lunes, 8 de junio de 2009

Salinger vigila su centeno.


No sé si ustedes están al tanto de la historia pero si no pueden ponerse al día aquí o aquí. Salinger, nonagenario, ha salido de su retiro de más de sesenta años para demandar a una editorial sueca, Nicotext, que está promocionando la publicación de una continuación de su obra maestra “El guardián entre el centeno”.

La editorial, al parecer, obviando que los derechos de la obra pertenecen a Salinger ha encargado a un autor bajo seudónimo, J.D. California, la continuación en una nueva novela titulada “60 Years Later: Coming Through the Rye” (“Sesenta años más tarde: llegando a través del centeno”) en las que un Holden Caufield anciano se escaparía de un geriátrico para vivir nuevas aventuras.

Más allá del oportunismo económico de Nicotext y J.D. California que bajo un supuesto homenaje a Salinger lo que buscan es simplemente aprovechar el prestigio de la obra del neoyorkino y la promoción gratuita que genera la polémica para su negocio, aquí el debate se centra en determinar a quién pertenece una obra y unos personajes inmortales. ¿Al autor? ¿A los editores? ¿A todos?...

En este caso, está claro porque Salinger ejerce sus derechos de autor reconocidos legalmente, pero dentro de unos años cuando los derechos expiren, ¿se podrán realizar continuaciones gratis por cualquiera? ¿Hasta que punto una vez publicada una obra sigue perteneciendo al autor? ¿Dónde finaliza el homenaje y empieza el plagio?...

Todo el tema de la propiedad intelectual de las obras es enormemente confuso y lleno de vacíos que permiten que se puedan encontrar argumentos de peso de todo tipo pero ante todo creo debe defenderse el derecho del autor a proteger su obra y poder vivir de ella.

Por otro lado, si Salinger puede reclamar, ¿por qué los autores de cómics no?

En todo caso, Salinger vigila su centeno. Y me parece muy bien.

4 comentarios:

Juan Rodríguez Millán dijo...

A mí también me parece genial que defienda a sus personajes.

Lo realmente sorprendente es que haya "autores" dispuestos a profanar la creación de otro sin su consentimiento o incluso con su oposición. Seguro que aquí la SGAE no tiene nada que decir. Por esos "autores" y por esos "defensores de los autores", lo único que me viene a la cabeza es aquello de "poderoso caballero es don dinero"...

Pablo dijo...

La comparación con el cómic es muy buena, porque claramente este último nace y se consagra como industria antes que como "obras de autor" hay estéticas que están por sobre los autores, siendo pocos quienes muevan los límites, porque la industria es omnipresente. Con la literatura pasa lo contrario, la obra esta ligada desde el primer minuto al autor, a su experiencia. Por otra parte la literatura, como otras artes posee un inmenso aparataje crítico y académico, una máquina que la consagra, que dice quien esta en el margen, en el centro y en las alturas. Quizás mi discurso esta límitado, porque en sudamerica el cómic estadounidense, el más depredadoramente industrial es amo y señor. Y para dicha industria es absolutamente normal que un autor haga fila para trabajar en unos números de tal superheroe. Si la lógica del cómic fuera la de las otras artes, Batman muere con Bob Kane. Pero bueno que me alargo...en última instancia el que decide es el lector, llegará el día, por más que le pese a Salinger, en que sus derechos serán universales, y si ya le están hacinedo spin offs, o continuaciones, el futuro no se ve prometedor. Pero bueno que al fin y al cabo los que deciden son los lectores, y es que la calidad se impone...tanto en la literatura como en el cómic, y es que dudo que algún día se dejen de editar obras como Batman:año uno. Creo que hay otros aspectos más preocupantes en la industria, como "modernizar" o mutilar las obras, algo que se me viene a la cabeza cada vez que abro el Incal recoloreado.
saludos tocayo!

PAblo dijo...

Juan,

Por dinero siempre encontrarás a alguien dispuesto a hacer cualquier cosa.

Tocayo,

Tienes mucha razón en lo que argumentas.

En el cómic norteamericano y sobre todo el de superhéroes el elemento industrial está por encima del artístico y lo que prima es el principio de rentabilidad. Ese principalmente es el motivo que iconos como Superman, Batman o Spiderman hayan sobrevivido a sus creadores y todavía podamos leer sus aventuras aun cuando en algunos casos muchas de ellas no son más que repeticiones ciclicas de las contadas diez o veinte años antes adaptadas a los gustos estéticos de una nueva hornada de lectores jóvenes. Eso no quita que a pesar del estrecho margen para la evolución que dejan las editoriales se creen obras notables.

En la mayor parte del cómic europeo prima el mismo criterio de rentabilidad y sólo en editoriales pequeñas donde se apuesta por obras más arriesgadas se pueden encontrar propuestas novedosas.

Eso sí, ese panorama no es exclusivo del cómic. En la literatura se da exactamente igual.

Impacientes Saludos.

Pablo dijo...

Claramente en la literatura se da igual, sin embargo hay obras intocables, se puede hacer una continuación del "Padrino"de Mario Puzo, pero no de "Rayuela". Lo interesante del cómic esta en esa noción de arte industrial, lo que es sumamente contradictorio, porque como bien dices, esos límites que impone la industria son un catalizador para muchos creadores, un claro ejemplo es lo que ha hecho Morrison (que por cierto se ha paseado por muchas colecciones) con Superman, que por lo menos para mi era el personaje más desgastado del cómic comercial. Es como una nueva época mítica, además el cómic es una obra en muchos casos en conjunto; es sólo cosa de pensar un minuto cuantos de nuestros tebeos favoritos son elaborados por tandéms, por ejemplo a mi me encanta Jodorowsky, que salvo en "Pietrolino" (que aún no leo) y las "fábulas pánicas" jamás ha trabajado sólo. Por otra parte está el tratamiento bestial de las editoriales, un claro ejemplo de ello es lo sufrido por Jack Kirby a manos de Marvel, al que Pepo y Bruce le han dedicado espacio. En fin que todo eso es parte de las condiciones de producción del cómic, por lo tanto de su esencia, de su singularidad.
saludos!