
En esta película, participaron con historia propias, otros nombres consagrados del cómic como Charles Burns, y Lorenzo Matotti, de las que tienen unos trailers más abajo

Si ha habido un premio poco discutido en la reciente Edición del Salón Internacional del Cómic de Angôuleme ha sido el Grand Prix otorgado al francés Christian Hincker, mas conocido como Blutch. Una buena oportunidad, para empezar a conocer la obra de este destacado autor, por desgracia poco conocido en España, es “Peplum”, una obra editada por primera vez en 1996 en Francia y que en España apareció el año pasado en una correcta edición de Ponent Mon.

Blutch es un soberbio dibujante dotado de un trazo nervioso y grueso, menos interesado en buscar el detallismo y el perfeccionamiento en las localizaciones, como la expresividad de sus personajes a través de una técnica basada en la deformación de la realidad, cercana al Expresionismo, y el Claroscuro. Una opción estudiada y meditada que supedita el preciosismo a la precisión de la narración y que, por momentos, puede engañar al lector menos avezado y parecer descuidada, teniendo en la obra del gran Alberto Breccia uno de sus principales referentes. Blutch desarrolla en esta obra, en ocasiones, un sentido teatral y sincretico de la narración y la puesta en escena, recordando por momentos al Bergman de “El Séptimo Sello” o al Shakespeare de “Julio César”, potenciando el efecto dramático de la historia.
No les voy a engañar, Blutch no es un artista fácil ni para todos los públicos. Sus propuestas son arriesgadas y, en ocasiones, difíciles de seguir, pero si el lector consigue entrar en su particular universo quedará prendado por la riqueza, complejidad y originalidad que ofrece y no podrá dejar de leer hasta las últimas páginas. “Peplum”, una de sus obras más logradas y accesibles, es un buen ejemplo de todo ello. No la dejen pasar.





Dolmen: ¿Cuál sería la principal diferencia entre trabajar para Inglaterra y trabajar para los USA?
Según informa Tebeosblog, ya hay ganadores de la primera edición del Premio Internacional de Cómic de la editorial Planeta de Agostini. Se trata de “Planeta Extra” (¿el título habrá tenido algo que ver con el fallo?) de los argentinos Diego Agrimbau y Gabriel Ippóliti, conocidos en nuestro país por la publicación de “Último Sur” por Norma Editorial. La obra, al parecer, es una road movie futurista y será publicada próximamente por Planeta. Aparte, del compromiso de publicación de la obra, los creadores se llevan 20.000 eurazos a repartir.
“El marqués de Anaon” es dentro del marco del cómic europeo más comercial una de las colecciones que mejor aúna la calidad con el entretenimiento hoy en día, ofreciendo una estupenda combinación de elementos entroncados en la tradición del género de aventuras y de época que tan bien se ha explotado en décadas anteriores, con otros, que sin llegar a renovarlo, lo modernizan y lo hacen disfrutable por todos los públicos. 




El palmarés del Festival de Angôuleme es un buen barómetro de las novedades de BD que veremos publicadas en España a lo largo de este año. El Gran Premio y la presidencia para el año que viene ha sido para Blutch (a ver si me termino “Peplum” y se lo comento por aquí).
Premio Fauvé d’or al mejor álbum:
"Pinnocchio", de Winschluss.
Gran premio de Angoulême:
Blutch.
(Vía: La Cárcel de Papel).
Marc Ngui: Acerca de la relación de los cómics con la poesía, has hablado acerca del papel fundamental que juega el ritmo en ambos medios. Me preguntaba si podrías describir esa conexión rítmica.
Lo tengo claro, Robert Kirkman es un revisionista. Si ya en obras anteriores como “Invencible” o “Los muertos vivientes” nos ofreció su particular y renovadora visión de iconos del cómic superheroico, como es el superhéroe adolescente (osease, el primer Spiderman), o del terror, como los zombis, en una interpretación fresca al tiempo que respetuosa con sus claves, en su última serie, “El asombroso hombre lobo”, hace quizás su propuesta más arriesgada al escribir un tebeo de superhéroes cuyo protagonista, un licántropo, y algún secundario más, son criaturas de la noche que adoptan roles ajenos.
Lo que al menos yo presuponía iba a ser una revisión del mito clásico del hombre lobo por arte de Kirkman se convierte en un cómic de superhéroes al uso entretenido, ágil y bien construido merced al profundo conocimiento que el guionista tiene de ambos géneros, como ya demostrara en sus exitosas series mencionada, cuyos elementos aquí entremezcla con habilidad para lograr una curiosa mixtura muy agradable de leer, aunque carezca del elemento sorpresivo de sus otros trabajos y que quizás a los más tradicionalistas eche para atrás.
Me gustaría resaltar también la labor gráfica de Jason Howard, un autor poco conocido en España aunque ya colaborara con Kirkman en un spin-off de “Invencible”, cuyo estilo amable y cartoon me recuerda a autores como Paul Grist, en “Jack Staff”, o Michael Avon Oeming, en “Powers”, que en un principio puede chocar pero al que resulta fácil acostumbrarse y que dota de enorme vivacidad y dinamismo sus composiciones, adecuándose perfectamente con el tono teen de la serie. Howard, como Grist, hace un más que correcto uso de los recursos gráficos del medio, en espedial de las onomatopeyas, la composición de página y el color que le dan un tono moderno, personal y diferente al producto final.
Me entero por aquí de la muerte de uno de los grandes de la literatura norteamericana contemporánea. John Updike, un autor prolífico en cuya producción destacan la serie de novelas protagonizadas por Harry “Conejo”, su personaje más emblemático con el que supo retratar las inconsistencias escondidas tras la bucólica imagen de la clase media norteamericana de posguerra, y con las que ganó dos Pulitzer, quedando pendiente un Nóbel del que fue eterno aspirante.
Una portada debe reunir varias características para pasar de ser una portada del montón a una portada sobresaliente. La principal, que impacte y llame la atención, y la sencundaria, que despierte en el potencial lector las ganas por seguir leyendo el interior. Si se trata, como es el caso, de un semanario de humor el chiste debe resultar cómico y el que se reproduce en la portada de "El Jueves" lo es por partida doble, por un lado, por lo gracioso de la postura del ex presidente debajo de la mesa, por otro, por el comentari en el bocadillo de Barack Obama.
Eso pensaba yo ayer, viendo en un telediario una información que recogía la noticia sobre la buena acogida que está teniendo por parte del público la exposición que el museo del Louvre (ya saben, el de París) ha dedicado al cómic patrio mostrando bocetos y originales de autores tan interesantes como Yslaire, autor junto con el guionista de cine Jean-Claude Carrière, de "Le ciel au-dessus du Louvre", Nicolas de Crécy con su "Periodo glaciar", del que ya les comenté por aquí, "Les sous-sols du révolu" de Marc-Antoine Mathieu, y "Aux heures impaires" de Éric Liberge, y que se mantendrá hasta el próximo 13de Abril.
Ando yo apurando estos días la cartelera madrileña previendo que en las próximas semanas, meses y años venideros voy a tener menos oportunidades para escapar al cine (salvo para ver películas infantiles, que tampoco me parece mal plan…) así que por recomendación de una compañera, me pasé a ver “Bienvenidos al Norte”, una comedia francesa que en otras circunstancias probablemente ni hubiera considerado y que viene avalada por haber batido todas las marcas de recaudación en el país vecino. Y lo cierto es que la película sin tener nada en que destaca, deja un buen sabor de boca gracias precisamente a su falta absoluta de pretensiones.
No se engañen. Si esperan una obra titubeante de un autor con talento pero que no domina el oficio lean otro cómic.“La escena del crimen” es una obra sin fisuras , de un guionista que domina el género y sabe qué quiere contar y cómo hacerlo, puro “hard boiled”, en el que Brubaker renueva el canon hamettiano mediante un protagonista, Jack Herriman, que se aleja del prototipo del cínico detective privado que antes de hacer uso de la violencia para resolver cualquier situación embarazosa es un joven tirillas inseguro, atormentado por sus demonios y problemas personales. Utilizando a Jack como narrador de la historia que parte de un planteamiento clásico en el género –al detective le encargan encontrar a una chica desaparecida, para descubrir cuando la encuentra, que la han asesinado- Brubaker construye una trama sólida en la que no hace concesiones fáciles al lector mientras enriquece la compleja historia a través de un plantel de ricos personajes secundarios perfectamente caracterizados, profundos y definidos, a los que seguramente esperaba sacar partido en las futuras entregas de la cancelada colección regular.

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