
Tengo la impresión desde hace tiempo que el cómic de género –cualquier género, elijan el que menos les guste- está desprestigiado frente al eco que reciben las obras de autores, si se quiere más personales, si se quiere más “artistas”, si se quiere más “de autor” (elijan la que quieran porque, independientemente, de la coletilla que incorpore ya saben a qué tipo de cómic me refiero) a los que se pretende de algún modo ensalzar contraponiéndolos con el honrado y mediocre cómic de género. Me da la impresión leyendo algunas opiniones que para ensalzar a unos hay que desprestigiar necesariamente a los otros y me temo que hay algo tremendamente equivocado en ese planteamiento. Probablemente, el género que resulta más desprestigiado desde esos posicionamientos sea el único que el Cómic puede considerar como propio y ha exportado a otros medios como el cine, el superheroico, que, si bien, es cierto parece destinado a una lenta agonía no creo que ello sea debido a la falta de posibilidades del mismo sino más bien a las imposiciones editoriales que frenan desde hace décadas su evolución supeditadas a criterios exclusivamente económicos.
El cómic de género es el tebeo popular, el tebeo que vende, más allá del éxito puntual que pueda tener una obra en concreto. Al negar el cómic de género se niega el cómic popular frente a una concepción elitista de la historieta y de la cultura, que impedirá en último término que el cómic salga nunca de un gueto cultural todavía no tan lejano. Al negar el cómic de género se niega a tipos como Segar, Raymond o Barry, a Kurtzman, a Kirby, a Eisner, Moore ó Miller, tipos que desde un planteamiento abiertamente populista y “de género” hicieron que este medio se desarrollase y sus enseñanzas pudieran ser aprovechadas posteriormente en obras más inclasificables (me niego a no considerar personal las obras de cualquiera de estos monstruos) por otros autores. La esperanza actual que supone el manga no deja de explotar hasta la saciedad un concepto que no hace más que renovar la relación esencial entre cómic/cómics de género y cómic popular coexistiendo con otro tipo de obras más arriesgadas o experimentales. Pero que nadie se engañe, sin las unas no pueden darse las otras y pretender considerar superados los géneros es obviar la historia misma del cómic. Y sin historia no hay ni presente ni futuro.



















