ,publicada originalmente en 2007 como miniserie de dos números que tiene como gran aliciente contar con el talento único de Sam Kieth.

Batman es atraído a una base espacial desconocida en la que un virús que afecta solo al sexo femenino convierte a las portadoras en poderosas asesinas despiadadas. Batman se encontrará por accidente con el último Czardiano en la nave y tras un primer encuentro desafortunado unirá fuerzas para intentar evitar que se desate la epidemia en la Tierra.

En esta sencilla historia, se pone de manifiesto que Kieth es ante todo dibujante y aunque la trama planteada podría haber dado para más, Kieth se limita a establecer una sencilla estructura que exclusivamente le permita lucir su explosivo acabado gráfico. Y es sin duda en este punto donde este cómic resulta más interesante ya que nos permite disfrutar del excesivo y caricaturesco estilo característico de Kieth en todo su esplendor.

En fin, “Batman, El Caballero Oscuro / Lobo: Mortalmente Serio”, atraerá básicamente a los admiradores de este personalísimo artista que es Sam Kieth pero a los que no guste su peculiar estilo no encontrarán suficiente aliciente en la apresurada historia planteada como para justificar la lectura de la obra y es que esta historia aparecida en 2007 se explica solo como un buen banco de pruebas para los posteriores proyectos del autor con estos personajes por separado.

jueves, 13 de septiembre de 2012

“Batman El Caballero Oscuro: A través del espejo”, de Bruce Jones y Sam Kieth.




ECC ha hecho los deberes y se ha dado prisa en publicar esta inclasificable aventura de Batman recientemente aparecida en Estados Unidos que entrea por los ojos al venir firmada por un equipo de relumbrón. Nada menos que el guionista Bruce Jones, archiconocido por sus soberbios cómics de terror en los setenta o su etapa en “Hulk”, y el talentoso e inimitable Sam Kieth, coautor de obras de culto como “Epicurus, El Sabio” o “The Maxx”.

Tras participar en una fiesta junto a un grupo de concejales del Ayuntamiento en casa de la juez Hart, Bruce Wayne empieza a aparecérsele conejos blancos que llegan tarde  y a Celia, una antigua amiga de su niñez a la que creía muerta.  Guiado por Celia/Alciia, un confundido Batman se verá arrastrado a un peculiar y alucinado País de las Maravillas  por el que deambulará intentando descubrir quién está asesinando a los concejales que acudieron a la fiesta mientras Robin y Alfred intentan rescatarle. Sin embargo, todo se complica aun más cuando el Sombrerero Loco y una de sus “protegidas”  se entrecruzan en la historia.

Los nombres de Bruce Jones y Sam Kieth son sinónimo de calidad y en "A través del espejo" no decepcionan con una delirante historia de enajenación y locura que seguramente hará a Tim Burton replantearse retomar al personaje cinematográficamente. Jones crea una trama efectiva para el lucimiento de Kieth y el genial artista la lleva a su máxima expresión dejando constancia de que, a pesar que sus excesos gráficos  en ocasiones provoquen algún que otro patinazo narrativo, la variedad y ductilidad de sus registros  lo convierten en uno de los dibujantes más personales, originales y arriesgados que siguen trabajando para la industria superheroica y convierte  tebeos en principio convecionales como este en todo un soplo de libertad creativa.

El estilo caricaturesco de Kieth se ajusta como anillo al dedo a esta historia alucinógena en la que Batman percibe la realidad alterada durante su mayor parte y aunque en ocasiones se eche a faltar algo de pausa para poder aclarar ciertos puntos de la trama al final el viaje es lo que  hace que valga la pena gracias a las constantes sorpresas visuales a las que Kieth nos tiene bien acostumbrados. Y es que al fin y al cabo lo que cuenta es el viaje, amiguitos.

martes, 1 de marzo de 2011

“Asilo Arkham: Locura”, de Sam Kieth.

Me embargan sensaciones contradictorias tras leerme la última obra de Sam Kieth publicada por Planeta, “Asilo Arkham: Locura”. Por un lado, el hartazgo hacia las fórmulas de marketing rijoso y facilón que buscan en el aficionado el guiño a la referencia inexistente con obras precedentes que parece por desgracia consolidada como fórmula exclusiva entre las mentes pensantes del medio para vender tebeos antes que publicitar la calidad de la obra y que coloca en ocasiones, como en este caso, a tebeos correctos a los pies de los leones en la inevitable comparativa con la ya clásica obra de Grant Morrison y Dave McKean. Por otro lado, la satisfacción ante la honradez de un autor como Sam Kieth que abre en el artículo final del tomo una ventana desde la que hace participe al lector a las dudas, problemáticas y obsesiones que ha ido resolviendo en la creación de la obra, logrando quizás sin pretenderlo atenuar el efecto anterior a nuestro análisis y humanizar de algún modo una obra que aun siendo superior a lo que viene ofreciendo el género en los últimos tiempos transita por lugares comunes y situaciones que no cuentan nada novedoso.

En “Asilo Arkham: Locura”, Kieth nos describe 24 horas de estancia en Arkham -el manicomio donde acaban los más locos y mortíferos enemigos de Batman- a través de las vivencias de una de las enfermeras que trabajan en el centro quién aparte de sobrevivir a la convivencia diaria con gente tan poco recomendable como Killer Croc, Dos Caras, Harley Quinn, El Espantapájaros o El Joker, tiene que bregar con las experiencias comunes a cualquier centro de trabajo (turnos dobles, líos con los compañeros, etc…). Un ambiente opresivo en el que la jornada laboral se vuelve interminable al compás de un viejo reloj atrasado del que de repente empieza a gotear sangre.

“Asilo Arkham: Locura” es un cómic descompensado que fluctúa entre el enorme talento de Sam Kieth para el dibujo y la narración gráfica que en esta obra vuelve a quedar de manifiesto experimentando con habilidad con distintas técnicas (manipulaciones sobre collage, ordenador y fotografía sobre arte pintado a mano) y estilos en un despliegue de talento que no está al alcance de cualquiera con páginas y retratos de personajes –la inevitable galería de los villanos tarados de Batman- en las que merece la pena demorarse y la endeblez de una historia que a pesar de contar con un punto de partida interesante –prescindir del superhéroe para contraponer a la locura inhumana de los villanos como tentáculos de la misma locura corporeizada en el propio carácter opresivo y maldito de Arkham con la cordura ordinaria de los encargados de vigilarlos- resulta tan predecible como deslavazada en su desarrollo dando lugar a algunas conclusiones absurdas cuya ausencia de lógica solo se justifica en la locura del título.
Kieth probablemente en parte como consecuencia de su constante experimentación en cuanto al estilo y en parte a estar más dotado para la comicidad que para el drama no incorpora a la obra la carga de tensión imprescindible en un tebeo que se supone ha de sobrecogernos al menos tanto como al personal cuerdo que trabaja en Arkham y con el que tampoco resulta fácil identificarse haciendo que el resultado final resulte poco creíble.

“Asilo Arkham: Locura” es un tebeo correcto que, sin embargo, no llega a estar a las alturas de las expectativas auspiciadas en el título, destacando sobre todo el excelente desarrollo gráfico y la voluntad de Kieth de intentar contar una historia diferente aun cuando termine contándonos lo de siempre con más pena que gloría bajo su hermoso envolotorio.

jueves, 19 de agosto de 2010

“Epicuro, El Sabio”, de Sam Kieth y William Messner-Loebs.

He disfrutado como un enano reencontrándome durante el veraneo con las aventuras de “Epicuro, el Sabio” que en su momento publicara de modo incompleto Zinco y que con buen ojo ha sabido recuperar Norma Editorial en un cuidado volumen. Quizás este “Epicuro”- junto a “Gregory” de Mark Hempell o “Yo odio Saturno”, de Kyle Baker- sean las obras más representativas de aquel experimento editorial que a finales de los ochenta intentó DC de acercarse a un público adulto y alternativo llamado Pirannha Press y que con el tiempo acabaría cuajando en el sello Vertigo, mucho más comercial y mucho menos arriesgado.

“Epicuro, El Sabio” está basado libremente en la figura del filósofo griego del s. IV A.C Epicuro de Samos, el padre de la Escuela Hedonista. Sin embargo, lejos de acercarse al mero tratamiento árido y academicista de las enseñanzas del filósofo, Messner-Loebs lo convierte en el presentador con el que mostrarnos los entresijos de la cultura clásica griega acercándonos a una Atenas imaginada en la que conviven dioses y hombres así como filósofos de distintas escuelas no necesariamente coetáneas en el tiempo ni el lugar.
Messner-Loebs pergeña historias humorísticas pero no exentas de conocimiento ni documentación sobre mitología o filosofía en las que Epicuro acompañado de sus inseparable amigo Platón (sí, el filósofo) y el púpilo de este, un niño indómito llamado Alex que con el tiempo se convertirá en Alejandro Magno, resuelve todo tipo de entuertos generalmente provocados por los dioses y en el que tienen especial peso específico los personajes femeninos. De este modo, asistiremos a particulares versiones satíricas y originales pero, por otro lado, fieles y respetuosas, del mito del rapto de Perséfone, los distintos devaneos amorosos de Zeus o la crónica de la Guerra de Troya.

Es evidente que los acertados guiones de Messner-Loebs no destacarían como lo hacen sin la brillantísima labor de Sam Kieth, un dibujante con unas dotes para el dibujo caricaturesco y la narración gráfica extraordinarias. Kieth recrea perfectamente esa Atenas imaginada caracterizando de un modo sorprendentemente acertado a los numerosos personajes que pueblan las páginas de estas historias al tiempo que potencia los distintos gags que las salpican constantemente no sólo a través de la deformación de los rasgos de los personajes sino también con singulares perspectivas y curiosas y acertadas soluciones compositivas que convierten cada página en un espectáculo visual. Kieth parte de referencias de grandes del dibujo caricaturesco norteamericano como Wally Wood o Sergio Aragonés pero logra un estilo dinámico, personal y fácilmente reconocible que en las historias de “Epicuro” se acerca más a grandes del cómic europeo como Franquin y, sobre todo, Albert Uderzo y René Goscinny siendo quizás “Asterix” la principal referencia de Kieth y Messner-Loebs para su “Epicuro, el Sabio”.

“Epicuro, el Sabio” es un estupendo y entretenido tebeo que resiste perfectamente el paso del tiempo demostrando una vez más que la Filosofía – varios años antes que el famoso “El Mundo de Sofia”- no ha de ser necesariamente aburrida si se le da el enfoque adecuado. Una lástima que el equipo formado por Kieth y Messner-Loebs no le dieran más continuidad a la serie.