lunes, 12 de mayo de 2014
“Sabor a menta”, de Carlos Giménez.
jueves, 10 de abril de 2014
“Bandolero”, de Carlos Giménez.
miércoles, 19 de marzo de 2014
“Pepé 4”, de Carlos Giménez.
miércoles, 12 de febrero de 2014
“Ciudad”, de Ricardo Barreiro y Juan Giménez.
De este modo, en cada uno de los capítulos autconclusivos ideados para su publicación seriada en revista aunque guarden una continuidad que permite la hilazón de la historia vemos como los protagonistas se encuentran con monstruos y figuras literarias basadas tanto en el cine como la literatura o el folklore en lo que acaba convirtiéndose en un recorrido por muchas de las influencias y amores del gran guionista argentino.
Además, la poderosa presencia que supone la omnipresente y opresiva Ciudad en la que suceden todas esas aventuras es al mismo tiempo una poderosa metáfora en torno a la alienación a las que las grandes urbes pueden someter a sus habitantes al tiempo que una reividicación del potencial de estos para sublimar sus peligros mediante las propias capacidades personales.
lunes, 30 de septiembre de 2013
“Pepe 3”, de Carlos Giménez.
En fin, “Pepe” es sobre todo un hermoso homenaje desde la amistad y la admiración a un artista que, como señala Giménez. seguramente mereció en vida mayor relevancia y aplauso. No será el primero ni el último.
domingo, 10 de marzo de 2013
“Pepe 2”, de Carlos Giménez.
jueves, 4 de octubre de 2012
“Pepe”, de Carlos Giménez.
lunes, 26 de julio de 2010
“Hom”, de Carlos Giménez.

Pensaba que ya habíamos hablado por aquí sobre este cómic de Carlos Giménez pero va a resultar que no. Y como desde los comentarios alguien me había pedido opinión y nunca da pereza releer a Giménez ahí va mi comentrario.
“Hom”, de Carlos Giménez –como ya refleja desde la portada la edición de Glénat es una adaptación de una novela de Brian Aldiss titulada de “En el lento morir de la Tierra” que en posteriores ediciones se tituló, erróneamente para mi gusto, “Invernáculo” . Este dato, que podría ser importante si estuvieramos ante otro autor y conferirle un carácter tributario del original, sólo cobra un interés anecdótico en el caso de este cómic, porque Giménez le da un nuevo enfoque para construir a través de las aventuras del protagonista, el abnegado Hom, una metáfora sobre el poder, la injusticia y la libertad, convirtiéndose quizás en el mejor resumen del ideario de su autor y su posicionamiento vital, cobrando -además- todo su significado si nos retrotraemos al período de su primera publicación (principios de los setenta) que conllevó que la obra fuera censurada y tuviera que ser publicada por primera vez en Italia en 1974 para ser editada por primera vez en España en 1977.
“Hom” nos cuenta las andanzas del personaje que da título al álbum. Un guerrero de una Tierra futura y crepuscular devastada a causa de un cataclismo desconocido y en la que los pocos humanos sobrevivientes han vuelto a la barbarie primitiva y conviven con distintos tipos de mutantes. Hom vaga por un inhóspito vergel tras huir de las injusticias que tienen lugar en su tribu para acabar convertido en el huésped de un parásito que se adosa a su cabeza y le promete alimento, poder e inteligencia a cambio de su fuerza. De este modo, dominado por el parásito, realizará toda serie de tropelías a las que es incapaz de resistirse y llevado por las ansias de dominación de su captor hasta dar con El Gran Yo, un megalómano mutante anfibio incapaz de andar y que viaja con su séquito hacia el mar siguiendo su propio ciclo biológico. Cuando el portador de El Gran Yo muere reventado, a instancias de su párásito, Hom cargará con él y al tiempo que inician una frenética huida de la amenaza de los aulladores y se ve obligado a actuar de nuevo contra su voluntad irá adquiriendo conciencia de la injusticia del mundo que le rodea en el que la única ley que prevalece es la de la jungla en la que el más grande se come al chico.

“Hom” es una obra polisémica que adquiere un mayor significado teniendo en cuenta el momento histórico de su gestación en los últimos coletazos del franquismo pero que no por ello ha perdido vigor su mensaje dado su carácter metafórico y filosófico en lo que es un profundo estudio del comportamiento humano.
Giménez, sin renunciar a la ambientación y la narración de las aventuras de los protagonistas en su viajar, que constituyen el punto fuerte de la novela/relatos de Aldiss y que permiten una lectura superficial de género entretenida y vibrante para el lector que no busque nada más, centra su interés en el estudio de las relaciones de los personajes para describir las distintas formas de dominación a través de sus relaciones en un relato dramático, oscuro y pesimista, en el que por un lado se encuentran los dominados (el protagonista y los hombres planta cuyas posturas se convierten en metáforas de los comportamientos más habituales entre la población) frente a los explotadores encarnados por El Gran Yo y el parásito trasuntos de los poderosos y manipuladores que aprovechan el trabajo de los demás en su propio beneficio.
Frente a ese panorama de injusticia y crueldad, Giménez se rebela a través de la toma de conciencia del protagonista de la necesidad de colaboración de los débiles frente al atropello de los fuertes aunque el autor no se engaña de lo utópico de sus soluciones ni el carácter quasibiológico del ciclo, dominador/dominado, ofreciendo finamente un final abierto con un futuro del protagonista –Hom, el Hombre, España…- lleno de posibilidades.
Es muy difícil trasladar tantas ideas y tanta carga filosófica (el que quiera ver en “Hom” un álbum esencialmente político se queda corto) y a tantos niveles como lo hace Giménez en esta historia magistral en la que lleva al extremo las posibilidades del medio con una concisión´ejemplar. En esta obra, Giménez se muestra especialmente minucioso en el reflejo de las facciones de los distintos personajes logrando soberbias caracterizaciones psicológicas marcadas por el conflicto o la maldad y es capaz de introducir no sólo una sino varias historias –largas, el flashback en que se nos narra la huida de Hom y su compañera de su tribu, cortas, las relaciones biológicas entre las distintas especies vegetales y animales que habitan la Tierra crepuscular en que se desarrolla la historia- dentro del caudal de la trama principal que potencian y retroalimentan su carga emotiva y dramática así como su ideario sin que por ello decaiga el ritmo ni la intensidad de la narración en una historia cargada de momentos dramáticos atemperados con elegantes transiciones no exentas de contenidos , logrando un resultado unitario de un modo que ni el propio Aldiss fue capaz de conseguir en la novela que sirve de punto de partida a Giménez (ideada en un principio como un conjunto de relatos).
En definitiva, “Hom” es otra de las grandes obras de ese gran maestro del Noveno Arte que es Carlos Giménez y en mi opinión su obra maestra dentro del género de la ciencia ficción. Una obra clásica cuya moraleja, más allá de estar adscrita a su tiempo, lo supera y mantiene su vigor hacia el futuro como un aviso a navegantes (y lectores) de los peligros que encierra el lado oscuro de la naturaleza humana.Avisados, quedamos, el maestro Giménez, dixit.
miércoles, 14 de julio de 2010
“Koolau, el leproso”, de Carlos Giménez.
Si a cualquier aficionado le piden que recomiende una obra de Carlos Giménez, seguramente la respuesta automática será “Paracuellos”. Lógico teniendo en cuenta la envergadura e interés de esa obra y lo atractivo de la temática para aquellos que sean profanos en el medio, pero si nos parásemos a meditar un poco la respuesta yo recomendaría “Koolau, el Leproso”, una obra que en principio pueda pasar más desapercibida pero que en mi opinión es la que mejor engloba las preocupaciones y temáticas desarrolladas a lo largo de toda su trayectoria al tiempo que deja constancia de su descomunal talento para la narración gráfica.
“Koolau, el leproso”, publicada por primera vez en 1979 seriada en tres partes en la revista “Tótem” funciona perfectamente como álbum unitario tal y como la ha recuperado Glénat y en ella Giménez adapta un relato de Jack London, para explicar el enfrentamiento de un indio kanako, Koolau, contra los policías primero y los soldados después que pretenden trasladar a su mermada tribu diezmada por la lepra a una leprosería abandonando las cumbres en las que se han refugiado huyendo de la invasión de sus tierras por los colonos.

“Koolau, el leproso” trasciende su carácter de adaptación y mera obra de entretenimiento para convertirse en uno de los mejores cómics de Carlos Giménez, desplegando un abanico de recursos narrativos que ya quisieran para sí muchos de sus críticos para trasladar al lector al tiempo tanto el dinamismo de la acción en los constantes enfrentamientos que el indio Koolau mantiene con los soldados como el dramatismo estéril pero lleno de dignidad que encierra su pírrica victoria.
.png)
Giménez es a estas alturas un autor completo que a través de variaciones de su estilo es capaz de caracterizar los distintos niveles la historia. Así frente a la representación pronunciadamente feísta de los decadentes indios leprosos en que se mezclan los estragos de la enfermedad con sus tatuajes con un matiz expresionista contrapone los flashbacks del pasado del protagonista en la que este evoca su niñez y juventud en los que su estilo se vuelve preciosista, difuso y limpio para representar un recuerdo idealizado. Del mismo modo, ocurre con la caracterización y representación de los soldados y policías que aparecen claramente dibujados, nítidos y limpios en su carácter de hombres civilizados atribulados en el cumplimiento de una misión por la que realmente no sienten ningún interés.
“Koolau, el leproso” es una auténtica obra maestra –sí me mojo - de Carlos Giménez y su análisis y estudio debería ser de estudio obligatorio para todos aquellos que quieran contar historias a través de viñetas pero, además, es una adaptación y un cómic de entretenimiento que sin traicionar la esencia del original se enriquece con la interpretación humanista y pesimista que el autor sabe incorporar en cada una de sus viñetas para mantener hipnotizado al lector de principio a fin. Un cómic imprescindible.
.jpg)
martes, 8 de abril de 2008
36-39 2: Malos tiempos” de Carlos Giménez

Tomando como hilo conductor de estas historias cortas a la familia de Marcelino, el personaje protagonista de la mayor parte de las historias en el primer álbum de la serie, Giménez nos acerca a las historias de miseria y miedos cotidianos entre la población civil alejada del frente de combate de ese Madrid castizo que tan bien conoce y describió en “Barrio”. Sin embargo, en esta ocasión, Giménez se aleja del costumbrismo esperanzado de esa serie de posguerra para escribir un álbum mucho más cercano a su mejor serie y por la que más reconocimientos ha obtenido, “Paracuellos” al convertir a los niños en los principales protagonistas de los sucesos narrados en este álbum. Niños que pasan hambre, niños que se asustan ante las alarmas y los bombardeos nocturnos, niños obligados a madurar demasiado pronto para buscar alimentos pero, al tiempo, niños que mantienen intacta la inocencia como bálsamo para los horrores a los que se enfrentan cotidianamente y ofrecer una vía de escape en su ingenuidad al lector que no puede dejar de esbozar una sonrisa ante sus reacciones frente a los horrores descritos por el autor. De las historias recogidas en el álbum la más destacable, sin duda, es la que lo cierra, “Sito”. Una historia que rompe la estructura del álbum tanto por su extensión como por los recursos que Giménez emplea. Si el resto de historias son de cinco páginas divididas en seis viñetas, en esta historia Giménez rompe esa estructura de página para aumentar la carga dramática de la historia y desarrollar una narración tan patética como hermosa y que por sí sola justifica la compra del álbum.
Marcelino y su mujer, son personajes arquetípicos, que representan al hombre y mujer anónimos dispuestos a enfrentarse con dignidad a lo injusto de la situación que les ha tocado vivir, sacando adelante a su familia y sirviendo de contrapunto con su posicionamiento profundamente humano a la brutalidad de los milicianos que saquean y provocan disturbios aun sin renunciar por ello, al igual que el autor, a su ideario personal ni sus principios.
Giménez escribe y dibuja un álbum excelente con buen pulso narrativo y una planificación que le lleva a dosificar perfectamente la tensión de las historias que narra. Como bien señala Hernán Migoya en el artículo que sirve de introducción al álbum, el uso que hace Giménez del lenguaje escrito es perfecto para el tipo de historias breves que lo forman, situando la acción y creando el estado de ánimo necesario para que luego sus conmovedores dibujos apuntillen la sensibilidad del lector. No esperen en este álbum sorpresas estilísticas ni novedades en el estilo de Giménez. El autor no hace más que mostrar aquéllos recursos de los que está dotado sin trampas ni cartón y los exprime al máximo con la sabiduría y lucidez que ha demostrado a lo largo de toda su carrera haciendo aquello que mejor sabe hacer: contar historias conmovedoras. Es tan absurdo pedirle a Carlos Giménez a estas alturas de su carrera que “evolucione” como sería pedirle a Goscinny que dibujase Asterix de una manera diferente. Giménez es un clásico de nuestra historieta y un clásico vivo y en forma por lo que creo que todos debemos felicitarnos y disfrutar de la sabiduría y humanidad que desprenden sus historias. Y este álbum es una buena muestra de ello.
La edición de Glénat es bastante buena aunque se le pueden achacar un par de errores graves. En mi ejemplar (no sé si afectará a toda la tirada o sólo una parte de ella) las páginas 32 y 33 están intercambiadas con lo que si no se lee en su orden se pierden el hilo narrativo) y en la página 49 segunda viñeta escriben “habrían” del verbo abrir (¿Cuándo las editoriales se van a molestar en contratar un par de correctores para subsanar los errores ortográficos?). Por lo demás, el artículo laudatorio de Migoya y el más contextualizador de Antonio Martín resultan interesantes y correctos.
Si quieren leer más sobre “36-39: malos tiempos” en El lector impaciente pueden hacerlo aquí.
Si quieren leer sobre otras obras de Carlos Giménez en El lector impaciente pueden hacerlo aquí.
lunes, 3 de diciembre de 2007
“36-39: malos tiempos” de Carlos Giménez

La Guerra Civil y, sobre todo, la posguerra ha sido y es un tema explotado hasta la extenuación por muchos autores en el cine y la literatura pero muy pocos han sabido imprimirle tanta “verdad”, sensibilidad y crudeza como Carlos Giménez en sus grades series en Cómic -para los que se empeñan en seguir diciendo que este es un “arte menor”-, “Barrio” y, sobre todo, “Paracuellos”. Por ello, no deja de ser una buena noticia que Giménez haya decidido acercarse directamente a la época de la Guerra Civil y cerrar de algún modo el ciclo iniciado hace ya tantos años con “Paracuellos”. Más, si cabe, cuando demuestra que el tiempo no pasa por él y es capaz de construir una obra solvente y moderna en lo narrativo, con algunas soluciones sobresalientes, sin abandonar en absoluto su personalísimo estilo.
En este álbum construye a través de una serie de pequeños episodios de extensión variable un recorrido a través de la barbarie de la sinrazón que supone una guerra fratricida, como fue la española, para los no combatientes de los dos bandos, centrándose en los abusos que se dieron en ambos bandos en los primeros meses tras el fracaso del golpe de estado que dividió España en dos mitades enfrentadas en las que se encontraban atrapados miles de simpatizantes de uno y otro bando y en el que las purgas, los “paseos” y los abusos por razones muchas veces ajenas a los intereses bélicos y siempre por motivos bastardos dieron lugar a miles y miles de asesinatos a sangre fría. Giménez, que a lo largo de su carrera, si algo ha demostrado es que domina como pocos la capacidad para pasar de la ingenuidad pueril y la felicidad costumbrista al choque más dramático con la crueldad en sus diversas formas ambienta su trabajo en dos localizaciones geográficas diversas, por un lado el Madrid republicano y por otro la Zamora dominada por los sublevados y en ellos sitúa a sus personajes para hacerlos víctimas de los desmanes del hombre. Giménez evoluciona en sutileza y es capaz de narrar varias historias en paralelo dotándolas de continuidad a través del mantenimiento de los mismos personajes en diversos capítulos a lo largo de todo el álbum y jugando hábilmente con los lápsus temporales usando como nexo entre historias (o capítulos) viñetas mudas cargadas de dramatismo en la que muestra a las víctimas de las ejecuciones .y alterna el protagonismo de las localizaciones para connotar la culpabilidad de los dos bandos en la barbarie generada por la guerra y dejar constancia que las verdaderas víctimas en el conflicto no fueron sólo los muertos, que cierran como un epílogo silencioso y siniestro la mayoría de las historias, sino también sus familiares y amigos atrapados en una realidad que les supera. Giménez pasa a lo largo del álbum de lo general a lo concreto con una sabiduría que sólo los años de oficio pueden dar, algo que queda especialmente en evidencia en la historia de Mateo y su mujer en la que implica al lector en unos hechos cuyo desenlace ya conoce de una manera tan hábil que debería ser asignatura obligatoria para todo aquél que quiera contar historias en viñetas. También es de resaltar el autocontrol mostrado por Giménez, cuyo posicionamiento político es de dominio público, a la hora de no intentar tomar partido por ninguna de las partes y centrarse en la crueldad de los hechos, dejando al lector libertad para sacar sus propias conclusiones pero sin ocultar sus propias opiniones, reflejadas a través del personaje de Marcelino, común denominador de las historias que transcurren en el lado republicano y que muestra la sensatez del hombre de a pie frente a los acontecimientos que le ha tocado vivir.
En fin, Giménez lo ha vuelto a hacer: ha creado una historia en la que perderse durante horas disfrutando de la habilidad de un autor único que desde una aparente simplicidad construye obras de una complejidad enorme y meditar acerca de unos hechos que nunca deberían repetirse. Compra obligada.
martes, 18 de septiembre de 2007
“Barrio” de Carlos Giménez

A lo largo de los cuatro volúmenes que componen esta obra publicada por Ediciones Glénat Giménez ha ido evolucionando tanto en lo narrativo cediéndole el testigo del protagonismo de sus historias a amigos y compañeros de generación abandonando en parte el relato autobiográfico de los primeros volúmenes hacia una mayor variedad temática sin perder por ello del norte de lo qué es el objetivo de la obra, rememorar a través del conjunto de esas pequeñas intrahistorias cotidianas la dureza de un tiempo y lugar en el que también había espacio para las pequeñas alegrías de la infancia y la adolescencia que el autor parece añorar. También se aprecía una evolución en el aspecto gráfico, lo cuál es de agradecer en un autor tan contrastado como Giménez, desde la publicación de las primeras historias de “Barrio” hace ya casi treinta años hasta las últimas publicadas el año pasado. Así, Jiménez abandona las composiciones a una página que usara en el primer álbum y que tan bien explotara en su obra más reconocida, “Paracuellos” por una composición de página más moderna y libre basada en viñetas más grandes y detalladas en las que los escenarios del barrio se convierten en los auténticos protagonistas perdiendo de este modo “Barrio” parte del elemento opresivo que destilaba “Paracuellos” en busca de una mayor libertad. Esa evolución, casi ruptura estilística, alcanza su punto culminante dentro de la serie a lo largo de las historias recogidas en el segundo tomo en las que un Giménez en plena forma es capaz de escribir alguna de las mejores historias de su ya extensa carrera. En ocasiones, Giménez aborda la narración de sus historias como narrador impersonal de la historia, dejando que el peso de la misma recaiga en las situaciones y personajes mientras que en otras deja que el dramatismo de la historia se desarrolle a través de los ojos inocentes de un niño que no comprende lo que ocurre a su alrededor, como en "Ese día..." (tomo IV) , para escribir historias tan duras como crueles en las que ajusta cuentas con las costumbres de la época.
En definitiva, “Barrio” es una obra para todos aquellos que quieran saber cómo era España no hace tantos años y aprender a valorar más lo que tenemos ahora. Un cómic que nadie debe dejar escapar.



































