martes, 15 de enero de 2013

“El día del juicio”, de Alan Moore, Rob Liefeld y Gil Kane.





Aleta Ediciones reedita en una cuidada edición, junto a sus prolongaciones, la miniserie “El Día del Juicio” con la que en su momento el inefable Rob Liefeld pretendió reconducir el disparate de hipertrofiados héroes y siliconadas heroínas anoréxicas que creó para su propia editorial Awesome. Dadas sus limitaciones, dio un golpe de efecto único fichando a golpe de talonario –sí, como si de un futbolista se tratase- al pope supremo del fandom, el iracundo Alan Moore, soñando reverdecer así las viejas glorías ochentenas alcanzadas en “Watchmen” que revitalizaron el mortecino género superheroico en su momento.

Tras la juerga de celebración de su cumpleaños, el miembro de Youngblood Knightsabre despierta resacoso en la habitación de otra miembro del grupo Riptide para descubrir que ésta ha sido asesinada y todos los indicios apuntan a que él es el culpable. La conmoción provocada por el primer asesinato de un superhéroe a manos de otro conlleva la celebración de un juicio extraordinario del que toda la comunidad superheroica formará parte y en el que se removerán los orígenes del mismísimo universo superheroico a través de un repaso de su historia.

Aun alejado desde hacía tiempo del género superheroico, en su regreso al mismo Moore cumplió sobradamente - y aparentemente sin esforzarse demasiado - con los objetivos impuestos por Liefeld en una historia tan apañada como artificiosa en la que a partir de una socorrida trama procesal revitalizó el defenestrado universo creado por Liefeld, sentando las bases para construir nuevas historias a partir de los nuevos personajes y épocas que introdujo en esta miniserie a  poco que un ápice de su talento hubiera acompañado a sus posteriores continuadores. Para darle una mayor cohesión al deslavazado universo superheroico, Moore introduce un eficaz macguffin en forma de libro divino en el que se puede escribir y reescribir la historia por sus poseedores y a una galería de nuevos personajes que no dejaban de ser meros sucedáneos de los superhéroes Marvel y DC (algo que ya había hecho anteriormente el mismo Liefeld, por cierto), en particular, y los del pulp en general, insertándolos en momentos inspirados en las canónicas edades del género – Golden Age, Silver Age, Edad Oscura...- con lo que conectaba artificialmente a los imberbes personajes Awesome con una historia a la que hasta ese momento habían sido ajenos.

Cualquier comparación facilota entre “El Día del Juicio” y obras como “Watchmen” o “Crisis en Tierra Infinita” obedece  grosso modo al siempre necesario reclamo comercial, pues “El Día del Juicio” estructural y contextualmente está muy alejada  de aquellas. Sin embargo, y a pesar de su condición de obra menor y alimenticia dentro de la producción del de Northamptom, sí que tiene algunos elementos que la hacen interesante más allá del mero completismo. Al igual que en “Watchmen” el elemento desencadenante es la muerte de un superhéroe y guarda la ilusión de una estructura elíptica y cerrada en la que Moore juega con la idea de metacómic, menos evidente quizás como consecuencia de la impericia de Liefeld y el reparto coral de colaboradores que participaron gráficamente en la obra, y como “Crisis en Tierra Infinita” es una obra redefinitoria y coral de la que participan multitud de personajes, muchos de los cuáles son el germen de los que Moore desarrollaría para el Sello ABC (Promethea”, “Tom Strong”, “Smax…).

El aspecto gráfico, cómo es lamentablemente connatural a cualquier cómic en el que esté involucrado Liefeld, lastra buena parte del potencial de la historia ideada a pesar de contar con un elenco importante de colaboradores que no ayudan precisamente a dar una cohesión gráfica a la historia. Por desgracia, abundan los característicos personajes de anatomía imposible, los fondos inexistentes y los abisales fallos de raccord que mucho han debido hacer sufrir a Moore y que no pueden más que dar de pensar lo mucho que hubiera podido dar de sí esta historia si un David Gibbons o un George Perez se hubieran hecho cargo de la misma.

De los dos apéndices, “Prólogo a Youngblood” y “Secuelas”,  decir que apenas aportan gran cosa más allá de explotar algunas de las consecuencias derivadas de la trilogía principal, siendo lo más destacable que “Secuelas” fue  uno de los últimos trabajos del gran Gil Kane y en el acabado final se le rindió un bonito homenaje incorporándolo como personaje al mismo cómic para hacer de conductor a las cinco pequeñas aventuras explicadas con lo que Kane desempeñaba el único rol que quizás le quedaba por probar en la industría del cómic.

En fin, “El día del juicio” no pasa de ser un cómic entretenido y eficaz que se lee con agrado para todos aquellos que sean aficionados al género superheroico pero queda lejos de los trabajos más logrados de Moore. Y es que por muy bueno que sea el cocinero el pinche también debe ayudar para que el plato esté a la altura.

lunes, 14 de enero de 2013

“El Héroe: Parte 2”, de David Rubín.




Podría hacer una reseña de una sola línea de la esperada segunda parte de “El Héroe”, recientemente publicado por Astiberri Ediciones, diciendo que confirma las buenas expectativas generadas con la primera entrega de la que ya comenté por aquí y solo cabría refrendar lo ya escrito en su momento y quedarme tan ancho  Pero como un blog no es para tweetear y lo que me apetece es explayarme con el trabajo de David Rubín sería injusto quedándome tan corto en la alabanza a uno de los tebeos más ricos en recursos y originales en contenido pero, sobre todo, exportables que han aparecido en España en los últimos tiempos.

Lo de menos es que en esta segunda parte, Rubín acabe de adaptar con una renovadora e imaginativa visión pop y anime el imperecedero mito de los Doce Trabajos de Hércules, el semidiós que venciendo las múltiples zancadillas de la diosa Hera y su acólito Aristeo, se convirtió en un modelo para los mortales mostrando que otras vías eran posibles antes que aceptar la fatalidad de los designios de los despóticos dioses griegos. Eso no sería más que certificar de la finalización de la aventura iniciada en el primer tomo con el que conforma un todo unitario con el que la división en dos partes se debe más a una cuestión práctica que de contenidos, retomando la historia en este segundo tomo allá donde quedó en la finalización de la primera parte.

David Rubín es un autor que desde sus ya prometedores inicios ha madurado a pasos agigantados y con “El Héroe” ha revalidado esplendorosamente todo lo bueno que se le intuía, confirmándose como un autor rico en influencias variopintas pero que a diferencia de otros no se limita a realizar un hueco ejercicio de estilo en su trabajo, imitando las modas e influencias formales en boga sin tener nada especialmente interesante que contar. No, Rubín ha sabido captar la esencia didáctica del mito de Hércules para reinterpretarla y ampliarla, incorporando en sus distintos capítulos desde un libro de autoayuda hasta un ensayo sobre la paternidad, de una historia conmovedora de amor y desamor a una parábola admonitoria sobre la importancia de las ejemplarizantes insumisiones individuales frente a las injusticias de los poderosos perfectamente aplicable a los inciertos tiempos que afrontamos. Y toda esa carga de profundidad se enmascara bajo la apariencia solo formalmente sencilla de un cómic cinético y volátil, repleto de grandiosas onomatopeyas, rebosante de chillones colores y homenajes a la cultura de masas que el autor ha devorado con deleite, de esos que se lee  de un tirón en lo que no deja de ser una reafirmación del medio bastardo que ha elegido para expresarse para acometer transversal y coherentemente las más complejas temáticas.

Como decía más arriba, Rubín rebosa de influencias y homenajes a grandes maestros del cómic desde los omnipresentes clásicos Kirby, Peelaert o Tezuka a los no menos boyantes popes ochenteros como Frank Miller, Javier Olivares Mike Allred o Mazzuchelli, sin olvidar a interesantes contemporáneos como Bryan Lee O’Malley, Joann Sfar o David B. Rubín engulle todas esas influencias –y algunas más que seguro se me escapan- y las deglute en un estilo fresco, evocador pero no tributario, con el que en lugar de conformarse a ser un clon más o menos talentoso coreado por el patio se ha aplicado el cuento que predica y se ha erigido en un autor insatisfecho, exigente y autocrítico, el propio héroe de su historia enriqueciendo con su constante descontento  su obra para transformar la ya prometedora materia prima de sus primeras obras en un estilo sólido, ecléctico y rico  por la variedad de sus recursos narrativos y gráficos al infinito en “El Héroe”.

Rubín, como si fuese un alquimista medieval o un prestidigitador del siglo pasado, ha conseguido lo que muchos persiguen y pocos logran. La piedra filosofal de la cuadratura del círculo del noveno arte: un tebeo que es una novela gráfica y un manga de superhéroes que reconcilia al gafapasta posmoderno ávido de nuevas tendencias con la ortodoxia del superfriqui de los superhéroes adicto a los videojuegos de consola.

No sería de justicia que un tebeo tan rico como “El Héroe” se perdiera en el océano de oferta insustancial que nos abruma y no encontrase eco más allá de nuestras fronteras. Por su calidad y originalidad, es una obra que debería promocionarse adecuadamente fuera de España y ser estandarte de cómo se hace cómic por aquí más allá de nuestra fronteras colocando a Rubín, ya un autor maduro en lo creativo a pesar de su juventud, a la cabeza de una generación de jóvenes autores que han dejado de ser promesas para convertirse en realidades que deben salir a conquistar los salones internacionales de cómics. Y es que es el sino de los héroes abrir nuevos caminos.

domingo, 13 de enero de 2013

“Dago: La marca del látigo”, de Robin Wood y Alberto Salinas.



Segunda entrega de las aventuras de “Dago” publicadas en España por ECC Ediciones en su Biblioteca Robin Wood que reafirma, si falta le hacía, la calidad de la obra del duo Wood y Salinas, de la que ya escribí aquí y aquí.

En el segundo volumen de los cuatro anunciados,  La Marca del Látigo”, Wood evoluciona la etapa de esclavitud de Dago presentando a un protagonista más resabiado e inteligente que asimilado el aprendizaje del látigo adopta una actitud astuta frente a sus amos sacando el máximo partido a su existencia de esclavo  para acabar aliándose con Orbashá para convertirse en el azote de los otomanos de Solimán hasta que, víctima de nuevo de la desgracia que le acosa, acabar de nuevo convertido en esclavo hasta que la suerte parece por fin sonreírle al poner a la distancia de su daga a uno de los traidores que provocó la desgracia de la familia Renzi y lograr el favor de Barbarroja.

Realizar una serie río como “Dago” y ser capaz de mantener la calidad en cada entrega sin que la serie se resienta es enormemente difícil. Por ello cabe destacar aun más si cabe la inmensa labor de un hábil Robin Wood para saber mantener el nivel de la serie haciendo lentamente evolucionar al personaje protagonista enfrentándolo a nuevos conflictos y constantes perdidas a lo largo de su existencia esclava logrando presentar una y otra vez de manera novedosa parecidas situaciones y manteniendo intacto el interés por la trama principal.

Alberto Salinas sigue mostrando ser digno hijo de su padre, el gran José Luis Salinas, haciendo gala de su talento en la representación de personajes militares e históricos, cuidando hasta el último detalle la plasmación de sus indumentarias y aderezos pero, además, en historias como “La galera en el puerto de Argel” hace gala de una rica variedad de recursos narrativos con los que enriquece y refuerza la historia.

El conjunto de historias incluidas “La marca del látigo”no hace más que confirmar a “Dago” como una de las mejores series largas de Wood en la que dos autores en el momento cumbre de su talento sacan el máximo partido del bagaje adquirido durante toda una vida dedicada a contar grandes aventuras en viñetas. Seguiremos disfrutando con las próximas entregas.

sábado, 12 de enero de 2013

MAX y Radio Futura.



Una de las relaciones más fructíferas creativamente que se han dado en el panorama español entre un autor de cómics y un grupo musical fue la que ha reunido en diversas ocasiones a Radio Futura uno de los grupos más emblemáticos e influyentes de la música r española, con Francesc Capdevilla “MAX”, uno de los más talentosos autores patrios.

Esta fructífera relación se inicia, a mediados de los ochenta, cuando Santiago Auserón contactó con MAX, que había alcanzado un gran éxito con “Peter Pank”, para que realizase una historia corta para promocionar el nuevo disco de Radio Futura, “La Canción de Juan Perro”, sin duda el mejor disco de la banda. MAX acepta a cambio que el encargado del guión de la historia sea el propio Auserón. Este accede y de la colaboración entre ambos surge “El Canto del Gallo”, una de las mejores historias cortas del autor barcelonés en una época en la que estaba claramente influido por Yves Chaland, inspirada en la canción de mismo título que acabó incorporándose en el histórico álbum, aunque  finalmente  la historia no fue incluida con el álbum y apareció publicada por primera vez en “El Víbora”.

En 1992, la relación se retoma enl último disco de Radio Futura que incluye una canción novedosa, “Tierra para bailar”. El grupo musical ya estaba roto y el nuevo disco surge debido a las obligaciones contractuales que todavía mantenía con la productora. Se trata de un disco de remezclas de clásicos con  “El puente azul” como la única canción realmente nuevaMAX realizaría un fantástico  videoclip animado para “Tierra”, una versión del grupo del clásico tema de Caetano Veloso.





Finalmente en 1998,  con Radio Futura disuelto ya hacía varios años, MAX realizó  la portada de un nuevo disco, “Memoria del Porvenir”, en el que se incluían nuevas versiones de sus canciones más emblemáticas para goce de sus siempre fieles y hambrientos aficionados en un discreto final para una de las más ricas colaboraciones entre los mundos de la música y el cómic que ha dado la cultura española.

viernes, 11 de enero de 2013

“Cruz Negra: La Frontera”, de Gol y Pedro Camello.




Mira tú por donde este año he estado gafado en la lotería navideña pero ha querido la diosa fortuna de los números aleatorios obsequiarme con un ejemplar de “Cruz Negra: La Frontera” merced las buenas artes concursales del maese Jolan en su agradable Adalides. Leída la obra, he disfrutado de un dignísimo y entretenido tebeo de aventuras hecho con cariño y esmero por sus autores –Gol al guión y Camello a los lápices- que han cuidado hasta el último detalle para ofrecer a través de la cuidada edición de Aleta Ediciones abundante de extras en un trabajo que satisfará a todos los que se le acerquen.

Cruz Negra se sitúa en la Extremadura leonesa –sí, no me he equivocado- en torno al año 1230 una tierra de nadie agreste y fronteriza en la que cristianos y musulmanes se disputan el territorio, mientras los escasos colonos luchan por sobrevivir. En ese territorio salvaje, protegido por los Monjes Caballeros de la Orden de Alcántara destaca entre todos ellos por su fe y fiereza frey Juan de Santihervás, conocido como Cruz Negra, y que junto a su compañero, el disoluto Alonso patrullan la frontera. Malherido en una razzia con almóhades por un misterioso hassassin, el huraño Cruz Negra tendrá que recurrir a un oscuro secreto de su pasado para poder salvarse y rescatar a su compañero capturado por los moros.

Resulta encomiable el empeño puesto por el equipo creativo por ofrecer un digno cómic de entretenimiento que antepone la aventura ante todo sin descuidar por ello el cuidado en la contextualización de la realidad histórica de las tierras fronterizas de la Península Ibérica en los tiempos de la reconquista. En esos tiempos convulsos, Miguel Gómez Andrea “Gol” construye una trama sencilla pero efectiva, modernizando convenciones y maneras de la escuela francobelga, protagonizada por un monje guerrero, con algunas similitudes al del juego ese de “Assasin Creed”,  que busca en el ejercicio fundamentalista de su fe la expiación de sus oscuros orígenes. 

Siendo la contextualización de la historia y el carisma del personaje principal los principales atractivos del álbum el resto de personajes que aparecen están cuidadosamente caracterizados para contraponerse con sus reacciones humanas y mundanas la rigidez de Cruz Negra, añadiendo notas de humor a una trama que de otro modo resultaría demasiado acartonada.

En el aspecto gráfico, el extremeño Pedro Camello, al que ya conocíamos por obras anteriores como “Treyes” o “Guido El Negro”, logra superar las reservas previas que su estilo tributario tanto de la animación como del cómic francobelga de autores de la talla de Peyo,  Uderzo o Luguy  me despertaba, adaptándose perfectamente a la crudeza de la acción medieval. Camello supera la prueba y gracias a la fluidez de su narración  construye un tebeo efectivo, dibujado con lógica y gustándose incluso en recursos como el del pájaro.

Quizás el gran defecto de este álbum es que tras una excelente historia corta introductoria en la que los autores presentan a los principales personajes, la historia principal se interrumpe abruptamente dejando al lector con las ganas de conocer la conclusión debido a las limitaciones del formato álbum elegido y obligando al lector a la espera de la publicación de una segunda entrega cuando la concepción de la historia pedía a gritos una edición unitaria. A pesar de ello, el álbum está editado con cuidado con abundantes apuntes y comentarios para que el lector localice mejor la historia y las costumbres de los caballeros medievales.

jueves, 10 de enero de 2013

“DMZ: Las Cinco Naciones de Nueva York”, de Brian Wood y Riccardo Burchielli.



ECC Ediciones  ha publicado con este tomo la conclusión de “DMZ”, la opera magna de Brian Wood y Riccardo Burchielli, completando de este modo la edición casi completa iniciada por Planeta. Con “Las Cinco Naciones de Nueva York”, el tomo recopilatorio que reúne los números 66 a 72 de la edición original, se pone un brillante punto final a una de las series que en los últimos años más ha hecho por mantener el prestigio y la esencia del ya finiquitado sello Vertigo.

Matty Roth, el reportero de la Zona Desmilitarizada en que se convirtió Nueva York, ha logrado poner punto final a la II Guerra Civil Norteamericana. Sin embargo, no ha sido fácil y a partir de ahora nada será igual para el mundo que Roth conoció a lo largo de los seis años en que informó desde la Zona Desmilitarizada. Sin embargo, los sacrificios de Roth no han acabado, cuando ha de responder de delitos contra la humanidad ante un tribunal norteamericano.

Las Cinco Naciones de Nueva York” es el arco argumental con el que Wood pone el cierre definitivo a la serie tras haber ya explicado en entregas anteriores cómo se fraguó el fin de la guerra. Wood va mostrandoa través de los pasos de su protagonista en torno al nuevo panorama tras los acuerdos de paz en la Zona Desmilitarizada y el destino de los principales personajes supervivientes al tiempo que esconde, como última sorpresa final, el pírrico y amargo destino de su protagonista.

A pesar de ser una de las series más inteligentes y arriesgadas aparecidas en los últimos tiempos en el mainstream norteamericano y de largo el mejor trabajo de su guionista, esta inteligente y cercana distopía sociopolítica me da la sensación que no ha contado con todo el reconocimiento que por su calidad merecía. Wood, con mano sabia, ha sabido construir un Nueva York asediado y convulso  en el que ha descrito complejas situaciones políticas que no están del todo alejadas a las que podemos ver en cualquier telediario sin olvidar mantener el toque humano propio del reporterismo para reflejar cómo la vida cotidiana intentaba mantenerse en un entorno tan hostil.

 Para esta última entrega, un autor menos comprometido y más tramposo fácilmente podría haber optado por una salida más fácil y airosa para el antihéroe protagonista, sin embargo Wood ha sabido ser consecuente con sus planteamientos, no apostando una vez más por las salidas fáciles y ofreciendo una de las conclusiones más adultas, dramáticas y terribles que hemos podido leer últimamente en cualquier cómic.

Mención aparte merece el trabajo del padre gráfico de la serie, el italiano Riccardo Buchielli quién con su trazo grueso y estilo feista ha sabido imprimir un realismo conciso y sobrio a la compleja ficción orquestada por Brian Wood. Creo que de la larga lista de dibujantes que han colaborado con el guionista pocos  han entendido a Wood como Burchielli y eso ha repercutido favorablemente en la calidad final de esta obra.

En fin, “DMZ” es un tebeo estupendo que nos permite reflexionar sobre nuestro presente y futuro, y este volumen el final lógico y coherente a las premisas sostenidas por los autores a lo largo de una serie llamada a revalorizarse con los años.

miércoles, 9 de enero de 2013

“El Mago de OZ”, de Eric Shanower y Skotttie Young.




Entre los cómics que ha publicado Panini en su línea Clásicos Ilustrados Marvel destaca esta maravilla que fácilmente puede pasar desapercibida entre la marabunta de títulos de tipos en mallas con los que la Casa de las Ideas y su concesionaria europea nos inundan. Y, sin embargo, la multipremiada adaptación al cómic del maravilloso cuento de Frank Baum que realizaron Eric Shanower y Skottie Young (de la que ya han aparecido dos continuaciones, por cierto) es un cómic mayúsculo, un título ideal de esos subrayados para releer con los pequeños de la casa si queremos transmitirles el amor por las viñetas.

Reconozco que tengo debilidad por este cuento desde que mi abnegada madre me convirtió a la causa de las hazañas de Dorothy y sus amigos en el maravilloso mundo de Oz por medio de la fantástica adaptación cinematográfica de Victor Fleming que en mi tiempo infantiles aún era posible visionar en pantalla grande gracias a esa especie ya extinguida de salas de cine que eran los cines de reposición. Un conocimiento previo que me hacía acercarme con bastante precaución a esta nueva adaptación de una obra a la que tengo especial cariño. Y, sin embargo, el equipo creativo me ganó desde las primeras páginas gracias a su buen hacer.

En esta miniserie de ocho números recopilada en un único tomo, el guionista Eric Shanower – famoso como autor completo por su inacabada obra sobre “La Edad de Bronce”- vuelca todo su obsesivo perfeccionismo, sapiencia y sensibilidad en adaptar fielmente el cuento original de Baum manteniendo su tono infantil pero sin perder las múltiples interpretaciones que la obra permite y la hace irresistible a los lectores adultos con lo que mantiene intacta en la traslación la esencia de la obra original.

Sin embargo, el principal culpable de esta hermosa adaptación es el dibujante Skottie Young quién interpreta con primor el guión de Shanower y da muestras de una insospechada versatilidad para adaptarse del género superheroico a las peculiaridades de esta obra. Young consigue dar un tono diferenciador y único de los distintos personajes exagerando sus principales características sin que pierdan el eco evocador de otras versiones con un estilo naif, limpio y detallista que me recuerda a autores del talento de Régis Loisel o José Luis Munuera.

En definitiva, “El mago de Oz” es una adaptación pluscuamperfecta de la obra original ya que no solo adapta el relato original con fidelidad y mantiene la esencia sino que lo expande merced a la potencialidad de un medio como el cómic ideal para la cuidada adaptación de este tipo de obras. Imprescindible.

martes, 8 de enero de 2013

“Dago: Traición y Sangre”, de Robin Wood y Alberto Salinas.



Una de las grandes alegrías que nos dejó 2012, como ya reivindiqué en su momento por aquí, fue la publicación de “Dago” por parte de ECC Ediciones. Y es que con las aventuras de este noble veneciano del siglo XVI esclavizado en el Imperio Otomano de Solimán y Barbarroja, Robin Wood y Alberto Salinas firmaron uno de sus mejores trabajos.

En este primer volumen, “Traición y Sangre” se cuentan las primeras aventuras del disoluto César Renzi y la caída en desgracia de su familia como consecuencia de las malas artes de un grupo de traidores a los que el padre de César pensaba denunciar. Salvado en último extremo de morir por una galera turca y vendido como esclavo, Dago aprenderá los rigores de la dura existencia de los esclavos como galeote y desempeñando los más duros e ingratos trabajos al tiempo que fragua su venganza.

 Una de las grandes cualidades de la serie es el talento de Wood para contextualizar la serie en el el momento de esplendor del Imperio Otómano que era el temor de Europa liderado por Soliman El Magnífico,  el pirata Jeireddín Barbarroja y la elite de los soldados turcos, los jenízaros.

Siendo la cuidada localización de la serie uno de sus puntos fuertes el principal para mí es como Wood cuida la caracterización de los múltiples secundarios con los que va cruzándose en el camino de Dago. Desde Selim, el esclavo veterano que le “adopta” y enseña los secretos de la esclavitud, hasta amos como el despótico y aburrido Jemal Hafad o el anciano y bondadoso Hussein, Wood retrata a sus personajes con precisión y humanidad, alejado de posicionamientos maniqueos y haciendo perfectamente lógicas sus reacciones al lector para descripciones simplistas en torno a la bondad o la maldad que enriquecen a los distintos personajes y el conjunto de la obra.

En el apartado gráfico, destacar la excelente labor de un Alberto Salinas que en la tradición de dibujantes de la talla de Alex Raymond o Hal Foster describe con detalle y oficio las localizaciones donde se desarrollan las aventuras de Dago y caracteriza perfectamente los personajes.

Dago” es un gran cómic de aventuras, quizás el último gran cómic en su género, y es una delicia poder disfrutar de la sabiduría mostrada por sus autores. Seguiremos informando.

lunes, 7 de enero de 2013

“Daredevil: Corazones en la oscuridad”, de Waid, Rivera, Kano, Pham y Ríos.



Acaba de publicar Panini "Corazones en la oscuridad",  la segunda entrega del tercer volumen yanqui de “Daredevil” que confirma las buenas maneras demostradas en la primera entrega bajo una fórmula tan revolucionaria como sencilla, aunar talento y oficio a falta de originalidad. En esta entrega que reúne los números 7 al 10.1 (sí, 10.1) de DD más un aprovechado crossover de la nueva serie con “The Amazing Spiderman 677” por esas cosas de de los jerarcas marvelitas para captar a los seguidores del trepamuros con las nuevas aventuras del cuernitos cómo si estos no supieran por sí mismos averiguar dónde está lo bueno.

Matt Murdock, alías Daredevil, sigue rehaciendo su vida por enésima vez. Como Murdock asesora a clientes para que se autodefiendan y guía accidentadas excursiones de niños invidentes por peligrosas montañas nevadas. Como Daredevil, flirtea con la Gata Negra y retoma la amistad de un deprimido Spiderman mientras es perseguido por una alianza de las principales organizaciones criminales del Universo Marvel que pretenden recuperar el Omegadrive, un disco duro con datos que pueden perjudicarlos antes que lo publique, o se las ve con el Hombre Topo en las profundidades de la Tierra para recuperar los restos profanados de su padre difunto. Y es que este Daredevil no para.

Sin llegar a los niveles de brillantez de la anterior entrega, en parte debido a la ausencia de Marcos Martín, “Corazones en la oscuridad” sigue con eficacia la premisa marcada por una serie en la que las efectivas tramas de Waid se pliegan ante el talento de los dibujantes con los que colabora  Waid es un guionista inteligente y con mucho oficio, especialmente dotado para sacar partido a justicieros individuales cómo en su momento demostró en “Flash” y, aunque para mí todo el macguffin sobre el que vertebra la serie en torno al Omegadrive parte de una premisa errada por mucho que lo justifique lo compensa con las historias en las que muestra las habilidades del protagonista y que tanto me recuerdan a los superhéroes ochenteros. En esta entrega, destaca el enfrentamiento de Daredevil con el Hombre Topo en una historia macabra y divertida si tenemos en cuenta que en el fondo es la excusa perfecta que se busca Waid para hacer la gracia de poner a dos ciegos a repartirse bastonazos.

Como decía, lo que viene marcando la diferencia en la serie y hace que este “Daredevil” dé un salto de calidad es en el apartado gráfico con la refrescante e inteligente labor en estos números de un Paolo Rivera que hace del diseño y la reformulación de los supersentidos del personaje sus principales bazas. Además, Rivera no omite referencias pictóricas en las portadas y los interiores que le aportan una mayor riqueza al universo de un personaje del que reinterpreta con primor y aporta nuevos detalles a las versiones ya clásicas de Mazzuchelli y John Romita Jr. La dantesca, macabra y espectacular visión de la bajada al infierno del Hombre Topo es evocadora tanto de las pesadillas de los grabados goyescos hasta de la pintura flamenca, aunque finalmente el efecto de la historia quede algo difuminado con la absurda pelea a bastonazos del Hombre Topo y Daredevil. También me gustaría destacar el excelente trabajo de la española Emma Ríos en el número que dibuja con un cuidado trabajo de tintas que aporta el tono oscuro que el Spiderman tristón que describe precisa y su atractiva versión de la Gata Negra.

En fin,  el actual “Daredevil” es un cómic de superhéroes visualmente atractivo y con historias entretenidas alejadas de cualquier pretensión más allá de entretener. De momento, la fórmula ha funcionado veremos si en las próximas entregas el sustituto de Rivera y Martin, Chris Samnee, es capaz de mantener el nivel.

sábado, 5 de enero de 2013

Queridos Editores Magos 2013.



Queridos editores magos:

Un año más apuro hasta el último día para escribiros mi carta. Yo, como el resto de lectores impacientes de los que abundan por aquí, he hecho mis deberes y todos hemos sido lo suficientemente buenos como para esperar ver publicados algunos de estos clásicos que permanecen injustamente olvidados en el panorama tebeistico español. Como cada año sois más, imagino que las posibilidades de ver publicadas alguna de estas obras aumentarán, ¿verdad?

Asumiendo el panorama de crisis en que nos encontramos y que todavía faltan por publicar una tira larga de los cómics que otros años os pedí en mis otras cartas (aquí y aquí), este año mi carta es más corta que la de años anteriores.

Os dejo mis peticiones.

“Warlord” de Mike Grell.

“Aqules Talón”, de Greg.

Parque Chas”, de Eduardo Risso y Ricardo Barreiro.

Alexis Strogonov”, de Émile Bravo y Jean Regnaud.

Bob Marone”, de Yann y Conrad.

Werewolf by Night” de Gerry Conway y Mike Ploog..

ROM”. de Bill Mantlo y Sal Buscema.

Bogey” de Segura y Sanchez.

Nada más, queridos magos, espero que a lo largo de este año accedáis a algunas de estas peticiones y a las que se sumen en los comentarios a esta entrada. Por si acaso, a lo largo del año, ya os iré dando más razones para rescatar del olvido estos excelentes tebeos.

Un impaciente saludo de un lector impaciente,


PAblo.