lunes, 27 de agosto de 2007

“Hasta que te encuentre” de John Irving.



Leí este novelón de más de mil páginas el verano pasado y hasta ahora no he encontrado las fuerzas para decidirme a escribir sobre él. En esta novela, Irving (“El mundo según Garp”, “Príncipes de Maine”) de la mano de su gran referente, el clásico Charles Dickens se transmuta en Jack Burns para volver a relatarnos una historia sobre padres ausentes y mujeres dominantes y manipuladoras. Jack Burns vive, desde su infancia hasta su madurez, marcado por la ausencia de su padre, un organista protestante obsesionado por los tatuajes, que abandonó a su madre una tatuadora y desequilibrada dispuesta a perseguir al padre de Jack por medio mundo durante un año para hacerle sentir culpable de su falta. Nos narra la infancia de Jack por internados y colegios donde pronto descubre su sexualidad y las chicas e inicia una carrera como actor, que le acabará convirtiendo en una estrella del “star system” hollywoodiense ganadora de un oscar, incluso a pesar de sí mismo. Pero, a pesar de su aparente éxito la vida de Jack va cuesta abajo y los recuerdos y los demonios le llevan a realizar un nuevo viaje por Europa para rencontrar al padre perdido y una versión de la historia, su historia, que le fue arrebatada.
“Hasta que te encuentre” es una novela ambiciosa y que tiene casi todo para cautivar y mantener la atención del lector de principio a fin: grandes personajes, una ambientación exótica por medio mundo, el “glamour” hollywoodiense contado por alguien que conoce sus entresijos, pero que, sin embargo, aburre. ¿Por qué? En mi opinión, por el personaje protagonista, un Jack Burns que es una tabula rasa en la que Irving vuelve a contarnos sus obsesiones de siempre, un personaje plano por el que el lector –al menos yo- no siente en ningún momento simpatía ni complicidad y que, en ocasiones, no se puede dejar de pensar que es un imbécil. Y, este punto es importante, porque el edificio en que se sustenta toda la novela de Irving es Burns y su penosa existencia a lo “Oliver Twist” que parece que no va a terminar nunca. Irving necesita un remozado urgentemente y cambiar el chip porque esta historia de un modo u otro ya nos la ha contado en otras ocasiones y cansa. ¿Mis razones para no abandonar esta obra? Un cierto masoquismo que me obliga a no abandonar ningún libro que empiezo por malo que me parezca y el encontrarme en la maravillosa isla de Cuba, donde iba a tener graves dificultades para encontrar alguna otra cosa con la que saciar mi dosis de lectura. Para incondicionales de John Irving.

11 comentarios:

BUENDÍA dijo...

Yo no he leído este libro pero la misma descripción que has hecho de él utilizaría yo para definir el único libro de este autor que he leído, "Príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra", una novela que tiene casi todo para cautivar y mantener la atención del lector de principio a fin y sin embargo a mí me aburrió.

¿Será casualidad ó una tónica del autor?

Anónimo dijo...

Vaya, pensaba que ésta iba a ser una de esas anotaciones comentando un libro que no he leído ni pienso leer, y en las que es bien difícil poner algún comentario de esos que al amigo Pablo le gustan tanto.
Y sin embargo, esa frase del final "Un cierto masoquismo que me obliga a no abandonar ningún libro que empiezo por malo" suscita un debate interesante: ¿Os veis obligados a leer un libro hasta el final aunque no os guste?

Personalmente, dejo de leer los libros que no me interesan por "abandono": muy a menudo empiezo a leer un libro que me llama la atención a medias de otro que ya estoy leyendo (y así repetidamente, a veces me encuentro leyendo 4 o 5 libros a la vez). Cuando acabo el libro "entrometido", normalmente continúo por donde iba leyendo el primero, pero si era un tostón y no me estaba gustando mucho es posible que se quede en la pila de los libros a medio leer semanas y meses. En realidad, hasta que mi señora no aguanta más y gentilmente me solicita que ordene mi mesilla.

Conozco mucha gente que no puede dejar un libro a medias (mi madre sin ir más lejos, a la que saludo desde aquí -pero no te hagas ilusiones Pablo, que no creo que lea tu blog-, presume de no haber dejado ningún libro sin terminar nunca). Ahora bien, no comprendo cómo podéis aguantar un tostón de cientos de páginas hasta el final si no es por ese masoquismo que comenta Pablo, o porque os hayan enseñado desde pequeñitos que arderéis en el infierno si dejáis libros sin terminar.

¿Alguien por ahí puede aclarármelo algo más?

PAblo dijo...

En este caso, en concreto, mi anónimo amigo explico las razones del por qué no abandoné el libro. Es cierto que me cuesta dejar un libros a medias (me alegro coincidir en ello con mamá anónima y la mandó un afectuoso saludo desde aquí con la secreta esperanza que lea el blog ;-D) pero básicamente pienso que se debe a mi incapacidad de dejar nada a medias. Aparte que creo que no puedes valorar realmente si un libro te ha gustado o no hasta el punto final. Yo si lo dejase a medias me quedaría con la sensación que me pierdo algo...

BUENDÍA dijo...

Pues yo seré masoquista y todo eso pero... es que no puedo!!! No voy a decir que no he abandonado ninguno porque no sería cierto, alguno hay, pero por regla general me trago el ladrillo hasta el final. Porque siempre pienso a lo mejor ahora que lo abandono venía lo bueno voy a seguir un poco más a ver si le pillo el punto y a menudo el único punto que pillo es el de sutura tras golpear la cabeza con el ladrillo en cuestión por puro aburrimiento.

Pero a diferencia de la anónima mamá yo no me siento orgullosa de ello mas bien tras terminarlo me lamento de haber perdido esa parte de mi tiempo de ocio en una actividad que no me ha resultado para nada ociosa ...con la cantidad de buenas lecturas que hay pendientes!!! y juro propósito de enmienda para la próxima vez que se queda en eso... propósito.


Besitos.

fnaranjo dijo...

Yo sí dejo libros a medias si no me convencen o si me aburren, pero ocurre a veces que, al cabo de un tiempo (meses, años) puedo recuperarlos y leerlos del tirón, y disfrutarlos... O puede ser que vuelva a dejarlos a medias.

Y también me pasa que intercalo lecturas, y recupero la abandonada, y voy saltando de una a otra, sí... No todos los días se levanta uno con cuerpo de Sterne o de Auster, y se decanta por un Howard o por un, qué sé yo, Carrere. O todo a la vez. O apetece un cuentito...

En cuanto a Irving... ay! Lo descubrí con Garp y disfruté mucho sus primeros libros españoles (el de los príncipes de Maine, el del Hotel New Hampshire)... Pero llegó un momento en que algo no funcionaba. Dejó de conectar conmigo. Una mujer difícil me satisfizo a medias... y no pude con la siguiente, la del tipo manco: quedó a medias, y hasta ahora no he tenido el impulso de recuperarla. Tengo en casa esta última, por pura fidelidad mal entendida, pero no me he animado aún... (Visto lo visto y a tenor de lo leído aquí... va para largo. ;) )

PAblo dijo...

Eso que comenta también es cierto Sr. Naranjo, hay algunas obras para las que en un momento dado no sé está preparado y en una posterior lectura se disfrutan más. Lo que está claro es que el hecho de la lectura no debe ser una tortura y sí un placer por lo que mi consejo es que nadie se sienta obligado a leer nada que no le apetezca. Otra cosa es que sean unos masoquistas de la lectura, como yo pero no me tomen como ejemplo que soy un caso perdido.
Otra cosa es el tema de intercalar y simultanear lecturas cosa que también practico y que me parece muy saludable aunque intento no simultanear más de dos lecturas al mismo tiempo aunque a veces me pueda la voracidad....
De lo otro, creo que hay que comer de todo porque si no te gustan los boquerones no vas a saber apreciar una buena merluza. Ya me entienden, ¿verdad?

Javier Pérez dijo...

Es una novela en la que se intenta hacer apoteosis de lo insustancial.

El autor nos cuenta treinta veces la misma cosa y pretende ser graciooso cuando su personaje es en realidad un pringado sin nada que decir.

La dejé en la página trescientos y pico. Y no la vendo de segunda mano proque fue un relgalo, pero me gustaría...

PAblo dijo...

Javier, bienvenido.

Si por motivos sentimentales no puedes deshacerte de ella, como pisapapeles también cumple una función.

Uno de los grandes problemas de la novela, aparte de las dificultades de Irving de hacer atractivos a sus personajes, es su extensión. No me extraña que no la acabases...

Impacientes Saludos.

Anónimo dijo...

No estoy en absoluto de acuerdo con ninguno de ustedes. Si la "repeticion" en los escritores es pecado, ¿que me dicen de los que una y otra vez hablan de los mismos temas? Lo siento, pero eso lo hacen todos, no solo Irving. ¿Que quieren que les cuente de nuevo en su 11a novela?

Por mi parte la encontré tremendamente vigorosa. Jack Burns es un pringado, seguramente, pero dejarla a la página trescientos y pico impide descubrir hasta que punto lo es y porqué. El final de esta novela es impresionante, seguramente uno de los mas emotivos de Irving, así que les recomiendo una relectura... o una lectura.

PAblo dijo...

Anónimo,

Bienvenido. Más que una relectura de esta novela - no me veo con ánimos- casi me apetece más una lectura de su última obra aunque tengo que reconocer que en todo caso tendrá que esperar que tengo muchas lecturas pendientes.

Quizás lo que más perjudique a esta novela es que nunca se logra una identificación con el desgraciado del protagonista hasta el punto que llega un momento que sigues la lectura por inercia como hice yo o directamente la abandonas hasta que te encuentres con ánimos como hiceron algunos de los comentaristas.

Irving dota a la historia de un tono tan neutro para reforzar la ajenidad al mundo de Burns que llega un momento que se pasa.

Impacientes Saludos.

Jesus Lopez dijo...

Claro... no identificarse con el personaje principal es un problema serio para un adolescente, los adultos en principio podemos disfrutar de historias que no hablen de nosotros, no debemos vernos reflejados para disfrutar. Este libro es una obra maestra literaria a mi forma de ver. La estructura está hecha de manera que sugiere en el lector un punto vista y que lo cambia de manera radical a la mitad de la novela, haciendonos conscientes de que lo leído hasta el momento era sólo uno de los puntos de vista, el más ingenuo. A mí el final no me gustó mucho pero me parece lo de menos. De las novelas grandes e inmortales, también como pisapapeles para chavales.