jueves, 7 de noviembre de 2013

“Chew 6: Pasteles Espaciales”, de Rob Guillory y John Layman.




Planeta prosigue la publicación de “Chew”, el original thriller gastronómico en torno a las peripecias del agente Tony Chu y su peculiar familia, reuniendo en este sexto recopilatorio los números 26 a 30 de la serie regular.

Con Tony en estado de coma postrado en la cama de un hospital, su hermana gemela la dispuesta y dinámica Toni Chu toma todo el protagonismo. Toni que posee el poder de  ver el futuro a través de los alimentos –o personas- que prueba lo que acaba afectando malamente a su vida en pareja toma las riendas para investigar como agente de la NASA los más diversos casos, desde redes de ranollos psicodélicos a vacas bombas explosivas. Sin embargo cuando la valiente agente Chu parece que va a vivir por fin el día más feliz de su vida la cosa se complica cuando en su camino se cruza el siniestro Vampiro.

Repetir, tras una treintena de números, que “Chew” es una de las series más originales y divertidas que se publican actualmente en el mainstream norteamericano como demuestran Guillory y Layman número a número sería redundante aunque también habría que avisar que la serie ha llegado a un punto que puede llegar a saturar y caer en la repetición si el dúo creativo no se anda con cuidado. De momento, en esta sexta entrega y dando buena medida de la madurez que ha alcanzado la serie, Layman se atreve a  postrar al protagonista absoluto, el ceñudo y huraño agente Tony Chu en la cama, para otorgar todo el protagonismo al elenco de interesantes secundarios que la pueblan encabezados por Toni, su pizpireta y antitética en carácter hermana gemela en el que será su canto del cine en la serie, salvo sorpresa mayúscula. La agente Chu se convierte así en la auténtica estrella de este arco argumental investigando delirantes casos en lo que podría incluso considerarse un spin off de la serie principal, hasta que, Layman en el brillante último número nos desvela su jugada maestra para dar una vuelta de tuerca a la trama central de la serie.

Divertida y delirante hasta el exceso, Layman se atreve con todo y de momento agrada, reforzando el aspecto coral de una serie en la que todos los personajes tienen su importancia aunque también hay que decir que por momentos tanto delirio y surrealista divertimento acaba pareciendo algo forzado y puede llegar a saturar, lo que hace sospechar cierto agotamiento y repetición de las situaciones, como las protagonizadas por el Agente Poyo cuyo reiterativo gag cómico acaba resultando, al menos para mí, algo cansino.

El que sigue en plena forma con su dibujo dinámico y manierista es Rob Guillory que aprovecha, como hábil caricaturista que es, todas las posibilidades que su complicidad total con Layman le ofrecen para su lucimiento, satirizando todo tipo de situaciones y cuidando hasta el más mínimo detalle. Guillory sabe muy bien cuáles son sus puntos fuertes y los aprovecha al máximo.

En fin “Pasteles Espaciales” tiene que servir como punto de inflexión a la serie para renovar situaciones y evolucionar, antes de caer en la repetición y el estiramiento que quizás su sorprendente éxito  ha provocado antes de cansar del todo al lector. Creo que Layman y Guillory lo han entendido así y espero que en la próxima entrega se produzcan avances importantes. Ojalá.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

“Batman: "El Regreso de Bruce Wayne”, de Grant Morrison y VVAA.




Siguiendo con mi repaso desordenado del Batman de Grant Morrison toca echarle un ojo a la miniserie de seis episodios que supuso el regreso de Bruce Wayne al candelero, tras su “muerte” en “Batman R.I.P.” y “Crisis Final”, para la que Morrison contó en cada uno de los seis números que componen la historia con un dibujante distinto, y que ECC Ediciones ha reeditado hace poco en un apañado volumen..

Tras su enfrentamiento con Darkseid, Batman anda perdido y desmemoriado por la corriente temporal sin ser consciente que su regreso al presente puede provocar el Apocalipsis planeado por Darkseid. Mientras sus aliados superheroicos intentan encontrarlo para desactivar la amenaza que supone, un desmemoriado Bruce Wayne/Batman va saltando a través del tiempo desde la Prehistoria al presente intentado recomponer en sus encuentros con antepasados y otros personajes DC su identidad sin saber la amenaza que su vuelta conlleva.

Grant Morrison nos sorprende una vez más con el arco más desconcertante de todos los que conforman su paso por la cabecera del Hombre Murciélago, en una historia contracorriente, alejada de la ortodoxía del justiciero oscuro y urbano tan familiar, aunque, curiosamente, realice una exploración en profundidad  en el pasado del personaje situándolo en diversos momentos de los que han conformado la historia de su familia y resuelva algunos de los misterios que previamente había planteado con lo que su intención de hacer confluir, a un nivel casi cuántico, las diversas historias y encarnaciones del personaje a lo largo de las décadas sale reforzado.  El desmemoriado Batman irá desfaciendo entuertos en las diversas eras por las que para encontrándose con distintos personajes del Universo DC como Vandall Savage, El Pirata Negro o Jonah Hex.al tiempo que reune las piezas de su identidad.

Morrison plantea una historia compleja, enrevesada y difícil, no apta para todos los gustos, dado lo artificioso de su arquitectura narrativa casi fractal, pero que puede disfrutarse - e incluso se disfruta más - en cada una de sus partes que en la plenitud del conjunto, ya que seguir las sutilezas de la trama es difícil sin tener muy frescas las anteriores entregas ideadas por el escocés aunque cada uno de los episodios en los que vemos a Batman caracterizado - como deidad troglodita, inquisidor, pirata, vaquero o detective - resulte por sí mismo una lectura entretenida y no deje de sorprender al lector avisado el cuidado con el que Morrison va interconectando los diversos elementos que conforman el dibujo del rico  tapiz de la historia, aunque a más de un despistado le habrán empachado para terminar sacándole de la misma. Morrison propone además un cierto carácter mesiánico y (semi)divino del personaje predestinado en convertirse en Batman incluso antes de la muerte de sus padres que le obliga a realizar auténtico encaje de bolillos para hacer encajar su idea de la predestinación mística del personaje con el origen clásico. La conclusión más significativa es que  “El Regreso de Bruce Wayne” no es un tebeo para adentrarse en la historia de Batman y puede provocar tantas filias como fobias aunque su lectura pausada dentro del conjunto del proyecto ideado por Morrison lo convierte en una de sus piedras angulares y quizás la más ambiciosa en cuanto a forma y contenido.

En el aspecto gráfico, aunque los diversos dibujantes - Chris Sprouse, Frazer Irving, Georges Jeanty, Lee Garbett, Pere Pérez, Ryan Sook, Yanick Paquette – cumplen sobradamente en sus respectivas historias la ausencia de un criterio unitario al tratrarse de dibujantes con estilos tan dispares le resta coherencia a la obra. Especalmente me gustaría destacar el trabajo de Yanick Paquette y Ryan Sook, cuyos estilos gráficos se adaptan mejor que los demás a las ambientaciones de las historias que les han tocado en suerte y sus versiones del personaje me resultan más convincentes..

En fin, “Batman: ·El Regreso de Bruce Wayne” es un tebeo a la medida de su guionista Morrison, un tebeo que se le ama o se le odia e incluso ambas cosas a la vez pero que no dejará a nadie indiferente. Y es que la línea entre la genialidad y la locura es tan tenue que a veces resulta difícil de diferenciar.

martes, 5 de noviembre de 2013

“Conan, El Bárbaro 3”, de Brian Wood y otros.




Músicas de violines por favor, para la tercera entrega publicada por Planeta del “Conan, El Bárbaro” de Brian Wood en el que se recogen los números 13 a 18 de la serie regular y en el que Wood porque él lo vale acaba de desnaturalizar a  la creación de Robert E. Howard , uno de los personajes más icónicos del cómic norteamericano y más emblemáticos y reconocibles de la Fantasía Heroica

En las dos historias de creación propia que se incluyen en este volumen, Conan viaja a los desiertos de Shem persiguiendo a su amada Bélit que ha regresado a la ciudadela de sus orígenes para descubrir que está siendo asediada. Conan formará parte del ejército conquistador para poder reunirse con su amada. En la segunda historia, Conan y Belit se ponen ciegos de loto amarillo descubriendo en su viaje alucinógeno la utópica y bucólica felicidad de una pacífica vida en común para la que no están destinados.

En fin, grosso modo, quién más quién menos ya se habrá dado cuenta que esta “love story” contemporánea, ñoña e intimista que ha orquestado Brian Wood partiendo de la relación sentimental más continuada que desarrollara Conan con la Reina Pirata Bélit se aleja en demasía de los más locos sueños que tuviera el escritor texano por no hablar de la versión desarrollada por los guionistas marvelitas. 

Wood imprime en estas historias de cosechas propias muy alejadas de los cánones de espada y brujería un tratamiento contemplativo, intimista y romántico que no acaban de casar con un héroe tan directo y primario como es Conan. Además, como ya apuntara en las anteriores entregas, Wood abusa de las cartelas y los cuadros de texto para intentar describir los sentimientos del cimmerio que resultan reiterativos y pesados, especialmente alejados de la personalidad que se le presupone a Conan.

En el aspecto gráfico, más allá del despiste al que juegan los confusos créditos de Planeta, los dibujantes han sido Mirko Colak y Andrea Mutti en el primer arco argumental y Davide Gianfelice en el segundo, corriendo las impresionantes portadas impresionistas de todos los números a cargo de Massimo Carnavale. Son dibujantes muy del gusto de Wood y con los que ya había colaborado anteriormente en series como “Northlanders” que realizan un buen trabajo cada uno a su estilo y disfrutan la sabiduría como colorista de un Dave Stewart que respetando la personalidad de cada uno da un estilo unitario a la serie.

En fin, espero que Wood deje sus ínsulas aparcadas, le dé un repaso a la inolvidable etapa de Roy Thomas  y recupere en la adaptación de los relatos howardinanos un poco de la esencia del Conan de toda la vida, porque tanto pasteleo y embobamiento no casa en la Era Hyborea.

lunes, 4 de noviembre de 2013

“Next Men 1”, de John Byrne.




Inició hace unos meses Norma Editorial la reedición con el primero de los cuatro volúmenes programados de los “Next Men” con la promesa de publicar por fin completa en España la que casi todos consideramos la última gran obra del canadiense John Byrne, uno de los autores más influyentes en el mainstream norteamericano de los ochenta y que paulatinamente ha visto como su fama ha ido decreciendo. En los noventa, tras salir rebotado de las dos grandes, en Dark Horse encontró el hueco para empezar a desarrollar esta obra de creación propia que dejo en suspenso debido al desplome del mercado para retomarla décadas más tarde en IDW. En este primer volumen se recogen 2112, la precuela futurista de la serie regular y los números 0 a seis de dicha serie.

En lo que todo el mundo considera una tranquila explotación científica para la mejora genética de las especies cerca del pueblo de Climax, el senador Hilltop lleva desarrollando su propio proyecto científico en secreto para crear a los Hombres del Mañana, un ejército de seres humanos evolucionados y dotados de extraordinarias habilidades condicionados para convertirse en las armas definitivas. Cuando la agente gubernamental Mucherson llega para investigar el proyecto, los cinco sujetos que habían superado el tratamiento despiertan del estado de animación suspendida en que se encontraban y escapan a un mundo real cuyas convenciones desconocen. Acosados y perseguidos, los  Next Men tendrán que adaptarse rápidamente a un mundo que le es ajeno y a sus nuevos poderes mientras Hilltop y su macabro aliado desarrollan sus siniestros planes.

En “Next Men”, Byrne desarrolló en un proyecto en el que por fin contaba con total libertad para volcar toda la sabiduría y oficio adquiridos durante años. El resultado fue una serie de lo más entretenida y adictiva, en la que retomaba muchos de los conceptos que ya habían aparecido en su obra anterior y, a la estela de la alargada sombra de “La Patrulla X”,  plasmó su propio concepto de mutación sobrehumana en una historia que bebía igualmente de la Ciencia Ficción y el Thriller conspiranóico que tanto habían influido en sus trabajos previos pero aportándoles un tratamiento más oscuro y realista huyendo de los héroes en mallas que había amado y odiado por igual.

En esta primera entrega, podemos disfrutar del mejor Byrne un autor completo totalmente implicado en la historia que quiere contar y que maneja los tiempos a la perfección para montar la trama y presentar a los carismáticos personajes al tiempo que imprime a la historia un ritmo rápido que mantiene atrapado al lector desde la primera a la última página.


 Next Men” es una historia de Ciencia Ficción que ha resistido a la perfección el paso de los años y se sigue leyendo con agrado. Ojala Norma Editorial nos permita hacernos por fin con la edición completa que esta serie merece.

domingo, 3 de noviembre de 2013

Cartel de MAX de la VI Semana del Cómic de Tarragona, comentado.



Las Semanas del Cómic de Tarragona alcanzan su sexta edición y para celebrar la ocasión nada mejor que  contar con este chulo cartel de Francesc Capdevilla MAX, que aprovecha para la autopromoción introduciendo a los protagonistas de sus últimas obras, las sombras de “Vapor” y a “Bardín, el Superrealista”.

Toda la información sobre la Semana del Cómic, aquí.

sábado, 2 de noviembre de 2013

El cartel del XII Cartel del Salón de Cómic de Getxo de David Rubín, comentado.



Ya hay cartel para la nueva edición del Salón de Getxo obra de David Rubín en el que los cómics, como si de naves alienígenas se tratasen, rompen la tranquilidad de las  pacíficas calles de la localidad vizcaína.

Rubín promociona de paso la obra propia y de autores amigos como Manel Fontdevila, David Aja, David Sánchez y José Domingo al tiempo que se incluye entre los personajes que observan la invasión. Gracioso.

Toda la información sobre el Salón, aquí.

viernes, 1 de noviembre de 2013

ECCGate o cuándo el grande se come al chico.



Esto se veía venir y casi creo que ha tardado mucho en explotar. Y es que cuando las editoriales de cómics empezaron a introducirse en las grandes superficies comerciales, y estas empezaron a ver que en los en otras épocas despreciables tebeos convertidos por arte de magia en novela gráfica y apadrinadas en muchas ocasiones por adaptaciones cinematográficas había negocio, la cosa se iba a ponerse muy dura para las librerías especializadas, más todavía en el contexto de crisis y depresión generalizada en el que vivimos y en el que cada vez hay menos beneficio que repartir.

La cosa ha estallado finalmente con este ECCGate, que se explica por aquí, pero que creo que afecta igual al resto cómics  de otras editoriales. En mi opinión, las iras enfocadas hacia las editoriales están mal apuntadas ya que los que se pasan lo de la fecha de entrega y las posibles penalizaciones de la editorial por el forro son unas grandes superficies que hacen y deshacen cómo quieren con total impunidad desde su posición dominante. Prácticas que no son exclusivas solo de los tebeos y si no, que se lo pregunten a las librerías especializadas en libros de texto que vieron también su negocio afectado cuando las grandes entraron en liza.

Presuntamente estamos ante un caso de competencia desleal en toda regla, pero el sitio para dictaminarlo y para denunciarlo no son las redes sociales ni Internet sino en los Juzgados o las bambalinas de las negociaciones de los despachos. Sin embargo, a las impotentes y atribuladas pequeñas librerías especializadas nunca se les ha dado bien organizarse para hacer valer sus derechos y hasta que no tengan una asociación que funcione y las defienda –a pesar que ya se están dando pasos para ello- no les queda más que clamar sobre los desmanes de las grandes en el desierto virtual y esperar despertar la simpatía de los aficionados para que mantengan sus fidelidades y no compren en las grandes superficies.

En este sentido, es difícil no entender las quejas y reclamaciones de las pequeñas librerías para las que fidelizar a los clientes es fundamental y con jugadas como esta se lo ponen aun más difícil pues poco hay menos fiel que un fan addict -¿todavía quedan?- ansioso por hacerse con su periódica dosis de soma viñetil. Pero creo que las pequeñas, aparte de reclamar a las editoriales el cambio de tornas para conseguir el trato privilegiado que sostienen tienen las grandes superficies – que, más bien, creo se debe si existe al poderío de estas ante las mismas editoriales para hacer lo que quieran-, deberían preocuparse por llevar a cabo las medidas que están en su mano para atraer a la gente y preguntarse porque han perdido su fidelidad. Medidas como mejorar la atención al cliente, ofrecer un trato personalizado y ofertas y descuentos en la medida de sus posibilidades. Me consta que en muchas lo hacen, pero otras muchas no y los clientes insatisfechos generalmente no vuelven.

En fin, no deja de ser una batalla desigual y es difícil no sentir simpatía por las pequeñas librerías que tienen en el negocio su forma de vida frente a la apabullante despersonalización de las grandes superficies. Sin embargo, los negocios son así de crueles y al aficionado y a la editorial lo que le favorece es la amplitud cada vez mayor de puntos de ventas pero, eso sí, que las reglas sean  justas para todos.

jueves, 31 de octubre de 2013

“Desastre”, de Fran Fernández.

 


Consecuente con su objetivo de promocionar y dar a conocer nuevos talentos desde Underbrain Books nos ofrecen “Desastre”, el primer cómic del multidisciplinar e inquieto murciano Fran Fernández, un cómic de Ciencia Ficción oscura y paradojas temporales.
 Dashiell es un buen padre de familia y mejor policía en un pueblo de la Louisiana profunda de los años veinte que por los azares de la existencia cae en un pozo y viaja en el tiempo hasta el año 2074. Sin posibilidad de volver a su tiempo, prisionero de una era que no es la suya y convertido en una celebridad local, el deprimido Dashiell intenta adaptarse a su nueva vida en el futuro al tiempo que unos macarras extraterrestres llegan a la Tierra con ambiguas intenciones.
Fran Fernández nos ofrece una entretenida, pesimista y disparatada distopía sobre paradojas temporales, hombrecillos azules y extrañas enfermedades cronembergianas. En poco más de 130 páginas y a toda pastilla, Fernández abruma al lector con toda la amplia y variada galería de personajes imposibles y situaciones de serie Z que su imaginación irremediablemente perjudicada por iconos de la cultura popular de derribo reune junto a otras referencias más evidentes que van desde “Hellblazer” o “Predicador” a “ExistenZ”, “Terminator” o “Doctor Who” para entremezclarlas  en una elaboración frenética en la que va presentando en capítulos aparentemente inconexos una historia relativista sobre lo absurdo de la condición humana en unos Estados Unidos futuros, racistas y crueles que en el fondo no han variado tanto de los presentes.
Fernández, que estética y narrativamente maneja influencias eclécticas, que van de Toriyama al underground contemporáneo de un Peter Bagge o un Daniel Clowes, derrocha energías y entusiasmo en un cómic que parece elaborado de una manera febril, automática y salvaje estirando una trama poco evidente en torno a tantos elementos y personajes como al autor se le ha ocurrido en ese momento incorporar para cimentar un mensaje quizás demasiado sutil en torno a nuestro pequeño lugar en el universo y lo solitario de nuestra condición que puede pasar desapercibido al pacífico lector que solo busque la tranquilidad de la lógica y el tópico y se pierda en la superficie de la historia gamberra que el autor se marca.
En fin, “Desastre”, lejos de hacer honor a su título,  es un cómic caótico, original y talentoso que muestra en bruto la capacidad y potencial de un autor novel del que en próximas obras, más asentado, refinado y contenido debéremos esperar cosas todavia más interesantes. “Desastre” es su sonora carta de presentación y creo que no dejará a nadie indiferente.

miércoles, 30 de octubre de 2013

“Superman: Hacia el infinito”, de Geoff Johns, Kurt Busiek, Pete Woods y Renato Guedes.



Se critica cruelmente el género superheroico a veces con razón y otras sin ella, pero muchas de las críticas a su calidad actualmente proceden precisamente de su éxito al haber trascendido el guetto de los cómics e invadido el entretenimiento masivo de las salas de cine y las ventas cruzadas. Un gran éxito y mucho dinero a repartir que ha provocado que las injerencias de los ejecutivos de los grandes estudios posicionados en las editoriales para controlar la creatividad de los artistas sea cada vez mayor y redunde en el trabajo de los creativos en búsqueda de la mayor uniformidad del producto. Una libertad creativa en entredicho que provoca la marcha o la apatía de los mayores talentos del medio y la caída en un círculo vicioso de mediocridad al que pocos son capaces de escapar. 

De los pocos que han mostrado esa habilidad para mantener el nivel de calidad de sus trabajos sin renunciar a la imprescindible comercialidad son guionistas de la talla de Geoff Johns y Kurt Busiek, que en trabajos como esta saga de “Superman: Hacia el infinito”, editada en un cuidado tomo por ECC Ediciones y que recoge los “Action Comics” núms. 837 a 840 USA y “Superman” núms. 650 a 653 USA, ofrecen cómics mainstream inteligente y entretenido sin renunciar a la acción.

Tras los acontecimientos narrados en megaeventos como “52” y “Crisis Infinita”, Superman lleva un año sin poderes y su alter ego Clark Kent es feliz en Metropolis retomando su carrera como periodista y dedicándole tiempo a su esposa Lois Lane. Sin embargo, su investigación de Intergang y la venganza de un resentido Luthor dispuesto a acabar con la ciudad que le ha vuelto la espalda provocará que Kent deba volver a retomar su vida superheroica. ¿Será capaz de recuperar sus poderes a tiempo de acabar con Luthor? Tendréis que leeros el tebeo para enteraros.

Geoff Johns y Kurt Busiek en la saga que supuso el traspaso de los guiones de la serie de uno a otro – Busiek seguiría al frente en la interesante etapa de “La Caída de Camelot”- demuestran cómo el conocimiento profundo de los personajes y la documentación para guionizar cómics de superhéroes son un grado. Haciendo gala de su dominio de los personajes y la construcción de situaciones, construyen una atractiva saga repleta de acción en la que actualizan los elementos clásicos del superhéroe enfrentado a sus archienemigos – un variado elenco de supervillanos aparecen a lo largo de la historia-  al tiempo que le otorgan inteligentemente una mayor importancia al alter ego de Superman, un Clark Kent que retoma su vida “liberado” de su condición superheroica hasta que debe volver a asumirla para hacer frente a la amenaza de Luthor.

Johns y Busiek sugiriendo esos elementos, los enuncian con inteligencia para enfatizar que la verdadera naturaleza superheroica de Superman/Clark Kent radica en renunciar a la vida “normal” de su alter ego para vestirse las mallas y salvar el mundo de sus diversas amenazas superheroicas. Todo ello sin renunciar a las necesarias dosis de acción que el género precisa.

En el aspecto gráfico, ni Pete Woods ni el brasileño Renato Guedes son dibujantes que me entusiasmen demasiado. Ambos cumplen sobradamente al imprimir la imprescindible espectacularidad que la historia requiere y poseen un más que correcto sentido de la narración, pero sus figuras son bastante estáticas y en ocasiones resultan desproporcionadas (a Woods se le notan las maneras de la peor Image) y la expresividad de los rostros de los personajes escasa.

En fin “Superman: Hacia el infinito” es una correcta e inteligente saga de “Superman” ideada por dos de los guionistas que mejor conocen al personaje.  Muy entretenida. Esperemos que ECC continúe recuperando el resto de la etapa de Geoff Johns al frente del personaje en este formato.

martes, 29 de octubre de 2013

“Cenizas”, de Álvaro Ortiz.


A mí no se me caen los anillos al reconocer los errores y los prejuicios y he de reconocer que con  “Cenizas” , la obra más ambiciosa de Álvaro Ortiz hasta la fecha, publicada por Astiberri, he pecado tanto de unos como de otros, lo que ha provocado que demorase su lectura más de un año desde su lanzamiento. Y es que tantos parabienes en la Blogosfera y redes sociales que se vertían en torno a esta obra me escamaban y, además,  el estilo de dibujo de Ortiz, infantil y minimalista, no me entraba por los ojos y me echaba para atrás cuando en las librerías ojeaba el tebeo. Sin embargo, a partir de leer la historia corta que el autor publicó en “Panorama”,  mi perspectiva empezó a cambiar y empecé a sospechar que me estaba perdiendo algo interesante. Tras la lectura de "Cenizas", me ha quedado claro que es uno de los tebeos más interesantes aparecidos el pasado año y Ortiz un tipo que sabe lo que se trae entre manos a la hora de montar una historia. Tras la chapa intrascendente, vamos al tebeo.

Tres amigos que llevan años sin verse se juntan para hacer realidad la última voluntad de un amigo fallecido, esparcir sus cenizas en un lugar misterioso y desconocido marcado con una x en un plano. Con sus fantasmas y desconfianzas, los tres se montan en un coche alquilado para cruzar el país y viivr la aventura de sus vidas.
Probablemente, Álvaro Ortiz no sea de primeras el dibujante que más me guste. Sin embargo, lo que me ha dejado claro tras leer este cómic es que tiene un inmenso talento para entender la narrativa gráfico y armar una historia absorbente, algo que aprecio mucho más que un dibujo académico o espectacular en un autor de cómic. De este modo,  "Cenizas"  es un road comic de suspense que funciona a la perfección a varios niveles - tanto como sensible viaje existencial y de amistad o como divertida historia de suspense y enredo - y sorprende por la madurez y ambición, bajo su aparente sencillez,  de una obra en la que se entremezclan y se subvierten las convenciones de diversos géneros e influencias de eso que se llama la cultura popular, que van de Paul Auster a los ZZTop o los Pixies, para germinar en una historia fresca, original en su forma e imaginativa en contenido, en la que no podemos dejar de empatizar con unos personajes perfectamente retratados y que continuamente escapan de la bidimensionalidad del papel para obligarnos a rendirnos ante sus cualidades y sus defectos y sentirlos tan cercanos como si de viejos amigos se tratasen.

Ortiz es ante todo un narrador de historias y “Cenizas” es un contenedor de historias que vertebran la trama principal, reforzándola y enriqueciéndola sin que en ningún momento la coherencia y fluidez de la narración se resienta. Eso no se consigue de la noche a la mañana. Es necesario un profundo conocimiento del medio en el que se trabaja o un  talento innato para lograrlo que pocos poseen. No sé cuál de las dos opciones será el caso de Ortiz pero en principio se perciben –o yo percibo- influencias de algunos de los autores más inquietos del cómic de vanguardia.

En “Cenizas” hay ecos de Alex Robinson, Camille Jourdy, Johnny Ryan o Chris Ware pero Ortiz no mimetiza, como podría pensarse que haría un autor joven sus maneras para ofrecer una obra calcada, sino que adapta sus recursos a su propio saber y entender para añadirles su impronta personal.  Quizás me equivoque y el autor no haya leído ninguno de esos autores  pero creo que Ortiz ha mamado muchos cómics y es un autor que no solo los crea sino que le gusta leerlos y además los “entiende”.

En “Cenizas”, Ortiz nos lleva a su terreno y nos rinde a su habilidad hasta el punto que los posibles prejuicios hacia su dibujo acaban desapareciendo logrando que su estilo naif y ágil finalmente resulte idóneo y demostrando que bajo esa aparente simplicidad hay un autor sofisticado y elegante que cuida hasta el mínimo detalle no solo para potenciar sus virtudes sino además para ocultar sus carencias. A todo ello,  une un esmerado trabajo en el coloreado de la historia a base de tonos suaves  que encaja perfectamente con los trazos de un Ortiz que deja claro que sabe perfectamente qué se hace.

En fin,Cenizas es  un tebeo notable, sobre todo para tratarse de una obra de presentación ante el gran público, y sitúa el nivel de exigencia hacia los nuevos trabajos de Álvaro Ortiz en lo más alto. Veremos si será capaz de confirmar el talento, ingenio y sensibilidad que derrocha en “Cenizas”, un cómic para ser leído y releído.