Como parece que las editoriales están cogiendo últimamente carrerila en la publicación de la obra de The Dean no estaría de más que alguna se animase a reunir estas historias cortas en un álbum.


















Nueva película de ciencia ficción habemus que alguno ya compara por ahí con “District
(Vía: EntreCómics)
He disfrutado como un enano reencontrándome durante el veraneo con las aventuras de “Epicuro, el Sabio” que en su momento publicara de modo incompleto Zinco y que con buen ojo ha sabido recuperar Norma Editorial en un cuidado volumen. Quizás este “Epicuro”- junto a “Gregory” de Mark Hempell o “Yo odio Saturno”, de Kyle Baker- sean las obras más representativas de aquel experimento editorial que a finales de los ochenta intentó DC de acercarse a un público adulto y alternativo llamado Pirannha Press y que con el tiempo acabaría cuajando en el sello Vertigo, mucho más comercial y mucho menos arriesgado.


Kieth parte de referencias de grandes del dibujo caricaturesco norteamericano como Wally Wood o Sergio Aragonés pero logra un estilo dinámico, personal y fácilmente reconocible que en las historias de “Epicuro” se acerca más a grandes del cómic europeo como Franquin y, sobre todo, Albert Uderzo y René Goscinny siendo quizás “Asterix” la principal referencia de Kieth y Messner-Loebs para su “Epicuro, el Sabio”.
Finalmente, la elegida para interpretar a la Reina Blanca en la próxima película de mutantes “X-Men: First Class” de Matthew Vaughn no va a ser la pizpireta Alice Eve, sino January Jones, una actriz y modelo también de corta trayectoria pero cuyo físico creo que se adecua bastante más al de la Enma Frost de los cómics y se parece más a las candidatas que yo proponía. 



Leo en un breve de La Cárcel de Papel que se prepara una nueva movida reivindicativa del tebeo consistente en que saquemos los tebeos/cómics a las calles el próximo día 28 de Agosto y nos dediquemos a leer en lugares públicos. Ampliando la noticia me han ganado por dos motivos: por la imagen de la Anita Pallenberg acunando ese ejemplar manoseado de “La isla negra” con insolente desparpajo que me ha conmovido en lo profundo y porque la fecha en cuestión es el aniversario del nacimiento de Kirby y eso de por sí hace el día destacable para cualquier aficionado.





Me hago eco de la triste noticia de la muerte de Fernando Fernández, autor de referencia y uno de los primeros introductores en España de un estilo pictórico en el cómic que descubrió a muchos – a mí de peque, por ejemplo- que se podían dibujar cómics como si fueran carteles de cine (sí, jóvenes, hubo una época no tan lejana en que las películas se anunciaban con enormes carteles que cogían todas las fachadas) en tebeos como “Historias del Cuerpo Humano”. Durante demasiado tiempo desconocido para los más jóvenes debido a que dejó el mundo del cómic por problemas de salud para volcarse en la pintura, Glénat ha realizado en los últimos años una buena labor recuperando buena parte de sus obras más conocidas – “Zora y los Cibernautas”, “Drácula”, “La leyenda de las Cuatro Sombras” o sus "Memorías Ilustradas".


Pues eso, que a todos por fin nos va tocando descansar y me voy unos días a remojarme en la playa con la familia y cambiar de aires un poquito que falta me hace. Aunque todos habéis sido muy buenos y os merecéis unas vacaciones sin deberes me gustaría dejaros unas preguntas sobre las que llevo meditando unos días a ver qué pensáis vosotros:
¿No es paradójico que en el momento en que más variedad de cómics se están publicando de todo tipo, género y condición (¡ Si este año se ha publicado hasta el “Cerebus” y acaba de aparecer “Julieta Jones”!...), menos dinero tengamos los aficionados para dedicarle a nuestra afición?¿Es una señal positiva o negativa tanta sobreabundancia de oferta?¿Dónde creéis que está el fallo si lo hay?
Hala, a pensar y a compartir vuestras ideas. A la vuelta nos leemos y paso lista.
Sigo repasando tebeos antiguos y le ha tocado turno a “Zoo-Las aventuras de Tristán Karma”, álbum editado hace ya muchos añitos por Norma Editorial recopilando las aventuras protagonizadas por Tristán Karma aparecidas en la revista “Cimoc” y que merecería una reedición similar a la que hace poco ha disfrutado otra obra del mismo autor “Versus”.
Tristán Karma se desenvuelve en un mundo futurista peculiar de línea clara en el que se convierte en testigo mudo –el personaje no habla- de originales aventuras en las que un Beroy en solitario e inspirado mezcla distintos elementos de ecologismo atemperado, cinematofagia, ciencia ficción y terror. 
Historias protagonizadas por panteras que se convierten en mujeres cuando pierden su suave abrigo e historias de científicos que descubren cómo comunicarse con las ballenas a través de oscuras leyendas vikingas, leyendas urbanas de desperdicios tóxicos abandonados que provocan terribles mutaciones y representaciones de titiritero sobre las que sobrevuela el pájaro de la muerte.
Beroy se mueve como un pez en el agua en este ecléctico álbum en el que mezcla todo tipo de referencias y lugares con habilidad y que hunden sus raíces en la fascinación por películas como “La Mujer Pantera” de Jacques Tourneaur o los entrañables títulos de Serie B norteamericana de los Cincuenta con sus insectos gigantes mutados por la radioactividad.
Precisamente, al igual que el cine de Tourneur, el dibujo de Beroy sintetiza muchas de sus características con un marcado gusto por la concisión narrativa centrándose en los hechos principales y en la expresividad y vitalismo con que retrata a los personajes desarrollando unas historias fluidas, vistosas y llenas de matices.
Beroy en este álbum muestra su conocimiento de grandes autores de la línea clara, como Chaland, o su compañero de generación Daniel Torres con su “Roco Vargas” pero Beroy es capaz de no emular a nadie a la hora de ambientar su propio mundo retro y futurista en el que la ambientación y el personaje protagonista, Tristán Karma, mero testigo u oyente de las historias en las que no tiene una participación directa, no es más que una excusa para dar hilazón al conjunto de las seis historias fantásticas que recoge el álbum y experimentar con nuevos estilos y matices logrando resultados más plásticos y fantasiosos como en la aventura de el cuervo.
En definitiva, la relectura de “Zoo-Las aventuras de Tristán Karma" sigue siendo tan agradable como hace años y su vigencia se mantiene tan intacta como en el momento de su primera publicación en revista. Esperemos que merced a una pronta reedición estas historias no se pierdan y continúen siendo plenamente accesibles a nuevos lectores o que Beroy decida darle una continuación pasados los años (aunque leyendo sobre sus malas experiencias pasadas quizás no le apetezca). Ojalá se anime porque estoy seguro que Beroy tiene todavía mucho que ofrecernos.
Otros tebeos de J.M Beroy comentados en El lector impaciente:
“Versus”.

Sanderson: Si actualmente guionizases a Lobezno, ¿volverías a hacer que tuviese ese temperamento imprevisible?
Byrne: ¡Por supuesto! Probablemente no podría hacerlo hoy en día, porque como ya sabes, intento someterme a las reglas. Y si los personajes se han alejado demasiado de la idea que tenía sobre ellos o de cómo deberían ser, tiendo a evitar el tener que hacerlos. Así que como Lobezno y el resto de X-Men realmente están bastante alejados de esos personajes que yo conocía, probablemente ni los cogería, aunque tuviese la opción de hacerlo.
(Frog2000 acaba de publicar la segunda parte (de 3) de su traducción de una extensa entrevista realizada en 2004 por Peter Sanderson a John Byrne y Chris Claremont y que podéis leer aquí y aquí. No tiene desperdicio).

La Literatura está llena de localidades imaginados por su autor que trascienden las limitaciones de la obra en que aparecieron y adquieren una entidad universal hasta ser confundidos por muchos casi con sitios con una localización geográfica real. Desde Baratalia hasta Utopía, pasando por Macondo, Región, Yoknapatawpha, Shangri-La, o Walden Dos, la Literatura es fecunda en crear estos rincones imaginarios, pero el Cómic no se ha quedado atrás y ahí están rincones tan sugerentes a los que retirarse en vacaciones como Coconino, Attilan o Palomar, lugares que merece la pena descubrir y a los que se une el que da título a la historia de Dylan Horrocks editada hace ya unos años por De Ponent y recientemente reeditada por Astiberri en una cuidada edición que incluye una nueva introducción del autor, "Hicksville".
Indagando acerca de los oscuros orígenes de Dick Burger, la mayor estrella mundial de la industria del cómic de los últimos años para escribir su biografía, Leonard Batts, crítico de cómics, llega hasta su lugar de nacimiento Hicksville, un pueblecito aislado en la inmensidad de Nueva Zelanda aparentemente tan tranquilo y aburrido como cualquier otro pueblecito aislado de la inmensidad de Nueva Zelanda. Sin embargo, nuestro protagonista pronto descubrirá que Hicksville tiene sorprendentes peculiaridades, como que en ese pequeño lugar todo el mundo ama, lee y es aficionado a los tebeos hasta límites insospechados y que, además, los extravagantes lugareños no parecen sentir ninguna simpatía hacia Burger. Poco a poco, conforme va conociendo más profundamente a los peculiares habitantes de Hicksville y sus historias, Batts irá conociendo los motivos de la animadversión del pueblo hacia su hijo más famoso y los sorprendentes secretos que en él se encierran.Para mí, “Hicksville” es ante todo una toma de posicionamientos. La del neozelandés Dylan Horrocks frente a la industria del cómic en la que se antepone el mero beneficio económico a la libertad creativa y una metáfora de los peligros que corre cualquier autor de traicionarse a sí mismo en pos del éxito a cualquier precio hasta el punto de perder la conexión con la realidad y la propia identidad. Horrocks tiene un mensaje moralizante que mostrar y lo hace con pasión, determinación y sensibilidad reinventando parte de la historia del medio a partir de experiencias que no se le escaparán al iniciado y reivindicando el sencillo placer esencial del mero disfrute del proceso creativo en el hecho de compartirlo con los demás. Horrocks centra todas las bondades de su mensaje en un pueblo perdido de una encrucijada imaginada Hicksville, una localidad con ecos borgianos, en la que todos sus habitantes –menos uno- son buenas personas, disfrutan de los tebeos y son guardianes de la quintaesencia de la creatividad obviando los cantos de sirena y las obligaciones del mundo material, convirtiéndose así para el lector aficionado a los cómics en una especie de paraíso terrenal al que le gustaría irse de vacaciones.

Horrocks tiene múltiples influencias pero más allá de la ya mencionada a Borgés es patente también la influencia de los Jaime y Beto Hernández aun cuando Horrocks, que no es un dibujante brillante, pero sí un magnífico narrador conocedor de los distintos ritmos de los géneros de la historieta desarrollando una historia-compendio poderosa en evocaciones y comprensible y accesible aun para aquellos que no sean expertos en la historia del cómics.
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