viernes, 26 de abril de 2013

“De vuelta a casa”, de Jordi Bernet y Sánchez Abuli.



Me preguntaban por aquí mi opinión sobre este “De vuelta a casa” y dejaba pospuesta la entrada a que lo encontrara por casa. Releído el tebeo, recientemente reeditado por Glénat/EDT en una cuidada edición, en su primera edición en álbum por Toutain - tras su publicación original seriada en “Zona 84 - me sigue pareciendo igual de gamberro, cafre y divertido que en el momento de su primera lectura.

En el siglo XXIII, un grupo de dispares asesinos han sido condenados a perpetuidad en el árido planeta prisión Goblin desterrados de la Tierra por sus crímenes. Allí viven abandonados a su suerte bajo la ley del más fuerte hasta que unos amistosos alienígenas llegan en su platillo volante a confraternizar. Tras hacerse con la nave, los convictos regresan a la Tierra donde intentan escapar mientras son perseguidos por las fuerzas de seguridad.

Leída hoy en día “De vuelta a casa” es una gamberrada algo ingenua del genial tándem formado por Enrique Sánchez Abuli y Jordi Bernet, nacida de la necesidad de ofrecer nuevas obras a raíz del éxito que supuso “Torpedo 1936. Sánchez Abuli incorpora a una clásica trama de fugas elementos de Ciencia Ficción y Surrealismo aunque enseguida se lleva la trama tras el regreso de los presos a la Tierra al género negro en el que siempre se ha sentido más cómodo para relatar el destino final de los presos.

De este modo, la Tierra a la que regresan los presos más que a una utopía futurista responde más a un planeta anclado en torno a los años sesenta del siglo pasado en el que apenas, más allá del destierro de los presos a Goblin, no parece que haya habido avances tecnológicos relevantes. Y es que la ambientación de la historia no les importa demasiado al dúo creativo y, de hecho la ironía en torno a la presencia extraterrestre o la misma fuga, no deja de suponer una rechifla crítica a la Ciencia Ficción tan en boga en los primeros ochenta.

Por otro lado, las historias/capítulos en que se narra el destino de los presos muestra en toda su plenitud el talento de Sánchez Abulí para construir tramas negras evocadoras de los clásicos del cine negro a las que añade su particular estilo guasón y su gusto por los juegos de palabras chulescos y callejeros a los que en esta ocasión incorpora como una concesión más a su humor surrealista la presencia como perseguidores de los presos de una fuerza de seguridad formada por un grupo de delirantes enanos rockers.

En el aspecto gráfico, Bernet sigue mostrando su enorme talento y el grado de compenetración e implicación total que por aquel entonces había logrado con Sánchez Abulí, jugando con su estilo para otorgarle un tono más caricaturesco o imprimir una dosis mayor de realismo sucio para adaptarlo a los diferentes giros que una misma historia Sánchez Abulí era capaz de incorporar. Ello es especialmente patente en la historia que cierra el álbum en la que se muestra el destino de los dos últimos reos y en la que en paralelo se contraponen los destinos de un sórdido asesino pedófilo mediante un realismo expresionaista repleto de claroscuros y fuertes contrastes  y las de un mexicano algo salido  con un trazo más limpio y caricaturesco que posteriormente explotaría hasta la saciedad en "Clara de Noche" .

De vuelta a casa” es un pequeño gran tebeo poco reconocido del genial dúo formado por Bernet y Sánchez Abulí que más se disfrutará cuanto menos en serio se acometa su lectura dejándose llevar por su irreverencia hacia las convenciones y las fronteras entre géneros. Muy recomendable.   

jueves, 25 de abril de 2013

“Érase una vez en Francia: Volumen 1”, de Fabien Nury y Sylvain Vallée.


Norma Editorial parece ponerse las pilas e inicia la publicación en integrales a razón de dos álbumes cada integral, de “Érase una vez en Francia”, un interesante multipremiado en Angouleme polar guionizado  en solitario por Fabien Nury –al que en España ya conocimos a través del tándem que formó con Xavier Dorison en la entretenida “WEST”- y  dibujada por Silvain Vallée, excelente dibujante poco conocido en España.

Érase una vez en Francia” cuenta la historia de Josef Joanovici, un judío rumano analfabeto emigrado con su familia a Francia tras las purgas zaristas donde se abrió camino para construir desde un humilde negocio de chatarrería un poderos imperio  mafioso capaz de codearse en la Francia ocupada con los nazis y la  Resistencia al tiempo que salvaba a cientos de su compatriotas. Tras la Guerra, el cada vez más influyente, poderoso y escurridizo Joanovici es investigado implacablemente por el Juez de Melún en una obsesiva persecución que se convertirá en una vendetta personal a lo largo de las décadas.
Nury y Vallée nos proponen una serie apasionante partiendo a grandes rasgos de la historia real de Josef Joanovici rellenando los huecos en torno a tan apasionante y misterioso sujeto con sus propias fantasías adaptando mucos de los tópicos y convenciones en torno a la mafia norteamericana surgidos de la literatura y el cine incorporados al apasionante contexto histórico de la Francia ocupada. De este modo, mientras uno va leyendo este primer integral no puede dejar de resultarle familiar desde el mismo título de la serie, en clara referencia a la película de la película de Sergio LeoneÉrase una vez en América”, a situaciones tomadas directamente de la saga de “El Padrino” de Puzo y Coppola.  Y, a pesar de usar unas referencias tan obvías, no molesta gracias a lo hábilmente  y el detalle con los que Nury construye la ambientación, describe unos personajes complejos y llenos de matices e incorpora unos diálogos concisos y realistas que acaban haciendo de esta serie una excelente BD de género con todos los elementos para gustar a un amplio espectro de potenciales lectores.

Especialmente destacable  a nivel formal es el primer álbum, “El imperio del señor Joseph”, en el que a través de presenta a grandes rasgos las premisas de la serie que irá desarrollando a lo largo del resto de los álbumes en diversos planos temporales, centrándose ya en el segundo, “”El vuelo negro de los cuervos”, en las peripecias del antiheroico Joanovici en la Francia ocupada.



Si la historia de Nury está bien construida, se ve a su vez beneficiada por el estupendo trabajo de un brillante Sylvain Vallée, un dibujante exquisito aunque de escasa producción que en esta serie ha hecho su mejor trabajo hasta la serie. Vallée, potenciado por el gran tratamiento del color de Delf,  es un dibujante elegante y sobrio capaz de caracterizar cualquier situación o personaje realizando un magnífico trabajo en la mejor tradición de la BD más convencional, comercial y realista pero dando a su estilo una frescura y dinamismo que lo hacen atractivo y moderno.

Érase una vez en Francia” es una estupenda serie de género que deja con ganas de más por lo espero ver pronto publicadas por Norma las siguientes entregas, aunque me temo que los dos integrales que faltan todavía no han aparecido en Francia, por lo que seguramente nos tocará esperar. Lo mejor, como siempre, está por venir.

miércoles, 24 de abril de 2013

“La Colmena”, de Charles Burns.





Un poco por sorpresa me ha pillado la publicación por Mondadori de “La Colmena”, la segunda parte de la trilogía que Charles Burns iniciara con “Tóxico” y que ya comentáramos por aquí, pero detectada su presencia en la librería me ha faltado tiempo para leérmelo y, con que la conclusión esté en la línea de las dos entregas publicadas, adelanto que podemos estar ante uno de esos tebeos auténticamente imprescindibles.
Doug vive una vida traumatizada en dos planos en la que emergen en sus sesiones de psicoanálisis los recuerdos de su juventud idealizada junto a su novia Sarah o la relación confusa con su padre junto a las fantasías en las que su alter ego vendado ha encontrado trabajo en La Colmena donde intenta cuidar a Lily, una madre nodriza postrada en cama enganchada a un cómic sentimental de los cincuenta escrito en caracteres orientales de la que le faltan algunos capítulos para acabar de entender del todo  la historia.

Cantaba Javier Gurruchaga con su Orquesta Mondragón eso de “Viaje con Nosotros” y su estribillo pegadizo resonaba en mi cabeza tras acabar  la continuación del viaje iniciado en “Tóxicoque nos propone Burns por la psique trastornada y los mundos delirantes protagonizadas por las diversas encarnaciones de Doug, una excusa genial  para plasmar las propias obsesiones de este particular y genial autor en una historia compleja y metafórica en torno a la complejidad de la personalidad humana.

Desde el principio, Burns juega a descolocar al lector provocando la desorientación respecto a una historia aparentemente desestructurada, desordenada y caótica pero que engancha al leer ante la habilidad de Burns para seducir con sus desasosegadotas viñetas y esconder bajo la aparente claridad, incluso simplicidad, narrativa propia de la Línea Clara con la que dibuja las diversas tramas lo farragoso, oscuro y complejo del significado. Conforme la historia avanza a través de las diversas subtramas entrelazadas, cada una dotada de su propia lógica interna, el lector va intuyendo la intención del autor y lo ambicioso de su proyecto aun cuando  todavía no contemos con todas las claves  que es de esperar Burns exponga en la tercera entrega de la trilogía aun por publicar, “Cráneo de Azúcar”.
En las distintas subtramas  tanto las que se inician en  La Colmena” como las que se presentan en “Tóxico”, Burns explora los temas que ya había desarrollado en obras anteriores: su gusto por el cine cutre de terror de serie Z plagado de monstruosos freaks mutantes, las inseguridades en torno a la identidad y el amor adolescente  y la omnipresente atmósfera de misterio en la que el lector es obligado a implicarse en intentar aclarar a través de las claves que Burns va proporcionando toda la riqueza de significados implicitos e intuidos.
Burns expone al voyeurismo del lector la complejidad de su universo obsesivo mediante la sobreexposición de una estudiada simbología en la que los planos onírico y supuestamente "real" se retroalimentan a través de una estudiada simbología reforzada por  manifestaciones artísticas en las que las fotografías y los cómics se convierten en canales de comunicación entre los distintos planos de la personalidad del autor,  presentada la historia carente del asidero de la linealidad externa en diversos momentos de la existencia del protagonista.

La Colmena” es la continuación de un viaje alucinante y apabullante que atrapa al lector en una enfermiza historia que ya hubieran querido imaginar los Kafka, Cronenberg, Vian, Lynch y cia en la que no tenemos muy claro todavía de donde hemos partido ni hacia donde nos dirigimos mientras nos dejamos guiar por un cirujano de las viñetas como Burns, especialmente inspirado en la exposición de los diversos planos de la psique humana. Asomémonos al abismo y  disfrutemos del paisaje.

martes, 23 de abril de 2013

En el Día del Libro, regala Tebeos 2013.





Cuando El lector impaciente era un blog pequeño y la Blogosfera Comiqueril hervía de entusiasmo juvenil,  surgió una bonita iniciativa para promover la lectura –y compra- de Cómics conocida como “En el Día del Libro, regala Tebeos” consistente en recomendar algún cómic para regalar en el Día del Libro.

Y aunque este blog si por algo se caracteriza es precisamente por opinar y comentar cómics casi a diario, me parece que “En el Día del Libro, regala Tebeos” es una tradición que no debería perderse  así que os hago una selección de algunos de los mejores tebeos que he leído en los últimos meses por si alguien quiere (auto)regalarlos aprovechando los descuentos ahora que todavía está a tiempo







Esas son mis recomendaciones pero además animo a que desde los blogs y páginas de cómics vecinas y amigas se sumen a la iniciativa y a los lectores que queráis dejéis en los comentarios vuestras propias recomendaciones que todas suman. 

Feliz Día del Libro y del Tebeo, lectores y lectoras. 

lunes, 22 de abril de 2013

“Ojo de Halcón: Seis días en la vida de…” de David Aja, Matt Fraction y Javier Pulido.





Panini inicia por fin la publicación de la serie protagonizada por Ojo de Halcón con el primer recopilatorio que incluye los seis primeros números a cargo del guionista Matt Fraction y los dibujantes españoles David Aja y Javier Pulido. A estas alturas, no voy a descubrir a nadie quién es Ojo de Halcón pero por si hay algún despistado diré que es un secundario de lujo de esos que son argamasa del Universo Marvel. Un arquero infalible miembro de Los Vengadores que, salvo contadas excepciones, nunca ha gozado de un gran protagonismo individual, principalmente porque tampoco lo ha necesitado ya que su personalidad, andanzas y evolución donde mejor funcionaban era dentro de alguna de las muchas colecciones de “Los Vengadores”, haciendo de contrapunto perfecto a otros personajes. Por ese motivo, esta serie para el equipo creativo formado por Fraction y Aja se me antojaba un regalo envenenado . 
En estos números, se nos presenta a un Clint Barton, alías Ojo de Halcón, alejado de su faceta superheroica habitual como miembro de los Vengadores pasando sus escasas horas libres entre los vecinos de la comunidad en la que se ha comprado el apartamento. Sin embargo, cuando el propietario del edificio pretende desahuciar a los inquilinos Barton se erigirá en su defensor al tiempo que se mete en líos con el Circo del Crimen o echa una mano a Shield.

Ojo de Halcón siempre ha sido un héroe desubicado más allá de su pertenencia a Los Vengadores. Tenía la talla para ser un superhéroe urbano, un justiciero oscuro o un superespia encubierto magistrales pero ya había otros personajes en la Casa de las Ideas que ocupaban esos roles con colección propia, por lo que se convirtió en la versión mini de todos esos registros en las colecciones de Los Vengadores y con distintos guionistas lo bordó convirtiéndose en un recurso imprescindible. Los muy fans podrían  pensar que Fraction y Aja ahora que contaban con la oportunidad iban a deshacer esta injusticia histórica desarrollando todo su potencial, sin embargo, estos arropados por su editor han optado por la vía más difícil ahondando en las inseguridades del personaje. Si alguien quiere ver a Ojo de Halcón lanzando miles de flechas y siendo más o menos fiel a su continuidad que siga leyendo las series regulares de “Los Vengadores” donde aparezca en estos momentos porque esta serie –para bien o para mal- es una serie de cómic de superhéroes de autor y lo que prima antes de lo que te cuentan y quién protagoniza la historia es quién te lo cuenta y cómo te lo cuenta.

 Fraction ha tirado por la calle de en medio y en una maniobra que descolocará a más de un lector opta por un giro novedoso al construir un nuevo escenario para el personaje alejado de Los Vengadores, aun sin renunciar tampoco abiertamente a su tradición, para inventarse un antihéroe urbano y doméstico, sucio y realista, más apegado a los modos de los hard boiled setenteros protagonizados por Steve Mcqueen o los perdedores de James Ellroy que a las maneras de los supertipos en mallas, convirtiéndole a su pesar en el robin hood de sus vecinos de edificio frente a los tejemanejes de los hampones que pretenden echarlos y vender el inmueble. A lo largo de los diversos episodios dibujados por Aja, Fraction va desarrollando este macguffin inconcluso desarrollando la cara frágil del superhéroe a la estela del Miller de “Born Again” en una sucesión  de tramas simples pero efectivas que permiten el lucimiento del dibujante y mantener la estructura clásica de 24 páginas permitiéndose alguna licencia a la espectacularidad y el estiramiento de la trama en “La Cinta”, la historia en dos capítulos dibujada por Javier Pulido.

En esta deconstrucción del superhéroe que es hasta el momento la serie, Fraction otorga como no podía ser de otro modo una sidekick que dé el contrapunto al protagonista a través de la Ojo de Halcón de los Nuevos Vengadores, Kate Bishop . Un personaje al que presenta como la contraposición de Clint Barton y con la que hay que esperar vaya desarrollando en las próximas entregas una mayor complicidad.

Las tramas ideadas en estos números por Fraction son bastante simples y si resultan interesantes es básicamente por la gran labor de los dos dibujantes españoles que aportan mediante una narración en la que prima el diseño minimalista frente a la espectacularidad hiperrmusculada habitual en el género una nota de originalidad, retorciendo las convenciones lógicas y jugando con el ritmo y la linealidad de las historias  para otorgar un plus de calidad, abriendo al lector habitual exclusivamente de superhéroes una ventana a muchos recursos del cómic  que por desgracia en muchas ocasiones se obvían o directamente se desconocen aun cuando en otras épocas se desarrollaron dentro del género superheroico. Pulido y Aja apuestan por su trabajo y conocimiento del género y usan del trampolín mediático de un personaje como Ojo de Halcón para reivindicar el cómic de superheroes de autor y para ello en estos episodios no se cortan a la hora de jugar con la linealidad de la narración o experimentar distintos recursos, tal y como años ha lo hicieran los Steranko, Ditko y cia.  
Mención especial merece David Aja para quién lo más sencillo hubiera  sido emular las formas de “El inmortal puño dehierro” y ahondar en la espectacularidad fotorrealista de esa serie, sin embargo para este nuevo proyecto  opta por arriesgar adaptando el minimalismo formal a lo Chris Ware al género de superhéroes mediante un dibujo de trazo preciso, expresivo y simple evocador de Mazzuchelli,  incorporando atractivas notas de diseño que en cada página esconden alguna sorpresa visual que ayuda a renovar lo trillado de unas tramas tópicas a las que da nueva vida. No me gustaría dejar de destacar tampoco la labor de un Javier Pulido, que sin renunciar al mismo interés por el diseño que ya viniera demostrando desde "Blanco Humano", otorga a su historia una mayor espectacularidad en una trama a lo James Bond más convvencional aunque en ocasiones se torne algo confusa en su desarrollo para lo que se quiere contar.

 En definitiva, los  dos dibujantes disparan parecidas flechas a la misma diana, buscando sorprender al lector abriéndole la mente sobre las posibilidades visuales del género aunque ello en ocasiones fuerce la narración y la estructura lógica de la historia.
Una advertencia final, “Ojo de Halcón” no es una colección de superhéroes al uso y sí se trata de un cómic arriesgado, innovador y experimental en el que prima la identidad de los autores antes que las ideas preconcebidas que el lector pueda tener sobre el personaje que lo protagoniza. Si se acepta esa premisa, el viaje para el lector será una gozada visual, pero si el lector no está dispuesto a renunciar a los tópicos prestablecidos en torno al género puede llegar a parecerle un coñazo infumable. Es el precio de optar por la búsqueda de la genialidad.

viernes, 19 de abril de 2013

Richard Corben y Heaven’s Gate.



Probablemente, más allá de sus más (re)conocidas colaboraciones con Meat Loaf o Jim Steinman, si ha habido un grupo musical que se ha aprovechado del inmenso talento de Richard Corben para la realización de sus portadas ese ha sido la banda alemana de Heavy Metal, Heaven’s Gate, que contó con el genio de Illinois para nada menos que tres de sus cinco discos de estudio.

La fructífera colaboración se iniciaría en 1991 cuando el grupo utilizó la famosa y controvertida ilustración “Blue Dragon” con la que en 1984  Corben quiso ironizar en torno a su supuesto sexismo (y que seguramente a día de hoy sería censurada por promover la esclavitud infantil) para su segundo disco, “Livin in Hysteria” Más tarde, el éxito de este disco conllevó que la banda grabase un E.P. de cuatro temas, “More Hysteria”, para el mercado japonés en el que volvería a usar el icónico dragón azul y la esclava barriendo.

Para su siguiente largo y quizás el disco más conocido del grupo que aparecería en 1992, “Hell for sale!”, Heaven’s Gate volvería a recurrir al irresistible gancho de una de las portadas clásicas de Corben, reproduciendo la archiconocida “Wizard’s Dream” de 1985 para la que el artista previamente se había inspirado en el cuadro de RembrandtJeremías prevé la destrucción de Jerusalén” de 1630.

Por tercera  vez, Heaven’s Gate recurrió a la magia de Corben en 1996 para su siguiente disco de estudio, “Planet E.”. Esta vez la ilustración seleccionada fue la hipnótica “Labyrinth” de 1987.

Curiosamente, tras “Menergy”, un último disco que no contó con una portada de Corben, Heaven’s Gate se disolvería en 1999 debido al interés del guitarrista Sascha Paeth de  reconvertirse en productor musical.

Una de las baladas del grupo “Best Days of My Life” de Livin in Hysteria.


jueves, 18 de abril de 2013

“Los proyectos Manhattan: Ciencia.Malo.”, de Jonathan Hickman y Nick Pitarra.






Bajo una anodina portada, Planeta acaba de iniciar la publicación de una de las series más interesantes que en estos momentos momentos se está editando en Estados Unidos por Image, con el primer recopilatorio que recoge los primeros cinco números de la serie regular. Se trata de “Los Proyectos Manhattan”, guionizada por Jonathan Hickman y dibujada por Nick Pitarra en la que el equipo creativo desarrollan una divertida ucronía tomando como punto de partida el célebre –y real - Proyecto Manhattan que supuso en las postrimerías de la II Guerra Mundial el desarrollo por parte de Estados Unidos, y posterior utilización bélica contra Japón, de la Bomba Atómica en el que estuvieron involucrados científicos de la talla de Oppenheimer o Enrico Fermi.
A mediados de la II Guerra Mundial, el general Leslie Groves está al frente de los proyectos Manhattan, con los que los Estados Unidos  tratan no solo de crear la primera bomba atómica sino de sacar partido a todo proyecto científico que pase por las mentes de los mejores científicos del país por muy locos que estén.

Dentro de las manidas propuestas mainstream, “Los Proyectos Manhattan” son todo un soplo de aire fresco no tanto por la originalidad de la idea –ya que desde el auge de la literatura cyberpunk en los ochenta y especialmente en los cómics hemos leído ucronías por un tubo- sino por la inteligencia gamberra y desmitificadora con la que Hickman plantea y desarrolla una serie en la que el tema central no es tanto explotar las infinitas posibilidades que le da su carácter de ficción como cuestionar subrepticiamente la realidad mostrando diversas existencias paralelas que se convierten en uno de los ejes de la serie junto a las más delirantes teorías conspiranoicas y los más salvajes y trillados clichés pulps.

  Hickman tiene claro que lo que le interesa en esta rocambolesca y documentada ficción en la que entremezcla los elementos justos de realidad con las más delirantes fantasías es entrecruzar las realidades paralelas y los reflejos oscuros y extremos de unos personajes históricos respetables a los que caricaturiza salvajemente. De este modo, desde las primeras páginas el lector asiste a lo que parece una convencional –y posible- reunión inicial entre el general Groves y Oppeheimer en torno a los proyectos que paulatinamente va añadiendo elementos gráficos sospechosos que harán preguntarse al lector si tras esa apariencia de verosimilitud  estamos ante una historia realista o una ficción.
Tras la ruptura de la cuarta pared por el general Groves, Hickman nos adentra en una delirante fantasía conspiranoica.en la que no se ha cortado un pelo en la que  Oppenheimer ha sido devorado por su siniestro gemelo oscurol,  Einstein será sustituido por un misterioso doble surgido de un portal extradimensional o el respetable Richard Feynman es un egocéntrico enamorado de su propio reflejo. Son solo pequeños ejemplos con los que Hickman va sorprendiéndonos con una ficción familiar y cercana a la realidad pero completamente alejada de ella ya que en algún momento de la historia nos ha hecho cruzar al otro lado del espejo y estamos en una siniestra realidad paralela.

Al igual que en otras series exitosas Planetary" o “AIDP”, Hickman juega con la hipotética existencia de una organización paragubernamental encargada de investigar misterios y secretos que se nos quieren escamotear a los ciudadanos comunes. Sin embargo, Hickman le ha dado una vuelta de tuerca al concepto de esas series incorporando una base histórica real a la trama y convirtiendo a respetables figuras científicas del siglo pasado como Einstein, Oppeheimer, Feynman o Fermi y el controvertido Proyecto Manhattan que tantas controversias despertara en el punto de partida de su planteamiento. De este modo, en la realidad paralela ideada por Hickman las más brillantes mentes científicas son  auténticos científicos locos protagonistas de un pulp alucinante que desde las sombras manejan a presidentes norteamericanos de la talla de Roosevelt o Truman como si de marionetas se tratara, deciden la II Guerra Mundial, contactan con civilizaciones alienígenas, incorporan disidentes nazis o desarrollan los más rocambolescos y misteriosos proyectos científicos a espaldas de los ciudadanos.
Hickman ha hecho un cuidado trabajo de documentación histórica para versionar a los personajes reales que convierte en los protagonistas de su ficción para retorcerlos al máximo y engancharnos en el tono pulp y delirante de una historia que atrapa de la primera a la última página y deja con ganas de más.

En el aspecto gráfico, Nick Pitarra se adapta perfectamente a las demandas de la historia ideada por Hickman realizando un magnífico trabajo mediante un dibujo realista al que incorpora un matiz caricaturesco. Pitarra, que parte de influencias tan diversas como Frank Quitely o Howard Chaykin, maneja con soltura diversos recursos narrativos haciendo especial uso del color, especialmente los azules y los rojos, para caracterizar no solo la personalidad de algunos de los personajes sino también los diversos planos de existencia contrapuestos en los que se desarrolla la historia e hilvanar diversas versiones paralelas de los mismos hechos.

Los Proyectos Manhattan” han tenido un arranque excepcional y nos muestran a un Hickman motivado y con ganas de demostrar que la reputación que se ha forjado en series como “Los Cuatro Fantásticos” no es flor de un día. Que no os engañe la portada, si es capaz de mantener este nivel lo que dure la serie podemos flotarnos las manos.