viernes, 3 de junio de 2011

“Dublinés” de Alfonso Zapico.



Antes que nada, una afirmación: considero a Alfonso Zapico el autor más independiente y ambicioso de toda su generación. Podrá haberlos más talentosos e imaginativos en la elaboración formal de sus tebeos–que los hay-, podrá haberlos mejores dibujantes – que también los hay- o mejores guionistas – que supongo también los habrá-, pero pocos hay tan honrados, libres e independientes como Zapico para trasladar al lector aquellas historias que le interesan, ajeno a modas y gusto pasajeros, lo que le convierten en mi opinión en un auténtico contador de historias. Y es que además Zapico, como ya demostrara en “Café Budapest” o “La guerra del profesor Bertenev”, no se conforma con obritas sencillas para ir aprendiendo y desarrollándose como historietista o mostrar lo bien que dibuja sino que le gustan los retos, las grandes historias, y en su última obra, editada por Astiberri, se atreve con la biografía de uno de los escritores clave de la Literatura del siglo pasado, James Joyce.

¿James Joyce? Escritor del que la mayoría solo conoce como el escritor de “Ulises” pero que realmente pocos han leído (muchos lo intentan y desisten a las pocas páginas…) y nada saben de su vida, fue todo un personaje bohemio y vividor que se relacionó con lo más selectos artistas y literatos de su época. En “Dublinés”, Zapico evita caer en la imitación del maestro irlandés y evita con buen tino intentar trasladar al cómic la densidad y experimentalidad que caracteriza su obra para centrarse en una ordenada biografía del autor sin caer tampoco en el engolamiento academicista para ofrecer un repaso completo y documentado de su vida desde una óptica cercana, que humaniza al literato y muestra tanto sus virtudes como sus defectos, con lo que “Dublinés” se convierte en una entretenida guía para acceder con más conocimientos a la obra del escritor.

Centrándonos en el cómic, Zapico sigue evolucionando como historietista y nos encontramos con un tebeo curioso en el que alterna páginas y páginas en que abusa de las cartelas y los textos para complementar pequeñas viñetas que se apelotonan en las páginas e incluso parecen repetirse en ocasiones (¿cuántas veces vemos a James Joyce transitando de un lado para otro?) con otras en que experimenta con un estilo más libre y fluido en que los sobreabundantes textos desaparecen en pos de un dibujo más expresivo y menos encorsetado propios de un autor capaz de ofrecer exquisitas soluciones gráficas a la altura de las tendencias más modernas del cómic contemporáneo. Quizás por no haberse decidido por optar por esta segunda vía exclusivamente no pueda considerarse todavía “Dublinés” la obra que certifique la madurez como autor de Zapico y sí una gran obra de transición –otra más- de un autor que tiene suficiente talento como narrador gráfico como para no abusar tanto de los textos y buscar una mayor libertad narrativa.



No hay prisa. Hasta que ese momento llegue –que será cuando Zapico quiera- podemos seguir disfrutando de un autor que vuelve a confirmar que tiene buenas e interesantes historias que contar y “Dublinés” no deja de ser una de ellas. Y eso, no nos engañemos, no es moco de pavo tal y como están las cosas.

jueves, 2 de junio de 2011

“Agente Secreto X-9”, de Alex Raymond, Dashiell Hammett y otros.



Uno no se acaba de explicar muy bien –bueno sí se lo explica debido a la ausencia de una reedición reciente en el mercado norteamericano ya que la última de Kitchen Sink tiene como veinte años- como hace pocos años en ese amago de boom del cómic clásico que tantas selectas obras, que no selectas ediciones, recuperó (“Príncipe Valiente”, “Terry y los Piratas”, “Thimble Theatre” (¿para cuándo los siguientes volúmenes?), “Tarzan”, etc…) y entre los que destacaron la recuperación de los gloriosos trabajos de Alex Raymond, “Rip Kirby” y “Flash Gordon”, se quedó en el limbo de este gran artista una de sus creaciones más demandadas y añoradas por los aficionados “Agente Secreto X-9”, que Raymond en 1934 junto al reconocido padre de la novela negra Dashiell Hammett para hacer sombra al todopoderoso “Dick Tracy”, de Chester Gould (que en estos momentos está reeditando en una cuidada edición Norma Editorial porque de este sí existe reedición en el mercado norteamericano).

Realmente, el autor de “Cosecha Roja” solo firmó la primera gran aventura del protagonista para, posteriormente, limitarse a apuntarle las tramas a Raymond para que este llevase con brillantez todo el peso de la serie protagonizada por un duro y anónimo agente –que en etapas posteriores descubriríamos que se llamaba Phil Corrigan- de una organización gubernamental que luchaba contra el crimen –que acabaría siendo el FBI- obsesionado por atrapar a todo tipo de hampones y maleantes desde que unos gangsters acabaran con su familia.

En “Agente Secreto X-9”, Hammett, se encargó de trasladar por primera vez el “hard boiled” a viñetas pero más allá de la curiosidad de su presencia en la serie esta resulta de interés por poder disfrutar de la evolución de un Alex Raymond que a lo largo de los dos años que le dedicó aprendió a adaptar su estilizado y elegante estilo realista enfocado hasta ese momento a fantasías localizadas en el espacio, “Flash Gordon”, o la selva, “Jungle Jim”, a la realidad urbana y cosmopolita, que posteriormente alcanzaría su máxima expresión en la fantástica “Rip Kirby”.

Tras la etapa de Raymond y la etapa continuista de Austin Briggs que abarcaría los cuatro años siguientes, la serie continuó con desigual fortuna hasta 1996 con algunas etapas realmente notables que no estaría mal recuperar al menos en parte, como la de Mel Graff, que estuvo veinte años al frente de la serie, o incluso la de Bob Lubbers/Bob Lewis, pero como de estas no existen reediciones casi como que habría que encomendarse a San Dashiell para lograrlo… Con un poco de suerte, resultaría quizás más sencillo recuperar la notable etapa – la mejor tras la de los creadores- en la que Al Williamson y Archie Goodwin formaron equipo durante diecisiete años y que en Estados Unidos está reeditando actualmente IDW pero vista la ausencia de interés de los editores españoles como que la cosa parece difícil.

En definitiva, la recuperación de “Agente Secreto X-9” en España es un proyecto de enjundia que ninguna editorial parece tener ganas o capacdad de abordar dada su complejidad. Y es una lástima porque mientras los años pasan los aficionados españoles más jóvenes no disponen de la oportunidad de valorar una obra pionera del cómic policiaco más allá del dato anecdótico con lo que la labor de tantos y tan buenos autores parece destinada a ser definitivamente olvidada.

miércoles, 1 de junio de 2011

“El Vals del Gulag”, de Rubén Pellejero y Denis Lapière.

No sé si Rubén Pellejero y Denis Lapière tenían en mente la novela de Pasternak o la posterior peli de Lean de “Doctor Zhivago” en la cabeza cuando ideaban “El Vals del Gulag”, pero a mí cada vez que releo esta hermosa historia de amor no puedo más que recordar aquellas obras y oír resonar en mi cabeza la melodía de Jarre. A pesar de ello, "El vals del Gulag" es una excelente obra por derecho propio.

A pesar que leáis por ahí sobre que “El Vals del Gulag” es un cómic que denuncia las crueldades de las purgas estalinistas (que también algo de eso hay), en realidad es ante todo una de esas románticas historias de amor “más grandes que la vida” que tanto gustaban a nuestras madres. La historia de Kalia, la protagonista, quién dedica su vida entera a intentar reunirse con su querido Vítor, primero superando la negativa paternal y, más tarde, la II Guerra Mundial y las Purgas Estalinistas que llevaron al bueno de Vítor al destierro en un campo de trabajo en Siberia. Siguiendo sus pasos durante años, Kalia descubriendo las inhumanas condiciones en que vivieron los prisioneros en esos campos, convirtiéndose el vals del gulag en la prueba definitiva a su inquebrantable amor de tantos años. ¿Que qué es el “vals del Gulag”? Tendréis que leeros el cómic para saberlo.

Denis Lapière escribe una hermosa historia en la que pone de manifiesto su maña para este tipo de tramas en las que mezcla el romanticismo arrebatado en contextos históricos especialmente complejos. Lo hizo anteriormente con Pellejero en “Un poco de humo azul” y lo volvió a repetir posteriormente con el mismo autor en“Un verano insolente” pero es quizás en esta obra donde el resultado es más logrado e intenso logrando mantener el interés de la historia evitando caer en todo caso en la sensiblería.

Buena culpa de ello la tiene un Rubén Pellejero que logra uno de sus mejores trabajos desplegando todo su buen hacer para que la historia mantenga intacto su interés hasta un cuidado final abierto que será del agrado de cualquier lector. Pellejero cuida con mimo todos los detalles para mantener la tensión de la historia sin que esta se desborde hacia el melodrama facilón, adoptando un enfoque narrativo alejado de la historia, muy al estilo de autores como Cosey, sacando buen partido a su estilo de trazo grueso y feísta, pero enormemente expresivo y detallista, que dota de mayor realismo y humanidad a las localizaciones y los personajes al tiempo que refuerza la atmósfera oscura y triste del relato, logrando con sus sabios encuadres y el elaborado tratamiento del color, llevar la historia a unas cotas que de otro modo el buen argumento de Lapiére no alcanzaría por sí solo. Pellejero logra quizás en este álbum su madurez como narrador centrándose siempre en lo esencial de la historia y prescindiendo de elementos y artificios superfluos para llegar al lector mostrando únicamente lo esencial de la historia que le lleva incluso a prescindir de cualquier tipo de texto.

En ese sentido, el análisis del tratamiento del color de “El Vals del Gulag” debería ser de estudio obligatorio en las escuelas de dibujo para que los futuros dibujantes de cómic aprendieran todas las posibilidades no solo descriptivas sino también narrativas que el color tiene y como su correcto uso puede influir en la percepción de la obra del lector. A través del uso de tonos fríos y neutros, Pellejero logra da cohesión a toda la obra, dotándola de una crudeza triste y melancólica que se transmite al lector, al tiempo que utiliza la preponderancia y el contraste de unos y otros colores para establecer cortes entre los diferentes lapsos temporales en la prolongada línea temporal en que se desarrolla la trama y dotar cada episodio de una identidad propia dentro de la historia, cuidando especialmente la luminosidad y el desarrollo de distintas atmósferas tanto exteriores como interiores. Lo cierto es que a pesar de su aparente sencillez resultaría apasionante analizar cada una de las viñetas del álbum, ya que se nota el cuidado especial que ha puesto en ellas el dibujante.

En definitiva, más allá del atractivo que a priori pueda despertar para cada lector la temática de “El vals del Gulag” este es un cómic que ningún aficionado debería dejar de conocer y valorar dado el acertado equilibrio que los autores han logrado en el mismo entre el guión y el dibujo para lograr que la historia funcione como un todo unitario sino especialmente por los recursos gráficos que un Pellejero especialmente inspirado maneja con maestría. Un tebeo excelente.

martes, 31 de mayo de 2011

“Vida en otro planeta”, de Will Eisner.

Uno no se explica muy bien el criterio seguido por Norma Editorial para reeditar la obra de Will Eisner. Y es que resulta llamativo que una obra que se me antoja tan importante en la producción del creador de “The Spirit” como "Vida en otro planeta" permaneciese olvidada durante décadas desde su primera publicación seriada en la revista “Creepy”. Aparecida en 1979 –solo un año después que la aplaudida “Contrato con Dios”-, “Vida en otro planeta” es una obra puente y transversal, el eslabón perdido y hallado que enlaza la producción más comercial y de ficción del Eisner de “The Spirit” con el tratamiento más intimista y realista de sus novelas gráficas posteriores.

En esta obra, Eisner imagina las consecuencias a nivel mundial de la recepción de una comunicación procedente del espacio exterior. El mensaje es una sucesión de números primos que evidencia la existencia de vida racional en otro planeta y se convierte en la mecha que pone en marcha una frenética carrera entre distintas facciones y países para ser los primeros en enviar una expedición tripulada al origen de la señal, el planeta Barnard, sucediéndose las intrigas, manipulaciones y asesinatos entre unos y otros.

Organizada en capítulos, Eisner se divierte experimentando y aplicando en su segunda novela gráfica todo lo aprendido a lo largo de los años dedicados en la realización de “The Spirit” en una obra larga en la que mezcla elementos de ciencia ficción con el thriller y la política ficción poniendo de manifiesto, con un tono agridulce e irónico, el papel del egoísmo y la avaricia como verdaderos motores y lastres de la naturaleza humana. Con aparente facilidad, Eisner va hilvanando las complejas tramas en un elaborado artificio de vidas cruzadas anterior al mismo concepto de vidas cruzadas en la que los personajes quedan perfectamente caracterizados en dos pinceladas dando un tono coral a la historia, aun cuando haya personajes cuyo peso en la trama vaya siendo progresivamente mayor respecto el de otros.

Quizás se pueda objetar que en ocasiones la historia resulte recargada de texto y el lector pueda perderse en el frenético ritmo impuesto por Eisner. Sin embargo, el autor siempre es capaz de dar con el giro preciso y la solución para rescatarnos y tentarnos con su virtuosismo gráfico con el que nos mantiene enganchados hasta el final a una historia que avanza en varias décadas a las intrigas políticas que los Scott, Spielberg y Stone nos han ido ofreciendo en el cine muchos años después.
En definitiva, “Vida en otro planeta” es un portento y un punto aparte. La única y última historia apócrifa de “The Spirit” y por ello completamente diferente a las demás. Una historia larga y compleja ambientada en nuestro amargo mundo real y alejada de la ingenuidad delirante de Central City, con un Danny Colt/ Blubb que consigue una pírrica victoria a los puntos respecto a unos villanos demasiado cercanos y reconocibles. "Vida en otro planeta" es el broche de oro con el que Eisner se despidió de esos universos de ficción que conocía tan bien para sumirse en sus nuevas novelas gráficas de temática más personal y costumbrista que en esa nueva época de su vida le apetecía realizar. Indispensables tanto unas como otras.

lunes, 30 de mayo de 2011

A Jan Fabre le gusta La Muerte del Capitán Marvel.

...O al menos su portada. Eso es lo que deduje al ver la "Piedad" que el belga Jan Fabre anda exoniendo en la Bienal de Venecia. Al parecer, el artista considera que con esta representación va a conseguir “que el espectador abra su mente y que piense un poco en la carencia de espiritualidad que tenemos ahora en nuestra sociedad. Es cierto que hay una referencia a las religiones, pero para mí tiene que ver más con un estado espiritual”.




Evidentemente, ha suscitado las inevitables críticas de la Iglesia y el aplauso de la intelectualidad más progre, garantizando a Fabre una notoriedad que, al menos por esta obra, no creo que merezca, porque a cualquiera que haya leído tebeos Marvel lo único que le ha demostrado el amigo es que conoce la obra de nuestro querido Jim Starlin (o simplemente que ha googleado, se encontró con la portada y le moló lo suficiente como para "inspirarse"...) y sabe venderse muy bien.

En fin, ¿coincidencia, homenaje o plagio? Decidid vosotros que yo lo tengo claro. En ningún caso, Fabre hace referencia a la portada de “La Muerte del Capitán Marvel” (1982), pero la coincidencia resulta más que evidente. Y no es la primera vez que desde disciplinas artísticas con una mejor consideración social que el ninguneado y acomplejado mundillo del Cómic popular se han expoliado ideas sin ninguna consideración hacia los autores originales.

Estaría bien que se hiciera algo al respecto, pero sinceramente dudo mucho que Starlin o Marvel tomen cartas en el asunto. Y así le va al Cómic.

sábado, 28 de mayo de 2011

Grateful Dead y los cómics: Gilbert Shelton.

Los Grateful Dead son uno de los grupos más legendarios de la música norteamericana por méritos propios. Un grupo tan genial como inclasificable con una historia de más de cincuenta años, iniciada a mediados de los sesenta, y que, aparte de su particular modo de entender el negocio de la música (probablemente, porque para ellos no era un negocio), ha dado para escribir unos cuantos libros en los que se explican su obsesión con el sonido, la improvisación de temas propios y ajenos, sus interminables giras, su especial relación con sus fanáticos seguidores que los acompañaban de ciudad en ciudad en su vagar interminable de treinta años y su poco saludable relación con las drogas que les llevó a perder más de un miembro por el camino.

Una historia apasionante que os sugiero conozcáis por otras vías porque aquí de momento nos centraremos a lo largo de tres entradas únicamente con su particular relación con el cómic. O, más bien con tres autores de cómics concretos que han realizado distintas portadas y distinto merchandising relacionado con la banda: Gilbert Shelton, Rick Griffin y Timothy Truman.

En 1978, cuando los Grateful Dead ya eran un grupo con una década a sus espaldas encargaron a Gilbert Shelton, el creador de “Los Fabulosos Freaks Brothers”, la portada de “Shakedown Street”, portada que acabaría convirtiéndose por derecho propio en un icono del hippismo y la llamada “contracultura”, con su visión del atardecer en la bahía de San Francisco y la particular fauna que la habitaba. Shelton solo realizó una portada para Grateful Dead pero probablemente sea la más conocida y recordada de la banda.

Hay os dejo con una de las versiones de “Shakedown Street” para que disfrutéis hasta la siguiente entrega.

viernes, 27 de mayo de 2011

Cómics y Fútbol, una relación fructífera.

Como estamos a vísperas de la final de la Champions entre el Barça y el Manchester United, parece un buen momento para dar otro repasito a la fructifera relación entre que han tenido al plebeyo deporte del balompié y el cómic a traves de algunas de las publicaciones que lo han tratado.

Casi nadie recuerda ya que al gran Valentín Castanys, colaborador habitual del “TBO” durante décadas, se deben dos hechos importantes para el fútbol catalán: la creación de una de las figuras señeras del Barça, el Avi y popularizara el uso del término Periquito para defini a los seguidores del Español. Por otro lado, Castanys realizó algún que otro monográfico dedicado al fútbol en “TBO”, publicación que a lo largo de su lóngeva vida dedicó varios monográficos al deporte rey.

Por otro lado, con “Pepe, el hincha”, visionaria serie de Peñarroya para el “Tío Vivo” –sí el de “El invierno del dibujante”- en la que con ironía e ingenuidad el genial autor trataba el fenómeno del forofismo a través de las peripecias de su protagonista. Releyendo las historietas, la verdad es que las cosas no han cambiado mucho en cincuenta años.

Dentro también de la Escuela Bruguera, ¿quién no ha leído alguna de las distintas aventuras protagonizadas por Mortadelo y Filemon ambientadas en los mundiales de fútbol desde Argentina 78?
Esta entrada quedaría coja (gracias TEBEOBIEN) sin la mención a "Roy of the Rovers", señero cómic creado en 1954 para la revista "Tiger" por Frank S. Pepper y que ha tenido una larga existencia en el Reino Unido, donde es muy popular. En el mismo, se desarrollan las aventuras futbolísticas y familiares de Roy Race, desde sus inicios en el Melchester Rovers hasta lograr vestir la camiseta de la selección inglesa, incluso sus experiencias como entrenador de distintos equipos. Por l la serie han pasado muchos artistas, entre ellos gentes de talento como Tom Tully o Paul Trevillion.


En la década de los setenta, nos llegó la que quizás sea la serie de fútbol por excelencia, recordada también con especial cariño para los culés, “Eric Castel”, de Raymond Reding y Françoise Hugues, en la que a lo largo de quince álbumes se seguía la trayectoria profesional del ficticio futbolista que le da título, un Eric Castel, que juega, aparte de en el Barça, en el Bayern Munich y el Paris St Germain, lo que explica el por qué a ningún madridista nos acabe de hacer demasiada gracia. Con todo, es una serie entretenida que en los últimos años está reeditando Norma Editorial.

Ya en los noventa, tenemos la reactualización del fenómeno hincha a través de las aventuras de “Curro Corner”, que para El Jueves realiza Ozeluí.

A partir de la década de los noventa, y curiosamente teniendo en cuenta que hasta hace relativamente poco el fútbol era un deporte sin ninguna tradición, una de las series que más ha impacto ha causado es el manga “Captain Tsubasa”, que en España se popularizase a raíz del la versión anime “Campeones” y que ya ha pasado a formar parte de la memoria colectiva de las generaciones más jóvenes.

Por ahora, el penúltimo intento nacional de sacar adelante una serie de temática futbolera ha sido el “Porquinho”, de Alex López, un “funny animal” en el que el simpático Porquinho intentaba hacerse con la Liga de Champiñones (sic).

En definitiva, el Cómic y el Fútbol viven una relación sólida que no deja de confirmarse con la aparición de nuevos títulos por todo el mundo aun cuando la mayoría sean cómics “de encargo” en que se repasan desde la historia de los principales clubes hasta la consecución de algún título.
Ah, y a los que no les guste el fútbol, también encontrarán su rinconcito en el cómic, como en esta historieta de Ibáñez…

jueves, 26 de mayo de 2011

Apoyando las buenas causas: TBO4Japan, el libro.

Me llega una nota de prensa pidiendo que difunda la próxima publicación del libro "TBO4Japan", en el que se recogen todas las ilustraciones y colaboraciones que un buen número de dibujantes e ilustradores - Ken Niimura, Esther Gili, Cris Ortega, Studio Kosen, Kenny Ruiz, Juan José RYP, Raúl, Carla Berrocal, Fernando Vicente, Pepe Larraz, Alfonso Azpiri, Bea Tormo, Víctor Santos, Enrique Vegas, Ximo Abadía, Pepo Pérez, Emma Rios, Arantza Sestayo, Javier Olivares, Ángel Unzueta, Esteban Maroto, Luis y Rómulo Royo, Nacho Fernández, José Luis Ágreda, Jordi Bayarri, Santiago Sequeiros, Nacho Arranz, Miguel Ángel Martín, entre otros- donaron a través la iniciativa TBO4Japan para ayudar a las víctimas del Tsunami japonés en su momento.

Con esa capacidad de autodefensa ante el horror que tenemos los humanos de ser olvidadizos ante las desgracias que nos rodean o, simplemente, porque en las noticias las consecuencias del Tsunami y el accidente radioactivo posterior cada vez ocupan menos espacio, es bueno que se mantengan en el tiempo iniciativas de este tipo, ya que los beneficios del libro, editado por Dibbuks, se destinarán -como ya sucedió con lo obtenido por la venta de los originales- a la ayuda del pueblo japonés (sería interesante que desde la web del evento se informará de como se gestionan las donaciones).

Hala, a comprar y regalar el librillo que 15 € acaban yendo a cualquier lado...

“El Caballero Errante”, de Ben Avery, Mike S. Miller y George R.R. Martin.

Con buen olfato comercial –mejor que el de Gigamesh- Mondadori ha aprovechado el tirón de la serie televisiva que adapta la saga de recomendables novelas de fantasía heroica “Canción de Hielo y Fuego”, de George R.R. Martin, para publicar las adaptaciones al cómic de dos novelas cortas – “”El Caballero Errante” y “La Espada Leal”, publicadas dentro de las antologías “Leyendas”, actualmente descatalogadas en España (¿Gigamesh a qué esperas?)- ambientadas en aquel mundo imaginario aun cuando los hechos narrados sucedieran un siglo antes de la historia narrada por Martin en la saga principal, con lo que su incidencia en la misma es bastante marginal y solo sirve para proporcionar soma a sus seguidores (que a estas alturas somos unos cuantos).

En “El Caballero Errante”, se nos narran las aventuras de el joven e idealista Dunk, un joven escudero metido a caballero errante a la muerte de su anciano señor, quién para mejorar su fortuna acude a un gran torneo que se está organizando para medirse con lo más granado de la Caballería de los Reinos de Poniente. Junto a su misterioso escudero, el pelado Egg, Dunk verá como todas sus ilusiones se van al traste cuando acaba metido en un lío en el que pondrá en juego su vida y su recién adquirida caballerosidad al enfrentarse con uno de los príncipes más poderosos del reino.

Como desde la editorial no parecen querer darles el mérito que les corresponde lo haré yo desde aquí, destacando la labor de adaptación de la sencilla obra original de Martin por parte del equipo formado por el guionista Ben Avery y el dibujante Mike S. Miller quienes trasladan la narración precisa de Martin a un cómic fluido y entretenido en el que se sintetizan todos los tópicos del género de caballería. En el aspecto gráfico, Mike S. Miller, a pesar de su dificultad para dotar de expresividad a los rostros de los personajes –todas las caras son iguales- y algunos problemillas con las proporciones cumple con una narración muy influida por el manga logrando una lectura fluida y amena.

En definitiva, el cómic de “El Caballero Errante” que ya editara Devir como miniserie en formato prestigio hace unos años y que Mondadori ha recuperado en formato libro con la consiguiente reducción del dibujo (que tampoco sufre demasiado), cumple como lectura de género para pasar el rato y es una buena puerta de entrada al universo de “Canción de Hielo y Fuego” para quién quiera probar antes de atreverse con los megatochos de Martin.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Spanish Revolution, de Pepo Pérez y Santiago Garcia.


Hace unos días, Pepo Pérez y Santiago García publicaron esta ¿historieta, cómic, tebeo, novela gráfica, webcomic? Que cada cuál elija la denominación que más le guste.
Más allá de las categorizaciones, a mí me ha gustado mucho por distintos motivos: por su inmediatez (se colgó a los pocos días de la explosión del movimiento de Democracia Real lo que pone en tela de jucio una de las críticas al llamado "cómic periodísitico", su lentitud de elaboración), por su concisión narrativa - que demuestra que para hacer un buen cómic y contar muchas cosas no se necesitan mil páginas- y el equilibrio entre géneros (hay reportaje periodístico, relato costumbrista y anécdota autobiográfica…). Un poco en un estilo que los autores han seguido en la última entrega de “El Vecino” pero situada la acción en lugar de un marco de ficción con personajes cercanos, pero irreales, en la más cruda, rabiosa –y dura- realidad.
Más allá que como se nombre, me parece que están experimentado en la línea de los Sacco, Bagge y demás que en España se había dejado de lado. Ojalá se animen a continuar porque puede dar mucho de sí.

Nueva encuesta impaciente: va de calvos.

Pues sí, será cosa de la edad y que yo ando también perdiendo el pelo, pero me apetece rendir homenaje a los abundantes calvos del tebeo con esta nueva encuesta en la que entre todos determinaremos quién es el personaje de cómic calvo más influyente o simplemente votaremos por nuestro favorito.

Una pequeña lista orientativa con algunos de los más famosos:




Un joven que está en el origen de todo, Mickey Dugan-Yellow Kid, de R.F. Outcault.

Una calva genial la del Profesor Tornasol, de Hergé.

El calvo nacional más reconocible: Mortadelo, de Ibáñez (todo un especialista en personajes calvos de diferente graduación).

La calva más bella: Dragon Lunar, de Bill Everett, George Tuska y Mike Friedrich.

El calvo malo por antonomasia, Lex Luthor, de Siegel y Shuster.

Y, por supuesto el más querido por el que esto escribe, Uatu, el Vigilante, de Stan Lee y Jack Kirby.



Por supuesto, personajes alopécicos hay muchos más y podéis votar o mencionar a los que queráis en los comentarios de la entrada que para eso están. Eso sí, a la hora de votar dejad claro vuestro voto por uno.


La encuesta la mantendré abierta hasta… el 19 de Junio, y después comentaremos los resultados. A partir del 19, ya sabéis, todos calvos.

martes, 24 de mayo de 2011

“Conan, el Cimmerio: Compañeros Libres”, de Timothy Truman, Tomás Giorello y Paul Lee.

Sigo a mi aire el repaso de la colección de “Conan, el cimmerio”, que viene publicando Planeta, con los números 13 y 14 de la colección española, que agrupan los números 15 a 18 de la serie original norteamericana de Dark Horse en los que se cierra un nuevo arco argumental con el fin de la relación de Conan con la ingrata Yasmela y su paso por la legión de mercenarios de los Compañías Libres de Amalric.

La verdad es que este último arco argumental de “Conan El Cimmerio” es con mucho el peor acabado hasta el momento de la serie a través de una historia que si bien cumple su función principal de hacer pasar el rato carece de la brillantez de anteriores entregas. Y eso que Truman parte de una idea interesante mostrando de partida a un Conan derrotado y herido que se esconde en unas marismas llenas de dinosaurios y humanos carroñeros, rodeado de los cadáveres de los que fueron sus compañeros mercenarios para, mediante flashbacks, retomar la acción en donde había quedado en episodios anteriores y explicar cómo el cimmerio se ha encontrado en ese brete. La idea está curiosa y, como es característico del Conan de Dark Horse, Truman se cuida mucho de mantener la coherencia de la historia con la base literaria de Robert E. Howard, pero la narración resulta precipitada en su desarrollo y resolución, especialmente en las partes dibujadas por el propio Truman en las que se ve obligado a condensar demasiada información – la aparición del sibilino Julion, el rescate del hermano de Yasmela y el poco glorioso fin del bueno de Amalric (que a mí me parece el primo hermano de Fafnir)- y en las que queda bastante en evidencia respecto al dibujante titular, el argentino Giorelllo que vuelve a dar lo mejor de sí en las páginas que le tocan en suerte para reflejar los peligros y la insalubridad del pantano en que se esconde Conan. Supongo que a Truman le hacía ilusión dibujar a Conan pero su nivel queda bastante lejos del de Giorello o del resto de leyendas con los que este ha compartido lápices en la serie – Corben, Joe Kubert- resultando su versión de Conan más gruesa y estática, y la influencia de Buscema más evidente.

Más interesante me ha parecido el aperitivo a esta historia. El número 15 de la edición norteamericana es un número autoconclusivo, ajeno a la trama principal, realizado por Truman junto a Paul Lee para el que el guionista recupera a un par de personajes de reparto que ya aparecieran en el número 0 de la serie de Busiek y Nord y, mediante un recurso muy howardiano, ceder el protagonismo a Akivasaha, personaje secundario de la howardiana “La Hora del Dragón” que inspiró a la tramposilla Anne Rice para “La reina de los condenados” y que de vez en cuando aparece en alguna nueva versión en los cómics y películas basadas en personajes de Howard, del que se vale para profundizar en las miserias del vampirismo. La caracterización del personaje es excelente con un punto romántico muy bien traído y el dibujo pictórico de Paul Lee se adapta bien al tono de la historia.

En definitiva, “Conan El Cimmerio” es un cómic con el que seguir disfrutando aunque me temo que seamos pocos los que sigamos la serie regular dado su elevado precio y la casi segura reedición por arcos a medio plazo.