martes, 16 de octubre de 2012

“Lobezno: Origen”, de Paul Jenkins y Andy Kubert.


He vuelto a leer en la edición del coleccionable “Marvel Héroes” de Panini –hay unas cuantas disponibles tanto de Panini como de Planeta- esta serie limitada de seis números que en su momento tuvo una gran repercusión porque se vendió como el origen de uno de los personajes más carismáticos  del panteón  Marvel, Lobezno. Lo cierto, es que me ha gustado tan poco como la primera vez, ya que se trata de una historia que traiciona completamente la idiosincrasia de un personaje que precisamente en el  misterio sobre su origen tenía uno de sus principales atractivos.
En la Alberta canadiense del siglo XIX, Rose es una jovencita pizpireta que llega como dama de compañía a la imponente Mansión Howlett para cuidar del futuro heredero, el enfermizo James. James y Rose harán amistad con Perro (¿?), el hijo del jardinero de la finca, y se convertirán en compañeros de juegos inseparables. Sin embargo, las pasiones soterradas rodean la Mansión donde el enfrentamiento entre el padre de James, John, y y su abuelo, el tiránico patriarca de la familia son constantes, mientras la desquiciada madre del muchacho se mantiene al margen llorando la muerte del hijo mayor mientras el envidioso padre de Perro larva su rencor reconcentrado contra los Howlett. En una noche de tormenta, todas esas tensiones finalmente estallarán en una serie de asesinatos y el nacimiento de…Lobezno.

“Lobezno: Origen” podría pasar como  historia alternativa del tipo “Elseworlds” de DC o “1602” de Marvel pero establecer esta historia como origen canónico de un personaje como Lobezno es difícilmente entendible para todos los que disfrutamos con el personaje mientras se mantuvo bajo el control exclusivo de Claremont, el guionista que lo encumbró y mejor lo ha entendido. Tras la perdida de influencia de este, el personaje se convirtió en un títere en manos de los editores –y los productores- que lo sortearon entre distintos equipos creativos con mayor o menor fortuna. Solo gracias a su poder de curación –y su gran potencial- se explica que haya sobrevivido a tantos desaguisados, siendo quizás el mayor de todos el perpetrado por Paul Jenkins y Andy Kubert.

Paul Jenkins es un buen guionista pero acometer una empresa de la magnitud que suponía contar el origen de este personaje le venía grande a él y probablemente a cualquiera. Más allá de ese atenuante, Jenkins se equivoca en el planteamiento y demuestra poco conocimiento del personaje al literaturizarlo en una absurda trama tributaria de las hermanas Brontë o Henry James, cuyos universos de ficción, aunque muy recomendables por sí mismos, poco tienen que ver con el de Logan. Jenkins falla en el desafío de hacer creíble y coherente la historia con lo que conocíamos previamente del personaje con una historia tan ajena a la personalidad de Lobezno, convirtiéndose en un episodio anecdótico, inconexo y de difícil explicación y que no mejora por mucho que se cite a Blake.

 
En el aspecto gráfico, Andy Kubert no realiza un mal trabajo gustándose en el desarrollo de los personajes y la ambientación potenciadas sus habilidades  además por el tratamiento del color digital de Richard Isanove, pero deja una vez más patente sus lagunas para la narración con un desarrollo abrupto y, en ocasiones, desconcertante de la historia, siendo lo mejor las espectaculares portadas de la serie. “Lobezno: Origen” es un tebeo que equivoca el planteamiento y el protagonista que perdido su carisma es difícilmente reconocible.

Mucho mejor la historia que completa el volumen del “Extra Superhéroes” con la primera aparición setentera de Lobezno por Len Wein y Herb Trimple aun cuando no hayan tenido el detalle –o el espacio- de incorporar la historia completa de “La Masa” que los talluditos disfrutamos en los horribles “Pockets de Ases” de Bruguera. No se puede tener todo.

Más sobre el origen de Lobezno, aquí.

lunes, 15 de octubre de 2012

“Quai d’Orsay: Crónicas Diplomáticas 2”, de Christophe Blain y Abel Lanzac.



Los habituales ya sabéis de mi debilidad hacia la obra del francés Christophe Blain, por lo que cuando Norma Editorial ha publicado la segunda (y. de momento, última) entrega de su última serie “Quai d’Orsay: Crónicas Diplomáticas”, el pastiche político en el que Blain y un camuflado Abel Lanzac desvelan las entretelas del Ministerio de Asuntos Exteriores francés, no he tardado mucho en apropiármelo.
En esta segunda entrega, reencontramos con Arthur Vlaminck, el inexperto asesor de discursos del histriónico Alexandre Taillard de Vorms, el Ministro de Asuntos Exteriores francés. El atribulado e inseguro Arthur se ve envuelto en las mil y una trifulcas cortesanas en torno al ministro al tiempo que intenta hacer su trabajo asesorándolo en plena crisis internacional sobre la existencia de armas de destrucción masiva en el pequeño país árabe de Lousdem y, en el ámbito personal, sobrellevar una relación a distancia con su novia.
Escondiendo bajo seudónimo a las personas reales – el mismo Abel Lanzac que coguioniza la historia y aporta la materia prima se supone que es (o ha sido) un alto funcionario del Ministerio de Asuntos Exteriores- Blain continua con su peculiar estilo irónico y sentimental construyendo su obra más realista, tomando como tema central la figura del ex ministro Villepin y, en este álbum en concreto, la postura francesa en torno a la crisis entre Iráq y Estados Unidos.

Blain es un autor que ha alcanzado hace tiempo su madurez creativa y cuenta con un abanico de recursos gráficos impresionantes que muy pocos autores contemporáneos pueden ni siquiera llegar a plantearse que le permiten acometer con la misma solvencia la realización de un libro de cocina que un álbum de La Mazmorra:Amanecer”.

Pulida la fórmula de “Quay D’Orsay” en su primer álbum, en esta segunda entrega, bajo la misma estructura seriada que viene practicando desde “Gus”, Blain desarrolla una historia más compleja en la que las diferentes subtramas – desde el motor de la historia centrado en la crisis con Iráq y EEUU a la pequeña intrahistoria sentimental de amores lejanos del joven Arthur tan constante en la obra de Blain, o las accidentadas anécdotas que este y sus compañeros protagonizan como consecuencia de la arrolladora y carismática personalidad del Ministro y se desarrollan en cada capítulo- se entrelazan con fluidez para acabar construyendo un descarnador y divertidísimo acercamiento satírico a los entresijos del poder que a más de un lector le hará meditar acerca de la improvisación de las decisiones trascendentales de nuestros gobernantes.

El tebeo, gráficamente, es una maravilla y muestra una variedad de recursos espectacular, aunque en esta ocasión no se aprecie ninguna novedad especialmente destacable que no apareciera en obras anteriores de Blain sino que este más bien profundiza en las innovaciones previas con espectaculares resultados dando una nueva lección de cómo utilizar los recursos gráficos para pasar sin disonancias de la hilaridad a la meditación romántica en apenas unas viñetas o jugar con la composición de página para caracterízar la vehemencia de los personajes haciendo desaparecer las separaciones entre viñetas. Blain es un maestro de la caricatura de lo que se aprovecha para caracterizar con una gran variedad de registros a todos los personajes incluyendo diversas metáforas gráficas que ayudan a distintos niveles al enriquecimiento de una historia que con una caracterización más convencional no alcanzaría la misma dimensión ni riqueza de referencias.
En definitiva, el segundo álbum de “Quai D’Orsay” mejora si cabe a su precedente y nos devuelve en todo su esplendor a uno de los mejores autores de cómics contemporáneos. No dejéis de disfrutarlo.

domingo, 14 de octubre de 2012

Jimi Hendrix y el repoker de la BD.




Que cuando los franceses se ponen saben hacer las cosas con mucho gusto lo demuestra, por ejemplo, la calidad de la temprana recopilación que se realizó de la influyente y excelente carrera discográfica de ese mito llamado Jimi Hendrix en 1975, cuyas cubiertas fueron ilustradas por algunos de los mejores artistas de la BD del momento.

La primera portada (arriba) es la que recoge los álbums “Are You Experienced” y “Axis Bold As Love” es nada menos que de Jean Giraud/Moebius.

La segunda portada que recopila “Electric Ladyland” nada menos que por Phillipe Druillet.

La tercera portada que reúne los álbumes “Band of Gypsys” y “The cry of love” es obra de Jean Solé.

La cuarta portada en la que se recogen los trabajos de Hendrix, “Hendrix in the West” y “War Heroes” no existe unanimidad respecto a su autoría. Indagando por ahí, he visto que hay quién opina que es de Phillipe Caza aunque parece ser que fue obra del publicista Patrice Leroy.

Al parecer no existió nunca un quinto volumen y, finalmente, apareció un sexto volumen titulado “Greatest Hits realizado por Patrick Leuseur.


Esta gozosa experiencia de los sentidos no estaría completa si no se lee la entrada escuchando al maestro de Seattle.

jueves, 11 de octubre de 2012

¿Por qué en los cárteles de salones de cómics lo de menos es el Cómic?


Robo a las buenas gentes de Entrecomics este cartel realizado por Chris Ware para publicitar el Brooklyn Comics and Graphics Festival porque me viene al pelo para ilustrar la pregunta del título que me venía rondando por la cabeza desde hace bastante tiempo viendo la cantidad de carteles que prácticamente todas las semanas publicitan los distintos salones de cómics y asimilados que se celebran por toda la geografía hispana.

No entiendo muy bien porque prácticamente la totalidad de los autores de esos cárteles tienden a tomar una y otra vez los mismos motivos ilustrativos sin incorporar la narración que en el fondo es lo que diferencia al cómic de la mera ilustración... Abundan los carteles que ahondan en la obra del artista que los realiza, en la historia del medio representando a personajes icónicos y otros que incluyen monumentos representativos de las localidades donde se celebran los festivales. Es lógico que todos esos elementos aparezcan e incluso es posible que en los encargos estén obligados a ello pero creo que lo normal sería incorporar un elemento narrativo –una historia- que diferenciara y ensalzara exactamente qué  se celebra en ese Salón y, sin embargo, los carteles así son muy pocos con lo que el mismo  lenguaje que se pretende celebrar desaparece de la ecuación .

Realmente es en Chris Ware – también le ocurre en muchas de las portadas que publica para libros y revistas- el único autor de cómic que, como en este magnífico cártel,  veo concienciado de lo que implica el llevar el cómic –la narrativa secuencial- más allá de los formatos clásicos y adaptarlo a cualquier soporte sin limitarse a cumplir exclusivamente con mayor o menor empeño con el encargo sin primar  el cómic a otras disciplinas gráficas.

Felicidades, Sr. Ware.

miércoles, 10 de octubre de 2012

“Kirby Genesis: Pioneros”, de Kurt Busiek, Alex Ross y Jackson Herbert.


Jack The King Kirby hizo muchas cosas en su larga y fructífera carrera en la industria del cómic. Pero, seguramente, uno de sus proyectos más desconocidos sea el universo superheroico – el Kirbyverso- que fraguó para Pacific Comics, tras su paso por Marvel y DC, a principios de los ochenta. A Kirby apenas le dio tiempo a sacar un par de números protagonizados por algunos de esos personajes y dejar diseñados muchos más antes de la desaparición de Pacific y su fallecimiento, sin embargo, sus herederos cedieron hace unos años los derechos del Kirbyverso a Dynamite para desarrollar aquellas ideas aprovechando el indudable tirón comercial de la marca Kirby.

El resultado es “Genesis” una serie limitada de la que Panini publicó hace unos meses los primeros números realizada por un equipo tan reputado como Alex Ross y Kurt Busiek a los guiones (Ross también realiza las portadas) y el brasileño Jackson Herbert en el apartado gráfico.

El lanzamiento de una sonda espacial conlleva el despertar de una misteriosa presencia en los confines del Universo y la aparición en la Tierra de múltiples seres extraordinarios de todo pelaje y condición. Kirby, un joven y brillante estudiante, su amiga Josie y el padre de esta un policía jubilado se verán inmersos en esta extraordinaria revolución que puede llevar a la humanidad un paso más allá en su evolución o significar su destrucción.


El que el nombre de Kurt Busiek vuelva a asociarse al de Alex Ross en un proyecto tras esa maravilla que es “Marvels” no deja de ser una garantía vistos los trabajos posteriores de uno y otro (en lo que a guiones se refiere, claro). A partir de la escasa reminiscencia de unos personajes plenamente evocadores de las grandes creaciones de The King para las grandes, Ross y Busiek construyen una vertiginosa y referencial historia de presentación que se convierte en una montaña rusa de cultura de derribo paseando al lector sin pausas desde los confines del espacio a universos mitológicos alternativos y pasando por continentes y ciudades perdidas... Todo en un revuelto al que –creo- Busiek le pone algo de oficio, cordura y orden para que resulte entretenido, aunque los conceptos y enfoques que maneja no resulten especialmente originales ni sorprendentes.


En el aspecto gráfico, el brasileño Jackson Herbert realiza un trabajo solvente dando el tono épico adecuado que los grandiosos diseños de Kirby precisan, logrando que luzcan espléndidamente sin que resulten ridículos ni desfasados, algo que tampoco está al alcance de todos los dibujantes, aunque sus personajes más terrenales resulten algo más acartonados e inexpresivos algo que irá puliendo con el tempo ya que Herbert es un autor bastante joven. Por otro lado, Herbert realiza más de un homenaje al descomunal trabajo gráfico de The King con situaciones y poses que evocan irremisiblemente al trabajo gráfico del maestro.
Kirby Génesis: Pioneros” es una propuesta evocadora y que destila un entusiasmo propio de los fans realizado por solventes profesionales de la industria que no por ello dejan de ser fans, evocador de la obra de uno de los dibujantes con los que seríamos incapaces de entender el género superheroico aunque más allá del cariño y respeto que destila hacia Kirby le falte un punto de genialidad para ser una obra redonda, ese punto que le daba el propio Kirby a sus obras y que separa a los mortales de los genios. En unos meses, veremos como acaba la historia.

martes, 9 de octubre de 2012

“Northlanders: La trilogía islandesa”, de Brian Wood, Danijel Zezelj, Declan Salvey y Paul Azaceta.


En un corto período, ECC ha publicado las últimas entregas de las dos series que ha realizado el guionista Brian Wood para el sello Vertigo de DC en los últimos tiempos antes de embarcarse en otros proyectos. Si de “DMZ” espero comentar algo más pronto que tarde hoy toca  analizar “La trilogía islandesa”, el último gran arco argumental de la otra serie que Wood ha desarrollado para Vertigo,  “Northlanders”, una irregular serie de vikingos en la que Wood nos ha acercado a partir de un tratamiento moderno a la historia de este disperso pueblo de exploradores y vikingos del Norte de Europa.
En esta última entrega que englobó los números 42 a 50 de la serie regular, Wood ha construido una saga familiar a partir del ascenso, apogeo y declive de una poderosa familia de islandeses, los Hauksson, con el telón de fondo de las sucesivas etapas de colonización de Islandia por vikingos noruegos a lo largo de varios siglos.

Es una lástima que Wood no haya mantenido el nivel de esta saga a lo largo de toda la serie porque seguramente de haber sido así las ventas la habrían acompañado más. Abordando el tema central a partir del hilo conductor de  las historias protagonizadas por los tres personajes protagonistas pertenecientes a la misma familia, cada una desarrollada a lo largo de tres episodios, Wood construye  una lectura absorbente gracias al equilibrio que logra entre la documentación histórica que maneja y el tratamiento moderno de unos personajes duros, auténticos supervivientes a los que presenta llenos de contradicciones y presos de un destino fatal al que son incapaces de sustraerse.


 Es cierto que en otras ocasiones, la arriesgada apuesta por construir un cómic histórico a partir de una caracterización de los personajes moderna, especialmente en lo chocante en sus diálogos, ha jugado malas pasadas a Wood pero en este conjunto de historias, seguramente el arco más ambicioso de la serie, logra por fin dar con la tecla de lo que venía intentando a lo largo de arcs anteriores y solo en ocasiones logró, aun cuando vuelva a abordar temas – la venganza, la irrupción del cristianismo entre los vikingos, el rol de la mujer – que ya había tocado en anteriores historias.

Buena parte del éxito de este arco es que Wood ha contado con tres estupendos dibujantes que han sabido ajustarse a lo que el autor demandaba de ellos, compartiendo los tres una narración ágil y directa junto a un estilo sobrio, realista y sucio. Especialmente me han gustado las aportaciones de Paul Azaceta y, sobre todo, Declan Salvey.  Aunque el croata Danijel Zezelj ya he comentado en más de una ocasión que no me entusiasma en esta ocasión tampoco desmerece. Por otro lado, algunas de las portadas de Massimo Carnevale son impresionantes.

En fin, “La trilogía islandesa” es un gran broche final en positivo de una serie ambiciosa que pese a sus buenas intenciones ha pecado en exceso de irregularidad y seguramente el tiempo y las relecturas acabe revalorizando.

lunes, 8 de octubre de 2012

“Grandes Autores Superman: Superman: El hombre de acero”, de John Byrne.



ECC Ediciones inicia la publicación del “Superman” de John Byrne en una cuidada y  accesible edición lo cual no deja de ser noticia teniendo en cuenta como la firma de Byrne, uno de los mayores renovadores de los principales personajes de las dos grandes durante los ochenta, parece haber caído en el ostracismo y cada vez cuesta más acceder a su sus trabajo.

El material que se incorpora en este primer volumen – la serie limitada de seis números “The Man of Steel” y el primer número de la serie “Superman” de 1987, en la que Byrne se mantuvo durante los primeros  22 números- nos abrió a muchos jóvenes aficionados cuando lo leímos por primera vez publicado por Ediciones Zinco acerca de las posibilidades de un personaje que a mí –y creo que muchos de mi generación- que habíamos leído en las ediciones de Novaro y Bruguera nos parecía ridículo y acartonado con su absurda familia y su ridícula familia (Krypto incluido) y que incluso poco tenía que ver con la adaptación cinematográfica del personaje de 1978 de Richard Donner.

 
Tras la revolución que supuso “Las crisis en las tierras infinitas” en la modernización de la anquilosada DC el siguiente paso era actualizar al buque insignia de la Editorial, el icónico Superman, que desde hacia tiempo venía languideciendo con escasa repercusión. Una patata caliente que se le endosó al flamante fichaje de la editorial, el díscolo John Byrne que tras haber llevado a cotas nunca vistas a series como “La Patrulla-X” o “Los 4 Fantásticos”, había salido rebotado de la Casa de las Ideas en busca de mayor libertad creativa.
Byrne a lo largo de “The Man of Steel” con unas pocas pinceladas cumple la misión volviendo accesible e interesante al personaje para una nueva generación de lectores. En esta miniserie, Byrne como si fuese un preciso cirujano, eliminó la carga de absurdos e poderes que habían convertido el personaje en una caricatura de sí mismo y primó la importancia de Clark Kent, el alter ego de Superman, y sus secundarios para dotarlo de mayores posibilidades dramáticas, al tiempo que redefinía en parte su origen y el de algunos de sus villanos más emblemáticos como Lex Luthor, Bizarro o, ya en el primer número de la nueva serie regular, Metallo.

En definitiva, como los buenos vinos, los tebeos incluidos en este volumen no solo han resistido el paso del tiempo sino que incluso resultan más atractivos que en sus primeras lecturas dada la calidad de un inspirado Byrne para construir tramas en las que todo queda perfectamente aclarado y se desarrolla con lógica y pulcritud sino también por el excelente desarrollo gráfico del propio Byrne, entintando primero por Dick Giordano y, posteriormente, por un espléndido Terry Austin, para construir el que para mí es el Superman paradigmático. Poco más se puede añadir.

viernes, 5 de octubre de 2012

Cartel del Tercer Salón del Cómic Social.



Me alegra que uno de los modelos de Salón de Cómic que más me gustan se consolide y llega hasta su tercera edición con un tema la mar de sugerente Cómics, crisis y utopías.

El Cartel - no tengo ni idea de quién es el autor-  me parece bien elegido. V realizando una de las tareas más contestatarias y subversivas que se pueden llevar a cabo estos días: leer.

Más detalles del Salón, aquí.

(El autor es Sergi San Julián. Felicidades)

jueves, 4 de octubre de 2012

“Pepe”, de Carlos Giménez.


Cualquier nuevo tebeo del veterano Carlos Giménez tiene que ser noticia y compra obligada y este es lo primero, además, por motivos ajenos al propio cómic.supone la ruptura –no sabemos si definitiva- de Giménez con su editorial de muchos años, la Glénat/EDT de Joan Navarro y su, sorprendente en principio fichaje, por Panini, editorial que a la chita callando se está haciendo con firmas de prestigio –aparte de Giménez, hace poco un flamante Premio Nacional del Cómic como  Santiago Valenzuela anunció que su próxima entrega de “Capitán Torrezno” iba a ser publicada por esta editorial- para su hasta ahora poco reconocida línea de cómic nacional; y lo segundo, porque Giménez sigue siendo sinónimo de calidad y narración exquisita y en esta nueva serie rinde homenaje a otro superdotado de la historieta patria fallecido hace un par de años, Pepe González.


Giménez en este primer álbum de la serie se acerca a la figura de su amigo y compañero a partir de sus anécdotas de juventud reunidas de los recuerdos de familiares y amigos del finado y convertidas en crónica cariñosa y nostálgica de la infancia y juventud del genial dibujante barcelonés desde sus primeros años en el Barrio Chino de posguerra en el que nació y su incorporación a las Selecciones Ilustradas de Toutain – Giménez disimula con poco entusiasmo los nombres de las personas reales protagonistas de las anécdotas pero no resultará difícil al lector perspicaz, ayudado por la considerable documentación gráfica reunida en el tomo, identificar a unos y a otros- hasta sus pinitos musicales en el grupo Los Dálmatas en los sesenta.

 
Parece que lo del cómic (auto)biográfico –slice of life- lo llaman- y costumbrista es una cosa muy de ahora, pero realmente en el cómic español eso de contar la vida de los dibujantes es una cosa que viene de antiguo siendo quizás los casos de Vázquez y , sobre todo, el propio Carlos Giménez los más destacables. En esta ocasión, no es que la vida de José "Pepe" González  carezca de interés pero hacerla objeto de tebeo viene a cuento del deseo y la inquietud de Giménez por no solo homenajear sino también reivindicar la persona y obra de su amigo, un brillante dibujante de dibujantes del que con cariño destaca sus luces y minimiza que no esconde sus sombras.



Se podría pensar que “Pepe” puede ser una obra menor dado el volumen y calidad de la obra anterior de Giménez pero, y aun es pronto para confirmarlo ya que estamos ante la primera entrega, creo que es posible que nos encontremos ante una obra llamada a convertirse en compendio de toda la sabiduría adquirida por Giménez en toda su obra anterior, ya que desde este primer álbum se pueden identificar las inquietudes, las reflexiones y los hallazgos que conforman su característico estilo.

En “Pepe” se advierte la sensibilidad de la crónica social desde sus primeras páginas con la descripción descarnada del Barrio Chino barcelonés que ya hemos visto practicado en series como “Barrio” o “36-39” y también asistiremos a la brillantez para la construcción del retrato de los personajes a partir de sus anécdotas que nos retrotraerá inevitablemente a “Paracuellos” y, sobre todo, a  “Los Profesionales”. A todo ello, hay que añadirle quizás un dibujo más suelto y preciso porque Giménez con el paso de los años y el abandono de las rígidas cuadrículas –y es una apreciación mía- parece que cada vez dibuja mejor y creo que se le puede considerar, más allá de las comparaciones odiosas, el Eisner español.



En fin, creo que este primer volumen de “Pepe” no va a defraudar a ninguno de los seguidores de Giménez y sus detractores –que los tiene- encontrarán la misma munición de siempre para argumentar su crítica. Pero, además, pienso que el neófito, virgen todavía en su obra, puede encontrar en “Pepe” la puerta de entrada ideal a su particular universo realista al tiempo que se sumerge en la vida de uno de los mejores y menos reconocidos dibujantes que ha dado este país con lo que matará dos pájaros de un tiro. No es poca cosa para una obra menor.

miércoles, 3 de octubre de 2012

“El Jueves” demandado por Mahoma.

Bueno, por Mahoma, no, que en caso que exista seguro que es un dios -¿o un profeta?- con más sentido del humor, compasivo e inteligente que sus airados fieles, incapaces al parecer de entender las sutilezas de la sátira y el humor o dar una respuesta racional a la no del todo inocente pregunta de la genial portada que más que ofender llama a la reflexión teológica y social.

No creo que en la redacción de “El Jueves” haya sorprendido el anuncio de la denuncia de algunas asociaciones de musulmanes lo más mínimo e incluso seguramente se contara con ello como maniobra publicitaria para rascar minutos publicitarios en las televisiones, pero como creo que, a pesar de ello, todos debemos posicionarnos y contribuir en la defensa de los derechos que nos quedan desde mi humilde blog les hago participes de mi apoyo más allá de ser consciente que con ello contribuyo a la operación de marketing.

De hecho, los de “El Jueves” hasta habrán respirado aliviados, ya que en otros países los fanáticos en lugar de interponer demandas –a las que mal que les pese una revista de humor de su larga trayectoria está acostumbrada - los musulmanes se dedican a tomarse la justicia divina por su mano. Esta no será más que otra demanda a archivar que añadir a la colección.

En fin, tiempos oscuros nos está tocando vivir y con la que está cayendo en asuntos tan delicados y materiales que afectan al día a día de las personas más allá de sus creencias como son la sanidad, la educación o la falta de trabajo preocuparse por estas cosas se me antoja que deberían ser secundarios.

Ya nos impartirá Díos, Alá o Galactus en caso que existan la Justicia Divina cuando toque.

martes, 2 de octubre de 2012

“Yo, vampiro: Amor impuro”, de Joshua Hale Fialkov y Andrea Sorrentino.


Ni lo más viejos del lugar se acordaban ya del serial que J.M. De Matteis y Tom Sutton publicaron a principios de los ochenta en “House of Mystery” y que sirve de justificación para que los mandamases de DC incorporasen al NUDC una serie de temática vampírica. Los vampiros siempre venden y por eso resultaba extraño que en DC nunca se les hubiera dado mucha importancia salvo esporádicas y, en ocasiones, brillantes apariciones marginales a diferencia de Marvel donde siempre contaron con un mayor protagonismo. Parece que los tiempos están cambiando y de ahí viene modernizar el concepto de la serie ochentera –que no estaría mal que ECC editase para comparar - para reintroducir por la puerta grande a los vampiros al Universo superheroico DC de la mano de un equipo con escasa experiencia, el guionista Joshua Hale Fialkov, y el dibujante italiano, Andrea Sorrentino. En este primer tomo, ECC ha reunido los seis primeros números de la serie norteamericana.



La historia gira en torno al enfrentamiento entre dos vampiros enamorados: Andrew Bennett, un vampiro bueno alzado como Nomuerto hace 600 años, y Mary, la Reina de Sangre, una vampira mala a la que Andrew convirtió y que quiere llevar a los vampiros a convertirse en la raza dominante en la Tierra declarando la guerra sin cuarte a una Humanidad que considera mero ganado. El bueno de Andrew y la mala de Mary se atraen tanto como se repelen por lo que cuando se encuentran sus enfrentamientos echan chispas.
Joshua Hale  Fialkov tenía un encargo más difícil de lo que pueda parecer ya que escribir sobre vampiros a estas alturas que nos encontramos puede convertirse en un regalo envenenado. Sin embargo, si algo han demostrado a lo largo de su no existencia los más icónicos monstruos que nos dejó el siglo pasado es que aguantan lo que les echen y el concepto resiste más allá de todas las evoluciones, involuciones y perversiones que le echen. Fialkov no lo hace nada mal y aprueba con nota inspirándose para su “Yo, vampiro” más en el “Blade” cinematográfico que en el marvelita para hacer creíble a su vampiro cazavampiros esforzándose en estos primeros episodios por ubicar a los personajes y su historia en el Universo DC con abundantes cameos de lo más granado de la casa –lo que además siempre ayuda con las ventas- y así vemos por aquí en estos números a Constantine y Batman y en los próximos hay preparado un prometedor crossover con otro nuevo invento del NUDC, la Liga de la Justicia Oscura. Fialkov toma todo ese mejunje de referencias inconexas y hace un refrito bastante apañado que seguramente no atraerá a los más puristas talibanes de los superhéroes pero que puede agradar a nuevos lectores –que en el fondo es lo que le interesa a la compañía- atraidos por una temática vampira que no suele fallar. Es cierto también que la caracterización y motivación de los personajes, más allá de los socorridos estereotipos, está llena de medidas lagunas planteadas sabiamente por un hábil Fialkov cuya resolución en el futuro ayudará a hacernos entender como han llegado al punto de inflexión en que se inicia la serie.



En el aspecto gráfico, el italiano Andrea Sorrentino resulta una agradable sorpresa. Le da a la serie un acabado realista, oscuro y adulto más cercano a lo que estábamos acostumbrados habitualmente a ver en series Vertigo como “Hellblazer”, curiosamente cuando el equipo gráfico actual de la serie de Constantine se aleja bastante de esta línea. Sorrentino construye unos vampiros modernos muy atractivos que aúnan sensualidad, salvajismo y elegancia alejados de los cánones románticos.
Andrea Sorrentino como bien se señala en uno de los artículos tiene el mismo gusto que Jae Lee por la sobria elegancia y como él tiene la misma tendencia a primar el impacto visual que la narración aunque lo compense luego con una moderna y efectiva composición de página de la que Jae Lee adolece, a pesar que a Sorrentino se le note su inexperiencia en el género superheroico, especialmente en las siempre difíciles escenas de lucha para las que un dibujo tan estático no es el más indicado.

 Más allá de la larga sombra de Jae Lee –algunas de las poses son clavadas- a Sorrentino también le veo semejanzas con Leonardo Manco y el mejor Marco Zelzelj, autores con los que comparte un mismo gusto por las atmósferas densas y opresivas que se ve reforzada por un estupendo tratamiento del color que le da a la serie una nota muy característica. Un dibujante a seguir.
En fin, esta primera entrega de “Yo, vampiro” es una buena carta de presentación de una serie a la que presumo un enorme potencial a desarrollar en el futuro siempre y cuando a sus talentosos autores cuenten con el tiempo suficiente para ello. Si es así, seguramente nos seguirán divirtiendo.