lunes, 22 de abril de 2013

“Ojo de Halcón: Seis días en la vida de…” de David Aja, Matt Fraction y Javier Pulido.





Panini inicia por fin la publicación de la serie protagonizada por Ojo de Halcón con el primer recopilatorio que incluye los seis primeros números a cargo del guionista Matt Fraction y los dibujantes españoles David Aja y Javier Pulido. A estas alturas, no voy a descubrir a nadie quién es Ojo de Halcón pero por si hay algún despistado diré que es un secundario de lujo de esos que son argamasa del Universo Marvel. Un arquero infalible miembro de Los Vengadores que, salvo contadas excepciones, nunca ha gozado de un gran protagonismo individual, principalmente porque tampoco lo ha necesitado ya que su personalidad, andanzas y evolución donde mejor funcionaban era dentro de alguna de las muchas colecciones de “Los Vengadores”, haciendo de contrapunto perfecto a otros personajes. Por ese motivo, esta serie para el equipo creativo formado por Fraction y Aja se me antojaba un regalo envenenado . 
En estos números, se nos presenta a un Clint Barton, alías Ojo de Halcón, alejado de su faceta superheroica habitual como miembro de los Vengadores pasando sus escasas horas libres entre los vecinos de la comunidad en la que se ha comprado el apartamento. Sin embargo, cuando el propietario del edificio pretende desahuciar a los inquilinos Barton se erigirá en su defensor al tiempo que se mete en líos con el Circo del Crimen o echa una mano a Shield.

Ojo de Halcón siempre ha sido un héroe desubicado más allá de su pertenencia a Los Vengadores. Tenía la talla para ser un superhéroe urbano, un justiciero oscuro o un superespia encubierto magistrales pero ya había otros personajes en la Casa de las Ideas que ocupaban esos roles con colección propia, por lo que se convirtió en la versión mini de todos esos registros en las colecciones de Los Vengadores y con distintos guionistas lo bordó convirtiéndose en un recurso imprescindible. Los muy fans podrían  pensar que Fraction y Aja ahora que contaban con la oportunidad iban a deshacer esta injusticia histórica desarrollando todo su potencial, sin embargo, estos arropados por su editor han optado por la vía más difícil ahondando en las inseguridades del personaje. Si alguien quiere ver a Ojo de Halcón lanzando miles de flechas y siendo más o menos fiel a su continuidad que siga leyendo las series regulares de “Los Vengadores” donde aparezca en estos momentos porque esta serie –para bien o para mal- es una serie de cómic de superhéroes de autor y lo que prima antes de lo que te cuentan y quién protagoniza la historia es quién te lo cuenta y cómo te lo cuenta.

 Fraction ha tirado por la calle de en medio y en una maniobra que descolocará a más de un lector opta por un giro novedoso al construir un nuevo escenario para el personaje alejado de Los Vengadores, aun sin renunciar tampoco abiertamente a su tradición, para inventarse un antihéroe urbano y doméstico, sucio y realista, más apegado a los modos de los hard boiled setenteros protagonizados por Steve Mcqueen o los perdedores de James Ellroy que a las maneras de los supertipos en mallas, convirtiéndole a su pesar en el robin hood de sus vecinos de edificio frente a los tejemanejes de los hampones que pretenden echarlos y vender el inmueble. A lo largo de los diversos episodios dibujados por Aja, Fraction va desarrollando este macguffin inconcluso desarrollando la cara frágil del superhéroe a la estela del Miller de “Born Again” en una sucesión  de tramas simples pero efectivas que permiten el lucimiento del dibujante y mantener la estructura clásica de 24 páginas permitiéndose alguna licencia a la espectacularidad y el estiramiento de la trama en “La Cinta”, la historia en dos capítulos dibujada por Javier Pulido.

En esta deconstrucción del superhéroe que es hasta el momento la serie, Fraction otorga como no podía ser de otro modo una sidekick que dé el contrapunto al protagonista a través de la Ojo de Halcón de los Nuevos Vengadores, Kate Bishop . Un personaje al que presenta como la contraposición de Clint Barton y con la que hay que esperar vaya desarrollando en las próximas entregas una mayor complicidad.

Las tramas ideadas en estos números por Fraction son bastante simples y si resultan interesantes es básicamente por la gran labor de los dos dibujantes españoles que aportan mediante una narración en la que prima el diseño minimalista frente a la espectacularidad hiperrmusculada habitual en el género una nota de originalidad, retorciendo las convenciones lógicas y jugando con el ritmo y la linealidad de las historias  para otorgar un plus de calidad, abriendo al lector habitual exclusivamente de superhéroes una ventana a muchos recursos del cómic  que por desgracia en muchas ocasiones se obvían o directamente se desconocen aun cuando en otras épocas se desarrollaron dentro del género superheroico. Pulido y Aja apuestan por su trabajo y conocimiento del género y usan del trampolín mediático de un personaje como Ojo de Halcón para reivindicar el cómic de superheroes de autor y para ello en estos episodios no se cortan a la hora de jugar con la linealidad de la narración o experimentar distintos recursos, tal y como años ha lo hicieran los Steranko, Ditko y cia.  
Mención especial merece David Aja para quién lo más sencillo hubiera  sido emular las formas de “El inmortal puño dehierro” y ahondar en la espectacularidad fotorrealista de esa serie, sin embargo para este nuevo proyecto  opta por arriesgar adaptando el minimalismo formal a lo Chris Ware al género de superhéroes mediante un dibujo de trazo preciso, expresivo y simple evocador de Mazzuchelli,  incorporando atractivas notas de diseño que en cada página esconden alguna sorpresa visual que ayuda a renovar lo trillado de unas tramas tópicas a las que da nueva vida. No me gustaría dejar de destacar tampoco la labor de un Javier Pulido, que sin renunciar al mismo interés por el diseño que ya viniera demostrando desde "Blanco Humano", otorga a su historia una mayor espectacularidad en una trama a lo James Bond más convvencional aunque en ocasiones se torne algo confusa en su desarrollo para lo que se quiere contar.

 En definitiva, los  dos dibujantes disparan parecidas flechas a la misma diana, buscando sorprender al lector abriéndole la mente sobre las posibilidades visuales del género aunque ello en ocasiones fuerce la narración y la estructura lógica de la historia.
Una advertencia final, “Ojo de Halcón” no es una colección de superhéroes al uso y sí se trata de un cómic arriesgado, innovador y experimental en el que prima la identidad de los autores antes que las ideas preconcebidas que el lector pueda tener sobre el personaje que lo protagoniza. Si se acepta esa premisa, el viaje para el lector será una gozada visual, pero si el lector no está dispuesto a renunciar a los tópicos prestablecidos en torno al género puede llegar a parecerle un coñazo infumable. Es el precio de optar por la búsqueda de la genialidad.

viernes, 19 de abril de 2013

Richard Corben y Heaven’s Gate.



Probablemente, más allá de sus más (re)conocidas colaboraciones con Meat Loaf o Jim Steinman, si ha habido un grupo musical que se ha aprovechado del inmenso talento de Richard Corben para la realización de sus portadas ese ha sido la banda alemana de Heavy Metal, Heaven’s Gate, que contó con el genio de Illinois para nada menos que tres de sus cinco discos de estudio.

La fructífera colaboración se iniciaría en 1991 cuando el grupo utilizó la famosa y controvertida ilustración “Blue Dragon” con la que en 1984  Corben quiso ironizar en torno a su supuesto sexismo (y que seguramente a día de hoy sería censurada por promover la esclavitud infantil) para su segundo disco, “Livin in Hysteria” Más tarde, el éxito de este disco conllevó que la banda grabase un E.P. de cuatro temas, “More Hysteria”, para el mercado japonés en el que volvería a usar el icónico dragón azul y la esclava barriendo.

Para su siguiente largo y quizás el disco más conocido del grupo que aparecería en 1992, “Hell for sale!”, Heaven’s Gate volvería a recurrir al irresistible gancho de una de las portadas clásicas de Corben, reproduciendo la archiconocida “Wizard’s Dream” de 1985 para la que el artista previamente se había inspirado en el cuadro de RembrandtJeremías prevé la destrucción de Jerusalén” de 1630.

Por tercera  vez, Heaven’s Gate recurrió a la magia de Corben en 1996 para su siguiente disco de estudio, “Planet E.”. Esta vez la ilustración seleccionada fue la hipnótica “Labyrinth” de 1987.

Curiosamente, tras “Menergy”, un último disco que no contó con una portada de Corben, Heaven’s Gate se disolvería en 1999 debido al interés del guitarrista Sascha Paeth de  reconvertirse en productor musical.

Una de las baladas del grupo “Best Days of My Life” de Livin in Hysteria.


jueves, 18 de abril de 2013

“Los proyectos Manhattan: Ciencia.Malo.”, de Jonathan Hickman y Nick Pitarra.






Bajo una anodina portada, Planeta acaba de iniciar la publicación de una de las series más interesantes que en estos momentos momentos se está editando en Estados Unidos por Image, con el primer recopilatorio que recoge los primeros cinco números de la serie regular. Se trata de “Los Proyectos Manhattan”, guionizada por Jonathan Hickman y dibujada por Nick Pitarra en la que el equipo creativo desarrollan una divertida ucronía tomando como punto de partida el célebre –y real - Proyecto Manhattan que supuso en las postrimerías de la II Guerra Mundial el desarrollo por parte de Estados Unidos, y posterior utilización bélica contra Japón, de la Bomba Atómica en el que estuvieron involucrados científicos de la talla de Oppenheimer o Enrico Fermi.
A mediados de la II Guerra Mundial, el general Leslie Groves está al frente de los proyectos Manhattan, con los que los Estados Unidos  tratan no solo de crear la primera bomba atómica sino de sacar partido a todo proyecto científico que pase por las mentes de los mejores científicos del país por muy locos que estén.

Dentro de las manidas propuestas mainstream, “Los Proyectos Manhattan” son todo un soplo de aire fresco no tanto por la originalidad de la idea –ya que desde el auge de la literatura cyberpunk en los ochenta y especialmente en los cómics hemos leído ucronías por un tubo- sino por la inteligencia gamberra y desmitificadora con la que Hickman plantea y desarrolla una serie en la que el tema central no es tanto explotar las infinitas posibilidades que le da su carácter de ficción como cuestionar subrepticiamente la realidad mostrando diversas existencias paralelas que se convierten en uno de los ejes de la serie junto a las más delirantes teorías conspiranoicas y los más salvajes y trillados clichés pulps.

  Hickman tiene claro que lo que le interesa en esta rocambolesca y documentada ficción en la que entremezcla los elementos justos de realidad con las más delirantes fantasías es entrecruzar las realidades paralelas y los reflejos oscuros y extremos de unos personajes históricos respetables a los que caricaturiza salvajemente. De este modo, desde las primeras páginas el lector asiste a lo que parece una convencional –y posible- reunión inicial entre el general Groves y Oppeheimer en torno a los proyectos que paulatinamente va añadiendo elementos gráficos sospechosos que harán preguntarse al lector si tras esa apariencia de verosimilitud  estamos ante una historia realista o una ficción.
Tras la ruptura de la cuarta pared por el general Groves, Hickman nos adentra en una delirante fantasía conspiranoica.en la que no se ha cortado un pelo en la que  Oppenheimer ha sido devorado por su siniestro gemelo oscurol,  Einstein será sustituido por un misterioso doble surgido de un portal extradimensional o el respetable Richard Feynman es un egocéntrico enamorado de su propio reflejo. Son solo pequeños ejemplos con los que Hickman va sorprendiéndonos con una ficción familiar y cercana a la realidad pero completamente alejada de ella ya que en algún momento de la historia nos ha hecho cruzar al otro lado del espejo y estamos en una siniestra realidad paralela.

Al igual que en otras series exitosas Planetary" o “AIDP”, Hickman juega con la hipotética existencia de una organización paragubernamental encargada de investigar misterios y secretos que se nos quieren escamotear a los ciudadanos comunes. Sin embargo, Hickman le ha dado una vuelta de tuerca al concepto de esas series incorporando una base histórica real a la trama y convirtiendo a respetables figuras científicas del siglo pasado como Einstein, Oppeheimer, Feynman o Fermi y el controvertido Proyecto Manhattan que tantas controversias despertara en el punto de partida de su planteamiento. De este modo, en la realidad paralela ideada por Hickman las más brillantes mentes científicas son  auténticos científicos locos protagonistas de un pulp alucinante que desde las sombras manejan a presidentes norteamericanos de la talla de Roosevelt o Truman como si de marionetas se tratara, deciden la II Guerra Mundial, contactan con civilizaciones alienígenas, incorporan disidentes nazis o desarrollan los más rocambolescos y misteriosos proyectos científicos a espaldas de los ciudadanos.
Hickman ha hecho un cuidado trabajo de documentación histórica para versionar a los personajes reales que convierte en los protagonistas de su ficción para retorcerlos al máximo y engancharnos en el tono pulp y delirante de una historia que atrapa de la primera a la última página y deja con ganas de más.

En el aspecto gráfico, Nick Pitarra se adapta perfectamente a las demandas de la historia ideada por Hickman realizando un magnífico trabajo mediante un dibujo realista al que incorpora un matiz caricaturesco. Pitarra, que parte de influencias tan diversas como Frank Quitely o Howard Chaykin, maneja con soltura diversos recursos narrativos haciendo especial uso del color, especialmente los azules y los rojos, para caracterizar no solo la personalidad de algunos de los personajes sino también los diversos planos de existencia contrapuestos en los que se desarrolla la historia e hilvanar diversas versiones paralelas de los mismos hechos.

Los Proyectos Manhattan” han tenido un arranque excepcional y nos muestran a un Hickman motivado y con ganas de demostrar que la reputación que se ha forjado en series como “Los Cuatro Fantásticos” no es flor de un día. Que no os engañe la portada, si es capaz de mantener este nivel lo que dure la serie podemos flotarnos las manos.

miércoles, 17 de abril de 2013

“La Gran Odalisca”, de Vivès, Ruppert & Mulot.





Diábolo Ediciones acaba de  publicar “La Gran Odalisca”, la penultima obra del enfant terrible de la BD  Bastien Vivès, quien en colaboración con los menos terribles -aunque bastante menos conocidos en este lado de los Piríneos, Florent Ruppert y Jéróme Mulot, dúo de artistas que desde hace años han desarrollado una carrera conjunta en los circuitos de cómic independientes del país vecino hasta que fueran fichados por Jean Christophe Menu para L’Association, editorial donde han continuado publicado en los últimos años unas obras marcadas por el afán de experimentación y exploración de los límites de la narración gráfica. De la amistad y colaboración a seis manos de estos artistas, surge “La Gran Odalisca”, una inteligente y original historia de acción en la que, como en todas las obras de Vivès,  esconde más de lo que parece.
  Alex y Carole son dos amigas que llevan más de nueve años viviendo la vida al límite dedicándose al robo de obras de arte. No hay museo ni cuadro que se les resista, aunque ello conlleve que su vida sentimental no pase precisamente por un buen momento. Cuando las encargan el robo de “La Gran Odalisca”, el cuadro de Ingres expuesto en el Louvre, las ladronas aceptan el desafío para el que alistarán a una nueva miembro en el equipo, Sam. Las tres amigas, tras una minuciosa planificación no exenta de problemas, acometerán juntas un robo que se convierte en su mayor desafío.
Una vez más –y van ya unas cuántas- Vivès vuelve a engancharnos subvirtiendo los tópicos para llevarnos a su terreno que no es el otro de la la observación obsesiva del universo femenino. En esta ocasión, no se ha cortado y ha invitado a la fiesta a dos amigotes, Ruppert & Mullot, para construir entre los tres un cómic asimétrico y sutil, de acabado atractivo e hipnótico, en el que bajo la espectacularidad propia de las películas de acción de nuevo cuño se esconde un interesante, aunque seguramente fracasado, intento de entender el misterio femenino desde planteamientos eminentemente masculinos.
No en vano, como el cuadro que da título al cómic y sobre el que gira parte de la trama, el equipo creativo ha buscado forzar al máximo el planteamiento de la historia para acercarse a la amistad femenina entre las tres protagonistas, enredadas en sus devaneos sentimentales y su nihilista concepción de la existencia marcada por la aventura y la amistad convirtiendo la trama de acción en un elemento secundario dentro de la obra aunque primordial al ser el que sirve de excusa a la historia. En ese sentido, el equipo creativo no se corta a la hora de ironizar e introducir notas humorísticas en torno a los tópicos del cine de acción e intriga  más o menos evidentes.

A partir de la concatenación de los episodios en torno a la preparación del golpe, el equipo creativo se preocupa sobre todo en mostrar la personalidad de las protagonistas unas sensuales ladronas que intentan encontrar sentido a sus vidas arriesgándolas  en pos a su amistad, la búsqueda de emociones y la persecución del amor. A partir de un sustrato cinematográfico basado en heroínas contemporáneas que van de la obvia  a los “Ángeles de Charlie” a otras quizás menos evidentes como “Kill Bill”, “Bandidas” e incluso a “Le llamaban Bodhi”, Vivès y cia le dan a la obra una pausa existencialista y costumbrista que, sin lastrar la espectacularidad de la propuesta, la vuelve más sutil y original.

Respetando las aportaciones quizás menos evidentes de Ruppert & Mulot, el que le da su identificable estilo al tebeo es Bastien Vivès quien se encarga mediante su exquisito dibujo de dar el acabado gráfico al tebeo y dejar patentes sus habituales obsesiones en el argumento de la historia. Vivès acomete gráficamente su tebeo más ambicioso con multitud de localizaciones conocidas y secuencias de acción al tiempo que mantiene en su narración ese tempo pausado tan característico logrando un magnífico trabajo, encontrando además una estupenda aliada en la labor de la colorista, Isabelle Merlet. 
Tampoco hay que obviar ante la aparente sencillez del planteamiento, lo sofisticado de los recursos narrativos presentados a la hora de incorporar al final de la historia en un curioso flashback el origen de la amistad entre Carole y Alex.
He de decir que me ha gustado bastante “La Gran Odalisca” incluida su ambigua  y abrupta conclusión que deja abierta la puerta tanto a que podamos vivir nuevas aventuras de las protagonistas como a que hayamos asistido al final de su amistad.  Supongo que dependerá tanto del respaldo de los lectores como de la amistad entre los creadores que nos saquen de la duda sobre si la obra tendrá o no continuidad en el futuro aunque, puestos a profetizar, tampoco sería descartable una adaptación cinematográfica por Luc Bessom. Tiempo al tiempo.   

martes, 16 de abril de 2013

“Buddy Longway”, de Derib.





Entre los muchos títulos clásicos de la BD olvidados por los editores españoles ocupa un lugar importante en el recuerdo de los aficionados más veteranos este Western atípico y crepuscular en el que todo un clásico como Derib plasmó la vida de los tramperos y los indios norteamericano con un tratamiento reivindicativo moderno en el momento de su publicación al inicio de los setenta por Lombard, alejado del planteamiento clásico hasta entonces que presentaba a los pieles rojas como los villanos a batir por el vaquero de turno.

Y digo que es una serie bastante recordada porque por aquella época tuvo un seguimiento bastante continuado por la chavalería de la época gracias a la publicación de los primeros ocho álbumes – de los veinte que finalmente la componen- en las revistas de Bruguera al igual que pasó con otros westers clásicos como Blueberry” o “Comanche” que, por fortuna, han sido ya recuperados por las editoriales españolas.

“Buddy Longway” cuenta inicialmente la historia del personaje que da título a la serie, Buddy Longway, un intrépido trampero solitario que sobrevive en contacto directo con la naturaleza en las agrestes e inhóspitas Black Hills. Allí conocera a Chinook, una india sioux  con la que se casa y  tiene dos hijos, Jeremy y Kathleen, deviniendo a partir de ese momento la serie en una saga familiar en la que prima el respeto a la cultura de los indios y el amor a la naturaleza y los espacios libres frente a la presencia invasora de los ambiciosos rostros pálidos.

El suizo Derib, un clásico de la BD con obras cómicas y humorísticas planteadas quizás para un lector más infantil en series como “Yakari” o “Attila”, toma como principal referencia para su gran serie dramática la magnífica película de Sydney Pollack,Las Aventuras de Jeremiah Jonson”  para desarrollar un proyecto que extiende su historia mucho más allá de lo que la película permitiría.

 De este modo, a lo largo de las distintas aventuras que componen la serie, vamos asistiendo a los distintos capítulos de la vida del protagonista y la evolución física y personal de los principales personajes convirtiendo  además la serie en un entretenido y reivindicativo documento sobre la historia de la nación sioux tras su contacto con el hombre blanco, reflejando su historia y costumbres y el choque cultural entre ambas en la estela que posteriormente seguiría otra magnífica película como es “Bailando con Lobos”.


Derib se preocupó más allá de la imprescindible trama aventurera especialmente de documentarse en la cultura sioux para reproducir sus costumbres  en la serie convirtiendo al observador y sensible Buddy en un testigo directo de su desintegración al tiempo que en un abnegado hombre de familia, un antihéroe familiar equiparable al Thorgal de Van Hamme y Rosinski.
En el aspecto gráfico, conforme la serie avanza, también lo hace el estilo de Derib un brillante dibujante capaz de adaptar su estilo según las circunstancias de la serie. De este modo, si en un principio su dibujo es más caricaturesco en la estela de los Franquin  con el transcurso de los álbumes va ganando en realismo bajo la influencia inevitable de un Giraud que establecia el canon sobre cómo dibujar westerns serios por aquella época.

La serie completa de  Buddy Longway”  fue recopilada completa en Francia en cinco integrales que reúnen cuatro álbumes cada uno hace tiempo, por lo que no sería descabellado que algún editor hispano se acordara de su existencia y haciéndole  justicia publicara esta estupenda serie. Desde luego, cuenta con mi voto.

lunes, 15 de abril de 2013

“El inmortal puño de hierro”, de Matt Fraction, Ed Brubaker y David Aja.



Para matar el gusanillo a la inminente publicación de “Ojo de Halcón” de David Aja y Matt Fraction, he estado releyendo estos días los tres primeros tomos de la edición española de Panini de “El Inmortal Puño de Hierro”, la colección que convirtió a David Aja en un dibujante hot al que tener muy en cuenta dentro de la Marvel actual.

En esta colección, y en concreto, en las aventuras recogidas en estos tres primeros tomos Ed Brubaker, junto a Fraction, redefinió al personaje clásico de los años setenta poniéndolo al día, al igual que hiciera anteriormente con éxito con “Daredevil” y “Capitán América”, a lo largo de una serie de entretenidas tramas en las que respetando la esencia e historia del personaje introducía nuevos elementos que lo hacían más complejo e interesante.

 Brubaker una vez más supo jugar sus bazas y convirtió a Danny Rand, un multimillonario campeón místico de Kung Fú de una mística ciudad perdida tibetana, en la última encarnación de una larga tradición de campeones previos, contextualizándolo en una trama de acción, que incorporaba al personaje a un campeonato entre ciudades celestiales que referenciados a mitos de los adolescentes de los noventa como la serie “Dragon Ball” o el videjojuego de lucha “Tekken”, e intriga, en torno al anterior Puño de Hierro y el padre del actual que emparentaba directamente con los clásicos pulp con lo que haría la la delicia de los autores más veteranos. En fin, "El inmortal puño de hierro" tenía todos los elementos para ser un bombazo y lo fue.

Y es que si la labor de los guionistas es encomiable –no sé hasta qué punto cuáles eran las ideas de Brubaker y cuáles las de Fraction y quizás sea mejor que no se llegue a saber- donde la serie realmente destaca es en el apartado gráfico con el magnífico trabajo del español David Aja, dibujante que le dotó a la serie de una impronta característica merced a su cuidado trabajo gráfico, muy superior a lo que se llevaba en la época en el mainstream e incluso algo contracorriente, ya que si la apuesta predominante es por cómics espectaculares pero más sencillos de leer, la narrativa de Aja es compleja y estudiada pero sin perder por ello ni un ápice de la espectacularidad demandada.

En estos números, Aja deja huella palpable de su calidad con un dibujo de trazo fino, figuras angulosas y cuidadas composiciones en las que muestra cómo ha sabido entender e incorporar a su estilo el trabajo de grandes autores como Howard Chaykin, Paul Gulacy, David Mazzuchelli y, sobre todo, Jim Steranko a la hora de desarrollar un estilo propio logrando un trabajo evocador de los clásicos mencinados pero al mismo tiempo moderno y  fácilmente identificable. Por otro lado, también es de agradecer que lejos de acudir a modelos y recursos de dibujante familiares para el lector conocedor del género, Aja busca dotar a sus páginas y dibujos de soluciones sorprendentes, buscando composiciones dinámicas y perspectivas atrevidas, jugando continuamente con el ritmo de la secuenciación de las viñetas a la hora de reflejar las escenas de acción para desarrollar trucos cercanos al lenguaje cinematográfico pero eminentemente propios del Cómic.

Además, Aja juega espectacularmente con el color del tebeo para buscar los fuertes contrastes para dotar a su estilo de una profundidad y resaltar la atención del lector sobre determinados elementos importantes en la trama, logrando además un detalle hiperrealista acabadísimo sin que sus personajes pierdan por ello expresividad ni armonía. En su expresivo y cuidado uso del color recuerda al trabajo de otros dibujantes afines a Brubaker como los Michael Lark o Sean Phillips. Además, desde los tiempos del legendario Gene Colan no he visto un dibujante que incorporase tan bien los elementos climáticos y atmosféricos a la ambientación de sus historias.

La impronta de Aja en la serie sobresale incluso por encima de todos los demás dibujantes que colaboran a lo largo de estos números en distintas funciones no logrando ninguno la atmósfera intensa y personalidad que Aja logra convirtiéndose su labor en meros complementos más o menos mejor acabados aun cuando entre estos colaboradores se incluyan nombres de la categoría de Howard Chaykin o John Severin y dibujantes modernos tan interesantes como Kano o Travel Foreman.

En fin, a pesar de los años transcurridos (tampoco tantos), “El inmortal puño de hierro” de Aja, Brubaker y Fraction es un ejemplo inequívoco de una fórmula para hacer cómics de superhéroes perdurables y de calidad que, haciendo honor en este caso a su título, acaben convertidos en inmortales. Y si no, al tiempo.