



Aquí la noticia junto a otros actores que completan el reparto.
(Gracias, Akbarr ;-D).
Pues eso, que a todos por fin nos va tocando descansar y me voy unos días a remojarme en la playa con la familia y cambiar de aires un poquito que falta me hace. Aunque todos habéis sido muy buenos y os merecéis unas vacaciones sin deberes me gustaría dejaros unas preguntas sobre las que llevo meditando unos días a ver qué pensáis vosotros:
¿No es paradójico que en el momento en que más variedad de cómics se están publicando de todo tipo, género y condición (¡ Si este año se ha publicado hasta el “Cerebus” y acaba de aparecer “Julieta Jones”!...), menos dinero tengamos los aficionados para dedicarle a nuestra afición?¿Es una señal positiva o negativa tanta sobreabundancia de oferta?¿Dónde creéis que está el fallo si lo hay?
Hala, a pensar y a compartir vuestras ideas. A la vuelta nos leemos y paso lista.
Sigo repasando tebeos antiguos y le ha tocado turno a “Zoo-Las aventuras de Tristán Karma”, álbum editado hace ya muchos añitos por Norma Editorial recopilando las aventuras protagonizadas por Tristán Karma aparecidas en la revista “Cimoc” y que merecería una reedición similar a la que hace poco ha disfrutado otra obra del mismo autor “Versus”.
Tristán Karma se desenvuelve en un mundo futurista peculiar de línea clara en el que se convierte en testigo mudo –el personaje no habla- de originales aventuras en las que un Beroy en solitario e inspirado mezcla distintos elementos de ecologismo atemperado, cinematofagia, ciencia ficción y terror.
Historias protagonizadas por panteras que se convierten en mujeres cuando pierden su suave abrigo e historias de científicos que descubren cómo comunicarse con las ballenas a través de oscuras leyendas vikingas, leyendas urbanas de desperdicios tóxicos abandonados que provocan terribles mutaciones y representaciones de titiritero sobre las que sobrevuela el pájaro de la muerte.
Beroy se mueve como un pez en el agua en este ecléctico álbum en el que mezcla todo tipo de referencias y lugares con habilidad y que hunden sus raíces en la fascinación por películas como “La Mujer Pantera” de Jacques Tourneaur o los entrañables títulos de Serie B norteamericana de los Cincuenta con sus insectos gigantes mutados por la radioactividad.
Precisamente, al igual que el cine de Tourneur, el dibujo de Beroy sintetiza muchas de sus características con un marcado gusto por la concisión narrativa centrándose en los hechos principales y en la expresividad y vitalismo con que retrata a los personajes desarrollando unas historias fluidas, vistosas y llenas de matices.
Beroy en este álbum muestra su conocimiento de grandes autores de la línea clara, como Chaland, o su compañero de generación Daniel Torres con su “Roco Vargas” pero Beroy es capaz de no emular a nadie a la hora de ambientar su propio mundo retro y futurista en el que la ambientación y el personaje protagonista, Tristán Karma, mero testigo u oyente de las historias en las que no tiene una participación directa, no es más que una excusa para dar hilazón al conjunto de las seis historias fantásticas que recoge el álbum y experimentar con nuevos estilos y matices logrando resultados más plásticos y fantasiosos como en la aventura de el cuervo.
En definitiva, la relectura de “Zoo-Las aventuras de Tristán Karma" sigue siendo tan agradable como hace años y su vigencia se mantiene tan intacta como en el momento de su primera publicación en revista. Esperemos que merced a una pronta reedición estas historias no se pierdan y continúen siendo plenamente accesibles a nuevos lectores o que Beroy decida darle una continuación pasados los años (aunque leyendo sobre sus malas experiencias pasadas quizás no le apetezca). Ojalá se anime porque estoy seguro que Beroy tiene todavía mucho que ofrecernos.
Otros tebeos de J.M Beroy comentados en El lector impaciente:
“Versus”.
Sanderson: Si actualmente guionizases a Lobezno, ¿volverías a hacer que tuviese ese temperamento imprevisible?
Byrne: ¡Por supuesto! Probablemente no podría hacerlo hoy en día, porque como ya sabes, intento someterme a las reglas. Y si los personajes se han alejado demasiado de la idea que tenía sobre ellos o de cómo deberían ser, tiendo a evitar el tener que hacerlos. Así que como Lobezno y el resto de X-Men realmente están bastante alejados de esos personajes que yo conocía, probablemente ni los cogería, aunque tuviese la opción de hacerlo.
(Frog2000 acaba de publicar la segunda parte (de 3) de su traducción de una extensa entrevista realizada en 2004 por Peter Sanderson a John Byrne y Chris Claremont y que podéis leer aquí y aquí. No tiene desperdicio).
La Literatura está llena de localidades imaginados por su autor que trascienden las limitaciones de la obra en que aparecieron y adquieren una entidad universal hasta ser confundidos por muchos casi con sitios con una localización geográfica real. Desde Baratalia hasta Utopía, pasando por Macondo, Región, Yoknapatawpha, Shangri-La, o Walden Dos, la Literatura es fecunda en crear estos rincones imaginarios, pero el Cómic no se ha quedado atrás y ahí están rincones tan sugerentes a los que retirarse en vacaciones como Coconino, Attilan o Palomar, lugares que merece la pena descubrir y a los que se une el que da título a la historia de Dylan Horrocks editada hace ya unos años por De Ponent y recientemente reeditada por Astiberri en una cuidada edición que incluye una nueva introducción del autor, "Hicksville".
Indagando acerca de los oscuros orígenes de Dick Burger, la mayor estrella mundial de la industria del cómic de los últimos años para escribir su biografía, Leonard Batts, crítico de cómics, llega hasta su lugar de nacimiento Hicksville, un pueblecito aislado en la inmensidad de Nueva Zelanda aparentemente tan tranquilo y aburrido como cualquier otro pueblecito aislado de la inmensidad de Nueva Zelanda. Sin embargo, nuestro protagonista pronto descubrirá que Hicksville tiene sorprendentes peculiaridades, como que en ese pequeño lugar todo el mundo ama, lee y es aficionado a los tebeos hasta límites insospechados y que, además, los extravagantes lugareños no parecen sentir ninguna simpatía hacia Burger. Poco a poco, conforme va conociendo más profundamente a los peculiares habitantes de Hicksville y sus historias, Batts irá conociendo los motivos de la animadversión del pueblo hacia su hijo más famoso y los sorprendentes secretos que en él se encierran.Para mí, “Hicksville” es ante todo una toma de posicionamientos. La del neozelandés Dylan Horrocks frente a la industria del cómic en la que se antepone el mero beneficio económico a la libertad creativa y una metáfora de los peligros que corre cualquier autor de traicionarse a sí mismo en pos del éxito a cualquier precio hasta el punto de perder la conexión con la realidad y la propia identidad. Horrocks tiene un mensaje moralizante que mostrar y lo hace con pasión, determinación y sensibilidad reinventando parte de la historia del medio a partir de experiencias que no se le escaparán al iniciado y reivindicando el sencillo placer esencial del mero disfrute del proceso creativo en el hecho de compartirlo con los demás. Horrocks centra todas las bondades de su mensaje en un pueblo perdido de una encrucijada imaginada Hicksville, una localidad con ecos borgianos, en la que todos sus habitantes –menos uno- son buenas personas, disfrutan de los tebeos y son guardianes de la quintaesencia de la creatividad obviando los cantos de sirena y las obligaciones del mundo material, convirtiéndose así para el lector aficionado a los cómics en una especie de paraíso terrenal al que le gustaría irse de vacaciones.
Uno de los protagonistas de este cómic de Jason le pregunta al otro “¿Qué hora es?”, recibiendo por respuesta “Verano”. Quizás no os acordéis pero este diálogo refleja con una perfección absoluta el lento trasnscurrir del tiempo durante los veranos de la infancia en la que el tiempo parecía transcurrir más lentamente y la mayor libertad no necesariamente suponía más diversión durante las largas tardes de agosto.
Ese es el punto de partida de este excelente cómic del noruego Jason publicado ya hace unos años por su editorial habitual en España, Astiberri. Jason retrata a la perfección el mundo de la infancia aunque este acercamiento no sea más que la excusa para reflejar una historia adulta mucho más cruel, dura y amarga, la de dos amigos que durante el verano se dedican a vivir todo tipo de experiencias infantiles – juegos, travesuras, primeros amores, líos con abusones…-, experiencias y situaciones que a raíz de un hecho traumático marcarán de por vida a uno de ellos.
Jason juega a la ambigüedad en esta historia del 2003 en la que a través de un efectivo uso del blanco y negro y la composición de página 3x2 ya mostraba un talento fuera de lo común como narrador gráfico para dirigir al lector a través de la historia mediante una composición neutra y fría de la que cada lector ha de sacar sus propias conclusiones y construir su historia en una obra organizada en dos partes muy diferenciadas que se desarrollan en lapsos temporales distintos a partir del punto de inflexión que marca una tragedia que marca la vida del protagonista.
Jason en esta historia, como en la mayoría de su obra,no prescinde de referentes cinematográficos, en este caso la manida “Cuenta Conmigo” a la hora de reflejar la amistad infantil pero se aleja de la tópica y agradecida mirada nostálgica que puede encontrarse en otros cómics con un similar punto de partida como el “Buen Tiempo” de Joe Matt marcada por la activación en el lector de experiencias comunes para mostrar por un lado un reflejo poco idealizado de la infancia, de sus miedos y su ingenuidad, sus crueldades y sus franquezas, inspirado en un maestro que dedicó toda su vida a retratarlas, el gran Schultz y su “Peanuts”; y, por otro, centrarse en la historia adulta de soledad y desarraigo que le interesa mostrar, la del adulto traumatizado y solitario incapaz de superar las consecuencias de sus actos de juventud.
Jason mantiene un frío distanciamiento respecto a sus personajes asumiendo la posición de narrador neutral y distante para que sea cada lector el encargado de dotar a la historia del sentimiento y los matices que más le inspiren – simpatía, compasión, tristeza, lástima, una mezcla incierta…- para rellenar los huecos entre las viñetas y las pausas sabiamente intercaladas para completar los significados de una historia profundamente humana que difíclmente deja indiferente.
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