lunes, 29 de octubre de 2007

“La felicidad de los ogros” de Daniel Pennac



Siempre resulta una aventura leer por primera vez un autor del que se carece casi por completo de referencias, aventura que puede convertir al autor en un compañero al que seguir fielmente en cada una de sus obras o en un enemigo al que criticar inmisericorde por habernos hecho perder el tiempo y el dinero. Frente a este dilema, me encontraba al iniciar la lectura de “La felicidad de los ogros” del francés Daniel Pennac (Casablanca, 1944), un autor que al parecer goza de bastante prestigio en el país vecino pero que yo desconocía completamente y que a partir de ya no voy a dejar de seguir.
“La felicidad de los ogros” es una novela que sorprende en cada página, algo muy difícil de encontrar hoy en día. Partiendo de una narración en primera persona en muchas ocasiones desordenada y caótica como el pensamiento de su protagonista Benjamín Malaussène, Pennac construye una historia que transgrede la barrera de los géneros para ser al tiempo relato hagiográfico, novela de intriga y crítica social surrealista a través de un lenguaje irónico y desenfadado.
Malaussène es el hermano mayor de una familia desestructurada en la que la madre abandona a sus hijos tras la ilusión de un nuevo amante y él debe sacar adelante a toda una recua de hermanastros y hermanastras cada uno de su padre en el suburbial barrio parisino de Belleville donde todos viven acompañados de un perro epiléptico. Para sacarles adelante, Benjamin trabaja como “chivo expiatorio” en un Almacén en el que se dedica a recibir las broncas de clientes airados porque sus compras están defectuosas con tal cara de lástima que suele enternecerles lo suficiente como para que retiren sus reclamaciones. Malaussène asume su triste realidad con optimismo y buen humor hasta el momento en que se ve inmerso en medio de una cadena de atentados que tienen lugar en el Almacén en el que trabaja. Unos atentados con bombas de los que es el principal sospechoso y que pueden poner en peligro tanto su vida como la de sus hermanastros.
Haciendo uso de una innegable capacidad para construir personajes y situaciones surrealistas Pennac se inventa una novela rica en matices, con el justo punto de verosimilitud que necesita la mejor ficción para ser creíble y atraer al lector. Contrasta la ironía y dureza con la que Pennac se refiere al Almacén y los personajes que lo pueblan - una jungla laboral en la que resulta fácil identificar los arquetipos clásicos del “pelota”, el jefe despiadado, los compañeros confidentes, etc. – con el cariño y ternura que muestra en el tratamiento de sus amigos y hermanastros. La trama negra de la novela avanza a trompicones en medio de la vorágine del caótico e irónico pensamiento de Benjamín, santo y diablo al tiempo, hacia su precipitada resolución, eclipsada por el nervioso estilo de Pennac, lleno de disgresiones y referencias. “La felicidad de los ogros” es una novela ambiciosa e irregular, tan dispersa, entrañable y atractiva como la personalidad de su protagonista y que deja la puerta abierta a conocer las nuevas peripecias de Benjamín y su variopinta familia a lo largo del resto de novelas que forman el ciclo de Belleville. Yo que ustedes la daría una oportunidad.

2 comentarios:

BUENDÍA dijo...

Por fín, estamos de acuerdo en algo!!!

Me habían recomendado este libro en diversas ocasiones y no me ha defraudado. A veces un poco caótico pero original.

Besitos

PAblo dijo...

Pues me resulta raro que estemos de acuerdo en algo. ;-D

Besitos.