viernes, 21 de octubre de 2011

El fin de ETA (en viñetas).

Sensaciones contradictorias ha provocado el comunicado de ETA, pero Vergara, Forges y Manel Fontdevila son los que mejor han sabido resumir las mías. Ojalá que sí sea un episodio histórico.

Glénat y las nuevas formas.

Joan Navarro, editor y copropietario de la nueva Glénat, anuncia en su blog que van a publicar “Los Mercenarios” de Carrillo, joyita olvidada del cómic patrio que sin duda merece ser recuperada.

Con ser esa noticia por sí sola destacable, me parece mucho más la iniciativa insólita que ha tenido Joan Navarro de solicitar la opinión a todos los potenciales interesados por esta obra sobre cuál es el formato más adecuado de publicación y qué obras otras obras clásicas nos gustaría ver recuperadas.

No sé si la cosa será solo un canto al sol y luego Navarro hará lo que quiera en función de sus posibilidades, pero de por sí es un detalle la consulta ya que si finalmente los que compramos estos tebeos históricos somos cuatro gatos que al menos los cuatro gatos quedemos lo más satisfechos posibles con las condiciones de edición. Y es que si como parece se acaba imponiendo el cómic virtual para las tablet, móviles y PCs, quizás la única opción de supervivencia de los tebeos de papel sean ediciones personalizadas –y, sí, de lujo- para aquellos que se las puedan permitir, pidiendo opinión a los potenciales lectores. Vamos, tebeos "de encargo".

Casi con toda seguridad, Glénat y Navarro están dándonos la última oportunidad de ver publicadas en condiciones obras selectas de autores imprescindibles del cómic hispano. Si es así, que sea, por tanto, en ediciones y formatos resistentes y dignos.

Yo ya he dejado mi opinión y mi carta a los Reyes Magos. Vosotros, si queréis, podéis hacerlo aquí.

jueves, 20 de octubre de 2011

Esteban Maroto y la censura.

"La censura en España me causaba estupor. Censuraban las imágenes, los desnudos, las mujeres, la violencia. Pero había bastante margen para introducir ideas. Siempre he pensado que no se leían los guiones muy a fondo. Y además, consideraban la historieta un subproducto cultural destinado a los niños o a un público con un coeficiente intelectual muy bajo. Todavía hoy, muchos denominados “intelectuales exquisitos” miran con desprecio esta profesión, y esto no sólo ocurre en España, con algunos matices: pasa también en el resto del mundo."

(Un extracto de la estupenda entrevista realizada por Toni Boix al gran Esteban Maroto para Zona Negativa y que podéis leer completa aquí. No tiene desperdicio).

“Durango 4”, de Yves Swolfs.

Durango, con su mirada glacial y su mauser alemana, es uno de los pistoleros más duros que ha dado el Western en viñetas europeo como ha quedado reflejado en cada uno de los integrales en los que Planeta ha ido recopilando la serie de Yves Swolfs. Pero es probablemente en esta cuarta, y de momento última, entrega publicada hace ya algún tiempo y que recoge los álbumes “La presa de los Chacales”, “Colorado” y “La Heredera” en la que Swolfs nos ofrecealgunas de las que en mi opinión han sido sus mejores historias de este duro pistolero en unos tebeos tan primorosamente dibujados como siempre a los que incorpora unas brillantes historias de género que satisfarán las delicias de cualquier aficionado al Western.

En “La Presa de los Chacales”, Swolfs trata el tema del tráfico de sqwaks cuando Durango decide ayudar a un joven indio a buscar a su prometida raptada por una red de tráfico de indias (o de blancas…) que opera a ambos lados de la frontera.

Los otros dos álbumes que completan el volumen, “Colorado” y “La Heredera”, forman una aventura única que para mí es la más conseguida de las que componen la serie. Durango es contratado por un misterioso cliente para acudir a Nortonville para acabar con Maxwell, el taimado y corrupto sheriff que es la mano derecha del cacique local. Haciéndose pasar por uno de los matones de Maxwell, Durango tomará contacto con la explosiva situación que se vive en la ciudad donde los mineros intentan organizarse en un sindicato para plantarle cara a Norton, mientras un agente federal investiga de incógnito los crímenes de Maxwell.

Swolfs, con su primoroso y detallista trazo, plantea unas entretenidísimas aventuras que suelen concluir con una auténtica ensalada de tiros (paw paw paw) de la que Durango suele salir generalmente indemne. Respecto a las efectivas, sencillas y tópicas tramas habituales, en “Colorado” y “La HerederaSwolfs plantea con éxito un argumento algo más complejo y un elenco de personajes más variado y desarrollado que enriquecen la, sí, tópica y efectiva trama con excelentes resultados. Y es que Swolfs no prentende en ningún caso sorprender ni renovar el género sino atenerse a sus convenciones garantizando un rato entretenido con aventuras atemporales primorosamente dibujadas en las que el autor demuestra un cuidado detalle en la traslación de los entornos y localizaciones yuna más que correcta fluidez narrativa.

La edición de Planeta me produce sentimientos contradictorios. Por un lado, el tamaño reducido no me agrada –aunque también es cierto que el dibujo de Swolfs no sufre demasiado- pero, por otro, pienso que difícilmente habríamos visto esta serie publicada en España de nuevo si no hubiese sido con una edición de estas características a un precio, por otro lado, bastante competitivo... Que cada cuál decida si le interesa o no, yo solo espero que los de Planeta se decidan pronto a publicar el quinto integral que concluiría la estupenda serie y que no se les ocurra hacernos la jugarreta que realizase Glénat con “El Príncipe de la Noche”.

miércoles, 19 de octubre de 2011

John Byrne y el Terror en los Superhéroes.

Hoy me apetece retomar el tema de John Byrne ese autor de cómics de superhéroes tan pasado de moda y que ya casi nadie recuerda aunque dejara algunos cómics –de superhéroes- dignos de no ser olvidados. A estas alturas, no voy a descubrir a ningún aficionado que una de las grandes influencias de Byrne es la Ciencia Ficción que, de un modo u otro, está presente en la mayoría de sus cómics pero Byrne demostró al menos en un par de ocasiones conocer las teclas de otro de los grandes géneros desarrollados en el siglo XX, el Terror, adaptando perfectamente sus convenciones a los cómics de superhéroes.


Vamos a reivindicar esos dos tebeos desarrollados precisamente en las dos grandes compañías mainstream, Marvel y DC, en la década de los ochenta.

En el número 32 del primer volumen de “Los 4 Fantásticos” (publicado cuando Planeta era todavía Comics Forum), se publicó el Anual 17 de “Fantastic Four” (1983) “¡Legado del ayer!”, una impactante historia que entronca directamente con las pelis de monstruos e invasiones aliens de serie B.

A la novia del momento del cerillita, Sharon Shelleck, el coche la deja tirada en medio de Oklahoma teniendo que acudir a pedir ayuda a uno de esos bucólicos pueblecitos de okkies entrañables de la América profunda. Poco a poco, Sharon irá descubriendo que los, en principio, amables lugareños no lo son tanto y prefieren que se quede con ellos. Una llamada de socorro interrumpida pondrá tras la pista de Sharon a los 4F quienes acabarán descubriendo que son los culpables del horror que ha invadido el lugar.

Byrne, en uno de sus mejores momentos de los 4F, construye a partir del final ocurrente e intrascendente del episodio que sirvió de presentación a los skrulls obra de la genialidad de Lee y Kirby una entretenida historia de terror que evoca películas como “La invasión de los ladrones de cuerpos” (y su “remake” “La invasión de los ultracuerpos”) o la “Psicosis” hitchcockiana en la que el personaje de Sharon interpreta a la perfección el rol de scream lady protagonizando la mayor parte del tebeo hasta que los 4F llegan al rescate y resuelven el misterio oculto insertando de paso brillantemente la historia en la propia continuidad y tradición del cuarteto fantástico en una magistral jugada en un guiño más al cine de terror de la Guerra Fría convirtiendo un elemento tan inofensivo como la leche en la pieza clave de transmisión del mal.

La otra gran obra de terror superheroico realizada por Byrne es "Skeeter" publicada en su día por Ediciones Zinco y originalmente en el “Action Comics Annual 1” de 1987, guionizada por el propio Byrne y dibujado por un inspirado Arthur Adams, siendo los protagonistas los dos grandes iconos de DC, Superman y Batman.

Byrne sorprende al lector desde el primer momento con una historia de vampiros con ciertas similitudes con la anterior. La localización se traslada en esta ocasión a los pantanos de Louisiana donde asistimos como una bella scream lady escapa de una horda vociferante que la acosa en la noche hasta acabar encontrando refugio en su casa para descubrir que sus padres ya han sido asesinados…Mientras tanto, persiguiendo a un asesino múltiple Batman llega a un pueblecito de Louisiana donde los vecinos andan atemorizados por la presencia de vampiros teniendo que recurrir a Superman para hacerles frente sin que ninguno de los dos sospeche que forman parte de un minucioso plan de venganza ideado mucho tiempo atrás.

Byrne da buena muestra de cómo construir una historia de superhéroes incorporando elementos de terror en este “Skeeter”, una historia con reminiscencias del maestro King y de nuevo la "Psicosis" de Hitchock, en la que las sorpresas son constantes. El gran Arthur Adams, entintado por Dick Giordano, realiza quizás uno de sus mejores trabajos desarrollando esta brillante historia de terror.

Dos tebeos olvidados de superhéroes entretenidos, inteligentes y bien planteados, desarrollados con una exquisitez gráfica que ya no se estila. Tebeos que logran perfectamente su objetivo de evasión resistiendo el paso del tiempo convertidos en auténticos clásicos realizados por un autor que desgraciadamente ha quedado arrinconado por una industria que parece ir por otros derroteros. ¿Se reeditarán alguna vez? Ni idea.

Mas tebeos de superhéroes con vampiros, aquí.

martes, 18 de octubre de 2011

“Joe, El Bárbaro”, de Sean Murphy y Grant Morrison.

¿Os imagináis que a David Cronenberg le diese por dirigir la continuación de “Dentro del Laberinto”? Pues una cosa así pensé yo cuando terminé el otro día de leer la última obra de Grant Morrison, “Joe, El Bárbaro”, una miniserie de ocho números del sello Vertigo que Planeta acaba de publicar en un tomo bastante apañado.

Joe, El Bárbaro” parte de una premisa interesante: Joe, un adolescente introvertido y diabético, que acaba de perder a su padre militar y cuya madre está a punto de perder la casa en la que viven, sufre un shock hipoglucémico estando solo en su casa el día en que una tormenta ha causado un apagón. Oscilando entre la realidad y las fantasías que le provoca la bajada de azúcar, Joe se convierte en el único capaz de salvar los dos mundos que conviven en su casa.

Grant Morrison se adentra en los terrenos de la fantasía con un tebeo "para todos los públicos" rico en referentes pero romo de la mordiente que generalmente le caracteriza y que tanto nos gusta a sus admiradores. Y es que uno que conoció más o menos a la edad del personaje protagonista de este cómic –y, por extensión, del público potencial al que se supone va dirigido- el trabajo de Morrison en tebeos como la “Doom Patrol” no entiende muy bien la necesidad de ofrecer historias tan edulcoradas a la muchachada. Será el signo de los tiempos.

No se puede negar que sea un tebeo de su autor en la que este deja impronta de su obsesión por las realidades paralelas y las múltiples referencias populares pero esta vez todo el entramado está encauzado hacia el fantástico más superficial ya que es el que maneja un chaval de trece o catorce años como el protagonista mientras que la parte de la historia que se desarrolla en el mundo real y presuntamente debería atraer al lector más maduro le sobra quizás melodrama y le falta algo de profundidad (aunque, a medio camino entre los dos mundos, sí que resulta interesante identificar las fantasías que desarrolla el inconsciente traumatizado del chaval protagonista). Morrison se maneja bastante bien en el desarrollo de la trama y las transiciones entre los dos planos pero habituados al cripticismo y lo complejo de sus propuestas, “Joe, el bárbaro” se les antojará a los fieles del escocés que alucinaron con “El Asco”, “Kid Eternity” o “Los Invisibles” un subproducto light, excesivamente sencillo y, sobre todo, abjurarán del “happy end” final.

El aspecto gráfico corre por cuenta de Sean Murphy, un dibujante interesante que ha hecho algunas cosillas para “Hellblazer”. Murphy se beneficia de la colaboración con el colorista Dave Stewart que da profundidad y matices a la facilidad con que Murphy muestra los tópicos estereotipados que maneja Morrison en la obra y, aunque, no sea un narrador excepcional creo que habrá que estar atento a sus próximos trabajos.

En definitiva, “Joe, el bárbaro” es un entretenido (sobre todo si se es aficionado al género fantástico) trabajo menor de Morrison del que probablemente sacarán pingües beneficios autor y editorial si, como es fácilmente previsible, logran vender los derechos para una adaptación cinematográfica para la que parece estar predestinado. Como decía más arriba, el signo de los tiempos.

lunes, 17 de octubre de 2011

“Superman: Identidad Secreta”, de Kurt Busiek y Stuart Immonen.



Estos días que a más de uno se le nota con la depre subida y ya aventura el principio del fin del género superheroico como consecuencia del Reboot de DC (si cada vez que DC monta un mal megaevento que vende un montón y no gusta ni a los aficionados y ni a los críticos se acabase el género este habría sido consumido por la antimateria hace muchos años) se me ha ocurrido rescatar”Superman: Identidad Secreta” miniserie para la línea Elseworld realizada por Kurt Busiek y Stuart Inmonen hace algunos años ya y publicada en tomo por Planeta en España, como ejemplo de un buen tebeo superheroico, comercial e inteligente que demuestra –igual que muchos otros, aunque sean propuestas situadas más en los límites del género- que este no solo no está muerto sino que ha evolucionado para incorporar aparte de una enorme oferta mainstream de tebeos olvidables obras interesantes y que merecen ser destacadas y revindicadas.

Partiendo de una idea aparecida en “DC Comics Presents 87”, Busiek hace una reformulación del concepto clásico de Superman –y por extensión del superhéroe- explicando, a lo largo de los cuatro episodios que forman la miniserie, las distintas problemáticas y evolución que un Superman/Clark Kent de una Tierra sin superhéroes y en la que estos son solo héroes de los cómis afrontaría a lo largo de su vida (adolescencia, juventud, madurez y senectud).

Busiek medita acerca de un viejo concepto del cómic de superhéroes que parece se ha ido perdiendo en los últimos tiempos – o bien los guionistas no han sabido sacarle suficiente partido si exceptuamos quizás a Robert Kirkman en “Invencible”- que es el de la identidad secreta, mostrando como su Clark Kent lucha por mantener el anonimato e intentar llevar una vida normal y protegerse a sí mismo y a su familia (respecto a la que también se plantea mantener el secreto) del villano de la historia que en este caso sería el gobierno.

Busiek, como ya hiciera en otras de sus obras más reconocidas como “Marvels” o “Astro City”, hace participe al lector de su fascinación por la figura del superhéroe clásico aunque en esta ocasión – a diferencia de “Marvels” donde incorporaba un personaje intermedio que era el vehículo de sus meditaciones y fascinaciones- deja que sea el propio protagonista a través de las anotaciones de su diario el que transmita al lector sus pensamientos, preocupaciones, miedos y anhelos en un diálogo directo con el lector. Es curioso como Busiek aprovecha su profundo conocimiento del género superheroico para mostrar unos conflictos a los que se enfrenta su Superman adolescente calcados a los que cuarenta años antes desarrollara Stan Lee y Steve Ditko en “Spiderman” mientras que otras situaciones –como el ocaso del héroe- el propio Busiek se ha encargado de desarrollarlo en “Astro City”. Busiek se preocupa por hacer un superhéroe accesible y humano en el que, al margen de sus hazañas heroicas (que generalmente no tienen trascendencia para el público porque son precisamente secretas) desarrolla una fructífera y exitosa vida personal y laboral de lo más convencional.

En el aspecto gráfico, el canadiense Stuart Immonen realiza un excelente trabajo creando una atmósfera oscura y realista que recuerda a otros autores como Michael Lark, John Paul Leon o Steve Epting que se contrapone con la espectacularidad y luminosidad hueca que suele imperar entre los dibujantes de “Superman” aplicando el color grafico directamente a un minucioso acabado a lápiz. Immonen mima los detalles y las texturas para dar verosimilitud a la historia y que resulte creíble para el lector el que, durante el rato que está leyendo el tebeo,pueda existir en nuestro mundo de no ficción un Superman que secretamente vele por nosotros en algún lugar.

No nos decepcionemos por lo más grueso de la producción superheroica y no creamos que dentro del bosque de una producción industrial que busca la rentabilidad económica casi a cualquier precio no hay árboles capaces de ofrecer muebles de primera calidad que satisfagan al lector más exigente dentro de un género que, como todos, pasará por momentos mejores o peores pero forma parte por derecho propio de nuestras fantasías como especie. A estas alturas, se puede criticar a la industría pero no se puede dudar del potencial del género. Y obras como "Superman: Identidad Secreta" son buena prueba de ello.

domingo, 16 de octubre de 2011

Dave McKean y Paradise Lost.


El genial dibujante e ilustrador británico Dave McKean, aparte de ser conocido por los aficionados al cómic por sus trabajos junto a Neil Gaiman o su obra en solitario “Cages”, es un fecundo portadista de discos y ha colaborado con multitud de grupos y artistas de los más variopintos estilos y características. Poco a poco iré dedicando entradas a todos en esta serie que iniciamos hoy con las portadas que realizó para la banda británica Paradise Lost.

Paradise Lost es una banda de metal formada en 1988 y más (re)conocida fuera de su país que en el mismo y se les consideran uno de los grupos creadores del Metal Gótico. McKean realizó las cubiertas de dos de sus primeros álbumes en 1992 con “Shades of god” y “As I die”. Posteriormente, Paradise Lost ha continuado con su carrera marcada por la experimentación y la innovación lo que ha convertido a la banda en un grupo de culto en los círculos Metal.

Os dejo una actuación en directo del grupo interpretando la que dicen los que saben es una de las mejores canciones incluidas en estos discos, “As I die”:

sábado, 15 de octubre de 2011

Albert Weinberg (1922-2011)


A lo largo de la semana me entero de la muerte el 29 de Septiembre pasado de Albert Weinberg, autor prácticamente desconocido en nuestro país a pesar de ser todo un clásico de la BD, desarrollando series de gran raigambre dentro de la BD más lúdica, bélica y aventurera como “Les aventures de Dan Cooper”, de la que fue creador y llegó a realizar 41 álbumes, o “Buck Danny”, como asistente de Hubinon.

Aquí tenéis una completa reseña sobre su trayectoria.

D.E.P.

viernes, 14 de octubre de 2011

“La Leyenda de las Cuatro Sombras”, de Fernando Fernández y Carlos Trillo.

Imposible no leer de nuevo con un punto melancólico el álbum en que Glénat recuperaba con acierto y esmero hace pocos años esta obra aparecida seriada en los primeros números de “Zona 84”. Y es que todavía está reciente el recuerdo de la desaparición de sus autores –primero, Fernández, y poco después, Trillo- con lo que comprobando de nuevo su enorme talento a través de este trabajo la ausencia se hace más patente.

La Leyenda de las Cuatro Sombras” cuenta la búsqueda de El que Corroe, un embozado ángel caído que ha de hacerse con distintos objetos para recuperar su antiguo poder. Interrumpiendo el aquelarre de unas siniestras brujas para hallar a los que han de acompañarle en su búsqueda: un rey que perdió su reino, un poeta que perdió la inspiración y un sacerdote que perdió la fe en su Dios. Tras reunir a las sombras de los que fueron, El que Corroe y sus compañeros se embarcarán en una búsqueda no exenta de peligros para volver a ser los que una vez fueron.

Más allá de la simpleza del argumento del que parte, la búsqueda por una compañía de distintos objetos, recurrente ad infinitum dentro del género fantástico, “La Leyenda de las Cuatro Sombras” se lee hoy en día con interés gracias al talento de Trillo para construir personajes familiares al lector y al mismo tiempo únicos, fácilmente asociables a las características propias del folklore popular que derivó en los cuentos infantiles pero atractivos para el lector “adulto” al que estaba destinada una publicación como “Zona 84” que recogía historias de Cienia Ficción, Terror o Fantasía, y en las que cada episodio de corta extensión tenía un sentido propio y se aglutinaba en el marco de la narración general. Trillo, como buen profesional que fue, demuestra oficio incluso para concluir la obra, dotándola de un final abrupto y sencillo y, a pesar de ello, con sentido aunque sea fácil suponer que hubiera sido bastanted diferente si hubiera contado con espacio y tiempo para desarrollar más los personajes –y acabar la historia de otro modo.
El gran mérito de Trillo, como en tantas otras ocasiones a lo largo de su trayectoría, se encuentra en asociarse con un enorme dibujante que en esta obra en concreto realizó quizás su mejor trabajo antes de abandonar el cómic para desarrollar su carrera como pintor. Y es que, a diferencia de sus otras obras de larga extensión, “Zora y los Hibernautas” y “Drácula”, al contar con un guionista de la talla de Trillo a su lado, el dibujo preciosista y pictórico de Fernando Fernández se pone al servicio de la historia como nunca logrando en esta obra su trabajo narrativamente más logrado.

Fernando Fernández desarrolla toda la imaginería ideada por Trillo y la convierte en un auténtico espectáculo visual en el que demorarse, potenciada por una composición de página elegante y narrativamente eficaz, especialmente en la primera parte de la obra. Sus doncellas son preciosas y mezclan inocencia con picardía evitando que sus excesos eróticos resulten zafios, sus feas brujas macbethianas pero con un punto ternurista bajo su fealdad emparentan a personajes como el tío Creepy o la vieja bruja de “La Guarida del Miedo” de E.C. (aunque estas tengan un papel mayor que el de ser meras prologuistas de la historia) mientras que los personajes principales están soberbiamente caracterizados para resultar creíbles en el marco de la historia. Fernández compone en esta obra unas páginas excelentes en las que la narrativa está especialmente cuidada para mantener la atención del espectador al tiempo que hace más atractiva una historia que en manos de un dibujante menos dotado quedaría reducida a una mera anécdota.

Quizás la nostalgia que me ha producido leer esta obra no sea tanto por el fallecimiento de sus autores –que también- sino por la sensación de oportunidad perdida que la impregna. Se nota que es un trabajo iniciado con muchas motivación por sus autores que, poco a poco, va perdiéndose conforme –imagino- las ventas no acompañaban. La pena se acreciente porque poco después de la cancelación de la serie, Fernández, que seguramente se encontraba en su mejor momento, dejó de dibujar cómics para dedicarse a otros menesteres debido a la crisis del cómic español en los ochenta dejando en el tintero las que quizás habrían sido sus mejores trabajos. Y es que, parafraseando a Serrat, no hay peor nostalgía que añorar lo que nunca fue y pudo haber sido.

jueves, 13 de octubre de 2011

“Parker: La Compañía”, de Darwyn Cooke.

Tenía curiosidad por leerme “La Compañía”, la segunda entrega de las adaptaciones que el canadiense Darwyn Cooke está realizando de las novelas protagonizadas por Parker, el truculento criminal creado por Donald Westlake bajo el seudónimo de Richard Stark. Y tenía cierta curiosidad porque frente al aplauso generalizado que suscitó su adaptación de “El Cazador” a mí, como ya conté por aquí, me dejó algo frío.


Sin embargo, en esta nueva entrega me ha dado la sensación que Cooke ha pulido buena parte de los defectos que le encontré a la primera entrega y, quizás más asentado y sin necesidad de demostrar nada, brilla mucho más. Os cuento.

En esta segunda entrega, la acción transcurre poco después de los sucesos acaecidos en “El Cazador”. Parker se esconde en Miami y ha cambiado su rostro para intentar pasar desapercibido, sin embargo, tras sobrevivir por los pelos al intento de ejecución de un sicario de La Compañía., la poderosa organización criminal con la que se las tuvo tiesas en “El Cazador”, por los pelos decide tomar la iniciativa y acabar con su líder. Para ello, Parker primero tendrá que acabar con un antiguo compinche que le ha traicionado y poner en macha un complejo plan para dañar los negocios de la Compañía antes de dar el tiro de gracia a su líder.

Ando bastante obsesionado estos días con el tema de la concisión en la narrativa gráfica. Cada vez me resulta más evidente que las soluciones simples y más sencillas suelen ser las más eficaces. Multitud de autores lo han demostrado desde Schultz a Eisner hasta autores sobre los que he escrito recientemente como Craig Thompson o Moebius. Sin embargo, me ha sorprendido descubrir en esta segunda entrega de las novelas de Parker a un Cooke que también parece apostar por esa búsqueda de la sencillez y la concreción en esta nueva entrega con excelentes resultados que en un género como es el negro ,al que la desnudez expositiva y el lenguaje directo le sientan tan bien, se agradecen mucho más.


Y es que si en “El Cazador” el despliegue de recursos que realizaba Cooke me daba la sensación que estaban más dirigidos a demostrar –sin necesidad- sus capacidades en “La Compañía” con cierto resabio efectista en "La Compañía" pone esos mismos recursos al servicio de la historia para adaptar no una sino dos de las novelas de Westlake, “El hombre que cambió de cara” y “La Compañía”, con astucia para que aquellos que no hayan leído las obras originales noten que estamos ante dos obras separadas. De este modo, los hechos de “El hombre que cambió de cara” se incorporan mediante una elipsis a la narración de “La Compañía” dotando de uniformidad al conjunto rompiendo con la secuenciación lineal de los hechos pero enriqueciendo el conjunto.

Manteniendo la estructura en cuatro partes, Cooke sigue manteniendo el bicolor y un dibujo ágil y nervioso para caracterizar el siniestro universo criminal de sombras por el que transitan Parker y sus allegados haciendo un sabio uso de la composición de página para centrarse en los detalles concretos de la historia e incorporar amplios textos que tomados de Westlake que complementan la narración gráfica sobre la que se sustenta en muchas ocasiones exclusivamente el cómic y jugando con la elaboración y realismo para condensar o expandir la información a voluntad. Especialmente brillantes son las dos últimas partes de la obra en las que Cooke hace una verdadera demostración de recursos gráficos para incorporar mediante variaciones de estilo –desde el reportaje ilustrado periodístico hasta prácticamente el esquematismo de un storyboard - los diferentes golpes que los compinches de Parker dan en los negocios de La Compañía insertándolos en el hilo de la trama principal magistralmente y la primorosa demostración que realiza del dominio del tempo para narrar los mismos hechos desde el punto de vista de dos personajes diferentes.

En definitiva, me rindo ante la madurez que Darwyn Cooke demuestra en esta obra que con merecimiento ha otorgado un nuevo Eisner a su autor y me quedo con ganas de más. Cooke ha puesto todo su refinamiento estilístico y narrativo al servicio de la esencia pulp de la matería prima de Westlake logrando un relato hipnótico, elegante y sordido con el que creo el autor de las novelas estaría muy contento. La edición de Astiberri es bastante buena y sinceramente creo que estamos ante uno de los grandes tebeos del año. Imprescindible.

El Lector impaciente en Comic is Art.

El amigo y colega bloguero Mo Sweat, autor de blogs tan interesantes como Comic is Art y FO FO FO en los que comparte su pasión y conocimiento por los cómics y el baloncesto, ha tenido el detalle de contar conmigo para una de sus secciones en la que charla con distintos aficionados, libreros, blogueros y demás fauna pirada por los cómics, en torno a la figura de John Buscema, uno de los grandes dibujantes de la Marvel dorada y debilidad de Mo, auténtico especialista y reivindicador de su trabajo en España.

Si queréis leer la charla, podéis hacerlo aquí. Y, de paso, perderos un ratito en Comic is Art que es un blog imprescindible para cualquier aficionado al Cómic.

miércoles, 12 de octubre de 2011

“Todo lo que muere”, de John Connolly.

Hace algún tiempo, alguien dejó en los comentarios la recomendación de la serie de novelas de John Connolly protagonizadas por el detective Charlie Parker. El comentario no cayó en saco roto y acabo de terminar la primera de esas novelas “Todo lo que muere” descubriendo a un interesante autor que, a pesar de su origen irlandés, lleva a cabo una atractiva actualización del hard-boiled, incorporando sabiamente elementos ajenos a esa tradición que la nutren y la revitalizan de un modo más cercano al género negro y la novela detectivesca de tradición europea del que un James Ellroy, por poner por caso, se me antoja incapaz.

En esta primera novela, Connolly presenta a su héroe –o antihéroe- quién comparte nombre y apodo con el famoso saxofonista de jazz. Sin embargo, el Charlie Parker de Connolly es un antiguo policía de Nueva York que ha abandonado el Cuerpo tras el asesinato de su mujer y su pequeña hija en terribles circunstancias e intenta reconducir su vida como detective privado investigando la desaparición de una mujer desaparecida. En su investigación, Parker descubrirá una sórdida red de asesinatos que se remontan en el tiempo y conectan a una de las más influyentes familias de la Gran Manzana con una sangrienta familia mafiosa y le pondrá tras el rastro de El Viajante, el perverso asesino en serie que mató a su familia.

Si no fuese porque en la tapa se menciona que la nacionalidad de Connolly es irlandesa uno podría pensar que está ante un autor genuinamente norteamericano por lo realista y documentado de las descripciones que nos trasladan a lo largo de esta emocionante novela por las más variopintas localizaciones estadounidenses y la meticulosidad con que explica los procedimientos policíales y forenses. Connolly asienta buena parte del éxito de su obra en la documentación, pero sobre todo en la magnífica caracterización de los personajes desde el protagonista principal hasta el último de los secundarios dotando a cada uno de una personalidad definida que poco a poco conforme avanza la trama va desplegando ante el lector. Este proceso es especialmente notorio en el caso del protagonista, Charlie Parker, al que poco antes de embarcarnos en el desenlace final de la novela, ya conocemos con meticulosidad tanto en lo referente a su personalidad, gustos y motivaciones como hechos biográficos de su infancia y adolescencia. A partir de ese soberbio desarrollo de los personajes, Connolly construye una doble trama compleja y amarga que nos acerca a diferentes ámbitos al lado más sórdido de la naturaleza humana enfrentando a su protagonista a variopintos asesinos en serie hasta el cara a cara con su nemesis particular, un asesino inteligente, culto y depravado en la estela de los que se pusieron tan de moda en los noventa a raíz del éxito de "El silencio de los corderos".

Connolly maneja perfectamente los resortes del género negro y aunque en algún momento abuse de ciertos elementos sobrenaturales que harán chirriar a los más puristas sabe mantenerlos controlados para que no afecten en exceso en el desarrollo general de la historia aprovechando el dominio de un estilo preciso y conciso para mantener atrapado al lector aun cuando revisite caminos trillados en tantas y tantas novelas y películas y esconder ciertas licencias que faciliten el desenlace de la historia.

Tras finalizar, “Todos los que mueren” en la que queda aparentemente todo tan bien atado tengo curiosidad por ver como siguen las andanzas del atormentado Charlie Parker, así que creo que en los próximos meses tendremos John Connelly para rato. Si acaso, ya os iré contando.