Aquí, podéis informaros de los autores invitados y las actividades programadas.
miércoles, 25 de enero de 2012
Cartel del III Encuentro con Autores Carmona en Viñetas.
Aquí, podéis informaros de los autores invitados y las actividades programadas.
“Hollywood Jan”, de Bastien Vivès y Michael Salanville.



martes, 24 de enero de 2012
“Drácula” en el teatro Marquina.
lunes, 23 de enero de 2012
Entrevista a Émile Bravo en Stripgids traducida.





P: ¿Por qué volviste a la Bruselas de entreguerras con Spirou?

P: ¿Qué podemos esperar de ti en el futuro?
sábado, 21 de enero de 2012
Daniel Clowes y The Supersuckers.
Pues con lo divertidas que se están poniendo las cosas últimamente, me apetecía comentar ya este clásico del punk rock que es “The Smoke of Hell” de la autoproclamada más grande banda de rock and roll del mundo, según su página de la wikipedia, The Supersuckers, amigos de interpretar un original punk de raíces countries.
“The Smoke of Hell” es el primer LP del grupo, aparecido en 1992, en el sello Sub Pop contando con una magnífica portada de un joven Daniel Clowes que empezaba a hacerse notar con colaboraciones para distintos grupos..
Os dejo con el video de la excelente “Coattail Rider” para que empecéis con energía el sábado:
viernes, 20 de enero de 2012
“Magasin Général: Marie”, de Loisel y Tripp.
Anuncian desde Norma Editorial que a lo largo del 2012 le van a dar vidilla a esta serie y, de hecho, ya debe estar a caer el sexto álbum. Yo para no ser menos que la editorial le voy a ir dedicando una serie de entradas a los distintos álbumes a ver si nos da tiempo a ponernos al día antes de ese séptimo álbum programado para el último trimestre del año.
La historia se inicia cuando en un pequeño y aislado villorrio del Québec canadiense de mediados del siglo pasado la esposa del tendero –la Marie del título- debe hacerse cargo de la tienda cuando su esposo muere. 
Escrito y dibujado a cuatro manos tan competentes como las de Jean-Louise Tripp y Régis Loisel, compañeros de estudio y amigos, en este primer álbum a través del diálogo interior del difunto tendero– un recurso muy faulkneriano aunque por la misma época en las “Mujeres Desesperadas” también utilizaban una narradora difunta– y una elegante elipsis se nos presenta las pequeñas mil y una anécdotas, costumbres y secretos de los habitantes del pueblo a los que van presentando ordenada y detalladamente para que quedé constancia que el protagonismo no recae en ningún habitante especialmente sino en ese todo orgánico y vivo que es todo pequeño pueblo, sin que ocurra ningún hecho extraordinario que epate al lector más allá de la minuciosa y amable descripción del lento trascurrir de la vida y no ocultos coqueteos con el Realismo Mágico a lo García Márquez o el “Pequeño Mundo” de Guareschi reformulados al lenguaje del cómic con el primoroso encanto propio del estilo detallista y personal de unos inspirados Loisel y Tripp.
Ese equilibrio entre costumbrismo bucólico y fantasía idealizada, no dejará de atrapar al lector que no podrá dejar de asomarse como un voyeur fascinado a las pequeñas intrahistorias de los lugareños -perfectamente caracterizados por dos artistas tan dotados como son Losiel y Tripp quiénes al parecer resultan ser bastante complementarios encargándose Loisel del planteamiento de la historia y su esbozo a lápiz y Tripp del acabado- mientras espera ese giro dramático que rompa tanta armonía aparente.
“Marie” es en su aparente sencillez un álbum fascinante y cautivador y un magnífico punto de partida a una historia en la que todo está por descubrirse. Ya os lo seguiré contando otro día.
jueves, 19 de enero de 2012
“Long John Silver: El Laberinto Esmeralda”, de Lauffray y Dorison.

Tras hacerse con el Neptune, Silver y los amotinados se dirigen a la ciudad de donde esperan hacerse con el tesoro perdido de Guayanacapac. Sin embargo, el mapa se ha perdido y solo cuentan para llegar a su destino con la guía del poco fiable Moc. En un ambiente enrarecido por las disensiones internas, los piratas se adentran en los meandros del Amazonas a través de un paso secreto y descubren lo que queda del barco de Lord Hastings y los primeros indicios de la ciudad perdida cuando misteriosamente empiezan a desaparecer miembros de la tripulación.

Mucho más destacable es el apartado gráfico en el que Lauffray sigue brillando a gran nivel y convirtiendo cada viñeta en un deleite para los sentidos. Si ya habíamos comprobado su virtuosismo no exento de modernidad para describir distintos ambientes de época urbanos en el primer álbum y eminentemente marinos en el segundo, en este tercero se recrea con los magníficos paisajes selváticos y los manglares por los que avanza el Neptune y las colosales figuras de la civilización perdida. Lauffray se encarga de documentarse hasta el último detalle y el poder evocador de sus dibujos enorme sin descuidar por ello la fluidez de la narración.
miércoles, 18 de enero de 2012
“Cage”, de Richard Corben y Brian Azzarello.
Ha reeditado Panini en un tomo muy chulo la miniserie de cinco grapas del sello MAX que ya publicase hace unos añitos Planeta en la que Azzarello y Corben remozaron a Luke Cage, que pasó de ser el clon de Cassius Clay imaginado por papá Romita y Archie Goodwin a un pandillero metemiedos salido de “Los Chicos del Barrio” que Bendis convirtió a partir de entonces en uno de sus juguetes favoritos. Mas allá de lo que guste o no esa evolución del personaje, esta miniserie sirvió para reencontrarnos con el mejor Corben tras la desconcertante “Banner” en el que es probablemente su mejor trabajo junto a Brian Azzarello para Marvel.
La historia es bastante tópica. La madre de una chica víctima de un tiroteo entre bandas rivales alquila los servicios de Cage por cuatro cuartos para descubra quién mató a su hijita. Cage, que acepta el encargo por sus propios motivos, descubrirá que tras la guerra de bandas hay intereses ocultos de los que puede sacar buena tajada por lo que se pone a la labor.
La trama de Azzarello va de más a menos en una historia y un personaje recreados a su gusto. Se nota que ha visto y leído mucha producción de la Blaxpotation y se conoce sus códigos a la perfección pero, precisamente por ello, debería haber resuelto mejor una historia de pandilleros y mafiosos que se antoja de lo más sencillita y a la que aporta unos magníficos diálogos marca de la casa, gustándose durante buena parte de la historia para acabarla de cualquier manera, dejando todo el protagonismo y peso de la historia a su dibujante.
Y precisamente el que realiza un encomiable trabajo es Corben que quizás sin la presión de la responsabilidad de versionar un personaje tan icónico como es La Masa redefine al nuevo Cage a la perfección. Corben retrata al renovado y chulesco Cage con acierto, jugando constantemente con la imagen deformada que devuelve en el espejo un personaje con más capas de lo que aparenta y lo sitúa en un entorno suburbial deprimido soberbiamente descrito que lo magnifica todavía más. Además, Corben juega y cuida al detalle los personajes secundarios caracterizándolos con brillantez y clavando especialmente al pandillero albino. Lo demás, pues acción, violencia y chicas monas en un tono blaxplotation que Corben refleja y ambienta con el talento que nos tiene acostumbrados desde hace casi cuarenta años y con un José Villarrubia que le entiende y magnífica como nadie.

“Cage” es un tebeo con más continente que contenido, visualmente impactante y con una historia que va quedándose cada vez en menos para acabar siendo una mera anécdota. Con todo, entretenido e indispensable para los admiradores del muchachote de Misuri. Que nos dure muchos años.
martes, 17 de enero de 2012
“En la cocina con Alain Passard”, de Christophe Blain.
Los que conocéis el blog de antiguo ya sabéis que Christophe Blain es una de mis debilidades y es ver un nuevo trabajo del francés y apostar casi sobre seguro que me va a gustar. Sin embargo, con este álbum publicado por Astiberri a finales de 2011 tengo que reconocer que mi fe en las capacidades de Blain flaqueó y es que a mí lo de las artes culinarias me gusta más disfrutarlas (vaya, como los cómics, por otro lado) que elaborarlas. Así que, como no las tenía todas conmigo, me he dedicado a regalarlo porque parecía un tebeo idóneo para regalar y de paso sondear al personal. Primero, a un amigo que de cocina anda tan pez como yo pero que le gustan los cómics, en general y Blain, en particular; y, segundo a la señora -o señorita- que me aguanta, que aparte de dársele bien la cocina le gusta coleccionar libros sobre este tema (sí, en nuestro palacio somos coleccionistas compulsivos de las cosas más peregrinas). No os contaré si triunfé o no con los regalos pero lo que sí os voy a contar es que por mi impaciencia no esperé las opiniones de ambos y ya me he leído el cómic. Mi flaqueza carecía de fundamento…“En la colina con Alain Passard” certifica -si existía alguna duda- que Blain es uno de los mayores talentos actuales del cómic europeo, un mago capaz transformar el tema más insustancial en un cómic entretenido de nivel con mucho que degustar.
“En la cocina con Alain Passard”, nos narra sus experiencia y conversaciones a lo largo de tres años con el Alain Passard del título, un chef de gran prestigio en Francia, que abrió su cocina y restaurante a Blain para explicarle el secreto de sus recetas y su filosofía de la cocina como un arte en el que tanto cuenta el sabor de los platos como su presentación. Entre platos y fogones, Passard diserta ante un atónito Blain sobre los platos y las calidades de los ingredientes, los clientes y sus ayudantes, mientras elabora curiosos platos para el disfrute del dibujante.

Más allá de su temática, este es un cómic interesante porque resume bastante bien lo que ha sido la evolución de Blain en los últimos años y muestra el potencial del medio para acometer con más eficacia que otros a los que estamos más habituados cualquier temática. Escapando de la rigidez de los géneros, Blain acomete un álbum que es reportaje y crónica culinaria al tiempo que describe con agudeza la carismática personalidad de Passard a través de los distintos puntos de vista de personas/personajes (él mismo incluido) que conviven y trabajan con el cocinero.

Como decía, el álbum resume la evolución de Blain en estos últimos años hacia un dibujo más esquemático y directo que se centra en lo esencial y alejado cada vez más de unas temáticas de género que solo le han interesado como medio para colocar sus propias historias y personajes. Como en los últimos “Gus” y “Quay D’Orsay” organiza la historia en capítulos que cuentan pequeñas historias que encajan en un todo orgánico y se centra especialmente en el desarrollo de los personajes, prescindiendo de la viñeta tradicional y utilizando únicamente la blancura del papel como separación entre unos dibujos y otros, un recurso que en los lápices de cualquier otro menos dotado podría provocar confusión en el lector pero en los de Blain permite que la narración gane en fluidez y ritmo para que el lector se sienta como un asistente más de las lecciones magistrales de Passard.


En definitiva, “En la cocina con Alain Passard” es más que un mero libro sobre un cocinero, es un diálogo abierto entre dos experiencias culturales tan ajenas como la cocina y el cómic que solo un autor del talento y la madurez que ha alcanzado Blain sería capaz de acometer con éxito. Al menos los admiradores del dibujante francés, deberían darle una oportunidad, aunque recomiendo para quién quiera probar algunas de las recetas intercaladas en el cómic dejar su lectura para el final. Es más divertido -¡¡¡y claro!!!- seguir las explicaciones de Blain.
lunes, 16 de enero de 2012
“Drive”, de Nicolas Winding Refn.
El otro día aprovechando que en casa se organizaba un evento lúdico festivo femenino retomé antiguas costumbres y volví tras unos cuantos meses a pisar un cine. Iba con la ilusión de que la experiencia fuese redonda y ver una peli que me gustase por lo que me decanté por esta “Drive” de la que había oído buenas palabras y aparte venía avalada por distintos premios y nominaciones en certámenes y concursos glamourosos. Bueno, tras el visionado, si esta ha sido una de las mejores películas del 2011 creo que el nivel ha estado más bajo de lo que pensaba. Os cuento.“Drive” es la historia de un mecánico y especialista de escenas de acción en Los Ángeles que se hace un dinerillo extra conduciendo en la fuga de los atracos en los que le contratan. El tipo tiene un código rígido, no va armado, solo conduce, no hace preguntas, cobra y se va…La cosa le va más o menos bien hasta que conoce a la vecinita rubia con niño que con unos mohines y ojitos tiernos se lo mete en el bolsillo. La cosa amorosa promete para nuestro frío conductor hasta que regresa el marido de la vecina, un exconvicto que pretende mantenerse limpio hasta que aparecen sus antiguos compañeros de trullo para recordarle que les debe un último trabajito. Por la vecina, su churrumbel y el amor, nuestro romántico protagonista, que tiene su corazoncito aunque vaya de duro, accede a ayudar al marido y rompe su código para meterse de lleno en un lío de tres pares de narices con unos mafiosos que no se andan con chiquitas. Si queréis saber más a ver la peli.
A partir de la base literaria de una novela de James Sallis que no he leído,“Drive” revisita un tema recurrente y clásico del género negro desde un punto de partida más o menos original a priori que sería el del conductor de los atracos para abandonarlo a las primeras de cambio para acabar desarrollando una historia de las de siempre que va de más a menos. Esto que en principio puede augurar una película de acción trepidante en plan blockbuster palomitero, trepidante y molón a lo “A todo gas” y continuaciones es resuelto por el danés Nicolas Winding Refn con un ejercicio de estilo antitético, sobrio y contenido que queda bastante raruno y no me ha acabado de convecer, una cosa a medio camino entre Jim Jarmusch e Ingmar Bergman lleno de huecos para que el espectador inteligente los rellene y que podría haber funcionado mejor si le hubiera metido algo más de velocidad.
A pesar de ello, la peli se deja ver aun cuando llegue a resultar un tanto irritante las constantes contradicciones en las que va cayendo el protagonista en su comportamiento (esto puede ser culpa de la novela por lo que tengo curiosidad en leerla, así que a lo mejor la comento por aquí) hasta el irritante y absurdo final. Shanne –ah, no que no es “Raíces profundas”-, bueno, el que hace de conductor hierático es el papel más complicado y sobre el que recae todo el peso de la peli, un personaje imposible interpretado por un Ryan Gosling taciturno que a pesar de querer pasar por un joven de Niro de “Taxi Driver” tiene más aire de joven Sean Penn despistado, siendo realmente el trío de estupendos veteranos Perlman-Brooks-Cranston los que dan más empaque a la historia frente a los actores jóvenes.
En fin, “Drive” es una película normalita y creo que no da para tanto como se ha comentado pero que cada cuál saque sus conclusiones. Ya me contáis si eso.
domingo, 15 de enero de 2012
Ángel Menéndez Menéndez, “Kalikatres” (1923-2012).
En varios medios confirman el fallecimiento el pasado día 12 de Ángel Menéndez quién creara el popular personaje de Kalikatres publicado en “La Codorniz” que acabó siendo su firma artística.
Kalikatres era un filósofo egipcio que respondía con fina ironía las preguntas más variopintas que le formulaban. Menéndez poseía un estilo esquemático, preciso y rápido y sus chistes fueron recopilados en los noventa en un libro titulado "¡Oh!, Kalikatres sapientísimo".
Aparte de en “La Codorniz”, Menéndez publicó en otras publicaciones como “El País Semanal”, la “Golondriz” “Informaciones”, “Garbo”, “7 Fechas”, “Arriba”, “Balalaika”.
Aparte de su labor como humorista gráfico, Menéndez también hizo sus pinitos como dramaturgo escribiendo y estrenando una obra “La Cárcel de Fedro”.
D.E.P.
sábado, 14 de enero de 2012
Throwing Muses y Gilbert Beto Hernández.
Ya hemos comentado en esta sección varios de los trabajos que Jaime realizó con distintas bandas a lo largo de su carrera (y alguno más aparecerá en breve) pero más puntual y desconocida es la relación de Gilbert Beto Hernández con el mundo de la música, siendo sus trabajos para Throwing Muses sin duda su aportación más destacable. 
En 1996, Beto realizó para la banda liderada por Kristin Hersh, la portada, contraportada y libreto del que iba a ser su último disco antes de su separación en 1997. 
El disco se tituló “Limbo” y reune algunas de las mejores canciones del grupo. Canciones como “Shark”, canción que precisamente dio título a un maxisingle con cuatro canciones cuya portada también corrió a cargo de Gilbert, o “Ruthie’s knocking”, que también daría título a otro maxisingle con portada del mismo Gilbert.
La influencia de “Palomar” es más que notable en todos estos trabajos, especialmente en la portada de “Ruthie’s knnocking” que a mí personalmente es la que más me gusta. 
Os dejo precisamente esa canción interpretada por el grupo Throwing Muses:
viernes, 13 de enero de 2012
“Habibi”, de Craig Thompson.
Estas fiestas por fin he encontrado unos cuantos momentos de asueto para ponerme con calma a leerla última obra de Craig Thompson, la ciclópea “Habibi” que publicó Astiberri a finales del año pasado en un estreno internacional coordinado con otras editoriales europeas y norteamericanas. “Habibi” es una obra ambiciosa como pocas, que enrocará aun más en sus posiciones a los defensores y detractores del autor, gustando a los ya convencidos por anteriores trabajos de Thompson y aborrecible por aquellos que directamente no les gustaron y que no deberían ni acercarse a la misma dado su elevado precio. Más allá de las posiciones extremas, “Habibi” es la obra más ambiciosa de Thompson, en la que pretende equilibrar el relato de una historia abiertamente de ficción con sus propias obsesiones personales conocidas ya por trabajos anteriores siendo precisamente esas dos pulsiones la que hace de “Habibi” una obra irregular.
La historia se sitúa en un imaginario país islámico donde la pequeña Ooma es casada por su padre con hombre mucho mayor. Raptada y vendida a unos traficantes de esclavos, escapan al desierto junto a un pequeño niño negro llamado Zam con el que se lleva nueve años al que cuidará y educará procurando todo contacto con el resto de la humanidad salvo para conseguir provisiones. Cuando Ooma y Zam se ven obligados a separarse y reintegrase a la “civilización” llevarán vidas completamente diferentes hasta que, ya adultos, se produce el ansiado reencuentro.
Nadie puede negar de la enorme sensibilidad y talento de Craig Thompson al que en “Habibi” une la voluntad del autor de acercar la rica cultura e imaginario musulmán al lector sin abandonar por ello sus propios intereses y obsesiones personales integradas como un elemento más en el discurso narrativo de la historia para construir una parábola moderna con aires dickensianos que aglutina por un lado la denuncia de las desigualdades sociales en las sociedades árabes con el anhelo del amor verdadero de unos protagonistas presos de sus soledades, incomunicaciones y desencuentros.
El problema surge cuando todo ese revoltijo de ideas quedan difuminadas a lo largo del discurso de la novela-río que es la obra debido a las disgresiones continuas y los ensimismamientos de Thompson demorándose en pequeñas historias y detalladas descripciones de elementos cabalísticos y ortográficos que poco o nada aportan a la trama principal restando protagonismo a la obra en pos a su propia condición de autor, imponiendo su propia personalidad sobre la historia y los personajes. Probablemente consciente de esa dispersión de intereses, Thompson ha querido jugar con la estructura de la historia dotando al mismo de una organización a lo Mil y Una Noches para insertar esas historias a lo largo del relato principal estableciendo distintos niveles de lectura pero restando uniformidad y coherencia a una historia que podía haberse resuelto en doscientas páginas menos o extendido a lo largo de otras doscientas más.

Como consecuencia de esa falta de unidad, “Habibi” alterna momentos hermosos en que el autor hipnotiza al lector con la magia de sus imágenes y su enorme sensibilidad mientras que en otros aburrirá incluso al más devoto de sus admiradores.

En el aspecto gráfico, “Habibi” es una obra más que notable en la que Thompson muestra su innegable habilidad como dibujante especialmente dotado para la creación de imágenes y metáforas cargadas de simbolismos. En esta obra, en concreto, se ha documentado especialmente a través de los pintores franceses del movimiento romántico del XIX que hicieron del Orientalismo una de sus temáticas mas habituales incorporando homenajes a pinturas como “El Baño Turco” o “El Pobre Pescador” en sus viñetas. Thompson maneja a la perfección multitud de registros jugando con su estilo para pasar del cartoon y la caricatura al realismo con una facilidad pasmosa solo comparable a un maestro tan lejano como el clásico mangaka Osamu Tezuka para reflejar la comicidad y el drama siendo quizás “Buda” la obra con la que más similitudes pueda guardar “Habibi” en ese aspecto. También se puede encontrar quizás otra fuente de inspiración en los clásicos dibujantes de Disney como Carl Banks o Floyd Gottfredson.

Y es que las referencias manejadas por Thompson no se limiten quizás tan solo a autores clásicos como Tezuka o la escuela Disney sino también a otros más modernos como Burns y los Hernández Bros. cuyos recursos adapta en beneficio propio.

Ausente esa capacidad para la empatía que tenían sus otras obras, quizás “Habibi" irritará a los lectores más destemplados así que aviso para que nadie se lleve a engaño si no le gusta. “Habibi” es una obra talentosa y personal enmascarada bajo una parábola moralizante, llena de buenas intenciones pero excesivamente dispersa y confusa en sus objetivos y quizás por ello no conecte tan íntimamente con el lector como la crónica autobiográfica que era “Blankets”, obra con la que comparte parecidos objetivos pero mucho menos redonda, o con el que todavía para mí es su mejor trabajo la maravillosa y sutil “Adiós Chunky Rice”. Con todo uno de los tebeos más interesantes del año pasado.







