jueves, 7 de julio de 2011

"Northlanders 5: Metal", de Brian Wood, Becky Cloonan, Fiona Staples, Riccardo Burchielli.

Nueva entrega publicada por Planeta, que recoge los números 29 a 36 de la serie regular norteamericana, de la personal visión que del siempre agradecido y atractivo mundo vikingo nos viene ofreciendo Brian Wood en esta serie.Wood, propone en este tomo tres aventuras sin relación entre sí en las que se ponen de manifiesto las virtudes y defectos de este interesante guionista que suele ofrecer resoluciones que no suelen estar a la altura de sus a priori atractivos y originales planteamientos. mostrando en su conjunto distintos aspectos -desde una perspectiva parcial y moderna- de la cultura de los Hombres del Norte.


En la primera de estas historias, titulada "La Vía Marítima", Wood ofrece su particular visión de la faceta exploradora de los vikingos a través de la historia de un capitán de drakkar que decide cambiar su aburrido sino de marino mercante por la gloría del descubrimiento de nuevas vías y tierras. Se trata de una historia entretenida en la que Wood da buena muestra, a pesar de su estilo sincrético que requiere de la constante atención y complicidad del lector para el seguimiento de la historia, de su buena mano para el tratamiento de los personajes, centrada toda la trama en la descripción del complejo perfil psicológico del capitán de la expedición y la "sorprendente" conclusión del episodio. Más allá de la labor de Wood, la historia resulta atractiva por el buen trabajo del equipo gráfico formado por Fiona Staples y el colorista Dave McCraig que le dan un aspecto extraño y surrealista que refuerza el carácter enajenado de la historia.


El plato fuerte del tomo lo conforma el arco titulado "Metal" en el que Wood ofrece un relato entre lo fantástico y lo "realista" ambientada en la Noruega del s. VIII D.C. y centrado en el conflicto generado en el choque cultural entre las viejas tradiciones politeístas y el incipiente Cristianismo. El guionista nos muestra este conflicto a través de la figura de un herrero un tanto bobalicón que básciamente pretende pasar a cuchillo a todos los cristianos.

Frente a la honestidad tontorrona del protagonista y su pareja -una albina metida a monja sin vocación a la que rescata a la fuerza-, Wood ofrece un fuerte contraste respecto al resto de los personajes de la historia que, o bienson paganos hipócritas que pretenden aprovecharse del oro de los cristianos o de los mismos cristianos de los que da una imagen en exceso parcial exagerando sus componentes negativos. La trama, a pesar de sus riquezas de matices, está bastante mal resuelta por un Wood que no acaba de dar con la tecla exacta para encuadrar los elementos fantásticos y sobrenaturalescon el realismo sucio y moderno que es una de sus características más significativas con lo que nunca queda bastante claro para el lector a qué nivel se está desarrollando la historia. En este arco, Wood cuenta a los lápices con uno de sus colaboradores habituales de "DMZ", Riccardo Burchielli, quién a pesarde su buenhacer en general cuenta con el handicap negativo de resolver bastante mal las numerosas secuencias de lucha, lo que no ayuda a facilitar la lectura de la historia.


La tercera historia compuesta por dos episodios es "La Doncella de los Hielos" que narra el descubrimiento por un solitario y anciano vikingo de una doncella muerta cuyo cuerpo no se ha corrompido al quedar atrapado en el hielo. El protagonista intentará resolver el misterio que encierra el cadáver presionado por el ambiente bélico que rodea la región. Wood escribe una historia bastante interesante en la que explora el sistema de lealtades y vasallajes entre los vikingos del siglo VIII a través de una entretenida trama que podríamos calificar de "CSI" medieval. La historia es quizás la más redonda de las tres, contando además con la excelente labor de una Becky Cloonan que da con el tratamiento exacto que el estilo de Wood requiere, mostrándose como una excelente narradora dotada del estilo grueso que tanto gusta a Wood a la que suma una claridad expositiva que no consiguen los otros dibujantes.


En definitiva, esta quinta entrega de "Northlanders" es más de lo mismo para los seguidores de la serie, aunque para el neófito supone un buen acercamiento ya que resume a la perfección el intento de Wood de acometer el seguimiento de la cultura vikinga a través de una perspectiva moderna, logrando un resultado redondo en muy contadas ocasiones. Con todo, no deja de ser una serie curiosa y original que cuenta con unas excelentes portadas realizadas por Massimo Carnevale.

miércoles, 6 de julio de 2011

“Historias de la Taberna Galáctica”, de Josep Maria Bèa.




Releyendo la estupenda recopilación que Glénat realizase hace unos años de estas “Historias de la Taberna Galáctica”, originalmente publicadas a principios de los ochenta en la revista “1984”, uno se pregunta donde está el punto de encuentro entre el desparpajo y el ridículo, la imaginación desbordante y el desfase alucinado, el divertimento elitista y la diversión popular. Y la respuesta acaba siendo obvia, única y exclusivamente, en el talento, que se tiene o no se tiene. Y, si algo demuestran estas historias, es que precisamente Josep María Bèa andaba sobrado del mismo cuando realizó esta serie o, más probablemente, su gato le inspiró las más lucidas historias de su carrera.

Historias de la Taberna Galáctica” es un “space opera” inclasificable, quizás el último guiño a la creatividad de una Ciencia Ficción que en el momento que más cerca estuvo de alcanzar la gloria acabó adaptándose a fórmulas chuscas y políticamente correctas con las que agradar y contentar a todos los públicos convirtiéndose en un esqueleto cada vez más mondo en pos de un realismo y cientifismo en el que cada vez hay menos que rebañar. En cada una de las historias que componen estas historias hay un despliegue de creatividad mayor que en todas las películas del género que hemos visto desde que cambiamos de milenio, aunado con la inteligencia del que sabe reírse de unas convenciones que conoce demasiado bien tras bregar media vida en agencias y editoriales nacionales y extranjeras.

Las historias que componen la obra estructuradas en distintos relatos narrados por cada los engendros alienígenas que bien podrían haber salido de un goyesco aquelarre medieval (y acaban participando en más de una orgía espacial) que se reúnen como buenos parroquianos en la Taberna Galáctica localizada en un satélite perdido en medio del espacio que quizás inspirase a Neil Gaiman para sus relatos de “El fin de los mundos” de “The Sandman”, readaptan la estructura típica de las historias de Terror y Ciencia Ficción de E.C. y Warren aunque Bèa el habitual prólogo y conclusión de esas historias explicadas por un narrador interpuesto lo modifica para que sea comentado por el reparto coral de los parroquianos de la Taberna, gentes patibularia y chuscas a pesar de su condición extraterrestre y quizás por ello cercana y entrañable, resultando el grueso de esas historias tan singular como brillante en su extravagancia y desfachatez.

Bèa no obvia influencias, desde Wally Wood a Matheson, pasando por Aldiss, Scott, Dyck o Wyndham, que junta y revuelve a capricho con un toque gamberro personal y característico que consigue hacer participe al lector de la broma que subyace en el trasfondo de la historia sin sentir que el autor le esté tomando el pelo.

Historia de las Taberna Galáctica” es un tebeo divertido y genial que probablemente por ello no tuvo continuidad en la propia obra de Bèa que no alcanzó similares cotas de inspiración en obra posteriores como “La Esfera Cúbica” o “En un lugar de la mente”, aunque tampoco estén nada mal y quizás por ello, desencantado, acabara abandonando el Cómic por otros menesteres aun cuando acabara influyendo en otros muchos artistas y si no que se lo digan, por ejemplo, al ecléctico Santiago Valenzuela y su “Capitán Torrezno”. En definitiva, un autor a descubrir por los más jóvenes aficionados que se sorprenderán de que hubiera una época en que la Ciencia Ficción más gamberra y brillante se hiciera en España (pero la hubo).

Byrne 61 años y las reglas del buen cómic-book.

JB: Un buen comic-book ha de tener un planteamiento, nudo y desenlace. Eso no significa que la historia pueda continuar de un episodio a otro, pero la historia ha de estructurarse así. Los personajes han de ser realistas, han de poder creerse. Han de pensar, madurar las cosas y no pontificar como si fueran oráculos. La historia ha de ser distraida, no necesariamente divertida. Los mejores cómics son los que consiguen un impacto emocional. Me acuerdo de algunos que me hicieron llorar. Por ejemplo, Puño de Hierro nº. 8. Es un buen ejemplo de Chis Claremont, de sus mejores trabajos. Consiguió arrancarme alguna lágrima, aunque ya lo habíamos discutido y tenía que dibujarla. Las historias de El Hombre Cosa, donde aparecía Darrel El Payaso, escritas por Steve Gerber y dibujadas por Mike Ploog me emocionaron. Len Wein escribió muy buenas historias de La Masa.hace algunos años. Cuando La Masa se hace amiga de una niña ciega. “El niño que coleccionaba Spiderman” me impactó. Un buen comic-book también puede hacer reír pero es más difícil encontrar ejemplos de esa clase.

(John Byrne hoy cumple 61 años y, según dicen, anda un tanto desencantado de la industria del cómic aunque la industria del cómic nunca debería estar desencantada con él. En este extracto de entrevista publicada en “Los 4 Fantáticos 21” (Comics Forum) recuerda las cuatro reglas básicas de cualquier comic y, por extensión, de cualquier historia. Felicidades).

martes, 5 de julio de 2011

“Historias Cortas”, de Naoki Urasawa.

Naoki Urasawa, autor japonés que recibe alabanzas generalizadas por sus historias de intriga y misterio de largo recorrido –las de continuará de toda la vida, vamos…-, sorprende en la cuidada y nueva antología que ha publicado Planeta hace pocos meses mostrando su valía en historias de corta extensión publicadas entre 1983 a 1986, anteriores a su primera serie larga “Pineapple Army”, interesantes porque, más allá de su carácter juvenil y estar sometidas a los vaivenes de los impacientes editores japoneses, ya recogían algunas constantes que aparecerían en su obra posterior y apuntaban sus buenas maneras.

En el tomo recopilado por Planeta aparte de la historia con que debutó, “Return”, Urasawa muestra su capacidad para desarrollar historias de distintos géneros –policiaco, ciencia ficción, adaptaciones…- marcadas por su carácter sencillo, desenfadado y cómico protagonizadas la mayoría por jóvenes en los que es fácil identificar datos biográficos e ilusiones del joven y rebelde autor japonés y que, posteriormente, también utilizaría para caracterizar al protagonista de “20th Century Boys”.

Me han gustado especialmente por su originalidad las cinco alocadas historias autoconclusivas que componen “Police Singing”, protagonizadas por un joven policía atolondrado que compagina su labor como agente de la ley con el ligoteo y la música en un grupo de punk-rock; la inconclusa serie “NASA”, quizás la más ambiciosa de todas las historias incluidas en la obra en la que un grupo de aficionados japoneses planean mandar un cohete tripulado a la Luna; o la historia que cierra el volumen, “Nana de Shinjuku”, narrativamente la más ambiciosa y en la que aborda en clave de melodrama intimista otro tema que también aparece en “20th Century Boys”, el de la trata de blancas y la prostitución en Japón.

En su conjunto, estas historias de extensión variable y destinadas a ser complementos y rellenar huecos de series principales, nos muestran a un Urasawa más inexperto, fresco e inocente en comparación con obras más oscuras centradas en la tensión y el thriller como “Monster” o “Pluto”, que aprende el oficio de mangaka a pasos agigantados pudiendo apreciarse una clara evolución desde la simplicidad de los inicios a la mayor complejidad y ambición de las últimas historias.

En definitiva, estas “Historias Cortas” son una lectura amena y entretenida, imprescindible para los seguidores de Urasawa, que muestra los inicios de uno de los mejores mangakas de la actualidad e incorpora, además en la edición de Planeta, una interesante entrevista en la que el autor analiza la gestación de algunas de las historias.

lunes, 4 de julio de 2011

“El Héroe”, de David Rubín.

Astiberri publica el esperado nuevo trabajo de David Rubín, uno de los autores jóvenes que más interés y esperanzas ha despertado –al menos para un servidor- en los últimos años. Rubín, desde sus prometedoras primeras obras “La Tetería del Oso Malayo” y “El Circo del Desaliento” que le dieron a conocer, llevaba años instalado en un discurso menor y a mi entender un tanto autocomplaciente -“Cuaderno de Tormentas”, “El Monte de las Ánimas”- sin llegar a explotar todas las cualidades que insinuaba y que hacia desconfiar acerca de sus ambiciones.





Sin embargo, “El Héroe” viene a despejar las dudas y nos muestra a un autor que pese a su juventud ha alcanzado una inusitada madurez y conocimiento del medio, un autor osado y sin complejos que, a falta de la anunciada segunda parte, nos ofrece su mejor trabajo hasta la fecha.

Y eso que en principio Rubín parte en esta obra con una asumida desventaja. La del acercamiento a uno de los mitos griegos más conocidos –o al menos que todo el mundo cree conocer- de todos, los Doce Trabajos de Hércules gracias a la enorme cantidad de versiones, adaptaciones y referencias que el mito ha inspirado a lo largo de las generaciones. Sin embargo y, a pesar de ello, Rubín se crece ante el reto de aportar algo novedoso y ofrece SU versión en un rico crisol de referencias contemporáneas, incorporadas a la historia sin prejuicios, junto a su particular homenaje a sus propias y amplias influencias como autor y lector de cómics, desde la referencia expresa a Jack Kirby y el género superheroico a otras menos evidentes procedentes del manga (Toriyama, Otomo), el amerimanga (Bryan Lee O’Malley y su “Scott Pilgrim contra el Mundo”) y las últimas tendencias del cómic independiente norteamericano (“BodyWorld”, de Dash Shaw).

Sin embargo, todo ese ecléctico batiburrillo es sabiamente dosificado por Rubín para insuflarle nueva energía a la historia clásica a través de su profundo conocimiento de la narración gráfica para ofrecer un entretenidísimo tebeo que se asienta en un despliegue gráfico espectacular, basado en soluciones y composiciones cada vez más osadas, un auténtico festival de color pop (si el difunto Peellaert levantara la cabeza seguro que añadía a Rubín a su lista de amigos de Facebook), deslumbrantes onomatopeyas y escorzos cada vez más complejos y retorcidos que, meritoriamente, logran conforme avanza la historia hacernos olvidar de nuestro rol de lector adulto y resabiado para devolvernos a nuestra versión infantil, transmitiendo esa intensidad ingenua que tanto valorábamos cuando éramos peques y devorábamos, junto a la merienda, tebeos y tebeos de superhéroes.

Y es que a la espera de una segunda parte quizás más reflexiva acerca del concepto de héroe más allá de las espectaculares, brillantes y glamourosas aventuras que estos protagonizan, logra en este tebeo/novela gráfica una obra que gustará a todo tipo de lector. Tanto a los teóricos de la potencialidad del medio y el papel del autor, como de aquellos que solo esperan un saludable esparcimiento popular con el que pasar un rato entretenido. Un tebeo para que se lo pasen bomba niños de cero a noventa y nueva años.

viernes, 1 de julio de 2011

Madre mía, como está el patio comiqueril.

Es lo único que se me ocurre tras ver la polémica que se ha generado en torno a este desafortunado post, en el que el Tío Bernie traduce un texto del blog de Eddie Campbell dedicado a la novela gráfica en España en el que opina, bastante alegremente, sobre las calidades de Manuel Barrero como crítico y experto.

Lo que ha llevado una vez más –y van…- a que buena parte de lo más granado de la blogosfera comiqueril se posicione en defensa de uno u otro y se empiece a responder a alusiones más o menos directas en los comentarios a la entrada y en twitter en lo que promete convertirse en una absurda serpiente de verano.

Francamente, no voy a posicionarme por ninguno de los bandos porque creo que este tipo de polémicas estériles solo hacen daño y enfangan la imagen del medio que tanto aman y conocen unos y otros, convirtiendo una de sus principales plataformas de divulgación en los tiempos que corren –Internet- en poco más que un “Sálvame” en el que críticos y divulgadores acaban comportándose como los polemistas del dichoso programa, dejando que el verdadero tema de interés – el cómic, la novela gráfica, como queráis llamarle…- languidezca a los ojos de cualquier aficionado y lector ocasional que pudiera interesarse por el mismo.

Los principales implicados en la polémica deberían intentar reparar sus diferencias personales en privado y evitar enfangar la imagen del medio y la propia aun más, ya que estas chiquilladas no están a la altura de sus trayectorias, así como dirigir sus esfuerzos a seguir aportando positivamente en el estudio e investigación del Cómic, del que ambos son expertos.

Ya hay demasiado amarillismo a todos los niveles en nuestra sociedad para dejar que este salpique también un debate que se supone serio.

jueves, 30 de junio de 2011

De cuando a Marvel le gustaba Alice Cooper.

Los de KISS no fueron los únicos cómics en que se cruzaron los caminos de Marvel con lo más granado de la música popular de los setenta estadounidense. Tras el éxito obtenido con los comics de los carismáticos KISS, a alguien en la Casa de las Ideas se le debió ocurrir que era una buena idea intentar repetir la formula tomando como referencia en esta ocasión al cantante y la banda que en su momento sirvió de inspiración al grupo neoyorkino en su particular manera de entender el espectáculo musical como un show escénico. Me estoy refiriendo, claro, al amigo de las serpientes, el señor Alice Cooper.

De este modo, en 1979 y en el número 50 de “Marvel Premiere” (una curiosa serie en la que los editores “probaban” las posibilidades ante el público de nuevos personajes antes de apostar por otorgarles serie regular) en una historia escrita al alimón por Roger Stern, Jim Salicrup, Ed Hannigan más las aportaciones del mismo Alice Cooper y que contó en el apartado gráfico con los lápices de Tom Sutton, las tintas de Terry Austin y el color de Marie Severin.

La historia titulada “Tales from the inside” es la delirante y libre adaptación de uno de los discos de Cooper (muchos de los cuáles se organizaban en torno a un tema central), “From the inside” (1978). Cómic y disco toman como punto de partida las esquizofrénicas experiencias de Cooper ingresado en un psiquiátrico en el que todos están más locos que él -lo que estaba bastante cercano a la realidad ya que el cantante había estado poco antes ingresado para intentar superar su alcoholismo-, regentado por un médico chiflado y una celosa y espectacular enfermera.

Se trata de una exagerada diversión en la que Sutton, en una historia bastante alejada de los cómics de terror donde se había hecho un nombre, saca partido a su vis cómica y la plasticidad y dinamismo de su estilo para aprovechar todo el potencial humorístico del histriónico Cooper, que intenta una y otra vez escapar para reunirse con su querida serpiente Veronica,.

El tebeo, que desde el diseño de portada rinde homenaje a los clásicos “Tales of the Crypt” de E.C., incorpora cameos en los fondos del manicomio de los más variopintos personajes de cómics resulta una historia bastante entretenida que difícilmente veremos publicada en España. Un tebeo muy curioso que si domináis el inglés podéis leerlo aquí.

(ACTUALIZACIÓN: Y, por supuesto, lo recomendable es leer el tebeo escuchando el disco de fondo. Absolutamente lisérgico).



miércoles, 29 de junio de 2011

“Fábulas: Rosa Roja”, de Bill Willingham, Mark Buckingham y otros.

En los tiempos que corren no es moco de pavo que una serie regular (y más del sello Vertigo cuyos últimos proyectos no han respondido como se esperaba) llegue a los 100 números. “Fábulas”, de Willingham y Buckingham, lo ha logrado precisamente en el último TPB que publica Planeta y que reúne los números 94 a 100 de la serie regular.

La tensión y las disensiones cada vez son mayores en la Granja de las Fábulas donde los diferentes grupos conspiran para llenar el vacío de poder creado por la depresión de Rosa Roja, mientras esta busca en sus orígenes la fuerza para salir adelante. Mientras, por otro lado, el Oscuro sigue conspirando para descubrir el paradero de las Fábulas huidas hasta que estas mandan a un paladín para retarle en combate singular en un combate de fuerzas desigualadas pero, solo aparentemente, desigualadas.

Más allá de la diversión asegurada de los primeros cincuenta números, la serie se ha caracterizado posteriormente por la irregularidad con arcos muy entretenidos (aunque sin la gracia del principio) y otros bastante aburridos y acomodaticios. Esta tendencia de lo que ha sido la serie en su segunda mitad, se aprecia resumida perfectamente en este volumen en la que destaca la excelente historia en que se narra el origen de Rosa Roja y Blanca Nieves en una versión remozada del cuento clásico en la que Willingham se muestra especialmente inspirado para dar el toque siniestro que contaban las versiones populares de los cuentos antes que los Grimm y Andersen los literaturizaran y Walt Disney los infantilizara.

Más decepcionante ha sido la resolución que Willingham le da al enfrentamiento entre el último archienemigo de las Fábulas, el Oscuro, una mezcla de D’Yspayre y Sandman que no entiendo porque no le han llamado Comedientes que da más miedo y la nueva versión de Totenkinder, que acaba recordando a un torneo de pokemons (lo que viene a demostrar lo mal que se le dan los enfrentamientos épicos a Willingham como ya sospechara tras la conclusión de “La Gran Guerra”) y solo se sostiene gracias al buen trabajo de Buckingham, realmente muy inspirado en este tomo.

Buckingham es un dibujante al que le encantan dibujar animales y monstruos y en este arco disfruta con un enano retratando todo tipo de fauna, pero, además, es un autor con una notoria influencia kirbiana que, curiosamente, conforme pasan los años en lugar de minimizarse se hace más notoria, resultando divertido descubrir la inspiración del maestro en sus composiciones. Con todo, es un gran dibujante que ha encontrado en esta serie el lugar ideal para sacar partido a sus principales cualidades. También merece la pena destacar el episodio dibujando por el argentino Iñaki Miranda quien le da un aire manga a los personajes y nos sumerge con sus perspectivas y tratamiento de la narración en un anime. Por otro lado, el nuevo portadista Joao Ruass, sin hacer olvidar a James Jean, realiza un trabajo notable.

En pocas palabras, actualmente “Fábulas” por momentos me resulta desesperante con momentos en que cae en la autorreferencia autocomplaciente que solo se ven compensados por los buenos ratos que Willingham y Buckingham consiguen en arcos cono el de “Rosa Roja”. Habrá que ver si la finalización del “spin off” de “Jack of Fables” consigue que Willingham centre sus esfuerzos a tiempo completo en esta serie y la cosa repunte.

Ya hay cartel para Viñetas O Atlántico 2011.

...Muy gracioso de Camille Jourdy (a ver si me pongo con su "Rosalie Blumt" pronto). Una buena pesca de tebeos y pulpillo, sin duda.

martes, 28 de junio de 2011

“Superman Versus Muhammad Alí”, de Neal Adams y Denny O’Neil.




¡¡¡Pim pam pum!!! Planeta reedita en una edición deluxe–con un color restaurado siguiendo la reciente edición norteamericana que deja que desear aunque con excelentes complementos (bocetos, prólogo de Adams y epílogo de Jeannette Khan y una enumeración de todos los que aparecen en la monumental portada doble) - uno de los tebeos más importantes, originales y divertidos de la larga trayectoria de “Superman”, realizado por un equipo de primeras espadas en el mejor momento de su carrera compuesto por un genial Neal Adams, bien secundado por el siempre eficaz Denny O’Neil que se retiró del proyecto antes de verlo terminado. Nada menos que el combate más grande de cualquier siglo, “Superman Versus Mohammad Alí”.

Al parecer la cosa partió de ese excéntrico personaje que es Don King, a la sazón manager de Alí/Clay quién contactó con la avispada Jeannette Khan que en seguida vio el potencial de la idea. Una idea –la de juntar nada menos que a dos superhombres, el kryptoniano de los cómics y al real del deprimido Louisville en un tebeo- que, no nos engañemos, podría haber caído en el mayor de los ridículos si no hubiese sido encargada al que por aquel entonces era el equipo de mayor talento de DC, el formado por Adams y O’Neil que ya habían maravillado en series como “Batman” o “Green Lantern/Green Arrow” para lograr yuxtaponer la riqueza de ambos personajes en un tebeo único, en el que un combate de boxeo encaja sorprendentemente bien en un “space opera” monumental en el que la épica y el sentido del humor van de la mano.

El argumento es tan simple como efectivo. Cuando Clark, Lois y Jimmy intentan entrevistar a Alí se materializa de la nada un alienígena que amenaza con acabar con el planeta Tierra si su campeón no es capaz de vencer al campeón de su Imperio Galáctico en un combate de boxeo cósmico, retransmitido hasta los últimos rincones del Cosmos (¡¡ Por Jimmy Olsen!!).



Superman y Alí aceptan el desafío, pero antes deberán ponerse en forma y elegir cuál de los dos es el campeón de la Tierra en un combate del que saltarán chispas antes de enfrentarse con los tramposos alienígenas.

Aprovechando el tirón mediático que tuvo el legendario combate de Alí con Foreman en el Zaire, los autores lo extrapolan a un escenario más exótico todavía en una historia perfectamente equilibrada para lograr tanto el lucimiento del carismático Alí como del Hombre de Acero al que veremos vapuleado bajo los puños del campeón de los pesos pesados en un tebeo brillante por su dinamismo, repleto de grandes momentos y que resiste perfectamente el paso del tiempo a pesar de los años transcurridos gracias a la excelente labor gráfica de un pletórico Neal Adams que realiza un trabajo gráfico espectacular mostrando su dominio a todos los niveles y dando una lección magistral del uso de la onomatopeya.
Probablemente pocos tebeos se me antojan tan imprescindibles para entender la evolución hacia la modernidad del género superheroico de DC, y Superman como su buque insignia, que este. Una obra que sin perder el sentido de la maravilla de los tebeos de la “Golden Age” completamente abierto a los planteamientos modernos que buscaban entroncar las historias en contextos más cercanos al lector y surgieron a principios de los setenta y la “Silver Age”. Un tebeo para olvidarse del adulto y disfrutar como un enano.

Peter Falk (1927-2011)

Un poco tarde me entero de la muerte de Peter Falk al que todos los que ya tenemos unos añitos (de treintaytantos para arriba) recordamos básicamente por su papel como el sagaz detective Colombo en la serie del mismo nombre en la que nos ganó con su interpretación del desgarbado y astuto protagonista.

Sin embargo, con los años nos fuimos enterando que Colombo era este Peter Falk, un actor y pintor de vocación tardía que tuvo que superar más de una barrera en su carrera interpretativa debido entre otros motivos a que era tuerto y llevaba un ojo de cristal. Falk se había curtido en excelentes “thrillers” como “El Sindicato del Crimen”, comedias (“Un ganster para un milagro” o “La Carrera del Siglo”) o bélicas (“La Batalla de Anzio”). Y después de Colombo destacó en películas de directores independientes como Cassavetes (“Una mujer bajo la influencia) o Wenders (“Cielo sobre Berlín”), aunque quizás su último gran papel y por el que le recordarán los más jóvenes sea el del abuelillo -¿Colombo tenía un nieto?- de “La Princesa Prometida”.

Falk fue un tipo de talento que se vio en la gran pantalla encasillado como gran actor de reparto brillando realmente en la televisión gracias a “Colombo”, aunque también destacó como pintor, y en los últimos años se había alejado tanto de la vida pública que muchos pensábamos que ya había muerto.

D.E.P.

lunes, 27 de junio de 2011

“Informe sobre ciegos”, de Alberto Breccia y Ernesto Sabato.




Sorprendente y sospechosa rapidez ha tenido Astiberri en rendir homenaje al recientemente desaparecido Ernesto Sabato recuperando en una cuidada edición con prólogo de Carlos Sampayo la adaptación, descatalogada durante años, que de “Informe sobre Ciegos”, una parte de su imprescindible novela “Sobre Héroes y Tumbas” realizara el no menos genial Alberto Breccia en sus últimos años de vida , por la que recibiera póstumamente el Premio a la Mejor Obra Extranjera del Salón del Cómic de Barcelona de 1994.

En esta obra, que como ya digo forma parte de un todo mayor dentro de una novela aunque por la estructura de esta puede permitir la lectura independiente, se narra la obsesión por parte de uno de los protagonistas de la novela Fernando Vidal Olmos con los ciegos a los que considera seres perversos dotados de extraordinarios poderes y que a través de una hermandad secreta influyen y controlan el devenir del mundo. A raíz de la ceguera de un amigo, Vidal Olmos intentará demostrar su teoría introduciéndose en un denso y opresivo universo de tinieblas que le acerca irremisiblemente a la locura.

Tengo que decir que desde que leí por primera vez la novela de Sabato –una de mis favoritas- hace ya demasiados años nunca he vuelto a mirar a los ciegos con los mismos ojos (aunque incluso después haya tenido amigos y conocidos invidentes) dada la capacidad de desasosegar al lector que logra el genial autor de “Abbadon el Exterminador”. Sin embargo, esa capacidad para transmitir mal rollo se ve potenciada por la sabiduría de un Alberto Breccia que en sus últimos años parecía obsesionado por adaptar al cómic historias que le permitieran reflejar la locura y los miedos más primigenios y elementales del ser humano, quizás porque él mismo sentía ya cercana la hora de hacerles frente.Ya lo hizo en la magistral versión que hiciera de “Los Mitos de Cthulthu” de Lovecraft y lo volvió a realizar con su particular “Informe sobre Ciegos” en los que elimina cualquier atisbo de ironía y humor –negro, eso sí- que Sabato incorpora en su escrito para centrarse en los elementos más reconcentrados y terroríficos de una historia que es la crónica del particular descenso a los infiernos de la locura de su protagonista, aunque esto último nunca queda del todo claro al lector que no sabe si los sucesos narrados son reales o frutos de su imaginación perturbada.

A las alturas de la vida en que Breccia realizó estas obras se permitía hacer lo que le daba la gana apostando por una independencia salvaje y lejos quedaban sus trabajos más realistas y comerciales como “Vito Nervio” o “Mort Cinder apostando desde “El Buscavidas” y "Perramus" por un estilo más experimental y radical, cada vez más abstracto, en el que buscaba captar los recovecos del inconsciente humano a través de su prodigioso dominio de la mancha y el blanco y negro siendo en ese sentido “Informe sobre ciegos” uno de sus trabajos más logrados, una auténtica sucesión de pesadillas hipnóticas que poco tienen que envidiar a las “pinturas negras” del no menos atormentado en sus últimos años Francisco de Goya.

Informe sobre Ciegos” no es una obra fácil ni amable, pero es uno de esos tebeos en los que lo artístico y reflexivo prima sobre el mero entretenimiento y el genio de un artista como el maestro Breccia se erige en razón de ser para hacerse con un tebeo único y atemporal. Imprescindible.

domingo, 26 de junio de 2011

Gene Colan también fue un maestro del género romántico.

A Gene Colan se le recordará principalmente por ser un maestro consumado de géneros en los que primaba la acción y la aventura como el superheroico, el terror o el bélico, pero también lo fue de otros que requieren de un tempo más pausado como el poco conocido género romántico.

En “A Fool About Love”, una pequeña historia de seis páginas realizada en 1973 con Bill Everett y guionizada por Holli Resnicoff (la secretaría de Stan Lee y a la sazón esposa de Mike Plogg), para “Our Love Story 27, cabecera con la que Marvel probó fortuna con el cómic romántico, Colan demuestra su habilidad para este tipo de historias.

El estilo de Colan es predominante frente a las aportaciones de Everett.