lunes, 17 de octubre de 2011

“Superman: Identidad Secreta”, de Kurt Busiek y Stuart Immonen.



Estos días que a más de uno se le nota con la depre subida y ya aventura el principio del fin del género superheroico como consecuencia del Reboot de DC (si cada vez que DC monta un mal megaevento que vende un montón y no gusta ni a los aficionados y ni a los críticos se acabase el género este habría sido consumido por la antimateria hace muchos años) se me ha ocurrido rescatar”Superman: Identidad Secreta” miniserie para la línea Elseworld realizada por Kurt Busiek y Stuart Inmonen hace algunos años ya y publicada en tomo por Planeta en España, como ejemplo de un buen tebeo superheroico, comercial e inteligente que demuestra –igual que muchos otros, aunque sean propuestas situadas más en los límites del género- que este no solo no está muerto sino que ha evolucionado para incorporar aparte de una enorme oferta mainstream de tebeos olvidables obras interesantes y que merecen ser destacadas y revindicadas.

Partiendo de una idea aparecida en “DC Comics Presents 87”, Busiek hace una reformulación del concepto clásico de Superman –y por extensión del superhéroe- explicando, a lo largo de los cuatro episodios que forman la miniserie, las distintas problemáticas y evolución que un Superman/Clark Kent de una Tierra sin superhéroes y en la que estos son solo héroes de los cómis afrontaría a lo largo de su vida (adolescencia, juventud, madurez y senectud).

Busiek medita acerca de un viejo concepto del cómic de superhéroes que parece se ha ido perdiendo en los últimos tiempos – o bien los guionistas no han sabido sacarle suficiente partido si exceptuamos quizás a Robert Kirkman en “Invencible”- que es el de la identidad secreta, mostrando como su Clark Kent lucha por mantener el anonimato e intentar llevar una vida normal y protegerse a sí mismo y a su familia (respecto a la que también se plantea mantener el secreto) del villano de la historia que en este caso sería el gobierno.

Busiek, como ya hiciera en otras de sus obras más reconocidas como “Marvels” o “Astro City”, hace participe al lector de su fascinación por la figura del superhéroe clásico aunque en esta ocasión – a diferencia de “Marvels” donde incorporaba un personaje intermedio que era el vehículo de sus meditaciones y fascinaciones- deja que sea el propio protagonista a través de las anotaciones de su diario el que transmita al lector sus pensamientos, preocupaciones, miedos y anhelos en un diálogo directo con el lector. Es curioso como Busiek aprovecha su profundo conocimiento del género superheroico para mostrar unos conflictos a los que se enfrenta su Superman adolescente calcados a los que cuarenta años antes desarrollara Stan Lee y Steve Ditko en “Spiderman” mientras que otras situaciones –como el ocaso del héroe- el propio Busiek se ha encargado de desarrollarlo en “Astro City”. Busiek se preocupa por hacer un superhéroe accesible y humano en el que, al margen de sus hazañas heroicas (que generalmente no tienen trascendencia para el público porque son precisamente secretas) desarrolla una fructífera y exitosa vida personal y laboral de lo más convencional.

En el aspecto gráfico, el canadiense Stuart Immonen realiza un excelente trabajo creando una atmósfera oscura y realista que recuerda a otros autores como Michael Lark, John Paul Leon o Steve Epting que se contrapone con la espectacularidad y luminosidad hueca que suele imperar entre los dibujantes de “Superman” aplicando el color grafico directamente a un minucioso acabado a lápiz. Immonen mima los detalles y las texturas para dar verosimilitud a la historia y que resulte creíble para el lector el que, durante el rato que está leyendo el tebeo,pueda existir en nuestro mundo de no ficción un Superman que secretamente vele por nosotros en algún lugar.

No nos decepcionemos por lo más grueso de la producción superheroica y no creamos que dentro del bosque de una producción industrial que busca la rentabilidad económica casi a cualquier precio no hay árboles capaces de ofrecer muebles de primera calidad que satisfagan al lector más exigente dentro de un género que, como todos, pasará por momentos mejores o peores pero forma parte por derecho propio de nuestras fantasías como especie. A estas alturas, se puede criticar a la industría pero no se puede dudar del potencial del género. Y obras como "Superman: Identidad Secreta" son buena prueba de ello.

domingo, 16 de octubre de 2011

Dave McKean y Paradise Lost.


El genial dibujante e ilustrador británico Dave McKean, aparte de ser conocido por los aficionados al cómic por sus trabajos junto a Neil Gaiman o su obra en solitario “Cages”, es un fecundo portadista de discos y ha colaborado con multitud de grupos y artistas de los más variopintos estilos y características. Poco a poco iré dedicando entradas a todos en esta serie que iniciamos hoy con las portadas que realizó para la banda británica Paradise Lost.

Paradise Lost es una banda de metal formada en 1988 y más (re)conocida fuera de su país que en el mismo y se les consideran uno de los grupos creadores del Metal Gótico. McKean realizó las cubiertas de dos de sus primeros álbumes en 1992 con “Shades of god” y “As I die”. Posteriormente, Paradise Lost ha continuado con su carrera marcada por la experimentación y la innovación lo que ha convertido a la banda en un grupo de culto en los círculos Metal.

Os dejo una actuación en directo del grupo interpretando la que dicen los que saben es una de las mejores canciones incluidas en estos discos, “As I die”:

sábado, 15 de octubre de 2011

Albert Weinberg (1922-2011)


A lo largo de la semana me entero de la muerte el 29 de Septiembre pasado de Albert Weinberg, autor prácticamente desconocido en nuestro país a pesar de ser todo un clásico de la BD, desarrollando series de gran raigambre dentro de la BD más lúdica, bélica y aventurera como “Les aventures de Dan Cooper”, de la que fue creador y llegó a realizar 41 álbumes, o “Buck Danny”, como asistente de Hubinon.

Aquí tenéis una completa reseña sobre su trayectoria.

D.E.P.

viernes, 14 de octubre de 2011

“La Leyenda de las Cuatro Sombras”, de Fernando Fernández y Carlos Trillo.

Imposible no leer de nuevo con un punto melancólico el álbum en que Glénat recuperaba con acierto y esmero hace pocos años esta obra aparecida seriada en los primeros números de “Zona 84”. Y es que todavía está reciente el recuerdo de la desaparición de sus autores –primero, Fernández, y poco después, Trillo- con lo que comprobando de nuevo su enorme talento a través de este trabajo la ausencia se hace más patente.

La Leyenda de las Cuatro Sombras” cuenta la búsqueda de El que Corroe, un embozado ángel caído que ha de hacerse con distintos objetos para recuperar su antiguo poder. Interrumpiendo el aquelarre de unas siniestras brujas para hallar a los que han de acompañarle en su búsqueda: un rey que perdió su reino, un poeta que perdió la inspiración y un sacerdote que perdió la fe en su Dios. Tras reunir a las sombras de los que fueron, El que Corroe y sus compañeros se embarcarán en una búsqueda no exenta de peligros para volver a ser los que una vez fueron.

Más allá de la simpleza del argumento del que parte, la búsqueda por una compañía de distintos objetos, recurrente ad infinitum dentro del género fantástico, “La Leyenda de las Cuatro Sombras” se lee hoy en día con interés gracias al talento de Trillo para construir personajes familiares al lector y al mismo tiempo únicos, fácilmente asociables a las características propias del folklore popular que derivó en los cuentos infantiles pero atractivos para el lector “adulto” al que estaba destinada una publicación como “Zona 84” que recogía historias de Cienia Ficción, Terror o Fantasía, y en las que cada episodio de corta extensión tenía un sentido propio y se aglutinaba en el marco de la narración general. Trillo, como buen profesional que fue, demuestra oficio incluso para concluir la obra, dotándola de un final abrupto y sencillo y, a pesar de ello, con sentido aunque sea fácil suponer que hubiera sido bastanted diferente si hubiera contado con espacio y tiempo para desarrollar más los personajes –y acabar la historia de otro modo.
El gran mérito de Trillo, como en tantas otras ocasiones a lo largo de su trayectoría, se encuentra en asociarse con un enorme dibujante que en esta obra en concreto realizó quizás su mejor trabajo antes de abandonar el cómic para desarrollar su carrera como pintor. Y es que, a diferencia de sus otras obras de larga extensión, “Zora y los Hibernautas” y “Drácula”, al contar con un guionista de la talla de Trillo a su lado, el dibujo preciosista y pictórico de Fernando Fernández se pone al servicio de la historia como nunca logrando en esta obra su trabajo narrativamente más logrado.

Fernando Fernández desarrolla toda la imaginería ideada por Trillo y la convierte en un auténtico espectáculo visual en el que demorarse, potenciada por una composición de página elegante y narrativamente eficaz, especialmente en la primera parte de la obra. Sus doncellas son preciosas y mezclan inocencia con picardía evitando que sus excesos eróticos resulten zafios, sus feas brujas macbethianas pero con un punto ternurista bajo su fealdad emparentan a personajes como el tío Creepy o la vieja bruja de “La Guarida del Miedo” de E.C. (aunque estas tengan un papel mayor que el de ser meras prologuistas de la historia) mientras que los personajes principales están soberbiamente caracterizados para resultar creíbles en el marco de la historia. Fernández compone en esta obra unas páginas excelentes en las que la narrativa está especialmente cuidada para mantener la atención del espectador al tiempo que hace más atractiva una historia que en manos de un dibujante menos dotado quedaría reducida a una mera anécdota.

Quizás la nostalgia que me ha producido leer esta obra no sea tanto por el fallecimiento de sus autores –que también- sino por la sensación de oportunidad perdida que la impregna. Se nota que es un trabajo iniciado con muchas motivación por sus autores que, poco a poco, va perdiéndose conforme –imagino- las ventas no acompañaban. La pena se acreciente porque poco después de la cancelación de la serie, Fernández, que seguramente se encontraba en su mejor momento, dejó de dibujar cómics para dedicarse a otros menesteres debido a la crisis del cómic español en los ochenta dejando en el tintero las que quizás habrían sido sus mejores trabajos. Y es que, parafraseando a Serrat, no hay peor nostalgía que añorar lo que nunca fue y pudo haber sido.

jueves, 13 de octubre de 2011

“Parker: La Compañía”, de Darwyn Cooke.

Tenía curiosidad por leerme “La Compañía”, la segunda entrega de las adaptaciones que el canadiense Darwyn Cooke está realizando de las novelas protagonizadas por Parker, el truculento criminal creado por Donald Westlake bajo el seudónimo de Richard Stark. Y tenía cierta curiosidad porque frente al aplauso generalizado que suscitó su adaptación de “El Cazador” a mí, como ya conté por aquí, me dejó algo frío.


Sin embargo, en esta nueva entrega me ha dado la sensación que Cooke ha pulido buena parte de los defectos que le encontré a la primera entrega y, quizás más asentado y sin necesidad de demostrar nada, brilla mucho más. Os cuento.

En esta segunda entrega, la acción transcurre poco después de los sucesos acaecidos en “El Cazador”. Parker se esconde en Miami y ha cambiado su rostro para intentar pasar desapercibido, sin embargo, tras sobrevivir por los pelos al intento de ejecución de un sicario de La Compañía., la poderosa organización criminal con la que se las tuvo tiesas en “El Cazador”, por los pelos decide tomar la iniciativa y acabar con su líder. Para ello, Parker primero tendrá que acabar con un antiguo compinche que le ha traicionado y poner en macha un complejo plan para dañar los negocios de la Compañía antes de dar el tiro de gracia a su líder.

Ando bastante obsesionado estos días con el tema de la concisión en la narrativa gráfica. Cada vez me resulta más evidente que las soluciones simples y más sencillas suelen ser las más eficaces. Multitud de autores lo han demostrado desde Schultz a Eisner hasta autores sobre los que he escrito recientemente como Craig Thompson o Moebius. Sin embargo, me ha sorprendido descubrir en esta segunda entrega de las novelas de Parker a un Cooke que también parece apostar por esa búsqueda de la sencillez y la concreción en esta nueva entrega con excelentes resultados que en un género como es el negro ,al que la desnudez expositiva y el lenguaje directo le sientan tan bien, se agradecen mucho más.


Y es que si en “El Cazador” el despliegue de recursos que realizaba Cooke me daba la sensación que estaban más dirigidos a demostrar –sin necesidad- sus capacidades en “La Compañía” con cierto resabio efectista en "La Compañía" pone esos mismos recursos al servicio de la historia para adaptar no una sino dos de las novelas de Westlake, “El hombre que cambió de cara” y “La Compañía”, con astucia para que aquellos que no hayan leído las obras originales noten que estamos ante dos obras separadas. De este modo, los hechos de “El hombre que cambió de cara” se incorporan mediante una elipsis a la narración de “La Compañía” dotando de uniformidad al conjunto rompiendo con la secuenciación lineal de los hechos pero enriqueciendo el conjunto.

Manteniendo la estructura en cuatro partes, Cooke sigue manteniendo el bicolor y un dibujo ágil y nervioso para caracterizar el siniestro universo criminal de sombras por el que transitan Parker y sus allegados haciendo un sabio uso de la composición de página para centrarse en los detalles concretos de la historia e incorporar amplios textos que tomados de Westlake que complementan la narración gráfica sobre la que se sustenta en muchas ocasiones exclusivamente el cómic y jugando con la elaboración y realismo para condensar o expandir la información a voluntad. Especialmente brillantes son las dos últimas partes de la obra en las que Cooke hace una verdadera demostración de recursos gráficos para incorporar mediante variaciones de estilo –desde el reportaje ilustrado periodístico hasta prácticamente el esquematismo de un storyboard - los diferentes golpes que los compinches de Parker dan en los negocios de La Compañía insertándolos en el hilo de la trama principal magistralmente y la primorosa demostración que realiza del dominio del tempo para narrar los mismos hechos desde el punto de vista de dos personajes diferentes.

En definitiva, me rindo ante la madurez que Darwyn Cooke demuestra en esta obra que con merecimiento ha otorgado un nuevo Eisner a su autor y me quedo con ganas de más. Cooke ha puesto todo su refinamiento estilístico y narrativo al servicio de la esencia pulp de la matería prima de Westlake logrando un relato hipnótico, elegante y sordido con el que creo el autor de las novelas estaría muy contento. La edición de Astiberri es bastante buena y sinceramente creo que estamos ante uno de los grandes tebeos del año. Imprescindible.

El Lector impaciente en Comic is Art.

El amigo y colega bloguero Mo Sweat, autor de blogs tan interesantes como Comic is Art y FO FO FO en los que comparte su pasión y conocimiento por los cómics y el baloncesto, ha tenido el detalle de contar conmigo para una de sus secciones en la que charla con distintos aficionados, libreros, blogueros y demás fauna pirada por los cómics, en torno a la figura de John Buscema, uno de los grandes dibujantes de la Marvel dorada y debilidad de Mo, auténtico especialista y reivindicador de su trabajo en España.

Si queréis leer la charla, podéis hacerlo aquí. Y, de paso, perderos un ratito en Comic is Art que es un blog imprescindible para cualquier aficionado al Cómic.

miércoles, 12 de octubre de 2011

“Todo lo que muere”, de John Connolly.

Hace algún tiempo, alguien dejó en los comentarios la recomendación de la serie de novelas de John Connolly protagonizadas por el detective Charlie Parker. El comentario no cayó en saco roto y acabo de terminar la primera de esas novelas “Todo lo que muere” descubriendo a un interesante autor que, a pesar de su origen irlandés, lleva a cabo una atractiva actualización del hard-boiled, incorporando sabiamente elementos ajenos a esa tradición que la nutren y la revitalizan de un modo más cercano al género negro y la novela detectivesca de tradición europea del que un James Ellroy, por poner por caso, se me antoja incapaz.

En esta primera novela, Connolly presenta a su héroe –o antihéroe- quién comparte nombre y apodo con el famoso saxofonista de jazz. Sin embargo, el Charlie Parker de Connolly es un antiguo policía de Nueva York que ha abandonado el Cuerpo tras el asesinato de su mujer y su pequeña hija en terribles circunstancias e intenta reconducir su vida como detective privado investigando la desaparición de una mujer desaparecida. En su investigación, Parker descubrirá una sórdida red de asesinatos que se remontan en el tiempo y conectan a una de las más influyentes familias de la Gran Manzana con una sangrienta familia mafiosa y le pondrá tras el rastro de El Viajante, el perverso asesino en serie que mató a su familia.

Si no fuese porque en la tapa se menciona que la nacionalidad de Connolly es irlandesa uno podría pensar que está ante un autor genuinamente norteamericano por lo realista y documentado de las descripciones que nos trasladan a lo largo de esta emocionante novela por las más variopintas localizaciones estadounidenses y la meticulosidad con que explica los procedimientos policíales y forenses. Connolly asienta buena parte del éxito de su obra en la documentación, pero sobre todo en la magnífica caracterización de los personajes desde el protagonista principal hasta el último de los secundarios dotando a cada uno de una personalidad definida que poco a poco conforme avanza la trama va desplegando ante el lector. Este proceso es especialmente notorio en el caso del protagonista, Charlie Parker, al que poco antes de embarcarnos en el desenlace final de la novela, ya conocemos con meticulosidad tanto en lo referente a su personalidad, gustos y motivaciones como hechos biográficos de su infancia y adolescencia. A partir de ese soberbio desarrollo de los personajes, Connolly construye una doble trama compleja y amarga que nos acerca a diferentes ámbitos al lado más sórdido de la naturaleza humana enfrentando a su protagonista a variopintos asesinos en serie hasta el cara a cara con su nemesis particular, un asesino inteligente, culto y depravado en la estela de los que se pusieron tan de moda en los noventa a raíz del éxito de "El silencio de los corderos".

Connolly maneja perfectamente los resortes del género negro y aunque en algún momento abuse de ciertos elementos sobrenaturales que harán chirriar a los más puristas sabe mantenerlos controlados para que no afecten en exceso en el desarrollo general de la historia aprovechando el dominio de un estilo preciso y conciso para mantener atrapado al lector aun cuando revisite caminos trillados en tantas y tantas novelas y películas y esconder ciertas licencias que faciliten el desenlace de la historia.

Tras finalizar, “Todos los que mueren” en la que queda aparentemente todo tan bien atado tengo curiosidad por ver como siguen las andanzas del atormentado Charlie Parker, así que creo que en los próximos meses tendremos John Connelly para rato. Si acaso, ya os iré contando.

martes, 11 de octubre de 2011

“Adiós, Chunky Rice”, de Craig Thompson.

Ahora que vuelve a ponerse de moda Craig Thompson con la aparición de su última obra, “Habibi”, me parece un buen momento para hacer un repaso cronológico a la obra anterior de este interesante autor, iniciado con “Adiós, Chunky Rice” su primera obra aparecida a finales de los noventa y que aquí publicó Astiberri hace ya unos cuantos añitos.

“Adiós, Chunky Rice” es una obra sorprendente y que con cada nueva lectura se pueden descubrir nuevos detalles. Sorprende primero por su ambición bajo su aparente sencillez y la calidad y variedad de recursos que maneja Thompson para tratarse en aquél momento de un autor novel. Bajo su apariencia de cuento infantil en el que se nos explican las andanzas de la tortuguita Chunky enrolada en un viaje de descubrimiento tras el que ha dejado su entorno conocido y a su mejor amigo, el ratoncito(¿a?) Dandel, en pos a los peligros de lo desconocido, Thompson construye una obra llena de matices en torno a experiencias vitales universales como la melancolía de la ausencia y el proceso de la madurez exponiendo a través de la interacción de los distintos personajes de la obra, heridos de soledad de uno u otro modo, lo complejo de las relaciones humanas y como sus secuelas perduran, para bien y para mal, en el tiempo.

Ningún detalle simbólico es dejado al azar por Thompson desde la caracterización antropomórfica de los principales personajes frente a la condición aparentemente humana – aunque realmente un tanto inhumana, ya sea externa o interiormente, del resto - así como la elección de la localización de la obra en un viaje por mar tiene un significado metafórico subyacente con el que epatar en el inconsciente del lector más allá de su significación literal, encontrando quizás en los trabajos de Tony Millonaire y su serie “Maakies” su principal referente.

Sin ser sensiblera ni empalagosa aunque sí profundamente sentimental, Thompson hace de la concisión (curiosamente en contraposición con sus extensos trabajos posteriores) narrativa el motor de la obra sugiriendomás que explicitando abiertamente sus intenciones al lector en un diálogo íntimo en las que los distintos testimonios de los personajes se van alternando, sacando petróleo de los imaginativos recursos narrativos que utiliza y experimentando con la composición y la distribución de las viñetas en la página para mantener la atención del lector intacta de principio a fin de una fábula con distintos niveles de lectura.

En definitiva, “Adiós, Chunky Rice” es un pequeño gran tebeo que sirvió de carta de presentación de un autor que con “Blankets” ya había seducido al personal en España, pasando quizás por ello más desapercibido aunque sea toda una lección de vida. Imprescindible.

lunes, 10 de octubre de 2011

“Sargento Rock: Entre el infierno y algo peor”, de Brian Azzarello y Joe Kubert.

Planeta ha reeditado esta historia bélica que hace unos añitos publicara –y saldara- Norma Editorial en la que dos tipos que en principio nada tendrían que tener en común como el guionista de “100 Balas”, Brian Azarello, y un dibujante que es leyenda vida del cómic norteamericano como Joe Kurbert ("Tor") retomaban un personaje al que el segundo se vinculo durante buena parte de su carrera, el Sargento Rock, en un intento de revival dentro de la línea Vertigo que al final se quedó en la miniserie que se recoge en el volumen.

En 1944, la Compañía Easy y el pelotón comandado por el Sargento Rock intentan avanzar hacia Berlín por el cerrado bosque de Hürtgen frente a la fuerte oposición de lo que queda del ejército alemán. Tras haber hecho prisioneros a unos oficiales alemanes, Rock y los suyos los llevan a la retaguardia cuando son atacados y, en la confusión, los prisioneros son ejecutados. Rock deberá averiguar quién ha asesinado a sangre fría a los prisioneros antes que las sospechas acaben con el vínculo de hermandad que mantiene a su unidad.

Azzarello se aproxima en esta obra al bélico, un género que podría pensarse podría ajustarse bastante bien a su estilo pero que acaba produciendo una obra que pese a su interés inicial acaba resultando un tanto embarullada y confusa. Con astucia, el guionista construye una trama de intriga en medio del conflicto bélico pero este no acaba de funcionar debido en parte a la pobre caracterización de los distintos personajes que aparecen bastante desdibujados respecto a sus versiones más clásicas y la omisión de una de las mejores armas de Azzarello, sus ácidos y mordientes diálogos que en esta obra brillan por su ausencia quizás cohibido por su colaboración con Joe Kubert, un auténtico maestro de la composición narrativa al que le suele sobrar la palabrería. La trama es bastante burda, la dosificación de la intriga inexistente y Azzarello se mueve con bastante torpeza por los trillados senderos del bélico más spielbergriano (o como se diga de "Band of Brothers" y "Salvar al Soldado Ryan") limitándose a cumplir con el encargo.

Realmente, el interés de la obra se centra en el apartado gráfico y poder disfrutar una vez más de la sabiduría gráfica de todo un veterano como Joe Kubert. Papa Kubert demuestra su dominio del género bélico, en general, y de estos personajes, en concreto, con un dibujo vigoroso, expresivo y vibrante que en algunos momentos recuerda a clásicos tan dispares como Milton Caniff o Hugo Pratt.



Kubert no tiene empachos en jugar con las composiciones y las perspectivas para mantener la atención del lector por la lectura más allá de lo trillado de la argumentación y logrando por momentos que la narración se vuelva más interesante de lo que realmente es para acabar desembocando, sin embargo, en un desenlace forzado a golpe de aria operística tan ambicioso como extraño e irreal.

Sargento Rock: entre el infierno y algo peor” es un bosquejo de la obra que podría haber sido si Azzarello le hubiera puesto algo más de ganas y que lamentablemente deriva hacia el topicazo más ramplón sin que el bueno de Joe Kubert pueda hacer mucho para evitarlo. Lástima de oportunidad perdida.

viernes, 7 de octubre de 2011

“Estela Plateada: Parábola”, de Stan Lee y Moebius.


Con atino, Panini ha reeditado con un nuevo recoloreado este tebeo histórico que ya publicara hace unos cuantos añitos Comics Forum. Los orígenes del tebeo ya imagino conoceréis por distintos medios – la colaboración de un criticado guionista mainstream de superhéroes con un glamouroso dibujante europeo siempre supone en sí mismo un aliciente seductor para aficionados a una u otra escuela- pero si no es así en la edición de Panini lo vuelven a relatar, pero lo que entre tanto dato y anécdota suele pasar más desapercibido es el valor intrínseco del tebeo. ¿Es “Parábola” una obra que merezca tanto interés? ¿Un buen tebeo de superhéroes? ¿Un tebeo entretenido? Vamos a intentar responder esas preguntas.

La línea que separa el minimalismo argumental del simplismo es muy tenue pero, sin embargo, Stan Lee se mueve perfectamente en la línea que separa ambos terrenos para ofrecernos un tebeo de superhéroes con un acabado gráfico diferente pero que incorpora todos los elementos básicos que Lee siempre ha manejado con maestría – un héroe atormentado, un villano omnipotente, un combate espectacular y una victoria pírrica- a lo largo de toda su carrera y, en ese sentido, “Parábola” más allá de su título y sus pretendidas enseñanzas morales cumple sobradamente.
La historia resultará familiar a cualquier aficionado a los cómics Marvel. En un universo paralelo fuera de la continuidad Marvel, llega a la Tierra un ser todopoderoso, Galactus que amenaza con la destrucción del planeta y provoca el caos entre la humanidad que se reduce a una masa asustada fácilmente manipulable por un falso profeta de Galactus que pretende aprovechar su miedo en su propio beneficio. En esa situación crítica, Estela, un marginado que en su tiempo fuese heraldo de Galactus, es el único que se alza para enfrentarse a Galactus.

A partir de este planteamiento tan familiar, el gran acierto de Lee es hacerse un lado y dejar que Jean Giraud, Moebius, se explaye y convierta un cómic que en manos de cualquier otro dibujante de la plantilla de Marvel (sin ofender a ninguno) hubiera resultado una reiteración insustancial de la llamada trilogía de Galactus que Lee realizase con Jack Kirby para “Los 4 Fantásticos“ (números 48 a 50) en un tebeo especial y único en el que el dibujante francés derrocha talento para ofrecer una versión remozada y personal de Estela Plateada y, sobre todo, de un Galactus que solo con Kirby quizás alcanzó tal grado de omnipotencia. Moebius juega como muy pocos son capaces con los volúmenes y las perspectivas para ofrecer un Galactus más divino, inhumano y omnipotente sugiriendo más que mostrando todo el poderío del que tal ser es capaz al tiempo que caracteriza como nadie las sutilezas intrínsecas de Estela Plateada, un mesías dispuesto a salvar a aquellos que no se lo merecen en la mejor tradición judeocristiana, dibujado como un ente poderoso y magnífico por sí mismo en las viñetas en solitario pero pequeño e insignificante cuando se enfrenta en un combate más dialéctico que real a su creador. El ritmo narrativo es muy diferente al de los cómics Marvel de la época, más distanciado y frío, pero cada encuadre es perfecto y cada composición está pensada para lograr que nadie sea capaz de dejar de dejar de leer de principio a fin complementado por unos textos descriptivos y unos diálogos interiores del protágonista reducidos al mínimo.

Es ese carácter de colaboración excepcional entre dos autores tan aparentemente alejados pero que a lo largo de sus carreras han mostrado compartir parecidas obsesiones el que hace de “Parábola” un tebeo tan exquisito como excepcional, el nexo de unión imprescindible de dos de los períodos más gloriosos e imaginativos del Cómic del siglo pasado, la “Silver Age” superheroica y los Hunanoides Asociados franceses, quedando como prueba que el talento se reconoce más allá de las tradiciones, culturas e idiomas para ofrecernos obras maravillosas. Como decía el otro, Nuff Said, amigos.

jueves, 6 de octubre de 2011

Glénat resistiendo a la crisis.

Ya andamos otra vez hablando de la crisis económica y como está afectando al mundo del cómic en sus distintos ámbitos (más que nada porque la crisis nos la comemos todos los días y en este blog comentamos tebeos y alrededores básicamente). Si últimamente escribía sobre lo mal que lo están pasando las librerías concretando en casos extremos como el del cierre de los amigos de Enigma Cómics, hoy toca ver como las editoriales tampoco lo están pasando especialmente bien.

Si ya hace algunos meses sabíamos de la perdida de derechos de los cómics DC que ostentaba Planeta a favor de El Catálogo a partir del año que viene (que a lo mejor no tiene nada que ver con la crisis, o a lo mejor sí pero poca gente lo sabe y los pocos que saben callan) estos últimos días estamos siguiendo las peripecias del máximo responsable de Glénat España, Joan Navarro a través de su blog, para mantener el control de la filial que al parecer ha estado a un pelo de ser vendida por Glénat Francia –la empresa matriz- a las gentes de Panini, la empresa más grande del sector y que parece estar dispuesta a pescar chollos en estos tiempos revueltos (ya saben, lo que dicen algunos, que los tiempos de crisis son momentos de oportunidades…para los que pueden y tienen, claro).

Al final, según explican en este comunicado, Joan Navarro y Félix Sabaté se han arriesgado y han comprado ellos mismos Glénat España a Glénat Francia hipotecándose para ello (lo que ya tiene su mérito viendo lo complicado que está hoy en día conseguir para cualquiera un crédito). Joan Navarro (y Félix Sabaté) son gente bregada y experta en estas situaciones convulsas de las que ya han vivido unas cuantas por lo que cuentan y creo que les irá bien, pero su ejemplo poniéndose en primera línea y jugándose sus patrimonios personales en una empresa, su empresa, en la que creen es sintomático de muchos pequeños y medianos empresarios (sí, a esos que les afecta la crisis tanto o más como los demás) que hacen juego malabares y arriesgan sus patrimonios para mantener a sus trabajadores y su independencia a costa de sus propios patrimonios. Es de agradecer esta transparencia de Joan Navarro explicando su experiencia para que más de uno entienda que la mayoría de los empresarios -y los editores- no son necesariamente los malos de la película, sino unas víctimas más de un sistema económico especialmente injusto con los más débiles.

Como era previsible, la línea editorial de Glénat seguirá siendo la misma e imagino que progresivamente irán introduciendo cambios (le cambiarán el nombre a la editorial, el logo y esas cosas, supongo). Habrá que estar atentos a ver como evoluciona el enfermo.

Crisis también significa cambio y a los cambios solo los más resistentes sobreviven. Navarro y Sabaté lo han entendido así y están dispuestos a resistir. Merecen todo nuestro respeto por ello.

Cartel del XIV Salón del Cómic de Madrid.

Bonito cartel realizado por un autor que es una de mis muchas debilidades, Emile Bravo. A ver si con su presencia en Madrid se anima alguna editorial a publicarle más obras en España que estamos caninos…

miércoles, 5 de octubre de 2011

Se va Uderzo de “Astérix”, a rey muerto, rey puesto.

Que nadie se confunda ni se asuste que no se ha muerto el cocreador de “Asterix” (por mucho que se empeñen en negarlo los del fisco francés) sino que solo pretendo comentar algunas ideas a bote pronto que me han surgido tras leer el interesante artículo que Álvaro Pons publicaba hoy en “El Paísseñalando el fin de una era con el traspaso de poderes del octogenario autor a un relevo todavía no confirmado en las aventuras de los inconquistables galos.

No nos pongamos apocalípticos ni fatalistas aquí no finaliza ninguna era. Si algo finaliza será exclusivamente un ciclo en la longeva historia de “Astérix” como ya finalizó otro tras la muerte de Goscinny. Aunque significativa y emotiva el abandono de la serie de Uderzo, su trascendencia – o intrascendencia, viendo el nivel de los últimos álbumes firmados únicamente por él - la marcará en el futuro la capacidad del nuevo equipo creativo de seguir convirtiendo las aventuras de Astérix y compañía en un éxito creativo y, por supuesto, comercial.

Por suerte, o por desgracia, estos movimientos no son para nada ajenos al mundo del cómic y vienen motivados precisamente por el éxito comercial de unas creaciones artísticas que miden su impacto en la cultura popular a través de un éxito comercial que conlleva que la desaparición de los personajes no vaya asociada necesariamente al abandono o desaparición de sus creadores. Como señala el mismo Álvaro en el artículo relevos de este tipo en los equipos artísticos son práctica habitual en los superhéroes norteamericanos más comerciales (como lo ha sido también en el cómic de prensa donde series de culto como “Príncipe Valiente” han continuado tras la muerte de su creador) pero también es una práctica cada vez más común desde hace años en el cómic europeo más comercial donde existen cantidad de ejemplos de series tan arraigadas como “XIII” o “Thorgal”, donde tras la retirada de Van Hamme otros autores están tomando el relevo con aceptables resultados, e incluso en “Blake y Mortimer” donde distintos autores llevan años continuando las aventuras de los personajes de Jacobs sin desmerecer.

No debemos preocuparnos por estos movimientos en torno a nuestras obras favoritas (ni por su traslado a otros soportes que vienen a atestiguar precisamente su éxito) salvo que este conlleve un empobrecimiento de la calidad de obras tan icónicas al caer en la repetición de fórmulas mil veces repetidas que, por otro lado, hemos de pensar que los primeros en intentar evitar deberían ser los propios editores (aunque luego no sea así y se aferren a modelos rígidos excusándose en el mantenimiento de la esencia y respeto al original). Un excelente ejemplo de cómo un personaje se ha ido adaptando a los tiempos aunando éxito comercial y manteniendo un nivel creativo más que aceptable lo tenemos con “Spirou”, donde se ha sabido mantener ese respeto a las “esencias” con nuevas vías que acaban enriqueciendo a la creación original.

El Cómic se está mostrando como un medio fértil para el desarrollo de nuevas ideas trasladables a otros medios por lo que este tipo de practicas más que un sintoma de decadencia bien pueden convertirse en una enorme oportunidad para el medio y para que despunten nuevos autores así como para que personajes icónicos que al cabo de unas décadas estarían abocados al olvido evolucionen junto a sus lectores manteniendo su vigencia al tiempo que se incorporen nuevas creaciones al imaginario colectivo siendo, finalmente, la calidad de las obras asociado a su éxito comercial el que marcará lo acertado o no de esas decisiones. Lo único preocupante sería si este mantenemiento conllevase que las nuevas creaciones y obras originales no tuvieran cabida pero, de momento, eso no se ha producido y no creo que se produzca en el futuro tendiéndose a una razonable cohabitación.

Honores y felicitaciones por el trabajo realizado a Uderzo. Sus méritos están ahí y son historia del cómic pero dejemos que sean otros los que continúen el camino. Afortunadamente, no se nos caerá el cielo encima (de momento).

Enigma Cómics cierra.

Finalmente, los peores pronósticos se cumplieron y la mala noticia que ya conocíamos algunos parroquianos habituales se confirmó oficialmente ayer. Tras dos años, Enigma Cómics, la antigua Astro City, cierra sus puertas.

Una lástima ya que durante una buena temporada está pequeña librería situada fuera del circuito del centro de Madrid se convirtió en una de las más importantes gracias a sus importantes descuentos y su buen trato a los clientes. Lamentablemente y debido a diversas circunstancias no ha podido capear la dichosa crisis y la apuesta personal de sus actuales dueños, Felipe y Luis, por aunar afición y proyecto vital no puede continuar.

A lo largo de mes, en la librería están liquidando lo que queda de fondo con importantes descuentos por lo que nunca está de más pasarse por allí para encontrar alguna cosa interesante.

Desde aquí, toda la suerte del mundo a Felipe y Luis.