
Mis mejores deseos para todos/as en el Nuevo Año.
Nos leemos en 2009 (y paso lista).
Impacientes Saludos.





Acabo de llegar a casa tras ver “The Spirit”, la película que Frank Miller ha perpetrado versionando libremente la obra de ese genio del noveno arte que fue Will Eisner. Y vengo triste, ni enfadado ni indignado con Miller que está en su derecho de interpretar cómo le dé la gana la obra de Eisner, ni estafado aunque me hayan vendido por el dinero de la entrada una mierda cuando anunciaban pastel de manzana porque, por desgracia, ya esperaba algo así. No, me siento triste porque tengo la sensación que merced a la voitude del iconoclasta y posmodernista truño montado por Miller habrá cantidad de gente joven que se alejará como de la rabia de cualquier cómic bajo el título de “The Spirit”, que ignorará deliberadamente la obra de Eisner y se queden con la idea preconcebida que Miller y Eisner están en la misma onda. Y no es así, no lo están. No sé si la intención de Miller era homenajear a su amigo Eisner y si este llegó a conocer algo del proyecto de Miller pero lo que tengo claro es que Miller le ha pegado una buena patada a la obra y a los admiradores de su maestro.
Del cine norteamericano cada vez resulta más difícil esperar ver una buena película, una historia de las de antes que mantenga atrapado en la butaca sin que a los cinco minutos ya sepas por donde van a ir los tiros. Por eso Clint Eastwood es una garantía. Un tipo duro que no se casa más qe con las buenas historias y película tras película se empeña en rescatar el reverso de la bucólica sociedad norteamericana de fanfarria y pastel de manzana, lanzando ganchos al hígado al efectismo simplón que se ha apoderado del cine actual, y mediante los recursos clásicos de un medio que aprendió de sus mayores (estén pendientes de cómo se usa la banda sonora en una película) sugerir y crear atmósferas con una maestría que los directores más jóvenes ignoran y añadiendo año tras año una nueva muesca a su ya excelente filmografía.



Ya les comenté hace algún tiempo esta serie cuando Ponent Mon llevaba publicada poco menos de la mitad como una posible revelación del año. Una vez finalizada, en el undécimo volumen, puedo hablar de ella con más perspectiva y adelantar que aunque se trate de un producto entretenido mi interés ha ido decayendo conforme pasaban los meses.
A partir de un determinado momento, (en este caso, bastante claro, el cuarto volumen) la serie inicia un lento pero constante declive repitiendo situaciones una y otra vez. A partir de ese cuarto volumen, buena parte de lo que Mori nos cuenta en “Bokko” nos suena ha ya leído. Ge Li vuelve a encontrarse en una ciudad sitiada, vuelve a tener dificultades para hacerse con el mando de la ciudad y se enfrenta a las tácticas que ponen en práctica los invasores para intentar invadirles hasta donde puede o le dejan. Es cierto que el autor intenta añadir alguna otra trama que renueve el interés como la investigación de los verdaderos motivos que llevan al emperador de Qin a invadir Zhao, las nuevas tácticas desarrolladas por los Mo Zhe con la Unidad de Insectos o la introducción de nuevos personajes como Niang o Lan Zhu, pero la fórmula realmente está agotada y por suerte Mori opta por terminar la serie de una manera digna aunque en mi opinión algo precipitada.
En definitiva, “Bokko” es un buen producto de entretenimiento, excelente incluso en sus primeros volúmenes, que no llega a colmar las expectativas creadas pero que se lee con agrado a pesar de sus limitaciones.
Para leer más sobre “Bokko” en El lector impaciente pinchad aquí.

Nueva entrega de “Fábulas” probablemente el título más comercial y entretenido de los que engloban la línea Vertigo en la actualidad y que por los misteriosos designios de Planeta coincide su publicación en fechas con “El Príncipe Malo” de la colección hermana “Jack of Fables” del que ya les hablé hace poco por aquí.
Vaya por delante que no soy ningún entusiasta de la música. Mi innata dureza de oído me hace no apreciarla en exceso y mi magra cartera en mi mocedad me llevó a renunciar a una discoteca en condiciones que me permitiera suplir mis carencias en beneficio de una tebeoteca y una biblioteca que me satisfacían más. Por ese motivo, cuando se estrenó “En la cuerda floja”, la película sobre la vida de Johnny Cash fue cuando empecé a interesarme por la existencia de este ídolo de la música country y rockabilli americanas aunque no llamó tanto mi atención como para ir al cine a verla. Ha tenido que caer en mis manos casi por casualidad “Cash, I see a darkness”, el cómic que el alemán Reinhard Kleist dedica a la vida de Cash y que Planeta publicó hace ya unos meses para que se haya despertado mi entusiasmo hacia la apasionante vida y obra de Cash y vaya a incorporar alguno de sus discos en cuanto pueda a mi exigua discoteca. Pero es que “Cash, I see a darkness” es un pedazo de cómic y Reinhard Kleist, autor alemán que desconocía, un autor al que seguir muy de cerca.






Ando recuperando estos días que estoy de vacaciones algunas lecturas que se quedaron pendientes a lo largo del año, acumuladas y escondidas en el caos de lecturas a la espera de un ratito de tranquilidad, y releyendo otras que quedaron sin reseñar en su momento por falta de tiempo. Entre las primeras, me ha llamado la atención el primer tomo de “Servitud”, una saga de fantasía heroica de las de toda la vida cuyo primer tomo publicó Norma a principios de año de la que poco más se ha sabiado y podría pasar desapercibida si no se es fan de los dragones y las espadas si no fuese por el excelente dibujo de Eric Bourgier.


Antes que nada, una petición. Señores (y señoras) de Planeta si alguno de ustedes lee este humilde blog puede explicarme la causa del transformación del título original de la serie, “Jack of Fables”, por otro tan feo como “Fábulas presenta: Jack”. Supongo que obedecerá a una astuta y estudiada estrategia de marketing que les asegurará pingües beneficios pero ya puestos a inventar podrían haber buscado algo más bonito.
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