miércoles, 20 de octubre de 2010

“Ultimate Vengadores”, de Mark Millar y Carlos Pacheco.


Panini acaba de terminar de publicar la colaboración seis números (tres dobles en la edición española)de Pacheco con Millar en la nueva serie Ultimate de “Los Vengadores” ideada por y para que el escocés egregio matase la añoranza que tenía de sus “The Ultimates” que tampoco se sabe –aunque se intuye- muy bien porque los dejo. La lectura, entretenida, pero va de más a menos y casi uno se siente aliviado que se acabe.

En esta nueva etapa, el Capi debe enfrentarse a un nuevo enemigo, un sanguinario terrorista internacional sin escrúpulos al que le une un lazo de sangre que le hace sentirse responsable – Cráneo Rojo- de sus acciones y al que pretende parar aunque ello suponga enfrentarse a Los Vengadores y Nick Furia. Para ocuparse de la doble amenaza que suponen el Capi y Cráneo, Furia reúne un nuevo grupo de Vengadores especializados en operaciones encubiertas. Sin embargo, lo que está por ver es si estos nuevos vengadores estarán a la altura.

Millar empieza bien una historia en la que se le nota con ganas introduciendo en el universo ultimate a Cráneo Rojo y el dichoso Cubo Cósmico en una historia que podría haber dado muchísimo más juego si le hubiera apetecido profundizar más en la relación Capi/Cráneo y no reducir todo a la consabida reiteración de diálogos eficaces, personajes más o menos molones, más o menos tontones y escenas trepidantes de acción y lucha cogidas un poco por los pelos. Hay que reconocer que contando con los lápices de un dibujante tan dotado para el género superheroico como el gaditano Carlos Pacheco debe resultar difícil sustraerse a la tentación de abusar en la historia de todas esas peleas, aviones y demás porque Pacheco es un especialista en la materia pero al final da la sensación que el tebeo acusa cierta precipitación en su resolución, tanto por parte de Millar, que una vez más opta por la manera más fácil de resolver el cómic una vez que deja a Pacheco exhibierse, como del mismo Pacheco que deja en el último número de Panini algunas situaciones un tanto confusas.

En definitiva, “Ultimate Vengadores” es de momento un tebeo irregular por parte de un Millar que acaba perdiendo fuerza como el champán, una lectura meramente entretenida que se salva sobre todo por el buen hacer en líneas genearles de Pacheco. No sé yo si tras la marcha de este y la llegada de Yu seguirá mereciendo la pena la cosa. Ya os iré contando.

Taschen, Levitz, DC y el esguince de codo.

El que aparece ahí arriba es el bueno de Paul Levitz mostrándonos orgulloso su excelente estado de forma sosteniendo a pulso el tomito que ha preparado para Taschen conmemorando los 75 años de DC.

150 eurazos del ala vale el ejemplar del incunable en cuestión pero la cosa, tras llegar a la foto a través de Es muy de Cómic, que me pregunto es si realmente merece la pena desembolsar tal pastón por un libro que es más un objeto decorativo que una obra para ser leída o visionada. Y no le quito ningún mérito a la calidad del libro que seguro que está muy bien teniendo en cuenta quién es el autor y la editorial pero en lugar de un formato ideado para ser disfrutado por el Hombre Gigante o Superman me pregunto si no tendría más éxito un tomo en formato comic book y a un precio más asequible para que los aficinados medios pudiéramos ojearlo en nuestras pequeñas casitas.

Yo adelanto que en mi casa de españolito no cabe, así que directamente hago una petición al decorador de “Sálvame” –gran conocedor del mundillo del cómic, como se aprecia en esa foto de abajo- para que lo incluya en el decorado y ya tenga una razón para poder ver el programa de Jorge Javier Vázquez y sus muñecos.

(A propósito, creo que Levitz se ha repuesto ya completamente de las múltiples luxaciones producidas tras la foto. Y es que determinadas promociones es mejor que las haga un especialista…).

martes, 19 de octubre de 2010

“La enfermedad del sueño”, de J.M Beroy.

Coincidiendo casi con la aparición este mes de “Onírica”, el integral que Glénat va a dedicar a recuperar las obras que últimamente he estado releyendo de José María Beroy le toca el turno a “La Enfermedad del Sueño” un compendio de historias aparecidas inicialmente en la revista “Zona 84” y posteriormente reunidas en un álbum publicado por Toutain hace ya más de dos décadas.

Al ser un conjunto de historias variopintas y dispersas de diferente tono y tratamiento localizables en el extenso cajón desastre del fantástico cada lector podría encontrar de manera independiente alguna que le interesase aun cuando inicialmente podría echar a faltar un nexo común más sólido que aglutinase tanto derroche imaginativo. Y precisamente, es en ese punto donde el álbum cobra una nueva dimensión que lo hace enormemente destacable a raíz de la habilidad que muestra el autor para hacer de la necesidad virtud y ensamblar todas las historias en un hilo narrativo que las da una nueva dimensión sin que al lector le chirríe el recurso llegando a pensar, si desconoce la procedencia de las distintas historias, que se encuentra ante una obra enteramente original.

Para lograr ese efecto, Beroy intercala entre las historias originales una nueva sobre la que construye el armazón del álbum - la historia de un autor perdido entre los sueños y la vigilia de la creación a la busca un misterioso libro mientras espera encontrar en una u otra orilla a su amada- presentándose el resto de las historias como ventanas a los sueños del protagonista. Mediante este recurso, el autor ordena, por un lado, el totum revollutum que sería de otro modo el álbum dotándolo de una coherencia interna y justifican, por otro, el “vale todo” que la ausencia de reglas que situar el quebradizo argumento en el sueño supone.

Además, Beroy da un paso más allá para utilizar sabiamente los recursos narrativos del cómic y transmitir al lector la zozobra del durmiente en una narración elíptica en la que sutiles – un jarrón que se rompe, una ventana abierta por el viento, el revoltijo de sábanas del protagonista…- cambios en las viñetas en las que el protagonista duerme nos preparan para la zozobra de sus aventuras oníricas y realzando los detalles -el uso del color como un elemento diferenciador entre la libertad de la fantasía frente al tono más dramático de la realidad en blanco y negro, la vis evocadora del título sugerente, .o el homenaje declarado a la obra de un genio como Edgard Allan Poe- para recrear la atmósfera que da identidad al álbum al tiempo y conseguir aportar al lector que ya conociese las historias por la revista una nueva y original perspectiva.

En definitiva, “La enfermedad del sueño” es una obra madura de un autor que conoce perfectamente el medio en el que trabaja pero no sólo al nivel del que teoriza sobre abstracciones artificiosas sino del sobrado capaz de elevar su oficio y la búsqueda de soluciones pragmáticas en un arte haciendo que lo difícil parezca sencillo de un modo que no está al alcance de cualquiera. Un álbum cuyo conocimiento y análisis debería ser obligatorio para todos los que quieran contar historias en viñetas.
Otras obras de J. M. Beroy en El lector impaciente:
- "666/999".
- "Versus".

¿Qué van a tener en común Mickey Rourke y Lobezno?

Aparte de cierto gusto por caminar por el lado peligroso de la vida y un poder de recuperación que para mí quisiera, el amigo Logan y el ex púgil van a compartir, a falta de confirmación, un mismo mentor –no, no es Xavier- sino Darren Aronofsky,

Y es que el interesante Darren Aronofsky, que recuperara a Rourke para la interpretación en la interesante “El luchador”, parece ser el elegido a día de hoy para dirigir la segunda película protagonizada por “Lobezno” tras hacerse cargo Zack Snyder del nuevo proyecto de "Superman".

A mí Aronofsky me parece un director interesante pero me da miedo lo que un tipo tan personal encaje en una superproducción de superhéroes protagonizada por el viejo Logan. ¿Estaremos ante un segundo Ang Lee? A propósito, Hugh Jackman el alter ego de Logan en la gran pantall,a ya fue dirigido por Aronofsky en “La fuente de la vida”. ¿Contará con Rourke Aronofsky para esta película?...

Habrá que estar atentos.

lunes, 18 de octubre de 2010

“Clásicos DC: Los Nuevos Titanes”, de Marv Wolfman y George Perez.

He estado un par de semanitas muy ocupado leyendo despacito el tomo en que Planeta ha recopilado los dieciséis primeros números de “The New Teen Titans”, de Wolfman y Perez, a los que añaden la primera aparición del nuevo grupo en “DC Comics presents #26” y “Best of DC #18”, y tengo que decir que he disfrutado como un enano. Y no sólo por reencontrarme con unos tebeos que se grabaron a fuego en mi memoria desde que los descubrí en el primer volumen de la serie añorada Zinco – el primer número que leí fue el primero de la saga de los Titanes mitológicos con la aparición de Hyperion- sino porque pasado el tiempo y las lecturas uno comprueba con más conocimientos que estos Titanes que en su momento eran la única colección que se colaba con regularidad en un Top Ten copado por series Marvel supusieron quizás el más hermosos cantos del cisne de un género –el superheroico- que poco a poco ha ido degradándose obviando su principal cualidad: la capacidad para maravillar y hacer volar la imaginación.

Los dieciséis primeros números de “Los Nuevos Titanes” son una montaña rusa en la que uno no se cansa de montarse…. El Exterminador, La Colmena, La saga de Trigon, los 5 Temibles, Los Titanes mitológicos, La Hermandad del Mal, la investigación de los asesinos de la Patrulla Condenada son historias que hoy en día no darían sólo para dieciséis comic book sino que probablemente cualquier equipo formado por un dibujante hot y un Bendis cualquiera lo estirarían a la cincuentena larga de números. Sin embargo, unos ambiciosos y jovenzuelos Wolfman y Perez nos engancharon mes a mes a unas aventuras que sorprendían por su frescura y dinamismo ajena a las fórmulas anquilosadas llenas de clichés propias de la DC de la época y no sólo por el despliegue gráfico de un Perez incomensurable que renunció a su soñada “LJA” por esta serie “menor” en la que número a número sorprendía con nuevas y más espectaculares localizaciones–de los ambientes urbanos de Nueva York hasta el espacio profundo, de la Jungla amazónica al Tártaro de los Titanes mitológicos, del Templo de Azarath a la dimensión infernal de Trigon, y las que me dejo-, la estilizada elegancia de sus personajes o la pulcritud de sus armoniosas composiciones de página en las que todo tiene un sentido sencillo e inteligible, sino también por el talento de un Marv Wolfman ambicioso tras foguearse en Marvel que incorporó una visión novedosa a un grupo de sidekicks secundarios a los que poco a poco fue dignificando de su rol plano inicial de comparsas en personajes con una personalidad propia a los que añadió creaciones como Starfire, Cyborg o Raven, ricos en matices y personalidad al tiempo que multiplicaban las posibilidades del grupo hasta el infinito, probablemente más allá incluso que los autores podrían imaginar en un principio.
No sólo por todas esas cualidades resulta agradable la relectura de estos números sino también por esa capacidad por reencontrarnos con parte de la inocencia perdida en unos cómics que ofrecían la posibilidad a los adolescentes de entonces de sentirse reflejados en las aventuras de unos héroes con problemas incapaces de lograr una victoria definitiva sobre amenazas que, en ocasiones, estaban por encima de sus posibilidades. “Los Nuevos Titanes” solían ir siempre un paso por detrás de sus enemigos y eso para los chavales que por aquel entonces nos empezábamos a dar cuenta que la vida era más complicada de lo que podríamos imaginar era un punto a tener en cuenta para identificarnos con esos superhéroes que intentaban encontrarse a sí mismo como personas y como grupo sin tomarnos el pelo.

Wolfman y Perez pergeñaron una obra en la que todo encaja y tiene una explicación en unos cómics que aunaban la evasión de la aventura con un correcto tratamiento dramático de unos personajes que iban creciendo número a número. Más allá de la excelente “Crisis en la Tierra Infinita” tengo claro que estos números de “Los Nuevos Titanes” fueron la gran contribución de este excelente equipo creativo al género suponiendo un punto de inflexión que, lamentablemente, no fue desarrollado con posterioridad aun cuando desde muy temprano intentase ser imitado sin éxito (como por ejemplo en “Batman y los Outsiders” de Mike W. Barr y Jim Aparo).

La edición de Planeta está bastante bien, haciendo justicia al dibujo de Perez aun cuando no le hubiera venido mal un repaso al tema de la traducción porque da la impresión que mantienen la inicial de Zinco corrigiendo únicamente el horror de traducir Hive por Colmena y no por Cueva (claro, que para los que leímos esos primeros tebeos lo raro es que sean Colmena y no Cueva. Brrr..). Una obra imprescindible para todo aficionado a los buenos tebeos de superhéroes.

Roger Stern y el superhéroe atípico.



Pregunta: Cuando eras más joven y escribías Spiderman. ¿En que consideras que te identificabas con el personaje?

STERN: ¿Quieres decir aparte del hecho de que tenía un ligero parecido físico con su alter ego en el instituto? [Risas]. Mis afinidades con Spiderman son siempre con Peter Parker. Era un pequeño genio científico en el instituto, aunque nunca jugué en la liga de Peter. Por supuesto a mi nunca me mordió una araña radioactiva. Tan solo el típico mosquito.

Pero ambos acabamos en los medios de comunicación partiendo de la ciencia. Y pese a que nunca he tenido que enfrentarme a situaciones de vida o muerte como Pete. El se enfrentaba las mismas situaciones mundanas que yo: Pagar las facturas, encontrar tiempo para ir a la lavandería, tener que encargarse con todas esas molestas situaciones rutinarias. Durante un tiempo ambos éramos veinteañeros solteros viviendo en New York. La forma de escapar de la rutina de Pete era recorrer la ciudad balanceándose en telarañas como Spiderman y la mía escribir sobre como lo hacía.

Pregunta: Mucha gente piensa que Spiderman y Peter Parker son el héroe típico.

STERN: Eso depende de cómo quieras definir “típico”. Vale Spiderman tiene un traje que le cubre toda la cara y el cuerpo. Cualquiera podría ser él si tuviera una forma física parecida. Y con todas las cosas horrendas que le ocurren, normalmente en los peores momentos de su vida. Esas son cosas con las que cualquiera puede sentirse identificado. Además está el hecho de que consiguió sus poderes por accidente. ¿No nos pasa a veces que nos da impresión de que andamos por la vida cayendo de un accidente a otro?.

En la comunidad superheroica Spiderman es algo así como un héroe típico, su fuerza es una media comparada con la de Thor o Hulk o la Cosa. Y cuando hablamos de velocidad y agilidad Spiderman tiene ciertamente sus rivales. Incluso hay otros héroes que también se pegan a las paredes.

Pero en el sentido de que “típico” es un tío normal, estándar. Pues no, Peter nunca ha sido “típico” En realidad es excepcional, incluso antes de que se convirtiera en Spiderman, Piensa que Peter era el cerebrito de su clase. ¿Cuantos de nosotros podríamos haber inventado un lanzador de telarañas con 15 años?. Yo diría que ninguno.

Verás un tema que subyace en la serie de Spiderman es que la inteligencia por si misma no es suficiente para triunfar en la vida. Es muy importante saber buscar el momento adecuado para hacer las cosas. Yo veo a Spiderman más como un héroe atípico que típico. Es el tío con poderes extraños, que anda en el techo, que se burla de sus enemigos en su cara y siempre se sale con la suya. Esa es uno de las mayores fantasías que existen.
(Curioseando en Frog2000 he llegado a esta serie de entrevistas a Roger Stern donde repasa su larga trayectoria en los cómics Marvel. Como ya dejó claro en sus etapas en series como “Los Vengadores” y “The amazing Spiderman” derrocha conocimiento en su interpretación de los personajes).

domingo, 17 de octubre de 2010

“Velocidad Moderna”, de Blutch.

Esperaba con interés la última obra del talentoso francés Blutch publicada recientemente por La Cúpula y la conclusión tras la lectura no deja de ser un poco decepcionante porque reencontrarse con el talento gráfico descomunal de un dibujante tan hábil como Blutch siempre es un placer pero resulta un poco triste asistir a como una obra con unos mimbres interesantes va perdiendo interés debido a la ausencia de un buen guión que le dé continuidad a tanta brillantez.

Velocidad Moderna” es la historia de Lola una bella bailarina que intenta abrirse camino en el duro mundo de la danza. Sus evoluciones ante su exigente maestro son espiadas por Renée una bella escritora que la aborda en la calle para hacerla una sorprendente propuesta: acompañarla en su día a día para convertirla en el objeto de su próxima novela. Lola accede y juntas se encontrarán con extraños personajes y grupos a lo largo de una extraña noche parisina en la que las fronteras entre la conciencia y la imaginación parecen disiparse.

La imaginación, el sexo y el inconsciente freudiano son temas recurrentes en la obra de Blutch y en esta nueva obra vuelven a aparecer en un relato de corte fantástico que recuerda remotamente a la obra de novelistas de Boris Vian o Arthur Schniltzer y grandes directores como el Scorsese de “Jo, qué noche” o el Kubrick de “Eyes White Shut” en una historia en la que los encuentros con personajes increíbles de la protagonista y la atmósfera irreal impregna toda la historia hasta el punto de disbujar la razón de ser de una protagonista que es un mero vehículo para los encuentros imaginados por el autor.A pesar del buen comienzo de la obra, Blutch se deja subyugar por su propio talento para describir esas situaciones y la historia acaba dispersándose sin freno quedando reducida a un mero ejercicio de estilo -¡ Y qué estilo el de Blutch para lograr a través de su trazo sucio y feista recrear atmósferas sutiles y bellas!- que muestra el virtuosismo gráfico de un autor superdotado pero que acaba derrotado y aburrido de su propia historia. Una lástima porque señala Blutch en la entrevista que complementa el volumen el autor llevaba inmerso en el proyecto años para un resultado que no acaba de ser redondo.

En definitiva, “Velocidad Moderna”es una obra interesante para los seguidores convencidos de Blutch que podrán disfrutar además de la historia principal de una serie de páginas en blanco y negro excluidas de la historia principal y una larga e interesante entrevista concedida por el autor, pero "Velocidad Moderna" no es un tebeo que recomendaría a nadie que no hubiera leído previamente la obra del francés y aconsejaría que se iniciasen con obras como “Peplum” o “La Voluptuosidad” más logradas en mi opinión.

sábado, 16 de octubre de 2010

Joann Sfar, Dionysos y Besson.

El polifacético Joann Sfar capaz de cualquier cosa menos de estarse quieto también ha probado fortuna en colaboraciones con el ecléctico grupo francés Dionysos con el que comparte una misma fascinación por los universos monstruosos y mágicos de autores como Tim Burton. Así, Sfar ha realizado la portada de dos discos de esta original banda que gusta de ofrecer proyectos que escapan exclusivamente del ámbito musical para experimentar con otros medios como la literatura o el cómic.

De este modo, Sfar realizó la portada para “Monsters in Love”, el disco de la banda del 2005 que se vendió junto a un libro de cuentos del que es autor el solista Mathias Malzieu, Maintenant qu'il fait tout le temps nuit sur toi”, textos escritos como terapia para superar la muerte de su madre.

El segundo disco del grupo que cuenta con la colaboración de Sfar (junto a Karim Friha) en su portada es “La Mécanique du Coeur” del 2007 que se inspira en una novela de fantasía escrita por Malzieu (publicada en España) de la que Luc Besson ha comprado los derechos para realizar una película de animación en 3-D de la que se encargará el mismísimo Joann Sfar. Curiosamente, este disco cuenta además con colaboradores de lo más pintorescos entre los que se encuentra el genial jugador francés de fútbol Eric Cantona que también gusta de meterse en todo tipo de charcos ya que también ha hecho sus pinitos como actor.

Hay que ver cuánta gente inquieta y talentosa hay por las Galias...

Hay os dejo un video del grupo – “La metamorphe de Mr. Chat” de “Monster in Love”- para que escuchéis como suenan.

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viernes, 15 de octubre de 2010

A vueltas con las crisis y los coleccionables de superhéroes

En estos momentos que quién más o quién menos esta sufriendo los efectos de esta crisis económica cabrona que a algunos aficionados –muchos- no les da ni para comprar tebeos, las grandes editoriales del medio en España como Panini y Planeta le han visto las orejas al lobo y sacan sendas series de coleccionables sobre los Héroes Marvel y Batman, respectivamente, con material, edición y precio muy accesibles para que el personal se deje los dinerillos. Aquí y aquí tenéis los detalles de las colecciones.

No seré yo quién me queje al respecto porque a mí estos coleccionables me vienen muy bien para hacerme con algún material pendiente que en su momento por precio o porque directamente priorizaba otras compras deje pasar y, además, siempre es bueno que estas obras estén disponibles en el mercado pero ahora llegamos al punto que realmente me molesta de este asunto. Las dos compañías parecen haberse puesto de acuerdo (seguro que no, que es casualidad) para ofrecer un buen número de páginas en formato cómic-book, color y un precio de 9,95 c/u. La cuestión es si se puede sacar material interesante en ediciones dignas a 9,95 ¿por qué hace relativamente pocos años exprimió al aficionado –ese que no espera a los coleccionables y pasa por caja religiosamente mes a mes- con ediciones similares por seis, diez o quince euros más y ahora se le continua exprimiendo con ediciones similares que no bajan de veinte euros. Resulta chocante que ahora esté disponible este material en estas condiciones y en su momento no se pudiera optar por un formato similar en las cutres ediciones de las "Bibliotecas Marvel" por mucho que se demandó a Planeta y Panini el cambio o el "Clásicos DC: Batman", tamaño BM y en blanco y negro que Planeta sigue publicando en la actualidad.

En definitiva, los coleccionables contentan a todo el mundo y son populares. Buenos tebeos a buen precio para los lectores que suponen un buen negocio para las editoriales durante la temporada que duran las colecciones y permiten captar nuevos lectores. Sin embargo, habría que preguntar a esas editoriales en todo caso e porque ese tipo de formatos no puede consolidarse y ser viable de un modo permanente frente a los tomos por encima de treinta euros que tan de moda están últimamente. Estoy seguro que venderían más y aumentaría el número de lectores. Sus motivos tendrán, supongo.

jueves, 14 de octubre de 2010

“El Ángel de la Retirada”, de Paco Roca y Serguei Dounovetz.


Paco Roca es un autor valenciano que se ha caracterizado a lo largo de su obra por resaltar la aventura de lo cotidiano y las pequeña hazañas que por formar parte de nuestro día a día no le damos importancia y a las que sólo un punto de irrealidad y fantasía que el atento ojo observador del autor proporciona salvan de la mediocridad. Un planteamiento exitoso y evocativo que logra conectar con un gran número de lectores gracias al dibujo amable y las cercanías de los temas tratados que en “El ángel de la retirada” (última obra publicada por Bang Ediciones en la que colabora con el guionista francés Serguei Dounovetz) se pone al servicio de la historia de Beziers, una localidad francesa en la que se asienta una colonia de 120 años de antigüedad conformada por españoles emigrados en sucesivas oleadas.

A través del personaje de Victoria una joven francesa hija de emigrantes españoles conocemos el día a día actual de la colonia, sus celebraciones y problemáticas en los tiempos actuales a la hora de intentar mantener viva la identidad propia de emigrados que no pertenecen exactamente ni al país que dejaron ni al que los acogió. Victoria vive el día a día con la necesidad de descubrir horizontes nuevos más allá de la colonia que considera su hogar y los sueños irreales en los que se la aparece Ángel un misterioso hombre ideal por el que se siente irremediablemente atraída- en los que se traslada a distintos momentos históricos que conforman la historia de Beziers: las vendimias realizadas por españoles emigrados de principios de siglo o la retirada de los republicanos españoles a Francia en 1939 y las duras experiencias iniciales que allí vivieron. Entre la realidad y la fantasía, Victoria busca su propia identidad.

Sin ser estrictamente una segunda parte, por el tratamiento de la historia y su temática podemos encontrar grandes semejanzas en esta nueva obra con “El Faro”, pero si en aquella publicada hace años estábamos ante una promesa talentosa que apuntaba alto en “El Ángel de la Retirada” nos reencontramos con un autor contrastado que domina perfectamente el medio que ha elegido para expresarse y es capaz de plasmar historias complejas y evocativas con profunda sensibilidad. No tengo claro donde empieza ni donde termina la labor de Sergei Dounovetz pero estamos ante una obra en la que la sabiduría de Roca la impregna y traspasa de principio a fin desde el tratamiento de los sencillos y creíbles personajes hasta las elegantes transiciones a través de las cuáles la historia avanza.

En ese juego entre vigilia y sueño en que se mueve el cómic y que Roca transmite a través de un bitono suave y evocativo y su elegante y preciso trazo de formas casi infantiles hubiera sido fácil que la historia se dispersara en los sutiles elementos fantásticos que impregnan la obra (como hasta cierto punto pasa en la mentada “El Faro” o la más reciente “Las Calles de Arena”) pero en esta ocasión nos encontramos ante una obra más lograda en la que el equilibrio entre irrealidad y fantasía están consigue que la historia de la protagonista y la de Beziers el pueblo del que forma parte confluyan a un mismo ritmo y la obra adquiera todo su sentido y riqueza interpretativa.

El ángel de la retirada” es una obra aparentemente sencilla pero cuya estructura compleja exige de Roca lo mejor de sí mismo para lograr a través que elegantes elipsis y flashbacks que los distintos planos de vigilia y sueño, pasado y presente, encajen a la perfección y la historia de resistencia, de amor y búsqueda de la identidad cale en el lector.

En definitiva, estamos ante otro pequeño gran tebeo de Paco Roca en el que se reivindica de manera precisa y carente de maniqueísmos la realidad cotidiana de unos personajes que antes que españoles o franceses, exiliados o acogidos, son presentados como personas que sienten y padecen como cualquiera de los potenciales lectores y con los que es fácil sentirse identificado. Y ese, creo, es el mayor mérito sin duda de este cómic que no puedo dejar de recomendaros. No os lo perdáis.

Los que tienen que servir en el Cómic.



Los mayordomos, criados, escuderos y demás personal de servicio han tenido una larga tradición en el mundo del cómic. Personajes generalmente con unas características propias comunes que tienen en Sancho Panza su principal referente contraponiendo su lógica llana y práctica como un medio para solucionar conflictos y problemas que sus idealistas y elevados señores son incapaces de tratar, acabando convirtiéndose generalmente en colegas y amigos más allá de la relación de servicio.

Quizás el sirviente por antonomasia en el que mejor se resumen todas esas características de “hombre para todo” dispuesto a servir fielmente a su patrón sea Desmond, el mayordomo de “Rip Kirby” creado por el gran Alex Raymond.

En “Terry y los piratas”, Caniff incluyó a los sirvientes asiáticos Connie y Big Stoop como un recurso cómico frente al heroísmo de la pareja protagonista formada por Pat Ryan y Terry. Sin embargo, ambos fueron ganando cada vez más protagonismo conforme se desarrolló la serie llegando incluso en ocasiones a asumir todo el protagonismo.




Centrándonos en el género superheroico, hay dos mayordomos que rivalizan en protagonismo al pertenecer cada uno a distintas compañías, Marvel y DC, Alfred y Jarvis. Alfred, el mayordomo de Batman, creado por Bob Kane (¿?) y Jerry Robinson añade un nuevo aspecto a las características comentadas de estos personajes convirtiéndose poco a poco en un sustitutivo de la figura paterna ausente. Jarvis, creado por Stan Lee y Don Heck en sus inicios para ser el Alfred de Iron Man pronto adquiere una personalidad propia en “Los Vengadores” convirtiéndose en casi un miembro más del supergrupo durante una larga etapa.


Aunque Jarvis y Alfred son los grandes sirvientes del género tampoco hemos de olvidar la figura de Wong, ideados por Stan Lee y Steve Ditko, el sirviente oriental de Stephen Strange, El Hechicero Supremo. Aunque Wong es un sirviente notable y un experto luchador en artes marciales, generalmente sus habilidades no son de mucha utilidad frente al tipo de amenazas a las que se enfrenta el Doctor Extraño.

En el cómic francobelga, la figura de los sirvientes asume parecidas características secundarias que en el norteamericano. De este modo, característico es el personaje de Néstor en “Tintin” quizás no el más recordado de los personajes de Hérge al no incorporarse a la serie desde el principio pues su primera aparición es en “El Secreto del Unicornio” como mayordomo de los malvados Pájaro pero remarca la relación laboral de estos personajes convirtiéndose en el sirviente fiel a partir de esa aventura de Haddock .

Quizás en el cómic belga el personaje más cercano en muchos aspectos a la figura de Sancho Panza sea el escudero de Aymar de Bois-Maury, Olivier. En esta magnífica serie de Hermann, Olivier sigue con fatalista resignación los pasos de su señor, caballero andante en búsqueda de la esquiva fortuna que le permita recuperar sus tierras.

En España, durante los años cincuenta abundaron los personajes de los mayordomos y sirvientas dentro de la fructífera escuela Bruguera que como secundarios de lujo daban el contrapunto lógico a la petulancia crítica de una clase acomodada cuyas excentricidades resultaban cómicas a la mayoría de los lectores que leían sus aventuras. De este modo, destacan las hábiles creaciones del genial Martz Schmidt el Menordomo Braulio y Panchita, contrapuestos personajes (raquítico él, rotunda ella) sirvientes de doña Deliranta Rococó y el Dóctor Cataplasma (aquí el juego visual era al revés, enorme ella, escuchimizado él), respectivamente, cabeceras que daban nombre a las series aun cuando en la mayoría de las ocasiones veían su protagonismo minimizado frente a sus criados (sobre todo en el caso de Panchita, claro).

Sin embargo, el personaje más emblemático entre los dedicados a servir es sin duda “Petra, criada para todo”, el único que ha estado dotado de protagonismo. Petra es una genial creación de Escobar y representa la llegada a la gran ciudad de las chicas de pueblo que se buscaban la vida sirviendo, siendo precisamente el contraste entre las costumbres de la bienintencionada sirvienta y la urbana patrona Patro una de las claves de éxito de la serie.

Finalmente, en la Editorial Bruguera y, ya en una época posterior (los años setenta) aparece Patson, el sagaz mayordomo ideado por Raf que da fiel contrapunto a las parodias policíacas de "Sir Tim O’Theo".

Como se puede observar la famosa frase de Gracita Morales, “uy qué mal está el servicio” no se puede aplicar al mundillo del cómic. Donde está bien, muy bien representado.

miércoles, 13 de octubre de 2010

“El Gran Cruce de las Fábulas”, de Willingham, Akins, Buckingham, Sturges y Braun.


Pues siguiendo con la puesta al día en mis lecturas del universo “Fábulas”, termino el último tomo publicado hasta la fecha por Planeta con un crossover –sí, esta nefasta costumbre ha llegado hasta las series Vertigo, las ventas mandan- que engloba las tres series que se están publicando en estos momentos en Estados Unidos, “Fables” (números 83 al 85), “Jack of Fables” (números 33 a 35) y la serie limitada “The Literals” (números 1 a 3).

Las Fábulas deben unirse para hacer frente a la mayor amenaza a la que han tenido que enfrentarse….Y es que la presencia de Kevin Thorne inspirado puede terminar de un plumazo con todo su universo. Menos mal que Jack y Lobo han vuelto a reunirse para poner las cosas en su sitio. Claro, que primero tendrán que estar dispuestos a soportarse hasta llegar a dar con Kevin Thorne, bien protegido por los Géneros.

Aparcando el hilo de la serie principal de “Fabulas” que queda de momento interruptus y el tono dramático y últimamente aburrido que había adoptado, el tono humorístico, satírico y alocado de “Jack of Fables” se impone en este cruce para aportar un punto de frescura en una historia que no es más que una divertida alegoría acerca del proceso creativo en la que, de momento, se cierran las tramas sobre las que ha girado el spin off de “Jack of Fables”. La historia en sí más allá de lo original de las propuestas de Willingham y Sturges es un enorme “ex machina” sin demasiada lógica pero que logra su objetivo de divertir al lector con una historia que, como ya pasara en “La Gran Guerra” se adelanta al lector para sorprenderle con un tono original e imprevisible y aunque aquél no me acabó de convencer en esta ocasión creo que acierta. De este modo, en esta historia no estamos ante una propuesta típica que proponga la salvación del mundo con la previsible cargad de épica y drama sino que opta por la autoparodia y la sátira en un tratamiento en que el argumento principal se vuelve una mera excusa para incorporar numerosos gags humorísticos en lo que es un giro renovador y arriesgado del que los autores salen bastante bien librados en mi opinión.

En el aspecto gráfico, es destacable la gran uniformidad que logran dibujantes tan alejados entre sí como Willingham (el mejor, sin duda, más kirbiano que nunca), Akins y Braun para dar un tono homogéneo a la historia para minimizar al mínimo el cambio de unos a otros demostrando buena sintonía y el buen hacer habitual.

Me gusta este nuevo tono de la serie que resulta más original y rupturista respecto a lo anterior. Un aire nuevo que puede servir de estímulo a una serie que empezaba a dar síntomas de agotamiento por lo que espero que Willingham adopte ese nuevo tono en la serie principal. Ya veremos.

Manuel Alexandre (1917-2010).

Ayer entre desfiles y pitos, se fue sin hacer demasiado ruido el entrañable Manuel Alexandre, actor mayúsculo de nuestro cine cuya carrera se cimentó en papeles minúsculos que forjaron un magnífico secundario y tardío protagonista.
Alexandre no fue sólo un gran actor de cine, sino que también tuvo una larga y fructífera carrera en teatro y televisión convirtiendo su rostro frágil y amable en una cara reconocible por cualquier españolito más allá de su edad y "cultura", transmitiendo una imagen de cercanía, humanidad y sencillez propia de los actores de antes, de los de posguerra y penurias, de la que deberían aprender muchas estrellas y estrellitas actuales en su trato con los mortales de a pie.

A pesar de su talento y memorables actuaciones, Alexandre se hizo grande porque nunca perdió la cara a su condición de actor del pueblo y para el pueblo, de los que no se le caían los anillos por coger el autobús y vivir en un barrio periférico, probablemente por eso más allá de los desfiles y los pitos todo el mundo ayer sintió tanto la muerte del último mohicano de una tribu de grandes actores y actrices cuyo trabajo fue la argamasa de lo mejorcito del cine español.

D.E.P.