viernes, 24 de septiembre de 2010
A Meat Loaf le gusta Bernie Wrightson.
“El gourmet solitario”, de Jiro Taniguchi y Masayuki Kusumi.
Escribir una opinión sobre “El gourmet solitario”, la última obra de Jiro Taniguchi junto a Masayuki Kusumi aparecida en España de mano de Astiberri, es complicado sin caer en la repetición de opiniones que acaban convirtiéndose en tópicos dado el nivel de coherencia de este autor maduro que no se preocupa demasiado por la innovación. Casi resulta más sencillo decir que si habéis leído previamente alguna de las obras del japonés y os ha gustado “El gourmet solitario” no decepcionará porque hasta cierto punto es “más de lo mismo” y por ese mismo motivo si no os ha gustado es poco probable que encontréis razones que os atraiga aunque quizás en esta obra sí se puedan encontrar algunos alicientes para darle una nueva oportunidad. Os cuento.
A lo largo de diecinueve capítulos, Taniguchi y Kusumi nos acercan a las andanzas cotidianas de un anodino comerciante japonés cuya actividad profesional le lleva a visitar distintas zonas de Tokyo y alrededores. Nuestro protagonista encuentra en los momentos de esparcimiento de la comida uno de los escasos momentos de tranquilidad de su estresante jornada convirtiendo cada comida y sus prolegómenos –elegir y combinar los platos, los restaurantes, el ambiente y la clientela…- en un placer cotidiano
Utilizando como hilo central de la historia la comida –que al parecer en el Japón da para todo un género dentro del manga-, Taniguchi va esbozando con minuciosidad exquisita el retrato de su solitario protagonista del que capítulo a capítulo irá proporcionando detalles de su vida y personalidad para acabar conformando un retrato con el que probablemente se identifican muchos japoneses medios contemporáneos. Frente a la alienante realidad presente de trabajo autónomo, Taniguchi propone como vías de escape la evocación nostálgica del pasado –una constante en toda su obra- y el gusto por la observación de las pequeñas anécdotas cotidianas a las que añade, en el caso de esta obra, el momento de la comida como un instrumento reafirmante de la identidad y que resume en una de las frases finales de la obra, “Comemos luego Existimos”.
Sin llegar al nivel evocativo de “El Caminante” con la que Taniguchi trasladaba a sus lectores toda la carga interpretativa de la obra, “El gourmet solitario” tiene otras cualidades más allá de los temas habituales en su obra que pueden atraer a un lector cansado de aquellas propuestas como una fuerte carga de costumbrismo en la descripción que realiza a partir de la riqueza gastronómica de Japón (existe una pormenorizada descripción de cada plato y su precio) del mosaico de ambientes y clases, localizando cada una de las obras en un barrio o localidad de Japón donde el protagonista vive una anécdota relacionada con la comida más o menos agradable con lo que la obra se convierte en una ventana abierta a la observación de la diversidad y contrastes del Japón contemporáneo de la que se sirven Taniguchi y Kusumi para enriquecer la obra más allá de su carácter introspectivo.
Por otro lado, quizás el gran defecto que se le pueda encontrar a “El gourmet solitario” es la repetición constante de una misma fórmula en la presentación y desarrollo de cada uno de los capítulos propia de su originaria publicación seriada en Japón y que hacen que la obra leída de corrido pueda resultarle plana y repetitiva a algunos. Sin embargo, a pesar de su sencillez formal, Taniguchi logra una vez más atraparnos en las vicisitudes de su protagonista descritas con su minucioso y pulcro estilo puesto al servicio de su agudo sentido de la observación convirtiendo “El gourmet solitario” en una lectura hipnótica y a su protagonista en un amigo en cuya compañía vamos de comida.
En definitiva, “El gourmet solitario” es una joyita más en la trayectoria de un autor consolidado que ha hecho de la crónica de lo ordinario y cotidiano el motor sobre el que construir su obra.
Otras obras de Jiro Taniguchi en El lector impaciente:
- “Un zoo en invierno”.
Inicio alternativo de “Iron Man 2”.
Como hay que vender la versión DVD ahora sacan estas cosas, aunque hay que reconocer que tiene su gracia.
Mi opinión sobre la película, aquí.
(Visto en Entrecómics)
jueves, 23 de septiembre de 2010
“Las extraordinarias aventuras de Adèle Blanc-Sec”, de Jacques Tardi.

De momento ha aparecido hace unos meses el primero de estos tomos que recoge los cuatro primeros álbumes de la serie (“Adèle y la bestia”, “El demonio de la Torre Eiffel”, “El sabio loco” y “Momias enloquecidas”) que básicamente son los que se adaptan en la película (según dicen, que yo la película todavía no la he visto) creo que estamos ante una de las recuperaciones del año, previniendo que las aventuras de Adèle Blanc-Sec no es un tebeo para todos los gustos y que puede llevar a más de uno a sentirse irritado tras su lectura ya que no estamos ante un tebeo convencional.
Desde los inicios de la publicación de la serie en 1976, Tardi se planteó el desarrollo de una serie que fuese una declaración de amor a los pastiches y novelas por entregas francesas de finales del XIX y principios de siglo XX ideadas por los Lerroux, Dumas, Verne y, sobre todo a mí entender, de “Los misterios de París”, de Eugene Sue, y a lo largo de los cuatro álbumes que se recogen en este volumen sienta las bases de la serie en la que alejándose del tono dramático de las aventuras hace un acercamiento irónico a las desventuras de su antiheroina en las que subvierte las estructuras lógicas para que el tebeo se convierta en una lectura completamente impredecible y alocada en la que de una página a la siguiente cualquier cosa puede pasar y se evite cualquier tipo de clímax formulario, poco habitual en los cómics de aventuras modernos pero muy propio del tipo de literatura que Tardi pretende emular y parodiar. 
Adèle Blanc-Sec es el único personaje cuerdo en el universo gótico inventado por Tardi, en el que los cultos satánicos pequeño burgueses, los rocambolescos experimentos de científicos chiflados dispuestos a vencer a la muerte y los pterodáctilos poseídos van de la mano de chocantes momias resucitadas e ídolos mesopotámicos, siendo la pragmática Adéle más que una heroína al uso una mera espectadora forzosa de las rocambolescas aventuras improvisadas por Tardi a su alrededor. Un Tardi que en ningún momento realiza el cómic pensando en lo que va a gustar a los demás sino en lo que le gusta a él y que propone un juego en el que marca las reglas para disfrutar de sus historias (tipos como Alan Moore y Mike Mignolla estoy seguro que lo han hecho).
Por otro lado, si la ironía de Tardi concentrada en un único volumen leída de un tirón puede que llegue a empachar, recomiendo que se lea esta obra a poquitos para ir digiriendo las bromas que el autor se permite. Un Tardi que, a pesar de estar improvisando todo el rato, logra ir cerrando las historias para que sólo pendan de un implícito “continuará” que va dando cohesión a la serie junto a la aparición de impagables secundarios como el lamentable comisario Caponi, víctima propiciatoria de los juegos de Tardi. Si a pesar de todo, las historias no le entran siempre se puede disfrutar del despliegue gráfico de Tardi y su talento para la narración gráfica así como de su versión de un París que se convierte en un personaje más sobre el que se sustenta la obra.
En definitiva, mi consejo es que os acerquéis a “Las extraordinarias aventuras de Adèle Blanc-Sec” con la mente abierta y dispuestos a dejaros sorprender por los atrevimientos de un Tardi inspirado, atrevido y divertido como probablemente en ninguna otra de sus obras. Ya me contaréis.
A Menomena les gusta Craig Thompson

Ahí os dejo el video de una de las canciones incluidas en el disco, “Evil Bee”:
miércoles, 22 de septiembre de 2010
A Meat Loaf le gusta Richard Corben.
“La novela gráfica”, de Santiago García.
martes, 21 de septiembre de 2010
Jerry Grandenetti y el arte pop.
Que la Historia del Arte se construye a base de grandes y pequeñas injusticias creo que está claro ya que más en el último siglo el Arte –grande y pequeño- se rige por movimientos especulativos que influyen más si cabe que las calidades de los autores.
Una de esas injusticias sangrantes la ha vivido el Cómic respecto al movimiento Pop de forma continuada y, probablemente, el caso más sangrantes lo protagonizó el recientemente fallecido Jerry Grandenetti cuando descubrió que una de las viñetas que dibujó para el número 89 de “All American Men of War” en 1962 sirvió de inspiración para, "Jet Pilot", un cuadro de Roy Lichtenstein de ese mismo año.
No es la única inspiración de Lichtenstein tomada de “All American Men of War 89”. Para su cuadro “Whaam!” tomó de referencia esta viñeta de abajo:
Roy Lichtenstein fue un aclamado y reconocido pintor cuyas pinturas en vida alcanzaron ya cifras millonarias y se exponen en museos de medio mundo. Jerry Grandenetti tuvo que dejar el cómic por a publicidad para asegurarse el sustento siendo su nombre olvidado salvo por unos pocos aficionados al cómic hasta volver a ponerse de actualidad debido a su fallecimiento.
¿Es justo? No lo sé, pero la Historia se escribe así... A mí me parece triste.
Heavy Trash, Paul Pope y Tony Millionaire
Heavy Trash es una banda de ecléctico rockabilly encabezada por Matt Verta-Ray y Jon Spencer en 2005. Esto no llamaría demasiado la atención del que esto suscribe si no fuese por el buen gusto que demuestran al elegir las portadas de sus tres discos estando la portada de los dos primeros firmadas por autores de cómics tan interesantes como Paul Pope y Tony Millionaire.
De propina incluyo la portada del tercer disco de la banda obra del ilustrador francés Jean Luc Navette que sin tener relación directa con el cómic su obra parece influida por tipos tan alejados como Gorey y Blutch.
Y sí, la música de Heavy Trash también está bien.
Heavy Trash (2005) - Paul Pope
"Going way out with Heavy Trash" (2007)- Tony Millionaire.
"Midnight Soul Serenade" (2009)- Jean Luc Navette.
lunes, 20 de septiembre de 2010
“Por el imperio: Las Mujeres”, de Merwan &Vivès.

En definitiva, "Las mujeres" confirma que “Por el imperio” es actualmente una de las mejores series abiertas del panorama del cómic europeo y la que mejor ha entendido que puede ofrecerse un tebeo que interese a un público heterodoxo y mayoritario sin que las ambiciones artísticas de sus autores queden arrinconadas. Los premios de Avilés y la cuadratura del círculo.
Mira que es difícil que unos premios dados por críticos y expertos no resulten de un modo u otro sospechoso y contenten a todo el mundo pero estos que se han otorgado en las XV jornadas sobre cómic de Avilés son incontestables. Soy incapaz de estar en desacuerdo con ninguno, lo que me confirma los rumores sobre que en esas tierras en cuestiones saloneras se hacen las cosas especialmente bien. Me alegro.Ahí dejo el palmarés por si alguien quiere decir algo:
Mejor dibujante extranjero: Mark Buckingham (por Fábulas) y Frank Quitely (por All Star Superman).
Mejor guionista extranjero: Jason Aaron (por Scalped).
Mejor dibujante nacional: Quim Bou (por Orn IV).
Mejor guionista nacional: Antonio Altarriba (por El arte de volar).
Mejor obra extranjera: Los muertos vivientes.
Mejor obra nacional: El arte de volar.
Mejor obra teórica: Del tebeo al manga.
Premio a toda una carrera para un autor extranjero: George Pérez.
Premio a toda una carrera para un autor nacional: José Ortiz.
¡ Felicidades a todos los premiados!
José Antonio Labordeta (1935 -2010).
A mí, como a casi todo el mundo al parecer, me caía bien José Antonio Labordeta. Me pilló pequeño su carrera como cantautor y descreído su programa de “Un país en la mochila” por lo que me quedo en la memoria con su figura parlamentaria.
A ver, que no es que sea el único ciudadano responsable que se traga esos rollos, pero cuando Labordeta participaba me veía obligado a ver su actuación. Y es que Labordeta se me antojaba que era como el explorador en la caldera de los caníbales o el naufrago que se ve rodeado por las aletas de los tiburones... Llamaba la atención ver a ese señor de bigotes que te podías cruzar comprando el pan o el billete del metro hablar claro y con el español de la calle del que entiende la política como una herramienta al servicio de todos frente a los que piensan que es su herramienta para servirse de todos en su propio beneficio. Labordeta era una “rara avis” entre tanto buitre y yo me sentía solidario aunque sólo fuese por unos minutos en que me esforzaba por apoyar la lucha quijotesca de ese señor que no solía hablar tanto de encuestas como de los problemas de la gente aunque a su alrededor le hicieran poco caso.
A propósito, ayer falleció también en un pequeño pueblecito un anónimo octogenario de la misma enfermedad que el ilustrísimo diputado y cantautor. Un recio y alegre hombre de campo castellano de esos a los que un pequeño renacuajo de capital le daba miedo darles un beso porque iba sucio de tierra y barro y en su cara bajo la boina asomaba habitualmente barba de varios días para consternación de sus abuelos porque éramos familia y a los que aprendí apreciar con los años. Seguro que Labordeta disfrutará de su compañía.
D.E.P.
viernes, 17 de septiembre de 2010
“Bigg Time”, de Ty Templeton.
Llega de la mano de Planeta con ocho años de retraso la obra más ambiciosa de Ty Templeton, un autor canadiense básicamente conocido por haber trabajado en las series de “Superman” y “Batman” o las series de cómics de la imprescindible serie de animación “Los Simpson”.
“Bigg Time” es una novela gráfica –sí, vale, aceptamos barco…- dividida en ocho capítulos en la que asistimos a las peripecias de Les Bigg (“Menos Grande”, en un juego de palabras que se pierde en español), un vagabundo calvo y amargado que se dedica a sablear a los transeúntes a base de insultarlos. Cuando Les baja a aliviarse a las vías del Metro recibe una descarga eléctrica que le permite ver a su ángel de la guardia, Stavros, una peculiar campanilla con barba y barriga que pasa bastante de cuidar de su protegido. A cambio de que Les no se chive a sus superiores llegado el momento de sus negligencias, Stavros concede a Les su mayor deseo, hacerle famoso, y es en este punto donde realmente empiezan las penalidades de nuestro protagonista en su ascenso a la fama.
A partir de un planteamiento poco original –las historias de geniecillo de la lámpara son casi tan antiguas como el mundo y si no acordaros de Aladino y la Lámpara Maravillosa…- Ty Templeton, hijo de un par de celebridades de Canadá, ajusta cuentas con la Fama y sus tópicos en esta sátira en la que el antihéroe protagonista vive todo tipo de disparatadas y extravagantes aventuras con tal de conseguir su objetivo de ser famoso.
“Bigg Time” es un tebeo correcto y entretenido pero a mí entender le falta chispa. No sé si el tiempo transcurrido desde su publicación -2002- o el encontrarse a medio camino entre el “underground” más descarado de autores como Shelton y Pekar (el parecido de Les con Pekar no sé si supone algún tipo de homenaje) y otros cómics con un planteamiento más comercial juega en su contra para hacer que su carga satírica le falte verdadera mordiente más allá del “caca, culo, pedo, pis” de sus gags y las lúcidas reflexiones sobre la fama y la religión que pone en boca de sus personajes. Con todo, ya digo, que el tebeo entretiene porque Templeton es un hábil dibujante que domina todo tipo de registros desde la caricatura al dibujo más realista y las surrealistas situaciones con que tortura a su antihéroe van de menos a más gracias a un más que correcto entendimiento de la narración gráfica, adaptando la composición de la página a los elementos de la historia (en un tornado, las viñetas aparecen movidas y desordenadas, las viñetas en que Stavros se mete en el cerebro de Les, etc…).
En definitiva, “Bigg Time” es un tebeo más que correcto en lo formal, que sabe aprovechar las posibilidades del lenguaje del cómic aunque resulte demasiado blanco en su contenido para que la sátira propuesta por Templeton sorprenda a estas alturas de la fiesta.
A propósito, Ty Templeton es un buen tipo y en su página web permite descargarse gratis la serie con que se dio a conocer en los ochenta "Sitg's Inferno" (el protagonista, Stig, tiene un breve encuentro con Les y Stavros en el epílogo de "Bigg Time"). Los interesados sólo tienen que pinchar aquí.
jueves, 16 de septiembre de 2010
“Anatomía de un instante”, de Javier Cercas.
Llevo muchos días dándole vueltas a como plantear esta entrada dedicada al último libro de “Anatomía de un instante” que leí A.V. (Antes de las Vacaciones, o sea, hace demasiado tiempo).
De entrada lo básico, es un libro que me ha gustado –mucho, además, y creo que ya es una de mis lecturas del año- porque desde el deslumbramiento que supuso para mí “Soldados de Salamina” soy un fiel seguidor de Cercas y me encanta perderme en su literatura sólo en apariencia sincera sobre la que deconstruye el artificio de sus novelas. Sin embargo, e intentando hilar más allá de mi subjetivo gusto que poco dirá a la mayoría de los que lean esto, es un libro que me desconcierta por la dificultad de clasificarlo no ya sólo como obra literaria - ¿Es una novela? ¿Es un ensayo? ¿Es un reportaje periodístico?...- sino para englobarlo simplemente como obra realista o de ficción.
Cercas es consciente de esas primeras trampas y el mismo avisa en el prólogo de la obra de sus propias preocupaciones y dificultades a la hora de escribir un libro que nació como novela en su mente para ir convirtiéndose en un análisis no sólo de los hechos a través de las famosas imágenes de Tejero con el pistolón en el Congreso que la mayoría de los que vivíamos por aquella época hemos asumido como recuerdos personales (y que el escritor se encarga de desmontar) sino también de las personas que los protagonizaron y el contexto que los precipitó. Cercas se acerca a los hechos, a sus antecedentes y sus consecuencias con el puntillismo del investigador que ha hecho bien su trabajo realizando un brillante estudio de documentación en la literatura sobre el golpe y en sus entrevistas con algunos de sus protagonistas pero, además, en su brillante disertación no obvia entablar un diálogo abierto con el lector para explicar no sólo los problemas con qué se ha encontrado a la hora de escribir el libro sino también sus propias y subjetivas conclusiones con lo que a partir de ese punto “Anatomía de un instante” la investigación entra en el pantanoso terreno de lo "posible" -o sea la ficción-, permitiendo a Cercas exponer sus deducciones alejadas de las líneas oficialistas para rellenar los puntos nunca aclarados respecto al golpe sin temor a consecuencias. De este modo, de la mezcla de realidad y ficción el escritor construye una obra inclasificable que le permite permanecer a salvo a los posibles ataques que le pudieran llegar por parte de aquellos que no estén de acuerdo con sus conclusiones en las que no se priva de plantear interrogantes sobre el papel contemporizador del rey y la implicación de los servicios secretos, al tiempo que ofrece una exposición aparentemente rigurosa de los hechos y su contexto histórico.
Cercas es un tahúr que va siempre varios pasos de sus lectores, desarmando sus objeciones antes que se produzcan y dirigiendo sutilmente la crítica en una obra en que el escritor es capaz de ir desmenuzando los hechos a través de una narración elíptica y redundante que ya conocíamos de anteriores obras pero que en “Anatomía de un instante” afina hasta un extremo que llega a ser obsesivo para ofrecer una reconstrucción original y diferente cercana únicamente en literatura a precedentes como “A sangre fría” de Truman Capote y en cine a “F of fake”, de Orson Welles.
Si, a pesar de todo, al final de su brillante deconstrucción del instante que pudo cambiar un país uno todavía desconfía de su rigurosidad o sinceridad, Cercas guarda un último cartucho para ganarse al lector apelando al intimismo introspectivo para mostrar “Anatomía de un instante” como homenaje la figura paterna aumentando la confusión respecto a la clasificación de una obra que más allá de su rareza o el interés que despierten los hechos que desmenuza se muestra como un estupendo documento literario enormemente rico, escrito por alguien que maneja los resortes de las estructuras narrativas con la habilidad de un maestro.
En definitiva, “Anatomía de un instante” es un libro apasionante no sólo como acercamiento a unos hechos históricos que todos los españoles deberíamos tener presentes sino como una obra literaria que abre nuevas vías de mestizaje a los géneros tradicionales. De lo mejor del año.
Claude Chabrol (1913-2010)
A vueltas con unas cosas y otras casi se me pasa la pérdida de otro grande del cine: el francés Claude Carbol, un miembro de la Nouvelle Vague que fue un maestro en la creación de atmósferas y personajes. Aunque por momentos resultaba desesperante, sus películas siempre tienen un punto inquietante que impide que dejes de mirar.
¡ Qué lástima que ya no se hagan películas así!
D.E.P.
“La Mujer Infiel” (1968)
“Las Ciervas” (1968)
“El Carnicero” (1970)
miércoles, 15 de septiembre de 2010
“Dr. Mabuse”, de J.M. Beroy.

En “Dr. Mabuse”, la obra con la que prácticamente se dio a conocer, Beroy se atreve a localizar la historia en el universo retro futurista imaginado por Lang y su mujer en esa obra maestra que es “Metropolis” para retomar la acción varios años en el futuro. de los hechos narrados en la película En la Metrópolis de Beroy, el hijo de Maria y Freder, Fredersen, maneja los hilos de la ciudad tras subvertir los ideales de sus padres. Sin embargo, frente al poder absoluto de Fredersen se alza un poder más oscuro y astuto, el del taimado Dr. Mabuse, que incitará a los ciudadanos a una nueva rebelión para sustituir a Freder en el poder.

Beroy sintetiza la obra de Lang recreando a uno de sus principales personajes, el Dr. Mabuse que protagonizará varias de sus películas alemanas, dándole un aire más pulp si cabe que el expresionista de las películas del alemán que adaptaban las novelas olvidadas de Norbet Jacques. El Dr. Mabuse es un personaje misterioso, taimado y amoral, del que el lector apenas cuenta con datos más allá de su obsesivo deseo de hacerse con el poder en la ciudad de Metrópolis usando para ello todo tipo de estratagemas que van desde el envenenamiento o la manipulación de las masas y sus secuaces para lo que no tiene problemas en usar de sus asombrosas habilidades para el disfraz o un ejército de autómatas mecánicos a sus órdenes.
En “Dr. Mabuse”, Beroy construye una cuidada recreación de la fría y elegante urbe modernista imaginada por Lang en una historia en, como es habitual en su obra, las referencias cinematográficas son constantes cuidando la narración para dotar al conjunto de las historias de una continuidad a pesar de estar pensadas para su publicación seriada pero contando al tiempo cada una de ellas con una subtrama que las hace únicas no solamente en su objetivo principal de entretener al lector sino también de arriesgar en el desarrollo formal de las historias buscando soluciones gráficas que le sitúan en la línea de “The Spirit” eisneriano o de autores más cercanos en el tiempo al propio Beroy como Steranko, Howard Chaykin y el Gibbons de "Watchmen". Cada una de las historias que componen el álbum son magníficas y sorprenden en un autor que en el momento de su publicación debía ser bastante bisoño pero entre todas destacaría “Taxi Nocturno” en la que Beroy describe el trayecto en taxi por una fría y lluviosa Metrópolis de un personaje que acabará siendo víctima de la manipulación del Doctor. El tratamiento de la lluvia es magistral así como las viñetas en que desde la perspectiva del interior del taxi se muestra el exterior.
“Dr. Mabuse”, de Beroy sorprende en cada una de sus historias con soluciones gráficas arriesgadas que enriquecen la obra exponencialmente respecto a su ya de por sí rica mixtura de referencias cinematográficas convirtiéndolo en un cómic que desgraciadamente ha permanecido demasiado tiempo olvidado. Envidio a los que vayan a descubrirlo por primera vez en la nueva edición que se prepara.
Otras obras de J.M Beroy en El lector impaciente:
“Versus”.
“Zoo-Las aventuras de Tristán Karma”.
“666-999”








