martes, 14 de junio de 2011

“Jack de las Fábulas: Los Reyes del Cielo y la Tierra”, de Mathew Sturges, Bill Willingham, Tony Atkins y Andrew Pepoy.

La verdad es que me lo he pasado bien leyendo el último arco argumental publicado por Planeta de “Jack de las Fábulas” en el que se reúnen los números 41 a 45 de la serie regular. Un tebeo completamente intrascendente, cierto, y escaso de originalidad, también, pero que dada su falta de pretensiones no ofende y llega por momentos incluso a agradar más allá de lo agotado de su planteamiento por el homenaje que los autores rinden a los folletines pulp más primitivos de los que nacieron géneros como la Ciencia Ficción y la Fantasía incorporando a la historia todo tipo de guiños y referencias.

En esta nueva entrega, Jack Frost sigue empeñado en labrarse una carrera como héroe para lo que decide acabar, en la mejor tradición familiar, con la vida de un temible gigante, El Empíreo, que reclama un tributo en oro y vírgenes a su exhausto reino. El ingenuo Jack se ofrecerá para acabar con el villano pero no encontrará precisamente apoyo en el rey y su visir del lugar ya que las apariencias engañan y nada es tan simple como el proyecto de héroe piensa.

Un nuevo intento por parte de Willingham y Sturges de dar sentido a la serie de “Jack de las Fábulas” una vez que el planteamiento inicial se les agotó tras “El Gran Cruce de las Fábulas”. Unos leves cambios –el protagonista pasa de ser el Jack Horner de siempre a su hijo, Jack Frost- y las historias dejan de ambientarse en la Tierra para pasar a los mundos de las Fábulas que siempre resultan menos exigentes – y a tirar millas.


Más allá de lo agradable que resulta siempre el juego de pillar las referencias y bromas de los autores la cosa carece de chicha, limitándose los autores a pasar de un tópico a otro sin llegar a sorprender en ningún giro de un argumento tan manido como efectivo. En el aspecto gráfico, la cosa tampoco es que vaya mucho más allá con un Tony Akins que no pasa de cumplir sin demasiada brillantez y unas graciosas portadas de Brian Bolland que demuestran que quién tuvo retuvo.
En fin, “Los reyes del Cielo y la Tierra” es un tebeo tan correcto como insulso de una serie que nunca ha tenido demasiada razón de ser. Menos mal que con la próxima entrega ya acaba.

lunes, 13 de junio de 2011

“La Ilíada”, de Roy Thomas y Miguel Ángel Sepúlveda.

Es curioso como desde planteamientos completamente divergentes se pueden alcanzar excelentes y complementarios resultados. El último ejemplo de esto que podemos apreciar en el mundillo del Cómic lo tenemos con las últimas adaptaciones al mito eterno de La Guerra de Troya que han aparecido en los últimos años, comparando la inacabada “La Edad de Bronce”, de Eric Shanower (ojo, que se acaba de reeditar el primer arco en un único tomo), con la adaptación de “La Ilíada” de Thomas y Sepúlveda que acaba de aparecer en las librerías españolas. Si la primera se acerca a la historia obviando cualquier elemento extraordinario buscando la "verdad histórica" a partir de la sencillez expositiva, la obra de Thomas y Sepúlveda saca partido de toda la carga mitológica del original y busca epatar en el lector con páginas cada vez más y más espectaculares cargadas de épica.

De este modo, el “sui generis” equipo formado por el experimentado Roy Thomas y el entusiasta Miguel Ángel Sepúlveda se despachan la obra del inmortal Homero en una entretenida miniserie de ocho episodios que Panini acaba de publicar en un tomo que estaría la mar de bien si no fuese por un par de detallitos (un par de bocadillos intercambiados por allí, demasiado encolamiento que impide leer con comodidad el prólogo de Thomas…).

Como todo el mundo se supone ha de saber, “La Ilíada” es un extenso poema épico en el que se narra buena parte de La Guerra de Troya y finaliza con la muerte de uno de los principales héroes troyanos que marca un punto de inflexión –uno de ellos al menos- en la contienda. Como Homero – o los muchos Homeros que fueron, pero esa es otra…- no tenía editores ni problemas con los formatos ni demás zarandajas que merman la creatividad en pos a la comercialidad hoy en día, desarrolló una obra extensísima en la que se describe y explica hasta el último personaje y se describe al detalle cada combate de cualquier batalla por lo que adaptar el original en ocho comic books requiere de un ejercicio de concisión imposible del que de todos modos Thomas y Sepúlveda salen bien parados. Por otro lado, como los Homeros eran hombres de su tiempo y creían a pies juntillas en la existencia de sus dioses que correteaban por el mundo conjuntamente con los mortales la adaptación no renuncia a sacar partido de ese elemento con lo que la obra está llena de referencias al rico panteón griego que participa activamente en la contienda tomando partido por los distintos bandos.

El oficio de Thomas se deja notar para tirar por la calle del medio y realizar una adaptación muy apañadita, aprovechando toda su experiencia en géneros como el superheroico y el fantástico para, sin complejos, presentar y dosificar todo el elenco de dioses y seres sobrenaturales sin que rechine a ningún lector y mostrar las espectaculares batallas obviando los momentos de calma y reflexión que en el original existen con lo que consigue un cómic de ritmo desenfrenado aunque carente de profundidad que logra su principal fin, entretener. Thomas se apoya en el excelente trabajo gráfico de un inspirado Miguel Ángel Sepúlveda, quién realiza una excelente labor a la hora de sintetizar tanta agresividad sin caer en la repetición de situaciones y al tiempo caracterizar perfectamente a cada héroe, dios y guerrero de los muchos que aparecen en el original.
En definitiva, esta versión de “La Ilíada” es un excelente acercamiento al más puro estilo Marvel de la obra original y deja con ganas de seguir disfrutando de la excelente labor de un equipo creativo bien compenetrado por lo que espero que la continuación, “Las Guerras Troyanas”, no se demore mucho en publicarse.

domingo, 12 de junio de 2011

“1Q84”, de Haruki Murakami.

Por fin he acabado la última y esperada obra de Murakami, “1Q84”, seguramente la obra más ambiciosa del escritor japonés de la que Tusquets ha publicado con discutible criterio las dos primeras partes de una trilogía inacabada, quedando en suspenso la futura aparición de la novela que concluirá las aventuras de sus protagonistas.

En estas novelas, Murakami nos narra las peripecias de Aomame y Tengo en el año 1984. Se trata de dos treintañeros que coincidieron de niños pero que desde los diez años llevan vidas separadas. Mientras ella es una exigente entrenadora personal que actúa como asesina a sueldo siguiendo su personal código de honor, él fue un niño prodigio que sobrevive dando clases de matemáticas en una academia mientras intenta labrarse una carrera literaria apadrinado por un peculiar editor. Poco a poco, Aomame y Tengo irán ahondando en sus propios miedos e inseguridades personales al tiempo que irán descubriendo los misterios que los rodean inmersos en un mundo paralelo al que todos conocemos pero en el que cada vez serán más evidentes para los protagonistas sus sutiles e inquietantes diferencias, 1Q84, el mundo de las dos lunas.

Murakami vuelve a hechizarnos en estas dos novelas en las que explora sus temas de siempre (la soledad, la relación entre los universos ficticios y la realidad…) en una historia cuyo planteamiento recuerda un poco a la excelente “Crónica del pájaro que da cuerda al mundo” aunque en esta ocasión el coqueteo con los teóricamente géneros menores como el thriller, el fantástico o el terror son más que evidentes. En una estructura de narración paralela alternando los capítulos protagonizados por los dos protagonistas –Tengo y Aomame- Murakami se descubre como un maestro del suspense para mantener intrigado al lector desde la primera página, dosificando perfectamente la información e incorporando interesantísimas subtramas que acaban encajando a la perfección en el hilo principal aunque quizás, hasta que podamos valorar la obra en su conjunto, resulte lo más atractivo de esta obra el mimo con el que describe a todos y cada uno de los enigmáticos y atrayentes personajes que pueblan el relato y la aparente sencillez con que mezcla elementos de género con astucia para lograr un resultado tan original como coherente con su producción anterior. Y es que a estas alturas no voy a descubrir las excelencias narrativas de Murakami un magnífico escritor de sobrio estilo que además logra en sus obras el equilibrio justo entre la cultura occidental y la nipona por lo que no es de extrañar que sea un superventas entre los lectores de ambos mundos.

En esta ocasión, vuelve a dejar patente marcadas influencias literarias occidentales que aparecen en muchas de sus obras anteriores como Kafka, Carroll o el mismo Orwell al que homenajea en el mismo título de la obra pero más allá de esas reminiscencias y las constantes referencias a la música y el cine occidental que pueblan todo el volumen, la obra está marcada por el perfeccionismo del japonés, dando como resultado la que quizás sea la mejor obra del autor.

Para los que no hayan leído nada anteriormente de este escritor esta obra, a pesar de sus más de setecientas páginas y estar inacabada, es una excelente carta de presentación y para los que lo conozcan el reencuentro con un escritor total llamado a lograr antes o después el Nóbel. Y si no, al tiempo.

Más Murakami en El lector impaciente:

"Tokio Blues"

sábado, 11 de junio de 2011

Grateful Dead y los Cómics: Rick Griffin.


Si hay un artista de cómic identificado con la particular filosofía de los Grateful Dead ese fue Rick Griffin quién colaboró con el grupo desde mediados de los sesenta hasta 1990.

Para quiénes se pregunten quién es Rick Griffin fue uno de los principales autores de la primera ola del movimiento underground, compañero de generación de Shelton, quien también colaboró con el grupo, y Crumb. Más allá de sus emblemáticos posters convertidos en estandartes del movimiento hippy, Griffin fue colaborador habitual de “Zap Comix y creó series como “Murphy” o “Tales from the tube” en las que plasmó su pasión por el surf.

Griffin realizó todo tipo de mercadotecnia para los Grateful Dead desde entradas para conciertos hasta posters o camisetas, siendo especialmente recordadas sus estupendas portadas entre las que destacan las de discos como “Wake of the flood”, “Aoxomoxoa”, “Without a Net”, “Dylan and the Dead”, “Recokning”, etc.

Desgraciadamente, Griffin murió en 1991 en un accidente de moto.

Un clásico del grupo, “Cassidy”.

viernes, 10 de junio de 2011

Carlos Trillo en “El Grafonauta”.

Trasteando he descubierto esta graciosa entrevista al recientemente desaparecido Carlos Trillo para el programa argentino “El Grafonauta” realizada hace unos años.

La verdad es que se hace muy raro verle tan vital…

In memoriam…

Miguel G. Saavedra y de la importancia del correo del lector.

P: Ahora con Internet han desaparecido las cartas del lector en las publicaciones, no son de interés para las editoriales. ¿Crees que entonces si se valoraban más las propuestas de los lectores?

R: No, no creo que antes se valoraran más los criterios de los lectores, es sólo que con Internet hay la percepción generalizada de que los correos se han convertido en algo obsoleto. Yo no estoy muy de acuerdo con eso, al fin y al cabo muchos lectores de las ediciones impresas no son habituales de los foros de Internet. Además, siempre he pensado que las secciones de correo no se hacen únicamente para contestar las dudas de los aficionados que escriben (que, por supuesto, también son una minoría). Los correos, cuando están bien hechos, deben ser el punto de conexión entre los lectores y la editorial. Claro que existen otras alternativas: Los Spot On que escribe Julián Clemente en Panini no son correos, pero cumplen con su cometido de animar y espolear a la parroquia marveliana.

De eso se trata, yo creo que siempre es fundamental “crear afición” desde los textos editoriales, a la vez que se aprovecha el potencial de la red. Ambas cosas son complementarias.

(Un editor de los de antes de la añorada Ediciones Zinco, Miguel G. Saavedra , responde con mucha sensatez a las cuestiones planteadas por Javier Mesón de El Coleccionista de Tebeos en una interesantísima entrevista que podéis leer completa aquí. Como digo, sus respuestas parecen de cajón y son tan buenas que plantean otras preguntas… ¿Por qué no hay secciones de correo en los tebeos como las que ha habido toda la vida para crear afición? ¿Por qué no hay políticas serias de las grandes editoriales para ganar nuevos lectores en lugar de tratar que los de siempre compren más? ¿Por qué los salones son lo que son y no son de otra manera? ¿Por qué llevamos años preguntándonos lo mismo?).

jueves, 9 de junio de 2011

“Thunderbolts: La justicia como el rayo”, de Kurt Busiek y Mark Bagley.

Me alegra un montón que Panini haya decidido incluir en su colección “Extra Superhéroes” (vaya recuerdos que trae el nombre de la colección…) los “Thunderbolts” de Busiek y Bagley. Me alegra, por un lado, porque es un entretenidísimo tebeo de superhéroes a partir del cuál Busiek empezó a obrar el nunca suficientemente reconocido milagro de recuperar las arrasadas franquicias Marvel tras el horror del “Onslaugth” y el “Heroes Reborn” pero, además, porque todos los que han alucinado –es un decir- con ese timo llamado “Los Vengadores oscuros” del amigo Bendis van a descubrir la sonrojante inspiración del amo del decompressive storytelling.

Busiek supo crear el suficientemente grado de expectación entre el desilusionado fandom como para que volviese a resultar atractivo leer tebeos de superhéroes durante un tiempo en estas historias en las que presentaba el que era un nuevo grupo aparecido de la nada para suplir a los desparecidos superhéroes que en realidad escondían a un grupo de curtidos supervillanos que pretendían aprovecharse del vacío de poder para ocupar su lugar en su propio beneficio.

La verdad es que el concepto de convertir a los supervillanos en los protagonistas de una serie regular tampoco era excesivamente novedoso ya que en DC ya había surgido una década antes “El Escuadrón Suicida” (curioso que Planeta todavía no haya probado con la reedición de este entretenido material...) o para Eclipse el mismo Busiek con “Liberty Project” pero en los doce primeros números de los “Thunderbolts” que incluye el volumen de Panini (hay algún material adicional más, como un número -1, el primer Anual de la serie y el “Tales of The Marvel Universe”) Busiek destaca por presentar a unos personajes absolutamente carismáticos al tiempo que dosificaba como nadie las inteligentes tramas para presentar todo tipo de conspiraciones y perrerías entre los miembros del grupo con la tensión con el enfrentamiento con las distintas amenazas reales y ficticias con que se enfrentaban.

En el aspecto gráfico, el peso lo lleva un más que resultón Mark Bagley que cumple sobradamente, aunque la obligada reducción de tamaño de la jibarizada colección “Extra Superhéroes” (el gran punto negativo de una propuesta que de otro modo sería sumamente atractiva) de Panini no le haga precisamente un favor. A pesar de ello, un tebeo muy entretenido precursor de todo lo que vendría después y bastante por encima de lo que se viene publicando actualmente dentro del género. Para los aficionados a los superhéroes Marvel, sencillamente imprescindible.

miércoles, 8 de junio de 2011

“Por el imperio: La fortuna”, de Merwan y Vivès.

Simultáneamente con la edición francesa, Diábolo Ediciones nos ofrece la tercera parte de “Por el imperio”, conclusión de la trilogía con que Merwan y Bastién Vivès nos han ofrecido su particular revisión del mito de la legión perdida.

En esta nueva entrega, Glorim Cortis y sus intrépidos pero cada vez más desmoralizados soldados llegan a las ruinas de una extraña civilización en su búsqueda de nuevos territorios que conquistar. Bajo la promesa de una jugosa recompensa, explorarán y enfrentarán los misterios de ese extraordinario lugar antes de afrontar el regreso a un hogar que quizás no es el mismo que dejaron.

La Fortuna” es un álbum fascinante que se disfruta gracias a la sobresaliente labor gráfica de los autores (aunque se supone realizado a cuatro manos creo que el peso de un autor tan personal como Vivès en este aspecto del álbum es más que evidente) que llevan el minimalismo y la sobriedad de las anteriores entregas a la máxima expresión convirtiendo la historia en una bella y efectiva metáfora sobre la fugacidad de las aspiraciones humanas y la gloría de las conquistas materiales que acaban borradas por el transcurso del tiempo.

A pesar del fantástico dibujo y la aceptable conclusión de la trilogía, debo decir que argumentalmente este álbum me ha parecido el más irregular de los tres ya que da la sensación que los autores comprimen en un único álbum dos historias que habrían precisado de un desarrollo más profundo, en dos álbumes separados. De este modo, si el álbum engancha durante la primera mitad en la ciudad en ruinas, la narración del regreso resulta mucho menos lograda, resultando en exceso confusa y deslavazada.

A pesar de ello, “Por el imperio” es un curioso y sorprendente “peplum” que no dejará indiferente a ningún lector gracias a su original planteamiento y resolución.

Por el imperio en El lector impaciente:

- “El Honor”.
- “Las Mujeres”.

Jorge Semprún (1923-2011)

Ha muerto Semprún…Exiliado, resistente, comunista, ministro y escritor. Un español que escribía en francés y español, que supo trasladar a su literatura sus vivencias personales que no dejan de ser crónica de algunos de los momentos más oscuros de España y Europa. Más allá de filias y fobias ideológicas, pervivirá en su obra.

D.E.P.

martes, 7 de junio de 2011

“Capitán América: Sin Salida”, de Ed Brubaker y Butch Guice.

Sin Salida” es el primer arco argumental de la serie “Capitán América” que viene publicando Panini tras el reinicio de numeración realizado con la excusa de “La Edad Heroica” correspondiente a os números 1 a 5 del octavo volumen español (a este paso vamos a tener que acabar pagándonos un curso de catalogación para enterarnos con tantos bailes de numeración. Vamos, son los números 606 a 610 yanquis…).

En realidad, más allá del cambio de numeración no hay grandes cambios ya que Brubaker sigue al timón y ha contado para estos números con un discreto Butch Guice que ya venía compartiendo el apartado gráfico con Luke Ross en anteriores entregas y que parece ser que se erige definitivamente en el dibujante titular de la serie, con lo que el Capi parece ser el que ha salido peor parado de los bailes de dibujantes que se dieron al inicio de “La Edad Heroica”.

En este nuevo arco, el nuevo Capi se las tiene tiesas con el nuevo Barón Zemo quién no demasiado conforme con el cambio de titular de la máscara y el escudo filtra a la opinión pública el pasado oscuro de Bucky durante la Guerra Fría como Soldado de Invierno de la URSS con lo que ha puesto al sucesor de Steve Rogers a los pies de los caballos sobre su idoneidad para portar el escudo y la máscara del campeón del país de las barras y estrellas.

Como siempre, la lectura por entregas se me antoja mejor que el conjunto ya que Bru, por prisa o dejadez, no se preocupa por cuidar los detalles más nimios que, en muchas ocasiones, son los que marcan la diferencia entre una historia del montón y una historia inolvidable (echadle un vistazo a la burda resolución de los sendos enfrentamiento entre Zemo y Bucky en los números cuatro y cinco, por ejemplo). Aparte de esos irritantes detalles, el arco cumple los mínimos para justificar la compra de la serie regularmente aunque haya perdido la frescura e intensidad de antaño y solo entretiene gracias al oficio que despliega Brubaker actualizando argumentos paados. En este arco, Bru pone los cimientos para explorar el pasado de Bucky durante su período como Soldado de Invierno lo que puede resultar interesante si no fuese porque me temo que para ello habra que esperar a alguna miniserie o incluso una serie de El Soldado de Invierno para cuando Steve Rogers recupere la máscara. Por otro lado, Bru sigue echando mano de repertorio y lecturas recuperando a personajes y conceptos de lo más añejos, como la Isla de los Exiliados o Hauptmann “Mano de Hierro” y dando nuevos enfoque a otros (la armadura del Escarabajo la viste ahora una hermosa y desquiciada muchacha que protagoniza los momentos más divertidos del arco) al tiempo que refuerza el carácter coral de la serie con la presencia continuada de El Halcón, la Viuda Negra o el mismo Steve Rogers actuando de comparsas del nuevo Capitán América, un Bucky cuya personalidad espero vaya perfilándose en sucesivas entregas.

En el aspecto gráfico, Butch Guice hace un discretísimo trabajo imitando el estilo del añorado y desaparecido en combate Steve Epting con lo que sus limitaciones resultan más que patentes en la comparativa, limitándose a cumplir con un dibujo correcto e insulso.

En definitiva, “Sin Escape” no está mal pero podría estar muchísimo mejor y aunque es de esperar que la cosa mejore algo en sucesivas entregas hoy por hoy no tengo muchas esperanzas al respecto.

lunes, 6 de junio de 2011

“Conan, La leyenda: El Dios del Cuenco y otras historias”, de Cary Nord y Kurt Busiek.

Segunda entrega del recopilatorio de Planeta de “Conan, la leyenda”, la primera serie regular con la que Dark Horse está relanzando al cimmerio más famoso merced a los buenos oficios de Kurt Busiek y Cary Nord. Lo primero de todo, compruebo a través de la página web de Planeta que se han saltado un número respecto a la edición norteamericana –el ocho, según la numeración yanqui y la de la edición en grapa-, un spin off de los que fueron apareciendo a lo largo de la serie sin continuidad con la trama principal en los que Busiek narraba el nacimiento e infancia de Conan merced al expresionista dibujo de Greg Ruth (imagino que si las ventas los respaldan recuperarán estas historias en un tomo aparte y, si no, pues ya sabéis tendréis que haceros con las grapas, pero si no fuese así, la edición en tomo ya sería menos completa de lo que cabría desear). Aparte de este pequeño gran detalle, este tomo no es tampoco moco de pavo ya que recoge un par de aventuras que merece la pena destacar por distintos motivos, originariamente publicadas por Planeta en los números 9 a 14 de la edición en grapa.

Tras un número de relleno que sirve para situar a Conan en el camino de Nemedia y para explicar acontecimientos posteriores a la aventura más importante del tomo, Busiek y Nord se meten de lleno en la adaptación de un relato clásico de Robert E. Howard, "El dios del cuenco", que ya tuviera un primer acercamiento al cómic bastante más libre en el lejano “Conan, The Barbarian 7”, de Barry Windsor Smith y Roy Thomas. En esta aventura, a Conan debe introducirse en un palacio para robar una joya por encargo para descubrir que el señor del lugar ha sido asesinado. Apresado por la guardia y sometido en la misma escena del crimen a interrogatorio por un magistrado, todos los presentes descubrirán que se enfrentan a una amenaza mucho más terrible que la presencia de otro ladrón. Estamos ante una brillantísima adaptación por parte de Busiek del relato original, mucho más fiel que la anterior de Thomas en la que pone de relieve todos los elementos “prestados” de la novela de detectives que el texano explotó en el original y que Thomas marginó en su guión, fijándose más bien en los elementos terroríficos de la historia. En el aspecto gráfico, Nord vuelve a brillar pero me temo que es incomparable para mí con la brillante representación que BWS realizara del temible “Dios del Cuenco” con lo que, en este caso, me quedo con BWS por una cuestión puramente sentimental. Un dato destacado de la historia además es que es la primera vez que se cruzan los caminos de Conan y Toth-Amon. De todos modos, invitaría a comparar una historia con la otra y comprobar como de una misma fuente pueden darse dos interpretaciones tan brillantemente distintas.

El segundo gran arco del tomo es otra historia de cosecha propia del dueto Busiek-Nord en la que retoman y profundizan en el personaje de Kalanthes al que se hace referencia indirectamente en “El Dios del Cuenco”. Conan se ve impelido por fuerzas que no controla a escoltar a este hasta su ciudad de origen junto a Janissa, La Enviudadora, donde ha de destruir una malefica reliquia que anhela Toth Amon. Quizás lo más interesante de esta entretenida historia es la minuciosida que Busiek pone de nuevo en rellenar y dar continuidad a los huecos entre relato y relato de Howard. En cuanto al guión, Busiek desarrolla una historia entretenida que naufraga conforme va alejándose del canon howardiano, cayendo en la tentación de incluir y dar demasiada importancia a un personaje propio, Janissa, bastante alejado de los arquetipos howardianos y con demasiadas similitudes a la Elektra milleriana. Con todo, la aventura se desarrolla a buen ritmo y, aunque la resolución esté tomada por los pelos, merece la pena por la labor gráfica de un Cary Nord que disfruta como un enano.

En definitiva, un tomo muy recomendable, especialmente por la excelente adaptación del relato de Howard, que sirve de prólogo para las nuevas y viejas aventuras de nuestro cimmerio favorito.

domingo, 5 de junio de 2011

¿El Reboot DC o un nuevo episodio de una Crisis Infinita?

Ya os habréis enterado todos en que consiste el nuevo golpe de efecto de Dan Didio y Jim Lee, los editores de DC, para el macroevento de la temporada: reiniciar desde el número 1 nada menos que cincuenta y dos colecciones regulares protagonizadas por lo más granado del interminable panteón de la compañía, sin preocuparse por temas de continuidades y demás y dando libertad a los autores –ya será menos- para hacer y deshacer en cuanto a orígenes, secundarios, uniformes y demás parafernalia que adornan los tebeos para adaptarlos a que ellos suponen son los gustos de los lectores más jóvenes.

En realidad, Didio y Lee no inventan nada nuevo sino que se limitan a aplicar, con la falta de originalidad que les caracteriza, el principio más básico del editor de tebeos: Si una serie no vende bien –o vende pero se quiere que venda más- se reinicia de nuevo desde el número uno porque los gurús del marketing (y los contables) sostienen que los números uno siempre venden más añadiendo a los lectores habituales nuevos que se animarán a seguir las colecciones sin tener que hacerse con los retrasados y bla bla bla sin que importe en este caso cerrar de cualquier manera o dejando sin cerrar las tramas existentes, cargándose la continuidad y pasando de los artistas y los friquis que les compran los tebeos…

En este nuevo Reboot, Didio y Lee aplican esa técnica de marketing más vieja que la capa de Superman “a la americana”, es decir, a lo grande en una medida que no deja de esconder un punto de desesperación. Y es que como el conjunto del Universo DC cada vez vende menos pues lo empiezo todo de cero, elevando la técnica del número uno a la quincuagésima segunda potencia… Pan para hoy quizás, pero hambre para mañana cuando el reinicio no vaya acompañado más que de mediocridad que, salvo honrosas y puntuales excepciones, lleva enquistada en la compañía desde hace décadas al no otorgar una auténtica independencia creativa a los artistas que tienen que limitarse a no estropear el macroevento programado de la temporada con alguna idea propia y limitarse a evitar que la imagen de los personajes difiera demasiado de las que han “vendido” en las series, los videojuegos y las películas obviando a todos los lectores marginales que que siguen y siguen comprando –o leyendo- sus tebeos y perciben que cada vez son más malos.

Y lo peor es que estos gurús parecen haber olvidado que algo así ya fracasó hace unos quince añitos, cuando en la otrora llamada Casa de las Ideas decidieron inventarse esa aberración que fue “Heroes Reborn” una apuesta similar en menor escala a los argumentos que ahora proclama Didio que casi acaba con Marvel (y en el que curiosamente andaba metido también el amigo Lee). ¿Le saldrá mejor ahora? Yo creo que no.

En el tebeo industrial de superhéroes o “mainstream” lo que importa son las ventas y cerrar el año con beneficios (o con pocas perdidas). Preocuparse por la calidad de las historias es lo de menos, lo que importa es vender más tebeos y si no es posible lograrlo con historias originales pues se acuden a maniobras efectistas como esta como en su momento ya se inventó el guest starring, el crossover y el megaevento y sin alejarse nunca demasiado de los patrones impuestos por las franquicias cinematográficas que para algo son las que cortan el bacalao.

Porque esa es otra…el tebeo industrial de superhéroes se ha entregado alegremente a convertirse en el campo de ensayos del cine, las series de dibujos y los videojuegos y para facilitar esto DC Cómics ahora solo es una parte de un grupo que se llama DC Entertaiment dentro de un pez aun más grande llamado Warner Bros.

No cuento nada nuevo y esto creo que ya lo tenemos todos asumido, pero partiendo de cero que las cosas se podrían hacerse mejor que como se están haciendo. Es decir, si quieres probar nuevos conceptos en los cómics que sean nuevos de verdad y no que se dediquen como parece a magrear los ya existentes hasta la extenuación en un círculo vicioso de mediocridad y medidas efectistas de crisis -literal- infinita que se resume en lo que hago hoy, lo deshago mañana.

DC no tendría que lanzar 52 números uno, tendría que chapar definitivamente 52 series y empezar de cero con nuevas ideas, personajes y libertad para los autores. De otro modo, esto no es más que la misma cantinela aburrida de siempre.

sábado, 4 de junio de 2011

Barcelona: Spanish Revolution 2, de Pepo Pérez y Santiago Garcia.



Continúan Pepo Pérez y Santiago García a pie de viñeta aportándonos su visión de los sucesos históricos que estamos viviendo en las últimas semanas. Esta segunda entrega me ha gustado aunque ha perdido algo de fuerza respecto a la brillantísima primera entrega. Aun así, está muy bien y esconde dos o tres homenajes a unos cuantos autores que se encuentran entre mis favoritos. ¿Adivináis? Aquí podéis leer la historieta.

viernes, 3 de junio de 2011

“Dublinés” de Alfonso Zapico.



Antes que nada, una afirmación: considero a Alfonso Zapico el autor más independiente y ambicioso de toda su generación. Podrá haberlos más talentosos e imaginativos en la elaboración formal de sus tebeos–que los hay-, podrá haberlos mejores dibujantes – que también los hay- o mejores guionistas – que supongo también los habrá-, pero pocos hay tan honrados, libres e independientes como Zapico para trasladar al lector aquellas historias que le interesan, ajeno a modas y gusto pasajeros, lo que le convierten en mi opinión en un auténtico contador de historias. Y es que además Zapico, como ya demostrara en “Café Budapest” o “La guerra del profesor Bertenev”, no se conforma con obritas sencillas para ir aprendiendo y desarrollándose como historietista o mostrar lo bien que dibuja sino que le gustan los retos, las grandes historias, y en su última obra, editada por Astiberri, se atreve con la biografía de uno de los escritores clave de la Literatura del siglo pasado, James Joyce.

¿James Joyce? Escritor del que la mayoría solo conoce como el escritor de “Ulises” pero que realmente pocos han leído (muchos lo intentan y desisten a las pocas páginas…) y nada saben de su vida, fue todo un personaje bohemio y vividor que se relacionó con lo más selectos artistas y literatos de su época. En “Dublinés”, Zapico evita caer en la imitación del maestro irlandés y evita con buen tino intentar trasladar al cómic la densidad y experimentalidad que caracteriza su obra para centrarse en una ordenada biografía del autor sin caer tampoco en el engolamiento academicista para ofrecer un repaso completo y documentado de su vida desde una óptica cercana, que humaniza al literato y muestra tanto sus virtudes como sus defectos, con lo que “Dublinés” se convierte en una entretenida guía para acceder con más conocimientos a la obra del escritor.

Centrándonos en el cómic, Zapico sigue evolucionando como historietista y nos encontramos con un tebeo curioso en el que alterna páginas y páginas en que abusa de las cartelas y los textos para complementar pequeñas viñetas que se apelotonan en las páginas e incluso parecen repetirse en ocasiones (¿cuántas veces vemos a James Joyce transitando de un lado para otro?) con otras en que experimenta con un estilo más libre y fluido en que los sobreabundantes textos desaparecen en pos de un dibujo más expresivo y menos encorsetado propios de un autor capaz de ofrecer exquisitas soluciones gráficas a la altura de las tendencias más modernas del cómic contemporáneo. Quizás por no haberse decidido por optar por esta segunda vía exclusivamente no pueda considerarse todavía “Dublinés” la obra que certifique la madurez como autor de Zapico y sí una gran obra de transición –otra más- de un autor que tiene suficiente talento como narrador gráfico como para no abusar tanto de los textos y buscar una mayor libertad narrativa.



No hay prisa. Hasta que ese momento llegue –que será cuando Zapico quiera- podemos seguir disfrutando de un autor que vuelve a confirmar que tiene buenas e interesantes historias que contar y “Dublinés” no deja de ser una de ellas. Y eso, no nos engañemos, no es moco de pavo tal y como están las cosas.

jueves, 2 de junio de 2011

“Agente Secreto X-9”, de Alex Raymond, Dashiell Hammett y otros.



Uno no se acaba de explicar muy bien –bueno sí se lo explica debido a la ausencia de una reedición reciente en el mercado norteamericano ya que la última de Kitchen Sink tiene como veinte años- como hace pocos años en ese amago de boom del cómic clásico que tantas selectas obras, que no selectas ediciones, recuperó (“Príncipe Valiente”, “Terry y los Piratas”, “Thimble Theatre” (¿para cuándo los siguientes volúmenes?), “Tarzan”, etc…) y entre los que destacaron la recuperación de los gloriosos trabajos de Alex Raymond,Rip Kirby” y “Flash Gordon”, se quedó en el limbo de este gran artista una de sus creaciones más demandadas y añoradas por los aficionados “Agente Secreto X-9”, que Raymond en 1934 junto al reconocido padre de la novela negra Dashiell Hammett para hacer sombra al todopoderoso “Dick Tracy”, de Chester Gould (que en estos momentos está reeditando en una cuidada edición Norma Editorial porque de este sí existe reedición en el mercado norteamericano).

Realmente, el autor de “Cosecha Roja” solo firmó la primera gran aventura del protagonista para, posteriormente, limitarse a apuntarle las tramas a Raymond para que este llevase con brillantez todo el peso de la serie protagonizada por un duro y anónimo agente –que en etapas posteriores descubriríamos que se llamaba Phil Corrigan- de una organización gubernamental que luchaba contra el crimen –que acabaría siendo el FBI- obsesionado por atrapar a todo tipo de hampones y maleantes desde que unos gangsters acabaran con su familia.

En “Agente Secreto X-9”, Hammett, se encargó de trasladar por primera vez el “hard boiled” a viñetas pero más allá de la curiosidad de su presencia en la serie esta resulta de interés por poder disfrutar de la evolución de un Alex Raymond que a lo largo de los dos años que le dedicó aprendió a adaptar su estilizado y elegante estilo realista enfocado hasta ese momento a fantasías localizadas en el espacio, “Flash Gordon”, o la selva, “Jungle Jim”, a la realidad urbana y cosmopolita, que posteriormente alcanzaría su máxima expresión en la fantástica “Rip Kirby”.

Tras la etapa de Raymond y la etapa continuista de Austin Briggs que abarcaría los cuatro años siguientes, la serie continuó con desigual fortuna hasta 1996 con algunas etapas realmente notables que no estaría mal recuperar al menos en parte, como la de Mel Graff, que estuvo veinte años al frente de la serie, o incluso la de Bob Lubbers/Bob Lewis, pero como de estas no existen reediciones casi como que habría que encomendarse a San Dashiell para lograrlo… Con un poco de suerte, resultaría quizás más sencillo recuperar la notable etapa – la mejor tras la de los creadores- en la que Al Williamson y Archie Goodwin formaron equipo durante diecisiete años y que en Estados Unidos está reeditando actualmente IDW pero vista la ausencia de interés de los editores españoles como que la cosa parece difícil.

En definitiva, la recuperación de “Agente Secreto X-9” en España es un proyecto de enjundia que ninguna editorial parece tener ganas o capacdad de abordar dada su complejidad. Y es una lástima porque mientras los años pasan los aficionados españoles más jóvenes no disponen de la oportunidad de valorar una obra pionera del cómic policiaco más allá del dato anecdótico con lo que la labor de tantos y tan buenos autores parece destinada a ser definitivamente olvidada.

miércoles, 1 de junio de 2011

“El Vals del Gulag”, de Rubén Pellejero y Denis Lapière.

No sé si Rubén Pellejero y Denis Lapière tenían en mente la novela de Pasternak o la posterior peli de Lean de “Doctor Zhivago” en la cabeza cuando ideaban “El Vals del Gulag”, pero a mí cada vez que releo esta hermosa historia de amor no puedo más que recordar aquellas obras y oír resonar en mi cabeza la melodía de Jarre. A pesar de ello, "El vals del Gulag" es una excelente obra por derecho propio.

A pesar que leáis por ahí sobre que “El Vals del Gulag” es un cómic que denuncia las crueldades de las purgas estalinistas (que también algo de eso hay), en realidad es ante todo una de esas románticas historias de amor “más grandes que la vida” que tanto gustaban a nuestras madres. La historia de Kalia, la protagonista, quién dedica su vida entera a intentar reunirse con su querido Vítor, primero superando la negativa paternal y, más tarde, la II Guerra Mundial y las Purgas Estalinistas que llevaron al bueno de Vítor al destierro en un campo de trabajo en Siberia. Siguiendo sus pasos durante años, Kalia descubriendo las inhumanas condiciones en que vivieron los prisioneros en esos campos, convirtiéndose el vals del gulag en la prueba definitiva a su inquebrantable amor de tantos años. ¿Que qué es el “vals del Gulag”? Tendréis que leeros el cómic para saberlo.

Denis Lapière escribe una hermosa historia en la que pone de manifiesto su maña para este tipo de tramas en las que mezcla el romanticismo arrebatado en contextos históricos especialmente complejos. Lo hizo anteriormente con Pellejero en “Un poco de humo azul” y lo volvió a repetir posteriormente con el mismo autor en“Un verano insolente” pero es quizás en esta obra donde el resultado es más logrado e intenso logrando mantener el interés de la historia evitando caer en todo caso en la sensiblería.

Buena culpa de ello la tiene un Rubén Pellejero que logra uno de sus mejores trabajos desplegando todo su buen hacer para que la historia mantenga intacto su interés hasta un cuidado final abierto que será del agrado de cualquier lector. Pellejero cuida con mimo todos los detalles para mantener la tensión de la historia sin que esta se desborde hacia el melodrama facilón, adoptando un enfoque narrativo alejado de la historia, muy al estilo de autores como Cosey, sacando buen partido a su estilo de trazo grueso y feísta, pero enormemente expresivo y detallista, que dota de mayor realismo y humanidad a las localizaciones y los personajes al tiempo que refuerza la atmósfera oscura y triste del relato, logrando con sus sabios encuadres y el elaborado tratamiento del color, llevar la historia a unas cotas que de otro modo el buen argumento de Lapiére no alcanzaría por sí solo. Pellejero logra quizás en este álbum su madurez como narrador centrándose siempre en lo esencial de la historia y prescindiendo de elementos y artificios superfluos para llegar al lector mostrando únicamente lo esencial de la historia que le lleva incluso a prescindir de cualquier tipo de texto.

En ese sentido, el análisis del tratamiento del color de “El Vals del Gulag” debería ser de estudio obligatorio en las escuelas de dibujo para que los futuros dibujantes de cómic aprendieran todas las posibilidades no solo descriptivas sino también narrativas que el color tiene y como su correcto uso puede influir en la percepción de la obra del lector. A través del uso de tonos fríos y neutros, Pellejero logra da cohesión a toda la obra, dotándola de una crudeza triste y melancólica que se transmite al lector, al tiempo que utiliza la preponderancia y el contraste de unos y otros colores para establecer cortes entre los diferentes lapsos temporales en la prolongada línea temporal en que se desarrolla la trama y dotar cada episodio de una identidad propia dentro de la historia, cuidando especialmente la luminosidad y el desarrollo de distintas atmósferas tanto exteriores como interiores. Lo cierto es que a pesar de su aparente sencillez resultaría apasionante analizar cada una de las viñetas del álbum, ya que se nota el cuidado especial que ha puesto en ellas el dibujante.

En definitiva, más allá del atractivo que a priori pueda despertar para cada lector la temática de “El vals del Gulag” este es un cómic que ningún aficionado debería dejar de conocer y valorar dado el acertado equilibrio que los autores han logrado en el mismo entre el guión y el dibujo para lograr que la historia funcione como un todo unitario sino especialmente por los recursos gráficos que un Pellejero especialmente inspirado maneja con maestría. Un tebeo excelente.