

En ese sentido, “Mister Wonderful” es una historia sencilla, la de los prolegómenos y primera cita de Marshall, un cincuentón fracasado y divorciado desde hace años, al que unos amigos comunes han organizado una cena con una mujer que acaba de romper con su pareja. Las ganas de agradar se juntan con los problemas para comunicarse de los protagonistas, tullidos sentimentales que más allá del lastre de sus antiguas relaciones intentan darse una nueva oportunidad. En un formato apaisado un poco más grande que el de “Ice Haven”, Clowes vuelve a demostrar su solvencia y madurez como autor de cómics, canalizando un talento innato y un estilo tributario del de Steve Ditko para hacer interesante una historia intrascendente que su mirar irónico destaca y convierte en una lectura absorbente, un documento de primera mano sobre las inseguridades y miedos del hombre maduro contemporáneo y erigiéndose en una especie de Woody Allen de las viñetas.

Con los años y las obras, Clowes ha refinado su talento bruto, volviéndose menos ácido y más sutil en el desarrollo de sus historias agudizando sus dotes de observador. En “Mister Wonderful”, Clowes vuelve a hacer uso de recursos gráficos como la caricaturización de su dibujo habitual en viñetas más pequeñas para trasladarnos a la imaginación del personaje protagonista que ya desarrollara con éxito en obras anteriores como “Wilson” y añade otros como jugar con las dimensiones de la viñetas y el tamaño de los personajes para establecer capítulos o “actos” en el desarrollo de una historia con una planificación casi teatral y que, como digo, me recuerda al cine de Allen aunque Clowes se distancie de otros medios abundando en el desarrollo y utilización de recursos propios del cómic para incorporar al lector al discurrir de la mente del protagonista, estableciendo a través de distintas viñetas opciones de respuesta a una situación incómoda o jugando con el volumen de las onomatopeyas, por destacar solo algunos de los ejemplos más llamativos.

En cierto sentido, “Mister Wonderful” es la síntesis de las dos obras anteriores de Clowes, “Wilson” y “Ice Haven”, una inteligente parábola tragicómica sobre como no afrontar la madurez confirmando que Clowes, más allá de las etiquetas y clichés, es el autor que mejor ha sabido trasladar al cómic los sinsentidos de la condición humana reflejando desde los tremendismo existenciales de la adolescencia al derrotismo de la madurez con mano experta, añadiendo una atractiva y brillante obra más a una de las carreras más personales, sólidas y coherentes de un autor de cómics referencial.






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