jueves, 18 de julio de 2013

“Ladrón de ladrones”, de Robert Kirkman, James Asmas, Shawn Martinbrough y Felix Serrano.




Planeta nos ofrece el segundo recopilatorio, que recoge los números 8 a 13 de la serie regular, de “Ladrón de ladrones”, el buque insignia del afamado guionista Robert Kirkman desarrolla paraSkybound, su sello propio dentro de  Image. Un sello en el que un Kirkman que tras el éxito de la serie televisiva sobre sus “Muertos Vivientes” le ha cogido gusto a  la pasta que mueven las series de televisión en estos momentos y pretende desarrollar historias con el objetivo de vendérselos a alguna productora repitiendo la jugada de su serie más popular.

Retomando el hilo de la historia de la anterior entrega de la que ya escribí algo por aquí, el sanguinario Cartel de Lola ha secuestrado a Emma, la novia de Augustus - el conflictivo hijo del legendario ladrón de ladrones conocido como Redmond-  para conseguir que este convenza a su padre para que retome su carrera delictiva y trabaje para el Cartel a cambio de la vida de la chica. El genial Redmond, que intenta recuperar a su mujer y reconducir su vida, ideará un arriesgado plan para robasrle la chica a los malos a pesar que los policías y los mafiosos intentarán no ponérselo fácil.

Partiendo del argumento ideado por Robert Kirkman, el guionista James Asmus construye un entretenido thriller de acción en el que los giros del guión y los personajes arquetípicos están ideados para lustrar una historia tan convencional como efectiva. Tanto Kirkman como Asmus conocen su oficio y las reglas del género para construir una trama inteligente y divertida que intenta mantenerse siempre un paso por delante del lector manejando con astucia recursos como la retrocontinuidad, los flashbacks y las elipsis para ir desarrollando en paralelo la evolución de los diversos personajes.

En el aspecto gráfico quizás es donde “Ladrón de ladrones” se resienta más pues el dibujante Shawn Martinbrough no cuenta con un estilo demasiado sútil teniendo su dibujo grueso y poco definido excesivas reminiscencias de otros maestros actuales del género negro como Eduardo Risso. Sin embargo, Martinbrough sin ser un refinado estilista sí que se muestra como un efectivo narrador que se adapta perfectamente a la esquemática composición cinematográfica de tres o cuatro viñetas panorámicas por página para mantener el ritmo rápido, intenso y nervioso que los guionistas quieren imprimir a la historia.

Lo mejor que se puede decir de esta segunda entrega de “Ladrón de ladrones” es que mantiene el nivel de la primera moviéndose con naturalidad aunque con escasa originalidad dentro de las convenciones y tópicos del  agradecido subgénero negro en el que se engloba. O mucho me equivoco o dentro de poquito tendremos la anhelada serie televisiva que espera lograr  Kirkman porque materia prima hay para conseguirlo.

miércoles, 17 de julio de 2013

“El vano ayer”, de Isaac Rosa.


Isaac Rosa es uno de los columnistas de opinión que sigo con regularidad desde que lo descubriera en “Público” y, actualmente, en “El Diario” y “El Jueves”. No solo porque ideológicamente comulgue con sus planteamientos sino porque además su estilo conciso, directo y llano aunque no exento de ironía y mordacidad me gusta frente al empacho de otras firmas con más nombre y barroquismos en los que camuflar quizás deudas vergonzosas. Por ese motivo tenía ganas de leer algo de su todavía escasa producción literaria entre la que destaca este “El vano ayer”, con la que ganó varios premios literarios en su momento.

La novela gira en torno a la reconstrucción del paradero de un viejo profesor universitario y un joven alumno desaparecidos en la represión a los movimientos estudiantiles universitarios en los últimos años de la Dictadura franquista. Dos personalidades contrapuestas pues Julio Denis, el profesor, era un tipo apocado y sin compromiso político mientras el estudiante Andrés era un activo miembro del partido comunista, André Sánchez.

A partir de esa premisa argumental, Rosa construye una novela que se aleja de una estructura clásica para convertirse en una digresión en torno a ese subgénero de la literatura española que ha tratado la posguerra española. Rosa, con inteligencia y conocimiento del medio hace gala de ese estilo periodístico, claro y llano tan característico  a medio camino en lo literario de Umbral y Saramago, para entablar un diálogo abierto con el lector no solo sobre ese oscuro periodo de la historia española sino de la realidad imaginada literariamente que en cierta medida lo ha ido magreando y maleando y las opciones que ha manejado a la hora de construir los diversos vericuetos por los que transitan lso personajes, aun cuando en ciertos momentos se guste en exceso para mi gusto y se permita alguna frivolidad -genial, eso sí- como explicar la posguerra cuan si un romance en castellano antiguo se tratase y Franco un émulo del Cid Campeador. Precisamente, por ese carácter experimental y abierto de la obra finalmente lo que acaba convirtiéndose en una mera excusa sin demasiado interés, es la trama inicial y el destino de los personajes lo que puede llevar a algunos lectores más convencionales a sentirse decepcionados ante el camino tomado por Rosa.

El vano ayer” no deja de ser una novela interesante que deja con ganas de conocer algo más de la producción literaria del autor que en esta novela crea un uróboros que engloba en sus pocas más de doscientas páginas toda la grandeza y miseria literaria que ha generado la posguerra y dictadura franquista.

martes, 16 de julio de 2013

“Érase una vez en Francia: Volumen 2:“ de Sylvain Valleé y Fabien Nury.



Parece que a Norma Editorial le han debido cuadrar sus cálculos y no ha tardado mucho en publicar el segundo integral de esta estupenda serie de cuyo primer volumen ya escribí por aquí. Partiendo de personajes reales, en “Érase una vez en Francia”,  Sylvain Valleé y Fabien Nury reconstruyen la biografía de Josef Joanovici, un emigrante rumano que a pesar de ser analfabeto fue capaz de construir un imperio criminal en el París ocupado durante  la II Guerra Mundial.
En este segundo tomo se recogen los álbumes tres y cuatro de la serie –“Honor y Policía” y “¡ A las armas, ciudadanos!” - y descubriremos a un Joanovici inmerso en un complejo doble juego apoyando abiertamente a los nazis que ocupaban Francia y haciéndose con una fortuna en el mercado negro mientras, secretamente, aprovechaba sus contactos para liberar a numerosos agentes detenidos del grupo de la resistencia Honor y Policia. En medio de ese precario equilibrio de poderes cualquier error puede ser fatal pero a un buscavidas como Joanovici no le faltan recursos ni soluciones inesperadas para sobrevivir.

La fórmula ideada por Vallée y Nury es infalible ya que adapta con oficio y gusto una característica trama negra a una localización tan atractiva como la Francia ocupada durante la II Guerra Mundial para alimentar la complejidad de su protagonista, un inteligente y ambiguo personaje capaz de salir delante de las más peliagudas circunstancia, aunque ello le suponga traicionar y eliminar a sus aliados y sacrificar su vida familiar. Más de presentar a Joanovici como un personaje acartonado y estereotipado resulta especialmente atractivo ver cómo se traslada a la historia su compleja personalidad y sus remordimientos siguiendo el modelo del los padrinos de Puzo y Coppola  creciendo a lo largo de estos dos álbumes la historia en la medida en que el protagonista va sorteando pruebas cada vez más complejas.

En fin, “Érase una vez en Francia” sigue en estos álbumes intermedios manteniendo el nivel a pesar de haberse difuminado el factor sorpresa de la primera entrega gracias  al buen hacer de sus autores y queda todo pendiente de un último volumen que promete ser todavía mejor. Esperemos que la conclusión de la serie no decepcione ni se demore demasiado.

lunes, 15 de julio de 2013

“Antes de Watchmen: Dollar Bill”, de Len Wein y Steve Rude.




Inmediatamente después de la lectura de  “Antes de Watchmen: Minutemen”, de la que ya hablé por aquí, resulta adecuado situar  este número autoconclusivo en el que un equipo tan dispar como el formado por el dibujante Steve Rude y el guionista Len Wein construyen la biografía de Dollar Bill, uno de los Minutemen originales que ni en “Watchmen” ni en la miniserie de Cooke ha contado con demasiada relevancia más allá de su papel como elemento coral.
En los años treinta, Bill Brady es una estrella del deporte universitario que ve truncado su espléndido futuro cuando sufre una lesión de rodilla. Tras intentar ganarse la vida en el vodevil y como actor, Brady solo encontrará un modo de sobrevivir, encarnando a Dollar Bill un superhéroe publicitario esponsorizado por el National Bank. A partir de ese momento, Bill dedicará su vida a enfrentarse al crimen como miembro de los Minutemen y, sobre todo, a participar en las campañas publicitarias del banco al que sirve. 
Lo cierto es que el concepto de Dollar Bill es una de esas genialidades ideadas por Moore y Gibbons que no encontró espacio para desarrollarse más allá que como esbozo al pie de página dentro de esa obra maestra que es “Watchmen”. Y es que aunque la idea de un superhéroe egoísta que se mueve principalmente por dinero no era nueva  - ya la habíamos visto de un modo u otro presentada anteriormente en el “Spiderman” de Ditko y Lee o en los “Héroes de Alquiler”- sin embargo, nadie hasta entonces la había convertido en vehículo satírico para poner en evidencia los elementos más ridículos de la fantasía superheroica enfrentados con una historia con un enfoque realista como lo hicieron Moore y Gibbons.
Todas esas enormes posibilidades por tanto se mantenían intactas para que un equipo creativo ambicioso pudiera sacarle el jugo, sin embargo, este no ha sido el caso. Len Wein, un veterano guionista de vuelta  de todo, evita cualquier tipo de complicación en su concepción de la historia renunciando a profundizar demasiado en el desarrollo del concepto o la personalidad del protagonista limitándose a a presentar de un modo bastante predecible, y sin margen para la sorpresa una vez más, los datos de la biografía del personaje que ya conocíamos de mano de Moore y Gibbons junto a algunos de los aportes por Cooke en “Minutemen”, acentuando si cabe sus elementos paródicos pero sin llegar a explotar realmente la vis comica de la historia y careciendo del menor atisbo de originalidad  con lo que “Dollar Bill” acaba zozobrando hasta convertirse en mi opinión en la historia más floja de todas las que conforman la línea “Antes de Watchmen”.
Si acaso un cómic tan soso tiene cierto interés es por la presencia en el apartado gráfico de Steve Rude quién realiza una labor apañada pero sin complicarse excesivamente la vida en un trabajo eminentemente alimenticio. 
The Dude haciendo gala de su elegante trazo clásico ofrece un tratamiento visualmente adecuado de un personaje entroncado en la Edad de Oro de los cómics de superhéroes y mostrando influencias tan dispares como Jack Kirby o Russ Manning en sus aspectos más naturalistas o Will Eisner en los elementos caricaturescos o la composición de página para presentar la tragicómica vida de Dollar Bill.

A pesar de su potencial, Dollar Bill es uno de esos personajes que nadie parece querer tomarse en serio. Y es una pena porque Wein y Rude han perdido la oportunidad de hacer algo realmente interesante con este personaje en lugar de un cómic tan irrelevante, únicamente destacable para los más acérrimos seguidores de The Dude.

viernes, 12 de julio de 2013

“Antes de Watchmen: Minutemen”, de Darwyn Cooke.




Una de las miniseries que más curiosidad me generaba de las anunciadas en la línea “Antes de Watchmen” publicada en España por ECC Ediciones era esta “Minutemen” en la que el estupendo artista canadiense Darwyn Cooke  se iba a encargar en solitario de mostrar los orígenes de los “Minutemen”, el grupo de superhéroes de la “Golden Age” de la obra ideada por Moore y Gibbons, a lo largo de seis números.

Hollis Mason, el Búho Nocturno original, prepara tras abandonar su carrera superheroica la publicación de “Bajo la Máscara”, el libro en el que va a desvelar ante la opinión pública los oscuros secretos de los Minutemen originales, lo que provocará diversas reacciones entre el resto de los miembros  supervivientes al tiempo que será el punto de arranque para que el propio Hollis rememore desde la perspectiva del tiempo la azarosa historia del grupo desde su creación hasta su desaparición.
A partir del material ideado por Moore y Gibbons en “Watchmen”, Cooke construye un cómic ágil y solvente en el que no se corta en interpretar algunos de  los puntos oscuros de la historia de los Minutemen a partir de las referencias veladas de Moore. Cooke mediante una impostada trama en la que usa a Buho Nocturno como narrador interpuesto profundiza en  personajes marginales como Silueta o Mothman y resuelve la misteriosa desaparición de Justicia Encapuchada al tiempo que referencia con precisión algunos de los momentos más brillantes ideados por Moore en la obra original desarrollando una trama efectiva y entretenida sin contradecir la obra en la que se inspira aun cuando sí dé pie al debate.
No deja de ser meritorio en un autor que es más dibujante que guionista haya sido capaz de desarrollar un guión que supone una obra de ingeniería para que encaje en los intersticios y ambigüedades planteados por Moore en torno a estos personajes secundarios en una necesaria reinterpretación tan valida como polémica. Cooke no se limita a seguir exclusivamente la guía dejada por Moore e introduce en la trama elementos propios que la vuelven menos previsible para el conocedor de la obra original y dan como resultado una trama algo artificiosa aunque esté resuelta con brillantez al tiempo que añade aun más madera a la polémica para los detractores, con la introducción, por ejemplo,  de  personajes propios como Oficial y Explorador para incorporar un curioso juego metaliterario tan fascinante como a mí juicio innecesario. Y es que Cooke no se ha limitado en hacer un tebeo en el que los recursos gráficos estén al servicio de la historia sino que  más bien ha antepuesto la brillantez de estos a la misma historia para dejar claras, si era necesario, sus capacidades.

Lo que no admite discusión y salva lo artificioso de la trama en ocasiones es la deslumbrante labor gráfica de Cooke en la que plasma su extraordinario talento para desarrollar un cómic visual y narrativamente brillante en la que no solo evoca los recursos gráficos ideados por Moore y Gibbons desdel el preciosismo de su estilo cartoon sino que los potencia con sorprendentes soluciones gráficas con las que salva una historia que en manos de cualquier otro menos dotado seguramente naufragaría.

En fin, “Minutemen” es una dignísima miniserie en la que Cooke ha asumido el reto de no limitarse a seguir los patrones trazados para una obra menor y realiza un dignísimo trabajo con la suficiente entidad propia para que a la larga sirva aun más para ensalzar el “Watchmen” original, interpretado y estudiado por un autor poseedor de talento, personalidad y estilo, en una historia que más allá de su carácter tributario cuenta con la suficiente enjundia como para brillar por derecho propio.

jueves, 11 de julio de 2013

“El Día D 2: ¡ Los rusos llegan a la Luna!”, de Fred Duval, Jean Pécau y Phillipe Buchet.


 


Planeta retoma la publicación de la serie francesa ía serie "El Día D"que tan buenas impresiones me causó con su anterior entrega, con un segundo album que en realidad es el  primero de la colección en el que el equipo creativo formado por Fred Duval y Jean Pécau en el que resuelven una interesante ucronía,: cómo se hubieran desarrollado la Carrera Espacial si los soviéticos hubiesen sido los primeros en llegar a la Luna en 1969.

En Julio de 1969, debido a la fatalidad el “Apolo XI” no logra alcanzar la Luna y son los cosmonautas soviéticos los primeros en poner la bandera en el satélite en Septiembre de ese año., lo que supondrá que Nixon potencie la carrera espacial. Años más tarde, ambos países mantienen la beligerancia y han logrado instalar bases permanentes en la Luna y aunque la tensión crece entre las superpotencias los astronautas y cosmonautas han estrechado lazos en la Luna y van a difundir una noticia que puede cambiar el enrocamiento de sus dirigentes y cuando logren esquivar a los cerriles comisarios políticos y los agentes de la CIA enviados para poner orden en la Luna.
Fred Duval y Pécau, asesorados por Fred Branchard, vuelven a hacer gala de sus conocimientos históricos para elaborar una agradable y documentada ucronía autoconclusiva a la que incorpora diversos elementos de intriga y acción para ofrecer una Carrera Espacial paralela entroncada necesariamente con la Guerra Fría en la que los pioneros del espacio van, como no podía ser de otra forma, por delante de los políticos y militares. Duval y Pécau introducen muchísimas referencias que permitirán al lector acercarse a la historia real e introduce numerosos personajes históricos – Armstrong, Aldridge, , Andrópov, Nixon, Carter, Breznev, Yeltsin…- junto a otros imaginados que permiten que la trama avance y ofrece una simulación optimista de lo que podría haber pasado si no se hubieran desarrollado los acontecimientos como lo hicieron el crítico Día D seleccionado..
En el aspecto gráfico, Phillipe Buchet cumple sobradamente realizando un trabajo efectivo y  realista cuidando el detalle en la reproducción de la tecnología y realizando una adecuada reproducción de los personajes históricos, demostrando la versatilidad de su estilo que le permite acometer con garantías géneros diversos. 
En fin, lo mejor que se puede decir deeste álbum es quemantiene el nivel de la primera, deparando un rato de lectura agradable y deja con ganas de indagar en profundidad sobre los hechos reales tratados y saber con qué nuevas reinterpretaciones de la Historia nos sorprenderán los autores en las próximas entregas de la serie.

martes, 9 de julio de 2013

Cartel del XIX Salón del Manga de Barcelona.



Hace unos días desde Ficomic presentaron una nueva Edición del Salón del Manga de Barcelona,, que se celebrará del jueves 31 de octubre al domingo 3 de noviembre en los palacios 1 y 2 de Fira de Barcelona en Montjuïc.

Y hay que reconocer que para esta nueva edición se han esmerado y elegido un señor cartel, obra de Antonio Vizcaino, quién conjuga en su ilustración el homenaje a diversos mangas y animes junto un estilo en mosaico asociado históricamente al Modernismo catalán.

Más información sobre el Salón del Manga, aquí.

lunes, 8 de julio de 2013

“Antes de Watchmen: Rorschach”, de Azzarello y Bermejo.




Empiezo a meterle mano a las miniseries de la controvertida línea Antes de Watchmen. editada por ECC Ediciones en España, por la miniserie de cuatro episodios protagonizada por Rorschach, uno de los personajes más carismáticos e importantes de la obra original de Moore y Gibbons, miniserie ideada  y desarrollada por un dúo de campanillas y campanadas como es el formado por Brian Azzarello y Lee Bermejo ("Joker").

En el Nueva York de los años setenta, Rorschach es un justiciero urbano que se enfrenta, en uno de los barrios más peligrosos y deprimidos de la ciudad, con el brutal y astuto Rawhead y su  banda de veteranos de Vietnam quiénes controlan la prostitución de una Gran Manzana atemorizada por los asesinatos de un asesino en serie que tatúa frases en la piel de sus víctimas y al que la prensa ha bautizado como El Bardo. En ese contexto, el terror se desata cuando se produce el celebre apagón de la Ciudad.

Lejos de ser una obra maestra, “Antes de Watchmen: Rorschach” es un tebeo sencillo que se deja leer con agrado merced a la labor de un Azzarello que lleva la historia al género que mejor conoce y maneja, el hard-boiled urbano, al tiempo que la sitúa en un momento previo bastante alejado de los hechos narrados en “Watchmen” para evitar desdecir la obra original, aun cuando las referencias, lugares comunes y homenajes para el conocedor de la obra sean fácilmente identificables.

En ese contexto, Azzarello construye una trama sencilla repleta además de referencias cinematográficas que van de “Pulp Fiction” a “Taxi Driver” (incluso se permite un cameo entre Travis Bickle, el protagonista de la peli, y Rorschach en un curioso diálogo que es de lo mejorcito de la historia) y comiqueras (el principal oponente de Rorschach, el sociópata Rawhead, un curioso entre uno de los principales enemigos de El Castigador marvelita, Jigsaw,  el histriónico y sanguinario Tony Montana de “Scarface” y Tony Manero, el chuleta bailón de "Fiebre del sábado noche" ).

Azzarello, autor contundente donde los haya, se vuelve quizás excesivamente sutil en su estudio en profundidad de Rorschach al que muestra como un justiciero nihilista aferrado a su particular código de la justicia y fuerza de voluntad para enfrentarse a una existencia absurda y sin sentido escapando gracias a la casualidad más que a sus habilidades de los peligros a los que se enfrenta, dando un tratamiento “realista” del personaje que acaba presentándole al lector de manera bastante fiel al lunático obsesivo que Moore describió, aunque para ello se salga de las convenciones habitualesde una historia en la que el supuesto (anti)héroe protagonista siempre va varios pasos por detrás de los malos y recibe más golpes de los que da.

En el aspecto gráfico, Bermejo hace una estupenda labor cuidando al detalle la atmósfera setentera y urbana en que se desarrolla la historia y la caracterización realista de los personajes así como  la narrativa de la historia para llevar a cabo el que para mí es uno de sus mejores trabajos dentro del mainstream.

Azzarello y Bermejo en  “Antes de Watchmen: Rorschach  se cuidan muy mucho de incorporar elementos originales que desdigan la opera prima de Moore y Gibbons que provocasen el rechazo furibundo de los fans y apuestan por realizar un homenaje digno a la obra maestra en la que se inspiran sin caer en el error de intentar ponerse a su altura, con un acercamiento asumidamente menor y tributario que se alimenta de la brillantez y actualidad “Watchmen”, obteniendo de esta forma como resultado una obra sencilla pero que, en mi opinión, supera las expectativas generadas inicialmente. Ojala que el resto de miniseries que conforman la línea estén al menos a este nivel.

viernes, 5 de julio de 2013

“Usagi Yojimbo: Traidores de la Tierra”, de Stan Sakai.





Gracias al acelerón que Planeta ha realizado en los últimos meses a la publicación de la serie de “Usagi Yojimbo” esta llega al tomo 26 equiparándose prácticamente con la edición norteamericana, ya que en Estados Unidos solo van un tomo por delante. En este "Traidores de la Tierra", que recoge los números  117 a 123 de la serie regular, nos reencontramos al conejo samurai inmerso en nuevas aventuras en su vagabundeo por un mágico Japón feudal,
En esta nueva entrega, el conejo samurai tendrá que vérselas con un nigromante que ansía hacerse con un anillo que permite a su poseedor controlar un ejército de zombis samuráis. Cuando el anillo recae “accidentalmente” en manos de una vieja amiga de Usagi, este la defenderá frente al mago y sus secuaces. Más adelante, Usagi se las verá además con un bandido oculto en una fortaleza escondida al que ayudará sin querer y se reencontrárá con un antiguo compañero de armas junto con el que habrá de saldar una vieja deuda de honor.
 Agradables y sencillas tramas las que sigue desarrollando Sakai que no decae en su empeño de mantener intacta la calidad de la serie un mes tras otro, entreteniendo con nuevas aventuras ambientadas en  la historia del Japón feudal sino que aprovecha su amplio conocimiento del folklore y la mitología  para adaptarlos a la medida de una amplia galeria de personajes construida a lo largo de todos estos años y la frescura y naturalidad de su estilo narrativo.
Con esos elementos, Sakai desarrolla las tramas con sencillez y oficio  proporcionando un rato de agradable lectura especialmente a sus seguidores más fieles que comprueban como van reapareciendo con naturalidad antiguos personajes del pasado de Usagi. De este modo, en estas páginas, nos reencontraremos con personajes como las pillas Kiyoko y Kitsune o el cazador de demonios Sasuke. Sin embargo, el episodio que da muestras de la coherencia de esta serie es el que cierra el volumen, “La Muerte del Señor Hikiji”, nominado a los Eisner en 2010, en el que toda la trama de amistad y venganza gira en torno a hechos acaecidos años –y muchos números- atrás.

En fin, a la chita callando, Stan Sakai sigue con humildad e inteligencia sigue fiel a su cita deparándonos buenos ratos protagonizados por su conejo samurái, un personaje que ya por derecho propio ocupa un lugar privilegiado dentro de las grandes creaciones que nos ha proporcionado el noveno arte..

jueves, 4 de julio de 2013

“Superman: Tierra Uno”, de J. Michael Straczynski y Shane Davis.




Al hilo de la reciente película “El Hombre de Acero” de la que ya he comentado algo por aquí, no está de más recordar el cómic sobre el que se basa argumentalmente buena parte de  la película recientemente reeditado por ECC Ediciones. Me estoy refiriendo claro está al “Superman: Tierra Uno”, de J. Michael Straczynski y Shane Davis.

En esta miniserie, JMS nos ofrece una versión remozada del origen de Superman en la que un joven Clark Kent se busca a sí mismo hasta que ha de afrontar su destino como Superman al aparecer un misterioso  y poderoso extraterrestre llamado Tyrell que amenaza con destruir el planeta si el último hijo de Krypton no aparece. El resto, por supuesto, es historia.

Straczynski, tras una exitosa aunque discutida trayectoria en Marvel, llegó a DC y a  Superman en 2010 con el objetivo de repetir la jugada que a mediado de los ochenta había llevado a cabo John Byrne, modernizando el icono para adaptarlo a los gustos de una nueva generación de lectores. Sin embargo, la cosa no acabó bien y JMS no acabó de cuajar en la serie ni en el personaje básicamente debido, desde mi punto de vista, al error en que cayó el guionista al intentar reescribir el origen del personaje en esta miniserie que Zinder y Nolan prácticamente han fusilado en la película, sustituyendo a Tyrell, el fallido villano  introducido por JMS, por el clásico y más carismático Zod.

“Superman: Tierra Uno” es un cómic bien planteado y que se deja de leer hasta que JMS empieza a introducir conceptos que se alejan del origen oficial ideado por Siegel y Shuster  difícilmente asumibles por los aficionados. Nolan y Snyder lo han entendido así y toman la primera parte del cómic en el que un confundido y mesiánico Clark Kent intenta evitar su destino – y con un claro trasfondo bíblico inspirado en la vigilia  de Cristo en el Jardín de los Olivos- en el que JMS describió con buen pulso narrativo, a pesar de ciertas concesiones a la lógica, las debilidades “humanas” del personaje. Sin embargo, es a partir de la segunda parte de la historia, cuando JMS enfrenta a Superman con su antítesis Tyrell  y desvela este su origen cuando la cosa acaba fallando al introducir el guionista una serie de modificaciones en torno a las causas de la destrucción de Krypton que contradicen y no mejoran las convenciones comúnmente aceptadas.

En el aspecto gráfico, Shane Davis realiza un gran trabajo dando sostén a la historia ideada por JMS y mostrando la plasticidad de un estilo realista en el que es capaz de conjugar la espectacularidad que precisa el género superheroico al tiempo que cuida los detalles al dotar de expresividad a Clark/Superman y los personajes de su entorno.

En fin, “Superman: Tierra Uno” es un cómic al que no se le ha hecho excesiva justicia,  minusvalorado y excesivamente criticado por sus evidentes defectos al caer JMS en la tentación de rescribir el origen de Superman y no simplemente modernizarlo o recontarlo desde su perspectiva, ensombreciendo el conjunto de una historia excesivamente simple el potencial y los aciertos que su representación del personaje tenía. Snyder y Nolan sí que han sabido reconocer los hallazgos de JMS y sacarles partido para conseguir algunos de los mejores momentos de una película en la que corrigen los peores errores de "Superman: Tierra Uno" aunque finalmente la película resulte, aunque por otros motivos, tan discutida como el cómic en que se inspiró.