miércoles, 16 de febrero de 2011

“Fábulas: Brujas”, de Bill Willingham, Mark Buckingham, Jim Fern y David Lapham.


Aparco momentáneamente los culos y las témporas para tomar carrerilla comentando lecturas. Una de las más recientes ha sido la del último tomo publicado por Planeta de la exitosa serie “Fábulas” que a la chita callando recopila los números 86 al 93 de la serie regular y en Yanquilandia ya ha rebasado la centena .

En este nuevo tomo, encontramos tres historias de distinto pelaje y extensión guionizadas por el creador de la aerie Bill Willingham. La primera, dibujada por Jim Fern sirve para dar algo más de información sobre el nuevo archienemigo de las Fábulas, el Oscuro (también traducido como Hombre Oscuro, Señor Oscuro y unas cuántas formas más), explicando como fue apresador por primera vez por un cuerpo especial de magos al servicio del antiguo Emperador. Es un número de relleno entretenido, que sirve a Willingham para introducir nuevas situaciones y personajes a desarrollar en el futuro más o menos inmediatos. En el aspecto gráfico, Jim Fern, al que ya vimos en “Crossing Midnight” con Mike Carey, se limita a cumplir con el encargo de dar tiempo a Buckingham a cumplir con los plazos mostrando un dibujo académico y correcto pero un tanto frío e impersonal.

La segunda historia ya dibujada por Buckingham es la que ocupa el grueso del tomo –cinco números- y le da título. “Brujas” es una historia en la que dos de los personajes secundarios toman el relevo en cuanto a protagonismo. Por un lado, el cómico Bufkin, hasta ahora mera mascota ayudante de la Oficina de las Fábulas se encuentra incomunicado en la mágica Oficina con la letal Baba Yaga, liberada tras el ataque del Oscuro. Mientras, en la Granja, Frau Totenkinder, la líder de los brujos de las Fábulas, prepara la estrategia para enfrentarse a la nueva amenaza al tiempo que se enfrenta a la creciente influencia de Ozma otra bruja que aspira a su liderazgo. Willingham, como viene siendo habitual desde hace algún tiempo, vuelve a repetir fórmulas que le vienen dando resultado desde hace tiempo aprovechando el rico universo que ha creado y el atractivo de sus personajes. En el aspecto gráfico, es donde realmente la historia resulta más destacable justificando su lentitud un Buckingham inspirado en un arco que ha debido disfrutar especialmente dibujando dos de sus puntos fuertes, animales y monstruos como la espeluznante Baba Yaga.

La tercera historia resuelta en dos episodios se centra en el mundo gobernado por Papamoscas en el que el nuevo monarca se ve inmerso en medio de una crisis sin precedentes cuando ha de enjuiciar un asesinato que puede provocar las iras de sus súbditos duendes. Se trata de una imaginativa historia resuelta con habilidad por Willingham que cuenta con la curiosidad de ver como se las maneja David Lapham dibujando seres de fantasía en un género alejado de las habituales historias de género negro a las que nos tiene acostumbrados. Lo cierto es que sin encontrarse entre lo mejor de su producción, Lapham no desmerece y realiza un trabajo correcto aunque pierda en la comparación con Buckingham.

En resumen, “Brujas” es un tomo que me ha gustado bastante más que lo venía siendo la serie principal de “Fábulas” últimamente (exceptuando “El Gran Cruce de Fábulas” que por sus características especiales no lo tengo en cuenta) con historias bien resueltas y entretenidas aunque el desgaste tras casi un centenar de números no deje de notarse. A ver que se inventan en próximas entregas.

El Cartel del Salón de Granada.



Obra de Miguel Gallardo del XVI Salón de Granada. Muy divertido y original.

martes, 15 de febrero de 2011

Big Culo Day 2011: Robert Crumb.

Una nueva edición de la propuesta bloguera que más adhesiones obtiene: el gran Big Culo Day, organizado por el sin par Jotacé desde su guarida en Marte.

Para este año, he acudido a un autentico experto en el tema, Robert Crumb, quién a lo largo de su carrera ha dedicado no pocas reflexiones al respecto.

¡¡ Feliz Big Culo Day!!.










Sobre lo de los Premios del Salón de Barcelona.

Leo en la Cárcel de Papel una lucida reflexión del alcaide acerca de la incorporación al palmarés del Salón de Barcelona de nuevos premios que están relacionados indirectamente realmente con el Cómic.

Como ya digo, Álvaro razona clarito y expone bien pero como ha aplicado la ley del silencio sobre los reclusos no hay oportunidad de objetar, disentir ni reflexionar con los otros reclusos del módulo aunque sea con mensajes con las cucharillas. Sin embargo, como el tema tiene su aquél, desde la soledad de mi celda voy a opinar al respecto.

Escribe Álvaro sobre la las sinergias del Salón del Cómic con otros ámbitos de entretenimiento como los videojuegos o el cine y los peligros que acarrea. Seguro que como físico ha estudiado el tema científicamente así que no voy a negar unas razones que comparto. Coincido en que no creo que sea competencia del Salón realizar esas estrategias de marketing que a corto y medio plazo emborronan el que sí debería ser su principal objetivo, promocionar los Cómics, a sus autores y ser un foro abierto a sus profesionales en el que debatir acerca de los problemas a los que se enfrenta el sector.

En esa línea, tiene sentido un palmarés de premios que busquen realmente ensalzar las obras y los autores aportando no solo el reconocimiento de los profesionales sino publicitándolo entre los que son ajenos al medio. Sin embargo, ¿premios de oportunidad como el de la "mejor película basada en un cómic" no restan méritos al resto de las categorías? ¿Qué pinta un premio de cine en un Salón de Cómics? ¿No tiene el Cine festivales suficientes repartidos por toda España que no hay pueblito, aldea ni barrio que no tenga uno como para que tenga que haber un premio en el Salón del Cómic dedicado al cine? ¿Dar a un premio a una película mediocre –porque mediocres son la mayoría de las adaptaciones de cómics- no resulta contraproducente para el propio Cómic asociándose a ese tipo de producto de dudosa calidad? ¿Deben los profesionales del Cómic premiar películas?...

No quiero decir que niegue la comunicación evidente entre medios. Una comunicación que es un tema apasionante para que en charlas, coloquios, exposiciones y demás que analicen esa intercomunicación pero que el Cómic ceda parte de lo que es su ámbito de protagonismo -y su trampolín mediático por pequeño que sea- a otro medio cultural es asumir una subordinación que da argumentos a sus detractores. ¿Han dado en la reciente edición de los Premios Goya un premio al mejor cómic sobre el que se ha basado una película? ¿A qué sería raro y confuso? Pues eso.

Me parece que un Salón tan arraigado como el de Barcelona (la 29ª edición que se dice pronto) no necesita ese tipo de guiños al cine para aumentar las visitas. La gente por mucho que algunos se empeñen no es tonta y sabe a lo que va a un Salón de Cómics y el reclamo de las películas no creo que anime a nadie más que pasar una buena jornada en un ambiente agradable y rematarla comprando tebeos.

Doctores tiene la iglesia pero en mi opinión el Cómic como Industria y como Medio tiene que ganar sus batallas sin caer en los cantos de sirena de los falsos amigos que a la larga poco pueden aportar, batallas que se ganan con obras de calidad, con autores de calidad y con soportes y ediciones populares al alcance de un público que no le da la espalda al medio cuando lo que le ofrecen merece la pena. Sin esa base sólida solo se construyen castillos de arena.

lunes, 14 de febrero de 2011

Romanticismo arácnido.

Pues eso, que no me olvido del día en que estamos a pesar de todo. Sirva esta muestra de pasión arácnida para felicitar a todos los tocados por San Valentín y a los que no, también.

A propósito, regalar tebeos siempre ha sido un gesto que ha ayudado a consolidar las relaciones sentimentales...¿o no?

Ser traductor de Ponent Mon debe ser la profesión mejor pagada del mundo.

Llevaba s días barruntando esto. Desde que ví anunciado que la gente de Ponent Mon nos iba a ofrecer la colección en integrales en blanco y negro de “Jerry Spring”, del gran Jijé, autor de referencia del cómic europeo y sin el que probablemente un tal Giraud no habría dibujado “Blueberry” y un tal Hermann quizás no hubiera encontrado inspiración para “Comanche” (o quizás sí, que con estas cosas nunca se sabe).

Ya se sabía desde el Expocómic que lo iban a publicar y en principio era una buena noticia y compra segura. Buena noticia y compra segura hasta que me fijo en el precio…44 Euros. Leches.

Tras un escalofrío que se inicia en el hipotálamo y acaba en el bolsillo donde guardo la cartera pasando por toda la columna, me tomo un café y le echo un vistazo a la página de la Fnac Francia para ver que maravillas encierra la edición de Ponent Mon para merecer ese precio y resulta que en el país de los galos el mismo integral cuesta 24 Euros que con descuentos y demás se queda en 22,80 y paso del escalofrío a la risa tonta. El único coste añadido parecer ser la traducción.

Con la cantidad de traductores jurados y bilingües de castellano y francés parados que debe haber los de Ponent Mon han debido contratar a una eminencia para la traducción que les ha cobrado un riñón para lograr una traducción de una calidad superior. Debe ser la mejor traducción del mundo que por sí sola debe justificar la diferencia de veinte euritos que los lectores de tebeos españoles que nadamos en la abundancia no vamos a notar, digo yo. Claro, que algo me dice que no es así.

Pocos integrales de material europeo ha habido más caros que este de Ponent Mon….”Las Siete Vidas del Gavilán” por Norma o “Los Compañeros del Crepúsculo” y “Los Pasajeros del Viento” de 12 Bis, que recopilaba a color más álbumes y arcos completos de obras conocidas con antelación por el aficionado español, características que no se ajustan a una obra como “Jerry Spring” que apenas ha sido publicada en España.

Imagino que nadie va a tirar piedras sobre su propio tejado y los de Ponent Mon habrán estudiado el tema lo suficiente como para entender viable una edición a ese precio pero en la comparación con otros integrales de material europeo aparecidos recientemente como los publicados por Planeta de “Gil Jourdan” o “Theodore Poussin” se encuentra bastante fuera de mercado.

Viendo estas cosas (o el precio del último álbum de “El Gavilán” también publicado por la misma editorial) uno no puede dejar de sonreírse –aunque no les falte razón- ante las quejas de los aficionados a los superhéroes… Los lectores de cómics europeos lo tienen peor, muchísimo peor, creedme.

Les deseo mucha suerte a Ponent Mon con su “Jerry Spring” pero a ese precio creo que acabaré optando por la edición francesa que me costará más entender pero que se ajusta más a mi economía. Además, con suerte mejoraré tanto mi nivel de francés que a lo mejor puedo optar a trabajar de traductor para Ponent Mon.

viernes, 11 de febrero de 2011

“Dago”, de Robin Wood y Alberto Salinas.



Los habituales de este blog ya sabéis que cada cierto tiempo dedico mis esfuerzos a comentar –difundir- alguna obra de Robin Wood para ver si algún editor despistado se anima a publicarla en España. De momento, con las entradas dedicadas a “Nippur” y “Gilgamesh” hemos picado en hueso así que probaremos con “Dago” realizada por el paraguayo junto al gran Alberto Salinas, un cómic de época que es todo un clásico en Argentina y que en la actualidad sigue apareciendo en Italia con notable éxito.

Dago está ambientando en el siglo XVI y nos cuenta las peripecias de Cesar Renzi, hijo de un noble veneciano que es asesinado junto al resto de su familia cuando descubre los tejemanejes que un grupo de conspiradores están realizando con los supuestos enemigos de la República, los turcos otomanos de Solimán. Dado por muerto por sus enemigos y convertido en esclavo de los piratas turcos, César –apodado Dago por el puñal que adorna su espalda cuando lo rescatan- dedicará el resto de su vida a recuperar a la libertad , limpiar el nombre de su familia y vengarse de sus enemigos, llegando a convertirse en embajador del gran Solimán ante los reinos cristianos y viviendo aventuras tanto en Oriente como en Occidente convertido en testigo privilegiado y participe de la mayoría de los acontecimientos históricos de la época.

Dago” es un cómic histórico que sorprende por el detalle y la caracterización que Wood pone en el desarrollo de una trama rica en acontecimientos históricos e intrigas políticas y amorosas en las que el protagonista acaba viéndose sumido cruzándose en el camino de personajes reales como Solimán "El Magnífico", Barbarroja, Francisco I o el mismísimo Vlad Tepes. Dago acaba convertido de este modo en un trotamundos de su época que absorbe lo mejor de los dos grandes polos culturales de la época; el Imperio Otomano en plena expansión y los reinos cristianos en constantes luchas entre sí emparentando con esos sobrevivientes reales que por azar o habilidad saben sobrevivir en cualquier circunstancia.

En el aspecto gráfico, “Dago” es uno de los mejores trabajos del hijo del gran José Luis Salinas (la versión de “Drácula” que hizo con Wood tampoco está nada mal), Alberto quién realiza una magnífica labor con un dibujo excelente para el género histórico en la estela del de su padre o el gran Hal Foster pero con una energía propia que le permiten brillar por sí mismo (en alguna entrevista Wood comentó que Alberto Salinas contaba con un mes para realizar cada capítulo –algo muy inusual en la época- esmerándose así en cada detalle).

Dago” se publicó en Argentina por la legendaria Editorial Columba desde principios de los ochenta hasta el cierre de la editorial continuándose la serie en Italia por Editoriale Aurea donde ha gozado de un enorme éxito con reediciones de los tebeos argentinos y nuevas aventuras realizadas por otros autores. En España, hubo un tímido intento de edición junto a otras obras de Wood que solo recuerdan los más viejos del lugar con el “boom” de las revista de los setenta con la revista “Mark 2000” y, desde ese momento, el olvido.

Sería interesante que alguna editorial como Aleta /Dolmen aprovecharan sus conexiones italianas (o 001 Ediciones las argentinas) dado el olvido de otras más grandes apostase por darle una nueva oportunidad a las obras de Wood en España, todo un ejemplo de tebeo popular de calidad pero, visto lo visto, creo que la cosa es una misión imposible. Nosotros nos lo perdemos.

Este blog está dedicado a esta obra con una interesante contextualización histórica.

Y aquí hay un completo resumen de los distintos arcos en que se organiza la etapa argentina.

Las cosas de Jason...

Cuando digo que este hombre me parece muy bueno, es por cosas como esta...


O estas otras...
Más curiosidades en su blog, Cats Without Dogs.

jueves, 10 de febrero de 2011

“Una resaca de cuidado”, de Jacques Tardi y Léo Malet.

Estos días que mucha gente parece dispuesta a ponerse una nariz de payaso, no está de más traer a colación “Una resaca de cuidado”, obra publicada hace unos añitos ya por Norma Editorial y que viene a completar la serie que unos cuantos años antes la propia Norma dedicara a publicar las adaptaciones que Tardi realizase de las novelas noir de Léo Malet protagonizadas por Néstor Burma (quedan todavía un par más inéditas en España realizadas por otros autores).

Probablemente, “Una resaca de cuidado” no sea la mejor obra para iniciarse en la serie ya que hace referencia a hechos de álbumes anteriores como “Niebla sobre el Puente Tolbiac” pero para los seguidores del particular Néstor Burma es una lectura recomendable al encontrarnos de nuevo con el particular detective enfrascado en un nuevo y extraño caso en el que él mismo es el principal sospechoso.

Más allá del atractivo de la historia planteada por Malet (todo un maestro del polar) en el que tan importante son intriga como la ironía desplegada en el desarrollo de la trama y el tratamiento de los personajes, la obra es interesante por el tratamiento que le da un Jacques Tardi especialmente inspirado a la hora de reflejar los recuerdos inconexos y las pesadillas que sufre Burma en los que radican las claves de un misterio en el que se entremezclan extraños payasos que regentan bares, polis corruptos y antiguos resistentes con ganas de venganza. A raíz del desarrollo lineal (inicio-nudo-desenlace) sobre el que se asienta la narración de la historia organizada en tres capítulos diferenciados, Tardi va incorporando viñetas en rojo como flashes de los recuerdos del desmemoriado Burma víctima del resacón al tiempo que desordena la composición clásica de página.

Al tratarse de una adaptación literaria, quizás Tardi abuse en ocasiones demasiado de las cartelas y los cuadros explicativos (por suerte excelentemente traducidos por ese gran conocedor del género que es Sánchez Abuli) pero, a pesar de ello, demuestra una vez más su especial talento para la narración gráfica y su fascinación constante por la ciudad de París aun cuando en esta ocasión la acción se traslade de los bulevares a un suburbio de las afueras. Por otro lado, la historia cuenta además con la curiosidad de ser la única de la serie de Néstor Burma en que opta por el uso del color alejándose de los grises habituales quizás precisamente para lograr el efecto más arriba descrito.

En definitiva, “Una resaca de cuidado” es un tebeo entretenido con un desarrollo más complejo del que pueda parecer en una primera lectura en el que Tardi consigue eficazmente trasladar al lenguaje del cómic una trama negra clásica quizás menos elaborada y más artificiosa que otras entregas de la misma serie. Recomendable para aquéllos con conocimientos previos de los universos de Tardi y Léo Málet.

Mujeres de Papel: Modesty Blaise, de Badia Romero.

Entre las Mujeres de Papel que poblaron nuestros sueños una de las que brilla con luz propia una de las más atractivas es Modesty Blaise, la sensual y desmemoriada ladrona de guante blanco creada por los ingleses Peter O’Donnell y Jim Holdaway. Sin desmerecer la versión de Holdaway quién mejor entendió el personaje y lo encumbró fue el español Enric Badia Romero que, a la muerte de aquél, se hizo cargo de la tira de prensa junto a O’Donnell.

La Modesty de Romero es más rotunda y salvaje que la de Holdaway enamorando como la Gioconda a través de una enigmática mirada que promete secretos no desvelados y un cuerpo adiestrado para todo tipo de acción, convirtiéndose en todo un icono popular y uno de los grandes personajes del cómic europeo 45 años después de su nacimiento.










miércoles, 9 de febrero de 2011

Trailer de “Captain America: The first Avenger”.

Entre los anuncios que echan en la Superbowl esa que tanto pirra a los yanquis nos han adelantado los primeros treinta segundos de la adaptación cinematográfica del “Capitán América” que se estrenará a lo largo del año.

A lo mejor es que estoy desganado o me he hecho mayor pero la cosa me parece más bien sosa con ese Capitán tan a lo Bryan Hitch. ¿Chris Evans? De momento, mucho músculo y poca letra, o sea que bien.

“El Pequeño Christian”, de Blutch.


He disfrutado como un enano –y valga la redundancia- de la lectura de “El pequeño Christian”, la última obra publicada en España por Norma Editorial de ese errático e irregular talento que es el francés Blutch, un integral en el que se recogen los dos álbumes que componen la serie publicados originalmente con una diferencia de casi una década lo que permite, además, seguir la progresión del autor durante ese lapso de tiempo a lo largo de una obra que recibió el Gran Premio de Angòuleme 2009, en el que refleja con acierto su infancia de niño del “Baby Boom” de finales de los sensenta.

Christian es un niño pequeño y vivaz que de mayor quiere ser cauboi, no siente demasiado interés por las chicas y anda obsesionado por las películas que ve en la tele, los amigos y los tebeos, sin distinguir demasiado bien entre realidad y fantasía. Conforme Christian va convirtiéndose en un adolescente, su visión de las chicas irá cambiando, enamorándose de la hija de unos amigos de sus padres a través de una relación epistolar tan apasionada e irreal como solo pueden serlo las adolescentes.

Nadie puede negar que Crhistian Hincker –Blutch- es un gran narrador dotado de un dibujo enérgico y personal como hay muy pocos actualmente en la BD. Sin embargo, a través de su obra en ocasiones demasiado críptica e intelectualizada se pierde en laberintos en los que es difícil seguirle, siendo probablemente sus obras más logradas aquellas en las que alejadas de planteamientos tan ambiciosos busca enfoques más sencillos y atractivos. A este segundo grupo se corresponde “El pequeño Christian” probablemente su obra que mejor aúna fondo y forma que cuenta con la ventaja envenenada de estar dirigida a un público potencial que ha vivido las mismas y parecidas experiencias. De este modo, es difícil no dejarse cautivar por la facilidad con que el alsaciano despliega su arsenal de habilidades para no caer en la condescendencia ni la idealización del que trata sobre sus experiencias y ser capaz de moverse en el fino alambre que describe la infancia como una etapa de la vida que aúna ingenuidad y picardía, inocencia y crueldad como probablemente ninguna otra.

Blutch no es original y ni falta que hace porque acercamientos parecidos al mundo de la infancia son frecuentes en el Cómic, rico en este tipo de obras – “Peanuts”, “Mafalda”, “El pequeño Nicolás”, “Calvin&Hobbes” o “Buen Tiempo” son los primeros que me vienen a la cabeza- pero Blutch como Joe Matt parte de la ventaja de ser el protagonista en primera persona de su propia historia, mostrando un enfoque fresco, mordaz y tierno al que resulta difícil resistirse. Blutch se esfuerza en mostrar la comicidad de la infancia descubriéndose como un autor especialmente dotado para el gag– no en vano se inició en la satírica “Fluide Glacial”- sacando partido a su enérgico y expresivo dibujo en las distintas historias en que a modo de capítulos se organizan los dos álbumes, notándose además la evolución entre uno y otro como, por ejemplo, el uso del color en el segundo álbum (aunque a mí me guste más el primero en el que saca un gran partido a sustituir la figura del personaje por sus héroes para reflejar la visión de sí mismo).

Me queda la duda de la capacidad de la obra para conectar con las generaciones posteriores que no estén tan familiarizadas con las costumbres y los referentes que Blutch maneja pero creo que a pesar de ello su humorístico tratamiento y un inteligente enfoque que le lleva a reírse de si mismo son suficiente acicate como para agradar a cualquiera (y las notas que Norma añade al final de la obra tampoco vienen nada mal).

En fin, “El pequeño Christian” es un tebeo inteligente, divertido y adictivo en el que Blutch sin despeinarse da buena muestra de su enorme talento antes de acometer molinos de viento posteriores. Un pequeño gran tebeo.