domingo, 19 de junio de 2011

De cuando a Marvel le gustaba KISS.

Pues sí, hubo una época corta pero intensa en la que el polifacético Stan Lee se aficionó al “heavy” teatral y barroco llevado a su máxima expresión con dos espectaculares números especiales protagonizados nada menos que por los KISS, uno de los grupos más sui generis que ha dado el panorama musical y que no dejó indiferente a ningún niño ni adolescente de mediados de los setenta.

Pero vamos con los principios… Steve Gerber, guionista de “Daredevil” y aficionado al grupo, tuvo la ocurrencia de homenajearlos incorporándolos a una aventura del más original personaje que ha hollado el Universo Marvel que curiosamente también era creación suya, con lo que en los números 12 y 13 de la serie de “Howard El Pato”, Howard y los KISS compartieron una aventura dibujada nada menos que por el gran Gene Colan.



Lee debió de mover el bigote e intuir que allí había madera para un buen negocio y encargó al propio Gerber la realización en 1977 de un tebeo en el que el grupo actuase como un grupo de superhéroes made in Marvel. El imprevisible y genial Gerber, que contó para el proyecto con un extraordinario grupo de dibujantes (los hermanos Buscema, John y Sal, Gray Morrow (portada), Rich Buckler, Allan Weiss y Allen Milgrom) pergeñó una entretenida historia en la que a través de unos amuletos mágicos los miembros del grupo recibían poderes inspirados en su maquillaje para enfrentarse, apadrinados nada menos que por los 4 Fantásticos y los Vengadores, con dos de los más carismáticos supervillanos de la Marvel, el Dr. Muerte y Mephisto.


El tebeo, al que acompañó una agresiva campaña de marketing (en la misma portada se anunciaba que los KISS habían mezclado su sangre con la tinta con que se imprimieron los ejemplares y en el interior aparecían fotos que supuestamente lo demostraban) fue un bombazo y se vendió como churros –superó los hoy increíbles 400.000 ejemplares y durante décadas ostentó el record de ser el cómic más vendido- propiciando la aparición de una serie llamada “Marvel Comic Super Special” que llegó a los 41 números y se especializó en números monográficos con adaptaciones al cómic de películas y biografías de grupos musicales.



Precisamente, en el número cinco de esa serie se publicaría el segundo cómic protagonizado por el grupo en el que esta vez se enfrentarían a Khalis Wu, un antiguo hechicero que pretendía conquistar el mundo transformando la energía de las emociones generadas en los conciertos de rock en fuerza mística. Esta historia contó con un nuevo equipo creativo formado por Allan Weiss y Ralph Macchio firman el guión mientras del apartado gráfico se encargaron John Romita Jr., en uno de sus primeros trabajos profesionales, Tony de Zúñiga y Bob Larkin (portada).



Visto que los KISS podían ser la gallina de los huevos de oro que solucionase los crónicos problemas económicos de la editorial, en Marvel les ofrecieron protagonizar su propia serie regular. Sin embargo, este proyecto no cuajó al negarse el grupo a ceder los derechos de los personajes a la Casa de las Ideas como era política habitual de la empresa.



Es extraño que estos históricos tebeos permanezcan todavía hoy inéditos en España existiendo una excelente edición de mediados de los noventa dentro del sello Marvel Music .Mientras se deciden los de Panini, os dejo una interpretación del grupo en todo su esplendor, “God of Thunder”.


viernes, 17 de junio de 2011

“Bob Fish”, de Yves Chaland.

Hace unos días hablábamos de E. P. Jacobs como uno de los grandes autores europeos pioneros en la llamada Escuela de la Línea Clara y hoy toca reivindicar de nuevo al que por talento e ideas estaba llamado revolucionar los planteamientos de esa Escuela hacia el infinito –y, de hecho, durante su corta carrera así lo hizo- si no hubiera desaparecido prematuramente en un accidente de tráfico, el añorado Yves Chaland.

Como por suerte existen ediciones recientes en castellano de su obra más importante, “Freddy Lombard”, que ya comentamos aquí y aquí, hoy quiero centrarme en “Bob Fish”, obra previa que Chaland publicase seriada en “Metal Hurlant” a partir de 1980 –posteriormente, se reeditó en un álbum- y que en España también apareció hace ya demasiados años.

“Bob Fish” narra las aventuras del protagonista, un peculiar detective privado al que un peculiar millonario le encarga investigar la desaparición de su hijo, lo que llevará a enfrentarse a una peculiar secta y sus delirantes planes.

En esta obra temprana, Chaland presentó su particular tarjeta de visita en una historia en la que subvierte y moderniza la presentación convencional del cómic francobelga alejada de los clásicos postulados impuestos por autores como Jacobs o Hergé. Chaland, en la misma tradición de detallismo y limpieza pero con un dibujo más caricaturesco, ágil y nervioso, introducen la trama una mordacidad y un humor adulto, cruel y vitriolico impropio de los autores más veteranos y conservadores que enfocaban sus obras hacia un público más juvenil, personalizando este cambio radical el personaje de Albertito, un gamberro sidekik del protagonista que posteriormente protagonizaría sus propias aventuras.

Es una lástima que Glénat no se haya animado a continuar con la publicación del resto de integrales de Chaland aparecidos en Francia hace pocos años tras publicar los dos primeros de “Freddy Lombard”, ya que precisamente en el siguiente aparecerían recogidos los trabajos de menor extensión de Chaland, como “Captivant”, “John Bravo”, “Bob Memory” y “Bob Fish”. Trabajos que lamentablemente parece que de momento seguirán siendo tebeos olvidados en España.

jueves, 16 de junio de 2011

“La Patrulla X: Graduación”, de Neal Adams y Roy Thomas.

Han tenido que pasar décadas antes de poder leer en condiciones los diez últimos números de la Patrulla X original (56 a 66 de “The X Men”), los últimos con material original antes que la colección quedara en animación suspendida durante unos años reeditándose material antiguo hasta el relanzamiento que supuso el mítico Giant-Size con la “Segunda Génesis” y la presentación de la nueva Patrulla X de los Wein, Cockrum, Craremont y Byrne que acabaría convirtiendo a los mutantes durante décadas en la franquicia estrella marvelita)…Solo han tenido que conjugarse unas cuantas circunstancias afortunadas –los setenta añitos de Adams, una películita que está recaudando una pasta…- para que en Panini alguien haya tenido la genial ocurrencia de ofrecer una edición digna y a un precio asequible de un material extraordinario aunque la fea portada y el enigmático título pueda llevar a más de uno a desechar su compra (aunque hayan tenido el detallito de recuperar para satisfacción de los veteranos de recuperar el logo de “La Patrulla X” de Forum).

¿Por qué es tan extraordinario este material? Porque a pesar de los desmanes que ha sufrido a lo largo de sus distintas ediciones en España – la publicación dispersa en los Pokets de Ases de Bruguera, los Clásicos Marvel de Forum (la mejor edición hasta la fecha con portadas de Carlos Pacheco) y las Biblioteca Marvel jibarizadas y en b/n de Planeta- ha logrado cautivar a varias generaciones de aficionados gracias al talento de un Roy Thomas que vivía un momento dulce como el “chicoparatodo” de Stan Lee y un consumado e inspiradísimo Neal Adams al que Lee dio libertad absoluta para que hiciera lo que le diera la gana ya que la serie no vendía un pimiento, ofreciéndonos un puñado de tebeos tan buenos como la conclusión de la saga Monolito Viviente o la de la Tierra Salvaje.

Sin embargo y a pesar de toda la brillantez de la etapa Adams/Thomas, me quedo por motivos personales con el número único en que Adams fue sustituido por Don Heck en el que se presenta al japonés Fuego Solar, el primer tebeo de los X-Men que leí en un cutre pocket de ases protagonizado por La Masa en el que premonitoriamente también se recogía la primera aparición de otro mutante que con el tiempo daría mucho que hablar, un tal Arma X.





A pesar de contar con menor prestigio entre el fandom que etapas posteriores de la Nueva Patrulla-X o del otro gran punto de inflexión en la colaboración Adams/Thomas -"La Guerra Kree-Skrull", nada menos- los tebeos recogidos en el presente volumen no tienen nada que envidiarles y suponen el auténtico canto del cisne y broche de oro a la Patrulla X original. Nuff Said.

miércoles, 15 de junio de 2011

“El Rayo U”, de E.P. Jacobs.

Leer “El Rayo U” del belga E.P. Jacobs, recientemente publicado por Norma Editorial y del que ya existía una edición anterior de Grijalbo, es como hacer un viaje en el tonel del tiempo de los Zipi y Zape y aparecer en la dimensión del tebeo clásico de los maestros de la línea clara, donde todo es tan naif, tan clarito y tan bonito que casi sobran las explicaciones. Aun así, vamos a ello.
“El Rayo U” es una obra que tradicionalmente se considera como la precursora de la “ópera prima” de Jacobs, “Las aventuras de Blake y Mortimer”, ya que se pueden encontrar en estado embrionario distintos personajes y situaciones que posteriormente el maestro Jacobs desarrollaría en la serie principal. Sin embargo, las semejanzas con esta serie acaban allí ya que si “Las aventuras de Blake y Mortimer” es una serie enfocada a otros géneros como el policial y la intriga, “El Rayo U” es una obra de Ciencia Ficción que sigue al dedillo los patrones gráficos y argumentales del “Flash Gordon” de Alex Raymond (no en vano cuando en la Bélgica ocupada por los nazis no llegaban los materiales de la serie de Raymond, Jacobs fue el encargado de continuar las aventuras pendientes con notable éxito) y se inspira en los mundos perdidos imaginados por Conan Doyle o Edgard Rice Burroughs.

En “El Rayo U”, Jacobs nos narra las peripecias de una expedición norlandesa liderada por el profesor Marduk (Zarkov) junto al explorador Lord Calder (Flash/Blake) y el tenient Mc Duff (¿Mortimer?) para hacerse con un yacimiento de Uradio, una nueva fuente de energía que planean utilizar con fines militares. Puesto sobre aviso, el líder austradiano (¿Ming?) envía a su mejor hombre, el espía Dagon (Olrik) a acabar con los aventureros. Tras el sabotaje de la aeronave en que viajaban, los protagonistas quedan abandonados a su suerte en una inhóspita isla llena de peligros en la que han de sobrevivir a animales prehistóricos, extrañas civilizaciones pérdidas y las maquinaciones de Dagon.

Cualquier interpretación de esta obra desde la perspectiva del lector contemporáneo resultaría sumamente injusta si no se parte de la de la base que estamos ante una obra clásica cuyo principal éxito estriba precisamente en que, a pesar del tiempo transcurrido, aguanta perfectamente la lectura gracias al brillante trabajo gráfico de Jacobs, tributario estéticamente de Raymond, sin duda, pero cuya narrativa y claridad expositiva son innatas y llegaron a crear escuela (toda la famosa de la línea clara de la que, junto a Hergé y Franquin, Jacobs es uno de los fundadores) siendo este álbun un magnífico ejemplo de ello. Así, las abundantes y redundantes cartelas no empachan gracias al buen estilo literario del autor y la imaginería naif de los personajes y las detallistas localizaciones seducirán a todos los aficionados que se acerquen a esta obra con mente abierta y libre de prejuicios ya que, como los buenos vinos, mantiene su valor a pesar de los años transcurridos.

martes, 14 de junio de 2011

“Jack de las Fábulas: Los Reyes del Cielo y la Tierra”, de Mathew Sturges, Bill Willingham, Tony Atkins y Andrew Pepoy.

La verdad es que me lo he pasado bien leyendo el último arco argumental publicado por Planeta de “Jack de las Fábulas” en el que se reúnen los números 41 a 45 de la serie regular. Un tebeo completamente intrascendente, cierto, y escaso de originalidad, también, pero que dada su falta de pretensiones no ofende y llega por momentos incluso a agradar más allá de lo agotado de su planteamiento por el homenaje que los autores rinden a los folletines pulp más primitivos de los que nacieron géneros como la Ciencia Ficción y la Fantasía incorporando a la historia todo tipo de guiños y referencias.

En esta nueva entrega, Jack Frost sigue empeñado en labrarse una carrera como héroe para lo que decide acabar, en la mejor tradición familiar, con la vida de un temible gigante, El Empíreo, que reclama un tributo en oro y vírgenes a su exhausto reino. El ingenuo Jack se ofrecerá para acabar con el villano pero no encontrará precisamente apoyo en el rey y su visir del lugar ya que las apariencias engañan y nada es tan simple como el proyecto de héroe piensa.

Un nuevo intento por parte de Willingham y Sturges de dar sentido a la serie de “Jack de las Fábulas” una vez que el planteamiento inicial se les agotó tras “El Gran Cruce de las Fábulas”. Unos leves cambios –el protagonista pasa de ser el Jack Horner de siempre a su hijo, Jack Frost- y las historias dejan de ambientarse en la Tierra para pasar a los mundos de las Fábulas que siempre resultan menos exigentes – y a tirar millas.


Más allá de lo agradable que resulta siempre el juego de pillar las referencias y bromas de los autores la cosa carece de chicha, limitándose los autores a pasar de un tópico a otro sin llegar a sorprender en ningún giro de un argumento tan manido como efectivo. En el aspecto gráfico, la cosa tampoco es que vaya mucho más allá con un Tony Akins que no pasa de cumplir sin demasiada brillantez y unas graciosas portadas de Brian Bolland que demuestran que quién tuvo retuvo.
En fin, “Los reyes del Cielo y la Tierra” es un tebeo tan correcto como insulso de una serie que nunca ha tenido demasiada razón de ser. Menos mal que con la próxima entrega ya acaba.

lunes, 13 de junio de 2011

“La Ilíada”, de Roy Thomas y Miguel Ángel Sepúlveda.

Es curioso como desde planteamientos completamente divergentes se pueden alcanzar excelentes y complementarios resultados. El último ejemplo de esto que podemos apreciar en el mundillo del Cómic lo tenemos con las últimas adaptaciones al mito eterno de La Guerra de Troya que han aparecido en los últimos años, comparando la inacabada “La Edad de Bronce”, de Eric Shanower (ojo, que se acaba de reeditar el primer arco en un único tomo), con la adaptación de “La Ilíada” de Thomas y Sepúlveda que acaba de aparecer en las librerías españolas. Si la primera se acerca a la historia obviando cualquier elemento extraordinario buscando la "verdad histórica" a partir de la sencillez expositiva, la obra de Thomas y Sepúlveda saca partido de toda la carga mitológica del original y busca epatar en el lector con páginas cada vez más y más espectaculares cargadas de épica.

De este modo, el “sui generis” equipo formado por el experimentado Roy Thomas y el entusiasta Miguel Ángel Sepúlveda se despachan la obra del inmortal Homero en una entretenida miniserie de ocho episodios que Panini acaba de publicar en un tomo que estaría la mar de bien si no fuese por un par de detallitos (un par de bocadillos intercambiados por allí, demasiado encolamiento que impide leer con comodidad el prólogo de Thomas…).

Como todo el mundo se supone ha de saber, “La Ilíada” es un extenso poema épico en el que se narra buena parte de La Guerra de Troya y finaliza con la muerte de uno de los principales héroes troyanos que marca un punto de inflexión –uno de ellos al menos- en la contienda. Como Homero – o los muchos Homeros que fueron, pero esa es otra…- no tenía editores ni problemas con los formatos ni demás zarandajas que merman la creatividad en pos a la comercialidad hoy en día, desarrolló una obra extensísima en la que se describe y explica hasta el último personaje y se describe al detalle cada combate de cualquier batalla por lo que adaptar el original en ocho comic books requiere de un ejercicio de concisión imposible del que de todos modos Thomas y Sepúlveda salen bien parados. Por otro lado, como los Homeros eran hombres de su tiempo y creían a pies juntillas en la existencia de sus dioses que correteaban por el mundo conjuntamente con los mortales la adaptación no renuncia a sacar partido de ese elemento con lo que la obra está llena de referencias al rico panteón griego que participa activamente en la contienda tomando partido por los distintos bandos.

El oficio de Thomas se deja notar para tirar por la calle del medio y realizar una adaptación muy apañadita, aprovechando toda su experiencia en géneros como el superheroico y el fantástico para, sin complejos, presentar y dosificar todo el elenco de dioses y seres sobrenaturales sin que rechine a ningún lector y mostrar las espectaculares batallas obviando los momentos de calma y reflexión que en el original existen con lo que consigue un cómic de ritmo desenfrenado aunque carente de profundidad que logra su principal fin, entretener. Thomas se apoya en el excelente trabajo gráfico de un inspirado Miguel Ángel Sepúlveda, quién realiza una excelente labor a la hora de sintetizar tanta agresividad sin caer en la repetición de situaciones y al tiempo caracterizar perfectamente a cada héroe, dios y guerrero de los muchos que aparecen en el original.
En definitiva, esta versión de “La Ilíada” es un excelente acercamiento al más puro estilo Marvel de la obra original y deja con ganas de seguir disfrutando de la excelente labor de un equipo creativo bien compenetrado por lo que espero que la continuación, “Las Guerras Troyanas”, no se demore mucho en publicarse.

domingo, 12 de junio de 2011

“1Q84”, de Haruki Murakami.

Por fin he acabado la última y esperada obra de Murakami, “1Q84”, seguramente la obra más ambiciosa del escritor japonés de la que Tusquets ha publicado con discutible criterio las dos primeras partes de una trilogía inacabada, quedando en suspenso la futura aparición de la novela que concluirá las aventuras de sus protagonistas.

En estas novelas, Murakami nos narra las peripecias de Aomame y Tengo en el año 1984. Se trata de dos treintañeros que coincidieron de niños pero que desde los diez años llevan vidas separadas. Mientras ella es una exigente entrenadora personal que actúa como asesina a sueldo siguiendo su personal código de honor, él fue un niño prodigio que sobrevive dando clases de matemáticas en una academia mientras intenta labrarse una carrera literaria apadrinado por un peculiar editor. Poco a poco, Aomame y Tengo irán ahondando en sus propios miedos e inseguridades personales al tiempo que irán descubriendo los misterios que los rodean inmersos en un mundo paralelo al que todos conocemos pero en el que cada vez serán más evidentes para los protagonistas sus sutiles e inquietantes diferencias, 1Q84, el mundo de las dos lunas.

Murakami vuelve a hechizarnos en estas dos novelas en las que explora sus temas de siempre (la soledad, la relación entre los universos ficticios y la realidad…) en una historia cuyo planteamiento recuerda un poco a la excelente “Crónica del pájaro que da cuerda al mundo” aunque en esta ocasión el coqueteo con los teóricamente géneros menores como el thriller, el fantástico o el terror son más que evidentes. En una estructura de narración paralela alternando los capítulos protagonizados por los dos protagonistas –Tengo y Aomame- Murakami se descubre como un maestro del suspense para mantener intrigado al lector desde la primera página, dosificando perfectamente la información e incorporando interesantísimas subtramas que acaban encajando a la perfección en el hilo principal aunque quizás, hasta que podamos valorar la obra en su conjunto, resulte lo más atractivo de esta obra el mimo con el que describe a todos y cada uno de los enigmáticos y atrayentes personajes que pueblan el relato y la aparente sencillez con que mezcla elementos de género con astucia para lograr un resultado tan original como coherente con su producción anterior. Y es que a estas alturas no voy a descubrir las excelencias narrativas de Murakami un magnífico escritor de sobrio estilo que además logra en sus obras el equilibrio justo entre la cultura occidental y la nipona por lo que no es de extrañar que sea un superventas entre los lectores de ambos mundos.

En esta ocasión, vuelve a dejar patente marcadas influencias literarias occidentales que aparecen en muchas de sus obras anteriores como Kafka, Carroll o el mismo Orwell al que homenajea en el mismo título de la obra pero más allá de esas reminiscencias y las constantes referencias a la música y el cine occidental que pueblan todo el volumen, la obra está marcada por el perfeccionismo del japonés, dando como resultado la que quizás sea la mejor obra del autor.

Para los que no hayan leído nada anteriormente de este escritor esta obra, a pesar de sus más de setecientas páginas y estar inacabada, es una excelente carta de presentación y para los que lo conozcan el reencuentro con un escritor total llamado a lograr antes o después el Nóbel. Y si no, al tiempo.

Más Murakami en El lector impaciente:

"Tokio Blues"

sábado, 11 de junio de 2011

Grateful Dead y los Cómics: Rick Griffin.


Si hay un artista de cómic identificado con la particular filosofía de los Grateful Dead ese fue Rick Griffin quién colaboró con el grupo desde mediados de los sesenta hasta 1990.

Para quiénes se pregunten quién es Rick Griffin fue uno de los principales autores de la primera ola del movimiento underground, compañero de generación de Shelton, quien también colaboró con el grupo, y Crumb. Más allá de sus emblemáticos posters convertidos en estandartes del movimiento hippy, Griffin fue colaborador habitual de “Zap Comix” y creó series como “Murphy” o “Tales from the tube” en las que plasmó su pasión por el surf.

Griffin realizó todo tipo de mercadotecnia para los Grateful Dead desde entradas para conciertos hasta posters o camisetas, siendo especialmente recordadas sus estupendas portadas entre las que destacan las de discos como “Wake of the flood”, “Aoxomoxoa”, “Without a Net”, “Dylan and the Dead”, “Recokning”, etc.

Desgraciadamente, Griffin murió en 1991 en un accidente de moto.

Un clásico del grupo, “Cassidy”.

viernes, 10 de junio de 2011

Carlos Trillo en “El Grafonauta”.

Trasteando he descubierto esta graciosa entrevista al recientemente desaparecido Carlos Trillo para el programa argentino “El Grafonauta” realizada hace unos años.

La verdad es que se hace muy raro verle tan vital…

In memoriam…

Miguel G. Saavedra y de la importancia del correo del lector.

P: Ahora con Internet han desaparecido las cartas del lector en las publicaciones, no son de interés para las editoriales. ¿Crees que entonces si se valoraban más las propuestas de los lectores?

R: No, no creo que antes se valoraran más los criterios de los lectores, es sólo que con Internet hay la percepción generalizada de que los correos se han convertido en algo obsoleto. Yo no estoy muy de acuerdo con eso, al fin y al cabo muchos lectores de las ediciones impresas no son habituales de los foros de Internet. Además, siempre he pensado que las secciones de correo no se hacen únicamente para contestar las dudas de los aficionados que escriben (que, por supuesto, también son una minoría). Los correos, cuando están bien hechos, deben ser el punto de conexión entre los lectores y la editorial. Claro que existen otras alternativas: Los Spot On que escribe Julián Clemente en Panini no son correos, pero cumplen con su cometido de animar y espolear a la parroquia marveliana.

De eso se trata, yo creo que siempre es fundamental “crear afición” desde los textos editoriales, a la vez que se aprovecha el potencial de la red. Ambas cosas son complementarias.

(Un editor de los de antes de la añorada Ediciones Zinco, Miguel G. Saavedra , responde con mucha sensatez a las cuestiones planteadas por Javier Mesón de El Coleccionista de Tebeos en una interesantísima entrevista que podéis leer completa aquí. Como digo, sus respuestas parecen de cajón y son tan buenas que plantean otras preguntas… ¿Por qué no hay secciones de correo en los tebeos como las que ha habido toda la vida para crear afición? ¿Por qué no hay políticas serias de las grandes editoriales para ganar nuevos lectores en lugar de tratar que los de siempre compren más? ¿Por qué los salones son lo que son y no son de otra manera? ¿Por qué llevamos años preguntándonos lo mismo?).

jueves, 9 de junio de 2011

“Thunderbolts: La justicia como el rayo”, de Kurt Busiek y Mark Bagley.

Me alegra un montón que Panini haya decidido incluir en su colección “Extra Superhéroes” (vaya recuerdos que trae el nombre de la colección…) los “Thunderbolts” de Busiek y Bagley. Me alegra, por un lado, porque es un entretenidísimo tebeo de superhéroes a partir del cuál Busiek empezó a obrar el nunca suficientemente reconocido milagro de recuperar las arrasadas franquicias Marvel tras el horror del “Onslaugth” y el “Heroes Reborn” pero, además, porque todos los que han alucinado –es un decir- con ese timo llamado “Los Vengadores oscuros” del amigo Bendis van a descubrir la sonrojante inspiración del amo del decompressive storytelling.

Busiek supo crear el suficientemente grado de expectación entre el desilusionado fandom como para que volviese a resultar atractivo leer tebeos de superhéroes durante un tiempo en estas historias en las que presentaba el que era un nuevo grupo aparecido de la nada para suplir a los desparecidos superhéroes que en realidad escondían a un grupo de curtidos supervillanos que pretendían aprovecharse del vacío de poder para ocupar su lugar en su propio beneficio.

La verdad es que el concepto de convertir a los supervillanos en los protagonistas de una serie regular tampoco era excesivamente novedoso ya que en DC ya había surgido una década antes “El Escuadrón Suicida” (curioso que Planeta todavía no haya probado con la reedición de este entretenido material...) o para Eclipse el mismo Busiek con “Liberty Project” pero en los doce primeros números de los “Thunderbolts” que incluye el volumen de Panini (hay algún material adicional más, como un número -1, el primer Anual de la serie y el “Tales of The Marvel Universe”) Busiek destaca por presentar a unos personajes absolutamente carismáticos al tiempo que dosificaba como nadie las inteligentes tramas para presentar todo tipo de conspiraciones y perrerías entre los miembros del grupo con la tensión con el enfrentamiento con las distintas amenazas reales y ficticias con que se enfrentaban.

En el aspecto gráfico, el peso lo lleva un más que resultón Mark Bagley que cumple sobradamente, aunque la obligada reducción de tamaño de la jibarizada colección “Extra Superhéroes” (el gran punto negativo de una propuesta que de otro modo sería sumamente atractiva) de Panini no le haga precisamente un favor. A pesar de ello, un tebeo muy entretenido precursor de todo lo que vendría después y bastante por encima de lo que se viene publicando actualmente dentro del género. Para los aficionados a los superhéroes Marvel, sencillamente imprescindible.

miércoles, 8 de junio de 2011

“Por el imperio: La fortuna”, de Merwan y Vivès.

Simultáneamente con la edición francesa, Diábolo Ediciones nos ofrece la tercera parte de “Por el imperio”, conclusión de la trilogía con que Merwan y Bastién Vivès nos han ofrecido su particular revisión del mito de la legión perdida.

En esta nueva entrega, Glorim Cortis y sus intrépidos pero cada vez más desmoralizados soldados llegan a las ruinas de una extraña civilización en su búsqueda de nuevos territorios que conquistar. Bajo la promesa de una jugosa recompensa, explorarán y enfrentarán los misterios de ese extraordinario lugar antes de afrontar el regreso a un hogar que quizás no es el mismo que dejaron.

“La Fortuna” es un álbum fascinante que se disfruta gracias a la sobresaliente labor gráfica de los autores (aunque se supone realizado a cuatro manos creo que el peso de un autor tan personal como Vivès en este aspecto del álbum es más que evidente) que llevan el minimalismo y la sobriedad de las anteriores entregas a la máxima expresión convirtiendo la historia en una bella y efectiva metáfora sobre la fugacidad de las aspiraciones humanas y la gloría de las conquistas materiales que acaban borradas por el transcurso del tiempo.

A pesar del fantástico dibujo y la aceptable conclusión de la trilogía, debo decir que argumentalmente este álbum me ha parecido el más irregular de los tres ya que da la sensación que los autores comprimen en un único álbum dos historias que habrían precisado de un desarrollo más profundo, en dos álbumes separados. De este modo, si el álbum engancha durante la primera mitad en la ciudad en ruinas, la narración del regreso resulta mucho menos lograda, resultando en exceso confusa y deslavazada.

A pesar de ello, “Por el imperio” es un curioso y sorprendente “peplum” que no dejará indiferente a ningún lector gracias a su original planteamiento y resolución.

“Por el imperio” en El lector impaciente:

- “El Honor”.
- “Las Mujeres”.

Jorge Semprún (1923-2011)

Ha muerto Semprún…Exiliado, resistente, comunista, ministro y escritor. Un español que escribía en francés y español, que supo trasladar a su literatura sus vivencias personales que no dejan de ser crónica de algunos de los momentos más oscuros de España y Europa. Más allá de filias y fobias ideológicas, pervivirá en su obra.

D.E.P.

martes, 7 de junio de 2011

“Capitán América: Sin Salida”, de Ed Brubaker y Butch Guice.

“Sin Salida” es el primer arco argumental de la serie “Capitán América” que viene publicando Panini tras el reinicio de numeración realizado con la excusa de “La Edad Heroica” correspondiente a os números 1 a 5 del octavo volumen español (a este paso vamos a tener que acabar pagándonos un curso de catalogación para enterarnos con tantos bailes de numeración. Vamos, son los números 606 a 610 yanquis…).

En realidad, más allá del cambio de numeración no hay grandes cambios ya que Brubaker sigue al timón y ha contado para estos números con un discreto Butch Guice que ya venía compartiendo el apartado gráfico con Luke Ross en anteriores entregas y que parece ser que se erige definitivamente en el dibujante titular de la serie, con lo que el Capi parece ser el que ha salido peor parado de los bailes de dibujantes que se dieron al inicio de “La Edad Heroica”.

En este nuevo arco, el nuevo Capi se las tiene tiesas con el nuevo Barón Zemo quién no demasiado conforme con el cambio de titular de la máscara y el escudo filtra a la opinión pública el pasado oscuro de Bucky durante la Guerra Fría como Soldado de Invierno de la URSS con lo que ha puesto al sucesor de Steve Rogers a los pies de los caballos sobre su idoneidad para portar el escudo y la máscara del campeón del país de las barras y estrellas.

Como siempre, la lectura por entregas se me antoja mejor que el conjunto ya que Bru, por prisa o dejadez, no se preocupa por cuidar los detalles más nimios que, en muchas ocasiones, son los que marcan la diferencia entre una historia del montón y una historia inolvidable (echadle un vistazo a la burda resolución de los sendos enfrentamiento entre Zemo y Bucky en los números cuatro y cinco, por ejemplo). Aparte de esos irritantes detalles, el arco cumple los mínimos para justificar la compra de la serie regularmente aunque haya perdido la frescura e intensidad de antaño y solo entretiene gracias al oficio que despliega Brubaker actualizando argumentos paados. En este arco, Bru pone los cimientos para explorar el pasado de Bucky durante su período como Soldado de Invierno lo que puede resultar interesante si no fuese porque me temo que para ello habra que esperar a alguna miniserie o incluso una serie de El Soldado de Invierno para cuando Steve Rogers recupere la máscara. Por otro lado, Bru sigue echando mano de repertorio y lecturas recuperando a personajes y conceptos de lo más añejos, como la Isla de los Exiliados o Hauptmann “Mano de Hierro” y dando nuevos enfoque a otros (la armadura del Escarabajo la viste ahora una hermosa y desquiciada muchacha que protagoniza los momentos más divertidos del arco) al tiempo que refuerza el carácter coral de la serie con la presencia continuada de El Halcón, la Viuda Negra o el mismo Steve Rogers actuando de comparsas del nuevo Capitán América, un Bucky cuya personalidad espero vaya perfilándose en sucesivas entregas.

En el aspecto gráfico, Butch Guice hace un discretísimo trabajo imitando el estilo del añorado y desaparecido en combate Steve Epting con lo que sus limitaciones resultan más que patentes en la comparativa, limitándose a cumplir con un dibujo correcto e insulso.

En definitiva, “Sin Escape” no está mal pero podría estar muchísimo mejor y aunque es de esperar que la cosa mejore algo en sucesivas entregas hoy por hoy no tengo muchas esperanzas al respecto.