martes, 20 de julio de 2010

“Blacksad: Artic-Nation”, de Guarnido y Díaz Canales.




Siguiendo con la relectura de la serie “Blacksad”, la ópera prima de Juanjo Guarnido y Juan Díaz Canales, llego a la segunda entrega, “Artic-Nation”, publicada por Norma Editorial en 2003, y que en mi opinión es la mejor de las aventuras publicadas hasta el momento de nuestro detective gatuno favorito.

En este segundo álbum, la acción se traslada del bullicioso Nueva York de la primera entrega a un deprimido barrio de los suburbios, en el que, como consecuencia de la crisis económica han arraigado los odios raciales entre los animales de piel blanca y los de piel negra. En un ambiente enrarecido a punto de estallar, Blacksad intenta aclarar la desaparición de una niña por la que, aparentemente, ni su madre parece interesarse. El detective, contratado por la profesora de la pequeña, iniciará una investigación que le llevará a sumergirse en el turbio mundo de The Line, enfrentándose a los poderes fácticos del barrio, liderados por el jefe Karup quién a parecer tiene un especial interés en evitar que se conozca el paradero de la pequeña.

Artic-Nation” supone un golpe sobre la mesa de Díaz Canales. Si en “Un lugar entre las sombras” el único defecto que se le podía poner quizás al álbum era la falta de atrevimiento de una historia que se limitaba a revisitar con oficio lugares comunes y fórmulas arquetípicas del género negro, en esta ocasión sin ser “Artic-Nation” tampoco una historia excesivamente original y bastante deudora de películas como “En el calor de la noche” –aun cuando en este caso la ambientación varíe completamente y se traslade del tórrido sur norteamericano al frío e invernal Nueva York-suburbial- o las clásicas referencias a Spillane, Hammett y Chandler a las que añadiría en esta ocasión la de otro grande del género como Ellroy en el eficaz modo en que desarrolla el hilo de la trama camuflándola en el contexto social de los Estados Unidos de finales de los Cincuenta en la que los conflictos raciales empiezan a surgir (aunque en ningún caso se puede considerar que “Blacksad” llegue a la categoría de hard-boiled del que Ellroy es amo y señor). Díaz Canales desarrolla una trama mucho más compleja que en el anterior álbum y lo realiza con auténtica maestría para ir siempre un paso por delante del lector para que hasta el final no aparezcan claras todas las conductas de unos personajes soberbiamente desarrollados y en la que destacan más allá del protagonista que ya conocíamos del primer álbum un soberbio elenco de secundarios que son los que dotan, como no podía ser de otro modo, de riqueza y variedad a la historia encabezados por Weekly, el ayudante con el que el equipo creativo dota a Blacksad y que está llamado a dar el contrapunto cómico al protagonista, hasta el último de los personajes que aparecen en el álbum, aun cuando de todos ellos yo destacaría el de la vieja urraca que encarna al eterno perdedor, rol tan querido del clásico cine negro norteamericano que son la principal influencia del cómic.

A Díaz Canales la trama le sale redonda y no sólo describe con pericia los conflictos raciales, contextualizando su origen no sólo en el color de la piel sino en circunstancias económicas, sino que enriquece la retorcida trama de venganza presentando perfectamente la motivación de los distintos personajes dotados de complejas y ricas personalidades y potenciándolos a través de cuidados y creíbles diálogos para dotarlos de esa necesaria patina gris que necesita toda historia negra para que realmente funcione.

Si a la mejora de la historia de Díaz Canales le añadimos la pericia ya demostrada por Guarnido en el anterior álbum hace que estemos ante un tebeo redondo. Guarnido hace que la compleja historia ideada por Díaz Canales se desarrolle con pasmosa fluidez a ante el lector, complementando la labor del guionista y llegando allí donde este no llega con soluciones elegantes y poderosas, destacando si cabe el dominio que demuestra para potenciar la ambientación del álbum alejado del entorno urbano del anterior y haciendo que las circunstancias climáticas –el frío y nevado invierno- sirvan como un elemento característico que dé un tono unitario a la historia no sólo estéticamente sino también a la hora de caracterizar a los personajes (un poco y salvando las distancias como los Coen en “Fargo”).

Hay que reconocerle un enorme mérito a Guarnido porque su estilo no es especialmente adecuado para el género negro (o más bien no es lo que habitualmente se entiende por un dibujante de género negro) ya que su dibujo es limpio y preciosista a lo que se le añade además la dificultad añadida de trabajar con animales personificados, pero el dibujante convierte estas desventajas en virtudes y logra magníficos resultados, aprovechando, por ejemplo, las características convencionalmente asociadas a los animales para potenciar los distintos rasgos de personalidad de los personajes en la historia. Guarnido es un maestro a la hora de cargar de significado cada uno de las viñetas y no deja nada al azar dando un por qué hasta el más mínimo detalle, dominando no sólo la narración lineal sino también los simbolismos y metáforas que incorpora (magníficos el detalle del columpio vacío, la muerte en la cabina del avión o los niños jugando al final de la historia, etc) para lograr que la historia mejore página a página y, sin renunciar por otro lado, a homenajes más o menos encubiertos autores tan aparentemente alejados como Frank Miller, Mazzuchelli o John Romita Jr.

En definitiva, “Artic-Nation” es un álbum fantástico y una auténtica lección de cómo contar una historia mediante viñetas que ningún aficionado debería perderse de unos autores que antes de dormirse en los laureles se enfrentan a nuevos desafíos de los que, en esta ocasión, salen plenamente airosos. Uno de los mejores álbumes europeos de la pasada década.


Más Blacksad en El lector impaciente:

Conan, ¿Conan?, ¡Conan!...

Y allí llegó Conan, el cimmerio, el pelo negro, los ojos sombríos, la espada en la mano, un ladrón, un saqueador, un asesino, de gigantescas melancolías y gigantescos pesares, para pisotear con sus sandalias los tronos enjoyados de la Tierra
(Robert E. Howard, “El Fénix y la Espada”).

Bueno, ya hay imágenes del nuevo actor que va a interpretar al personaje de Robert E. Howard en la gran pantalla caracterizado. Se trata de Jason Momoa y tengo que reconocer que el muchachote da la imagen de Conan mejor incluso que el Schwarzenegger en sus buenos tiempos. Este actor se ajusta bastante bien a la descripción dada de Conan por Howard en las novelas y si hay que ponerle algún defecto para mí el único que salta a primera vista es que el pelo negro característico del cimmerio es más bien castaño.

Por otro lado, ¿a cuá de las distintas visiones que del personaje nos han dejado los BWS, Buscema, Corben, Franzetta, Chan, Kane, Nord, etc, créeis que se asemeja más?...

El físico lo da, esperemos que, por Crom, la película esté a la altura.

lunes, 19 de julio de 2010

DMZ, Morgan Spurlock y yo.


Aunque en la portada lo ponga bien grande, no les hagan caso a los de Planeta que el talentoso Morgan Spurlock, el autor de “Super Size Me”, no es quién ha escrito la introducción ni las biografías (aunque estas no aparezcan acreditadas) que aparecen en el interior del "Corazones y Cerebros", el último tomo de la excelente serie “DMZ”, de Brian Wood y Ryan Kelly, sino un humilde servidor.

En fin, sin comerlo ni beberlo -y no es una broma fácil con el tema de la peli de Spurlock- me encuentro envuelto en el último casicazo. Y es que hay algunos que no aprenden….


“Otro romance suburbano”, de Juan José Ryp y Alan Moore.

El completismo es uno de los peores vicios que tenemos los aficionados a los cómics. Es ver el nombre en la portada de uno de nuestros autores favoritos que iremos como zombis dispuestos a pasar por caja con tal de no dejar coja nuestra comicgrafía completa del autor que reverenciamos. Esta conducta irracional y destructiva (sobre todo para nuestros mermados ahorrillos en tiempo de crisis) ha sido estudiada y explotada por todo editor de cómic que se precie; más si cabe, como es el caso de Avatar, si cuenta en su nómina de autores con una firma con el tirón de Alan Moore. Y, de este modo, llegamos a la recopilación de historias que bajo el título de “Otro romance suburbano”, acaba de publicar Glénat y que uno probablemente hubiera dejado en el anaquel de la estantería esperando mejor ocasión si no las firmase el genio de Southamptom y no las dibujase el español Juan José Ryp, un dibujante que a fuerza de constancia y talento se ha convertido en la auténtica estrella de Avatar Cómics más allá del tirón mediático de los guionistas con los que cuenta la editorial.

Dicho esto, “Otro Romance Suburbano” es un tebeo recomendable básicamente para completistas de Alan Moore ya que las historias que lo componen tienen un cariz experimental y de autor en la que prima más la forma que el contenido de la historia, habiendo nacido algunas de las cuales como la que da el título a la obra “Otro romance suburbano” para otros medios como el teatro. ¿Son malas historias entonces? No diría yo eso, sino que son historias poco convencionales que probablemente si no vinieran firmadas por quién las firma no habrían encontrado publicación. Dicho esto y, a pesar de su brevedad, no carecen de interés para el aficionado a la obra de Moore ya que este intenta trasladar ciertos registros propios de la poesía al terreno del cómic y como aquella buscan más crear un estado de ánimo –desasosegante- en el lector y que sea este el encargado de hacer su interpretación más que la narración lineal de una historia convencional con principio, nudo y desenlace. Ahondando en ello, Moore no omite en el ton ode estas historias un toque fatalista y pesimista que se traslada directamente a la temática de dos de ellas, “Judy apagó el televisor” y “Otro romance suburbano”. En la primera, Moore construye una metáfora nihilista y ciberpunk acerca de fin del mundo a través de un bucle atemporal que se agota en el clic del apagado de la televisión mientras que en la otra cambia el chip para embarcarse en una historia con ínfulas de crítica social en la que se convierte en maestro de ceremonias de las penalidades que se viven en un barrio periférico de Glasgow. Para mí, la más interesante de las tres historias es la segunda, titulada “Los viejos gángsters nunca mueren”, una auténtica declaración de amor a la figura del Gangster cinematográfico en una historia en la que lo real y lo irreal, la vida y la muerte, orbitan en torno a la figura de Dillinger.

A pesar del prestigio del guionista si estas tres historias destacan ha sido por la labor del dibujante español Juan José Ryp que sale airoso en la difícil tarea de sacar adelante estas atípicas historias y darles un carácter personal e impactante que multiplican y refuerzan la idea inicial de Moore. Ryp se apropia de las ideas de Moore y las hace suyas ofreciendo algunas de las mejores composiciones de su carrera al abandonar los barroquismos excesivos de los que abusa en algunas obras superheroicas para mostrar un dibujo más simple pero no por ello menos elaborado, detallista ni pobre, que a mí personalmente me ha gustado más y que se ajusta perfectamente a lo demandado por Moore.

En fin, “Otro Romance Suburbano”, editado muy correctamente por Glénat, es un cómic definitivamente para completistas de Moore y que se sumerge en la vertiente más críptica y soterrada de su compleja personalidad, pero también es una buena oportunidad para conocer la labor de Juan José Ryp, un dibujante al que hay que seguir muy de cerca y que en esta obra demuestra capaz de poner luz en recovecos a los que pocos pueden llegar. No es poco, creedme.

Otras obras de Juan José Ryp en El lector impaciente:

"Black Summer".
"No Hero".

domingo, 18 de julio de 2010

Superman en Bollywood.

Que en Bollywood –la boyante industria india de cine de producción propia- son originales, innovadores y creativos hoy día nadie lo duda. Fijaros la magistral y reinterpretación de dos icono de la cultura occidente como son Superman y Spiderman en ese peliculón que debe ser “Daríya Dii”.

Que los JMS, Morrison, Moore, Byrne, Didio, Singer y demás vayan tomando nota. Al segundo país más poblado del planeta lo que le gusta es eso de arriba. Yo voy advirtiendo para que nadie se queje.

viernes, 16 de julio de 2010

“El Diablo”, de Brian Azzarello y Danijel Zezejl.

El Diablo” era un atípico personaje –un bancario que tras caerle un rayo y caer en coma se convierte en el contenedor de un espíritu vengativo que sólo se despierta para perseguir a los malos-de la inagotable galería de héroes del Oeste de la DC que pasó sin pena ni gloria. Tras unos inicios cmpartiendo cabecera con “Jonah Hex” y una serie propia que pasó sin pena ni gloria al olvido al personaje se le dio carpetazo en “Crisis” hasta que Azzarello lo recuperó para el sello Vertigo en esta miniserie de cuatro números que, a pesar de llevar el nombre del personaje en la cabecera este tiene una importancia marginal como elemento secundario de la trama sucia de suplantación de identidades que Azzarello quiere contar.

Moisés Stone es un antiguo cazarrecompensas que lleva una vida tranquila junto a su mujer como sheriff de un tranquilo pueblo en el que esperan terminar sus vidas sin problemas. Sin embargo, cuando en el pueblo irrumpe tras unos vaqueros que habían ido a tomar unas rondas el forajido conocido como El Diablo y deja malparado al duro sheriff Stone, este organizará una partida de caza que le perseguirá hasta las últimas consecuencias, una caza que obligará a Stone a enfrentarse con los fantasmas de su pasado en Halo, el pueblo al que nunca pensó que volvería.

Irregular trabajo de Azzarello en su primer acercamiento al género western –volvería a intentarlo en la serie “Loveless” junto a Marcelo Frusin- a través de una historia de intriga con elementos sobrenaturales de estructura circular en la que los elementos típicos del western quedan difuminados, por no decir que desaparecen. En realidad, Azzarello se limita a encajar una trama negra de suplantación de identidades en medio del Oeste sin que este tenga especial importancia en la trama. Si el tebeo entretiene es gracias a la frescura que Azzarello le confiere a los diálogos y algunos momentos que si bien funcionan por sí mismos de manera independiente conforme avanza la lectura al finalizar la historia el lector es consciente del poco cuidado puesto por el guionista por coser las costuras de una historia con demasiados agujeros.

No ayuda para nada a Azzarello el apartado gráfico donde el croata Danijel Zezejl deja constancia que su estilo sucio y de trazo grueso es poco adecuado para el género Western, aun cuando este sea tan raro como el que idea el guionista. Zezejl está lejos de ser un Eduardo Risso, es un dibujante con marcado carácter expresionista que me recuerda a John Paul Leon pero que ni por asomo logra los resultados estéticos de aquél, con lo que la localización que en este tebeo hubiera requerido un especial cuidado dado el poco cuidado que Azzarello ha puesto en él (aquí se le ven las carencias y todo lo que le ha “tapado” Risso en “100 Balas”) y que me lleva a pensar que la historia hubiera funcionado igual–o no hubiera hecho- en cualquier otro contexto (bélico, terror, negro…).

En definitiva, “El Diablo” es un cómic “made in Azzarello”, una buena idea poco trabajada que no acaba de desarrollarse a fondo por el poco cuidado que el autor pone en los detalles.

Linterna Verde, ¿Linterna Verde?, ¿Farola Verde? Mande…

Resulta irritante la tendencia generalizada en los directores artísticos o los diseñadores de vestuario o vete tú a saber quiénes son los encargados en las películas de superhéroes de remozar la imagen de los personajes. No es algo exclusivo, por supuesto, pero parece que existe un estúpido afán de protagonismo que les capacita para hacerse notar con variaciones que por lo general acaban irritando a los que conocen a los que han seguido a los personajes durante años. Quizás son pequeños detalles pero son pequeños detalles que sumados a otros, pequeños y grandes, hacen que las películas funcionen y la gente tenga ganas de verlas.

Esta semana que hemos repasado las películas de “X-Men: First Class” y “Thor” acabamos con la primera imagen de Linterna Verde para la película que supuestamente se estrenará en 2011. Linterna Verde es un personaje con el que deberían andarse con mucho cuidado para no acabar haciendo el ridículo más espantoso porque sus características obligan a una película épica, grande y…espacial, un pedazo de “space opera” que debería seguir la línea de “Star Wars” o “Star Trek”. Mucho presupuesto y un trabajo duro de guión y dirección para que tanto derroche de imaginación como requiere un tipo con un anillo verde con el que puede hacer lo que quiera y que se lo dieron unos enanitos azules cabezones para que patrullase el universo resulte creíble en la pantalla.

Complicada tarea de por sí para incorporar añadidos irritantes como convertir el traje de Linterna Verde en una especie de farola estreñida. Entre todos los variantes de traje que han tenido los linternas verdes en los cómics no hay ninguno que tenga esos detallitos tan horteras ni sea completamente verde.

Habrá que ver algo más pero mal empezamos…Sin ser agonías yo por esta peli no doy un duro.



jueves, 15 de julio de 2010

“Versus”, de J.M. Beroy y J.M. Polls.

Ahora que Diábolo Ediciones acaba de reeditar esta obra de Beroy y Polls no parece mal momento para releer la reedición de las cuatro historias que las componen y que en su momento fueran publicadas en la revista Cimoc para ser recuperadas en álbum por Norma Editorial y reencontrarse con el buen hacer de un dibujante, J.M. Beroy, que fuera estandarte de las pujantes nuevas generaciones del cómic patrio en la década de los ochenta y que, visto el panorama, ha tenido que compaginar su vocación por el cómic con otros trabajos que cubrieran el día a día, junto a un guionista, J.M. Polls, que quizás nunca ha tenido todo el reconocimiento que merece dada su dilatada trayectoria en el medio.

Versus” recoge cuatro historias negras, negrísimas en las que el horror se conjuga con el humor y la ironía con la truculencia para ofrecer resultados atemporales y que mantienen su vigencia más allá de los años (es tanta su vigencia que ayer mismo me cenaba en el Telediario con una noticia sobre México que casi reproducía una de las situaciones de una de las historia en toda su brutal verosimilitud). Así encontramos historias de distinto pelaje y condición cuyo único tema central es el enfrentamiento, la confrontación de los comportamientos de los seres humanos ante situaciones desesperadas que nos obligan a profundizar en el estudio de nuestra huidiza naturales en la que acaba aflorando lo peor de nosotros mismos. Historias como la que obliga a sumergirse a dos enemigos irreconciliables en un mar revuelto en pos de una prenda que les otorgará el derecho de pernada sobre una dama, historias escabrosas como “Buen Apetito” en la que la comida se convierte en el instrumento mortal para castigar los errores que provoca la amistad; historias en las que las mujeres se convierten en instrumento obsesivo de persecución y disfrute de jugadores aficionados a los más morbosos placeres; e historias decrépitas de sheriffs seniles y miopes que hacen de la caza de antiguos delincuentes la excusa para sembrar el caos en desérticos pueblos del profundo medio oeste norteamericano.

En “Versus”, Polls se muestra como un guionista curtido y con oficio que domina las características del género negro para, igual que hiciera en su momento Hitchcock en su serie de televisión, encontrar el punto de ironía y comicidad a las más dramáticas y extremas situaciones localizadas en los puntos más inhóspitos e insospechados de un modo tal que a uno no le cuesta imaginarse a Quentin Tarantino repanchigado en el videoclub o a los Coen encerrados en los lavabos del colegio devorando las historias que componen “Versus”. Pero, estas historias adquieren todo su potencial en manos de un dibujante tan dotado para los matices y la narración como es J.M Beroy, un dibujante minucioso y detallista capaz de enriquecer y dar un tono personal y característico a cada una de las historias para encontrar el punto de equilibrio justo entre truculencia y comicidad que requieren para funcionar tan bien como lo hacen. Beroy es un dibujante sobresaliente, que une a su buen sentido de la narración y el tempo, la capacidad de acometer cualquier localización y efecto con espectaculares resultados, incorporando detalles y narraciones paralelas a la historia que adelantan en varios años recursos que luego han sido aplaudidos hasta la saciedad en autores tan variopintos como Guarnido o Risso (por no hablar de Roger o Robledo y Toledano) y entronca directamente con los Beroy, Font, Bérnet, Beá, Múñoz y cia.

En definitiva, la nueva edición de “Versus” –corregida y aumentada- es una buena ocasión para los jóvenes aficionados para descubrir el talento de unos autores inspirados mientras que los más veteranos podrán disfrutar de nuevo de unos cómics que no han perdido la frescura de antaño sino que más bien fueron adelanto y prólogo de mucho de lo que vino después. Nobleza obliga..

Odín Hopkins y el proyecto de “Thor”…¿Por qué esta sí y la otra no?


Imagino que quién más y quién menos ya habrá visto la fotito que circula con la imagen de Anthony Hopkins caracterizado como Odín para la película de “Thor” que Kenneth Branagh prepara para el 2011. Detrás de Odín Hopkins, aparecen Thor y Loki, interpretados por Chris Hemsworth y Tom Hiddlestom. ¿Os han gustado? Parece que a la gente sí aunque a mí la foto fija no me diga mucho y este Odin tenga más pinta de "King Arthur" que del todopoderoso dios nórdico.

Por otro lado y en relación con lo que veníamos comentado sobre “X-Men: First Class” no puedo dejar de preguntarme que ha motivado que los X-Men se hayan convertido en una licencia juvenil y todo lo que rodea el proyecto parezca tan improvisado mientras que en las películas de los héroes Marvel de la línea vengadores –“Thor”, “Capitán América”, “Iron Man”…- da la sensación contraria, que todo este planificado de antemano, y han sido capaces de involucrar equipos más contrastados. Mismamente para esta película de “Thor” a un director y un actor de prestigio. ¿Cuál es la diferencia? ¿Es un público diferente a las que van dirigidas unas y otras? No entiendo nada.

Hay os dejo una galería de imágenes de Odín para que comparéis como ya hicimos con Thor. A mí, por lo que se ve en esta imagen, Hopkins me parece un tanto blandito más en la estela del Zeus de Neesom en el “Clash of Titans” de Leterrier o incluso de las adaptaciones shakespirianas de Branagh (El de arriba es el fantasma del padre de "Hamlet". Que miedo das Kenneth Branagh...) que de las versiones marvelianas. ¿Qué opináis?