lunes, 9 de septiembre de 2013

“FF”, de Matt Fraction y Michael y Laura Allred.



Parece que hay una premisa clara en la Marvel actual, reinventada por enésima vez bajo la marca Marvel Now  que consiste en no dejar por no dejar de otorgar posibilidades a ningún personaje, por secundario o terciario que haya sido su carrera hasta el momento a lo largo de los años.
De este modo junto a los habituales iconos con tirón comercial y los carismáticos secundarios que han servido de argamasa del universo marvelita y que se reservan para las cabeceras principales en las que se desarrollan los megaeventos y los argumentos más ortódoxos y cinematográficamente asumibles, se les han unido, juntos pero no revueltos, los personajes más variopintos y marginales en experimentos desarrollados en series paralelas a las cabeceras de las franquicias que están aportando frescura y creatividad a Marvel como hacia décadas que no vivía gracias a talentosos equipos creativos con libertad para arriesgar e inventar sin poner en demasiado peligro los planes maestros de la Casa de las Ideas que pueden cancelarlos sin problemas en cuanto las ventas no acompañen. Sin embargo, gracias a esta fórmula podemos disfrutar de series tan divertidas como “Lobezno y la Patrulla X” o su serie paralela en cuanto a concepción dentro de la línea dedicada a los 4 Fantásticos, “FF” a cargo de Matt Fraction al guión y Michael Allred al dibujo, del que Panini acaba de publicar en un tomo unitario los ocho primeros números.

En esta serie paralela bajo el título genérico de “FF” se narran las aventuras entrelazadas de los alumnos de Fundación Futuro, la Escuela de jóvenes extraordinarios que se ha ido formando en el Edificio Baxter alrededor de los 4F durante la larga etapa de Hickman, y el grupo de 4 Fantásticos que ha quedado de guardia formado por personajes satélites de los personajes principales formado cuando el grupo originario parte a una épica misión en los límites de la realidad que se alarga más de lo programado. Los nuevos 4F, todos viejos conocidos de la serie e incluso algunos miembros del grupo en anteriores etapas, bregarán con las amenazas supervillanas que van surgiendo, curiosamente las mismas que aparecían en los primeros números de la serie original en los míticos inicios de Stan Lee y Jack Kirby, mientras van conociendo e interactuando con la extraordinaria muchachada.

A estas alturas de la fiesta, Matt Fraction, un guionista poco brillante en la mayor parte de las ocasiones pero que cuenta con la cualidad de ser capaz de sacar adelante cualquier encargo a ojos del editor de turno, y que ha trabajado ya con la mayor parte de los personajes y pasado por todas las franquicas que conforman el Universo Marvel ha demostrado su versatilidad tanto para ceñirse a la ortodoxia prefijada del megaevento de turno como darse cuenta que su rol es secundario y permitir el brillo del talentoso dibujante de turno y beneficiarse de la misma como le viene ocurriendo con su buen entendimiento con el multipremiado David Aja.

En “FF” se adapta a ese segundo rol a la perfección para dejar que sea el carismático Michael Allred el que destaque con su apabullante estilo pop que rápidamente otorga unas señas de identidad propias identificables y únicas a cualquier proyecto en que se embarque. Allred, aunque quizás no sea santo de la devoción de todos, es el heredero directo de una manera original y brillante de entender el dibujo de superhéroes en el que tiene más importancia la vivacidad y dinamismo de las formas, la explosividad cinética de trazo y la originalidad compositiva que la figuración y la espectacularidad hueca a la que ha derivado buena parte del medio.

Allred ha sabido aglutinar y reinterpretar como nadie el sentido de la maravilla kirbiano y su efervescencia creativa envidiada por el Pop Art de salón  con los colores brillantes, planos y chillones propios de la escuela pictórica de ese Movimiento y que su esposa Laura en esta serie aplica con gusto y sabiduría. El resultado es una lectura brillante, fresca y divertida en la que Allred se aleja de los recursos más habituales en la narración gráfica de los superhéroes para intentar sorprender por vías diversas a los lectores y ampliar a sus ojos las posibilidades del medio.
En cuanto a las tramas, Fraction consigue sin renunciar a los indispensables enfrentamientos con supervillanos que estas tengan un carácter secundario frente al componente naif, frívolo y divertido con el que se articula la interrelación entre los personajes, pasando de puntillas por los elementos más dramáticos para apostar por un tratamiento ligero y fresco que no encorsete el torrente de creatividad gráfica de Allred.

En fin, “FF” empieza con muy buen pie como un primoroso ejercicio de estilo y homenaje a “Los 4 Fantásticos” clásicos, apostando por convertirse, como Alicia,  a través del espejo en su reflejo distorsionado contemporáneo a través de los ojos de un inspirado equipo creativo. Esperemos que la serie en las próximas entregas no se resienta mucho tras la marcha de Fraction, parece que los Allred afortunadamente continúan, pues estamos ante el que para mí es su mejor trabajo hasta la fecha. Seguiré informando.

sábado, 7 de septiembre de 2013

Cartel de las XVIII Jornadas Internacionales del Cómic de Avilés.




Pues ya se ha hecho publico el cartel de las veteranas Jornadas del Cómic de Avilés, que se celebrarán del 10 al 14 de Septiembre y alcanzan este año su XVIII Edición, obra del veterano Enrique Ventura, conocido por ser colaborador habitual de “El Jueves” con sus “Grouñidos en el Desierto” y su larga trayectoria en el mundo de las viñetas asociada a revistas históricas como “El Papus”.

El cartel me ha gustado desarrollando un motivo clásico de un modo vistoso y efectivo.

viernes, 6 de septiembre de 2013

“Mundo Putrefacto 2: Los secretos de los muertos”, de Matt Kindt y Alberto Ponticelli.




Segunda entrega de MundoPutrefacto”, el evento que cruzó las tres grandes series de terror del NUDCLa Cosa del Pantano”, “Animal Man” y “Frankenstein, agente de SHADE”- y que ECC Ediciones ha reunido en tres volúmenes para su publicación en España. Esta segunda entrega, recoge los números 10 a 16 de la serie “Frankenstein, agente de SHADE” (del primer volumen de la serie ya escribí algo por aquí) y coincide con su cancelación consecuencia de las bajas ventas.

En estos números, el atormentado Frankenstein sigue siendo un peón en imposibles  misiones como agente de SHADE que le llevan a viajar a dimensiones paralelas y visitar ciudades ocultas en el interior de Leviatanes hasta que se ve implicado en la vorágine del Mundo Putrefacto consecuencia del predominio de la Putrefacción en una Tierra corrompida que ha perdido a la mayor parte de sus superhéroes. En ese mundo hostil, Frankenstein debido a su particular naturaleza de no muerto es uno de los pocos que no se ve afectado por la Putrefacción, e iniciará un largo viaje para organizar la resistencia de los últimos supervivientes en un desesperado intento por cambiar las tornas que le llevará a enfrentarse a un poderoso agente de la Putrefacción que para su desgracia conoce demasiado bien, su “padre” Victor Von Frankenstein.

Kindt finiquita con oficio las tramas pendientes en torno a esta nueva encarnación trágica del monstruo, más tributaria en esta versión comiquera del “Hellboy” de Mignola que del icono creado por Mary Shelley. Kindt, muy alejado del autor sutil que se nos muestra en sus trabajos personales para editoriales independientes, ofrece una trama apocalíptica sencilla y esquemática que encuentra en el eclecticismo de elementos del terror y la ciencia ficción su principal aliciente y que seguramente hubiera requerido algo más de extensión para resultar  más interesante, pecando de un desarrollo predecible, lineal y plano y una escasa profundización en los personajes principales. Supongo que estar trabajando con plazos cortos, objetivos inmediatos y presiones editoriales acabaron repercutiendo en la calidad final de la obra.

Más atractivo resulta el trabajo gráfico de un  interesante Alberto Ponticelli, un dibujante italiano que demuestra un especial talento a la hora de dibujar todo tipo de monstruos y espantajos a cual más grandioso y espectacular, que brilla especialmente en estos números aunque finalmente acabe viéndose arrastrado por lo poco elaborado del guión de Kindt y limitándose a cumplir con los mínimos requeridos para finiquitar una serie que no ha sabido mantener las expectativas que creó en sus primeras entregas. La semana que viene, comentamos la conclusión de “Mundo Putrefacto”.

jueves, 5 de septiembre de 2013

“Paseo Astral”, de MAX.







Probablemente,no ha habido ningún autor de cómics español que haya sido considerado por los popes de la alta cultura como uno de los suyos, equiparando su labor de vulgar juntaviñetas con las formas más elevadas de arte reconocidas y abriéndosele las puertas de cenáculos, museos y exposiciones, como el laureado mallorquín Francesc Capdevila, MAX. Un reconocimiento de Artista con mayúscula que le otorga libertad para hacer lo que le dé la gana y encontrar un aplauso unánime a sus propuestas aunque sean tan controvertidas como este “Paseo Astral” que La Cúpula ha editado en una lujosa edición.

Paseo Astral” es una obra difícil de catalogar y valorar ya que su análisis se me antoja diverso en función a su formato. Si consideramos la obra tal y como fue ideada originariamente, para ser mostrada en grandes paneles en el stand de el periódico El País en ARCO podemos decir que estamos ante uno de los intento serio y original para equiparar y reivindicar el puesto del Cómic entre las demás manifestaciones artísticas destacando los antiguos lazos entre el Cómic y la Prensa con una representación moderna y sorprendente entroncada con los mandamientos del Pop Art que tanto se han aprovechado del Cómic.

Pero, sin embargo, si consideramos “Paseo Astral” exclusivamente en función del formato seleccionado por La Cúpula en la que se adapta en un cuidado volumen reproduciendo en cada página uno de los paneles originales  nos encontramos ante una historieta experimental de trama  bastante sencilla en la que el autor mediante la técnica del collage replantea con los mínimos argumentos el manido tema las dudas del creador y su búsqueda de inspiración reinterpretando tópicos como el de la consabida venta del alma al diablo planteado en Fausto y homenajeando a personajes de ficción como Pinocho y talentosos dibujantes de prensa como El Roto. 

MAX superpone e interconecta su historia fluida y minimalista con la localización en el Diario a veces complementando una con la otra o simplemente sirviéndole de fondo con lo que “Paseo Astral” situaría a MAX a pesar de su simplismo argumental en la cresta de la ola de los autores de cómics más arriesgados, experimentales y modernos a la altura del complejo Chris Ware, Art Spiegelman o en su momento Moebius.

Por otro lado, sospecho que si La Cúpula hubiera simplemente optado por un formato sencillo, barato, clásico y popular, como podría haber sido la reproducción de “Paseo Astral” como si de un periódico se tratase o como un humilde pero digno comic book ochentero, seguramente la genialidad de MAX  habría brillado igual y se vincularía más con la tradición experimental y de originalidad asociada a los orígenes del autor en el Underground español, rmovimiento repleto en su momento de mayor esplendor de tanta o mayor brillantez a pesar de sus formatos humildes pero que permitían su acceso a un público mayor. Pero, bueno, son los tiempos de la novela gráfica, ya sabéis...
 Y es que en el fondo “Paseo Astral”  es un compendio perfecto del actual Cómic español, su ingenio puntero y sus pretensiones, sus aciertos y sus errores frente a la encrucijada planteada en los tiempos inciertos que vivimos. En fin, que cada cuál lo lea, y saque sus propias conclusiones, que para eso se supone que es el arte, ¿no?

miércoles, 4 de septiembre de 2013

¿Se murieron los blogs de tebeos? No, hombre, se han ido de parranda.


 
El compañero Pedro Garcia escribió anoche una apocalíptica entrada en UTCON titulada “Los blogs de cómics han muerto” (que podéis leer aquí) que casi me corta la digestión de la cena….Leches, que se me ha matado El lector impaciente y ni me he enterado. Pero no, ahí seguía la entrada de ayer tal y como la había escrito y no había sido sustituido por la consabida y educada esquela de despedida. Buff, menos mal…

Más allá de la introducción graciosilla, no le falta algo de razón a Pedro en su exposición y sus argumentos que no hacen más que constatar una tendencia que los que llevamos tiempo en esto de la Blogosfera comiquera hemos venido constastando. Menos visitas, menos comentarios y un cierto hastío frente al bullicio y el entusiasmo de otros años. Es cierto que la Blogosfera comiquera tras su gloriosa explosión inicial poco a poco fue perdiendo inercia hasta los tiempos actuales en las que muchos de los blogs punteros de la primera oleada están completamente inactivos y la mayor parte no se actualiza con regularidad.

Las razones variadas, las principales (como apunta Pedro), la irrupción de unas redes sociales, que permiten con un esfuerzo mínimo compartir y difundir una opinión –así como el hipotético debate que provoque- aunque esta acabe a los pocos días perdida en el éter y el cansancio de los autores frente al esfuerzo acumulado que conlleva la preparación y desarrollo de temas a tratar en cada entrada para un público anónimo incierto y poco agradecido que acaba provocando que se pierda la ilusión inicial.

Todo eso es cierto, pero no son las únicas razones. Para mí la más importante es la consabida Crisis, que provoca que la gente haya cambiado sus hábitos de consumo y por tanto compre menos cómics y/o se retraiga de enterarse de las novedades para evitar caer en la tentación. Por otro lado, se ha ido conformando un tejido social que ha llevado que diversos blogueros hayan “fichado” por otras páginas en busca de una mayor difusión dejando de lado sus propias bitácoras o que directamente blogueros en potencia empiecen a colaborar en esas páginas sin pasar por el escalón intermedio que supondría tener su propio blog.

A pesar de todo est, me resisto a ser pesimista porque entonces sí que cerraría El Lector Impaciente. Creo que el soporte Blog es válido e idóneo para desarrollar un terreno fértil para la divulgación del Cómic, aunque evidentemente suponga un mayor esfuerzo y compromiso que las redes sociales que pueden servir como estupendo complemento de las Bitácoras sin llegar a sustituirlas. Por otro lado, más allá de la efímera moda y excluyéndome, para mí los blogs que quedan son los que valen y la mayoría vienen marcados por su calidad y el carácter vocacional de sus autores más allá de elementos accesorios como su repercusión. Me refiero a blogs como La Canción de Tristán, COMIC IS ART, Frog2000  o Yo digo No o los más recientes como Man of Bronze o Comic Para Todos que desmienten esa falta de relevo. (No cuento los blogs realizados por autores en los que difunden sus propios trabajos y que no se me ofenda Pedro Angosto si no lo incluyo entre estos al ser el suyo un blog de opinión, principalmente).

En un medio tan dinámico y fluctuante como Internet es normal el movimiento y que los blogs desaparezcan o sus autores se vayan de parranda en función de sus circunstancias personales y aparezcan y desaparezcan. Lo importante es que nuevos aficionados y seguidores tomen el relevo y no sean –seamos- siempre los mismos los que tiren (tiremos) del carro. Las redes sociales no son en ese sentido un enemigo, sino una herramienta para difundir una Blogosfera que debe seguir resultando interesante para los aficionados y cuya crisis actual para mí es un reflejo más de la del propio Cómic.

Por la parte que me toca, El lector impaciente de momento no se muere aunque eso no quite que de vez en cuando su autor se pueda ir de parranda. Seguiré informando y compartiendo mi opinión diaria sobre los tebeos que lea mientras las ganas y el cuerpo aguanten. Espero que no me pase como en la novela de Matheson y finalmente tenga que escribir eso de…Soy leyenda. De vosotros depende.

martes, 3 de septiembre de 2013

“Antes de Watchmen: El Comediante”, de Brian Azzarello y J.G. Jones.


Toca concluir el conjunto de entradas que he venido publicando para analizar la línea de miniseries “Antes de Watchmen”, que en España ha venido publicado ECC Ediciones, con la dedicada a El Comediante, uno de los personajes claves creados por Moore y Gibbons y cuya muerte supone el punto de partida de “Watchmen”, siendo los encargados de construir esta precuela el dúo formado por Brian Azzarello y  J.G. Jones.

A lo largo de los seis números que conforman la obra, Azzarello profundiza en algunos de los elementos de la biografía de El Comediante que Moore ya insinuase en “Watchmen”, situándolo de una manera u otro en los puntos calientes de la historia norteamericana durante la década de los sesenta y los setenta. De este modo, presenta a un Eddy Blake que mantiene una especial afinidad con el clan Kennedy al tiempo que actúa como agente encubierto en Vietnam y desactivando los diversos disturbios sociales y raciales que surgieronn en Estados Unidos a lo largo de estos años que acabarían por forjar su personalidad.
Antes de Watchmen: El Comediante” es una historia que va de menos a más, ganando en interés conforme Azzarello va desarrollando la historia y el lector puede comprobar que más allá de quedarse en la superficie y limitarse a situar al personaje en diversos escenarios para dar rienda suelta a su sociopatia y los rasgos más acentuados de su personalidad en un espectáculo de violencia gratuita, Azzarello va construyendo con mimo un sutil y contenido estudio del personaje, humanizándolo en parte a los ojos del lector más allá de los datos aportados por Moore sin caer en contradicción y  enfrentando al personaje  a situaciones y conflictos límites que van forjando su carácte. Y es que si uno de los múltiples aciertos de Moore en “Watchmen” era la inteligencia con la que presentaba al personaje para sugerir al lector avezado más allá de sus horrorosos actos la existencia de una motivación, Azzarello en esta miniserie ha sabido reproducirlo para que cada lector sea el que desgrane más allá  de los hechos narrados el posible sentido trágico oculto tras su histrionismo.

Por otro lado, Azzarello demuestra su brío en el desarrollo de la intriga política que artícula parte de la historia y en reconstruir el contexto histórico sobre el que se mueve el personaje como una sombra omnipresente, manteniendo la ilusión de realismo sin traicionar la coherencia del universo paralelo en el que se desarrolla “Watchmen”. Azzarello como suele ser habitual busca referentes cinematográfcos diversos desde “Forrest Gump”, en el cada vez más socorrido recurso de introducir personajes reales junto a otros de ficción,  a otros como “Apocalypse Now” o “JFK” a los que  hace constantes guiños.

En el aspecto gráfico, J.G. Jones realiza un trabajo más que correcto, desarrollando una historia en la que ha de esforzarse por retratar a bien conocidos personajes históricos del no tan lejano siglo XX logrando un buen acercamiento de los mismos al tiempo que mantiene el pulso de la narración sin demasiadas dificultades. Jones, como ya demostrara en “Wanted”, no es un dibujante excesivamente espectacular pero desde su sobriedad y su especial atención por la composición y los detalles va progresivamente imponiendo su estilo convenciendo finalmente con el tratamiento que propone, a pesar del hieratismo de sus figuras, un mal común a casi todos los dibujantes hiperrealistas.

En fin, “Antes de Watchmen: El Comediante” es una miniserie interesante en la que un buen Azzarello aprueba con nota en su interpretación de uno de los personajes más equívocos, ambiguos y geniales creados por Moore en “Watchmen”. A mí me ha gustado.

lunes, 2 de septiembre de 2013

“Del tebeo al manga: Una historia de los Cómics” de VVAA.



Quiero empezar el nuevo curso este Septiembre glosando uno de los mayores esfuerzos realizados a lo largo de los últimos años por la divulgación del cómic que el pasado junio finalizara prematuramente en su décimo tomo de los doce inicialmente planteados. Me refiero  a “Del tebeo al manga”, la enciclopédica obra coordinada por Antoni Guiral y publicada por Panini Cómics  a la que han contribuido un notable número de colaboradores a lo largo de los últimos seis años con sus artículos y estudios.

A través de diversos volúmenes monográficos y con un estilo ameno pero documentado y riguroso, “Del tebeo al manga” a lo largo de sus diez volúmenes ha tomado el relevo a la ochentera y popular “Historia de los Cómics” de Toutáin para intentar acercar la historia del Cómic como medio y la biografía de sus principales figuras al aficionado interesado en ampliar sus conocimientos sobre esta disciplina, abarcando sus diversas manifestaciones (desde la Tira de Prensa a la Novela Gráfica, al Cómic de Autor o Europeo) y poniendo especial énfasis en la historia del género superheroico.

 Sin embargo, desde los ochenta hasta ahora los tiempos ha llovido mucho y me temo que han pasado factura al ambicioso proyecto de Guiral para verse interrumpido lamentablemente precisamente antes del tomo dedicado al Manga,  destacado incluso en el título general de la obra y que seguramente hubiera sido mejor colofón que este décimo tomo.

Resulta romántico y hasta cierto punto kamikaze hoy en día el empeño por nadar contracorriente a la hora de ofrecer en esta época en que gracias a Internet y las nuevas tecnologías se tiene a la distancia de un clic de ratón acceso a todo tipo de información –de lo más general hasta el detalle más especializado- con una obra de estas características y sorprendente que  haya logrado alcanzar la décena de volúmenes gracias seguramente a la fidelidad del núcleo duro y fiel de aficionados que sabemos agradecer este tipo de esfuerzos por dignificar y documentar un medio tan dinámico, ágil y vivo que a la fuerza deja desfasada cualquier tipo de catalogación año a año.

Creo que “Del tebeo al manga”, por su carácter generalista y sus buenas intenciones, es una obra ideal para que el aficionado tenga una primera toma de contacto con la Historia del Cómic y entienda su diversidad, sirviendo como referencia para ampliar posteriormente ese conocimiento con obras monográficas más especializadas, aunque, por otro lado, precisamente ese afán enciclopedista presumo que pueda haber supuesto que la obra  no haya colmado quizás las expectativas de los más expertos. Probablemente “Del tebeo al manga” haya apuntado demasiado alto pero es mejor pecar por ambición que por falta de ella. Mis felicitaciones a los involucrados por el esfuerzo.

miércoles, 14 de agosto de 2013

“Superman: Hijo de Superman”, de Howard Chaykin, David Tischman y J.H. Williams III.



ECC Ediciones reedita “Hijo de Superman”, una de esas historias alternativas pertenecientes a la línea Elseworlds que tan populares fueron en DC a finales de los noventa ya que permitían probar, sin afectar a la continuidad de las series regulares, ideas atractivas protagonizadas por los personajes más representativos de la Editorial. En esta ocasión, Chaykin y Tirschman a los guiones y J.H. Williams III nos cuentan una historia coprotagonizada por Superman junto a su hijo adolescente.

En un futuro no muy lejano, Superman aparentemente lleva años ha muerto y Lois Lane se las ha arreglado sola para sacar adelante a Jon, el hijo adolescente que tuvo con Clark Kent en una Metropolis dominada por Lex Luthor y en la que el resto de los miembros  de la Liga de la Justicia se han convertido en trabajadores a cuenta de Luthor. Tan solo  Lana Lang y  Pete Ross -los antiguos amigos de Superman-   al frente de un grupo de terroristas conocido como los Superhombres se oponen al dominio de Luthor y sus compinches. Sin embargo, cuando a consecuencia de una tormenta solar, despierten los poderes latentes del hijo de Lois y Superman las cosas van a empezar a cambiar.

Lo cierto es que Chaykin, una leyenda del cómic norteamericano como dibujante,  nunca ha destacado especialmente  como guionista y eso se nota en este “Hijo de Superman” que me da la impresión ha envejecido bastante mal, aun cuando contase –o precisamente por ello- con la colaboración de David Tischman. De este modo, “Hijo de Superman” plantea algunas ideas interesantes, como pueden ser el choque entre Superman y un hijo adolescente del que apenas tenía noticias, que sin embargo son resueltas de una manera bastante pobre con lo que el  potencial de la historia se ve mermado por un desarrollo errático y poco elaborado.

Tampoco ayuda especialmente la labor gráfica de un J.H. Williams III,  anterior a su explosión en “Promethea”, y que todavía no había acabado de perfilar del todo su estilo, mostrándose como un dibujante  especialmente influido precisamente por Chaykin que, si bien destaca en la composición de página con algunas realmente chulas se muestra en conjunto escasamente espectacular y excesivamente sombrío para sacarle todo el partido a este argumento, perdiéndose por momentos en una narración confusa en la que por momentos algunos personajes resultan difícilmente identificables.

En fin, “Hijo de Superman” fue una estupenda idea, pobremente desarrollada, por lo que no es de extrañar que con posterioridad otros autores jugasen con la idea de un Superman papá. Y es que a Superman como a todo icono famoso le acaban saliendo hijos naturales hasta debajo de las piedras.

martes, 13 de agosto de 2013

“Dial H: Dentro de ti”, de China Miéville, Mateus Santolouco, David Lapham y Riccardo Burchielli



Tenía mucha curiosidad por ver de qué era capaz China Miéville, consumado escritor de  evasiva y entretenida Fantasía oscura y lovecraftiana, en su primera incursión como framante guionista de cómics al frente de “Dial H”,una nueva serie englobada dentro de la llamada “segunda oleada” del NUDC llamada a dar una nueva oportunidad a un concepto clásico DC ideado en los sesenta pero que nunca ha acabado de consolidarse, y que por sus características se me antoja ideal para las cualidades de Miéville. Lo cierto es que, con cautelas, me ha convencido en Dentro de ti”, la primera entrega editada por ECC Ediciones que recoge los números cero a seis de la numeración norteamericana.

Nelson Jent es un tipo fracasado y pesimista al que aparentemente le espera un negro futuro en Littleville. Sin embargo, su destino parece que va a cambiar cuando Jent encuentra en una vieja cabina telefónica (¿?)un dial que le permite cada vez que marca la palabra “Héroe” encarnarse en un superhéroe a cuál más sorprendente. Jent con la ayuda de Manteau, quién también posee un dial similar, empezará a aprender las propiedades del misterioso objeto y a bregar contra amenazas tan bizarras como siniestras.

Quizás intentando emular el modelo de la British Invasión de los ochenta, en DC se han fijado en los nuevos talentos anglosajones y han contrado a un China Miéville que ha encontrado en “Dial H” un concepto para desarrollar todo su talento para la fantasía oscura de tintes pulp y su amor por lo bizarro acreditado a lo largo de su carrera literaria en una serie que, situada en los márgenes del Universo DC más glamouroso y con una editora tan aguda como Karen Berger al frente, puede ofrecernos momentos de dichoso entretenimiento friqui reverdenciendo las viejas glorias del añorado Sello Vertigo.

En esta primera entrega, Miéville ha dejado una buena carta de presentación de su estilo para aquellos que no lo conozcan por su obra literaria, presentando a un típico antihéroe como es el lamentable Nelson Jent y ofreciendo un elenco de avatares, tan imaginativo como en ocasiones ridículo, enfrentado a unos villanos lovecraftianos de los que tanto gustan al autor británico. Miéville afronta el reto con ganas y lleva la serie a su terreno dándole el tratamiento gótico urbano a los personajes con el que se ha hecho un nombre en la Ciencia Ficción y  representando una ciudad por la que transitan estos, Littleville, oscura y opresiva, junto a una trama entretenida en la que el protagonista ha de aprender a usar sus poderes al tiempo que neutraliza la amenaza planteada por -como no- un ente interdimensional, un extraterrestre perdido y una científica loca.

Es probablemente en la caracterización y motivación  de los personajes, el escaso refinamiento en los detalles y cierto embarullamiento en el desarrollo de la trama donde todavía se nota la inexperiencia en el medio de un Miéville que peca por exceso a la hora de ofrecer ideas a lo bruto y conceptos novedosos sin la necesaria profundización con lo que no acaba de sacarle todo el partido que debería a sus buenas ideas, llegando a abusar en  mi opinión en demasía de la vertiente cómica de la serie, poco ayudado en ese sentido por la terna de dibujantes que le han tocado en suerte. A pesar de ello,  estoy deseando ver entre otras cosas cómo incorpora su progresismo político en la conservadora DC.


En el aspecto gráfico, Miéville se encuentra correctamente acompañado por Mateus Santolouco, un dibujante italiano de estos que tanto abundan últimamente en DC que sin demasiados alardes se ajusta a las demandas del autor y cumple unos mínimos con un dibujo de narrativa correcta y escasa espectacularidad pero en el que las caracterizaciones sombrías y la versatilidad a la hora de dibujar todo tipo de personajes le permite adaptarse bien a lo que el guionista demanda salvo en los momentos en que tiene que desarrollar cierta vis comica. En los dos episodios de relleno, David Lapham y Riccardo Burchielli, no mantienen el nivel de Santolouco haciendo que este salga reforzado en la comparación. Las portadas de Brian Bolland como siempre son una garantía.

Dial H” es una serie llena de posibilidades y China Miéville con apoyo por parte de la editorial y un poco de paciencia un autor ideal para desarrollarlas. Solo hace falta que le dejen en DC. Veremos…

lunes, 12 de agosto de 2013

“Lobezno y la Patrulla X: Aprendizaje Salvaje”, de Jason Aaron y Ramón Pérez




Continuo con el seguimiento de “Lobezno y la Patrulla X”, la serie más divertida de las que sigo actualmente con una nueva aventura recogida en los números 14 y 15 de la edición española de Panini que recoge los números 25 a 28 de la edición norteamericana, y que supone el regreso de Perro Logan, el hermano perdido de Lobezno.

Lobezno se lleva a los alumnos más inadaptados de su escuela nada menos que a la Tierra Salvaje para que aprendan a colaborar entre sí en unas particulares jornadas de supervivencia. Mientras los chavales intentan ponerse de acuerdo y sobrevivir a los peligros de la inhóspita Tierra de Ka Zar, la cosa se complica cuando aparece por sorpresa Perro, el hermano perdido de Lobezno, quién ha conseguido unos diamantes temporales que le han permitido hacerse con armamento del futuro para hacerle la chincheta a su hermano. Y es que Perro Logan está obsesionado por demostrar que es mejor que su famoso hermano, incluso como profesor de supervivencia.

Me lo paso bomba y me quito el sombreo con lo que está haciendo Jason Aaron en esta serie en la que con mucha valentía e inteligencia está renovando las convenciones y fórmulas que en su día hicieron de La Patrulla X” de Chris Claremont la serie más leída de Marvel Comics durante décadas. Tramas sencillas y aparentemente originales pero que en el fondo no hacen más que repetir los recursos propios del oficio marvelita, diálogos chispeantes, una acertada caracterízación del amplio reparto de personajes que maneja y un tratamiento en el que prima el dinamismo y el sentido del humor frente al melodrama del que tanto se ha abusado en la franquicia mutantes desde sus orígenes convierten a esta serie en un soplo de aire fresco dentro del género superheroico.

En concreto, en este nuevo arco Aaron reinventa situaciones típicas del Universo Marvel planteando un escenario habitual en los mutantes clásicos, la Tierra Salvaje, cambiando completamente el concepto de la aventura al convertirlo en un parque temático para que los jóvenes mutantes del siglo XXI se explayen al tiempo que explota la socorrida rivalidad entre hermanos reinventando a un personaje tan aburrido como el ideado por Paul Jenkins en “Lobezno: Origen” Perro Logan convirtiéndolo en un pirado divertido a medio camino entre Kang El Conquistador y Kraven El Cazador. El guión se desarrolla frenético y con dinamismo, lleno de chistes y referencias al tiempo que mantiene la continuidad de la historia para hacernos presumir que este no será el primer encuentro entre Lobezno y Perro.

En el aspecto gráfico, se presenta un nuevo dibujante en la serie, el talentoso canadiense Ramón Pérez que viene avalado por la consecución de variios premios Eisners. Pérez se muestra como un dibujante fresco y solvente que otorga dinamismo y espectacularidad a un cómic eminentemente de acción como es este en el que los personajes van de un lado para otro sin parar, aunque en ocasiones me ha descuadrado con su versión de alguno de ellos, como La Bestia a la que dibuja su pelo y con un aspecto que recuerda más al de un “Metal Men” que a un personaje peludo (yo le daría el premio a la Bestia menos lograda, aparte de los Eisners).
En fin, a la espera quedo de una nueva entrega de esta divertida serie y lo que reinventa un Aaron dispuesto a mostrarnos lo divertido que es ser un joven mutante y tener superpoderes frente al estereotipo amargado impuesto durante décadas. Ojalá le duren las ganas y las ideas durante muchos años.

viernes, 9 de agosto de 2013

“Antes de Watchmen: Buho Nocturno”. de John Michael Straczinsky, Joe Kubert y Andy Kubert.





Continuando con el repaso de las miniseries de la línea “Antes de Watchmen”, publicada en España por ECC Ediciones, toca el turno a la protagonizada por Búho Nocturno II, mi personaje favorito de la “Watchmen” original, creada por Moore y Gibbons.

En esta miniserie de cuatro números, JMS nos narra el origen de un Dan Dreiberg marcado por los malos tratos sufridos por su madre en la infancia que le llevaron a buscar cobijo en la figura de Búho Nocturno original. Tras tomar el relevo superheroico de este, Dan inicia una carrera como superhéroe en la que pronto formará equipo con otro justiciero nocturno Rorschach e iniciará una relación sentimental con una pájara de cuidado, la irresistible Lady Crepúsculo, acabando los tres siguiendo los pasos de un enloquecido y visionario asesino en serie que acabará con la alianza entre Búho Nocturno y Rorschach hasta los acontecimientos narrados en “Watchmen”.
Si por algo será recordada esta miniserie dentro de unos años será por ser el último trabajo del gran Joe Kubert, entintando los lápices de su hijo Andy en los tres primeros episodios. Más allá de este detalle, nos encontramos ante una historia funcional y entretenida en la que JMS tira de oficio y conocimientos del “Watchmen” original para hacer un cuidado acercamiento a la figura del Búho Nocturno original buscando motivaciones para su personalidad y explicando todos los detalles insinuados en la obra de Moore en torno al pasado del personaje. 
De este modo, en apenas cuatro grapas, JMS explica el origen de la amistad y posterior distanciamiento de Búho Nocturno y Rorschach, la historia tras la foto dedicada de Lady Crepúsculo y la devoción paternal que Dan Dreiberg sentía por el Búho Nocturno original. JMS ata cabos en una historia cuyo único defecto en mi opinión es la escasa relevancia del protagonista que asume un rol secundario frente a Rorschach y, sobre todo la carismática Lady Crepúsculo, siendo el personaje protagonista y su historia una excusa para que JMS ofrezca su interpretación a los misterios presentados por Moore en torno al personaje en “Watchmen”.
En el aspecto gráfico, Andy Kubert realiza un trabajo convencional sin demasiada brillantez dando el acabado en las tintas de los tres primeros episodios un Joe Kubert (del cuarto ya se encargaría Bill Sienkiewicz) en los últimos estertores de su brillantísima carrera lo que acaba repercutiendo en la calidad final del apartado gráfico más titubeante e inseguro de lo que estamos acostumbrados en las obras asociadas con el apellido Kubert aun cuando narrativamente la obra esté bien desarrollada y la historia fluya a la perfección.
En fin, JMS ha sabido rellenar los huecos de la serie original a lo largo de las tres miniseries que ha guionizado en “Antes de Watchmen” y, más allá de lo innecesario o no de esta línea, ha desarrollado un conjunto de historias solventes y efectivas que han aportado su versión tras los calculados claroscuros planteados por Moore y Gibbons.