martes, 3 de septiembre de 2013

“Antes de Watchmen: El Comediante”, de Brian Azzarello y J.G. Jones.


Toca concluir el conjunto de entradas que he venido publicando para analizar la línea de miniseries “Antes de Watchmen”, que en España ha venido publicado ECC Ediciones, con la dedicada a El Comediante, uno de los personajes claves creados por Moore y Gibbons y cuya muerte supone el punto de partida de “Watchmen”, siendo los encargados de construir esta precuela el dúo formado por Brian Azzarello y  J.G. Jones.

A lo largo de los seis números que conforman la obra, Azzarello profundiza en algunos de los elementos de la biografía de El Comediante que Moore ya insinuase en “Watchmen”, situándolo de una manera u otro en los puntos calientes de la historia norteamericana durante la década de los sesenta y los setenta. De este modo, presenta a un Eddy Blake que mantiene una especial afinidad con el clan Kennedy al tiempo que actúa como agente encubierto en Vietnam y desactivando los diversos disturbios sociales y raciales que surgieronn en Estados Unidos a lo largo de estos años que acabarían por forjar su personalidad.
Antes de Watchmen: El Comediante” es una historia que va de menos a más, ganando en interés conforme Azzarello va desarrollando la historia y el lector puede comprobar que más allá de quedarse en la superficie y limitarse a situar al personaje en diversos escenarios para dar rienda suelta a su sociopatia y los rasgos más acentuados de su personalidad en un espectáculo de violencia gratuita, Azzarello va construyendo con mimo un sutil y contenido estudio del personaje, humanizándolo en parte a los ojos del lector más allá de los datos aportados por Moore sin caer en contradicción y  enfrentando al personaje  a situaciones y conflictos límites que van forjando su carácte. Y es que si uno de los múltiples aciertos de Moore en “Watchmen” era la inteligencia con la que presentaba al personaje para sugerir al lector avezado más allá de sus horrorosos actos la existencia de una motivación, Azzarello en esta miniserie ha sabido reproducirlo para que cada lector sea el que desgrane más allá  de los hechos narrados el posible sentido trágico oculto tras su histrionismo.

Por otro lado, Azzarello demuestra su brío en el desarrollo de la intriga política que artícula parte de la historia y en reconstruir el contexto histórico sobre el que se mueve el personaje como una sombra omnipresente, manteniendo la ilusión de realismo sin traicionar la coherencia del universo paralelo en el que se desarrolla “Watchmen”. Azzarello como suele ser habitual busca referentes cinematográfcos diversos desde “Forrest Gump”, en el cada vez más socorrido recurso de introducir personajes reales junto a otros de ficción,  a otros como “Apocalypse Now” o “JFK” a los que  hace constantes guiños.

En el aspecto gráfico, J.G. Jones realiza un trabajo más que correcto, desarrollando una historia en la que ha de esforzarse por retratar a bien conocidos personajes históricos del no tan lejano siglo XX logrando un buen acercamiento de los mismos al tiempo que mantiene el pulso de la narración sin demasiadas dificultades. Jones, como ya demostrara en “Wanted”, no es un dibujante excesivamente espectacular pero desde su sobriedad y su especial atención por la composición y los detalles va progresivamente imponiendo su estilo convenciendo finalmente con el tratamiento que propone, a pesar del hieratismo de sus figuras, un mal común a casi todos los dibujantes hiperrealistas.

En fin, “Antes de Watchmen: El Comediante” es una miniserie interesante en la que un buen Azzarello aprueba con nota en su interpretación de uno de los personajes más equívocos, ambiguos y geniales creados por Moore en “Watchmen”. A mí me ha gustado.

lunes, 2 de septiembre de 2013

“Del tebeo al manga: Una historia de los Cómics” de VVAA.



Quiero empezar el nuevo curso este Septiembre glosando uno de los mayores esfuerzos realizados a lo largo de los últimos años por la divulgación del cómic que el pasado junio finalizara prematuramente en su décimo tomo de los doce inicialmente planteados. Me refiero  a “Del tebeo al manga”, la enciclopédica obra coordinada por Antoni Guiral y publicada por Panini Cómics  a la que han contribuido un notable número de colaboradores a lo largo de los últimos seis años con sus artículos y estudios.

A través de diversos volúmenes monográficos y con un estilo ameno pero documentado y riguroso, “Del tebeo al manga” a lo largo de sus diez volúmenes ha tomado el relevo a la ochentera y popular “Historia de los Cómics” de Toutáin para intentar acercar la historia del Cómic como medio y la biografía de sus principales figuras al aficionado interesado en ampliar sus conocimientos sobre esta disciplina, abarcando sus diversas manifestaciones (desde la Tira de Prensa a la Novela Gráfica, al Cómic de Autor o Europeo) y poniendo especial énfasis en la historia del género superheroico.

 Sin embargo, desde los ochenta hasta ahora los tiempos ha llovido mucho y me temo que han pasado factura al ambicioso proyecto de Guiral para verse interrumpido lamentablemente precisamente antes del tomo dedicado al Manga,  destacado incluso en el título general de la obra y que seguramente hubiera sido mejor colofón que este décimo tomo.

Resulta romántico y hasta cierto punto kamikaze hoy en día el empeño por nadar contracorriente a la hora de ofrecer en esta época en que gracias a Internet y las nuevas tecnologías se tiene a la distancia de un clic de ratón acceso a todo tipo de información –de lo más general hasta el detalle más especializado- con una obra de estas características y sorprendente que  haya logrado alcanzar la décena de volúmenes gracias seguramente a la fidelidad del núcleo duro y fiel de aficionados que sabemos agradecer este tipo de esfuerzos por dignificar y documentar un medio tan dinámico, ágil y vivo que a la fuerza deja desfasada cualquier tipo de catalogación año a año.

Creo que “Del tebeo al manga”, por su carácter generalista y sus buenas intenciones, es una obra ideal para que el aficionado tenga una primera toma de contacto con la Historia del Cómic y entienda su diversidad, sirviendo como referencia para ampliar posteriormente ese conocimiento con obras monográficas más especializadas, aunque, por otro lado, precisamente ese afán enciclopedista presumo que pueda haber supuesto que la obra  no haya colmado quizás las expectativas de los más expertos. Probablemente “Del tebeo al manga” haya apuntado demasiado alto pero es mejor pecar por ambición que por falta de ella. Mis felicitaciones a los involucrados por el esfuerzo.

miércoles, 14 de agosto de 2013

“Superman: Hijo de Superman”, de Howard Chaykin, David Tischman y J.H. Williams III.



ECC Ediciones reedita “Hijo de Superman”, una de esas historias alternativas pertenecientes a la línea Elseworlds que tan populares fueron en DC a finales de los noventa ya que permitían probar, sin afectar a la continuidad de las series regulares, ideas atractivas protagonizadas por los personajes más representativos de la Editorial. En esta ocasión, Chaykin y Tirschman a los guiones y J.H. Williams III nos cuentan una historia coprotagonizada por Superman junto a su hijo adolescente.

En un futuro no muy lejano, Superman aparentemente lleva años ha muerto y Lois Lane se las ha arreglado sola para sacar adelante a Jon, el hijo adolescente que tuvo con Clark Kent en una Metropolis dominada por Lex Luthor y en la que el resto de los miembros  de la Liga de la Justicia se han convertido en trabajadores a cuenta de Luthor. Tan solo  Lana Lang y  Pete Ross -los antiguos amigos de Superman-   al frente de un grupo de terroristas conocido como los Superhombres se oponen al dominio de Luthor y sus compinches. Sin embargo, cuando a consecuencia de una tormenta solar, despierten los poderes latentes del hijo de Lois y Superman las cosas van a empezar a cambiar.

Lo cierto es que Chaykin, una leyenda del cómic norteamericano como dibujante,  nunca ha destacado especialmente  como guionista y eso se nota en este “Hijo de Superman” que me da la impresión ha envejecido bastante mal, aun cuando contase –o precisamente por ello- con la colaboración de David Tischman. De este modo, “Hijo de Superman” plantea algunas ideas interesantes, como pueden ser el choque entre Superman y un hijo adolescente del que apenas tenía noticias, que sin embargo son resueltas de una manera bastante pobre con lo que el  potencial de la historia se ve mermado por un desarrollo errático y poco elaborado.

Tampoco ayuda especialmente la labor gráfica de un J.H. Williams III,  anterior a su explosión en “Promethea”, y que todavía no había acabado de perfilar del todo su estilo, mostrándose como un dibujante  especialmente influido precisamente por Chaykin que, si bien destaca en la composición de página con algunas realmente chulas se muestra en conjunto escasamente espectacular y excesivamente sombrío para sacarle todo el partido a este argumento, perdiéndose por momentos en una narración confusa en la que por momentos algunos personajes resultan difícilmente identificables.

En fin, “Hijo de Superman” fue una estupenda idea, pobremente desarrollada, por lo que no es de extrañar que con posterioridad otros autores jugasen con la idea de un Superman papá. Y es que a Superman como a todo icono famoso le acaban saliendo hijos naturales hasta debajo de las piedras.

martes, 13 de agosto de 2013

“Dial H: Dentro de ti”, de China Miéville, Mateus Santolouco, David Lapham y Riccardo Burchielli



Tenía mucha curiosidad por ver de qué era capaz China Miéville, consumado escritor de  evasiva y entretenida Fantasía oscura y lovecraftiana, en su primera incursión como framante guionista de cómics al frente de “Dial H”,una nueva serie englobada dentro de la llamada “segunda oleada” del NUDC llamada a dar una nueva oportunidad a un concepto clásico DC ideado en los sesenta pero que nunca ha acabado de consolidarse, y que por sus características se me antoja ideal para las cualidades de Miéville. Lo cierto es que, con cautelas, me ha convencido en Dentro de ti”, la primera entrega editada por ECC Ediciones que recoge los números cero a seis de la numeración norteamericana.

Nelson Jent es un tipo fracasado y pesimista al que aparentemente le espera un negro futuro en Littleville. Sin embargo, su destino parece que va a cambiar cuando Jent encuentra en una vieja cabina telefónica (¿?)un dial que le permite cada vez que marca la palabra “Héroe” encarnarse en un superhéroe a cuál más sorprendente. Jent con la ayuda de Manteau, quién también posee un dial similar, empezará a aprender las propiedades del misterioso objeto y a bregar contra amenazas tan bizarras como siniestras.

Quizás intentando emular el modelo de la British Invasión de los ochenta, en DC se han fijado en los nuevos talentos anglosajones y han contrado a un China Miéville que ha encontrado en “Dial H” un concepto para desarrollar todo su talento para la fantasía oscura de tintes pulp y su amor por lo bizarro acreditado a lo largo de su carrera literaria en una serie que, situada en los márgenes del Universo DC más glamouroso y con una editora tan aguda como Karen Berger al frente, puede ofrecernos momentos de dichoso entretenimiento friqui reverdenciendo las viejas glorias del añorado Sello Vertigo.

En esta primera entrega, Miéville ha dejado una buena carta de presentación de su estilo para aquellos que no lo conozcan por su obra literaria, presentando a un típico antihéroe como es el lamentable Nelson Jent y ofreciendo un elenco de avatares, tan imaginativo como en ocasiones ridículo, enfrentado a unos villanos lovecraftianos de los que tanto gustan al autor británico. Miéville afronta el reto con ganas y lleva la serie a su terreno dándole el tratamiento gótico urbano a los personajes con el que se ha hecho un nombre en la Ciencia Ficción y  representando una ciudad por la que transitan estos, Littleville, oscura y opresiva, junto a una trama entretenida en la que el protagonista ha de aprender a usar sus poderes al tiempo que neutraliza la amenaza planteada por -como no- un ente interdimensional, un extraterrestre perdido y una científica loca.

Es probablemente en la caracterización y motivación  de los personajes, el escaso refinamiento en los detalles y cierto embarullamiento en el desarrollo de la trama donde todavía se nota la inexperiencia en el medio de un Miéville que peca por exceso a la hora de ofrecer ideas a lo bruto y conceptos novedosos sin la necesaria profundización con lo que no acaba de sacarle todo el partido que debería a sus buenas ideas, llegando a abusar en  mi opinión en demasía de la vertiente cómica de la serie, poco ayudado en ese sentido por la terna de dibujantes que le han tocado en suerte. A pesar de ello,  estoy deseando ver entre otras cosas cómo incorpora su progresismo político en la conservadora DC.


En el aspecto gráfico, Miéville se encuentra correctamente acompañado por Mateus Santolouco, un dibujante italiano de estos que tanto abundan últimamente en DC que sin demasiados alardes se ajusta a las demandas del autor y cumple unos mínimos con un dibujo de narrativa correcta y escasa espectacularidad pero en el que las caracterizaciones sombrías y la versatilidad a la hora de dibujar todo tipo de personajes le permite adaptarse bien a lo que el guionista demanda salvo en los momentos en que tiene que desarrollar cierta vis comica. En los dos episodios de relleno, David Lapham y Riccardo Burchielli, no mantienen el nivel de Santolouco haciendo que este salga reforzado en la comparación. Las portadas de Brian Bolland como siempre son una garantía.

Dial H” es una serie llena de posibilidades y China Miéville con apoyo por parte de la editorial y un poco de paciencia un autor ideal para desarrollarlas. Solo hace falta que le dejen en DC. Veremos…

lunes, 12 de agosto de 2013

“Lobezno y la Patrulla X: Aprendizaje Salvaje”, de Jason Aaron y Ramón Pérez




Continuo con el seguimiento de “Lobezno y la Patrulla X”, la serie más divertida de las que sigo actualmente con una nueva aventura recogida en los números 14 y 15 de la edición española de Panini que recoge los números 25 a 28 de la edición norteamericana, y que supone el regreso de Perro Logan, el hermano perdido de Lobezno.

Lobezno se lleva a los alumnos más inadaptados de su escuela nada menos que a la Tierra Salvaje para que aprendan a colaborar entre sí en unas particulares jornadas de supervivencia. Mientras los chavales intentan ponerse de acuerdo y sobrevivir a los peligros de la inhóspita Tierra de Ka Zar, la cosa se complica cuando aparece por sorpresa Perro, el hermano perdido de Lobezno, quién ha conseguido unos diamantes temporales que le han permitido hacerse con armamento del futuro para hacerle la chincheta a su hermano. Y es que Perro Logan está obsesionado por demostrar que es mejor que su famoso hermano, incluso como profesor de supervivencia.

Me lo paso bomba y me quito el sombreo con lo que está haciendo Jason Aaron en esta serie en la que con mucha valentía e inteligencia está renovando las convenciones y fórmulas que en su día hicieron de La Patrulla X” de Chris Claremont la serie más leída de Marvel Comics durante décadas. Tramas sencillas y aparentemente originales pero que en el fondo no hacen más que repetir los recursos propios del oficio marvelita, diálogos chispeantes, una acertada caracterízación del amplio reparto de personajes que maneja y un tratamiento en el que prima el dinamismo y el sentido del humor frente al melodrama del que tanto se ha abusado en la franquicia mutantes desde sus orígenes convierten a esta serie en un soplo de aire fresco dentro del género superheroico.

En concreto, en este nuevo arco Aaron reinventa situaciones típicas del Universo Marvel planteando un escenario habitual en los mutantes clásicos, la Tierra Salvaje, cambiando completamente el concepto de la aventura al convertirlo en un parque temático para que los jóvenes mutantes del siglo XXI se explayen al tiempo que explota la socorrida rivalidad entre hermanos reinventando a un personaje tan aburrido como el ideado por Paul Jenkins en “Lobezno: Origen” Perro Logan convirtiéndolo en un pirado divertido a medio camino entre Kang El Conquistador y Kraven El Cazador. El guión se desarrolla frenético y con dinamismo, lleno de chistes y referencias al tiempo que mantiene la continuidad de la historia para hacernos presumir que este no será el primer encuentro entre Lobezno y Perro.

En el aspecto gráfico, se presenta un nuevo dibujante en la serie, el talentoso canadiense Ramón Pérez que viene avalado por la consecución de variios premios Eisners. Pérez se muestra como un dibujante fresco y solvente que otorga dinamismo y espectacularidad a un cómic eminentemente de acción como es este en el que los personajes van de un lado para otro sin parar, aunque en ocasiones me ha descuadrado con su versión de alguno de ellos, como La Bestia a la que dibuja su pelo y con un aspecto que recuerda más al de un “Metal Men” que a un personaje peludo (yo le daría el premio a la Bestia menos lograda, aparte de los Eisners).
En fin, a la espera quedo de una nueva entrega de esta divertida serie y lo que reinventa un Aaron dispuesto a mostrarnos lo divertido que es ser un joven mutante y tener superpoderes frente al estereotipo amargado impuesto durante décadas. Ojalá le duren las ganas y las ideas durante muchos años.

viernes, 9 de agosto de 2013

“Antes de Watchmen: Buho Nocturno”. de John Michael Straczinsky, Joe Kubert y Andy Kubert.





Continuando con el repaso de las miniseries de la línea “Antes de Watchmen”, publicada en España por ECC Ediciones, toca el turno a la protagonizada por Búho Nocturno II, mi personaje favorito de la “Watchmen” original, creada por Moore y Gibbons.

En esta miniserie de cuatro números, JMS nos narra el origen de un Dan Dreiberg marcado por los malos tratos sufridos por su madre en la infancia que le llevaron a buscar cobijo en la figura de Búho Nocturno original. Tras tomar el relevo superheroico de este, Dan inicia una carrera como superhéroe en la que pronto formará equipo con otro justiciero nocturno Rorschach e iniciará una relación sentimental con una pájara de cuidado, la irresistible Lady Crepúsculo, acabando los tres siguiendo los pasos de un enloquecido y visionario asesino en serie que acabará con la alianza entre Búho Nocturno y Rorschach hasta los acontecimientos narrados en “Watchmen”.
Si por algo será recordada esta miniserie dentro de unos años será por ser el último trabajo del gran Joe Kubert, entintando los lápices de su hijo Andy en los tres primeros episodios. Más allá de este detalle, nos encontramos ante una historia funcional y entretenida en la que JMS tira de oficio y conocimientos del “Watchmen” original para hacer un cuidado acercamiento a la figura del Búho Nocturno original buscando motivaciones para su personalidad y explicando todos los detalles insinuados en la obra de Moore en torno al pasado del personaje. 
De este modo, en apenas cuatro grapas, JMS explica el origen de la amistad y posterior distanciamiento de Búho Nocturno y Rorschach, la historia tras la foto dedicada de Lady Crepúsculo y la devoción paternal que Dan Dreiberg sentía por el Búho Nocturno original. JMS ata cabos en una historia cuyo único defecto en mi opinión es la escasa relevancia del protagonista que asume un rol secundario frente a Rorschach y, sobre todo la carismática Lady Crepúsculo, siendo el personaje protagonista y su historia una excusa para que JMS ofrezca su interpretación a los misterios presentados por Moore en torno al personaje en “Watchmen”.
En el aspecto gráfico, Andy Kubert realiza un trabajo convencional sin demasiada brillantez dando el acabado en las tintas de los tres primeros episodios un Joe Kubert (del cuarto ya se encargaría Bill Sienkiewicz) en los últimos estertores de su brillantísima carrera lo que acaba repercutiendo en la calidad final del apartado gráfico más titubeante e inseguro de lo que estamos acostumbrados en las obras asociadas con el apellido Kubert aun cuando narrativamente la obra esté bien desarrollada y la historia fluya a la perfección.
En fin, JMS ha sabido rellenar los huecos de la serie original a lo largo de las tres miniseries que ha guionizado en “Antes de Watchmen” y, más allá de lo innecesario o no de esta línea, ha desarrollado un conjunto de historias solventes y efectivas que han aportado su versión tras los calculados claroscuros planteados por Moore y Gibbons.

jueves, 8 de agosto de 2013

“Saucer Country: Revelaciones”, de Paul Cornell, Ryan Kelly, David Lapham, Mirko Colack y Andrea Mutti.




Concluye ECC Ediciones la publicación de “Saucer County”, una interesante serie Vertigo ideada por el escritor Paul Cornell y el dibujante Ryan Kelly en la que mezclan el thriller político con la conspiración ufológica de cuya primera entrega ya escribí algo por aquí, con “Revelaciones”, el segundo volumen que recoge los números 7 a 14 de la numeración norteamericana en el que lejos de resolver las intrigas propuestas finaliza planteando otras nuevas.

La Gobernadora Alvarado prosigue su campaña electoral para convertirse en la primera mujer hispana en la Casa Blanca y poder acceder así  a los secretos que el Gobierno tiene sobre los encuentros con alienígenas en los que espera hallar una respuesta al misterio de la traumática abdución que sufrieron ella y su marido.  Sin embargo, para ello, tendrá que convertirse primero en la candidata demócrata a la Casa Blanca y ser capaz de disputarle el puesto al carismático presidente republicano lidiando para lograrlo contra atentados contra su vida y conspiraciones. Y es que aparentemente poderes ocultos se han conjugado en torno a la candidata aunque no sé sabe muy bien si para favorecerla en su objetivo o perjudicarla.

Saucer Country” es una de esas series arriesgas que por su temática y original enfoque que en los buenos viejos tiempos de Jennette Khan seguramente habría encontrado mayor respaldo. Cornell parte de un planteamiento realmente interesante y se suma a autores como Vaughan en su “Ex Machina” a la hora de abordar el despiadado mundo de la política desde el cómic mezclando dos mundos tan dispares como el de la política y el de la Ufología incorporando a lo largo de la serie todo el folklore literario y cinematográfico que han acarreado los supuestos encuentros con extraterrestres en el siglo XX (desde los hombrecitos verdes a los hombres de negro o el Área 51) con un enfoque inteligente que juega constantemente con la ambigüedad en torno a la realidad o la fantasía de los hechos a los que se enfrentan unos personajes principales que destacan por su inteligencia y pragmatismo enfrentados a unos supuestos “poderes” que pretenden evitar que conozcan la verdad oculta, un poco en la estela de series de culto como “Expediente X”.

De este modo, Cornell experimenta deliberadamente con la percepción alterada de unos personajes sugestionados sin que el lector sepa ciertamente si lo descrito es fruto de su desvarío o efectivamente se trata de la realidad, con lo que en numerosas ocasiones la trama acaba deviniendo errática y confusa, aunque finalmente el guionista acabe cerrando la historia mediante un socorrido final abierto que permitiría la continuación de la serie en un hipotético nuevo volumen.

En el aspecto gráfico, brilla, especialmente como portadista, un Ryan Kelly que muestra su excelente habilidad como narrador y su capacidad para desarrollar historias de corte realista, aunque en esta ocasión el tratamiento a color no sea el más adecuado y deje la sensación que esta historia en blanco y negro tendría un mayor impacto visual. En un par de entregas, Kelly es suplido por David Lapham, Mirko Kolack y Andrea Mutti sin que se note demasiado su ausencia.

En fin, “Saucer Country” es una buena idea de partida que da lugar a una inteligente historia que quizás haya llegado, por su temática y la situación actual de DC, con algunos  años de retraso para ver desarrollado todo su potencial. Ojalá que en el futuro Cornell y Kelly se animen a retomar la serie porque dejan al lector con ganas de saber más sobre sus protagonistas que dejan en su mejor momento.

martes, 6 de agosto de 2013

“La Balada de las Landas Perdidas Primer Ciclo”, de Jean Dufaux y Gregorz Rosinski

 


Si a cualquier entendido en la materia le preguntarán por una serie de fantasía dibujada por Gregorz Rosinski seguramente el primer nombre que le vendría a la boca sería el Thorgal”, que realizase durante décadas junto a Van Hamme y que le lanzara a la fama, o por regodeo en sus conocimentos mencionase esa delicatessem que es “El gran poder del Cnhinkel”, también con guión de Van Hamme. Y, sin embargo, serían bastante injustos esos entendidos olvidando seguramente el primer ciclo de  La Balada de las Landas Perdidas” guionizado por el superventas Jean Defaux y publicado por Norma Editorial años ha, que mí es uno de los mejores trabajos del dibujante polaco.
Dividida cada aventura a lo largo de dos álbumes, Dufaux nos cuenta la historia de Sioban, la hija de un legendario rey de las tierras de Eruin Dulea derrotado por un maléfico hechicero llamado Bedlam. Si los primeros dos álbumes se centran en la ascensión de la predestinada Sioban en la defensa de sus legítimos derechos al trono de los Sudenne, en la segunda presentan el declive de su reinado al ser víctima de las malas artes de la hechicera Gerfault y su apocado hijo que la hacen tomar un elixir de amor para manipularla a su antojo del que solo la muerte logrará salvarla.
Jean Dufaux parte en esta serie de un ambicioso planteamiento para desarrollar una obra puramente de fantasía en la que se mezclan las conspiraciones familiares con la magia y la brujería adelantándose en varios años con la receta a la exitosa “Canción de Hielo y Fuego” de Martin aunque no lograra tan buenos resultados. Dufaux, para desarrollar esta obra, entronca diversas fuentes: desde la persistencia de la mitología celta y escandinava, pasada por la criba dramática y romántica shakesperiana y wagneriana, frente a la expansión del Cristianismo a la magia de "El Señor de los Anillos" de Tolkien (del que toma prestados sin complejos algunos conceptos), para recrear la neblinosa isla de Eruin Dulea - un escenario mítico, romántico y mágico gobernada durante siglos por los Surene hasta que la sucesión legítima se corrompió - y una sucesión de situaciones en torno a la máxima sobre la que orbita toda la serie y sirve como tema central de la misma, “¿Está el mal en el corazón del amor?, como si de una ópera se tratase.

Dufaux se muestra como un guionista motivado y competente aunque, quizás por exceso de entusiasmo, acaba incorporando demasiadas ideas a un soporte que acaba quedándosele corto y que habría requerido de un recorrido mayor para no caer en el mismo error en los dos dípticos, que pecan de partir de excelentes planteamientos iniciales, pobres desarrollos y unas conclusiones un tanto artificiosas que unidos a unos personajes arquetípicos y faltos de carisma a los que da la sensación que podría haber sacado mucho más juego pero que se ven constreñidos por las limitaciones de una serie que parece haber sido pensada para un desarrollo a lo largo de bastantes más álbumes (de hecho, ya sin Rosinski, con posterioridad Dufaux retomó conceptos de la serie en un Segundo Ciclo dibujado por Delaby, del que Norma ha publicado solo dos de los tres álbumes publicados hasta la fecha en Francia).

Más allá de las luces –soberbio planteamiento y excelente caracterización- y sombras – precipitado desarrollo y errática conclusión – del guión, el primer ciclo de La Balada de las Landas Perdidas” es un delicioso cómic de fantasía superior a la media gracias a la brillante labor de un fantástico Rosinski que consigue una soberbia ambientación y desarrollo de los arquetípicos personajes comparable, si no mejor, a sus mejores trabajos en  Thorgal”. 

Rosinski se muestra como un dibujante maduro en la cúspide de su talento que evoca como nadie la naturaleza romántica y mágica de los espacios naturales que representa – su representación de los escenarios neblinosos está solo al alcance de unos pocos elegidos- y  los cuidados y detallados escenarios interiores representando desde lóbregas criptas hasta ricas salas señoriales que idealizan un Medievo ficticio pero creíble y en ocasiones y, salvando las distancias, evocan con su figuración naturalista el clasicismo costumbrista de todo un Foster.
Rosinksi da en la tecla con la recreación de cada uno de los personajes que pueblan la obra así como con las soluciones gráficas que presenta y solo la falta de un guión más refinado de Dufaux acaba socavando la narrativa del conjunto que no la belleza intrínseca a sus composiciones.

El primer ciclo de La Balada de las Landas Perdidas” es un cómic claramente descompensado en el que el ambicioso guión de Dufaux no acaba de estar a la altura de las expectativas que genera en sus primeras páginas y que solo la portentosa labor gráfica de un inspiradísimo Rosnski logra salvar de la mediocridad. Y, sin embargo, y a pesar de sus defectos o precisamente gracias a ellos uno de los mejores cómics de Fantasía que he leído.