miércoles, 28 de noviembre de 2012

Embryo 3 ya está disponible.



Me comunican los amigos Maese ABL y Wolfville que el tercer número de “Embryo”, el único ezine español dedicado exclusivamente a glosar y analizar la figura y obra de Alan Moore, ya está disponible.

En esta ocasión, el número se centra exclusivamente en el tratamiento del terror en la obra de Moore e incluye un texto que escribí hace algún tiempo sobre “From Hell”.

Para leerlo y descargarlo desde aquí. Aprovechad que es gratis.

“Holy Terror: Terror Sagrado”, de Frank Miller.




Holy Terror”, publicado por Norma hace unos meses en España, es el más último y más polémico cómic del siempre controvertido Frank Miller en el que ha abordado el tema del terrorismo islámico en clave superheroica desde su personalísimo estilo.

Batma…(perdón, The Fixer) y Catwo.. (upps, Natalie Stacks) pelean y retozan por los tejados de Empire City cuando empiezan a estallar bombas a diestro y siniestro en los puntos más emblemáticos de la ciudad en lo que parece un atentado de envergadura y sincronizado por un grupo terrorista. The Fixer y Natalie se enfrentarán entonces a los terroristas suicidas para evitar que estos den el golpe final que acabe con toda la ciudad.

“Holy Terror” es un proyecto largamente planeado por Miller y varias veces aplazado de una historia que inicialmente iba a enfrentar a Batman contra Al Qaeda. Sin embargo, en DC se echaron para atrás y Miller siguió adelante con el proyecto que germinó en este tebeo irregular y confuso en el que se equivoca en igualar en lo moral a sus superhéroes con los terroristas al hacer que unos y otros usen los mismos métodos.

En “Holy Terror”, Miller plantea un tebeo brutal y poco elaborado en el que, sin embargo, no todo son desaciertos. La confusión narrativa de la historia seguramente busca transmitir la confusión que se vive tras un atentado de esa envergadura,  en el único texto de más de tres líneas Miller deja caer una sutil autocrítica  a su Nueva Y…(que no, a Empire City) o procura en pequeñas viñetas dar rostro a las víctimas igualando a las de uno y otro bando .

Sin embargo, más allá del uso curioso de algunos recursos, el tebeo deambula hacia ninguna parte debido a la endeblez de una trama rudimentaria que Miller no se molesta en desarrollar fascinado exclusivamente por la plasmación gratuita de todo tipo de macarradas, brutalidades y violencia panfletaria y superficial y dejando a los escasos personajes esbozados en un segundo plano, referenciados a sus modelos icónicos (Batman, Catwoman, El Comisario Gordon) los “buenos” y caricaturizados los “malos” . Quizás el personaje más original y atractivo visualmente –el agente judío con una estrella de David tatuada en la cara- sea precisamente el que más miedo dé ya uno no puede sentir un escalofrío al pensar que el amigo es el mentor del protagonista, en lo que no deja de ser una nueva bravuconada por parte de Miller.

En el aspecto formal, aparte de lo ya mencionado, poco hay de novedoso y salvable en este refrito que es “Holy Terror”. Miller indaga en un blanco y negro impresionista y feísta al que salpica con escasas notas de color, tal y como hiciera en “Sin City” mientras que la historia y los personajes no dejan de ser una caricatura descarnada y esperpéntica de lo que ya mostrará hace tantos años en la magnífica “El Regreso del Caballero Oscuro”. También es la obra en la que la influencia de José Múñoz resulta más evidente, aunque el resultado no pueda ser más divergente en cuanto a planteamiento, ideología  y contenidos al de la obra del genial dibujante argentino.

En fin, más allá de las ideas, respetables o no, que pueda tener cada uno y los medios  que derroche para expresarlas lo que me parece más preocupante de “Holy Terror” es la involución y dejadez  que muestra Miller como autor de cómics solo explicable si pensamos que él ya tiene sus miras puestas en otros temas, Y es que este paseo provocador, caricaturesco, esperpéntico y deforme por su lado oscuro que es “Holy Terror” seguramente sobraba.

martes, 27 de noviembre de 2012

“Lobezno y la Patrulla X”, de Jason Aaron, Nick Bachalo y Nick Bradshaw.



Tras el erial dejado por Claremont y los brotes verdes que alimentó Morrison poco de interés me suscitaba desde hace años la franquicia mutante –si exceptuamos el trabajo de Peter David en “Factor X”- hasta que ha llegado el bueno de Jason Aaron para sorprender a propios y extraños con este nuevo título en el que el autor de “Scalped” –que hasta el momento en su aventura en Marvel no había acabado de convencerme- se ha desatado. Leídos los seis números publicados hasta el momento por Panini, que recogen los once primeros de la numeración yanqu,i puedo decir que este “Lobezno y la Patrulla X” es uno de los tebeos de superhéroes más divertidos que he leído en los últimos tiempos y eso se debe fundamentalmente al buen hacer de Aaron y sus dibujantes.

Los antecedentes: Lobezno se desvincula de Cíclope y de su Utopía para retomar el proyecto original de Xavier para lo que  funda una nueva Escuela para mutantes –Instituto Jean Grey de Enseñanza Superior-  junto a algunos viejos compañeros de la Patrulla X  en la que mantener a salvo y educar a los jóvenes mutantes. Sin embargo, los tiempos han cambiado y sus variopintos pupilos son más difíciles de controlar de lo que lo fueron los de Xavier en su día.

Si buena parte del éxito de “La Patrulla X” se debió en sus orígenes a ser capaz de encandilar al fandom por ofrecer un supergrupo de parias con poderes que vivían todo tipo de aventuras con el que los jóvenes adolescentes podían fácilmente identificarse, Aaron ha sabido reformular ese concepto con originalidad y ofrecer un tebeo enormemente divertido e inteligente que hace de la parodia y la autoreferencia fuente de nuevas historias adaptándola al gusto de la resabiada chavalería moderna que ve en los profesores más que un modelo a imitar la mayoría de las ocasiones en victimas propiciatorias a las que martirizar.

Aaron conoce a la perfección el género de superhéroes y se le nota empapado en las particularidades y la historia de los mutantes y formula una serie que antes de caer en el melodrama apolillado con el que nos han castigado los clones de Claremont en las últimas décadas apuesta por un tono jovial y cómico que tiene sus referentes directos en la “Justice League”, de Keith Giffen y J.M. DeMatteis, y en “The UmbrellaAcademy”, de Gerard Way y Gabriel Bá con lo que curiosamente cierra un círculo pues esta última serie bebe directamente del Universo Mutante . De la primera, Aaron toma su espíritu iconoclasta y su sentido del humor mientras que de la segunda su cuidada estética moderna y ritmo trepidante que no da pie al lector más reflexivo a pararse a pensar demasiado sobre sus fantasiosas premisas, Sin embargo, no son estas las únicas fuentes que hasta el momento ha tomado el equipo creativo sino que no ha tenido empacho de coquetear con mangas como “Dragon Ball” de Toriyama. Aaron reformula asimismo conceptos clásicos como El Club Fuego Infernal, Krakoa o El Nido –por no hablar de su visión de personajes tan señeros como el Ángel o El Hombre de Hielo - para adaptarlos a su nueva propuesta.

Aaron no solo ha sabido sorprender con las ingeniosas tramas iniciales de la inauguración de la escuela o el embarazo de Kitty sino que además ha sabido articular la incorporación de la serie al dichoso megaevento de turno (Los Vengadores vs La Patrulla X) para que no incida negativamente en el tono ni el ritmo de la serie quizás debido en parte por ser uno de los guionistas encargados de montar todo el tinglado.

No hay que olvidar a la hora de buscar culpables del atractivo de esta serie en la pareja de dibujantes con los que cuenta, cuyos estilos  antagónicos cuadran perfectamente con la serie. Bachalo es un dibujante  canadiense obsesionado con el Horror Vacui y directamente en la línea de dibujantes tan geniales como poco ortodoxos como los Simon Bisley, Bill Sinekiewicz  o Kevin O’Neill y hace del feismo un arte que se contrapone y complementa con el academicismo de un Bradshaw que aguanta el tipo en los arcos que le toca dibujar poniendo orden en el caos ordenado de Bachalo.

 “Lobezno y La Patrulla X” es la serie más emocionante, innovadora y sugerente que ha surgido de Marvel en mucho tiempo y confirma que al talento de Jason Aaron como  guionista de tebeos de momento no se le ve el límite. No deja de ser una buena noticia. Seguiremos informando.

viernes, 23 de noviembre de 2012

“El Universo DC de Alan Moore (3): La Broma Asesina”, de Alan Moore y Brian Bolland.



Acabo hoy el comentario en tres partes de los contenidos del indispensable tomo publicado por ECCElUniverso DC de Alan Moore” centrándome en la obra que, para mí, por sí misma justificaría la compra del tomo: la magnífica “La Broma Asesina”. Publicada en 1988, no en 1986 como señala el índice del tomo, fuera de continuidad siguiendo la moda del formato prestigio  marcaría un punto de inflexión en la historia del Hombre Murciélago que se ha mantenido inalterable hasta el NuDC y es el último trabajo original que Moore realizó para esta compañía, ya que la edición norteamericana de “V de Vendetta” es de 1989.

En “La Broma Asesina”, Moore revisa el clásico enfrentamiento de Batman con su archienemigo el Joker tras fugarse este del psiquiátrico de Arkham. El Joker para provocar a Batman deja lisiada a Babs Gordon – sin saber que la hija del comisario Gordon es la superheroina Batgirl-  y rapta al Comisario para provocar a Batman convirtiéndolo en la principal atracción de su parque de atracciones. Batman perseguirá al Joker para vengar a Barbara, liberar a Gordon y resolver su duelo particular.

Publicada un año después de la finalización de “Watchmen”, Moore emplea de nuevo con acierto en “La Broma Asesina” buena parte de los recursos narrativos que convierten aquella en una obra maestra para analizar la particular relación que une a Batman y al Joker. De este modo, como “Watchmen”, “La Broma Asesina” tiene una estructura cerrada y elípitica en la que el fin encadena  el reinicio de la historia y Moore eleva el enfrentamiento entre ambos personajes a la condición de  conflicto eterno e irresoluble en el que los personajes, como actores de la fatalidad, asumen sus papeles antagónicos y complementarios dentro de un drama que ellos no eligieron protagonizar. Ello explicaría en buena parte el final anticlimático y extraño de la obra, con los dos personajes protagonistas riendo un mal chiste al tiempo que es una de las muchas bromas pesadas (Killing Joke en inglés) que Moore incorpora a la obra.

Utilizando un exquisito trabajo de transiciones y elipsis, Moore sondea la personalidad de los dos personajes principales en un cuidado estudio de la locura en el que constantemente se empeña, desde el inicio con la visita de Batman al Joker en el psiquiátrico, en avisar que nada es lo que parece a simple vista en esta historia y el lector debe cuidarse mucho de no perder atención a ningún retazo de información, pues Moore hace de la intertextualidad y la compenetración entre texto y dibujo un arte que pocas veces había alcanzado cotas tan elevadas dentro del género, cuidando al detalle la planificación de todos los elementos de la obra.

Por tanto, más allá de la aventura en sí misma, subyace la reflexión sobre la relación simbiótica entre Batman y el Joker, dos locos (Había una vez dos tipos en un manicomio… es el mantra que se repite una y otra vez)  que tienen más en común de lo que parece. Moore para colocar en el mismo plano la salud mental del bueno y del malo incorpora como una subtrama engarzada maravillosamente con la historia principal el origen del Joker, explicándolo de tal modo  que su condición de loco irredento tenga un punto trágico que en cierto modo lo humaniza ante un lector que puede llegar incluso a empatizar con él a pesar de protagonizar las mayores barrabasadas y hacerle sospechar que el Joker en su locura guarda un punto de cordura que la hace incluso más terrible y la equipara  a la de Batman. Desde la misma portada, Moore invita tanto a los personajes como al lector a romper la cuarta pared convirtiendo la lluvia y las imágenes reflejadas en otro de los elementos constantes a lo largo de toda la historia.

 Casi todas estas ideas en torno a la locura,  fueron planteadas posteriormente  por Moore en Barro Mortaly tampoco se corta en volver a usar elementos como el ataque al héroe a través de sus debilidades -sus seres queridos- como ya hicera en "¿Qué fue del hombre del mañana?" o inspirarse en el universo obsesivo del "Eraserhead" de David Lynch. Sin embargo, esa historia no cuenta con el brillante acabado de “La Broma Asesina” en la que el magnífico Brian Bolland realiza uno de los mejores trabajos. Se puede polemizar subjetivamente sobre si el viejo coloreado del original y la Edición Zinco  es mejor o peor  que el actual - que es el que maneja esta última edición de ECC y ha realizado el propio Bolland -  pero objetivamente no es un detalle que merme significativamente la calidad indiscutible de la obra y la labor del dibujante captando este perfectamente la esencia del que, para mí, es el Joker definitivo.

En definitiva, “La Broma Asesina” es uno de los mejores cómics de superhéroes que ha dado el género y una de las mejores historias protagonizadas por Batman. Una obra inteligente, adulta y sutil que saca el máximo partido de los recursos propios del cómic y que dudo mucho pueda adaptarse con la misma eficacia a otros medios. Celebrémosla como se merece.

jueves, 22 de noviembre de 2012

“El Universo DC de Alan Moore (2): Las Historias de Superman”, de Alan Moore y VVAA.





Siguiendo con el repaso  iniciado ayer del volumen “El Universo DC de Alan Moore” toca comentar las tres historias de Superman realizadas por Moore que se me antojan tienen una importancia capital en la evolución posterior del personaje ya que Moore, de forma decidida, se dedicó a humanizar al hasta el momento todopoderoso Superman de la Edad de Plata mostrando sus debilidades.

En esta terna de historias Moore plantó la semilla al Superman moderno que se desarrollaría a lo largo de las décadas posteriores y que parte de la concepción de Superman como un Dios que se esfuerza por ser un hombre a pesar de su inhumanidad, ideas que el mismo ya había planteado en “Marvelman” (“Miracleman”) y que en cierto modo continuaría desarrollando en “Watchmen” y “Supreme”. Moore estructura las historias de un modo muy convencional aprovechándose de las desgastadas convenciones sobre el personaje para incorporar sus novedosos planteamientos.
 De este modo, en “Para el hombre que lo tenía todo” realizada junto a Dave Gibbons y publicada originalmente en “Superman Annual 11” en 1985,  el día de su cumpleaños Superman es víctima de una planta parasitaria extraterrestre que tiene la propiedad de mostrar lo más deseado por el huésped, la piedad negra, y le deja en un estado catatónico hasta provocar su muerte por inanición. Mientras Superman vive en su mente prisionero de una fantasía acerca de cómo sería su vida en Krypton, en la Fortaleza de la Soledad, Batman, Robin y Wonder Woman intentan sacar a Superman de un letargo que le llevará a la muerte. El éxito de la historia radica en el distanciamiento socarrón con el que Moore se toma la inteligente trama repleta de bromas jugando a ironizar sobre los tópicos pueriles de la Silver Age  - no deja de ser conmovedor ver a los superhéroes acudir a celebrar el cumpleaños de Batman como si de niños se tratasen- al tiempo que plantea con coherencia los anhelos ocultos de Superman, un desterrado en la Tierra, de  llevar una vida convencional en el paraíso perdido de Krypton, aun cuando este no fuese precisamente su soñado mundo ideal y acabara comprobando que tampoco encajaría allí. 
Moore desarrolla “Para el hombre que lo tenía todo la historia en un inteligente planteamiento en paralelo entre las fantasías provocadas por la planta y la realidad naif hasta desembocar en un desenlace convencional en el que Superman es liberado y se enfrenta furioso al supervillano que urdió el plan y le manipuló. Moore juega, durante buena parte de la historia,  a contrastar la "realidad" naif de los superhéroes de la Edad de Plata frente a la dureza del tratamiento de las fantasías de un Kal El convencional que asiste impotente a como en Krypton su propio padre apoya la implantación de un régimen totalitario claramente inspirado en el nacional socialismo alemán.  Las bromas se suceden ante los ojos del lector de la época que veía fascinado al otrora invencible y conervador Superman colocado a su pesar mediante una planta parásita a medio camino de los ultracuerpos de Kauffman y los alien de Ridiley Scott que a su pesar le abre otro plano de conciencia  y veía como  la broma final consistía en que la clave de la victoria de los héroes más carismáticos del panteón de DC  radicaba en el joven e inexperto Jason Todd, por entonces el nuevo Robin, con lo que en cierto modo Moore estaba ya denunciando la ingenuidad de las historias que se venían planteando en décadas anteriores, usando las mismas convenciones que se habían sobreexplotado en años previos. El dibujo de Dave Gibbons es brillante y la compenetración con Moore absoluta con lo que no es de extrañar que fuese el elegido por este para dibujar “Watchmen”. En cierto modo, “Para el hombre que lo tenía todo” supone una auténtica revolución silenciosa en el modo de entender a Superman y uno de los precedentes directos de lo que luego sería “Watchmen”.

La segunda historia es “Los Confines de la Jungla”, publicado en “DC Comics Presents #85”, de ese mismo año, dibujado por Rick Veitch y entintado soberbiamente por el gran Al Williamson. Una historia en la que Moore vuelve a tomar como referente las clásicas historias de EC para presentar a un moribundo Clark Kent que huye al volante sin destino. Conforme avanza la historia, por inteligentes flashbacks, iremos descubriendo que Clark/Superman se ha visto infectado por una planta alienígena procedente de Krypton que llegó en un meteorito y tras provocarle el perder el control de sus poderes lo matará inevitablemente. 

Desesperado, Superman huye en coche para acabar teniendo un accidente en el borde del pantano que habita La Cosa del Pantano quién curará al superhéroe. En esta dramática historia, Moore plantea por primera vez la posibilidad de la mortalidad del todopoderoso Superman por algo tan vulgar como una infección y vemos por primera vez la desesperación del siempre impertérrito personaje ante su segura muerte. No es que la idea sea especialmente original ya que tres años antes Jim Starlin ya había matado al Capitán Marvel de cáncer en la fantástica “La muerte del Capitán Marvel”, sin embargo, la historia atrapa al comprobar lo humanas que son las reacciones de Superman enfrentado realmente por primera vez a su propia muerte. El duo Veitch/Williamson realizan un magnífico trabajo.

La última de las historias de “Superman” de Moore es “¿Qué fue del hombre del mañana?”, publicada originalmente en “Action Comics #583” y “Superman #423” en 1986, en la que esta vez Moore enfrentaba a Superman al mayor de sus miedos, que sus enemigos descubrieran su identidad y le atacasen a través de sus seres queridos. Ideada para ser la última historia de Superman precrisis realmente Moore estaba dando carpetazo a toda una época más ingenua de entender el cómic antes de abrir de una patada la puerta a lo que Grant Morrison ha llamado en “Supergods” la Edad Oscura de los superhéroes. Inteligentemente planteada a través de la narración interpuesta de una Lois Lane madura que explica a un periodista el último combate de Superman antes de morir del que fue la única testigo. Sin embargo, el lector poco a poco,  va comprobando por indicios y la propia narración que los rumores sobre la muerte de Superman eran infundados y Lois no le cuenta todo al periodista ya que Superman mediante un subterfugio ha decidido renunciar a su vida de superhéroe tras haber roto con su regla básica de no matar y llevar una vida ordinaria como un ciudadano anónimo del Medio Oeste norteamericano. En esta historia, Moore acaba de humanizar por completo a Superman haciendo que renuncie a su autoimpuesta obligación de erigirse en paladín de la Tierra abriendo las posibilidades a que en el futuro otros tomasen el relevo y mostrándolo como un ser falible incapaz de mantener su rígido código de conducta. La histora en dos partes fue dibujada magistralmente por Curt Swan apoyado primorosamente por George Perez y concede a Superman y Lois un "happy end"·a la altura de los servicios prestados en épocas anteriores cerrando mediante un hábil recurso de cuarta pared la Edad de Plata de Superman.

En fin, estas tres historias de “Superman” tienen una importancia radical para entender la evolución posterior del concepto de Superman y fueron el broche de oro a la Edad de Plata de los superhéroes. Sin duda, lo mejor estaba todavía por llegar.

Más sobre El Universo DC de Alan Moore, aquí y aquí.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

“El Universo DC de Alan Moore (1)”, de Alan Moore y otros.



 Una obra indispensable para cualquier buen aficionado a los cómics de superhéroes, en general, o a la mastodóntica figura del guionista británico Alan Moore, en particular, se me antoja este interesante volumen publicado por ECC Ediciones en el que se recogen todos los trabajos dispersos de Moore para distintas cabeceras de DC realizados en el período inmediatamente posterior a su larga y exitosa etapa en “La Cosa del Pantano” e inmediatamente previo a las dos indiscutibles obras maestras a las que debe buena parte de su fama, “Watchmen” y “V de Vendetta”.  El interés de este libro precisamente es contar con el resto de la dispersa producción de Moore, incluida la excelente “La Broma Asesina” realizada por Moore con Brian Bolland. Dado que esta obra y las que Moore realizase sobre “Superman”“¿Qué fue del Hombre del Mañana?”, “Los Confines de la Jungla” y “Para el hombre que lo tiene todo”-  que por su importancia y entidad merecen entradas aparte, me centraré en esta en cuanto al contenido a comentar el resto de las historias que no por menores o menos conocidas son mancas de calidad.



Estas obras ponen en evidencia la gran versatilidad de Moore, que partiendo de la necesaria premisa superheroica realiza historias atemporales (con esto me refiero más allá de su concepción clásica con que cuentan con una entidad propia, que no hace necesario al lector neófito un conocimiento profundo de los personajes que las protagonizan para disfrutar plenamente de la aventura)  plantea las historias dentro de las conveciones de la Ciencia Ficción, el Terror o el  thriller urbano.

Son quizás las historias de Ciencia Ficción que tiene por protagonistas a los Green Lanters y los Omega Men las más intrascendentes. Historias de pura Ciencia Ficción en las que Moore despliega su ironía y toda su capacidad para la fantasía sin dejar de lado el trasfondo ideológico que suele aplicar y que en cierto modo están emparentadas con el modelo de las clásicas historias del género de  E.C . Así, en las sencillas historias como las de los “Omega Men” , “En la noche más oscura” (en uno de los primeros trabajos de Bill Willingham) o “Mogo no tiene vida social” basan su eficacia cómica en el descubrimiento de la sorpresa final que denuncia la cortedad de miras de los protagonistas. Más enjundia e intensidad tiene la excelente “Tigres” que en clave de paradójico cuento árabe de las Mil y Una Noches cuenta una historia centrada en Abin Sur y que sirvió de base a buena parte del trabajo de Geoff Johns en las colecciones del Gladiador Esmeralda. Quizás el dibujo de Kevin O’Nell no fuese el más adecuado para plantear una historia de espantajos cósmicos abisales aunque O’Neill salva los muebles con suficiencia

Barro Mortal” es una excelente historia de Batman que creo que no se había reeditado desde los tiempos de Zinco en la que Moore juega a poner en evidencia el grado de la locura de Clayface II. Es bastante probable que se inspirase en películas como “Tamaño Natural” o “Maniac”  para inspirar el tratamiento de la locura trágica de Clayface un demente deforme que intenta llevar una pacífica vida burguesa en paz junto al maniquí del que está enamorado escondido en unos grandes almacenes. Sin embargo, sus celos esquizoides le llevan a cometer un asesinato y que Batman tenga que actuar. El interés principal de la historia se encuentra en la acertada elección como narrador de la historia de Clayface poniendo en cuenta la asimetría entre la locura consentida socialmente de Batman frente a la nociva de Clayface. El poco prolífico George Freeman realiza un interesante trabajo gráfico.

Ese mismo recurso de otorgar el protagonismo al malvado dejando al teórico héroe en un rol secundario, lo usó previamente en la magistral “Día del Padre” en la que Moore abordaba el siempre espinoso tema de los abusos sexuales de un padre a su hija en una historia “teóricamente” protagonizada por el Vigilante. El Vigilante, de hecho, es el invitado a una historia en la que el choque entre la ficción superheroica y la realidad más sórdida es total, siendo el héroe ridiculizado a lo largo de toda la narración quedando en evidencia ante la complejidad y ambigüedad moral de la posición del resto de los personajes. Estructuralmente, es la historia más ambiciosa de todo el volumen y si no ha tenido más eco ha sido probablemente debido a que la serie  “Vigilante” no ha sido reeditada desde su publicación original en los tiempos Zinco a pesar de su enorme calidad. El poco valorado y conocido Jim Baikie realiza un primoroso trabajo gráfico a la hora de narrar con habiidad la compleja historia ideada por Moore.

Precisamente otra historia que destaca en la forma sobre el fondo es la narración del origen del Fantasma Errante recogida en “Pisadas”. Se trata de un perfecto ejemplo de trama en paralelo en el que Moore explica con brillantez el origen canónico del personaje –un ángel desterrado en la Tierra al no apoyar abiertamente ni a Dios ni a Satán en la Lucha Celestial- comparándolo con una historia de terror urbano protagonizada por miembros de la célebre banda callejera de Los Ángeles que se dedicaban a vigilar el metro de NY en los ochenta. Quizás es una de las historias de las más directas en cuanto a su objetivo de las ideadas por Moore pero deja perfectamente clara la ambigüedad del personaje. En el terreno gráfico, el gran Joe Orlando sabe dar el toque tenebroso justo a las dos historias paralelas mostrando una saludable compenetración con Moore.

Otra de las grandes pequeñas historias de este volumen es “Olimpiadas Nocturnas”, protagonizada por Flecha Verde/y dibujada por Klaus Janson en la que Moore reinterpreta a su manera la concepción oscura del superhéroe propuesta por Frank Miller en “Daredevil”. Seguramente es la historia menos elaborada de todo el volumen a lo que no contribuye precisamente el pobre dibujo de un Janson que siempre ha destacado más como entintador pero, sin embargo, la historia se lee con agrado por las ideas sugeridas en el pobre desarrollo con un villano émulo del héroe que le reta a una competición por los tejados de la ciudad tras haber herido a la novia de un héroe dispuesto a tomarse la justicia de su mano.

En fin, “El Universo DC de Alan Moore”, es un tomo de calidad incestionable del que apenas hemos rascado en esta entrada la superficie. Sin duda, una obra imprescindible para entender la evolución del genio de Northamptom.

Más sobre "El Universo DC de Alan Moore" aquí y aquí.

martes, 20 de noviembre de 2012

“Hellblazer 7:La Gabardina del Diablo”, de Peter Milligan, Giuseppe Camuncoli, Stefano Landini, Simon Bisley y Gael Bertrand.





ECC publicó hace poco la séptima entrega del  entretenido “Hellblazer” de Peter Milligan  en la que reúne los números 282 a 286 de la edición norteamericana.

Abre el tomo una historia situada en la prisión del Belmarsh donde Constantine ingresa para investigar el misterio tras las muertes de los reclusos y reencontrarse con un antiguo enemigo dispuesto a vengarse. Tras esa aventura autoconclusiva, Constantine se embarca en un arco de cuatro números en los que tratará de recuperar su característica gabardina, vendida por su díscola sobrina por Internet, y que tras años de exposición a todo tipo de hechizos y encantamientos ha adquirido conciencia propia y se ha convertido en una poderosa arma mágica. Sin embargo, todo se complica cuando la gabardina añora a su dueño original y trata por todos los medios volver a reunirse con Constantine.

Si aceptamos  que una de las definiciones de la magia es la capacidad de hacer de lo cotidiano lo extraordinario, Milligan hace magia en esta efectiva, inteligente y divertida historia otorgando el protagonismo a la característica gabardina de Constantine que alejada de su dueño adquiere conciencia para intentar volver a reunirse con él llevando a la perdición a sus nuevos propietarios. Milligan así incorpora la gabardina a la larga lista de objetos mágicos que pueblan la ficción al tiempo que se las arregla para profundizar aun más en los personajes y tramas que ha ido desarrollando desde que se hiciera cargo de la serie.

En el aspecto gráfico, ya nos hemos acostumbrado al eficaz y original dibujo del tándem Camuncoli/Landini que dan a su Constantine un toque evocador de otro gran investigador de lo Desconocido, Martin Mystere, quiénes en uno de los episodios ceden el protagonismo al neófito Gael Bertrand quién salva la papeleta con oficio. Sin embargo, el dibujante más destacado de esta entrega no es otro que un espectacular Simon Bisley que, aparte de hacerse cargo de la serie de divertidas portadas, logra dotar a la historia que dibuja del toque oscuro, claustrofóbico y opresivo que requiere

Parece ser que los jerarcas de DC  ya han sentenciado la cancelación de “Hellblazer” para el emblemático número 300 para incorporar totalmente a Constantine al Universo Superheroico de la editorial en una nueva colección. Disfrutemos, por tanto, de Milligan y su buen durante estos últimos números.

lunes, 19 de noviembre de 2012

“American Vampiro 4”, de Scott Snyder, Rafael Albuquerque y Jordi Bernet.




ECC Ediciones presenta un nuevo recopilatorio de “American Vampire”, la serie de vampiros creada por Scott Snyder y Rafael Albuquerque para el sello Vertigo, que recoge los números 19 a 25 de la edición norteamericana en los que se presentan dos nuevos arcos argumentales que se me antojan de lo mejorcito de la serie hasta el momento.


En la primera historia, “La Bestia de la Cueva”  narra un episodio desconocido de Las Guerras Indias que acabaron en el genocidio de los indios norteamericanos protagonizado por Skinner Sweet y Jim Book anterior a su ya conocida rivalidad. Criados como hermanos y enrolados en el ejército, el sensato Book y el díscolo Sweet se preparaban para una nueva batalla contra los apaches de Agujero en el Cielo sin sospechar que este ha invocado la ayuda de una antigua y sanguinaria deidad que asegure su victoria; En “Carrera Mortal” -el segundo arco argumental- la acción se traslada a finales de los años cincuenta cuando entre los desencantados jóvenes se estaba produciendo un cambio de mentalidad personificado en un nuevo personaje, el cazavampiros Travis Kidd, quién emprende una loca persecución en automóvil en pos del vampiro que acabó con su familia.

Snyder firma dos de los mejores arcos de la serie y empieza a sacar el máximo partido a la estructura desordenada que ha ideado para presentar la biografía de Skinner Sweet, el Vampiro Americano, y los distintos personajes que se han cruzado en su camino. Asentadas las premisas de la serie, el guionista sitúa a su carismático antihéroe en los lugares y épocas más representativas del imaginario norteamericano y dosifica en cada entrega la información en torno a los misterios que le envuelven en historias en las que prima la acción antes que el terror y conn las que mantiene enganchado al lector a la espera que retome el siguiente capítulo de la interesante historia.

Para “La Bestia de la Cueva”, Snyder cuenta para el desarrollo gráfico de la historia con el talento del gran Jordi Bernet ideando un Western con vampiros perfecto para el lucimiento del barcelonés. Bernet, que se muestra a sus anchas en este tipo de historias del Oeste como ha demostrado ya ampliamente a lo largo de su carrera (“Snake:Por un puñado de dólares”, “Tex”, “Jonah Hex) realiza una estupenda labor dejando patente su calidad y adaptándose a la narración trepidante que demanda Snyder cumpliendo eficazmente con el encargo.

Sin embargo, tras el sabroso aperitivo, el plato fuerte de la nueva entrega es “Carrera Mortal”  dibujado por el cocreador de la serie el brasileño Rafael Albuquerque.Carrera Mortal” narrativamente es el arco más arriesgado y complejo que han afrontado hasta ahora el dúo Snyder/Albuquerque al construir la historia a través de continuos flashbacks mientras se está desarrollando en el presente la carrera mortal a la que hace referencia el título entre Travis Kidd y Skinner Sweet. Snyder se inspira directamente en la icónica “Rebelde sin Causa” de Nicholas Ray y uno de sus episodios más emblemáticos – la carrera de El juego de la Gallina- para estructurar una historia que capta la esencia de los jóvenes rebeldes de la época encarnados en la figura de Travis Kidd, un seguidor de James Dean dispuesto a vivir deprisa y morir joven en su cruzada para vengarse del vampiro que mató a su familia. 

Si Snyder crea una historia trepidante, Rafael Albuquerque lo borda a nivel gráfico sacando el máximo partido a su estilo expresionista y encontrando interesantes soluciones para desarrollar de una manera original y efectiva la trama. Para acabar de completar su gran labor, Albuquerque firma las excelentes portadas de todos los números.

Tras este arco argumental, “American Vampire”  ha dado un salto de calidad con un Snyder inconformista que justifica su creciente prestigio dentro del mainstream aprovechando los exclusivos recursos del medio para, en clave vampirica, revisar la historia estadounidense. Esperemos que siga manteniendo el nivel en las próximas entregas.