Creo que se comenta por sí solo. Mamma mia…
Todd McFarlane se encargó el año 2000 de realizar la portada del quinto álbum de uno de los grupos señeros de Trash Metal, aunque quizás no tan reconocido como los WASP, Alice Cooper, Judas Priest y demás grupos de este estilo que florecieron en los ochenta, Lizzy Borden.
El disco, en cuestión, era “Deal with the Devil” y tenía canciones curiosonas como “Zanzíbar”. La portada cumple su cometido aunque no me parece de lo mejorcito de McFarlane en su faceta de portadista.
La editorial Herder se lanza a la piscina de la publicación de cómics con una nueva obra que seguro dará mucho que hablar, “Así habló Zaratustra”. Esta primera obra, que ha sido un manga superventas en Japón, es calificado con astucia comercial desde la editorial como “el primer manga filosófico”. No quiero ser quisquillas, pero si entendemos la filosofía como el amor al saber y la verdad que ha de hacernos más sabios, probablemente en los anteriores mangas de Tezuka, Mizuki o Taniguchi creo que hay bastante filosofía encerrada, aunque más bien creo que la editorial se refiere a que es el primer manga que desarrolla una historia inspirada en la obra de un filósofo, el alemán Friedrich Nietzsche. Así, sí.
En el manga de “Así habló Zaratustra”, se nos cuenta como un pastor y su familia encuentran a un misterioso bebé abandonado al que crían como propio. En una sociedad en la que cada vez es más difícil predicar como consecuencia de la industrialización y la perdida de fe, el pastor tendrá que bregar con la rebeldía de uno de sus hijos, Zaratustra, que se vuelve el principal objetor a su Fe y a la propia existencia de Dios al tiempo que se burla de su hermano, el manso y obediente Álex.
Hace un par de semanas me dio cierta rabia leer un pie de página en el suplemento cultural de cierto diario mayoritario un tono despreciativo hacia esta obra solo por tratarse de un manga sin entrar en valorar el fondo de su crítica. Me parece un poco apresurado y obsoleto desvirtuar el potencial del cómic a la hora de desarrollar y divulgar obras filosóficas como la de Nietzsche en la que bajo la forma de aforismos y metáforas se construye la mayor parte de su discurso. Creo que el cómic y, en este caso el manga, son un instrumento excelente para ello y este manga es un buen punto de partida en ese sentido.
“Así habló Zaratustra”, el manga, es un excelente puente para que los remisos a atreverse a conocer la obra original de Nietzsche le pierdan el miedo ya que la historia que se nos relata toma como punto de partida los principales temas desarrollados por el filósofo alemán en esa obra - la muerte de Dios, el Superhombre, la Voluntad de Poder y el Eterno Retorno- expuestos sobre el armazón de una historia truculenta que no busca profundizar en ellos sino exponerlos de una forma accesible a cualquier lector para que pique más adelante con la obra original. En ese aspecto, creo que el manga cumple sobradamente sus expectativas garantizando un rato de lectura bastante entretenido. Seguro que al iconoclasta Nietzsche le hubiera gustado la combnación.

He leído despacito los diecisiete números que componen el primer tomo (de seis anunciados) de la recopilación que Planeta está realizando de “Starman”, una de las series más interesantes de los noventa, realizada por James Robinson y Tony Harris. Tengo que confesar que hacía tiempo que no disfrutaba tanto con un tebeo de superhéroes y no me extraña que la serie haya adquirido la consideración de tebeo “de culto” ,consecuencia no solo de su dispersa, incompleta y mínima publicación anterior en España sino también de una incontestable calidad.
Básicamente, “Starman” se centra en explicar como Jack Knight, el hijo pequeño del Starman original, asume progresivamente el legado superheroico de su padre como defensor de la ciudad de Opal City al tiempo que intenta seguir adelante con su vida “normal”. Tampoco os voy a contar mucho más.
“Starman” es un tebeo que sobresale respecto a la media por muchos motivos. Por un lado, por la habilidad con que el guionista británico James Robinson amalgama en pocos números toda la idiosincrasia del Starman de la Golden Age –o las diversas reencarnaciones de Starman siendo más correcto- con una nueva y renovada versión que le permite explorar conceptos interesantes como el deber, la responsabilidad, la confrontación entre lo nuevo y lo viejo o las complejas relaciones familiares en unas tramas inteligentes, imaginativas, cultas y cargadas de humor que dan un lavado de cara a los tópicos del género. Por otro lado, en la frescura y profundidad con que Robinson presenta una galería de personajes realmente atractiva para el lector que, más allá de sus extraordinarias habilidades, derrochan naturalidad y humanidad, gracias en buena parte a unos naturales diálogos no exentos de humor y el carácter coral de la serie, que alcanza su máxima expresión en el arco “Los pecados del Hijo”, protagonizado cada uno de los capítulos por un personaje diferente, que le permite al autor abrir completamente el abanico de posibilidades para contar historias situadas en cualquier tiempo o lugar sin que el peso recaíga necesariamente en el personaje protagonista. Aparte de estos elementos, “Starman” es rico en referencias aprovechando la profesión –una especie de chamarilero- del protagonista principal pero que, además, acaban incorporadas a las mismas de un modo directo como es el caso del universo freak de Todd Browning o al mismísimo Oscar Wilde.
En el aspecto gráfico, Tony Harris realiza una excelente labor, con un trazo quizás menos depurado que en otras series posteriores donde me ha gustado menos, como “Ex Machina”. Harris en "Starman" es menos rígido, lo que dota de mayor expresividad a los personajes al tiempo que acierta con la caracterización de los personajes y las localizaciones con un aire entre retro y gótico bastante logrado que da a la serie una uniformidad característica a la que se adapta Teddy Kristiansen en los episodios en los que suple a Harris.
“Starman”, a pesar de la edición en tomo (que a mí me parece bastante buena), es una serie que gana en una lectura reposada y a ratitos para dejarse llevar por la excelente planificación de un Robinson con bastante libertad para hacer lo que le da la gana, aprovechándose para ofrecernos un tebeo que nunca debería pasar desapercibido frente a mediocridades que no hacen más que repetir fórmulas anquilosadas.
Parece que ya está confirmado que Adrianne Palicki interpretará a la Princesa Amazona en la nueva serie que la NBC prepara sobre Wonder Woman. Más allá de los atributos físicos de la Palicki -¿no es rubia?- a uno no le despierta demasiado entusiasmo el que hayan optado por un nuevo uniforme que no mejora los que se ven en algunas convenciones. En fin… Sin embargo, más allá, de preocuparnos del futuro no está de más echar un ojo al pasado. Y es que han sido numerosas las mujeres de carne y hueso que han inspirado o interpretado de un modo u otro a Wonder Woman. 
El autor de la serie durante buena parte de los años sesenta y setenta Mike Sekowsky gustaba de utilizar modelos como Joyce Miller para la recreación del personaje. 
Centrándonos en las actrices que han interpretado alguna vez al personaje sorprende la presencia de Ellie Wood Walker y Linda Harrison, recordada básicamente por su papel de Nova en la clásica “El Planeta de los Simios”, interpretando a pachas una horrible Wonder Woman en un episodio piloto para una serie de televisión de 1967 que intentaba emular el éxito de la serie de Batman. Por suerte, la cosa se quedó solo en un proyecto.


En 1974, apareció un nuevo piloto para una serie que no cuajó con la curiosidad que el papel de Diana lo interpretaba Cathy Lee Crosby, interpretando a una Diana rubia con un chándal –digo, con un uniforme- más propio de una globetrotter que de una princesa amazona.

Hasta que la Palicki demuestre lo contrario, la WW de carne y hueso por antonomasia es Lynda Carter, una aspirante a Miss Mundo que se hizo con el papel con el consiguiente mosqueo de Cathy Lee Crosby en una serie que duró tres temporadas a finales de los setenta. La verdad es que la Carter se ajustaba bastante bien al papel y el uniforme era más fiel con el original aunque la serie se desarrollaba durante la II Guerra Mundial y WW solía pelearse con los nazis.

En la novena temporada de“Smallville”, Erica Durance la actriz que interpreta a Lois Lane en la serie, se disfraza en uno de los episodios de amazona en una clara referencia al personaje de Wonder Woman.
Seguramente, habrá más mujeres maravillas de carne y hueso en el futuro. Ya hay postulantes para el papel como la hiperbólica Denise Milani (ejem...). 
De momento, para mí la que más se ha acercado a Wonder Woman en el físico ha sido la Harrison. ¿Vosotros qué opináis?
Dentro de su fructífera labor como portadista de distintos grupos musicales hay que destacar la intensa colaboración a mediados de los noventa de Jaime Hernandez con The Shame Idols, una destacable banda de punk comercial liderada por Tim Boykin.
Jaime se encargó de las portadas de los dos primeros álbumes de la banda, “I got time” (1995) y “Rocket Cat” (1997), antes de la disolución del grupo debido a la desaparición del sello Frontier. Pese a ello, Boykin y la mayor parte de los miembros del grupo formarían uno nuevo, Lolas. Finalmente, en 2004, The Shame Idols se volvieron a reunir en una nueva formación que ha grabado un nuevo disco, “The ligth is always on”.
Os dejo la única actuación que he encontrado del grupo con una canción perteneciente a este último disco.
Por los comentarios del blog me enteré ayer de la muerte durante el fin de semana de Sydney Lumet, uno de los directores más interesantes del cine norteamericano de finales de los sesenta y principios de los setenta. En su rica y variada filmografía, si hay una característica común es intentar centrarse en contar historias que despertaran el interés del espectador más allá de la concepción del cine como espectáculo vacío y sin chicha, aunando entretenimiento y reflexión al tiempo que sacaba lo mejor de los excelentes actores con los que trabajó.
Entre sus películas hay varias a redescubrir -“Supergolpe en Manhattan”, “La Colina”, “Punto Límite” o “Network”, por citar unas pocas- pero, en mi opinión, Lumet tiene dos películas que destacan enormemente por encima del resto de su filmografía y por las que merece ser recordado ya que dentro de los géneros en los que se adscriben como auténticas obras de referencia.
Por un lado, “Doce hombres sin piedad”, la película de su debut en 1957 y que supone una de las más grandes películas del cine procesal (si no la más grande).
Por otro, “Serpico” (1973) en la que un joven Al Pacino realiza uno de sus mejores papeles interpretando la vida de un particular policía de incógnito en el corrupto Cuerpo de Policía de Nueva York.
Tras la muerte de Arthur Penn dos grandes referentes del cine norteamericano de los setenta desaparecen con apenas unos meses de diferencia. Brrr….
D.E.P.
La figura pública de Mario Vargas Llosa nunca me ha despertado demasiadas simpatías pero he de reconocer que sigo su trayectoria literaria con interés desde hace muchos años por lo que tenía curiosidad por ver como había asimilado el señor marqués la repercusión del Nóbel. Lejos de la brillantez de sus primeras novelas “El sueño del celta” es una obra que no decepciona si se realizan las necesarias concesiones a un novelista que tira de oficio y de una sabia elección del material que maneja para mantener atrapado al lector. “El sueño del celta” es una novela sobre los últimos días de una de esas figuras olvidadas y anónimas de la Historia, el irlandés Roger Casement. Mientras espera noticias en prisión sobre un posible indulto a su condena de alta traición, Casement rememora su rica y compleja vida de luchador contra la opresión de las políticas colonialistas, primero como cónsul británico en el Congo Belga y la Amazonía peruana, y, más adelante tras haber alcanzado los más altos honores del Imperio británico, como nacionalista irlandés. Como decía, la novela funciona no tanto a la habilidad en la construcción equilibrada del protagonista que Vargas Llosa realiza de Casement ya que su admiración llega hasta tal punto de embobamiento que más que ante un ser humano hay pasajes que parece presentarnos aun nuevo mesias descendido para expiar en su maltrecho cuerpo los pecados de sus congéneres y disculpando eso sí algunas que otra canilla al aire que el arrojado Casement se permitía con los muchachitos colonizados como en la indudable habilidad de escritor avezado de Vargas Llosa quién con una prosa sencilla y accesible presenta unos atractivos hechos históricos protagonizados por Casement quién estuvo de una manera u otra involucrado en los principales procesos coloniales de principios del siglo pasado y los episodios claves previos a la independencia de Irlanda y algunas figuras históricas y literarias de la época a las que trató como Di Valera o Joseph Conrad. Si se tiene estómago para salvar el arrebatado y un poco indigesto alegato con que Casement se compromete en la defensa del protagonista de su obra, la novela llega a leerse con agrado e interés y, aunque no aguante la comparación con sus mejores obras, tampoco desmerece en la larga producción del Premio Nóbel, resultando incluso un buen punto de partida para intentar conocer un poco mejor la figura real de Casement más allá de la poco creíble descripción que de ella realiza el peruano.
Planeta sigue con su tarea de recuperar el material clásico de “Hellblazer” en una nueva edición uniforme y, tras publicar la etapa de Garth Ennis, ahora le ha tocado el turno a la de Jamie Delano en una decisión puramente comercial pues cronológicamente los tebeos de Delano son anteriores a los de Ennis. Este primer tomo de la etapa Delano reúne, por tanto los diez primeros números de la serie original norteamericana y, aparte de suponer un ejercicio de nostalgia para aquellos que los leyeran en su momento (lagrimilla por Ediciones Zinco y nuestra juventud perdida) es una buena muestra para los neófitos de lo maravillosos que eran los tebeos de los años ochenta.
Tras el éxito que tuvo el personaje de John Constantine creado por Alan Moore para la serie de “La Cosa del Pantano”, Moore recomendó –y Karen Berger aprobó- para la serie protagonizada por el mago de la gabardina a su por entonces semidesconocido amiguete Jamie Delano. Y lo cierto es que Jamie Delano, sorprendiendo a propios extraños y con bastante mano libre para hacer lo que quisiera, llevó a cabo a lo largo de los cuarenta episodios de su etapa el que quizás sea su trabajo más conseguido rellenando los huecos insinuados por Moore en su desarrollo del personaje al tiempo que profundizaba en su personalidad y la dotaba de un carisma que lo acabarían convirtiendo en uno de los personajes más atractivos de los años ochenta incorporando a las tramas sobrenaturales de corte barkeriano un contexto de crítica social al neoliberalismo thatcheriano imperante en el Reino Unido saludablemente transgresor y comprometido para un cómic DC de aquella época.
En estos primeros diez números, Delano adapta las estructuras clásicas de las series de novela negra para, sin prisas, ir desarrollando al personaje y desvelando poco a poco su pasado utilizando a los variopintos espantajos que se cruzan en su camino (Mnemoth, los demonios yuppies que comercian en el mercado de almas o las sectas de variopinto pelaje) en metáforas para terrores más cercanos y peligrosos. En estos primeros diez números, el peso de Constantine en la trama es secundario respecto a la ambientación desarrollada por Delano aprovechando el conocimiento que del personaje ya tenían los lectores y se centra sobre todo en las otras notas características de la obra quedando, curiosamente, el personaje protagonista como un elemento más de los muchos que enriquecen una obra en que se antoja casi más importante la opresiva atmósfera que logra transmitir. Jamie Delano se descubre como un guionista comprometido, competente y sutil que, a pesar de resultar en ocasiones farragosamente literario, tiene bastante claro lo que se trae entre manos con lo que, a pesar del tiempo transcurrido, la obra resiste bastante bien los años.
En el aspecto gráfico, aparte de las excelentes portadas de Dave McKean, destaca el trabajo de todo un veterano como John Ridgway durante los nueve primeros números. Un dibujante de amplia experiencia que le da a la serie el toque sucio que requiere –especialmente en los dos últimos, 8 y 9, entintados por Alfredo Alcalá - y se adapta progresivamente a las complejas composiciones de página requeridas por los guiones de Delano cumpliendo honradamente con su cometido. Como curiosidad, tras entre los créditos del décimo número figura un jovencito Mark Buckingham en uno de sus primeros trabajos para DC que junto a Richard Piers Rayner o con Alcalá se mantendrá en siguientes episodios de la serie.
En definitiva, este primer tomo de “Hellblazer” de Jamie Delano es un ingrediente indispensable sin el que habría sido posible cocinar unos añitos después el sello Vertigo y estos tebeos de Delano deben ser considerados todo un clásico del terror moderno. De un terror sofisticado, comprometido, inteligente y, por desgracia, minoritario. Dicho queda.
(La nueva edición solo recoge las cinco primeras portadas de la serie. Es de esperar que el resto aparezcan en posteriores volúmenes. Por si acaso, yo las he reproducido ilustrando la entrada).
"Afirmar que los cómics son un medio que no se presta a producir obras de gran extensión parece un comentario que no tiene ningún sentido, incluso ignorando Our Cancer Year, Maus, Stuck Rubber Baby y el resto de obras del estilo.
Mirando las espectaculares portadas que Frank Frazetta realizó para los cuatro números de “Blazing Combat” no puedo dejar de rastrear en las ilustraciones del genial dibujante neoyorquino el espíritu del universal pintor de Fuendetodos.
Da la sensación que Frazetta se inspirara en la obra de Goya para esas ilustraciones. ¿Vosotros qué pensáis?¿Es Goya una de las grandes influencias del neoyorkino?
Desde el Servicio de Prensa de Planeta me pasan la siguiente noticia:
No se puede negar que es espectacular. Ahora la cosa es que le sepan dar un poco de ritmillo y que la historia esté bien hilvanada para que me guste a pesar de Ryan Reynolds.
Tampoco estaría mal que, más allá de la larga sombra de Geoff Johns y sus macroeventos, tuvieran algún guiño para los Julius Schwartz, Carmine Infantino, Gil Kane y demás.
De Alan Scott, ya ni hablamos, claro…
Estos días que sus fans conmemoran la muerte de la última estrella atormentada del rock, Kurt Cobain, parece un buen momento para dedicarle un pequeño homenaje recordando la portada que el gran Charles Burns realizara para la primera (bueno, en realidad la segunda) gran recopilación de Grunge de Seattle y que diera a conocer a grupos tan emblemáticos como Nirvana, Soundgarden o Mudhoney más allá de los garajes donde empezaron a tocar gracias al sello independiente Sub Pop y el histórico “Sub Pop 200” de 1988. En “Sub Pop 200” aparte de la fantástica portada de Burns se incluía la primera canción de Nirvana como grupo, “Spank Thru”.
Pues sí. La verdad es que la adaptación cinematográfica que el polifacético Joann Sfar (no tengo muy claro si es auténtica vis creativa o mera dispersión) está preparando de la que quizás sea su mejor obra tiene muy buena pinta. ¿La veremos estrenada en España? Espero que sí.
Como ya es tradición, dejo mi lista (o mi tonta) de cinco cómics que no dejaré pasar de lo que “supuestamente” (supuestamente, porque esto ya no es lo que era y las editoriales ya no concentran sus novedades en el Salón, adelantando o retrasando más en un ejercicio de contraprogramación que es la envidia de las cadenas televisivas y que provoca que muchas de las novedades más jugosas se pueden encontrar ya en librerías antes que del propio Salón) aparecerán en el Salón de Barcelona. Mi percepción es que quizás este año sea, en cuanto a novedades, uno de los salones más flojos de los últimos tiempos pero aun así hay cinco títulos (que suman 133 €) que no creo que dejen a nadie insatisfecho:
“Blazing Combat”: Para mí, la gran novedad. Una serie clásica Warren que reúne en sus páginas a lo que podríamos considerar un “Hall of Fame” de lo más granado del cómic norteamericano de los sesenta y los setenta en plenitud de facultades. 24€
“Penny Century”: La nueva recopilación de historias de los personajes creados por Jaime Hernandez es uno de los tebeos más agradables y entretenidos que se pueden leer en estos tiempos. 19€
“Starman”: Para los aficionados al género superheroico la serie creada por Jerry Robinson y Tony Harris debe perder su consideración de cómic de culto para empezar a considerarse como una revisitación del género más serias e inteligentes de los noventa. 38€
“Dublinés”: La última obra de Alfonso Zapico es una apuesta por un autor joven que ha ido creciendo y evolucionando a lo largo de sus anteriores trabajos y ha dedicado bastante tiempo a su particular revisitación del universo joyceano. Le tengo muchas ganas y espero que no me decepcione. 18€
“Cerebus: Iglesia y Estado 1”. Tras “Alta Sociedad”, llega la esperada continuación de una de las mejores etapas de la magna obra de Dave Sim. 34€ Cinco tebeos que darán mucho que hablar a lo largo de lo que queda del año. Por supuesto, hay otros destacables como “Vida en otro planeta”, “Gigamesh”, “La Saga de la Metamorfosis”, “Viva la vida”, “Castro”, “3 Relatos de la vida del hombre gigante”, “La Iliada”, "El héroe", los diferentes Tardi... Tiempo habrá para comentarlos todos. ¿Y vosotros cuáles consideráis vuestros imprescindibles? Como otros años, si me hacéis llegar las recomendaciones que hagáis en vuestros blogs las enlazo a la entrada.
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