jueves, 17 de junio de 2010

“Western”, de Rosinski y Van Hamme.

En la historia por escribir del Cómic, la pareja formada por el polaco Gzergorz Rosinski y el belga Jean Van Hamme, tendrán una página destinada a glosar sus méritos conjuntos en la reconocida serie de “Thorgal”. Pero, no estaría de más, que en esa gloriosa página el futuro historiador dedicase un pequeño pie de página para glosar “Western”, un álbum más humilde pero que, en mi opinión, es uno de los mejores cómics del Oeste que he leído en los últimos años.

Western” narra la historia de Nat Chissum, un joven buscavidas que por azares de la vida acaba perdiendo a su hermano y una mano en un timo que no salió como habían planeado. Pasados los años y, convertido a pesar de su minusvalía y tras muchas penalidades, en un competente pistolero Nat volverá a intentar repetir la jugada que marcó su infancia sin tener en cuenta que no suele ser buena idea tentar al destino por segunda vez si se quiere conservar la vida.

Van Hamme escribe uno de sus más sólidos guiones en este álbum autoconclusivo en el que plantea en tono de western crepuscular una historia de timadores y reveses de la fortuna en la que la desgracia y la mala suerte persiguen una y otra vez a sus protagonistas. A través de la entretenida historia, estructurada en varios capítulos, el belga repasa las convenciones del género en una historia que si bien no es del todo original destaca por la acertada caracterización de los personajes y la habilidad con que el belga desarrolla la trama para mantenerse siempre un paso por delante del lector logrando mantener el interés por la historia hasta el final.

En el apartado gráfico, estamos ante uno de los mejores trabajos de Rosinski con un fantástico tratamiento en acuarela que le permite captar en toda su belleza las grandes extensiones del Oeste, dando con la tonalidad justa para cada uno de los encuadres y situaciones. Sin embargo, a diferencia de sus últimos “Thorgal”, la búsqueda del preciosismo no está reñida con la fluidez narrativa y el álbum se desarrolla correctamente, complementándose perfectamente con la labor del guionista a la hora de ir contando la historia a cuatro manos.
En definitiva, “Western”, publicado por Norma hace años en un formato muy apañado, es una pequeña joyita poco reconocida y un declarado homenaje de sus autores a uno de los géneros más importantes del siglo pasado en el que todavía pueden contarse buenas historias y puede servir a los nuevos para conocer el trabajo de uno de los mejores equipos creativos del cómic europeo de las últimas décadas antes de entrar en series más largas. Ya me contáis.

miércoles, 16 de junio de 2010

Derrota de España ante Suiza...

…o los gitanos no quieren buenos principios para sus hijos.

Faltaba la sorpresa del Mundial y la protagonizó España. Todos los rechaces para los suizos que se defendieron bien pero que eran sosos, sosos, y les tocó el gordo con el gol.

Probablemente, España tenía que haber jugado con dos delanteros y un único medio centro pero ahora resulta fácil decirlo.

Yo de momento estoy tranquilo porque todo está por verse. ¿Y vosotros?

“The Unwritten 1: Tommy Taylor y la identidad falsa”, de Mike Carey y Peter Gross.

Detnro de la nueva hornada de títulos Vertigo aparecidos a lo largo del año anterior que poco a poco empieza a editar en España Planeta, uno de los que había levantado más expectativas era este “The Unwritten: Tommy Taylor y la identidad falsa”, guionizado por el para mí gusto sobrevalorado Mike Carey y el correcto Peter Gross, que reúne los primeros cinco números de la serie y acaba de aparecer en España. El resultado, decepcionante.

Tom Taylor es el hijo de Wilson Taylor, el escritor creador de una serie de novelas de fantasía cuyas entregas son un éxito mundial. Sin embargo, Wilson Taylor desapareció repentinamente sin que nadie conozca su paradero y Tom sobrevive exprimiendo la obra de su padre en convenciones de fans. Cuando en una de estas reuniones se pone en entredicho su identidad, entrarán en juego oscuras y misteriosas fuerzas en torno a Tom dispuestas unas a ayudarle y otras impedirle descubrir y aceptar su destino.

Mike Carey es un guionista a la estela de Neil Gaiman que se hizo un nombre con la irregular “Lucifer”, spin off del “The Sandman”, y que posteriormente ha mostrado un buen olfato comercial para plantear historias atractivas en sus planteamientos iniciales como “Crossing Midnight” que acaban aburriendo en su desarrollo y resolución. “The Unwritten” pretende rebañar el tirón de los libros de “Harry Potter” con una trama de intriga que gira en torno a un protagonista a medio camino entre la realidad y la fantasía émulo del protagonista creado por J. K. Rowling añadiendo ciertos elementos conspiranoicos y cyberpunk. Quizás sea un poco pronto para valorar la serie pero a mí este tomo me parece que sufre los mismos defectos que la obra anterior de Carey con unos personajes planos y una confusa y poco detallada ambientación que acaba convirtiendo la historia, a pesar de sus buenos mimbres, en un tostón. Tras una serie de peripecias con poco interés debido a la falta de ritmo que Carey imprime a la historia, la cosa se vuelve un poco más interesante en el quinto número que supone un punto de inflexión ya que se desvelan ciertas claves de la serie y en el que curiosamente se abandona la trama y personajes principales para contar una historia autoconclusiva protagonizada por escritores de la talla de Kipling, Wilde y Twain.

En el aspecto gráfico, Carey vuelve a contar con su colaborador habitual Peter Gross que vuelve hacer gala de su estilo impersonal y su correcta narrativa, en esta ocasión influido en la composición de página por la obra de Possy Simmonds a la hora de introducir con inteligencia largas parrafadas en la historia pero que, en líneas generales sigue resultado tan olvidable como en anteriores ocasiones, destacando gráficamente únicamente las elegantes composiciones en las portadas de Yuko Shimizu.

En fin, os podéis imaginar que teniendo en cuenta la trayectoria de los autores y el análisis de esta primera entrega no voy a seguir “The Unwritten”. Una pena, porque Carey cuenta con elementos que en otras manos podrían dar más de sí pero que me temo que acabarán converitdos en otro quiero y no puedo que añadir a su trayectoria. Si la cosa mejora, avisadme.

Otras obras de Mike Carey en El lector impaciente:

Lucifer”.
Crossing Midnight”.
Faker”.

martes, 15 de junio de 2010

Primer trailer de “Somewhere”, de Sofia Coppolla.



En el apolillado cine norteamericano, una nueva película de la inquieta Sofia Coppolla siempre es una buena noticia aunque a mí no me parezca tan tan buena como dicen los que realmente entienden de esto. A falta de ver su “Maria Antonieta” y tras fascinarme con “Las Vírgenes Suicidas” y aburrirme básicamente con “Lost in traslation”, “Somewhere” promete ser una película resaltable si las expectativas acompañan un poco al trailer. La historia tampoco es nada novedosa –actor malo y perdedor que debe rehacer su vida cuando acude a verle su hija adolescente- pero la forma me atrae. Stephen Dorff y Elle Fanning son los protagonistas.

Esta me la apunto para cuando la estrenen por aquí.

“Weimar: Dos investigaciones clásicas de Jan Karta (1925-1933)”, de Roberto dal Prá y Rodolfo Torti.



Primero de los tres volúmenes en los que la editorial 001 Ediciones recupera todo un clásico del cómic italiano de los ochenta inédito en España a pesar de su calidad hasta ahora por esos caprichos editoriales, “Las investigaciones de Jan Karta”, una serie de intriga que nos acerca al siempre atractivo Berlín de Entreguerras de la República de Weimar, uno de los momentos más apasionantes de la historia y que más recientemente está siendo objeto de revisión por un autor aparentemente tan alejado de los italianos dal Prá y Torti como es Jason Lutes.

En las dos historias dal Prá establece las características de la serie, convencional con las reglas del género negro en su desarrollo, pero original tanto por la ubicación y contexto de las historias como por el protagonista sobre el que orbitan las historias, Jan Karta, un peculiar detective culto y sensible que mantiene una actitud distante y escéptica sobre los acontecimientos históricos que le han tocado vivir y de los que en el transcurso de sus investigaciones se convierte en testigo privilegiado.
Si en la primera historia, “Weimar (1925)”, Karta se convierte en pieza involuntaria de una conspiración para acabar con la vida de un poderoso industrial con oscuros secretos en los inicios de la República de Weimar, en la segunda, “Der Sturm (1933)” se ve envuelto en los tejemanejes del boyante partido nazi para alzarse con el gobierno alemán cuando un antiguo amigo va a morir a su puerta. Si queréis leer más, ya sabéis.

Roberto dal Prá se muestra como un solvente guionista capaz de hilvanar sus convencionales tramas detectivescas con los hechos históricos de un modo solvente y entretenido al tiempo que va construyendo poco a poco la personalidad de un detective sui generis que nada tiene que envidiar a los grandes clásicos del género en los que se basa (para describirlo en pocas palabras, Jan Karta es una mezcla entre Sherlock Holmes y Philllip Marllowe), un detective desencantado que, a pesar de su talento deductivo que le permite resolver complejos casos, es incapaz de lograr frenar el avance del Partido Nacional Socialista.

En el aspecto gráfico, Rodolfo Torti en la estela de grandes como Milton Caniff en la cuidada caracterización de los personajes y el detalle en que retrata vehículos y edificios, mostrándose como un magnífico dibujante que en ocasiones me recuerda a dibujantes españoles como Jordi Bérnet o el, por desgracia, semiolvidado Leopoldo Sánchez (¿Para cuándo una reedición en condiciones de “Bogey”?). Torti narra con maestría al tiempo que es capaz de captar la ambientación de la época a través de una estudiada composición de página que le permite dosificar la tensión de la historia, describiendo con acierto distintos ambientes y situaciones propias del libertino, bullicioso y convulso Berlín de la época en que transcurren las investigaciones del detective alemán.

Finalmente, no se puede obviar la influencia –recíproca, por otro lado- entre esta serie y la obra de otro grande del cómic italiano como es Vittorio Giardino y “Las aventuras de Max Fridman” (no en vano ambas series, como señala Pepé Gálvez, en la introducción se iniciaron en la misma época en la misma revista, “Orient Express”, pero si bien la serie de Giardino se ha publicado y reeditado en condiciones en nuestro país por parte de NormaLas investigaciones de Jan Karta” fueron ignoradas y permanecían inéditas. Hay que felicitar a 001 Ediciones, por tanto, por recuperar esta interesante serie, que ha resistido como sólo pueden los clásicos, el paso del tiempo aun cuando el formato económico elegido no haya respetado el color de los álbumes franceses. Esperemos que no se demoren demasiado con las próximas entregas.

lunes, 14 de junio de 2010

Al Williamson (1931-2010).


Parece ser que se confirma la desaparición de otra de las pocas “leyendas vivas” que le van quedando al cómic norteamericano. Uno de esos nombres míticos cuya trayectoria va unida al cómic norteamericano y, por ende, al cómic mundial: Al Williamson.

Medio colombiano, medio norteamericano, Williamson pasó su infancia en Colombia para, tras regresar a Norteamérica muy joven, empezar a trabajar en la pujante industria del cómic de posguerra. Míticas fueron sus series para E.C., especialmente en sus series de ciencia ficción Weird Fantasy y Weird Science en las que destacaría por su elegante trazo y capacidad para recrear sorprendentes mundos y civilizaciones. Precisamente, por esa elegancia inherente a su estilo que recuerda al gran Alex Raymond, tras el traumático cierre de E.C., Williamson trabajó como dibujante ayudante de otros en tiras de prensa creadas por Raymond como Rip Kirby” o “Flash Gordon” (y en 4 míticos números de la colección de cómic-book) hasta hacerse con el puesto de dibujante fíjo de “Agente Secreto X-9 donde permaneció durante trece años. Posteriormente, sería elegido por George Lucas para realizar los cómics de “La Guerra de las Galaxias”.

Desde mediados de los ochenta, Williamson se limitó a entintar el trabajo de otros en personajes señores de Marvel y DC, como Spiderman, Lobezno o Superman.

Williamson trabajó para la mayoría de las editoriales norteamericanas desde E.C. hasta Marvel o DC, pasando por Warren o King Features Syndicates, dejando impronta de su arte siendo coetáneo y amigo de autores como Franzetta o Krenkell.

D.E.P



“Ex Machina 8: Juego Sucio”, de Brian K. Vaughan y Tony Harris.

Cuando pensaba que en Norma habían olvidado que seguían publicando esta serie o habían decidido condenarla al limbo sin más explicación, me sorprendí el mes pasado con la aparición de un nuevo TPB que reúne los números 35 a 39 de la edición regular y un número especial de Halloween dibujado por el siempre interesante John Paul Leon.
Me acercaba a este tomo con bastante cau
tela ya que el anterior fue decepcionante y no sabía si las andanzas de Mitchell Hundred, un superhéroe que ha colgado las mallas para meterse a alcalde de Nueva York, irían a peor o la serie remontaría. Bueno, tras su lectura, se puede decir que aunque Vaughan da claros síntomas de agotamiento –probablemente la coincidencia con los guiones de “Perdidos” le empezaba a pasar facturas a esas alturas- la cosa remonta ligeramente y sabiamente el guionista empieza a plantar las semillas para darle una prometedora vuelta de tuerca a la serie que la saque de la monotonía y puede dar bastante juego.
En estos números que aparecen en este arco, nos encontramos con un Hundred al que se le aparecen fantasmas de antiguos esclavos, una “”sui generis” supervillana, Problema, obsesionada con La Gran Máquina, el alter ego del Alcalde, que amenaza con arruinar la convención del Partido Republicano a celebrar en Nueva York y un nuevo episodio en el que el alcalde recuerda los hechos que le motivaron a convertirse en superhéroe cierta noche de Halloween en que se vio envuelto en un atraco. Todo muy variado.

Lo primero de todo, Brian K. Vaughan es un guionista al que hay que pedirle más porque en series como "Y, el último hombre" ya demostró que no le falta talento pero al que en "Ex Machina" se nota desde hace varios números que en esta serie trabaja con el piloto automático puesto lo que es evidente para cualquiera que siga la trayectoria de una serie que es la más ambiciosa que ha afrontado hasta el momento. Sí, en este arco argumental hay buenos momentos puntuales, brillantes diálogos y personajes complejos y bien construidos (los habituales de la serie porque los que aparecen por vez primera resultan bastante tontos), sin embargo, Vaughan lleva demasiado tiempo repitiendo de manera maquinal la misma fórmula los arcos de varios de números con lo que la serie se ha vuelto predecible a pesar de lo interesante de las premisas iniciales. Esta fórmula magistral, con la que Vaughan está sacando adelante la colección vuelve a aparecer en el arco “Juego Sucio” (episodios 36 a 39) y se puede enunciar del siguiente modo: presentación de un personaje con matices superheroicos con ecos del pasado del protagonista + una problemática social o política del presente del protagonista que le quita el sueño al ilustrísimo + clímax ramplón entre ambas tramas que se cruzan = resolución decepcionante y a otra cosa mariposa. Es cierto que Vaughan anda sembrando para recoger en el futuro pero de momento, salvo curiosamente los números autoconclusivos que suelen estar bien resueltos, todo es bastante cansino y rutinario con resoluciones bastante pobres a historias que podrían dar más juego y sólo el hecho de que la periodicidad sea prácticamente de un tomo al año y lo inteligente de sus diálogos (un punto pedantes también hay que decirlo pero a mí me encantan) permite que continue comprando la serie.

En el apartado gráfico, más de lo mismo. Tony Harris, cuyo estilo es un híbrido a medio camino entre Steve Dillon y Bryan Hitch, se muestra tan cumplidor como siempre pero su dibujo impersonal y aburrido, se limita a cumplir y no saca todo el partido que podría a las situaciones ideadas por Vaughan, destacando sobre todo en la composición de algunas páginas que rompen la rutina habitual y resultan bastante chulas y en las portadas que aparecen reproducidas en el tomo. Me ha gustado más el número dibujado por el glacial John Paul Leon, que acierta a la hora de recrear una atmósfera oscura y opresiva con cierto aire a Mazzuchelli que contrasta con el supuestamente alegre día de Halloween.

En definitiva, que la octava entrega de “Ex Machina” mejora la anterior aunque no tanto como para animar a nadie a que busque los atrasados si no se sigue la serie desde el inicio. Si Vaughan es capaz en los próximos números de centrarse en su vertiente de guionista de cómics y olvidarse de las series de televisión la cosa puede volverse realmente interesante. Yo le doy un voto de confianza.

viernes, 11 de junio de 2010

Mundiales de Fútbol: entre la viñeta y el balón.




Bueno, pues hace unos minutos empezó el Mundial de Sudáfrica y ya están jugando el primer partido. No me preguntéis por la inauguración que no la he visto pero el Mundial para aquellos que nos gusta el deporte rey – y a los que no les gusta también, que es imposible sustraerse de todo el marketing que conlleva – es la mejor competición, la más especial y la más emocionante y, además, para aquellos que nos gustan los cómics y tenemos uno asociado a casi cada recuerdo y episodio de nuestra vida una buena ocasión para recordar.





Mis primeros Mundiales fueron los de Argentina y España y están inevitablemente asociados a “Mortadelo y Filemón”. El álbum del Mundial 78 es uno de los mejores de Ibáñez y el que me dejó grabadas a fuego unas viñetas memorables como la del desfile de selecciones o la pelea en el estadio que todavía son destacables hoy en día. Un tebeo que ha resistido muy bien el paso del tiempo y a pesar de los más de treinta años transcurridos resiste perfectamente las relecturas. De partidos del Mundial no me preguntéis, porque no recuerdo nada salvo el gol de un tal Kémpes, el matador, que me sonaba porque jugaba en el Valencia.



Cuatro años más tarde y con algo más de conciencia de lo que era eso del fútbol llegó el Mundial de España que supuso una de las primeras desilusiones mundialistas con la decepcionante actuación de la selección de Santamaria. ¿Recuerdo asociado al cómic? Por supuesto, la revista Mortadelo y el fichero chulo que vendían con fichas de cada uno de los equipos y jugadores y el álbum temático de Ibáñez que supuso una decepción frente al grandioso “Argentina 78. El Mundial lo ganó la racana Italia con gol de un tipo que me caía bien porque se llamaba Paolo, Rossi para más señas, y un señor viejito que en el palco daba saltos fue lo que más recuerdo de esos partidos.



Y pasaron los años y los mundiales, cada uno con su recuerdos tebeísticos más o menos notables y las consiguientes decepciones deportivas de una selección que por una razón u otra siempre ha mordido el polvo, más o menos personales pero ninguno me dejó una huella tebeística tan profunda como esos dos primeros quizás porque a esas alturas ya había abandonado la lectura de Mortadelos por aburrimiento y andaba leyendo otras cosas y es que los superhéroes Marvel no saben jugar al fútbol.


Hoy, un nuevo Mundial y un nuevo tebeo que aprovecha el tirón con el “A por ellos” de Panini, una empresa que siempre ha sabido sacarle partido a esto del fútbol (anda que no le habremos comprado cromos de futbolistas). Mis expectativas sobre este tebeo son escasas porque a estas alturas no creo que estos productos oportunistas y simplones tengan más fin que el negocio fácil así que evidentemente pasaré del tebeo aunque espero que sirva para que algún ingenuo niño o niña de seis años se aficione aparte de al fútbol –que está hecho con el pedazo de selección que tenemos- a eso de disfrutar de los tebeos.


Y es que cualquier tiempo pasado fue mejor (¿o no?)…

miércoles, 9 de junio de 2010

Antonio Parras (1929-2010)

Me entero con bastante retraso de la muerte de Antonio Parras el pasado día 2 de Junio, un dibujante pionero a la hora de cruzar los Pirineos y probar fortuna en otras tierras cuando no era tan accesible como ahora el buscarse la vida en el extranjero.

Parras desarrolló una notable producción en Francia y fue un autor poco reconocido en España. Una lástima.

D.E.P.


martes, 8 de junio de 2010

“Beatles”, de Lars Saabye Christensen.

A mí podéis preguntarme de muchas cosas pero si me preguntáis sobre Noruega y sus literatos poco os puede hablar más allá de los conocimientos generales de culturilla general – de los literatos ni eso-. Para solventar en parte esa laguna y porque no pude resistirme a descubrir qué de nuevo nos podía aportar un noruego sobre los Beatles me hice con esta novela de Lars Saabye Christensen, autor al parecer de cierta fama por su anterior obra “El Hermanastro”, que no he leído aún.

¿De qué va “Beatles”? Pues de las peripecias y experiencias de cuatro niños que se convierten en adultos en la Noruega de la década de los sesenta y los setenta que asisten y participan en los cambios que su tranquilo país va sufriendo al ritmo de la música de su grupo favorito, los Beatles, con cuyos miembros se identifican.

¿Es original la propuesta de Lars Saabyen Christensen? No, historias sobre la perdida de la inocencia que conlleva la madurez ha habido a patadas y es un tema recurrente en el cine y la literatura -¿Quién no recuerda “Cuenta Conmigo”?- pero “Beatles” es destacable por otros aspectos respecto a otras obras de similar temática.

El primero de todos, que está bien escrita. Saabyen Chrsitensen es un buen narrador y es más honrado que la mayoría de sus colegas que apelan exclusivamente al sentimentalismo del lector, no basando sus argumentos el noruego para atrapar al lector en su obra exclusivamente en las trampas nostálgicas y los guiños a los lectores habituales en otras obras similares.

Saabyen Christensen logra la simpatía y la empatía del lector con los protagonistas – él y tres jóvenes amigos cuyas vidas van dando tumbos a lo largo de los años- gracias a la neutralidad y frialdad con que su estilo llano y preciso desgrana una historia que incorpora elementos autobiográficos y otros que directamente se inventa o exagera, como avisa, sin buscar caer tampoco en la justificación de sus decisiones. El segundo motivo por el que esta novela atrapa es la soberbia reconstrucción del entorno en que se desarrolla: la Noruega de aquella época era un país aislado y conservador que disfrutaba de las ventajas del “Estado del Bienestar” y a sus instituciones Christensen no deja precisamente demasiado en buen lugar aun cuando su intención no sea inicialmente esa en lo que quizás sí tenga hasta cierto punto de ajuste de cuentas con su pasado.

Por otro lado, Christensen no es tonto y si ha elegido un título tan emblemático para su libro es por algo. La organización de la obra en capítulos que toman sus títulos de los álbumes de los Beatles permite al autor dotar a su novela de una banda sonora única y reconocible por cualquiera al lector aprovechando lo conocido de las canciones de los de Liverpool como ocurriría con una película pero al tiempo procura no ir más allá en la búsqueda de las similitudes con sus lectores de cualquier sitio del mundo –probablemente los que vivieron aquella época con la edad de Christensen se sentirán muy identificados con él- para ensalzar las diferencias centradas en su hermético –y exótico- país.

En definitiva, “Beatles” es una excelente novela, que atrapará a todos aquellos que estén interesados en conocer el mundo y las gentes que lo habitan y que creo sobrevivirá a otras parecidas precisamente por la voluntad de su autor de no caer en la tentación del abuso del sentimentalismo y ha logrado despertar mi curiosidad por los escritores de la sosa Noruega. Si la leéis ya me contáis.

lunes, 7 de junio de 2010

Segundo trailer de “The Expendables”, de Silvester Stallone.



Dos conclusiones tras ver el nuevo trailer de la nueva película de Stallone:

Nunca tras mostrar tan poco se ha adelantado tanto sobre una película.

La nostalgia no es una buena alternativa para hacer dinero en el negocio del cine….ES la alternativa, mal que nos pese.

Película ideal para recuperar el contacto con los amiguetes del instituto con los que se iba a ver estas películas y ver cómo el tiempo pasa para todos menos para Stallone y cia.

sábado, 5 de junio de 2010

Trailer de “Thirteen Assasin” de Takashi Miike

¡ Qué entretenida tiene pinta de ser esta película de samuráis de Takashi Miike y qué pocas esperanzas tengo de que se estrene en España!

viernes, 4 de junio de 2010

“Gilgamesh, el inmortal”, de Robin Wood y Lucho Olivera.

Leyendo sobre el nuevo proyecto de Frank Miller –una precuela de “300” llamada “Xerxes” justificada por la ¿necesidad? de dar un soporte a una nueva película de Zack Snyder- y algunos apuntes que da sobre el mismo, me ha venido el runrún de “Gilgamesh, el inmortal”, uno de esos maravillosos tebeos argentinos de los setenta que, por desgracia, apenas nos han llegado a España (salvo una breve publicación en los ochenta en la revista “Mark 2000”).

Gilgamesh, el inmortal” es una creación del gran Lucho Olivera que tras un breve período en que se encargó del dibujo y los guiones le cedió el guión a Sergio Mulko, para en los ochenta volver a recontar el origen de los personajes en colaboración con el no menos grande Robin Wood, siendo esta etapa la más destacable y recordada del personaje. Posteriormente, Olivera siguió contando historias de su creación en colaboración con otros guionistas, Ricardo Ferrara y Julio Alberto Grassi.

Olivera concibió “Gilgamesh, el inmortal” como una serie histórica protagonizada por el mítico rey mesopotámico incorporando elementos de ciencia ficción que hasta la llegada de Wood no alcanzarían todo su potencial. Gigamesh es un semidiós en vida que tras alcanzar todas las glorias terrenales malvive atormentado por la idea de vencer a la misma muerte. Cuando a través de una serie de señales y prodigios, el héroe da con un extraterrestre agonizante, el marciano Utnapistim, quién a cambio de su ayuda le concede la inmortalidad, advirtiéndole que llegará a odiar su don. A partir de ese momento, el inmortal Gilgamesh se convertirá en testigo de la ambición y estupidez humana a lo largo del tiempo y el espacio, viviendo todo tipo de aventuras que le llevarán a plantearse una y otra vez su propia condición de inmortal hasta encontrar un objetivo que realmente colme su existencia.

Gilgamesh, el inmortal” es el encuentro de dos monstruos de la historieta en uno de sus mejores momentos creativos que ya habían colaborado anteriormente en “Nippur de Laggash”. Wood es capaz de administrar como sólo él es capaz todo el potencial de un personaje como Gilgamesh y utilizarlo para contar historias fuera del entorno antiguo más limitado al que está adscrito Nippur. Gilgamesh, gracias a la inmortalidad, se convierte en un viajero temporal lo que permite el lucimiento de Wood mostrando su conocimiento de la historia y la literatura a través de fantásticas aventuras y, sin pararse en la mera recreación del cómic histórico, incorporar todo tipo e elementos de fantasía que lo perfeccionan y convierten en un personaje de ciencia ficción, alcanzando un equilibrio entre historia, fantasía y ciencia ficción al que en cómic sólo se ha aproximado Van Hamme en las clásicas historias de “Thorgal”. Pero, además, “Gilgamesh” tiene un componente filosófico que Wood sabe dosificar para sin olvidar que se trata de un cómic de entretenimiento y aventuras, meditar sobre temas tan complejos como la inmortalidad o la condición humana, mostrando un planteamiento pesimista y atormentado bastante acorde con los tiempos en que se fraguo el personaje. En “Gilgamesh, el inmortal” se pueden rastrear influencias de otras grandes obras del cómic argentino– “Mort Cinder” de Oesterheld y Alberto Breccia, “El Eternauta”, del mismo Oesterheld y Solano López o el propio “Nippur”, al que sus autores harían coincidir con Gilgamesh en algunas aventuras.

En el aspecto gráfico, la etapa de Olivera con Wood en “Gigamesh” es de lo mejorcito de su carrera. Olivera es un magnífico narrador al que se ha comparado con John Buscema pero en “Gilgamesh, el inmortal” su dibujo se vuelve más oscuro y denso para reflejar toda la angustia de un personaje prisionero del tiempo y la inmortalidad dando una mayor carga psicológica al tratamiento de los personajes.

En definitiva, estoy seguro –ustedes también- que me leeré el “Xerxes” de Miller, tebeo por el que se pelearán las distintas editoriales por publicar, pero saltaría de contento si alguna –Planeta últimamente ha publicado material reciente de Robin Wood o la nueva 001 Ediciones parece dispuesta a rescatar obras argentinas del olvido- recuperase los sesenta números en los que Wood y Olivera nos contaron las fantásticas aventuras del mesopotámico inmortal Gigamesh. Por soñar que no quede.
Para saber más de "Gilgamesh, el inmortal", pinchad aquí y para saber más de la mínima presencia de esta serie y sus autores en España este artículo de la Tebeosfera es imprescindible.

Rue McClanaham (1934-2010).

Se ha muerto la popular actriz televisiva Rue McClanaham que toda una generación de telespectadores conocemos e identificamos por su papel de Blanche Deveraux en la popular serie “Las Chicas de Oro”.

Blanche –lo siento, pero hay personajes que se comen a los actores que les encarnan- era una divorciada alegre y picarona que sabía disfrutar de la vida para mortificación de sus compañeras, en especial, de la genial Sofia Petrillo.

Si Rue disfrutó de un mínimo de la vitalidad de su personaje, habrá disfrutado de una buena vida.

D.E.P.

miércoles, 2 de junio de 2010

Nuevo trailer de “Scott Pilgrim contra el mundo”, de Edgard Wright.

Ya circula el nuevo trailer de “Scott Pilgrim contra el mundo” que confirma las buenas impresiones del primero. Es una película que tengo subrayada porque quizás –y sólo quizás- sea una de las mejores adaptaciones de un cómic a la gran pantalla que se han hecho hasta la fecha.

Del tebeo en que se basa y su progresiva evolución ya comentamos algo aquí y aquí.

“La Liga de los Caballeros Extraordinarios Century: 1910”, de Alan Moore y Kevin O’Neill.

Ante todo, un aviso, si en la nueva entrega de “La Liga de los Extraordinarios Caballeros” publicada por Planeta sólo buscas una recreación del típico tebeo de superhéroes protagonizada por personajes fácilmente identificables de la literatura popular de finales del XIX y XX es mejor que no leas este tebeo.

Planeta
acaba de publicar la tercera entrega –tercera en España que cronológicamente es la cuarta pero mucho me temo que “Black Dossiers” no la veremos pronto por estas tierras debido a un problema de derechos- de los Caballeros Extraordinarios de Moore y O’Neill de la que alguno ha lanzado pestes, pero que yo he disfrutado como un enano.

En el año 1910, una disminuida versión de Liga de los Caballeros Extraordinarios sigue existiendo al servicio del Imperio Británico comandados por la inmortal vampiresa Mina Murray, secundada por un rejuvenecido Allan Quatermain y el hermafrodita inmortal Orlando. Cuando uno de los nuevos miembros de la Liga, el médium y detective de lo sobrenatural Thomas Patacki, percibe una potencial conspiración liderada por el ocultista Olivier Haddo, supuestamente fallecido, que puede provocar el fin del mundo, el grupo iniciará una investigación en la que entrará en contacto con los círculos esotéricos de Londres que mostrará sus disensiones internas. Mientras tanto, la hija del Capitán Nemo ha rechazado su herencia y ha huido a Londres donde prefiere limpiar una infecta taberna de Whitechapel para regocijo de las lúbricas miradas de los clientes. Y, a todo esto, Jack El Destripador ha regresado a Londres…

Excelentes y exquisitos mimbres, como siempre, los que el mago Moore para tejer la nueva entrega de este divertimento en el que homenajea, con la complicidad del gran Kevin O’Neill, los pastiches decimonónicos sin obviar los guiños a amigos y vecinos.

En “Century: 1910”, Moore coquetea abiertamente con la estructura operística clásica de tres actos independientes entre sí pero que en conjunto cuentan con elementos que aportan coherencia al conjunto, correspondiendo esta historia con el primero (el segundo, parece que está a punto de salir en EEUU y Reino Unido, mientras que el tercero está programado para el 2011 y supondrá –en teoría- el cierre de la serie) pretendiendo a través de esta estructura escabullirse de la dichosa continuidad propia del cómic de superhéroes –cosa que tampoco logra- al tiempo que narrar la historia que supone el declive de la Liga de los Caballeros Extraordinarios en una historia más amiciosa que se desarrolla en distintos momentos del siglo pasado y del presente.

En el tebeo que nos ocupa, “Century: 1910”, Moore se siente con más libertad para hacer lo que le da la gana y escapar de las convenciones autoimpuestas que ligaban el desarrollo del cómic con una estructura prototípica al cómic de superhéroes en el que el grupo se une para hacer frente a una amenaza que es capaz de vencer para ofrecer, esta vez, una historia que se asienta en la falibilidad de unos personajes que no dejan de tomar decisiones equivocadas que desembocan en las derrotas del grupo. Tanto por este motivo, como por lo más alejado del conocimiento popular de las referencias que maneja Moore en esta historia, “Century: 1910” puede provocar rechazo al lector que sólo busque un tebeo más con el que pasar el tiempo y no esté dispuesto a entrar en el complejo juego de referencias que maneja el inglés y que, en realidad, es lo más atractivo de su propuesta junto a la voluntad de no constreñirse a la estructura predecible en que podría haber caído la serie tras el segundo volumen y ofrecer nuevas ideas originales que no sabremos realmente si funcionan hasta que podamos analizarla en su conjunto.

En el aspecto gráfico, Kevin O’Neill realiza un trabajo espectacular desarrollando toda la imaginería dispuesta por Moore y dando un mayor protagonismo al color en la historia a la hora de recrear ambientes y situaciones. No soy imparcial porque O’Neill es una de mis debilidades desde que lo descubrí en “Marshall Law” pero, en mi opinión, estamos ante la entrega mejor dibujada de toda la serie y, teniendo en cuenta el nivel habitual de O’Neill creo que ya es decir mucho.

En definitiva, Moore no está dispuesto a caer en el sumidero repetitivo del tebeo de superhéroes y da a “La Liga de los Caballeros Extraordinarios” una nueva dimensión en una historia abierta que invita al lector a ir más allá de lo narrado en la propia historia para, a partir del final abierto, sea cada cuál el que busque nuevas posibilidades a la historia.

Y es que, en mi opinión, “La Liga de los Extraordinarios Caballeros” no es más que una ejercicio de amor por parte de Moore y O’Neill de las obras que han mamado y un medio para evitar su olvido, invitando a los lectores que investiguen en su laberinto de referencias para crear una nueva generación de convertidos que mantengan su vigencia. Que cuenten conmigo.

Si queréis indagar en las múltiples referencias que Moore maneja en este tebeo en esta página en ingles son ampliamente desgranadas.