"Coraline"
"Astro Boy"






El bueno de Mickey está de cumpleaños. Ochenta añetes le han caído, pero este ratón se conserva estupendamente a pesar de su senectud. Originalmente, su nombre de pila no fue Mickey sino Mortimer pero como tantas estrellas de la época cambió su nombre en busca del éxito.
“La sombra lo sabe” era la frase que escuchaban miles de estadounidenses pegados a sus radios en los años treinta y anunciaba el inicio del programa “La hora del detective de Street&Smith” con el que los editores de la revista de detectives pretendían promocionar su producto, adaptándolo sus historias a la radio. Sin embargo, los editores pronto notaron que la espectral voz del presentador que introducía las historias causaba más efecto que estas entre el público y para asegurarse los derechos sobre el mismo encargaron al joven mago y periodista Walter Gibson que desarrollase las historias de ese personaje en el papel. A partir de ese momento, este escritor fue el que se encargó de popularizar al personaje, escribiendo a lo largo de su carrera 283 novelas sobre el personaje otorgándole sus características principales: un justiciero tenebroso e implacable que embutido en su capa y armado con un par de 45 era capaz, ayudado por un grupo de fieles ayudantes de enfrentarse a las más peligrosas amenazas. Gibson otorgó al personaje un “alter ego”, el millonario Lamont Craston y fue descubriendo a través de los años los orígenes del personaje hasta que en una vuelta de tuerca genial descubrió al público que en realidad la identidad de Craston no había sido sino otro disfraz de La Sombra y este en realidad era Kent Allard, un famoso aviador internacional. Aparte de Gibson, también otros escritores como Theodore Tinsley y Bruce Elliott escribieron novelas inspiradas en el personaje llegando estas hasta la nada desdeñable cifra de 325 novelas en total.









Tras todo el affaire del secuestro de la revista por la realeza, “El Jueves” se ha convertido en el objeto de las iras de la aristocracia de más alta cuna y ahora Doña Cayetana Fitz-James Stuart, la noble más ennoblecida de las Españas y una de sus mayores terratenientes, ha interpuesto una demanda para proteger sus derechos fundamentales y solicitar el secuestro del número 1640 que apareció…¡¡¡hace un par de semanas!!!
El primer volumen de “Omaha” que ha empezado a publicar Astiberri hace unos meses me permite aclarar las ideas sobre uno de esos cómics de los que has leído tanto, has escuchado tantas cosas buenas y tienen una patina de excelencia que tras su lectura el contenido sin desagradar no está a la altura de las expectativa creadas. Me explico.

Así como por casualidad ayer nos plantamos en el cine y por el socorrido método del descarte entramos a ver la última película de Ridley Scott. Ya les comenté por aquí, que andaba un tanto decepcionado con el mayor de los Scott tras “American Gangster”, y aunque "Red de mentiras" es un producto lleno de tópicos y sin demasiada gracia, Ridley se salva gracias a su oficio de veterano en lo que es un primer paso hacia la reconciliación.



Y a todo esto, ¿le estará afectando esto de la crisis a nuestras editoriales de cómics que deben propocionarnos nuestro soma?¿Habrán sido previsoras hormiguitas o las estarán pasando canutas como las cigarras? Pues, bien, no tengo ni idea que para estas cosas, como buenas empresas que son, las empresas son muy suyas y hasta que no llega el momento de la suspensión de pagos, el ERE y echar a media plantilla ninguna suelta prenda, pero analizando un poquito el mercado parece que hay de todo.Desde las que parecen asumir que los tiempos de bonanza han pasado y hay que atarse los machos ajustando los costes, reduciendo las novedades pero cuidando la calidad, como parece ocurre con las pequeñas e intermedias como Astiberri, Sin Sentido, Dibbuks o Aleta, a las grandes como Planeta y Panini que no cejan en su empeño de seguir saturando las librerías mes tras mes con novedades publicadas de cualquier manera como si el asunto este de la crisis no fuese con ellas. Sin embargo, sí que va y al menos es evidente que en Planeta algo no funciona cuando las novedades anunciadas con meses de adelanto no aparecen (“Popeye“, “Madman”), se retrasan (“Coleccionable Batman”), cuando aparecen deben retirarlas apresuradamente a los dos días (“El almanaque de mi padre”) o se traducen y reproducen de aquella manera (“Durango”, “Legión de superhéroes”). Por la blogosfera, hay teorías para todos los gustos desde que se ha quemado la imprenta con la que Planeta suele trabajar hasta que ahora imprimen en China y por eso tarda más. Yo, personalmente, me apunto que están abaratando costes –que sí que la crisis también les ha llegado- trabajando con packagers más baratos que no son necesariamente los mejores ni los que tradicionalmente han trabajado en temas de cómics y el resultado final es el que es. Todo con tal de mantener sus cifras de venta aunque el producto final no reúna los mínimos de calidad que el lector se supone está pagando. Panini y Planeta tienen el respaldo de importantes grupos editoriales detrás y es difícil que se hundan, así que a pesar de este caos que les comento ellos van a seguir erre que erre con su particular guerra al margen de crisis cuan boxeadores sonados salvo que se reduzcan drásticamente sus ventas.
Pero parece que hay otra editorial dispuesta a conseguir pingües beneficios como sea en estos tiempos convulsos. Me estoy refiriendo a la emprendedora Norma que, ni corta ni perezosa, ha repercutido en los abnegados seguidores de sus colecciones la crisis con curiosas y hábiles medidas, que se reducen a una la uniformización de sus precios. De esta manera, a sus álbumes de cuarenta y ocho páginas, se les sube un eurito y pasan de los doce a los trece euros con la socorrida justificación que los derechos para hacerse con estas obras están más caros; las colecciones del sello ABC (Tom Strong, Promethea) da igual que los tomos de "Tom Strong" tengan 250 páginas o que tengan cien que todos valen quince euritos para redondear y a los últimos de “Promethea” se les sube el precios para celebrar que se acaba la cole. Pero, el mejor ejemplo de que a río revuelto ganancias de pescadores lo tenemos con la serie “Percevan” en la que en lugar de saldar los restos de Grijalbo y reeditarla de nuevo han recuperado de algún oscuro sótano la acartonada y amarillenta edición de 1987 para venderlo como novedad a los trece eurazos de rigor.
En fin, como ven, la crisis ha llegado más o menos a las editoriales y cada una ha reaccionado un poco en la línea que llevaba antes de la crisis. Lo que parece claro es que a pocas, por no decir ninguna, se le ha ocurrido demasiado tener en cuenta que pasará si los pobrecitos –cada vez más pobrecitos- freaks que las dan de comer comprando sus productos no pueden seguir durante mucho más tiempo sosteniendo tanto gasto y la burbuja (sí, sí, en esta industria como en la inmobiliaria también hay burbuja) se deshincha. Claro, que para preocuparse por eso tendrían que ser aficionados y ellos, en realidad, son profesionales.
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