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viernes, 31 de agosto de 2012

“El poder de las tinieblas”, de John Connolly.

Ya comenté por aquí que me había gustado “Todo lo que muere”, la primera de las novelas  protagonizadas por el atormentado detective Charlie Parker y escritas por el  irlandés John Connolly, así que, tras un tiempo prudencial para airearme con otras lecturas, he retomado la serie con “El poder de las tinieblas”, la segunda entrega de la serie.


Uno año después de los hechos narrados en la primera entrega, nos encontramos con un Charlie Parker que intenta rehacer su vida volviendo a la casa de su juventud en los bosques de Maine. Sin embargo, Parker no encontrará la paz que ansía y se verá envuelto en nuevos peligros cuando una transacción entre mafiosos sale mal y el suicidio de una aterrorizad anciana se conectan para enfrentarle a antiguos asesinos escondidos en los profundos bosques de Maine y en su pasado.

 
El poder de las tinieblas” es una novela absorbente, que no desmerece todo lo positivo ofrecido en la primera entrega. Connolly ofrece una evolución lógica a los principales personajes que orbitan en torno al atormentado Charlie Parker y desarrolla con éxito una trama compleja y absorbente en la que, de nuevo, los sanguinarios serial killers y los ambiciosos mafiosos se convierten en sus principales antagonistas.

 
La trama detectivesca está resuelta con oficio, aplicando una fórmula en la que Connolly incorpora a la base de la trama de intriga dosis de terror psicológico y elementos sobrenaturales que ponen en tela de juicio la cordura del protagonista. Es precisamente esos momentos que podríamos llamar oníricos los que suponen el mayor lastre de una historia, por otro lado, de nuevo bien documentada y en la que el autor  recrea para nosotros el profundo Maine con un dominio apabullante que a veces durante la lectura  me ha hecho preguntarme si a Connolly no  habrá usado de negro al mismísimo Stephen King.

Tras acabar “El poder de las tinieblas me queda la duda sobre hasta cuándo Connolly será capaz de aplicar la fórmula de éxito que ha encontrado sin acusar desgaste. Según parece, la cosa debe seguir funcionándole bastante bien porque la serie ya va por la duodécima entrega. Si acaso cuando pruebe con la tercera ya os cuento si me sigue convenciendo.

miércoles, 12 de octubre de 2011

“Todo lo que muere”, de John Connolly.

Hace algún tiempo, alguien dejó en los comentarios la recomendación de la serie de novelas de John Connolly protagonizadas por el detective Charlie Parker. El comentario no cayó en saco roto y acabo de terminar la primera de esas novelas “Todo lo que muere” descubriendo a un interesante autor que, a pesar de su origen irlandés, lleva a cabo una atractiva actualización del hard-boiled, incorporando sabiamente elementos ajenos a esa tradición que la nutren y la revitalizan de un modo más cercano al género negro y la novela detectivesca de tradición europea del que un James Ellroy, por poner por caso, se me antoja incapaz.

En esta primera novela, Connolly presenta a su héroe –o antihéroe- quién comparte nombre y apodo con el famoso saxofonista de jazz. Sin embargo, el Charlie Parker de Connolly es un antiguo policía de Nueva York que ha abandonado el Cuerpo tras el asesinato de su mujer y su pequeña hija en terribles circunstancias e intenta reconducir su vida como detective privado investigando la desaparición de una mujer desaparecida. En su investigación, Parker descubrirá una sórdida red de asesinatos que se remontan en el tiempo y conectan a una de las más influyentes familias de la Gran Manzana con una sangrienta familia mafiosa y le pondrá tras el rastro de El Viajante, el perverso asesino en serie que mató a su familia.

Si no fuese porque en la tapa se menciona que la nacionalidad de Connolly es irlandesa uno podría pensar que está ante un autor genuinamente norteamericano por lo realista y documentado de las descripciones que nos trasladan a lo largo de esta emocionante novela por las más variopintas localizaciones estadounidenses y la meticulosidad con que explica los procedimientos policíales y forenses. Connolly asienta buena parte del éxito de su obra en la documentación, pero sobre todo en la magnífica caracterización de los personajes desde el protagonista principal hasta el último de los secundarios dotando a cada uno de una personalidad definida que poco a poco conforme avanza la trama va desplegando ante el lector. Este proceso es especialmente notorio en el caso del protagonista, Charlie Parker, al que poco antes de embarcarnos en el desenlace final de la novela, ya conocemos con meticulosidad tanto en lo referente a su personalidad, gustos y motivaciones como hechos biográficos de su infancia y adolescencia. A partir de ese soberbio desarrollo de los personajes, Connolly construye una doble trama compleja y amarga que nos acerca a diferentes ámbitos al lado más sórdido de la naturaleza humana enfrentando a su protagonista a variopintos asesinos en serie hasta el cara a cara con su nemesis particular, un asesino inteligente, culto y depravado en la estela de los que se pusieron tan de moda en los noventa a raíz del éxito de "El silencio de los corderos".

Connolly maneja perfectamente los resortes del género negro y aunque en algún momento abuse de ciertos elementos sobrenaturales que harán chirriar a los más puristas sabe mantenerlos controlados para que no afecten en exceso en el desarrollo general de la historia aprovechando el dominio de un estilo preciso y conciso para mantener atrapado al lector aun cuando revisite caminos trillados en tantas y tantas novelas y películas y esconder ciertas licencias que faciliten el desenlace de la historia.

Tras finalizar, “Todos los que mueren” en la que queda aparentemente todo tan bien atado tengo curiosidad por ver como siguen las andanzas del atormentado Charlie Parker, así que creo que en los próximos meses tendremos John Connelly para rato. Si acaso, ya os iré contando.