sábado, 24 de octubre de 2009

José Luis Munuera, ¿dibujante- dibujante o dibujante de historietas?

FeR: Me interesa eso que comentas, “el dibujo para mí no es más que una herramienta”. Entiendo que hablas de ti mismo como autor, pero, ¿piensas lo mismo cuando se trata de otros autores? Es decir, centrándonos en el cómic, ¿piensas que un excelente dibujo no tiene valor per se si no está al servicio de la historia, o eres capaz de disfrutar e incluso recomendar un cómic narrativamente pobre o confuso por una simple cuestión de goce estético?

Munuera: En efecto, el mejor dibujo del mundo, si no es narrativamente útil o se pone al servicio del relato, está de más en cómic, según mi opinión. Me gusta muchísimo disfrutar del dibujo, sea en tebeos, sea en ilustraciones, pero no me interesan los tebeos bien dibujados pero que son, por ejemplo, confusos a la lectura. Verás, creo que existe el dibujante-dibujante; el dibujante que disfruta en el mero hecho de dibujar y que puede ser maravilloso. Es el tipo de dibujante que disfruta con su línea, con la mancha, con las formas, con las propias herramientas del dibujo. Suelen ser excelentes ilustradores. Existe también el dibujante de historietas, que es un tipo de dibujante específico, capaz de comerse marrones del quince, porque al menos el cincuenta por ciento de las viñetas de un tebeo son simplemente narrativas y no particularmente interesantes gráficamente. Son NECESARIAS para el discurrir de la historia, son pura información: el tipo de imágenes que al dibujante-dibujante le dan repelús. No tiene por qué ser un “buen dibujante” en la acepción ortodoxa del término, pero para ser un buen “dibujante de historietas” se necesita ser igualmente muy bueno. Muchos dibujantes-dibujantes son incapaces de hacer historieta, que es una disciplina bastarda (ni literatura pura ni ilustración pura) que tiene sus propias necesidades.

Por otro lado, algunos dibujantes-dibujantes sí que son buenos dibujantes de historieta, y entonces es la felicidad total. Porque a mí el aspecto gráfico me sigue pareciendo esencial, aunque menos que el narrativo. Jean Giraud o Christophe Blain son excelentes dibujantes-dibujantes que también son excelentes dibujantes de historietas.

En resumen, entre Milton Caniff y Harold Foster, siempre estoy del lado de Caniff. Me admira Foster como dibujante, cierto, pero la reverencia que me produce la perfecta adecuación de los recursos de Caniff, su justeza, su propiedad,su funcionalidad narrativa, impecable, me hace disfrutar muchísimo más de su trabajo que la mera exhibición de técnica de foster. Caniff es lenguaje puro, puro tebeo, y Foster es todo dibujo, un ilustrador, muy bueno sí, salido del XIX, poniendo un dibujo al lado de otro casi por casualidad. En mi opinión, Caniff va muchísimo más lejos que Foster…

No puedo recomendar un tebeo solo por su dibujo, porque entonces no estoy recomendando un tebeo, sino un dibujo. Un tebeo es dibujo y narración, o no es.

FeR:Cómo es tu proceso de dibujo, desde que lees el guión hasta la página acabada? ¿Hay alguna de las partes que sea crucial para ti, que sea esa en la que queda definido lo que será la página impresa?

Munuera: La parte del proceso esencial es imaginar la página. Verla antes de que exista. Verás, en ese intento por conservar la frescura, en esa intención jazzística del dibujo como herramienta, no hago story board, no preparo las páginas antes de atacarlas (y “atacar” está bien traído: es una guerra).

Así funciono: primero leo el guión. Tranquilamente, tomando un café. Después lo voy imaginando, como si fuera una película que se proyecta en mi cabeza. Suelo hacer una página al día, así que, a eso de las ocho, cuando he facturado a mis hijas al colegio, imagino mi página durante un rato. Después, todo es trascripción. Pero una trascripción que no puede ser nunca literal (¡ay, más quisiera yo!), sino que está impedida y, a veces, pocas, magnificada por mis propias herramientas. Así que procedo a abocetar someramente la página. Este es el paso clave, el momento en el que lo imaginado se fija, se concreta. No suelo hacer unos lápices muy acabados, y de hecho, rara vez tengo la página entera acabada a lápiz antes de empezar a entintar. Me gusta dejar un margen amplio a la improvisación, porque el entintado es esencialmente técnica, y la técnica es esencialmente aburrida. Trazar líneas de fuga, componer las viñetas, construir los personajes, todo eso es pura técnica. Pura mecánica. Sin embargo, concedo una importancia tremenda al entintado, a la “maniera”, porque es con lo que el lector se va a enfrentar. Lo cuido mucho y, por lo poco acabado que está el lápiz, intento que el entintado no sea mero repaso, sino también dibujo puro.

Para mí, lo importante es mantener un nivel de concentración total en todas las fases, y un nivel de energía muy alto también.

Como consecuencia de este “anti-sistema”, hay muchísimas cagadas en mis dibujos, pero no le concedo demasiada importancia. Hacer un buen dibujo es fácil, basta la suficiente paciencia y la técnica suficiente. Pero hacer un dibujo que exprese algo, eso es… ¡un puto milagro, amigos!

(Aprovechando la entrada de ayer sobre El juego de la lunareproduzco por pertinentes un par de extractos de una estupenda entrevista realizada a principios de años por FeR, de la imprescindible EntreComics y que podéis leer completa aquí, a Munuera en Bélgica en la que nos habla sobre su clasificación de los dibujantes. Para mí él es un excelente dibujante de historietas, ¿y para vosotros?).

5 comentarios:

Ernesto dijo...

Estoy de acuerdo con prácticamente todo lo que dice Munuera, pero hay una cuestión que me llama mucho la atención, y es la categorización del Príncipe Valiente como una obra del XIX, como algo casi ajeno al cómic por cuanto que la línea que representa dentro del medio está muerta, opinión compartida por mucha gente, y sin embargo, y aquí está lo paradójico, estamos ante un tebeo de hace 70 años que no para de reeditarse.

Crowley (www.tengobocaynopuedogritar.blogspot.com) dijo...

Ya me lo he comprado esta mañana en mi tienda de comics habitual. En un rato lo leere. Muy interesante la entrevista. Yo también me quedo con Caniff por encima de Foster, ya qye para mi es mejor narrador y más versatil que Foste.
Saludos

PAblo dijo...

Ernesto,

Se refiere a que las influencias de Foster son ilustradores clásicos del siglo XIX y por tanto es menos rupturista que Caniff.

Crowley,

Me veo incapaz de elegir. Foster me parece un gran narrador gráfico que renuncia intencionadamente a algunos de los recursos propios del medio sin que la historia se resienta. Eso no quita que Caniff sea un monstruo narrativo que exprimió y reinventó todas las posibilidades del medio. Es como elegir entre papá y mamá.

Cuando te leas "El juego de la luna", nos cuentas aquí o allí (si quieres).

Impacientes Saludos.

Jose Luis dijo...

Lo de Foster siempre da juego :-)
En realidad, su sistema narrativo, operístico, grandilocuente, es muy interesante, muy envolvente, pero no me parece "tebeo" en su utilización del lenguaje. Para mí, es más texto ilustrado (con ambos apartados redundándose continuamente, como sin comunicación entre ambos)que esa forma mixta de alquimia que se da cuando las viñetas se articulan en una continuidad y cuyo nexo es ese espacio en blanco que las separa. En Foster, que me parece un dibujante soberbio, conste, entiendo que hay una sucesión de "escenas", como en el cine antes de Griffith o Einsenstein...antes de que se articulara la gramática visual del cine y del tebeo. McKay, sin embargo, si hace uso de esa gramática (¡y dibuja mejor!) :-)
En todo caso, es un tema bien bonito de sacar, porque siempre genera polémica
Gracias por la reseña, Señor Impaciente, es un lujo leer comentarios así del trabajo de uno...
Abrazos,
JL Munuera

PAblo dijo...

Hola José Luis, encantado de contar con tus comentarios,

Te doy la razón en varios argumentos de tu comentario. Lo primero es que, efectivamente, el debate sobre Foster y su narrativa no sólo da juego sino que es polémica y encendida, según en qué lugares ;-D.

Yo, "El Príncipe Valiente", lo considero narración gráfica de primer nivel, porque cumple a la perfección con esa bella y poética definición de narración gráfica que señalas. Es cierto que en ocasiones sus textos son redundantes pero forman parte del estilo de Foster y su razón de ser está en parte en el intento del autor de convertirse en una especie de bardo de las hazañas del Príncipe para un público lector de hace setenta años no tan familiarizado con la Edad Media, aunque sea en buena parte inventada como en la obra de Foster, como lo podamos estar ahora.

Y buena parte del mérito de Foster está, precisamente, en ser un punto y aparte dentro de la evolución del lenguaje propio del cómic, brillante pero que se abre y cierra con él y que demuestra que, precisamente por su renuncia a usar muchos de los recursos del medio que ya existían, era un maestro del mismo.

Sobre la reseña, no hay que agradecer nada. Opino lo que pienso, sin más.

Impacientes Saludos.