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Enlazando con el hilo de los posts anteriores, resulta que el críptico e hipnótico Charles Burns logró atraer con sus trabajos en “RAW”, incluso la atención de la Iguana Pop que le encargó la portada para “Brick by Brick” uno de los mejores discos, según dicen los que entienden, de James Newell Osterberg, Jr, alías, Iggy Pop (gracias wiki).
La Cúpula acaba de reeditar hace poco este estupendo cómic del gran Charles Burns en una edición que a mí personalmente no me ha gustado por diversos motivos que expondré más adelante. Con todo, toda excusa es buena para releer y comentar cualquier obra de Burns, que es una de las debilidades del que esto suscribe.









Dos creaciones de un mismo hombre, el genial Jack Kirby, que parten de conceptos similares…¿Cómo partiendo de la misma idea -personajes cuasidivinos presos de un destino trágico- se pueden conseguir dos resultado tan antitéticos? ¿Por qué Estela Plateada/Silver Surfer es un personaje que funciona y ha alcanzado fama y notoriedad mientras que Night Racer/Corredor Nocturno nunca la tuvo y cayó en el olvido? 
Que el cine de entretenimiento norteamericano es puro negocio en el que la innovación y la originalidad son conceptos del que los ejecutivos y productores huyen como la peste lo tenemos todos los espectadores más o menos asumido y somos conscientes de ello cada vez –menos, visto lo que hay que ver- que nos decidimos a acudir a una sala de cine pero que, como en el caso de este “Predators” directamente nos engañen vendiéndonos como una continuación (concepto este sobre el que ya hay que ponerse en guardia pero del que aún esperamos algún tipo de aporte original en el hilo de una historia demasiado larga o compleja para ser desarrllada en una sola película) de la película de los ochenta “Predator” un “remake” encubierto creo que es abiertamente denunciable como un puro insulto a la inteligencia del espectador que por muy friqui que se sea no es por ello tonto.

Bueno, pues empieza el Mundial de Turquía de Baloncesto…¿Qué?¿Qué empezó unos días? Creo que no, amigos visto el paupérrimo papel que ha realizado nuestra selección en la fase de clasificación. Para el grupo estaba claro que el Mundial empezaba hoy con los cuartos de final cuando las cosas se ponen duras, se separa a los hombres de los niños y el que no gana se vuelve para casa.
A pesar del lamentable espectáculo que ha sido el grupo – con ridículo incluido frente a Lituania, una selección a la que habíamos ganado fácil en la preparación y a la que hicimos héroes en un partido que recordó bochornos anteriores vividos con angoleños y chinos (menos mal que estos son lituanos…)- la suerte de los campeones nos ha sonreído y vamos a evitar a los EEUU hasta la final si conseguimos ir pasando partidos cosa que está por ver, visto lo visto.
España tiene que mejorar en todo porque todos los jugadores han estado por debajo de su nivel, pero, sobre todo, en la dirección de juego, tanto en el campo como en el banquillo. Ricky Rubio tiene que hacer honor a su fama y a su calidad y asumir el rol de base titular con el aplomo y calidad que se le presupone y siendo consciente que, lamentablemente, ya no tiene las espaldas cubiertas con Calderón. Scariolo debe demostrar que el banquillo está para algo y hay que tener soluciones preparadas y confiar en los jugadores que ha elegido, cosa que de momento no ha hecho con sus erráticas decisiones, siendo el que más ha echado en falta a Pau “arreglalotodo” Gasol.
La primera piedra de toque será la marrullera Grecia a la que hemos ganado en los últimos tiempos con facilidad pero de las glorias del pasado no se vive. Grecia jugará lento y a posesiones largas como siempre y tendrá que notar la baja de Papalukas más que en anteriores encuentros. Es un partido para que Marc Gasol demuestre que es mucho más que el hermano pequeño de Pau frente al equipo contra el que empezó a adquirir renombre.
En fin, hoy empieza realmente el Mundial y yo creo en esta España sin Pau…Espero no equivocarme porque yo soy de los que todavía cree en España.
La última de mis lecturas iniciadas en mi estancia playera (¿estuve en la playa? Ya ni me acuerdo…) fue el último novelón histórico de Pérez-Reverte al que muchos ponen en la picota por cuestiones ajenas a lo literario pero que a mí me suele entretener con su estilo patibulario y barojiano y del que admiro su voluntad por reivindicar la novela histórica de época con protagonismo español mostrando que esta no tiene que ser coto privado de escritores anglosajones de calidad muchas veces más que discutible.
Ya comenté aquí el regusto agridulce que me dejó la sexta entrega de la serie “La Búsqueda del Pájaro del Tiempo: El libro mágico de los dioses”, publicada recientemente por Norma. Por un lado, resultó entrañable el reencuentro tras tantos años con el universo mágico de fantasía heroica ideado por Loisel y Le Tendré, pero el álbum me pareció que no estaba a la altura de tanta espera con una historia embarullada y dispersa que distaba de estar a la altura de lo publicado anteriormente. Pensé que quizás el problema era mío, que yo había perdido algo con los años y ese era el nivel real de la serie, por lo que me volví a leer la primera entrega del segundo ciclo, “El amigo Javin”, para cerciorarme y descubrir que, efectivamente, los años no había pasado sólo para mí sino también para Loisel y el resto ya que “El amigo Javin” volvió a parecerme tan bueno como cuando lo leí por primera vez.
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No quiero tener miedo. No quiero entrar en la tercera década de mi carrera aterrorizado porque el negocio editorial se vaya a ir por el retrete cuando tenemos el poder de modificarlo. En realidad, tenemos la ventaja de poder ver cómo otros medios han administrado mal sus intentos digitales a lo largo de 10 años y aprender de sus errores. Podemos encontrar -y lo haremos- maneras de que internet trabaje para nosotros y para el enriquecimiento de la cultura.
Hoy toca ponernos apocalípticos –que no integrados- y continuar el repaso de la obra de José María Beroy con una de sus obras más curiosas y sorprendentes “666-999”, originalmente publicada serializada en “Creepy” y, posteriormente, en un álbum unitario por Toutain hace casi ya un cuarto de siglo.
Allá por los años ochenta, cuando gracias a las chapas del colegio y a Perico Delgado me empecé a aficionar al ciclismo que por aquel entonces era cosa de “esforzados de la ruta” y largas siestas de sobremesa, había un tipo que a mis ojos infantiles de lector de tebeos de superhéroes reunía todos los defectos que un supervillano a pedales podía reunir.
Llegamos a la sexta entrega de “Scalped” que recoge los números 30 a 34 de la serie regular a.i., en un arco argumental importante en el que desaparece alguno de los secundarios más carismáticos que habíamos visto en la serie.


Richard Meyer: ¿Alguna vez te has metido en problemas por ser tan progresista (de nuevo para que conste, soy bastante conservador, pero aún así me encantan tus cosas)?
P: Has trabajado para DC Comics y Dynamite, ¿Cuáles son las diferencias entre las dos compañías con respecto a métodos y sistemas de trabajo?He encontradoun fragmento de entrevista en que el recientemente fallecido Fernando Fernández relata una anécdota de niñez sobre sus primeros recuerdos en el mundo del cómic.
Hoy toca reivindicar otro clásico del cómic norteamericano injustamente olvidado por nuestros editores, un tebeos que no sólo por su calidad intrínseca es destacables sino también por protagonizar un pequeño capítulo en la historia de la industria del cómic nortemaericano. Me estoy refiriendo a “Sabre”, un cómic de ciencia ficción posapocalíptica, creación de Don McGregor y Paul Gulacy.
A finales de los setenta los hermanos Mullaney creron Eclipse Comics una editorial independiente que incapaz de competir con las grandes editoriales en cantidad de títulos publicados apostó por la calidad y la innovación para abrirse un hueco en el complejo mercado norteamericano. De este modo, Eclipse Comics supo reivindicarse gracias a la calidad con que editaba la mayoría de sus cómics superior a la habitual, el pago de suculentos royalties por ejemplar vendido y una libertad creativa que no constreñía a los autores tanto como era habitual en las grandes editoriales por aquella época y provocó que un buen número de autores de renombre se embarcaran en la nueva editorial. De este modo, atrajeron autores de talento como Marshall Rogers, Steve Englehart o Gene Colan, a los que pronto se unieron Paul Gulacy y Don McGregor que un año más tarde con “Sabre: Slow Fade of an Endagered Species” dieron un auténtico campanazo con la primera gran obra de Eclipse.





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