viernes, 7 de diciembre de 2012

“Invencible 2”, de Robert Kirkman y Ryan Ottley.



 Aunque lleven un considerable retraso en la publicación de nuevo material de la serie, con buen ojo comercial desde Aleta/Dolmen han corrido para sacar en estas fechas prenavideñas el segundo integral de “Invencible”, una entretenidísima serie de superhéroes en la que Robert Kirkman está dando brillo y solera a las convenciones que han sustentado el género desde sus inicios, readaptándolas a los tiempos y gustos modernos. En esta nueva entrega se recoge el material publicado previamente en los tomos prestigio 6 y 7 de la edición española, que a su vez recogían los números 14 a 24 de la serie regular, el número 0 y el especial del Día del Cómic Gratis 2004 de las ediciones yanquis.



Tras el shock que supuso descubrir que su padre no era el superhéroe que pensaba, sino un extraterrestre dispuesto a conquistar la Tierra, el joven Mark Grayson inicia una nueva etapa en su vida finalizando el instituto y comenzando las clases en la Universidad al tiempo que como Invencible empieza a colaborar con el Gobierno en múltiples misiones que le impiden normalizar su vida. Las crisis con su novia Amber y el incipiente alcoholismo de su madre le obsesionan, sin embargo, estos no son los únicos problemas de Mark pues antiguas y nuevas amenazas se preparan para comprobar si realmente es tan Invencible como presume.

 Tras el nivel de intensidad y las revelaciones de las anteriores entregas, la serie entra en un período de calma aparente en la que Kirkman con mimo va desarrollando y continuando las numerosas subtramas que ha ido abriendo al tiempo que se centra en dotar de profundidad la vida civil de Invencible otorgando algo más de protagonismo a personajes como Amber,  William o la madre de Mark. Ello no quiere decir que la serie pierda interés en el plano netamente superheroico pues Kirkman plantea a su ritmo tramas que eclosionarán en futuras entregas. 

 Kirkman da soluciones coherentes a los problemas que se enfrentaría un joven superhéroe sin forzar las situaciones como hemos visto en tantas ocasiones. Esa ausencia de  artificiosidad a la hora de reflejar las reacciones del personaje ante sus problemas es lo que hace grande la serie y humaniza al personaje principal. ¿Es lógico que un chaval joven huya del alcoholismo de su madre y le cuente a su novia o a su mejor amigo que es un superhéroe? Por supuesto que sí.  

Kirkman juega con las convenciones del género y les saca su máximo partido no solo se limita a usarlas con sabiduría en el curso de la historia que está desarrollando en la serie sino que además reflexiona desde el humor como se han sobredimensionado y forzado en otras épocas esas mismas fórmulas. Por otro lado, en el aspecto superheroico las historias y los personajes son prototípicos, pero el guionista da rienda suelta a su imaginación para dar cabida en la serie a todo tipo de amenazas y personajes abarcando toda la amplitud de posibilidades que el género permite – villanos urbanos, genios locos, zombis, genios interdimensionales o amenazas extraterrestres- con lo que el elenco de supervillanos de Invencible en apenas 24 números nada tiene que envidiar al de creaciones mucho más longevas.

En el aspecto gráfico, tras la marcha del padre gráfico de la serie Cory Walker, su sustituto Ryan Ottley demuestra ser un relevo de garantías capaz de mimetizar el estilo elegante de líneas alargadas y finas de Walker al tiempo que le dota de una mayor fuerza y espectacularidad a sus composiciones (y lo que es importantísimo en la industría de los cómics, cumple con las entregas). Creo que la serie sale ganando con el cambio.

En fin, lo mejor de “Invencible” está aun por llegar pero para ello hay que pasar –y disfrutar- de estos números. Ojalá en 2013 desde Aleta/Dolmen le metan caña a la serie y aparte de seguir publicando integrales hagan algo para recuperar el considerable retraso que han acumulado respecto a la serie norteamericana.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

“The Pro: La Profesional”, de Garth Ennis, Amanda Conner y Jimmy Palmiotti




Esta tarde repasando viejos cómics –bueno, no tan viejos- ha vuelto a caer en mis manos “The Pro: La Profesional” esta curiosa sátira publicada hace años por Aleta/Recerca y que Ennis y Conner, publicaron dando su contenido difícilmente encajable dentro del mainstream más formulaico en la independiente Image. Una obra en la que tras la satira esperpéntica y cafre que tanto gusta a Ennis hace una interesante reflexión en torno al género y su propio posicionamiento respecto al mismo.

La historia nos cuenta cómo una chica de la calle que se dedica a hacer mamadas para sacar adelante a su bebé es convertida por los azares de unos alienígenas curiosos en una superheroina. La tipa, que es vulgar y chabacana como ella sola, acaba enrolada en un supergrupo la Liga del Honor por la pasta, pero no acabará de encajar ya que sus modales y terrenales inquietudes chocarán con los altos ideales y las formas estiradas de los miembros del grupo. Sin embargo, en el momento clave, La Profesional acabará comportándose como toda una superheroina.

En una lectura rápida “The Pro” no va más allá de la mera sátira superficial y salvaje al género superheroico que tanto disgusta a Ennis. Sin embargo, bajo esa patina de humor facilón y machista que tanto mola a sus seguidores, el guionista deja entrever más de una interesante reflexión en torno al género superheroico exponiendo los motivos de su disgusto.

En el fondo, “The Pro” es la enésima vuelta de tuerca en torno al mito de Pigmalión en el que unos moralistas superhéroes émulos de los más icónicos miembros de la Liga de la Justicia de América de DC intentan llevar por el camino recto a la descarriada prostituta lo que da lugar a situaciones de lo más cafre y excesivas propias del humor grueso que tan bien practica Ennis.

A pesar de ello y más allá de su superficie chabacana, infantil y excesiva que puede provocar el rechazo inicial, “The Pro” es uno de los mejores trabajos de Ennis  Un tebeo en el que sin ser Bernard Shaw ni George Cukor, plantea con lucidez los contrastes entre los problemas “reales” de la protagonista frente a la fantasía ideal y edulcorada de los icónicos superhéroes, poniendo incluso en  boca de aquella buena parte de las razones por las que el autor desprecia el género. Este planteamiento antitético entre realidad y fantasía como fuente de situaciones cómicas, violentas y extremas sería la base que años más tarde Millar explotaría en su aclamada “Kick-Ass”.

También resulta curioso comprobar como, a pesar de ese desprecio continuo y el humor gamberro e infantil general de la obra, Ennis conoce perfectamente los engranajes del género superheroico y sus personajes más icónicos a los que satiriza plasmando con acierto versiones chuscas de algunos de los más reconocibles a los que hace objeto de su escarnio descarnado. Sin embargo, y a pesar de toda su pretendida radicalidad, en el fondo Ennis no se atreve en el desenlace de la obra de transgredir las convenciones que crítica,  convirtiendo finalmente a la antiheroina protagonista en una auténtica heroína, lo que en buena medida pone en enteredicho toda su crítica anterior.

En el aspecto gráfico, Amanda Conner realiza un gran trabajo imprimiendo el toque caricaturesco que la obra precisa y reflejando con acierto los gags chuscos y suavizando la violencia extrema que Ennis prodiga y reflejando con acierto  las esperpénticas versiones de los héroes DC que satiriza.

Sin ser tan salvajemente demolera y desprejuiciada como “Marshall Law” ni tan reiterativa como la versión extendida que el mismo Ennis ha realizado años después en “The Boys”, “The Pro” es una obra original que de un modo ingenioso e inteligente introduce una crítica perspicaz a algunas de las principales convenciones del género superheroico desde un saludable planteamiento cómico aunque, en mi opinión, parte de su brillantez se difumina en los tics y tópicos de los que tanto abusa Ennis cuando se desata. A pesar de todo, “The Pro” es un cómic lo suficientemente interesante como para merecer una segunda relectura. 

martes, 4 de diciembre de 2012

“Hágase el caos: Umbra”, de Felipe Hernández Cava y Bartolomé Seguí.




Tras hacerse demasiado de rogar, por fin nos llega la conclusión de “Hágase el caos”, el cómic de espías que los premiados  Felipe Hernández Cava (guionista) y Bartolomé Seguí (dibujante) acaban de publicar a través de Norma Editorial (en España) y Dargaud (en Francia), tras la excelente “Las Serpientes Ciegas” y, de cuya primera parte, “Lux” ya escribí algo por aquí.
Retomando la historia allí donde se interrumpiera en “Lux”, Alex y Vanesa se trasladan a Mallorca haciéndose pasar por un matrimonio para investigar la identidad de la persona que le mandaba las misteriosas postales a la fallecida madre de Alex. Sin embargo, en Mallorca cada nuevo descubrimiento les conducirá a un nuevo misterio en torno a la muerte de la madre de Alex y las distintas facciones enfrentadas en torno a la creación del nuevo estado de Yugoslavia.
Tras leer “Umbra” –recomiendo releer de nuevo la primera parte del díptico “Lux” antes de afrontar su lectura- uno no puede dejar de rendirse ante la elaborada trama de espionaje que el estupendamente avenido dúo de creadores ha pergeñado y que nada tiene que envidiar a los clásicos de Simenon o Greene que toman como referentes. Como si de una matrioska rusa se tratase, la trama enlaza a la perfección el oscuro pasado del protagonista Alex con la descripción del complejo juego de fuerzas e intereses contrapuestos que desembocaron en la creación de Yugoslavia, un estado artificial en un territorio conflictivo que siempre ha sido objeto de luchas externas e internas.
El trabajo de documentación se me antoja enorme no solo para entender y sintetizar todo el contexto histórico al que se refiere la obra sino además para hilvanarlo hábilmente en la trama sin caer en el excesivo didactismo sino poniéndolo al servicio de la historia hasta concluir dando sentido a la larga elipsis con la que se inicia “Lux”. Como ya ocurriera en “Las Serpientes Ciegas”, la historia se centra en mostrar a unos personajes derrotados y atormentados víctimas de un juego de poder en el que no han elegido participar y que acaba separándolos sin que en ningún caso los avances que el protagonista Alex realiza aclaren las cosas sino que aportan nuevas sombras respecto a los ambiguos bandos que se enfrentan y su dudosa moralidad. Sin embargo, en esta ocasión, a modo de epílogo, los autores añaden una tregua a los personajes ofreciéndoles una salida airosa al cabo de los años en un final abierto evocador del “Bel Morir” de Álvaro Mutis.
 
A pesar de las influencias literarias que sobrevuelan la obra, estamos ante un cómic perfectamente engarzado y en el que se ha documentado al máximo la descripción de los lugares –impresionante su retrato de la lluviosa Mallorca invernal de posguerra refugio de espías y exiliados - y los personajes retratados con maestría por un Bartolomé Seguí a los que ha caracterizado con un ligero toque de familiaridad cercano a modelos cinematográficos imperecederos como Spencer Tracy, Lauren Bacall o Edward G. Robinson. Seguí cuida hasta el último detalle la presentación de cada detalle y es único en  la creación de atmósferas hitchcockianas absorbentes, contenidas e íntimas que atrapan al lector y le impiden abandonar la lectura hasta la última página.
En fin, “Umbra” es un colofón redondo, triste y hermoso a este estupendo díptico que es “Hágase el caos”, un gran cómic que me da la sensación que por el clasicismo de su propuesta está pasando excesivamente desapercibido. No importa, lo clásico está llamado a perdurar y resistir las modas. Un tebeo excelente.

lunes, 3 de diciembre de 2012

“Parker 3: El Golpe”, de Darwyn Cooke.




Astiberri publica “El Golpe”, la tercera entrega de las adaptaciones al cómic -de las anteriores ya os comenté aquí y aquí-  que el canadiense Darwin Cooke viene realizando de las novelas del prolífico Donald Westlake (Richard Stark, para los amigos) protagonizadas por Parker, su personaje más emblemático.
En esta nueva entrega, a Parker le proponen abandonar su retiro dorado en Miami para dar un arriesgado golpe a toda una ciudad minera a instancias de un aficionado. Parker, que no se fía del soplón, ve el atraco múltiple como un auténtico desafío profesional a la altura de su legendaria reputación en el mundo del crimen y, a pesar de no tenerlas todas consigo, acepta organizar toda la operación, perfilando la huida y reclutando a los delincuentes profesionales que harán falta para llevar a cabo el atraco. Sin embargo, cuando tras la minuciosa preparación todo parecía ir bien las cosas acaban por torcerse de la manera más inesperada.

Alain Cavalier en 1967, al adaptar al cine la novela de Westlake bajo el título “Saqueo en la Ciudad”, realizó un primoroso ejercicio de estilo incorporando a los ritmos pausados del polar francés la intensidad cruda de la novela de Westlake que Cooke ha intentando imitar, desde su propia identidad autoral y aprovechando los hallazgos de las dos primeras adaptaciones, en su adaptación al cómic de  El golpe”.Sin embargo, los ritmos del género negro en lo literario y cinematográfico son distintos que los del cómic y la historia de Cooke impecable en lo formal – partiendo de la base de un evocador bitono que en cada entrega modifica, combinando el negro con otro color, en este caso el amarillo, que le otorga a cada una de las entregas su propia identidad gráfica-,  en lo narrativo va perdiendo fuelle conforme avanza para desembocar en un desenlace soso y anticlimático en parte debido a la propia frialdad intrínseca al estilo minimalista, preciosista y retro de Cooke y en parte a su decisión autoral de regodearse la descripción de los elementos psicológicos y organizativos de la trama, sintetizando en demasía el meollo oscuro y sucio de la obra de Westlake.

De este modo, “El Golpe” de Cooke va de más a menos, con un impresionante capítulo inicial en el que el autor logra transmitir la fuerza del relato y de su carismático protagonista con una narración gráfica carente de texto en la que la escenificación impresionista y las elegantes soluciones gráficas se combinan con acierto para reflejar la crudeza del protagonista y el ambiente furtivo en el que se mueve. 

El magnífico arranque eisneriano se va difuminando conforme la obra avanza organizada en cuatro libros o capítulos. Así,  tras el alistamiento de Parker y la organización del golpe – muy divertida la broma-homenaje para entendidos de Cooke al usar las facciones de algunos de sus amigos y colegas (Steranko, Cho, Noto, etc.…) para caracterizar a algunos de los compinches de Parker-  se pasa a la ejecución y la huida usando la secuencia temporal para remarcar el paso del tiempo. Sin embargo, la obra de un planteamiento en los capítulos iniciales con un protagonista definido (Parker) pasa a una coralidad de voces conforme Cooke incorpora más personajes a la historia que la torna más confusa,  llegando a la ruptura definitiva con la anticlimatica plasmación de las ensoñaciones introspectivas de Grofield, uno de los cómplices de Parker, que acaba por poner en peligro todo el plan y precipita y desvirtua la descripción del fiasco final.
 A pesar que el resultado está lejos de resultar redondo sobre todo porque en mi opinión hubiera requerido de una mayor extensión, “El Golpe” se lee con agrado y se disfruta gracias a la excelente labor gráfica de Cooke, un magnífico dibujante, aunque a mí entender una vez más fracasa a la hora de adaptar la esencia dura y descarnada de la obra original, resultado su traslación un ejercicio de estilo más efectista que efectivo que da como resultado un estupendo cómic pero una mediocre adaptación. Veremos si a la cuarta va la vencida.

domingo, 2 de diciembre de 2012

A Serge Clerc le gustan The Fleshtones.



Sin duda Serge Clerc, a pesar de ser un autor bastante ignorado en España (solo se publicó hace décadas un álbum titulado “La noche de Mocambo"), ha sido uno de los grandes renovadores de la línea clara en los setenta desde sus publicaciones en “Metal Hurlant” con la creación de personajes como Phil Perfect y Sam Bronx.

Sin embargo, es menos conocida su estrecha relación con el mundillo de la música ilustrando durante años revistas especializadas como "Rock'n'Folk" y "New Musical Express”. Fruto de esta relación, llegaron los encargos para las portadas de numerosos discos entre las que destaca la que realizó para la banda The Fleshtones.

The Fleshtones se formó en los setenta en Nueva York y liderados por Peter Zaremba no han dejado de practicar hasta el momento un divertido garage rock siendo una de las bandas emblemáticas de este género. en 1985  The Fleshtones viajaron a París y de una serie de actuaciones en el Gibas Club surgió “Speed Connection” su primer álbum en directo para el que Clerc realizó la magnífica portada.

Os dejo uno de sus temas más populares “I was a teenager zombie” que el grupo grabó en 1987 para la película homónima.

sábado, 1 de diciembre de 2012

Manuel “Spain” Rodriguez (1940-2012)




 El día 28 falleció Manuel “Spain” Rodríguez, figura clave de la escena del cómic “underground” junto a los Crumb, Shelton y demás en los años sesenta.


De padre español y madre italiana, Spain Rodriguez nació en Buffalo y estudió en Nueva York. De firmes ideas progresistas, Spain fue cofundador en 1975 el United Cartoon Workers of America y en sus obras siempre insuflo su ideología contestataria y crítica. En ese sentido, destaca la creación de Trashman, un superhéroe de la clase trabajadora que en unos  distopicos Estados Unidos posnucleares se enfrenta a la policía fascista, y su último trabajo una biografía de Che Guevara, “Che: una biografía gráfica”.

Su producción se ha publicado fundamentalmente en las principales publicaciones underground, “Zap Comix”, “Arcade”, “Tales from the Leather Nun” o “San Francisco Comic Book” o  el “American Splendor” de Pekar y, en los últimos tiempos, su trabajo ha sido recopilado en títulos como “Thrasman Lives! The Collected Stories from 1968 to 1985” , “Trashman Lives!”, “Cruisin’ with the Hound: The Life and Times of Fred Toote”.

Entre el resto de su obra también destacan trabajos como “Nightmare Alley”, adaptación de la novela de William Lindsey Graham,You Are a Spiritual Being Having a Human Experience”, “Alien Apocalypse”, “My True Store”, “She: Anthology of Big Bitch” y “The Inheritance of Rufus Griswold”.

La mayor parte de su obra está todavía inédita en España y no sería mala idea que alguna editorial – sí, estoy pensando en La Cúpula- retomara su publicación.


D.E.P.

viernes, 30 de noviembre de 2012

“Legión”, de Salvador Sanz.




En los comentarios a la entrada de “Angela della Morte” me enteré que existen en España otras obras publicadas de Salvador Sanz uno de los más firmes valores del siempre interesante cómic argentino y, gracias a ello, llegué hasta “Legión”, un curioso cómic de terror publicado en 2006 en España por Ivrea.

A partir de la combinación de una serie de sorprendentes manifestaciones artísticas –el descubrimiento de un nuevo color, una escultura misteriosa y una canción que sume en trance a su compositor- se desencadena en Buenos Aires una lluvia de sangre que se convierte en la primera señal del advenimiento del Apocalipsis pues las puertas del Infierno se abren a una legión de demonios que asola la ciudad.

Salvador Sanz es un autor con una interesante apuesta de los géneros y una ecléctica influencia en su estilo de dibujo marcado por dibujantes como Corben o Gulacy cuya técnica ha asimilado para desarrollar una personalidad propia y desarrollar en “Legión” una obra ecléctica, sutil y ambiciosa.

De este modo, en “Legión” Sanz da una vuelta de tuerca al planteamiento inicial de “El Eternauta”  o "666/999" para construir una historia apocalíptica en la que Buenos Aires es invadido por unos demonios desatados por unos artistas previa inundación en una lluvia de sangre. No estaría mal simplemente ese planteamiento pero Sanz es un autor ambicioso y busca ir más allá de la superficie de la historia para dotar a “Legión” de una mayor amplitud de miras usando el planteamiento de género para hilvanar una metáfora en torno a la creación artística entendida esta como una fuerza destructora que arrasa no tanto a la propia persona del artista –tema este tratado muchas veces- sino a su realidad.

Como ya me pareció en “Angela della Morte”, Sanz gusta de mantener un posicionamiento ambiguo y no expone claramente sus interesantes ideas dejando estas a la reflexión del lector. Ello puede deberse seguramente a la propia voluntad del autor de sugerir antes que confirmar sus tesis o, en este caso, a  un problema de extensión que se percibe especialmente en el desarrollo y la interactuación de unos protagonistas con los que es difícil empatizar obligando al lector a mantener un constante distanciamiento respecto a lo narrado.

Es el elegante dibujo de Sanz y el impacto visual con que sabe presentar la historia y los interesantes recursos narrativos que incorpora como el tratamiento del color en una historia narrada básicamente en tonalidades grises haciendo hincapié en el daltonismo del protagonista, y en la mediocridad de nuestra realidad cotidiana lo mejor de la obra. Por otro lado, al igual que maestros del manga de terror como Mauro o Ito, otorga a su tratamiento de la violencia más escabrosa y escatológica una elegancia formal que invita al voyeurismo del lector fascinado ante el juego de destrucción que se le propone. Sanz recurre a una imaginería propia y original que inserta en la realidad cotidiana lo que no quita que al mismo tiempo nos resulte cercana y familiar contando entre sus referentes más obvios la obra literaria de Lovecraft o Baker o las películas de Cronemberg y haciendo que muchas situaciones del tebeo nos recuerden a películas de género más o menos  contemporáneas.

En fin, “Legión” es un cómic interesante, una propuesta de género elegante, sofisticada e inteligente que no se limita a entretener sino busca la reflexión del lector más allá de la historia narrada y confirma a Sanz como un autor al que seguir la pista.

jueves, 29 de noviembre de 2012

“Pudridero”, de Johnny Ryan.




De la colaboración de dos pequeñas editoriales, Entrecomics Comics y Fulgencio Pimentel, se ha iniciado la publicación en España del “Pudridero” Prison Pit- de Johnny Ryan en una cuidada edición en formato libro que recoge las dos primeras entregas de la serie original norteamericana de las cuatro publicadas hasta el momento. Tras su lectura, uno no puede dejar de preguntarse si la cuidada edición justifica el contenido y si en busca de la legitimación del cómic de autor y la dignificación de estos no se está pervirtiendo el concepto de alternativo con el que sus autores y editores gustan de etiquetarse y se está confundiendo a un lector que antes tenía en los formatos una pista de la calidad y el tipo de material que podía encontrar. Una pregunta que seguramente seguirá quedando en el aire.

Centrándonos en la obra, “Pudridero” es un cómic burro que viene a contar como su protagonista conocido como Carantigua es soltado en un erial habitado por todo tipo de berracos a cuál más cafre y bestia con los que se enfrenta a muerte en una lucha constante por la supervivencia.

Ni más ni menos, esa es toda la historia. Por el título original, “Prison Pit”, podemos deducir además que los monstruos que habitan este hoyo prisión han acabado prisioneros por infringir alguna ley, pero Johnny Ryan no se preocupa en dar más detalles al respecto y solo se centra en regodearse en las peleas a cuál más escatológica y cafre que su protagonista – que moralmente no se diferencia en nada de sus contrincantes- entabla.

Con este argumento tan poco elaborado y más propio de los storyboards de algún videojuego de luchas o de un anime japonés, Ryan monta un cómic tan entretenido como lineal. Es ese espíritu gamberro e infantil quizás lo que más enganche al lector advertido de lo que tiene entre manos, pero a buen seguro al mismo tiempo alejará a los curiosos más conservadores que pensarán con cierta razón que están ante una tomadura de pelo si simplemente confiaron en la calidad del formato.

Para disfrutar de “Pudridero” hay que dejar de lado los prejuicios y aceptar con mente abierta la enigmática broma propuesta por Ryan para buscarle un sentido más allá del evidente y hacer de las propias reinterpretaciones (y por tanto justificaciones) de la historia uno de sus mayores alicientes. En ese sentido, “Pudridero” es tan simple que hace a todo y todo le vale, casi cualquier interpretación o crítica es aceptable y asumible permitiendo a cualquier lector, más allá de su conocimiento previo, montarse la película que quiera en torno a una historia que intrínsecamente no va a más allá de intentar entretener desde un planteamiento de Ciencia Ficción extrema. Incluso quién quiera podrá entenderla como una reacción (o un homenaje) a los cómics mainstream  del manga más comercial al género de superhéroes-  que repiten inalterables las mismas fórmulas, sin caer en el artificio de un dibujo preciosista que busque agradar al lector.
Ello podría explicar la discutible calidad del dibujo, propio de un nivel de primaria avanzada, y la intencionalidad de Ryan de aunar a lo rudimentario del contenido una forma similar. Es probable, pero no hay que olvidar, si conocemos su producción anterior, que Ryan no es un dibujante de técnica exquisita (véase su contribución a "Relatos Extraños" o "Juventud Cabreada") y que, probablemente, no dé para mucho más, habiendo encontrado en los contenidos alternativos y provocadores su nicho de mercado.

Si por algo destaca “Pudridero” es por su narración adictiva a partir de una composición de cuatro viñetas por página  que se mantiene durante la mayor parte de la obra y la dota de un efecto similar al scroll de las máquinas de videojuegos ochenteras. Como esas máquinas tipo “Guriano” o “Trojan”, en “Pudridero” el lector va pasando las páginas preso de la malsana curiosidad voyeurista de saber qué nueva guarrada se le ha ocurrido al autor en la siguiente página y a que nuevo bicho se enfrentará Carantigua. Ryan saca el máximo partido de este recurso y a partir del mismo construye una historia en la que el escaso y rudimentario diálogo entre los personajes tiene más una función enfatizadota y onomatopéyica  que informativa, situándose en la línea de autores como Jason o Woodring sustituyendo los elementos antropomorfos por la estética gore y sadomaso de sus monstruitos y con la diferencia que la historia planteada no tiene hasta el momento fin, inmerso Carantigua en un combate tras otro, como si de un mal anime se tratara, hasta que Ryan se aburra.

En fin, “Pudridero” hasta el momento no es más ni menos que esto y seguramente Ryan a diferencia de los Burns, Hernandez o Clowes no es un autor que de momento haya demostrado una calidad autoral que justifique su salida  del circuito de los fanzines y lo alternativo en los que realmente su obra encuentra su acomodo natural. Sin embargo, merced a la confusión de los tiempos ha hecho de su obra en general y de su “Pudridero” en particular objeto de culto, obteniendo un soporte superior a su contenido e influyendo en autores y obras que sí han demostrado una mayor calidad (“Las aventuras de un oficinista japonésde José Domingo, por ejemplo). Que cada cuál decida por si mismo y con base sobre la que opinar si realmente le merece la pena dejarse caer en este “Pudridero”.