sábado, 14 de marzo de 2009

Comics y Nostalgia 2: los Cómics de MI infancia.

Seguimos mi viaje particular en el barril del tiempo de los Zipi y Zape y recupero otra tanda de lecturas de mi infancia:


10º.- “Las Minas del Rey Salomón”. Mi tía me regaló siendo yo muy niño esta adaptación al cómic de la novela de H. Rider Haggard. Creo que es uno de los mejores regalos que recibí en mi infancia. Un cómic lleno de escenas míticas que se han quedado grabadas en mi cabeza de forma indeleble (la gran caverna con los reyes zulúes momificados y presididos por un esqueleto gigante, el descubrimiento del cadáver congelado, la perfida Gagaula...). Poco después, leí la novela y aun hoy la considero la mejor novela de aventuras jamás escrita. A propósito, muchos años después y ya adulto, descubrí que todas aquellas imágenes que me fascinaron fueron obra de uno de los grandes maestros que ha dado el noveno arte, Don José Luis Salinas.


10º bis.- “Joyas Literarias Juveniles: El señor de Balantry”. Sí, sí ya sé que los bis no valen, pero es que no he encontrado un sitio mejor donde incorporar la colección de las Joyas Literarias Juveniles (merecen una entrada para ellas solas). Generalmente, casi todos los Reyes, aparte de muchos libros, caía algún volumen que recopilaba sus títulos. En uno de estos últimos, descubrí “El Señor de Balantry”, una historia apasionante de venganzas y rivalidades entre hermanos y al pirata más temible que mis ojos infantiles descubrieron. También aprendí gracias a ese tebeo y su autor, un tal Fuentes Man, que en el cómic se podía pasar de narrar el presente al pasado mediante un sutil cambio de tonalidad. Desde entonces, el pasado es azul.


9º.-Bermudillo, el genio del hatillo”. También me lo pasé bomba, aparte de con los Super Humores, con el volumen que le regalaron a mi hermana y que pronto confisqué que reunía las aventuras de Bermudillo, un tipo muy gracioso de barba blanca poseedor de un hatillo mágico y más listo que el hambre que se desenvolvía en un mundo bastante siniestro y adulto. Especial recuerdo guardo de dos de sus aventuras una en la que descubría los misterios que se escondían tras la aparición de un monstruo en un lago y una maravillosa historia en la que Bermudilla llegaba no sé como a un reino de animales parlantes y se enfrentaba a unoslobos malvados. El autor, como descubrí muchísimo más tarde, era Piet Wijn, un autor holandés del que nunca más volvimos a saber nada en este país.


8º.-El Supergrupo”. Uno de los más grandes de mi infancia fue Jan y su “Superlopez”. el superhéroe hispano por excelencia que convirtió al rancio Superman (ni de niño tragaba con su perfección) en algo cercano a mi realidad diaria. Este fue la historia en la que le conocí y me lo pasé pipa con sus tribulaciones para reunir a su Supergrupo, una panda de tarados maravillosos que no paraban de pegarse entre sí. En cuanto pude me hice con otras historias fantásticas como “El Señor de los Chupetes”, “Los alienigenas”, o “La Caja de Pandora”, que fue su último gran álbum que disfruté. Jan en los ochenta era el más grande.


7º.-Pocket de Ases: Spiderman”. ¿Quién no ha pasado algunas vacaciones en Benidorm en su infancia junto a sus padres? Yo unas cuantas, pero la que recuerdo con más agrado fue la primera en la que me compraron el primer tomo de los Pocket de Ases de Bruguera, dedicado a Spiderman. A mis ocho (¿nueve?) años no fue mi primer encuentro con los superhéroes pero sí con un formato miniaturizado, remontado y con una pobrísima reproducción que hoy en día abominaría pero que a esa edad me encantaba. Por esas fechas, había destrozado unos cuantos números del arácnido para decorar una carpeta. Sí, todavía me arrepiento…


Pocket de Ases: Conan el Bárbaro”. A los diez años y en clase de mates en quinto de EGB empecé a descubrir que yo y mis primos no éramos los únicos que leíamos tebeos. Mi amiguete Andrés también los leía y, gracias a que me dejó este Pocket de Ases, el 19, descubrí al tipo más bárbaro de cimmeria en su primer enfrentamiento con su archienemigo, el mortal brujo Toth-Amon, quién poseía un espejo que reflejaba los peores temores de cualquiera. Mucho más interesante que las mates.

Mañana la última entrega.

7 comentarios:

Angux dijo...

También yo leí en aquel momento Las Minas Del Rey Salomón en una edición distinta.
Eran una especie de novelas que cada X páginas, una de ellas eran viñetas. (creo que fue Bruguera quien lo editó de esa guisa) Permitía este formato leer el comic y la novela a la vez.
Entre los títulos de esta colección recuerdo haber leído también el Tigre de Malasia de E. Salgary.
Eran formato libro. Con sobrecubiertas amarillas y en el lomo, aparte del título había imágenes de los rostros de los protagonistas.

Un saludo.

J.A.Rubio dijo...

El inevitable Supergrupo parece que va a ser uno de los triunfadores de este experimento comiquero.
Angux, yo tambien tenía varios de esos comic-novela, sobre todo de Emilio Salgari.

Akbarr dijo...

Qué buenas eran las historias que metían en los Pocket de Ases, y a la vez qué mal las trataban!. Por ejemplo, los textos de los comics se modificaban por completo para que pudieran caber en ese tamaño. Todavía me sorprende que a pesar de eso las historias siguieran siendo tan buenas!

Esto se está complicando para el top 5. A ver si adivino alguno: ¿Asterix?, ¿la Patrulla-X?, ¿Alpha flight?.

Bruce dijo...

Mítico ese nº1 del pocket de Ases. Me lo compré sin que mis padres lo supieran, con un dinero que tenía ahorrado y me lo confiscaron durante un par de días como castigo.

Emilio Aurelio dijo...

Por distintos vericuetos mentales hemos legado ambos a Las Minas del Rey Salomón. La novela bien pudiera haberla escrito Burroughs, pero la escribió H. Rider Haggard. La novela la disfruté como nadie en aquellos lejanos años 70, sin embargo, el cómic me pilló en los 80, ya había pasado su momento.

Jaime Sirvent dijo...

El del supergrupo no ha entrado en mi lista por mi poquito. Spiderman fue también uno de mis personajes favoritos durante mi infancia, me acompañó durante muchísimo tiempo.

PAblo dijo...

Emilio,

Tienes toda la razón. Gazapo imperdonable (este de verdad imperdonable) debidamente corregido.