miércoles, 8 de mayo de 2013

“Bogey”, de A. Segura y Leo Sánchez.


Estos días que por fin hemos visto “Hombre publicado en una nueva edición, no está de más recordar y reivindicar otra de las grandes obras ochenteras de ese gran guionista que fue Antonio Segura en la que demostró que su talento no solo se limitaba a las distopias futuristas sino que además manejaba los resortes del género negro con una habilidad propia de los más avezados maestros. Me estoy refiriendo, claro está, a “Bogey”, serie creada junto al magnífico dibujante Leopoldo Sánchez.

Bogey Nicolson es un detective cínico y desencantado, un perdedor de vuelta de todo que en un futuro no demasiado lejano, se gana la vida aceptando los casos de los desesperados que pasan por su oficina. En un mundo feo, sucio y cruel en el que los más poderosos, fuertes y malos campan por sus respetos, Bogey sigue sus instintos y su propio código para sobrevivir entre tanta hostilidad y desesperada.
Bogey” fue una serie de azarosa publicación, pues inicialmente fue ideada por Sánchez y Segura a finales de los setenta para “Crack”, un proyecto de revista de los que abundaron en la época y que no acabó de ver la luz. Por este motivo, las primeras historias de"Bogey" aparecieron autoeditadas por Leo Sánchez, previamete a que Norma adquiriese la serie para su publicación en la revista “Cimoc” a partir de 1981. Posteriormente, las aventuras de Bogey fueron continuadas también durante un corto período de tiempo en “K.O. Comic”, revista insignia de esa hermosa pero corta aventura editorial en el que participaron Segura y Sánchez conocido como Metropol.

Como decía, a través de los casos de “Bogey”, desarrollados en historias de muy distinta extensión, Segura puso de manifiesto su dominio de las claves del género negro aplicando a unas historias que más allá de la leve caracterización futurista ponían de relieve toda la ortodoxia fatalista propia de los mejores hard boiled. En ese sentido, la visión cínica y desencantada que vierte Segura a través de Bogey Nicolson emparenta directamente con las maneras duras y cínicas de los Ellroy o Cain, autores que se pueden rastrear en sus brillantes diálogos y las secas y descarnadas cartelas que apoyan muchas de las viñetas.
En el aspecto gráfico, estamos probablemente ante el mejor trabajo de un Leopoldo Sánchez que ya gozaba de un nombre internacional a partir de sus colaboraciones en las revistas de “Warren Publishing”. Sin embargo, Sánchez brilla como nunca en el conjunto de historias de esta serie en las que muestra su dominio apabullante del claroscuro en la mejor tradición de los maestros de prensa norteamericanos con personajes detallados y expresivos al tiempo que incorpora una narración moderna y sorprendente que llamaría la atención incluso más allá de nuestras fronteras llegando a ser reconocida por Dave Gibbons como una de sus influencias a la hora de acometer la composición de la celebrada “Watchmen”.

Por estos y muchos más motivos a descubrir tras su lectura, “Bogey” es una obra referencial dentro del cómic negro español que no debería continuar olvidada. No estaría de más que ahora que EDT ha cogido carrerilla se animara a recopilar en integrales este magnífico tebeo.
Como lo mejor es que lo comprobéis por vosotros mismos, aquí os dejo un enlace a la serie de entradas que en su excelente blog “No Trespassing!” Tristán Cardona ha desarrollado en torno a esta hora, incluyendo la reproducción de historias completas. No tienen desperdicio.

martes, 7 de mayo de 2013

“El temor de un hombre sabio”, de Patrick Rothfuss.

Embargado de mi infinita fe en la capacidad para mejorar del género humano, alguna buenas críticas de conocidos y el ver en los andenes de Metro a más de un usuario cargando con el mamotreto, decidí darle una segunda oportunidad a Patrick Rothfuss – que aseguraba además haberse tomado su tiempo para "no escribir un libro más, sino el mejor de los libros posibles", según leí en algún sitio que no recuedo- y me he embarcado en las últimas semanas en la lectura de “El temor de un hombre sabio”, la esperada por algunos segunda parte de “El nombre del Viento”, sobrevaloradísima novela de fantasía la que ya escribí algo por aquí.

Kvothe retoma  el relato de su vida en la taberna en la que se esconde al Cronista que le escribe su biografía allá donde lo dejara. Tras abandonar sus estudios de magia en la Universidad durante unos trimestres, Kvothe pasará un tiempo viajando sirviendo al poderoso Maer Alveron, al que salvará la vida y prestará importantes misiones, conocerá a la mágica Felurian que le descubrirá los placeres del sexo y se adoctrinará y aprenderá los secretos de los esquivos adem, al tiempo que intenta averiguar más cosas en torno a los legendarios Chandrian de los que espera algún día vengarse por la muerte de sus padres y familiares.

En fin, si Patrick Rothfuss esperaba escribir una novela mejor que “El nombre del viento” me temo que en mi opinión no lo ha conseguido, ya que no solo no corrige ninguno de los defectos que veía en aquella sino que además parece incidir en los mismos. Con una extensión excesiva y unas situaciones alargadas hasta el aburrimiento, “El temor de un hombre sabio” no solo ensalza hasta la antipatía a su protagonista, un antihéroe adolescente que da igual los bretes en que le ponga su autor porque ya sabemos de antemano que saldrá airosos de los mismos merced a la estructura narrativa de la obra, sino que además las aventuras que protagoniza al lector avezado en el género fantástico no puede más que sonarle, ya alejado de la Universidad a lo J.K. Rowling donde se localizaba la primera novela, a refrito teen de los Leiber, Moorcock o Howard, por nombrar solo a tres autores referenciales.

En fin, seguramente as aventuras de Kvothe a mí me han pillado mayor y no me acabo de identificar ni con el personaje ni con el autor pero la pobreza argumental, de personajes  y de estilo de esta novela, me hace sospechar que si esto es de lo mejorcito que puede dar el género fantástico en los próximos años, el rasero de los expertos es realmente bajo o interesado.

Rothfuss es joven todavía y quizás no ha aprendido que por acumular más páginas se escriben mejores novelas. Espero que por él y por el bienestar de las articulaciones de su legión de seguidores que lo leen en los andenes del transporte público aplique esa lección en la próxima entrega. Yo, por el momento, me bajo de este carro desde ya.


lunes, 6 de mayo de 2013

“Batman contra Robin”, de Grant Morrison, Andy Clarke y Cameron Stewart.




ECC Ediciones sigue recuperando sin prisa pero sin pausa en cuidadas ediciones la reciente etapa de Grant Morrison en la serie “Batman y Robin”, que Planeta ya publicase en grapa hace un par de años, de cuyo primer tomo ya escribí algo por aquí. He de decir que he disfrutado como un enano este puente con la relectura de esta segunda entrega, titulada “Batman contra Robín” que recoge los números 6 a 12 de la serie norteamericana, en el que queda patente cómo  progresivamente el genial guionista escocés va perfilando su plan para el regreso de un Bruce Wayne presuntamente fallecido, al tiempo que consolida la extraña pareja de Batman y Robin que le sustituye formada por Dick Grayson y Damian Wayne, sacando provecho incluso de las imposiciones editoriales como el correspondiente cruce con el megaevento que absorbió la mayor parte de las series del universo DC hace un par de años (parece que fue hace una década…), “La noche más oscura”.

En el primer arco, “El Caballero Más Oscuro”, Dick Grayson viajará a Inglaterra para, ayudado por Catwoman, Caballero y Escudero, intentar resucitar  a Bruce Wayne en una olvidada fosa de Lázaro por la que disputan los señores del crimen londinense, mientras en “Batman contra Robin”, el recuperado Damian volverá a asumir sus funciones como Robín aun cuando se encuentre dividido entre su lealtad por su madre, Talia al Ghul, y su creciente afinidad con el nuevo Batman y se pongan al descubierto los planes de control de aquella. Batman y Robin junto al misterioso Oberon Sexton asumen la investigación de las pistas que un Bruce Wayne desde el pasado parece haber sembrado por toda la Mansión Wayne mientras esta es asediada por un misterioso culto al demonio murciélago Barbatos.

Dudo mucho que cualquier otro guionista en el género superheroico fuese capaz de sacar adelante, ni mucho menos le dejarán intentarlo, una trama tan embrollada como la que ideó Morrison en su etapa en “Batman y Robin” pero que, al mismo tiempo, fuese tan coherente en esencia con las características del personaje. Morrison es capaz de colar con toda naturalidad en la continuidad personajes de nuevo cuño ideados por él para una imaginada serie sobre Caballero y Escudera (¿?) para sin solución de continuidad embarcarse una entretenida trama detectivesca a partir del árbol genealógico de los Wayne tomando como referentes personajes presentados y  olvidados por diversos autores a lo largo de los años. Y aunque en ocasiones sospechemos que estamos ante la obra de un avispado que nos está tomando el pelo o de uno de esos autistas geniales poco a poco vamos comprobando conforme avanza la lectura de la serie que el astuto Morrison tiene un plan dentro del caos que ha montado y va situando las diversas piezas en su lugar para componer poco a poco un fresco multireferencial y poliédrico en el que presentar todas las encarnaciones y versiones del Hombre Murciélago a lo largo de todas estas décadas.

En el aspecto gráfico, en este tomo Frank Quitely se limita a dibujar las portadas para dejar los interiores a cargo de Cameron Stewart y Andy Clarke, dos dibujantes más que correctos pero que en estos números se limitan a cumplir con las directrices de Morrison sin destacar demasiado. Especialmente irritante me ha parecido la versión que ambos autores ofrecen de Talia al Ghul uno de los más atractivos personajes femeninos que pueblan el panteón batmaniaco desde los tiempos de Neal Adams al que no son capaces de retratar adecuadamente, en mi opinión.

A pesar de ello, “Batman contra Robín” es una lectura clave para disfrutar y entender la controvertida labor de Morrison al frente de las colecciones de “Batman” previa al NUDC dotando al personaje y su mundo de un riesgo autoral, dinamismo y frescura que llevábamos tiempo echando de menos. Solo por ello merece la pena echarle un ojo.

martes, 30 de abril de 2013

“Casa Bábili”, de Duleimi, Carbajo y Rojo.




En los últimos años, el Cómic de autor ha sido testigo preferente y ha levantado acta de los principales dramas sociopolíticos que han surgido en diversas partes del mundo siendo en la mayor parte de los casos abanderado en la reivindicación de las víctimas de esos conflictos. De este modo, con autores como  Marjane Satrapi, Joe Sacco o Guy Deslile como puntales que nos han presentado con testimonios de primera mano las situaciones de Irán, Corea del Norte, Palestina o Bosnia logrando incluso con  su repercusión trascender los  límites del "mundillo", han ido apareciendo poco a poco más obras y más autores que con su propia voz seguían  la misma línea reivindicativa. Siguiendo esta idea del cómic como instrumento idóneo para acercar a los ciudadanos contemporáneos las grandes injusticias de nuestro tiempo, se hacía notar la ausencia de una obra que se acercara a la realidad iraquí tras décadas de invasiones y conflictos y una repercusión mediática casi diaria  por lo que , ha sido una agradable sorpresa que para rellenar ese vacío haya aparecido, coincidiendo con el décimo aniversario del inicio de la guerra de Iraq, obra de los autores españoles Sara Rojo y Javier Carbajo y dentro de la Colección Nómadas de Norma Editorial y con el apoyo de la CEOSI y la Fundación Al Fanar,  “Casa Bábili”, adaptación de la novela  "Saidat Zahal" ("Las mujeres de Saturno") de la escritora iraquí Lutfiya Duleimi, quién también ha colaborado  personalmente en la adaptación de su novela al cómic.

En los primeros meses tras la caída del régimen de Saddham Hussein y el caos tras la ocupación por las tropas norteamericanas, la población civil de Iraq intenta sobrevivir a la irracionalidad de la guerra en la que han sumido a tan rico país los intereses y egoísmo de unos y otros. A través de las vivencias de la protagonista Hayat Bábili, una treinteañera divorciada que se ha visto atrapada en la Casa familiar, y sus amigas se nos descubrirán las experiencias de los iraquíes corrientes que tratan de sobrevivir al día a día manteniendo en la medida de lo posible sus ilusiones y sueños frente a la crudeza de su realidad cotidiana.

Sin haber leído la obra original, Sara Rojo ha hecho un gran trabajo a la hora de trasladar al lenguaje del cómic la novela en la que se inspira captando perfectamente la esencia de una historia que busca la empatía del lector respecto a unos ciudadanos iraquíes de a pie víctimas de un conflicto  en demasiadas ocasiones mediatizado por los informativos y con cuyos problemas y reacciones no resulta difícil identificarse. Precisamente, el gran mérito de esta obra es dar voz a todos esas víctimas que no son noticiables pero que en su día a día sufren las consecuencias de una guerra injusta. 

Rojo da con la tecla a la hora de caracterizar a cada una de las amigas protagonistas, víctimas todas de un modo u otro de la locura de la guerra y reaccionando al conflicto de manera díspar en función a su personalidad,  y contextualizar los hechos  manteniendo la objetividad respecto a las distintas partes de la contienda sin tomar partido por ninguna salvo por la situación de las víctimas.  Salvando las distancias, y sobre todo en su primer capítulo, “Casa Bábili”  me ha recordado a los cómics de Sfar, especialmente “El gato del rabino” a la hora de presentar dentro de la tradición oral y orientalizante propia de las mil y una noches la rica cultura iraquí arrasada posteriormente por el conflicto.

Quién también realiza un gran trabajo gráfico es Javier Carbajo, con un efectivo dibujo realista pero de trazos simples que crea una atmósfera naif para la presentación de la historia que contrasta con la brutalidad de los hechos narrados. Se intuye que Carbajo ha estudiado especialmente la obra de Marjane Satrapi para sintetizar y hacer suyo sus recursos. Especial mención merece el acertado trabajo como colorista esta vez de Sara Rojo que resalta el dibujo de Carbajo y da al color un significado narrativo al contraponer la suavidad de las historias en el pasado con la expresividad brutal de los fuertes contrastes de la historia que se desarrolla en el presente.

En fin, “Casa Bábili” es un todo un hallazgo y un cómic interesantísimo no solo al trasladar al lector español la realidad brutal que viven los iraquíes sino también por una plasmación formal que de una manera sencilla pero inteligente hace uso de los recursos del cómic para enfatizar y resaltar la historia. Muy interesante. Completa el volumen, a modo de complemento del cómic,  una serie de artículos complementarios que dan una mayor información acerca de la triste situación que viven los iraquíes. Ojalá cambíe pronto.

lunes, 29 de abril de 2013

“Ragemoor”, de Richard Corben y Jan Strnad.


 

Si hay un dibujante de cómics que ha sabido reflejar gráficamente el terror gótico en sus obras como nadie ese ha sido Richard Corben. Consciente de ello, el guionista Jan Strnad ha concebido en “Ragemoor”, miniserie de cuatro números editado en Estados Unidos por Dark Horse y que acaba de publicar en España en un tomo unitario Norma Editorial, una historia ideal para que el genio de Missouri se luzca y exponga todo su talento y a fe mía que lo consigue.

Ragemoor es un castillo ancestral, una mansión maldita que parece casi viva y a la que sus moradores, los últimos miembros de la familia Ragemoor, se encuentran encadenados por lazos más profundos que los de la tradición. Cuando a la mansión, llega un tío lejano junto a su bella hija Anoria los espantos primigenios que habitan en Ragemoor se aliarán para que nunca más puedan salir.
Strnad construye un estupendo relato de terror clásico tan tributario de los cuentos de Edgard Allan Poe de los que se pueden captar guiños evidentes a “La Caída de la Casa Usher” o a poemas como Annabel Lee, Lenore o Ulalume, sobre todo en lo referente al único personaje femenino de la obra Anoria, y una emulación evidente al terror primigenio y abisal idado por Lovecraft y sobreexplotado en sus Mitos por él y sus seguidores. De este modo, Strnad consigue su objetivo de no perder el paso de sus mayores y desarrollar una correcta historia de terror referencial que transita por terrenos familiares para todos  los lectores aficionados al género de terror a las que en principio va dirigida que la encontrarán respetuosa al extremo de las convenciones y maneras que esos pioneros establecieron.

Si "Ragemoor" es un tebeo destacable es sin duda por la presencia de Richard Corben quién desde antiguo ha destacado por su capacidad para adaptar los clásicos del terror como pocos lo han conseguido. En “Ragemoor” encuentra el vehículo ideal para su lucimiento en una historia que sitentiza todo lo bueno demostrado en sus anteriores adaptaciones de las obras de Poe, Lovecraft o Hodgson, ya  que en estas historias de terror primigenio parece  sentirse especialmente cómodo sin necesidad, todo hay que decirlo, de esforzarse demasiado. En ese sentido,  practicando unos claroscuros densos y absorbentes, Corben construye la atmósfera adecuada para trasladar, sin ahondar en grandes detalles más allá de escasos elementos ornamentales propios del terror gótico –calaveras, cuadros, y esqueletos por doquier-, la amenaza latente del castillo viviente.

Con su maestría habitual y sin demasiado esfuerzo ni atención por los fondos en algunas ocasiones, con muy pocos elementos Corben presenta una historia que va evolucionando en cada capítulo dejando patente su calidad y oficio, a pesar que conforme la trama avanza se va volviendo menos detallista y más esquemático aunque finalmente la historia queda perfectamente hilvanada y se llega a una conclusión aceptable acorde con lo presentado en los capítulos anteriores.

 Ragemoor hará las delicias de todos los aficionados al terror clásico decimonónico y primigenio mostrado por un dibujante genial que tira de oficio y sapiencia para satisfacer las expectativas mínimas que siempre se le demandan. Y es que, ojalá por muchos años, Corben sigue siendo mucho Corben.

viernes, 26 de abril de 2013

“De vuelta a casa”, de Jordi Bernet y Sánchez Abuli.



Me preguntaban por aquí mi opinión sobre este “De vuelta a casa” y dejaba pospuesta la entrada a que lo encontrara por casa. Releído el tebeo, recientemente reeditado por Glénat/EDT en una cuidada edición, en su primera edición en álbum por Toutain - tras su publicación original seriada en “Zona 84 - me sigue pareciendo igual de gamberro, cafre y divertido que en el momento de su primera lectura.

En el siglo XXIII, un grupo de dispares asesinos han sido condenados a perpetuidad en el árido planeta prisión Goblin desterrados de la Tierra por sus crímenes. Allí viven abandonados a su suerte bajo la ley del más fuerte hasta que unos amistosos alienígenas llegan en su platillo volante a confraternizar. Tras hacerse con la nave, los convictos regresan a la Tierra donde intentan escapar mientras son perseguidos por las fuerzas de seguridad.

Leída hoy en día “De vuelta a casa” es una gamberrada algo ingenua del genial tándem formado por Enrique Sánchez Abuli y Jordi Bernet, nacida de la necesidad de ofrecer nuevas obras a raíz del éxito que supuso “Torpedo 1936. Sánchez Abuli incorpora a una clásica trama de fugas elementos de Ciencia Ficción y Surrealismo aunque enseguida se lleva la trama tras el regreso de los presos a la Tierra al género negro en el que siempre se ha sentido más cómodo para relatar el destino final de los presos.

De este modo, la Tierra a la que regresan los presos más que a una utopía futurista responde más a un planeta anclado en torno a los años sesenta del siglo pasado en el que apenas, más allá del destierro de los presos a Goblin, no parece que haya habido avances tecnológicos relevantes. Y es que la ambientación de la historia no les importa demasiado al dúo creativo y, de hecho la ironía en torno a la presencia extraterrestre o la misma fuga, no deja de suponer una rechifla crítica a la Ciencia Ficción tan en boga en los primeros ochenta.

Por otro lado, las historias/capítulos en que se narra el destino de los presos muestra en toda su plenitud el talento de Sánchez Abulí para construir tramas negras evocadoras de los clásicos del cine negro a las que añade su particular estilo guasón y su gusto por los juegos de palabras chulescos y callejeros a los que en esta ocasión incorpora como una concesión más a su humor surrealista la presencia como perseguidores de los presos de una fuerza de seguridad formada por un grupo de delirantes enanos rockers.

En el aspecto gráfico, Bernet sigue mostrando su enorme talento y el grado de compenetración e implicación total que por aquel entonces había logrado con Sánchez Abulí, jugando con su estilo para otorgarle un tono más caricaturesco o imprimir una dosis mayor de realismo sucio para adaptarlo a los diferentes giros que una misma historia Sánchez Abulí era capaz de incorporar. Ello es especialmente patente en la historia que cierra el álbum en la que se muestra el destino de los dos últimos reos y en la que en paralelo se contraponen los destinos de un sórdido asesino pedófilo mediante un realismo expresionaista repleto de claroscuros y fuertes contrastes  y las de un mexicano algo salido  con un trazo más limpio y caricaturesco que posteriormente explotaría hasta la saciedad en "Clara de Noche" .

De vuelta a casa” es un pequeño gran tebeo poco reconocido del genial dúo formado por Bernet y Sánchez Abulí que más se disfrutará cuanto menos en serio se acometa su lectura dejándose llevar por su irreverencia hacia las convenciones y las fronteras entre géneros. Muy recomendable.   

jueves, 25 de abril de 2013

“Érase una vez en Francia: Volumen 1”, de Fabien Nury y Sylvain Vallée.


Norma Editorial parece ponerse las pilas e inicia la publicación en integrales a razón de dos álbumes cada integral, de “Érase una vez en Francia”, un interesante multipremiado en Angouleme polar guionizado  en solitario por Fabien Nury –al que en España ya conocimos a través del tándem que formó con Xavier Dorison en la entretenida “WEST”- y  dibujada por Silvain Vallée, excelente dibujante poco conocido en España.

Érase una vez en Francia” cuenta la historia de Josef Joanovici, un judío rumano analfabeto emigrado con su familia a Francia tras las purgas zaristas donde se abrió camino para construir desde un humilde negocio de chatarrería un poderos imperio  mafioso capaz de codearse en la Francia ocupada con los nazis y la  Resistencia al tiempo que salvaba a cientos de su compatriotas. Tras la Guerra, el cada vez más influyente, poderoso y escurridizo Joanovici es investigado implacablemente por el Juez de Melún en una obsesiva persecución que se convertirá en una vendetta personal a lo largo de las décadas.
Nury y Vallée nos proponen una serie apasionante partiendo a grandes rasgos de la historia real de Josef Joanovici rellenando los huecos en torno a tan apasionante y misterioso sujeto con sus propias fantasías adaptando mucos de los tópicos y convenciones en torno a la mafia norteamericana surgidos de la literatura y el cine incorporados al apasionante contexto histórico de la Francia ocupada. De este modo, mientras uno va leyendo este primer integral no puede dejar de resultarle familiar desde el mismo título de la serie, en clara referencia a la película de la película de Sergio LeoneÉrase una vez en América”, a situaciones tomadas directamente de la saga de “El Padrino” de Puzo y Coppola.  Y, a pesar de usar unas referencias tan obvías, no molesta gracias a lo hábilmente  y el detalle con los que Nury construye la ambientación, describe unos personajes complejos y llenos de matices e incorpora unos diálogos concisos y realistas que acaban haciendo de esta serie una excelente BD de género con todos los elementos para gustar a un amplio espectro de potenciales lectores.

Especialmente destacable  a nivel formal es el primer álbum, “El imperio del señor Joseph”, en el que a través de presenta a grandes rasgos las premisas de la serie que irá desarrollando a lo largo del resto de los álbumes en diversos planos temporales, centrándose ya en el segundo, “”El vuelo negro de los cuervos”, en las peripecias del antiheroico Joanovici en la Francia ocupada.



Si la historia de Nury está bien construida, se ve a su vez beneficiada por el estupendo trabajo de un brillante Sylvain Vallée, un dibujante exquisito aunque de escasa producción que en esta serie ha hecho su mejor trabajo hasta la serie. Vallée, potenciado por el gran tratamiento del color de Delf,  es un dibujante elegante y sobrio capaz de caracterizar cualquier situación o personaje realizando un magnífico trabajo en la mejor tradición de la BD más convencional, comercial y realista pero dando a su estilo una frescura y dinamismo que lo hacen atractivo y moderno.

Érase una vez en Francia” es una estupenda serie de género que deja con ganas de más por lo espero ver pronto publicadas por Norma las siguientes entregas, aunque me temo que los dos integrales que faltan todavía no han aparecido en Francia, por lo que seguramente nos tocará esperar. Lo mejor, como siempre, está por venir.

miércoles, 24 de abril de 2013

“La Colmena”, de Charles Burns.





Un poco por sorpresa me ha pillado la publicación por Mondadori de “La Colmena”, la segunda parte de la trilogía que Charles Burns iniciara con “Tóxico” y que ya comentáramos por aquí, pero detectada su presencia en la librería me ha faltado tiempo para leérmelo y, con que la conclusión esté en la línea de las dos entregas publicadas, adelanto que podemos estar ante uno de esos tebeos auténticamente imprescindibles.
Doug vive una vida traumatizada en dos planos en la que emergen en sus sesiones de psicoanálisis los recuerdos de su juventud idealizada junto a su novia Sarah o la relación confusa con su padre junto a las fantasías en las que su alter ego vendado ha encontrado trabajo en La Colmena donde intenta cuidar a Lily, una madre nodriza postrada en cama enganchada a un cómic sentimental de los cincuenta escrito en caracteres orientales de la que le faltan algunos capítulos para acabar de entender del todo  la historia.

Cantaba Javier Gurruchaga con su Orquesta Mondragón eso de “Viaje con Nosotros” y su estribillo pegadizo resonaba en mi cabeza tras acabar  la continuación del viaje iniciado en “Tóxicoque nos propone Burns por la psique trastornada y los mundos delirantes protagonizadas por las diversas encarnaciones de Doug, una excusa genial  para plasmar las propias obsesiones de este particular y genial autor en una historia compleja y metafórica en torno a la complejidad de la personalidad humana.

Desde el principio, Burns juega a descolocar al lector provocando la desorientación respecto a una historia aparentemente desestructurada, desordenada y caótica pero que engancha al leer ante la habilidad de Burns para seducir con sus desasosegadotas viñetas y esconder bajo la aparente claridad, incluso simplicidad, narrativa propia de la Línea Clara con la que dibuja las diversas tramas lo farragoso, oscuro y complejo del significado. Conforme la historia avanza a través de las diversas subtramas entrelazadas, cada una dotada de su propia lógica interna, el lector va intuyendo la intención del autor y lo ambicioso de su proyecto aun cuando  todavía no contemos con todas las claves  que es de esperar Burns exponga en la tercera entrega de la trilogía aun por publicar, “Cráneo de Azúcar”.
En las distintas subtramas  tanto las que se inician en  La Colmena” como las que se presentan en “Tóxico”, Burns explora los temas que ya había desarrollado en obras anteriores: su gusto por el cine cutre de terror de serie Z plagado de monstruosos freaks mutantes, las inseguridades en torno a la identidad y el amor adolescente  y la omnipresente atmósfera de misterio en la que el lector es obligado a implicarse en intentar aclarar a través de las claves que Burns va proporcionando toda la riqueza de significados implicitos e intuidos.
Burns expone al voyeurismo del lector la complejidad de su universo obsesivo mediante la sobreexposición de una estudiada simbología en la que los planos onírico y supuestamente "real" se retroalimentan a través de una estudiada simbología reforzada por  manifestaciones artísticas en las que las fotografías y los cómics se convierten en canales de comunicación entre los distintos planos de la personalidad del autor,  presentada la historia carente del asidero de la linealidad externa en diversos momentos de la existencia del protagonista.

La Colmena” es la continuación de un viaje alucinante y apabullante que atrapa al lector en una enfermiza historia que ya hubieran querido imaginar los Kafka, Cronenberg, Vian, Lynch y cia en la que no tenemos muy claro todavía de donde hemos partido ni hacia donde nos dirigimos mientras nos dejamos guiar por un cirujano de las viñetas como Burns, especialmente inspirado en la exposición de los diversos planos de la psique humana. Asomémonos al abismo y  disfrutemos del paisaje.

martes, 23 de abril de 2013

En el Día del Libro, regala Tebeos 2013.





Cuando El lector impaciente era un blog pequeño y la Blogosfera Comiqueril hervía de entusiasmo juvenil,  surgió una bonita iniciativa para promover la lectura –y compra- de Cómics conocida como “En el Día del Libro, regala Tebeos” consistente en recomendar algún cómic para regalar en el Día del Libro.

Y aunque este blog si por algo se caracteriza es precisamente por opinar y comentar cómics casi a diario, me parece que “En el Día del Libro, regala Tebeos” es una tradición que no debería perderse  así que os hago una selección de algunos de los mejores tebeos que he leído en los últimos meses por si alguien quiere (auto)regalarlos aprovechando los descuentos ahora que todavía está a tiempo







Esas son mis recomendaciones pero además animo a que desde los blogs y páginas de cómics vecinas y amigas se sumen a la iniciativa y a los lectores que queráis dejéis en los comentarios vuestras propias recomendaciones que todas suman. 

Feliz Día del Libro y del Tebeo, lectores y lectoras.